La guerrilla olvidada



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GUADALAJARA

LA GUERRILLA OLVIDADA”


La historia de una página negra, manchada con sangre del
pueblo mexicano por los excesos del PRI-gobierno.

TESTIMONIO AUTOBIGRÁFICO.
TERCERA EDICIÓN, CORREGIDA.

HÉCTOR GUILLERMO ROBLES GARNICA.

Portada.


Diseño: Lic. Yannick Robles Esquiva.

Fotografías interiores: 1 y 11, colección particular de Yolanda Robles G.


Archivo General de la Nación, Galería # 1, Caja relativa a los documentos relativos al Autor.
2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9.
Colección particular del Lic. Andrés A. Zuno Arce: 10 y 11.
Idem del autor: 12 y 13.

Registro y número de catálogo:


ISBN. En trámite.

Exhorto.

A las Instituciones:

Amnistía Internacional, El Comité de Derechos Humanos, El Comité Contra la Tortura de
la ONU, Tribunal Internacional Penal e Instituciones afines, llevar a Juicio Penal a los

funcionarios del gobierno mexicano que resulten responsables por: asesinatos, torturas,
raptos de niños y por desaparición forzada, porque son delitos de lesa humanidad que no
prescriben y por los que no se pueden aplicar amnistías.


El dolor y sufrimiento de los familiares de las víctimas, así como también las violaciones

de los derechos humanos por el Estado en las guerras sucias en todos los países son
iguales.

TESTIMONIO AUTOBIGRÁFICO.

Advertencia.

Para editar, publicar y distribuir un libro sin afán de lucro de ninguna especie es necesario


evitar a toda costa a las empresas editoriales. Es por esto que el autor decidió colocarlo en
la red y, así, hacerlo llegar a diferentes países. Para ello cuenta con la cooperación de lo

lectores y les solicita que lo reenvíen a los contactos que cada uno tenga. La amplia


difusión de la obra y el debate que pudiera generar será la mejor compensación por el
esfuerzo para el autor. Y digo, según la costumbre, que quien quiera usar algunos
fragmentos de este trabajo podrá hacerlo, a condición de que cite la fuente.

El texto original fue escrito en 1993, en la ciudad de Elche (Alicante), España; publicado en

1996 y reeditado en 1997. Se imprimieron nueve mil ejemplares. En la actualidad se
encuentra agotado en las librerías. Sobre ese original realicé correcciones y agregados
para hacerlo más legible.

No disponía de herramientas, pero ahora que se tienen a la mano los datos en


documentos oficiales que en el año 1993 en que fue escrito se encontraban ocultos en
los archivos de las dependencias policiales. El Archivo General de la Nación (AGN)
contiene miles de cajas con documentos, pero también muchos miles de ellos fueron
destruidos o siguen ocultos al público. Faltan también los documentos guardados en la
Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y en las dependencias policíacas estatales y
Municipales aún así, las pruebas presentadas ilustran el aval de la presente narración.

Ahora, después de cuatro décadas, dadas las condiciones precarias de salud y avanzada


edad, tenemos la obligación de escribir, relatar aquellos acontecimientos y difundirlos para
que las nuevas generaciones conozcan estas historias, las lean, las discutan y las
asimilen. Para que no se repitan los errores… Este es el principal objetivo del presente
trabajo.

Reflexión.

Se presentaron las condiciones mínimas para organizar una respuesta coherente y en el


nivel necesario frente al Estado mexicano por sus fechorías y excesos contra los disidentes
políticos, a los que aniquiló. Muchos ciudadanos no comprendieron lo sucedido; no
encontraron una explicación coherente ante el derramamiento de tanta sangre, dolor,
lágrimas, presos, exiliados, muertos y desaparecidos. Porque los medios de comunicación
ocultaron la verdad, tergiversaron y publicaron mentiras sobre los acontecimientos.
El gobierno, al terminar su tarea macabra se mostraba satisfecho y hasta ufano. Pensó
que había que pasar la página sobre los sucesos y mirar para adelante. Pero
transcurrieron los años, las décadas, y seguíamos reacios a publicar nuestros relatos.
Elena Poniatowska escribió Fuerte es el silencio… Después alguien se atrevió a contar su
versión, le siguieron otras y otros. Hasta yo me animé a rescatar el merecido recuerdo de
nuestras (os) compañeras(os) que quedaron en el camino para recuperar así la memoria
que el Estado intentó ocultar.
Emprendí la tarea con espíritu autocrítico, buscando señalar los aciertos y detectar los
errores cometidos, pero sobre todo demostrar que el gobierno mexicano incurrió en actos
de barbarie y que en México la democracia es letra muerta.

                                                                       

   El autor.

Antecedentes.

Héctor Guillermo Robles Garnica, nací en La Piedad Michoacán, México. Fui el séptimo hijo


de diez hermanos-as.
Estudié los tres primeros de enseñanza primaria; los colegios eran católicos, no me
gustaba la disciplina ni el estudio de la religión.
En 1950 la familia se mudó a Guadalajara, Jalisco.

Recién instalados en el nuevo domicilio en La Perla de Occidente, continué mis estudios en


una institución pública, en ella encontramos una diferencia abismal respecto al colegio, fue
la Escuela Urbana # 77; una urbanización nueva y con excelentes profesores y profesoras
cuyo carácter nos impactó. Fuimos recibidos con mucha amabilidad, sin ninguna dificultad ni
trámite. Todos tenían ideas progresistas Yo cursaba el cuarto grado de primaria. Todo fue
felicidad; pero como casi siempre sucede, lo bueno pronto termina.

Mi padre falleció el 23 de octubre de 1951, como consecuencia de un accidente; a


partir de entonces mi madre dudaba en seguir viviendo en Guadalajara; pensaba que
emigrar a Estados Unidos sería mejor para nuestro futuro; pero no cambiamos de sitio.

Poco después ella sufrió una embolia, no pudo caminar más y fue necesario amputarle las


dos piernas hasta las rodillas. A partir de eso usó la silla de ruedas.

Lo de la muerte de mi padre y enfermedad de mi madre me afectó anímicamente. Los


estudios ya no eran excelentes y mi interés había decaído. Pero no abandoné la escuela y,
a trompicones, terminé en la Enseñanza Secundaria para Varones Número 3.

Mi adolescencia inició en los años 1950. Ya me había acostumbrado a la vida de la ciudad


de Guadalajara, que aparentaba una agradable tranquilidad pública que sólo ocultaba la
realidad; una profunda agitación social en la que las demandas estudiantiles, obreras y
campesinas encontraban como respuesta gubernamental sólo intolerancia, autoritarismo,
represión y encarcelamiento de líderes gremiales. En aquel entonces, el lema del gobierno
era: trabajar por el bien de la patria.
Estudié en La Universidad de Guadalajara. El bachillerato lo cursé en la Escuela
Preparatoria de Jalisco y en la Facultad de Ciencias Químicas. Terminé la carrera de
Ingeniería Química el año 1963.

PRIMERA PARTE.

Así empezó.

Reuniones de la FEG en los años 50.

Ingresé a la Escuela Preparatoria de Jalisco de la Universidad de Guadalajara en 1956. En


el aula magna se efectuaban las reuniones de la Federación de Estudiantes de
Guadalajara (FEG); José Guadalupe Zuno Arce fungía como presidente y era astuto para
agitar y estimular el debate. A nosotros nos entusiasmaba al grado de que no pocas veces
estuvimos a punto de terminar a golpes.

Se debatían diferentes asuntos en aquellas reuniones, tanto de carácter académico como


relacionados con la insuficiencia de plazas para estudiantes de nuevo ingreso en la
Facultad de Medicina y en las escuelas de bachillerato. Ya entonces no alcanzaba el cupo;
la Universidad tenía solo dos escuelas de bachillerato para una ciudad de 700 000
habitantes; es decir dos de cuatro sectores de la ciudad carecían de escuela pública en
este nivel. Después de gestionar y presionar se aceptó por parte de las autoridades
aumentar el número de plazas en ambas escuelas y también en la Facultad de Medicina.
Las demandas estudiantiles eran mínimas, no obstante cada una encontraba mucha
reticencia para satisfacerlas por parte del gobierno. Tal ha sido la historia de la educación
pública en México.

Debatimos con mucho entusiasmo en acaloradas discusiones el tema del desalojo en el


internado del Instituto Politécnico Nacional, en el D. F. La FEG resolvió apoyar a los
estudiantes, envió telegramas de protesta a la Presidencia de la República; se editaron
manifiestos y se realizaron reuniones populares en solidaridad.

Estas reuniones eran un buen ejercicio de los asistentes para compenetrarse en los


problemas inherentes a la vida diaria de la sociedad a la que servirían en el futuro en su
práctica profesional, con fines comprensivos, éticos, solidarios; porque no se trataba de
ejercer profesionalmente al margen de una concepción social y humanista.
Desde nuestras reuniones se organizaron acciones para impedir el aumento en el precio
del transporte urbano, que afectaba el bolsillo de todos los sectores con pocos recursos y
a la mayoría de los estudiantes. Autoridades y empresarios acordaron mantener el precio a
los estudiantes, pero al poco tiempo obraron en contrario y se eliminó el descuento. No
conformes con eso, los empresarios suprimieron el servicio de segunda clase, por lo que
no sólo resultó inútil la protesta, sino que fue contraproducente. Una burla a la demanda
popular.
Resistimos también desde aquel espacio de debate contra el proyecto de secar la laguna
de Chapala para convertir el terreno en áreas de cultivo. En el fondo escondía el interés
particular de unos cuantos funcionarios y empresarios privados. El Lago de Chapala no fue
afectado.
1950: Huelga del Instituto Politécnico Nacional (IPN)
Las promesas hechas en 1942 al estudiantado del IPN por el presidente de la República
no fueron cumplidas. Consistían en definir una Ley Orgánica para establecer las funciones
y el nivel de los títulos de los egresados. El general Ávila Camacho puso el asunto en
manos de su jefe de ayudantes, el teniente coronel Federico Amaya, un militar de carrera
sin ningún interés ni preparación en el campo de la educación técnica.
Miguel Alemán, primer presidente de México civil después de varios militares en muchos
años, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, impulsó
extraordinariamente la educación superior con la construcción de la Ciudad Universitaria.
Los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) contemplaban asombrados las
construcciones de grandes y lujosos edificios con monumentales murales de pinturas y
atractivos ornamentos, al mismo tiempo que a ellos y a su institución se les
menospreciaba, pese a contar con muchas carreras profesionales bien diseñadas y con
profesores de primera línea, incluidos brillantes catedráticos llegados a México junto a la
inmigración española de la República. El trato gubernamental diferenciado a la UNAM y al
IPN acicateaba la imaginación del alumnado politécnico. El IPN, fundado por el gobierno
del Lázaro Cárdenas, desde el principio fue orientado hacia un alumnado procedente de
las provincias y de bajos estratos económicos, algo que contrastaba con los universitarios
de origen urbano de clase media y alta.
Los politécnicos por origen y definición eran de avanzada democrática y popular, proclives
a la lucha por ideales y propuestas justas. La Federación Nacional de Estudiantes Técnicos
(FNET) agrupaba a la totalidad de las sociedades de alumnos de todas las escuelas
públicas en la República. La organización estudiantil tenía un claro esquema democrático
surgido de elecciones limpias y las sociedades se relacionaban entre sí a través de
asambleas ordenadas. No cabían los porros ni los parásitos.
Un pequeño grupo de estudiantes comunistas en el IPN, que seguía su propia línea y no a
la dirigencia partidaria --ignorante de las instituciones de educación--, se propuso ganar
posiciones importantes en la estructura estudiantil. En unos tres años lo consiguió al
conquistar las sociedades del Internado, de la Escuela de Medicina y otras, las más
combativas. El grupo estaba conformado por estudiantes aplicados a sus obligaciones
escolares, honestos y siempre con propuestas acertadas que captaban la simpatía de
muchos otros. Algunos eran buenos oradores y por lo menos uno, el teórico del grupo –
particularmente instruido--, gran seguidor de filósofos argentinos. Estos activistas
escalaron posiciones hasta llegar a la máxima dirigencia estudiantil. Ahí se propusieron
darle un buen impulso al IPN.
Lo primero fue presentar un pliego de nueve puntos al Consejo General del Instituto. El
director general y varios directores de escuelas lo rechazaron porque sospechaban que
algo había detrás. Una noche, mientras el Consejo deliberaba, en los corredores del núcleo
central de escuelas del Casco de Santo Tomas empezaron las fricciones entre grupos de
estudiantes afines al Comité de la Federación y jugadores de fútbol americano partidarios
de las autoridades. En los siguientes días estos choques se convirtieron en batallas
campales.

Comandados por el sacerdote Lambert, católico estadounidense, los futbolistas


constituían un grupo compacto gracias a la ayuda económica que recibían de parte de la
jerarquía eclesiástica. El clero católico entendía bien la importancia del Politécnico y metía
las manos mediante el sacerdote Lambert.
    
El Comité General de la Federación que dirigía mi hermano Roberto llevó, escuela por
escuela, el pliego de los nueve puntos rechazado por las autoridades. En cada asamblea
se discutía minuciosamente y finalmente se votaba, siempre hubo mayoría a favor del
pliego que pugnaba por una nueva ley orgánica, más recursos económicos para la
construcción de escuelas, actualización académica y mejores becas, más la suma de otros
puntos que aspiraban a fortalecer la vanguardia de la enseñanza técnica con orientación
popular.
Las votaciones en todas las escuelas a favor del pliego incluían la advertencia de una
huelga general para defenderlo hasta donde fuera necesario. La sordera de las
autoridades condujo a la convocatoria de la huelga en medio del júbilo de 20 mil
estudiantes. Por represalia el Internado dejó de recibir subsidio y el personal de la cocina
fue retirado. Decenas de alumnas se hicieron cargo de preparar los alimentos, y decenas
de muchachos se lanzaron a la calle para hacer colectas a favor del fondo económico de
la huelga. Los botes recolectores llegaban llenos de monedas de cobre. Los taxistas de la
ciudad se distinguían por cooperar con entusiasmo. No faltaron alimentos para los mil
internos y los edificios y equipos fueron bien resguardados.
La prensa y la radio oficialistas se lanzaron con furia contra la huelga, pero no hacían
mella en el ánimo de los estudiantes. El primero de mayo los huelguistas se incorporaron a
la manifestación obrera de la Ciudad de México con un contingente encabezado por el
Comité de Huelga. Días más tarde la Secretaria de Educación expulsó del Politécnico a
todos los once miembros del Comité entre ellos mi hermano Roberto y a once de sus
camaradas del comité de huelga. En lugar de amilanarse tomaron más bríos y se organizó
una gran manifestación del Casco de Santo Tomas al Zócalo de la Ciudad de México.
Durante el trayecto la columna producía gritos y consignas contra el secretario de
Educación, licenciado Manuel Gual Vidal.

La manifestación remató con un mitin frente al Palacio Nacional, los oradores subían


sobre un automóvil y, micrófono en mano, exclamaban sus mejores arengas. Al terminar el
acto se acercó a Roberto Robles una persona desconocida y le dijo que iba de parte del
Secretario de Educación y que esperaba a todo el Comité de Huelga para una reunión.
Empezó a las siete de la noche y el secretario dijo que por haber sido respetado estaba
dispuesto a discutir el pliego de demandas. Contesto el Comité su acuerdo pero añadiendo
nuevas peticiones que habían surgido en el transcurso del movimiento debido a acciones
de las autoridades.
Después de un prolongado debate se llegó finalmente, se llegó a los últimos puntos:
cancelar las expulsiones de los estudiantes del Comité, cesar al director del Politécnico,
Alejandro Guillot Shaffino, por incompetente, construir un moderno internado por lo menos
para mil estudiantes y, al fin, conservar los bajos de las gradas del estadio que sirvieron de
dormitorio a muchas generaciones de nuevos profesionistas.

El Secretario preguntó:


--¿Cuándo termina la huelga?


--En este momento--, le contestaron.


Ya de pie y en tono cordial volvió a interrogar:


--¿De verdad están tan organizados?


Se le respondió:

--En esta mañana salen telegramas hacia los cientos de escuelas que, solidarias, también
están en huelga en todo el país. Pasado mañana lunes, todos regresamos a clases.
Fue la única huelga victoriosa durante los seis años del gobierno de Miguel Alemán,
superior en importancia a todas las demás de estudiantes y obreros en esa época.

Comité Central de Huelga del IPN. De pie, en el orden acostumbrado: Miguel Ángel Gómez Fernández, José Ley Domínguez, Rafael Estrada Villa, Roberto Robles Garnica, José Hernández Escanio, Horacio N. Miguel Ángel Morfín Amezcua.
Sentados: Amado Tame Shear, Refugio González Aldana, José María Ramos, Alberto Reyna Hernández, Leopoldo Saucedo Tinajero.

También tuvo sus consecuencias negativas la huelga: en represalia por haberla apoyado


clausuraron las Escuelas Normales Rurales de Salices, Chihuahua y Tuxcueca, Jalisco.
Este asunto lo vivimos intensamente pues mis hermanos Roberto y Arturo participaron
como alumnos. Los acontecimientos del movimiento estudiantil eran observados
puntualmente por nosotros porque afectaban los intereses de la familia: si fracasaba la
huelga, los estudiantes involucrados no tendrían oportunidad de terminar sus estudios.

Seguí atentamente esta cuestión gracias a que mientras mi padre trabajaba en casa, yo le


leía los periódicos en voz alta. Recuerdo los berrinches que escenificaba mi padre en
rechazo a la actitud represiva del gobierno contra el movimiento estudiantil. Temía que
golpearan o detuvieran a mis hermanos.
  

                                


Huelgas de estudiantes en 1956

En ese año se produjeron en México vastos movimientos estudiantiles de larga duración.


Del 11 de abril al 21 de junio se llevó a cabo la huelga de los veintiséis mil estudiantes del
IPN.
Al mismo tiempo también estallaron huelgas en las Escuelas Normales Rurales, las
Escuelas Prácticas de Agricultura, la Escuela Nacional de Maestros, la Escuela Superior de
Educación Física y en centros de Educación Superior en los estados de Jalisco, Michoacán,
Nayarit, Baja California, Tamaulipas, Veracruz, Yucatán, Oaxaca, Guerrero. Tuvo la
repercusión de una verdadera huelga nacional.

Junto con estas luchas estudiantiles de amplitud excepcional, movimientos de protesta,


paros y huelgas de maestros en varios estados y en la capital de la República han atraído
vigorosamente la atención pública sobre los problemas que afectan a la educación
nacional. Sin embargo, después de largos meses de agitaciones y trastornos, no se habían
resuelto satisfactoriamente las causas que los provocaron ni la opinión pública podía
formarse un concepto claro de los motivos reales que determinaron esa inquietante
situación. En vez de una explicación responsable y veraz se presentó al pueblo de México
desde el poder una visión falsa y grotesca de las razones por las cuales han luchado y
siguen luchando los grandes núcleos estudiantiles. La versión más divulgada consiste en
atribuirles fines políticos oscuros a los movimientos estudiantiles, expuesta en aquel
entonces por el Partido Popular y su representante Nicandro Mendoza, estudiante del
instituto.
Abusando hasta el cansancio de la confusión creada en Latinoamérica por la cacería de
brujas (aprensión, encarcelamiento o eliminación de comunistas) emprendida en esos
años en los Estados Unidos, se dijo en todos los tonos que las demandas de mejorar a los
estudiantes mexicanos no eran otra cosa que un cliché de conjura roja para derrocar a las
instituciones de América. En apoyo de esta deleznable invención, algunas autoridades,
numerosos órganos de prensa, radio y televisión y políticos de filiación conservadora se
dedicaron enardecidamente a distorsionar los movimientos estudiantiles, empleando sin
medida la calumnia y la injuria. En el fondo del problema se encontraba el interés de
Estado Unidos por expandir su programa educativo para la formación de técnicos,
omitiendo la preparación de profesionales de la investigación científica. Se denominó Plan
Columbia porque en la universidad de ese estado se diseñó el proyecto. Intentaron
imponerlo en toda América Latina.  
Desalojo del internado del IPN por el ejército

El día 23 de septiembre de 1956 a las 5:10 de la mañana, el Secretario de la Defensa


Nacional, general Matías Ramos, acompañado de los generales Álvaro Sánchez Fagoaga,
Antonio Sánchez Acevedo y Ricardo Topete, subjefe de la policía, al frente de varias
corporaciones del ejército, dos mil soldados y secciones de la policía bien pertrechadas
invadieron el instituto, acompañados por el director, ingeniero Alejo Peralta. Irrumpieron en el
recinto del Internado para clausurarlo.

Con diana de corneta sorprendieron a los estudiantes dormidos, que a bayoneta calada


fueron desalojados, igual que vulgares delincuentes. Se armó una desproporcionada batalla;
en poco tiempo fueron sometidos y arrojados a la calle, hasta mal vestidos y muchos sin sus
escasas pertenencias ni material escolar.
Se les habían hecho promesas de becas… La decisión del presidente Adolfo Ruiz Cortines al
ordenar la intervención del glorioso ejército mexicano contra inermes estudiantes constituyó
uno de los errores más graves. Desde ese momento las puertas del internado, un servicio
asistencial del IPN, quedaron cerradas. El dirigente de la FNET, Nicandro Mendoza, fue
detenido el 27 de septiembre; le siguieron Efraín López, Mario Molina y Raúl Lemus,
integrantes del Comité Central de Huelga. Cayeron presos con el cargo de “disolución social”
(traición a la Patria).
La ocupación del Casco de Santo Tomás por el Ejército duró dos años, tres meses y tres
semanas. Permaneció en el IPN hasta el final del sexenio de Ruiz Cortines, y sólo hasta que
Adolfo López Mateos ocupó el cargo como presidente, las tropas salieron de las instalaciones
y los líderes estudiantiles fueron liberados. Un lapso igual al de la lamentable administración
ejercida por Alejo Peralta como director del IPN. Como que solo acompañado de los soldados
podía permanecer dentro del recinto educativo. ¡Qué paradoja!, el ingeniero Peralta,
egresado del IPN y de origen pobre, se convirtió en azote de los estudiantes sin recursos. En
pocos años se transformó en un prominente hombre de empresa, cubierto de riqueza y
poder. Un renegado de su clase social.

Las consecuencias del desalojo resultaron fatales para miles de estudiantes que procedían


de provincia, sus aspiraciones a terminar una carrera técnica se vieron frustradas y
regresaron a sus lugres de origen. Otros, los menos, anduvieron de casa en casa de la capital
en busca de alojamiento hasta terminar sus estudios.
Ambas huelgas influyeron en mis ideas porque afectaban directamente el interés de mi
hermano. Arturo Robles Garnica, finado en 2004, fue uno de los alumnos desalojados por el
ejército.

El inmueble del Internado se transformó en Escuela Superior de Ciencias Biológicas. La


desproporcionada intervención del ejército en el IPN marcaría la pauta a seguir en lo sucesivo
por el Estado para terminar (que no para resolver) los conflictos del estudiantado mexicano
en toda la República. Marcó un punto de inflexión en la actitud del Ejército con el
estudiantado, se convertía así en gendarme contra el estudiantado.
Los medios de difusión no cumplieron con su función de informar con veracidad, sino que
enredaron más el entendimiento del problema educativo; lo publicado estuvo colmado de
insultos e inexactitudes, su manera fue de clara complicidad con las autoridades. Los medios
de comunicación apoyaron al Estado a cambio de prebendas con cientos de artículos escritos
por los lacayos de la información, periodistas y escritores galardonados en México y en el
extranjero, auténticos terroristas del bolígrafo. Lograron su objetivo de enajenar al pueblo
ante la salvajada realizada por el Ejército y la policía al violar la Constitución General de la
República en los artículos: 13, 16 y 21.
La función de los militares no pasa por atropellar las instituciones públicas; pero si la
información procedía de los mejores diarios y canales de radio y televisión; si lo los autores
eran Jacobo, Carlos, Joaquín y otros empleados de W Radio, poseedores de la verdad
absoluta, entonces el público lo consideraba una verdad irrefutable. A partir de esa fecha, se
originó algo muy grave: el Ejército inició sus incursiones en los centros de estudio
universitarios, y como las respuestas de la sociedad eran casi nulas, los infractores hubieron
de suponer que hacían lo correcto. Los ciudadanos se han hecho apáticos para responder de
forma apropiada y contundente al Estado por sus faltas graves. Así fue, desde mi punto de
vista, como se originó la pudrición oficial que hoy, en 2010, padece la sociedad mexicana.

Se inició contra los inermes estudiantes provincianos y sin recursos económicos, en el IPN.


Adolfo López Mateos lo continuó en otras universidades: En la Benemérita Universidad de


Puebla y en la Universidad de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia. Prosiguió con la criminal
actitud el Presidente Gustavo Díaz Ordaz, en casi todas las universidades del país. Lo mismo
Luís Echeverría Álvarez, en Hermosillo, Sonora, Chihuahua, UNAM; IPN por tercera ocasión;
en Guadalajara, Jal., en Chilpancingo, Guerrero; Oaxaca; Culiacán, Sinaloa… Ahora se trata de
una práctica enquistada en toda la República, desde Chiapas hasta Ciudad Juárez y Tijuana.
Conmueve a todas las clases sociales, a todas las Instituciones.

                                 


   

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