La feminidad literaria de irene jiménez



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LA FEMINIDAD LITERARIA DE IRENE JIMÉNEZ

Ese calificativo podría ser, quizá, el más apropiado y exacto para definir uno de los rasgos peculiares de esta escritora murciana, Irene Jiménez (Murcia, 1977), en su nueva producción narrativa destinada a todos los lectores, tanto fieles como esporádicos, y decididamente titulada, Lugares comunes (Páginas de Espuma, Madrid, 2007).


Con la calle Postas, emblemático lugar del centro peninsular, ilustrando la portada de este volumen, se da entrada a los lectores en nueve ubicaciones a través de nueve relatos uncidos expresivamente por el enlace preposicional “en”, introductor espacial encargado de situar a esos pobladores literarios, personificaciones de conductas representativas en las que se descubre, sin duda alguna, un auténtico fresco de la sociedad actual del siglo XXI y donde el predominio femenino descolla sobremanera. Ciertamente, en este sentido no cabe pensar en términos de homenaje a la mujer en general, ni mucho menos, en particular, a sus conquistas sociales, aunque las protagonistas elegidas pertenezcan, mayoritariamente, a esta especie humana. Pero lo que sí consigue Irene Jiménez es impregnar cada página, varios renglones, con la feminidad de fisonomías, portes y composturas exclusivas de “ellas”, componiendo una escritura al detalle, minuciosa escrutadora de motivos únicamente característicos de lo femenino.
Como exhaustiva conocedora de la psique mujeril y especialista en la introspección psicológica logra crear, mediante una prosa despojada de artificio, nueve historias emocionales en las que no está ausente el erotismo muy en consonancia con las líneas argumentales más novedosas, -”En la Universidad” y “En casa de los señores”-, o el afán de superación, -“En el pasillo”-.
En apetecible se convierte la lectura sucesiva de estos relatos al ir descubriendo una sucesión de almas urbanas en medio de un suelo cimentado, habitantes de compartimentos-estanco pero, al mismo tiempo, aunados por “lugares comunes”. El calado psicológico de estos personajes posibilita a los lectores detectar cómo ese universo humano descrito intenta dar sentido a sus vidas, anodinas y, a veces, insulsas. Sus actuaciones pendulan entre el individualismo y la sociabilidad, el anonimato y el reconocimiento público. Por ello, Irene Jiménez traza unos personajes que son tan humanos realmente, como verosímiles literariamente. Así, Reyes de “En el dormitorio” busca su proyección profesional en la asistencia a un congreso de medicina, y el amor, en esencia pura, sublima la existencia desvalida de los dos enamorados minusválidos visualizados por una madre, Ángela, “En la ventana”. Cualidades todas ellas que en tan corta andadura literaria han propiciado una crítica, nacional y regional, favorable, no olvidemos la opinión de Care Santos en “El Cultural” de El Mundo, la de V. Andresco de El País o la de Antonio Parra Sanz en “Ababol” de La Verdad de Murcia.

Fue La hora de la siesta el título del primer libro publicado de Irene Jiménez. Con anterioridad había participado con otros escritos en sendas antologías de cuentos, a saber: 20 voces nuestras y El corazón delator. Esta última una iniciativa pionera en Murcia que reunió a los y las escritores /as emergentes de principios del siglo XXI. En esta “Otra antología de narradores murcianos” (así era el subtítulo), Jiménez daba a conocer su relato “Desaparecida”. Anteriormente ya había ganado un premio para estudiantes universitarios con “La boca que se mira”.


La hora de la siesta (Arguval 2001) fue el nombre propio escogido para la publicación de una escritora que parece haber encontrado su horma creativa en la narración breve. Nueve escritos donde pone de manifiesto un estilo basado en la sutileza expresiva, con momentos agradables y otros tristes bajo los que subyacen los auténticos sentimientos de la condición humana, cuyo friso sabe dibujar esta autora mediante la palabra literaria impregnada de un humanismo incuestionable.
Más tarde dio a conocer El placer de la Y (Ediciones del cobre, 2003), tributo a otra escritora, Marguerite Yourcenar. Diez relatos inspirados en las épocas de juventud y madurez inicial de esta escritora que cautivó la pluma de Jiménez en un volumen que no deja de ser atractivo aunque centre, en demasía, su atención en las citadas etapas vitales dejando relegados los últimos años de la biografía Yourcenar. Atraída por ella, Irene Jiménez confiere entidad ficcional a sus narraciones sin que en ellas quiera el lector ver una novela, a pesar de la existencia de esa voz narrativa que otorga coherencia a la totalidad.
Una manera, al estilo más genuino, por el calibre literario de esta colección, de celebrar el centenario del nacimiento de Marguerite. Sin duda alguna, con estos escritos se cumple una de las máximas seguidas por esta joven escritora murciana, su valoración de lo humano, “lo primero de todo son las personas”, ha declarado más de una vez. Además también se ha confesado, en varias ocasiones, amante de la lectura y “una buena lectora, muy exigente con lo que leo. No me interesa sólo lo que cuenta el autor, sino cómo lo cuenta, con qué estilo, con qué esmero”.


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