La filosofía de la nueva academia: ¿un platonismo débil?



Descargar 204.58 Kb.
Página1/4
Fecha de conversión14.02.2017
Tamaño204.58 Kb.
  1   2   3   4
LA FILOSOFÍA DE LA NUEVA ACADEMIA: ¿UN PLATONISMO DÉBIL?
En este artículo trataré de determinar la relación de la Academia de Arcesilao con la herencia de Platón. Intentaré mostrar cómo se construye la filosofía de este académico en un contexto de lucha frente a las escuelas dogmáticas estoicas, y defenderé como hipótesis, que Arcesilao debió establecer el corpus platónico excluyendo aquellos elementos extraños que se habían ido añadiendo con el tiempo. Considerando, por último, que Arcesilao no deforma el pensamiento platónico añadiéndole elementos escépticos, sino que éstos provienen tanto del contexto histórico-filosófico de lucha contra los estoicos como de la propia tradición socrático-platónica, es decir, de la primacía de uno de los rostros de Platón1.

INTRODUCCIÓN

En la Academia jamás se abandonó el estudio de Platón. Cualquier intento de aclarar las relaciones y desarrollos de la filosofía académica después de Platón, debe partir indiscutiblemente de esta afirmación. En el caso que estudiamos, la filosofía académica de Arcesilao, debemos decidir entre dos extremos que, prima facie, se anulan: dogmatismo o escepticismo. Esta elección no es inocente. Las consecuencias que se derivan de asignar a la filosofía platónica la etiqueta de "escéptica" o "dogmática" no son retóricas, sino que modifican de manera substancial su interpretación.

Admitimos2, que existe una sola línea desde Platón, reformada por Arcesilao y Carnéades, quienes bajo la presión de los dogmáticos estoicos promovieron una nueva visión del platonismo. Ahora bien, de qué tipo es esa nueva visión platónica ¿Estamos ante la constatación de una clara raíz escéptica de la metafísica platónica, o bien ante el reconocimiento de cierta raíz metafísica del escepticismo neoacadémico?

Creo que hemos demostrado razonablemente3 que el término escepticismo, usado en sentido generalista es una adecuada descripción no solo del pirronismo sino de ciertas transformaciones de la Academia platónica. No voy a repetir las razones de esta elección, pero creo que las ventajas de denominar escépticos (moderados) a los desarrollos de la Academia con Arcesilao y Carnéades son mayores que las desventajas. Estoy de acuerdo, no obstante, con mi colega Levy cuando afirma que Arcesilao no podía definirse más que como académico4, y seguidor de la tradición académica, aunque esta actitud no empece que la forma de su investigación, de su método tuviese semejanzas con los filósofos de la duda. Evidentemente que existen diferencias entre los dos tipos de escepticismo, basadas sobre todo en las desiguales tradiciones en las que se incluyen5, pero también se reconocen numerosas semejanzas.

1. LA HERENCIA PLATÓNICA Y LA FUERZA DE LA TRADICIÓN
Habitualmente, hay dos líneas bien definidas sobre la interpretación escéptica de Platón. O bien aceptamos el supuesto según el cual Platón reconocía que el teorizar, contenido en sus diálogos y explicaciones no-escritas, estaba necesariamente sujeto a las limitaciones propias de toda investigación filosófica; es decir, a la dialéctica. O bien admitimos un fuerte dogmatismo en Platón y en los desarrollos posteriores estoicos y neoplatónicos. En este caso, ni Platón, ni por supuesto, Arcesilao o Carnéades serían escépticos y este título sólo convendría a los pirrónicos. Entre estas dos líneas interpretativas se ha movido la historia de la filosofía, un representante cualificado de la segunda sería Agustín de Hipona que confirma el dogmatismo esotérico de la Academia6, y de la primera sería Hegel para quien la filosofía de la nueva Academia es el escepticismo mismo.

Parece innegable cierto germen dialéctico, y por tanto escéptico en el pensamiento de Platón. Así mismo, tenemos que hablar inevitablemente de un modelo en el que se concibe la filosofía como «búsqueda compartida» (συζήτησις), dirigida hacia la meta del conocimiento de la realidad. Este punto de partida nos llevaría a postular una sola línea filosófica en la Academia, que privilegia no una brusca transformación de la filosofía dogmática platónica en escéptica, sino un desarrollo de supuestos «quasi-escépticos» de la misma.

Así pues, centrándose en la declaración socrática "no juzgar que uno sabe lo que ignora"7 (en relación con ese lugar común socrático que afirma «sólo sé que no sé nada»), que constata que todo está oculto y que nada hay que pueda percibirse o entenderse8, Arcesilao habría desgajado una doctrina escéptica de la obra platónica, privilegiando todo aquello que es formulado por Sócrates y Platón de una manera dubitativa y aporética9, por lo que se puede decir que el método y el fundamento de las teorías de Arcesilao tienen una base socrático platónica indiscutible. Arcesilao sería en este caso continuador y verdadero intérprete de la filosofía platónica.

Su punto de partida, pues, es la obra de Platón: «_κει δ_ θαυμάζειv κα_ τ_v Πλάτωvα κα_ τ_ βιβλία _κέκτητo α_τo10. Este pasaje está aún por definir. Se dice en él que Arcesilao tenía personalmente los libros de Platón. Este extremo es curioso. Es evidente que en la Academia existirían, aparte de los manuscritos, algunas copias escritas de las obras de Platón, y que Arcesilao como jefe de la Academia tendría fácil acceso a ellas. Si esto es así, ¿Por qué se dice tal cosa?, ¿por qué esa decisión de tener, personalmente, τ_ βιβλία platónicos?

La respuesta puede ser extremadamente simple o excepcionalmente compleja. Si apostásemos por la primera podríamos confirmar un acto de voluntad de Arcesilao en el sentido de evitar ciertas molestias (que más o menos todos hemos sufrido) en la consulta de los libros de Platón y mandó hacer o se hizo una copia particular de los libros, para poder manejarlos a su antojo sin tener que sufrir con los inevitables préstamos de la biblioteca de la Academia. En el segundo caso, la respuesta no sería tan sencilla.

Según Diógenes11, llegado a Atenas Arcesilao fue primero discípulo de Teofrasto (abandonando el Liceo no sin pesar de su primer maestro), después (ya en la Academia) de Crantor (quien le legó su fortuna) y a su muerte escuchó a Polemón12 y a Crates. Es también un dato singular que Arcesilao se reconocía a sí mismo como un continuador de la tradición académica13. Basándose en las Crónicas de Apolodoro Diógenes apunta que floreció en la CXX (296 a. C.) Olimpiada. Este último dato, no obstante, debe ser erróneo, pues fechado su nacimiento en el 315 a. C, hubiese tenido sólo diecinueve años en su madurez. Si corrigiésemos esa floración o acmé de Arcesilao en diez o quince años más, tendríamos que tuvo su madurez en torno al 281 a.C. (y por ese tiempo la Jefatura de la Academia) y murió a los 75 años de edad en el 240 a. C14.

Lo único que me interesa destacar en este baile de cifras (bastante común en la antigüedad) es que Arcesilao obtiene la Jefatura de la Academia aproximadamente 66 años después de la muerte de Platón, habiendo pasado la Academia por las direcciones de Espeusipo, Jenócrates, Polemón y Crates de Atenas. Ahora bien, es significativo que la persistencia de la Academia no sea paralela a la continuidad filosófica en ella: es conocido que no hubo ni siquiera acuerdo entre los escolarcas o los miembros de la escuela sobre la doctrina de Platón, incluso en aquellos postulados que parecían fundamentales como era la teoría de las ideas. En pocas palabras los sucesores de Platón parecieron alejarse del platonismo y el primero su sobrino Espeusipo que rechazó la teoría misma de las ideas.

Aquí aparece Arcesilao con los libros de Platón (τ_ βιβλία _κέκτητo α_τo_). A demasiada distancia como para hablar de memoria de las doctrinas platónicas escritas o no-escritas, y a poca distancia como para reducir la importancia de la obra platónica a mera fuente erudita y convencional. Además, hoy sabemos que el problema de las _γραφα δόγματα platónicas reclama algún tipo de elucidación sea para justificar la tesis de que la verdadera filosofía de Platón sólo fue expuesta por él oralmente o para refutarla. Nadie niega que las explicaciones orales de Platón fueran un hecho, la cuestión no radica en la aceptación de esas enseñanzas no-escritas (se puede admitir que en la Academia se realizaban dos actividades escribir y enseñar) sino en determinar a qué corresponde esa doctrina15.

En cualquier caso, y atendiendo a los desarrollos postplatónicos de la Academia, ya interpretemos la doctrina de los principios (núcleo fundamental de los testimonios posteriores indirectos) como una enseñanza oral de Platón o como una interpretación subsiguiente y muy escolástica de la doctrina platónica en una Academia impregnada de pitagorismo16, nos encontraríamos con una situación poco precisa en lo que se refiere a la filosofía platónica. Es posible, por tanto, que en el tiempo de Arcesilao la contaminación de las doctrinas platónicas con los desarrollos posteriores de sus discípulos directos17 llegase a un punto irreversible. Así mismo, sería razonable pensar, atendiendo a la hipótesis de las teorías no-escritas, que las líneas que desarrollan estas doctrinas terminasen por modificar la doctrina escrita platónica, llegándose a un punto en el que era difícil distinguir los principios claramente platónicos de los creados por sus discípulos, sobre todo para aquellos miembros de la Academia que no habían tenido acceso al magisterio directo de Platón.

Es evidente, que sea por estas explicaciones no-escritas o por desarrollos posteriores de la obra escrita platónica, los principios platónicos de los seguidores de Platón diferían en mayor o menor medida de los expuestos por él. Lo cual no es sorprendente, ya desde su origen el pensamiento de Platón presentaba, por su generosidad indagativa, un edificio incompleto, no terminado, sólo esbozado, lleno de perplejidad y de dudas, como era necesario en todo pensamiento rico que tras esfuerzos y tentativas, tiende hacia una verdad no prefabricada. Quizá por estos motivos, las contradicciones dialécticas que alimentaron la fecundidad creativa de Platón se convirtieron, tras su muerte, en las más genuinas y propias recomendaciones del maestro a los herederos de la Academia. Así, es probable que los sucesores en la Academia se movieran, por el culto casi sagrado al fundador, en un clima de libertad que le hacía honor y que generaba no sólo ciertas contradicciones en la correcta exégesis de las doctrinas escritas o no escritas de platón18, sino, principalmente, una verdadera y profunda crisis de identidad filosófica.

Así, es probable que en el tiempo de Arcesilao fuese necesario una clarificación de este panorama desconcertante bajo el peso de la «tradición indirecta». Según Wilamowitz y Bickel19, una edición completa de la obra de Platón ordenada en tetralogías está fechada en el siglo III aC., bajo la autoridad de la Academia, precisamente siendo escolarca Arcesilao o en el tiempo inmediantamente posterior a él. Hasta es posible, por tanto, que fuese el mismo Arcesilao quien hizo esta ordenación. Bien es cierto que en esta edición existen algunas interpolaciones, escritos espúreos en el cuerpo de las tetralogías20, su carácter de autoridad y excelencia no proviene tanto de su semántica gramatical, sino de la circunstancia de que el legado platónico se quedó en la Academia y que la cual no sufrió durante largo tiempo ninguna catástrofe.

Los manuscritos de Platón se quedaron en la rica fundación que era la Academia. Por ello, hay que suponer que en este intento de clarificación se atendiese quizá, exclusivamente, a los libros de Platón, de ahí la mención curiosa y explícita de Diógenes de que Arcesilao poseía o había comprado (eképt_to) sus libros. Eképt_to es un pluscuamperfecto del verbo κτάoμαι, cuyo uso por parte de Diógenes refiere una relación muy personal de Arcesilao con los libros de Platón. Tanto si compró como si hizo o mandó hacer una copia privada de ellos, da la sensación que Arcesilao quiso atenuar todo aquello que no fuese doctrina escrita en Platón, debido quizás a la gran confusión de teorías reinantes y se quedase única y exclusivamente con el discurso escrito de Platón y el λόγoς σωκρατικός que refleja21. Así, se entendería que Diógenes Laercio considerara a Arcesilao como el puente entre la Academia de Platón y la Nueva de Lácides y Carnéades22.

En este contexto hay que entender la precisa exposición doxográfica que hace Diógenes Laercio23 de su pensamiento. Arcesilao es el iniciador de la Academia media24, con él se transforma la Academia incidiendo en el método dialéctico de preguntas y respuestas que Sócrates había establecido, y que, fundado sobre la validez en el discurso de ambos puntos de vista, afirmativo y negativo, se volvía de esta forma más adecuado a la controversia continua sobre las cosas25. Estas estrategias dialécticas que eran una práctica socrática para averiguar las opiniones de aquellos con los que discutía, fueron abandonadas, según Cicerón, por los seguidores de Platón26, y fue Arcesilao quien recuperó e instituyó el método socrático-platónico mediante el cual nada se afirma y nada se dice como verdadero, sino que por el contrario, todo se discute en un sentido o en otro, inducen a la suspensión del juicio27.

Esta reforma, al fin y al cabo, del platonismo (aunque supusiese únicamente restablecer fórmulas antiguas) estaba basada en un amplio conocimiento del mismo. El uso de la ironía por parte de Sócrates, las negaciones continuas de una cosa y su contraria y el abuso de fórmulas dubitativas, nos puede hacer pensar que la renovación producida en la Academia estaba encajada dentro de la tradición platónica. Por tanto, caracterizar a la Academia de Arcesilao como "Nueva", señalando cierta ruptura con el platonismo clásico es errónea. Parece sensato reconocer que la designación de «nuevos» académicos aplicada a Arcesilao y sus seguidores, por un supuesto alejamiento filosófico de los «verdaderos» académicos pertenecientes a la antigua Academia de Platón, proviene de sus adversarios y de los tardíos platónicos como Numenio, necesitados de cierta polémica en su confrontación con el escéptico Arcesilao.

Así pues, tendemos a pensar que el rótulo de «Nueva» fue puesto por aquellos que veían como excelente estrategia, denunciar la modificación del pensamiento platónico como una traición a su filosofía. Arcesilao, por su parte, siguió a su maestro Platón y fue siempre continuador y verdadero intérprete de su filosofía, pues intentó descubrir la verdad pero teniendo siempre la intención de habituar a sus interlocutores y discípulos más a la reflexión que a la autoridad de otro. De ahí que, por un lado, no escribiese ninguna obra, para evitar ese culto que, a veces, inutiliza a la persona que lo da, y a la obra que lo recibe y, por otro, mantener y fijar la obra platónica para precisar y establecer su autoridad ante cualquier conflicto que surgiera en esos momentos. Por todo ello, se debe sostener28, que el cambio operado en la Academia por Arcesilao fue una vuelta a los valores tradicionales socrático-platónicos de la Escuela, una restauración y no una revolución de las formas académicas.

Ciertamente, hay diferencias con la llamada «Antigua» Academia de Platón, querer ubicar a Arcesilao exclusivamente por relación a Sócrates y Platón atenuaría el contexto histórico-filosófico en el que se desenvuelve la denomianda «nueva» Academia. Olvidar entre otras cosas los nombres de los filósofos que se sitúan a la cabeza de la Academia, Espeusipo, Jenócrates, Crantor o Polemón sería desconocer los desarrollos posteriores del platonismo que generarán, no espontáneamente como observa Robin29, sino como reacción a los mismos, una madurez de los gérmenes escépticos del platonismo necesarios como dialéctica antiestoica. Indudablemente, es fundamental en la historia interpretativa del escepticismo académico el reconocimiento del valor polémico y dialéctico que tienen muchas de las argumentaciones de Arcesilao y también de Carnéades, como fórmulas30 que reducen al absurdo las posiciones filosóficas de sus adversarios estoicos

2. LA CONSTRUCCIÓN POSITIVA DE LA FILOSOFÍA DE ARCESILAO

Así pues, creo haber mostrado que la explicación del fenómeno filosófico que significa la nueva orientación de la Academia platónica, no puede ser reducido a uno o dos factores. Es evidente que existe en Arcesilao, escolarca de la Academia, una sincera admiración por Platón fundador de su escuela, pero también hay que reconocer que la voluntad de refutar los sistemas dogmáticos, y principalmente el estoicismo, le condujo a privilegiar en Platón aquellos elementos de su filosofía que servían para combatir toda especie de dogmatismo. En este sentido, se acepta hoy que la filosofía de Arcesilao es un pensamiento que se construye en polémica frente al estoicismo. Pero, creo también razonable afirmar que junto a esa finalidad destructiva claramente antiestoica, existe un núcleo de doctrina positiva, no del todo compatible con un escepticismo riguroso o radical31, que dota a la doctrina de Arcesilao de una originalidad fuera de toda duda.

Ciertamente, desde los estudios de Coussin primero32, y Krämer33 después, se reconoce que la terminología que usa Arcesilao es recogida de las doctrinas de sus adversarios; como el objetivo polémico es la filosofía estoica, la terminología de Arcesilao sería enteramente estoica. Anna Maria Ioppolo34 pone en cuestión esta tesis tan radical, a la luz de dos postulados:

1. La crítica de Arcesilao se dirige contra Zenón y sus discípulos, pero no contra otros miembros de la estoa como Crisipo.

2. La terminología estoica de Arcesilao no es tal, sino una similitud de conceptos con Zenón explicada más por los maestros35 comunes que ambos compartieron, que por una focalización antiestoica de su filosofía académica.

Efectivamente, ya dijimos que no se podía reducir a uno o dos factores su pensamiento, es más reducir la filosofía de Arcesilao a una deconstrucción del estoicismo sería emprobrecerla. Existe una posición constructiva, particular y original que debilita el escepticismo de Arcesilao y que, curiosamente, llevará a pirronianos como Timón a criticar en Arcesilao ese «derrape» dogmático irreconciliable con el pirronismo.

Así pues, aunque las teorías de Arcesialo expuestas por Cicerón, tienen en algunos aspectos ciertas similitudes con las de Pirrón, son reconocidas, como parte destructiva en su combate contra el dogmatismo, como falsas coincidencias que esconden un dogmatismo o lo disfrazan. Para Timón la renovación de la Academia propuesta proporciona un método, el socrático, muy cercano al escepticismo, pero también un dogmatismo doctrinal inseparable de la Academia. A Timón le interesan más, evidentemente, las diferencias36 que las semejanzas, porque en ellas es donde cree encontrar la fisura ente el pirronismo y la nueva Academia. El mismo Diógenes Laercio reconoce en Arcesilao cierto magisterio de Pirrón, junto con un buen uso de la dialéctica y el razonamiento de la escuela Eritrea. Noticia coincidente con dos versos de Timón que lo ponen en relación con Pirrón, con la dialéctica de Diodoro y la erística de Menedemo. Hay, por tanto, tres componentes filosóficos claramente diferenciados: uno platónico, otro pirroniano y un tercero megárico. Un verso de Aristón repetidamente citado puntualiza la situación: «Por delante Platón, por detrás Pirrón, en medio Diodoro»37. La misma referencia a ese «mestizaje filosófico» la encontramos también en Sexto Empírico a quien le parece casi idéntica la posición de Arcesilao y la de Pirrón pues tiene mucho en común con las razones pirronianas38.

Así pues, son los dos aspectos de la filosofía académica, destructivo y constructivo, los que intervienen en su conocimiento y clasificación por parte del escepticismo coetáneo y posterior. Si sólo se hubiese señalado una parte antiestoica o destructiva, la crítica pirroniana y escéptica no hubiese sido tan definida. La ambigüedad que encontramos en la misma antigüedad a la hora de situar a Arcesilao entre el pirronismo y el platonismo39, sugiere una convivencia de dos filosofías, a veces, difíciles de incorporar. El esquema de esta filosofía desarrolla, a partir del platonismo, unos recursos dialécticos fundamentales en la batalla contra los estoicos, recursos que no abandonaron nunca su referencia platónica y que en su desarrollo construirán su propia respuesta a los problemas fundamentales de la filosofía helenística.

3. LA DISPUTA CONTRA LA DOCTRINA ESTOICA SOBRE LAS «FANTASÍAS».


Cuando Arcesilao ingresa en la Academia los filósofos del Pórtico y del Jardín están envueltos en una enérgica e impetuosa guerra dialéctica. Tanto unos como otros se esfuerzan en probar que están en posesión de una verdad evidente, mas como no pueden existir dos verdades de estas características que sean contrarias, una de las dos era falsa, y las dos escuelas se lanzaban a demostrar que la falsa era la de su rival. En medio de estas jóvenes escuelas se hallaban la «vieja» Academia y el Liceo que viven en cierto modo soportadas por el peso de sus grandes fundadores Platón y Aristóteles y con menos actividad. Por eso, la filosofía de Arcesilao y Carnéades surgió como una necesidad de dar una respuesta al estoicismo, principalmente, desde posiciones platónicas, y como una recuperación de la hegemonía perdida40.

En la filosofía helenística los problemas gnoseológicos generaron la mayoría de las controversias. Los filósofos de esta época no están tan preocupados por la búsqueda de la trascendencia, como lo estaban los de épocas inmediatamente anteriores, su inquietud va dirigida a cuestiones más sencillas y a la vez más técnicas, como son las condiciones que hacen posible el conocimiento de las cosas.

Uno de los clásicos problemas que se presenta en la filosofía helenística es el del «criterio de verdad». Este problema era muy discutido en las escuelas de Atenas en el tiempo de Arcesilao, sobre todo por los estoicos, para los que esta cuestión tenía una importancia crucial, al considerar a la lógica como base de toda su filosofia41. Así pues, la primera y más radical diferencia entre estoicos y académicos nace del reconocimiento y aplicación de un criterio de conocimiento o de verdad. La doctrina de los académicos será, por tanto, un ataque directo a la teoría del conocimiento defendida por los estoicos, pero ese intento de destrucción y negación de los postulados estoicos es plenamente escéptico, ya que es la tarea propia negativa de cualquier tipo de escepticismo que quiere acabar con el dogmatismo, pero que no se quedará ahí, sino que avanzará una menos escéptica construcción filosófica.
  1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal