La Iglesia presbiteriana de Cuba Una contextualización de la Fe (1959-1968)



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Caridad Massón Sena. La Iglesia presbiteriana de Cuba Una contextualización



de la Fe (1959-1968). Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura

Cubana “Juan Marinello”. La Habana, Cuba, 2004, 22 pág.

Disponible en internet: http://168.96.200.17/ar/libros/cuba/marin/religion.doc

Acceso al índice: http://www.clacso.org/wwwclacso/espanol/html/biblioteca/sala/sala2.html



La IGLESIA PRESBITERIANA DE CUBA. UNA CONTEXTUALZACION

DE LA FE (1959-1968).
Dra Caridad Massón Sena
En la madrugada del 1ro de Enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista escapó de Cuba con sus principales cómplices. La acción del pueblo con las armas en la mano derrocaba una tiranía que por más de seis años asfixió a la nación en contubernio con la oligarquía terrateniente y los agentes del imperialismo norteamericano.

Para evitar que los enemigos de la Revolución escamotearan en triunfo, Fidel Castro llamó a los trabajadores a la huelga general, mientras una parte de la oficialidad derrotada trataba de dar un golpe de estado. Un magistrado de una actitud honesta hasta ese momento fue nombrado Presidente de la República, Dr Manuel Urrutia LLeó. El 3 de enero se conformó el primer gabinete del nuevo gobierno.

No hubo discriminaciones de carácter religioso en el nombramiento los diferentes cargos. Entre los Ministros, el de Bienes Malversados fue Faustino Pérez y el de Obras Públicas Manuel Ray ambos profesaban el protestantismo así como otros funcionarios con importantes responsabilidades (José A. Naranjo, José Aguilera Maceira, Daniel Alvarez, Manuel Salabarría, Raúl Fernández Ceballos, etc). Un grupo de líderes y laicos protestantes había participado en la lucha contra la dictadura batistiana.

BIENIO INAUGURAL DE LA REVOLUCION. RESPUESTA DE LOS PRESBITERIANOS ANTE LAS MEDIDAS REVOLUCIONARIAS.
El 8 de enero cuando las tropas rebeldes hicieron su entrada en La Habana en la tribuna desde donde Fidel se dirigió a la nación se encontraban el obispo episcopal Hugh Blankingship y el reverendo presbiteriano Raúl Fernández Ceballos.(1)

El 15 de enero, el Comandante en Jefe recibió a un comité de representantes del Protestantismo integrado por Agustín González Seisdedos (pastor bautista de Santiago), Raúl Fernández Ceballos (del Concilio de Iglesias) y José M. Sánchez (del Comité de Defensa de la Libertad Religiosa). Estaban preocupados por las gestiones de los católicos para lograr que se estableciera la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Fidel les aseguró que mantendría la separación de la Iglesia y el Estado, estableciéndose la igualdad de oportunidades para las diferentes creencias sin privilegiar a ninguna en particular. (2)

Los cristianos evangélicos se sumaron a la celebración de un Culto de Acción de Gracias el 7 de febrero. Unos meses después, en mayo, El Heraldo Cristiano, órgano de la Iglesia Presbiteriana, señalaba en unos de sus artículos que parecía un sueño la "fangosa visicitud padecida durante siete años" y el alborear de una nueva etapa con el año nuevo.

Desde los Estados Unidos, su junta de misiones envió 100 mil pesos para resarcir los daños en la zona de guerra, fue nombrado el pastor Martín Añorga para abrir obra en la región región oriental y trabajar con ese fondo de ayuda en asistencia médica, alimentación para las familias necesitadas y la contratación de maestros.

Durante 1959 la colectividad protestante integrada por elementos de nivel económico medio y pobre manifestaron su aprobación a lo que venía ocurriendo de diferentes maneras. Durante su sermón televisivo de Semana Santa, el pastor presbiteriano Cecilio Arrastía declaró simpatías por los sucesos; se realizó en La Progresiva, el colegio presbiteriano de Cárdenas, un homenaje a sus exalumnos que habían muerto por la Revolución (Estebán Hernández, Renato Guitart, Guillermo Geilín, Angel Montejo, Manuel Moreno, Alfredo Massip, Joaquín Valdés, Marcelo Salado, Agustín Gómez Lubián y Beremundo Paz. (3)

A iniciarse 1960 se recrudeció la acción saboteadora de la contrarrevolución financiada por el imperialismo yanqui, se incrementaron las presiones económicas y políticas hacia la isla. Dando un rotundo mentiz a las publicaciones tendenciosas que en los Estados Unidos proliferaban sobre la actuación del gobierno revolucionario, el pastor evangélico norteamericano Lloyd Sweet que se encontraba en La Habana ofreció sus impresiones al periódico Revolución:

Pocos son los países donde la libertad no es una mera palabra, y sí una realidad práctica, diaria, sobre todo la libertad de cultos que es naturalmente la que a mí más me interesa, y yo puedo decirle a la prensa, que Cuba es uno de esos pocos países /.../

Ustedes estan poniendo en práctica el cristianismo. Dad de comer al hambriento y dad de beber al sediento. Medidas como la reforma Agraria son medidas de inspiración cristiana. (4) Un grupo de presbíteros participaron el viernes 15 de enero en una gran campaña de evangelización efectuada en la Ciudad Deportiva.

En mayo cuando se decidió la eliminación de prensa independiente, el Diario de la Marina dirigió una cruzada antigubernamental, utilizando consignas de orden religioso que pretendían crear confusión y azuzar los odios de las personas cristianas. También dentro del Concilio Cubano de Iglesias Evangélicas se trataron de manipular esos sentimientos, primero sacaron de su dirección al reverendo Raúl Fernández Ceballos y luego, en un período de crisis organizativa, el director del Seminario de Matanzas Alfonso Rodríguez Hidalgo convocó a sus principales líderes en Santa Clara para fundar un Frente Anticomunista el 26 de marzo. El rechazo abierto del propio Ceballos y del dirigente de los bautistas orientales Dr Adolfo Ham impidió que se llevara a cabo la propuesta. Ante la falta de apoyo a sus propósitos y temeroso del avance de la Revolución, Hidalgo solicitó licencia para salir de Cuba y no regresó más. Ham recuerda que en esa época ya él había leído a Karl Barth que había escrito una frase que a una parte de los teóricos del Cristianismo llegó muy hondo: "Solo el Hitler que hay en nosotros puede ser anticomunista".(5)

Mientras tanto la Iglesia Presbiteriana preparó un Plan de Cinco Años para llevar la obra de proselitismo y alfabetización a zonas intrincadas, especialmente de la provincia oriental, algunos pastores y laicos -antes declarados apolíticos- trabajaban subrecticiamente a favor de la contra o resolvían visas para facilitar el éxodo de opositores al extranjero. Pero la generalidad de los miembros de esas congregaciones bendecían las transformaciones operadas en el sistema económico-social

El Plan de Cinco Años pretendía llegar a las grandes ciudades primero y luego irradiarse a otros puntos del país. Pero vino el éxodo hacia el extranjero y aunque lograron la apertura de congregaciones en zonas rurales, se hizo trabajo de alfabetización, pudieron abrir un hogar para estudiantes universitarios, mantener un programa radial y comenzaron a trabajar por el sostenimiento económico de la Iglesia, el plan tuvo que detenerse.

Tanto los líderes como los creyentes que se sentían vinculados al proceso ocurrido en el país sufrieron una doble incomprensión. Muchas veces, los individuos fuera de la Iglesia los acusaban de no definirse abiertamente a favor de la Revolución, mientras que los de adentro de estar transgrediendo sus principios teológicos. En esa compleja disyuntiva, el pastor presbiteriano Rafael Cepeda escribió un artículo que define muy bien lo que estaban sintiendo estas personas.

Acababa de producirse la reducción de la cuota azucarera por parte de los EE.UU. y el gobierno cubano respondía con la nacionalización de las empresas norteamericanas, cuando Cepeda, que había participado en la lucha clandestina contra Batista y dirigido por un tiempo el Concilio de Iglesias, publica "Fidel Castro y el Reino de Dios".

En su exposición, trataba de explicar el significado de la frase bíblica, "mi reino no es de este mundo" empleada por Jesucristo y que Fidel había comentado en dos de sus discursos; enfatizando que el hijo de Dios no se refería a un apartamiento de las cuestiones terrenales, sino a su origen divino. Declara asímismo que "todo gobierno y pueblo está sujeto a la autoridad suprema", que gobernantes y gobernados son instrumentos de su voluntad y que "Dios interviene en los sucesos de este mundo para tratar de redimir al género humano".

En segundo lugar, a un lector que le había preguntado que por qué razón Castro nunca mencionaba al Creador en sus intervenciones y que si eso era evidencia de su ateísmo, el artículo dio la siguiente respuesta:

/.../Yo aplicaría en este caso otra afirmación de Jesucristo: "Por sus frutos los conoceréis". En última instancia, sólo Fidel Castro puede hablar con autoridad de si hay en él un mínimo de preocupación por las cuestiones de fe; pero yo me pregunto: ¿no es de cristianos su ansiedad por una guerra sin odios inútiles, generosa y limpia? ¿No es de cristianos su incesante afán por los explotados y oprimidos, por los que no comen, ni se educan, por el niño descalso, la mujer famélica, el hombre sin esperanza?¿No es de cristianos su empeño moralizador, de tal manera que se elimine para siempre de la vida cubana el vicio, del juego, la vergüenza, de la prostitución pública, el escándalo del robo en las oficinas gubernamentales? ¿No es de cristianos procurar que todos los padres tengan un techo propio donde protegerse, y todos los hijos un campo deportivo donde jugar? ¿No es de cristianos imponerse una tarea tan gigantesca como la de la reforma agraria, que asegure a cada hombre del campo un lugar donde vivir, donde trabajar, donde comer? /.../

Yo tengo la convicción -que comparto aquí con toda responsabilidad- de que Fidel Castro es un instrumento en las manos de Dios para el establecimiento de su reino entre los hombres /.../(6)

La repercusión de aquellas afirmaciones fue muy rápida, amplia y variada. Múltiples personas del pueblo y creyentes evangélicos lo felicitaron y alentaron en ese sentir. Con fecha 28 de julio, O. Fiallo desde Sancti Spiritus le escribió que estaba convencido que todos los que sentían orgullo de ser cubanos en esta hora de la Patria debían estar bien definidos como cristianos: con Fidel y la Revolución. "Cuando los 'enanos' y los 'tartufos' de nuestras filas y los de afuera de ella intenten reprocharle su conducta; lo invito a pensar no sólo en la integridad de su conciencia de cubano cristiano, sino también en el aprecio, respeto y admiración que tantos hijos de esta tierra sentimos por Ud". (7)

Desde La Habana, la señora B. Pujol Martínez, al día siguiente de su edición, le escribía:

Estimado señor: ¡qué maravilloso artículo el que publica en Bohemia sobre "Fidel y el reino de Dios". Le felicito de todo corazón! es una verdad tan grande, y sobre la Iglesia qué?

¡Estupendo! lo he mandado al Obispo Evelio, que es tan bueno y santo, para que abra los ojos.(8)
Pero en Miami también se leía Bohemia y el 31 de julio le recriminaba Bathuel Posada que mientras los católicos tenían "una posición vertical y valiente", los presbiterianos se abochornaban de los escritos de Cepeda donde no habían declaraciones contra el Comunismo. (9)

Y no faltaron expresiones cínicas como las de la señora Elena Díaz-Versón que había sido alumna de Cepeda, quien después de "felicitarlo" por haber publicado un artículo en esa revista, y recordar sus clases de español, concluye su mensaje: "Con mis mejores deseos para que Kruschev, Sukarno, Mao y el resto de los escogidos de Dios le ayuden a encontrar el reino de los cielos y un buen nombramiento /.../ (10)

También de varios países de América y de los propios Estados Unidos, muchos de sus hermanos creyentes le escribían a los cubanos para conocer lo que estaba sucediendo.

A varias interrogantes sobre la actuación del Presbiterio de Cuba por reverendo James E. Goff desde Colombia, el Dr Cepeda respondía que la mayor parte de los ministros y del pueblo presbiteriano consideraban correcta la política nacional e internacional que se desarrollaba, "pero la Iglesia como tal no ha tomado partido, ni ha perdido independencia de criterio", tampoco había aceptado subvenciones gubernamentales.

A la sugerencia de Goff de que debía ser evaluada la estrategia de la Iglesia a la luz de la situación del momento, Cepeda le respondió que eso se había realizado y "ahora es cuando tiene que ejercer más influencia en el pueblo cubano, pues ella es la única fuerza capaz de evitar que se adulteren los principios básicos de la Revolución, y la única que posee los ingredientes espirituales que la Revolución necesita"; le esclarece que comete un error al pensar que Fidel había traicionado las esperanzas del pueblo; que ha nadie se la había prohibido hablar contra el Comunismo, el gobierno había definido que no era comunista, pero aceptaba la colaboración de esta tendencia tanto en el plano nacional como internacional y le explicaba los dos factores, a su entender, por los cuales el estado cubano se entendía con el mundo socialista: el primero, por "la imperiosa necesidad de comerciar con todo el mundo, para salvar a la economía cubana de una bancarrota cierta"; y segundo, por la"actitud altamente absurda del Departamento de Estado en relación con la Revolución, que ha empujado a esta a buscar en Europa y Asia la ayuda que le ha sido negada".

El líder presbiteriano rectificaba el desenfado con que el reverendo se refería a la "caída del régimen": "El régimen de Castro, si cae, tendrá que ser por la fuerza militar de los marines norteamericanos, y para ello habría que matar a cientos de miles de cubanos, a menos que se utilice la bomba atómica, y entonces la masacre sería peor. Aquí es donde muchos se eqiuvocan, porque subestiman la capacidad de lucha del pueblo cubano, y su inquebrantable decisión de defender su revolución".(11)

Efectivamente la prensa reaccionaria tanto dentro como fuera de Cuba tergiversaba o fabricaba noticias para crear un clima bien difícil, donde la unidad del pueblo se viera fraccionada de cualquier modo. El 12 de septiembre, Christianity Today de Washington bajo el rótulo "Fidelidad a Castro divide a los Cristianos" exponía las apreciaciones del editor religioso del Miami Herald Adon Taft a cerca de una supuesta reunión entre el gobernante cubano y los líderes evangélicos para crear una "Iglesia Nacional Protestante", lo cual evidentemente afectaría a los católicos, y por su parte condujo a la Junta de Misiones Presbiteriana a amenazar con no enviar ayuda económica para los planes en nuestro país. Ambas informaciones eran falsas.

Sin embargo, basados en esa información el Interchurch News en octubre de 1960 publicaba "Iglesias en Cuba. Sagaz crecimiento de planes de Castro" y volvía sobre el asunto del proyecto antes mencionado. A partir de ahí se refiere a que han sido violados los principios de la separación Iglesia-Estado. Y afirma que esta conducta podía afectar las propiedades de las juntas en Cuba y que con la eliminación de las libertades de prensa y el sistema de escuelas privadas, el 70 porciento de pueblo ahora estaba contra Castro. (12)

A las reclamaciones realizadas a la editora del periódico, esta respondió que sus informes provenían de los reportes del Miami Herald. (13)

En los años decisivos de 1959 y 1960, los protestantes recibieron la Revolución con muchas esperanzas. Para algunos de ellos las transformaciones no debían transgredir ciertos límites; para el pueblo era necesario ir a las raíces.

El teólogo presbiteriano Sergio Arce declaró posteriormente sobre ese período:

Las Iglesias Protestantes, más cuidadosas y menos pretensiosas (que la Católica), no pedía tanto del nuevo régimen. Les interesaba principalmente que no se favoreciese en nada al catolicismo, que las cosas siguieran como antes de la dictadura batistiana, pero sin los favoritismo seculares que había tenido la Iglesia Católica. Varios líderes revolucionarios,surgidos de las filas de las escuelas e Iglesias Evanelicas ocupaban posiciones prominentes ahora. Apenas antes de la Revolución se había visto cosa parecida y esta coyuntura seguramente balancearía, por lo menos, la influencia de las Iglesias Evangélicas para acrecentar su trabajo en todos los órdenes: misionero, educativo, médico, etc. (14)

Ninguna de las medidas más relevantes adoptadas en este período perjudicaron las dirigencias y feligresías generales de esas Iglesias conformadas por estamentos de la clase media-media y media-baja. En general, en esta etapa no hubo conflicto importantes entre los evangélicos y el estado cubano.
INICIO DE LA CONCIENTIZACION POLITICA DE UNA PARTE DEL LIDERAZGO PRESBITERIANO (1961-1968)
El año 1961 fue declarado "Año de la Alfabetización". Destacados líderes presbiterianos se sumaron al entusiasmo general y contribuyeron a llevar adelante la obra educacional. Fernández Ceballos, Rafael Cepeda, Agustín Pascual, Orestes González, Rodríguez Busto y otros apoyaron la gestión alfabetizadora.

A los tres días del mes enero ocurrió un hecho que provocó ansiedad y desconcierto en medios religiosos, la ruptura de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Debemos recordar que las matrices de las Iglesias Protestantes en Cuba eran norteamericanas; ellas mantenían el soporte económico de estas; con excepción de algunas denominaciones, como la presbiteriana, que habían logrado un alto grado de cubanización en su liderazgo, la mayor parte estaba integrada por una cantidad considerable de pastores y misioneros estadounidenses, cuya influencia teológica e ideológica era esencial. Se gestaron las condiciones para el éxodo masivo de pastores, laicos y feligreses hacia el norte. Según criterios de Adolfo Ham, ese fenomeno "fue directamente proporcional con el grado de dependencia económica y estructural de la iglesia madre". (15)

El 20 de enero asumía la presidencia del vecino norteño el demócrata John F. Kennedy, heredando de su predecesor los planes de agresión armada. Después de la derrota de Playa Girón propinada a los mercenarios, se suspendieron todos programas radiales y televisivos de carácter religioso, excepto La Hora Bautista que se continuó realizando hasta al año 1963. Con el propósito de lograr la universalidad de la enseñanza gratuita, el 6 de junio se decretó la Nacionalización de las escuelas. Todos los centros docentes privados, que incluían las escuelas evangélicas, pasaron a propiedad estatal, y sus empleados y maestros conminados a continuar en funciones. Esta medida resultó dura en el plano económico para las iglesias que perdían una de sus entradas financieras y en el aspecto espiritual, un vehículo de catequización.

Al contrario de lo que algunos pudieran pensar, ante la situación creada por la nacionalización hubo juntas de misiones de los Estados Unidos que decidieron ayudar a sus hermanos en Cuba. Ejemplo de ello se expresa en la comunicación de la Board of National Missions de la Iglesia Unida Presbiteriana a otros países con el mensaje de su secretario general notificando que más que nunca se debían envíar fondos a Cuba, para auxiliar a los que decidieron no continuar en sus empleos, impulsar el programa de educación cristiana y el trabajo de las clínicas médicas. (16)

La declaración de carácter socialista de la Revolución, la nacionalización de la enseñanza, la presión popular ejercida sobre los cristianos practicantes sin distinciones ni matices, el estímulo exterior desde los Estados Unidos, la falta de compresión de gran número de protestantes ante la situación revolucionaria que vivía el país promovió dos actitudes fundamentales: el éxodo y la introspección.

En los 10 primeros años posteriores al 59, abandonaron el país alrededor del 70 porciento de los pastores, entre ellos casi la totalidad de los extranjeros.

Las referencia del historiador Marcos A. Ramos señalan que solo permanecieron en sus puestos en esos tiempos, un pequeño conjunto de bautistas occidentales (Herbert Caudill y David Fite con sus esposas, las misioneras Ruby Miller y Lucille Kerrigan), la presbiteriana Louis Kroehler, los pentecostales Floyd Woodworth y Donald Elliot con sus mujeres, la pinera Elizabeth Parkhurt y Helen Black de una asociación bíblica. (17)

Sus iglesias con una fuerte dependencia económica, ideológica, política y teológica de las matrices norteamericanas se quedaron prácticamente sin fieles ni pastores, sin preparación teológica para enfrentar los cambios, y los que se quedaron, se iniciaron en el trabajo por la obtención de la autonomía definitiva. Paralelamente hubo un grupo que fue adquiriendo conciencia de su lugar en la nueva sociedad civil que se estaba edificando y comenzó a tener una proyección positiva hacia la misma. En ellos estuvo la influencia del Movimiento Estudiantil Cristiano de carácter progresista que descubrió nuevas teología como las del suizo Karl Barth y los alemanes Dietrich Bonhoeffer y Paul Tillich (18), de los dirigentes ecuménicos Mauricio López, rector de la Universidad mexicana de Mendoza, y el americano Juan Mackay, así como del Consejo Mundial de Iglesias, a cuyas actividades comenzaron a asistir representantes de iglesias cubanas.

El MEC, creado en Cuba en 1960, fue una organización ecuménica constituida por jóvenes universitarios fundamentalmente que hacían una relectura de la Biblia para destacar sus valores revolucionarios y desde la fe defender el proceso liberador cubano.(19)

Al finalizar el año 1961, el Comandante Fidel Castro planteó la necesidad de fundir todas las fuerzas radicales en el Partido Unido de la Revolución Socialista, en ese momento se adoptaron patrones de integración ateísta, por lo cual se excluía a los creyentes de una posible militancia en esa organización. Eran principios aplicados en la mayoría de los países socialistas.

En enero de 1962, luego de su regreso de cursar estudios en el extranjero fue electo como Moderador de la Iglesia Presbiteriana el Dr Sergio Arce, que desde el púlpito llamó a "redescubrir la vocación cristiana en un mundo y una patria en Revolución". Mientras Rodríguez Hidalgo (director del Seminario de Matanzas), Arratía, Martín Añorga y otros renunciaban a sus fieles y marchaban al exilio, un destacado conjunto de intelectuales de esa denominación asumió la decisión de quedarse respondiendo a ese llamado. Ahí estaban Ceballos, Cepeda, Francisco Nordiella, Orestes González, Miriam Ortega, Emilio Rodríguez del Busto, etc.

La existencia de un conflicto ideológico latente del cual no se podrían sustraer evangélicos de espíritu progresista y orientadores marxistas provocaba múltiples controversias.

El reverendo presbiteriano ecuménico Raúl Fernández Ceballos desarrolló una amplia polémica alrededor de este asunto al reeditarse el libro de Blas Roca Los Fundamentos del Socialismo en Cuba. Ante la afirmación de Roca sobre la coincidencia que debía existir entre católicos, protestantes, espiritistas y marxistas en defensa de la paz, el bienestar y el progreso, que no debian sentir odios ni oponerse a los comunistas, Ceballos planteó que:

La triste realidad es que efectivamente, algunos titulados cristianos sienten odio por los comunistas. Por supuesto que también existen titulados comunistas intolerantes en extremo con los creyentes en Dios.

/.../

Creo que el mensaje más efectivo que podemos ofrecer a los no creyentes es una vida de servicio y de trabajo, de plena identificación con los que sufren. (20)



En aquellos tiempos de profundo debate en la revista Mensaje que él dirigía, Rafael Cepeda exhortaba:

/.../Mantengamos el derecho a disentir y a diferir, porque hay mucha vitalidad en este contrapunteo, pero que todo quede en el campo de las ideas y de los métodos, sin que afecte nuestro respeto, nuestra consideración, nuestro trato fraternal hacia quien piensa distinto y aún actúa en oposición a nuestro parecer /.../(21)

Aunque a la mayoría de las iglesias, las transformaciones sociales ocurridas las tomaron desprovistas de una base bíblica y, en tal sentido, asumieron la indiferencia y el apoliticismo general, algunos de sus pastores asumió posturas a favor de mantener y enriquecer el trabajo evangelístico, se mantuvieron al lado de su pueblo, trabajando honestamente. Algunos prelados trataron de crear una Iglesia Evangélica Cubana en el exterior y no lo lograron, dedicaron fuerzas a vituperar a los que decidieron mantenerse en el país. Ahí tenemos el caso del presbítero Cecilio Arrastía, quien a su traslado a Miami se convirtió en un militante anticomunista y escribió artículos donde acusa al pastor presbiteriano Cepeda de "atacar y repudiar todo lo norteamericano", de asumir una "posición de extrema izquierda incompatible con la teología cristiana".

El 25 de septiembre el agredido respondía que Arrastía era "injusto y deshonesto", pues a él no lo animaban sentimientos antinorteamericanos, que había escrito en varias ocasiones resaltando la labor de los misioneros; y que su "pasión única era Jesucristo". (22)

Adolfo Ham recuerda que durante ese año, en una reunión del Movimiento Estudiantil Cristiano, el también Presidente del recién creado Departamento Iglesia y Sociedad del Concilio Cubano de Iglesias, Cepeda, le había hablado a los jóvenes de lo que "Dios estaba haciendo en Cuba, de cómo "el Creador hacía la historia, purificaba la fe y la Iglesia", que era necesario luchar "contra la mentalidad de ghetto" y ampliar la influencia de los laicos y pastores en aspectos sociales, que no se debía tener "miedo al Comunismo sino al pecado". (23)

De igual manera, por varios años hasta 1967, el reverendo Fernández Ceballos escribió para el periódico El Mundo, una columna desde la cual defendió la campaña de alfabetización, los programas sociales del país, la posición de Cuba ante la Organización de Estados Americanos, la necesidad de la paz, la justicia y la verdad.

Las circunstancias del establecimiento del ateísmo y la doctrina materialista en las escuelas y medios oficiales fue acogida por los evangélicos como un reto.

A principios de 1964 la reunión de la comisión de Misión Mundial y Evangelización del Consejo Mundial de Iglesias se planteó la necesidad de que los cristianos jugaran un rol activo en sus contextos sociales.

En ese sentido el Consejo decidió fortalecer la obra cristiana con apoyo financiero y moral a la Isla, para ello envió al país a Theo Tschuy que puso en práctica su Plan Cuba. En esos momentos se reorganizó el Concilio de Iglesias cubano con la ayuda de los más destacados líderes de las diferentes denominaciones nacionales entre ellos, Ceballos, Ham, Cepeda, Gisela Pérez, metodistas, episcopales e incluso de la Iglesia Cristiana Pentecostal, cuestión inédita hasta ese momento.

El CCIE aunque integrado por personas de diferentes tendencias protestantes, trabajó unido para lograr una representación frente al Estado, desarrolló investigaciones, adquirió literatura, gestionó asuntos oficiales con la oficina del Dr José Felipe Carneado, encargado de atender las cuestiones relacionadas con las diferentes religiones. Su labor se desplegó en un ambiente de respeto a las leyes de la nación. En 1966 se cambió el nombre de Concilio por el de Consejo de Iglesias.

Dentro del ámbito principalmente presbiteriano fue sucediendo un fenómeno de acercamiento a las cuestiones sociales. Sus teólogos estuvieron en contacto con ideólogos cristianos progresistas de esos momentos como el alsacio Albert Schweitzer (Premio Nobel de la Paz), el metodista norteamericano Low Kirkpatrick, el presbiteriano brasileño Paulo Wright, etc.

Un ejemplo de esas posiciones se puede apreciar en la Carta Abierta al reverendo Xavier Zárate escrita por Rafael Cepeda:

/.../ Para los que servimos al Señor en Cuba, -le explicaba Cepeda- "la más grande oportunidad histórica" de nuestra Iglesia está aquí todavía con nosotros, precisamente en un medio oficial ateo y en un ambiente de intenso adoctrinamiento materialista /.../

Es por eso que su afirmación inmediata está completamente despistada: "Hoy, en Cuba, no se puede seguir siendo, por encima de todo, un cristiano". Debo entonces informarle que hoy, en Cuba, hay docenas de miles de personas que son, por encima de todo, cristianos /.../Hoy, en Cuba, hay un afán inspirado de Dios por el testimonio cristiano y la conducta ejemplar en el aula de clases, en el taller de trabajo, en la oficina, en la calle, en los centros asistenciales, en el hogar/.../ (24)

Un abanderado de ideas de avanzada en este sentido fue también el doctor Sergio Arce, director del Seminario de Matanzas, quien señalaba en 1965:

Tenemos pues que empezar por abrir las puertas de la iglesia, salir al campo abierto, reconocer y compartir la realidad del hecho concreto humano que nos rodea, el fenómeno histórico que ha ocurrido y ocurre en la Historia contemporánea de nuestra Patria y del mundo. hay que reconocerlo y compartirlo, en nuestro caso, como lo que es, ni más ni menos que una Revolución Marxista-Leninista/.../

/.../Como Iglesia, y como parte de nuestro testimonio, tendremos que tener interés marcado por asegurar el mayor bienestar al mayor número posible, no como algo en abstracto, sino como cosa bien concreta, en el medio y en la situación y momento particularmente que nos ha tocado vivir, con los recursos que Dios ponga en nuestras manos en esta Isla, en este día de hoy, con bloqueo, inclemencias del tiempo, estupideces de algunos, indiferencias de otros, o sabotajes, más o menos velados, de los demás. (25)

Arce, al propio tiempo, se preguntaba cómo era posible que la instituciones eclesiásticas no se proyectaran públicamente cuando sus pastores abandonaban sus rebaños para irse a otras tierras, o algunos se mezclaban en actividades contrarrevolucionarias o ilegales, cuando eran asesinados los alfabetizadores. Sin embargo no querían que se les molestara en nada, ni se les suspendiera permisos de reunión. Declaró que el cristiano debía comprometerse con la Revolución; y el diálogo con los marxistas, ser paciente y humilde.

Cuando la mayoría del pueblo cristiano se había ido incorporando a los Comités de Defensa de la Revolución, a la Federación de Mujeres Cubanas e, incluso, realizaban labores de trabajo voluntario, existían grupos -en este caso de bautistas- que traficaban ilegalmente con dólares o participaban en acciones de espionaje por lo cual fueron juzgados en 1965.

Indudablemente que el pastorado cristiano honesto tuvo que enfrentar tiempos difíciles. A la situación anterior que provocaba el repudio constante de la población, se sumaba el bloqueo económico, la reducción de sus salarios , el deterioro de muchas iglesias, la escacez de libros teológicos y Biblias. Sin embargo, el factor más importante y doloroso para ellos fue que, ante la actitud irresoluta de las denominaciones y el rechazo del pueblo revolucionario hacia la religión cristiana en general por las posiciones asumidas -que muchos fieles catalogaban de impropias-, poco a poco, una gran parte de los feligreses abandonaron los templos y la fe.

Otro embarazoso problema surgió con el establecimiento del Servivio Militar Obligatorio a partir de 1964. Algunas iglesias protestantes se negaban al empleo de las armas en cualquier circunstancia y ello provocó, en primer lugar, un reclamo al Estado para que sus fieles no participaran de esa actividad. Sin embargo, el conflicto se agudizó al crearse las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (la UMAP) en noviembre del 65.

La UMAP, existente hasta el 30 de junio de 1968, consistió en la movilización hacia campamentos de producción agrícola -por un período similar al Servicio- a personas "no confiables socialmente": vagabundos, holgazanes, homosexuales, desajustados, delincuentes, curas católicos, pastores evangélicos y testigos de Jehová . El trabajo debía contribuir a "enmendar sus conductas". Lo más enojoso de aquella situación -según manifestan varios cristianos que fueron movilizados entonces- era que a ellos, personas honestas y trabajadoras, se les considerara como lacras sociales. Algunos manifestan que la experiencia les fue positiva en la medida que supieron valorar más el significado del trabajo manual y finalmente se afianzaron más en sus convicciones religiosas.

En estas Unidades se cometieron excesos que fueron denunciados por vecinos revolucionarios, por el Consejo de Iglesias y por otros canales, convenciendo a la dirección del país de la necesidad de hacer desaparecer ese método de control social.

Cabe señalar que varios acontecimientos de carácter internacional influyeron notablemente en el liderazgo protestante cubano en esa etapa. Uno de ellos fue la labor de concientización social y antirracista del pastor bautista negro norteamericano Martin Luther King (y su posterior asesinato), y otro la lucha guerrillera del sacerdote católico colombiano Camilo Torres (y su caída en combate el 15 de febrero de 1966) quien se proclamó revolucionario con una plataforma de lucha encaminada a establecer la Reforma Agraria, los seguros sociales, la nacionalización bancaria, el derecho a la educación.

También se estaba gestando en América Latina, la Teología de la Liberación dentro del marco católico, que se daba a través de la práctica espiritual de los pueblos, en las comunidades organizadas congregacionalmente en la base y en la teología académica. Esta doctrina era una respuesta a la situación intolerable que vivía el pueblo latinoamericano y por tanto un reclamo a la lucha por la liberación y al compromiso de la Iglesia con los oprimidos. (26)

El trienio 1966-1968 fue muy importante para el logro de las autonomías de las iglesias cubanas con respecto a sus matrices estadounidenses. Antes de la Revolución la única que había alcanzado su independencia era la Iglesia de los Amigos y la primera en lograrlo posteriormente fue la Convención Bautista de Cuba Oriental en 1963. Los Episcopales, en 1966, declararon su autonomía de la diócesis y en 1967 asumió el primer prelado nacional José Agustín González.

También los Presbiterianos acordaron su secregación del Sínodo de New Jersey en el 67 siendo Presidente de la Asamblea Nacional Francisco Norniellla; y ese año fue ordenada por primera vez una mujer como pastora presbiteriana, Ofelia Miriam Ortega. Al terminar la década de los 60, prácticamente no existían misioneros ni pastores extranjeros en funciones dentro de las distintas denominaciones evangélico-protestantes de Cuba.

A mediados de 1966, los dirigentes del Consejo de Iglesias Adolfo Ham y Rafael Cepeda participaron en la Conferencia Mundial de Iglesias y Sociedad de Ginebra. Allí se escuchó, el 17 de julio, una cinta magnetofónica con las palabras del pastor Martin Luther King, que debido a la agudización de los conflictos raciales en Chicago no pudo asistir a la misma. Su discurso resultó un llamamiento a la responsabilidad social de los cristianos ante los sufrimientos del ser humano, utilizando esencialmente métodos pacíficos.

La Iglesia Presbiteriana de Cuba, guiada por una teología calvinista carácter liberal y racional, prestaba mucha atención a la labor educativa entre sus miembros. Sus líderes son personas bien preparadas, de alto nivel intelectual. Eso les permitió desarrollar su pensamiento teológico renovador, pero al mismo tiempo su labor evangelizadora era un tanto elitista, pues para el ingreso a la congregación se debía tener un conocimiento elemental de la doctrina.

Los asesinatos del Comandante Ernesto Guevara y de Martin Luther King el 9 de octubre de 1967 y el 4 de abril de 1968, respectivamente, en unión a la caída en combate del guerrillero católico Camilo Torres -ocurrida antes, el 15 de febrero de 1966-, fueron hechos que conmovieron al mundo progresista y, dentro de él, las conciencias de muchas personas cristianas en Cuba.

Los estudiosos protestantes cubanos se vieron influenciados por la concepción camilista que les señalaba la posibilidad de colaboración entre cristianos y revolucionarios, la confianza en los proyectos socialistas y el compromiso con los explotados de América Latina, la aplicación del arquetipo del "Amor eficaz", amor que busca medios para lograr el bienestar de las mayorías, si es necesario a través de la toma del poder, de la Revolución (que podía ser pacífica si los que tienen la supremacia lo permitieran). En conmemoración a su caída se efectuó, en 1967, el evento teórico cristiano "El padre Camilo Torres y la lucha armada" que sería precursor de las Jornadas que llevaron su nombre, celebradas por varios años bajo el auspicio de Consejo de Iglesias, el Seminario Evángélico de Matanzas, diferentes denominaciones y organizaciones de carácter ecuménico. (27)

El pensamiento del pastor bautista Luther King expresado en sus exigencias por los derechos civiles del pueblo negro norteamericano, su visión de la necesidad de la solidaridad de esos sectores discriminados con la población blanca de escasos recursos y la unidad con todos explotados del mundo, despertó a muchos de los que veían en el Norte la "sociedad perfecta y deseada".

E indudablemente, las reflexiones guevarianas en tono al papel del trabajo en el desarrollo de la conciencia humana y la creación del "hombre nuevo" en las aspiraciones por alcanzar un eslabón más alto en la especie humana, marcaron a una parte destacada de los hombres de pensamiento dentro de la esfera evangélica.

Debemos tener en cuenta otros acontecimientos que iban a dejar su impronta, a veces leve, a veces profunda, en las meditaciones de esas personas. Vamos a mencionar algunas de las más relevantes: la III Conferencia Evangélica Latinoamericana (CELA) de Montevideo de espíritu unitario, el encuentro con la Teología de la Liberación y otros proyectos religiosos del subcontinente (Cox, Hugo Assman, Gutiérrez), además de la profundización en el pensamiento de europeos y asiáticos (Barth, Tillich, Hromadka,etc).

Todo este proceso de profundización en el estudio de la teología protestante entre 1965 y 1968 ocurrió simultáneamente con la reorganización del Consejo de Iglesias Evangélica que tuvo entre sus principales líderes al -en esos momentos- bautista Adolfo Ham, a los presbiterianos Rafael Cepeda, Raúl Fernández Ceballos y Sergio Arce, a los obispos José A. González (episcopal) y Armando Rodríguez (metodista) etc. El CCIE tomó la revista Mensaje, publicada por la Iglesia Presbiteriana, como su órgano oficial. Se estaba produciendo una relectura de la Biblia, una tentativa de constextualizar la teología protestante.

Razonamientos profundos e interesantes como los del Dr Sergio Arce comenzaron a publicarse:

Lo que hace al creyente -escribiría Arce para la revista Mensaje de julio-septiembre de 1967- un verdadero creyente está en la seguridad que posee, en su fe en el amor como fuente de la vida, la vida como realización del amor y como unica realización posible. Ese es el sentido que tienen los pasajes bíblicos que nos sirven de referencia, y la única forma posible para entender el ateísmo contemporáneo, humanista y humanizante, porque "Dios es amor y el que vive en el amor vive en Dios y Dios en él". "Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros Dios permanece en El y su Amor se ha perfeccionado en nosotros", porque "El Hijo lo ha declarado". Luego, desde el punto de vista teológico, el ateísmo es legítimo, porque la Revelación juzga toda la religión como idolatría, y el ateísmo contemporáneo marxista es necesario porque "Dios sobre nosotros" sólo se conoce como "Dios en nosotros", hecho posible por el "Dios con nosotros".(28)

Desde luego, que la comprensión de estos enfoques no estaba al alcance de la mayoría del pueblo evangélico; pero se iniciaba un período de teorización y al mismo tiempo de tratar de concientizar al respecto.

Del 4 al 11 de enero de 1967 se había efectuado el Congreso Cultural de La Habana con participación de intelectuales de distintos continentes, entre ellos un grupo de sacerdotes que elaboró una declaración en la cual se planteaba que apesar de las divergencias que existen en el cristianismo y el marxismo acerca de la interpretación del hombre y del mundo, el marxismo es quien da el análisis científico más exacto de la realidad imperialista y los estímulos más eficaces para la acción revolucionaria de las masas. (29)

En sus finales el líder cubano Fidel Castro recalcó que "/.../ no puede haber nada más antimarxista que el dogma, no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas que incluso se esgrimen en nombre del marxsimo que parecen verdaderos fósiles." (30)

Paul Blanquart, uno de los firmantes de aquel documento, escribiría poco tiempo después, sus reflexiones entorno al diálogo entre creyentes y ateos:

/.../si queremos hallar la solución a este problema de las relaciones entre marxismo y fe cristiana, debemos apoyar la evolución de los marxistas tradicionales en ese sentido ¿Cómo? /.../Haciéndoles comprender, por un lado, que se puede ser tan socialista y antimperialista, que se puede ser tan estrictos como ellos en las exigencias de la racionalidad, que se puede participar en el trabajo teórico para precisar y desarrollar el modelo operativo; es decir, que es posible estar completamente en el terreno de ellos; siendo al mismo tiempo creyentes. En segundo lugar, mostrándoles, siempre a lo largo mismo de la acción y de los procesos revolucionarios, que lo específico cristiano nuestro puede aportar riquezas concretas a la revolución, puede contribuir a enriquecer la utopía /.../(31)

Disquisiciones similares se hicieron patentes en un grupo de líderes ecuménicos nacionales. Y veremos que a partir de 1968 las iglesias van a participar en trabajos voluntarios en la agricultura a nivel denominacional o a través de coordinaciones del Consejo de Iglesias,cual modo de acercarse a la comunidad; sin embargo no se entendía por todos la asunción de posiciones políticas y ello provocó el desagajamiento de algunas iglesias del Consejo como la Bautista Oriental ante las declaraciones de condena a la guerra de Viet Nam. (32)

A mediados de los 60, la Asamblea Nacional de Iglesia Presbiteriana se tomó la determinación de lograr en breve la autonomía y elaboró un plan para obtenerla. En 1967 se declaró afiliada a la doctrina calvinista reformada y adscribió la Confesión de Fe de su matriz norteamericana que entre, otros aspectos, planteaba la intervención cristiana en la sociedad a través de la aceptación de la igualdad de todos los hombres en sus derechos políticos, laborales, educacionales, familiares; la prédica de la paz y la colaboración entre las naciones; la lucha contra la pobreza, identificándose con los desposeídos; la vida sexual responsable; etc. (33)

Al mismo tiempo se producía el traspaso de gobierno y se obtenía la independencia. Al año siguiente se creaba el Departamento de Iglesia y Sociedad bajo la dirección de Carlos M Camps.
AGREGADO FINAL
Durante los 70, la Iglesia presbiteriana realizó múltiples declaraciones a favor de la Revolución, de solidaridad con pueblo hermanos que combatían al imperialismo y en 1977 elaboró su propia Confesión de Fe, la primera de una Iglesia nacional en un país socialista. En la redacción del documento tomaron parte Adolfo Ham, Sergio Arce, Norniella, Camps y la única norteamericana de sus misioneras que no se marchó de Cuba Lois Kroehler.

Sistemáticamente la Iglesia Presbiteriana Reformada ha conmemorado las fechas patrias y colaborado en las labores del movimiento ecuménico en sus distintas etapas. Ella ha sido propulsora de diferentes jornadas de estudio como las dedicadas a Camilo Torres, los eventos de reflexión teológica y otras. También han participado dentro de la directiva del Consejo Mundial de Iglesias. Ha contribuido al enriquecimiento de lo que algunos estudiosos cubanos han llamado la Nueva Teología Cubana, basada fundamentalmente en una relectura de la Biblia, atravesada por el prisma de las realidades concretas de nuestro país y que ha sido un elemento de concientización de creyentes y no creyentes para llegar a formas más flexibles y comprensivas de las relaciones Iglesia-Estado. A esa otra parte del proceso le dedicaremos en otra ocasión una reflexión detallada, tal como esta se merece.



NOTAS:
1.- Marcos A. Ramos: Panorama del Protestantismo en Cuba. Editorial Caribe. San José, 1986.
2.- "Importante Entrevista". En: La Voz Bautista. Febrero, 1959.
3.- Tomado de Rafael Cepeda: Apuntes para una historia del Presbiterianismo en Cuba.
4.- "Realizan en Cuba labor cristiana". En : Revolución. (III) 334. Enero, 6, 1960, p 1 y 11.
5.- Adolfo Ham: "La Teología en Cuba a partir de 1959". En: Mensaje. (IV) XV. Octubre-diciembre, 1977.
6.- Rafael Cepeda: "Fidel Castro y el Reino de Dios". En: Bohemia. (52) 29. Julio, 17, 1960.
7.- Carta de O. Fiallo a Rafael Cepeda, 28 de julio de 1960. Archivo de Dr Rafael Cepeda.
8.-Carta de B. Pujol Martínez al Dr Cepeda. Archivo de Dr R. Cepeda.
9.- Carta de Bathuel Posada, Miami, 31 de julio de 1960 a Rafael Cepeda. Archivo del Dr Cepeda.
10.- Carta de Elena Díaz-Versón, Georgia, EU, 9 de agosto de 1960. Archivo del Dr Cepeda.
11.- Tomado de carta de Dr Rafael Cepeda al Rev. James E. Goff. La Habana, 27 de julio de 1960. Archivo del Dr Cepeda.
12.- "Churches in Cuba. Grow Wary of Castro Plans". En: Christianity News. N. York. Vol II. 2 Octubre, 1960.
13.- Carta de Elsa Kruuse a Dr Rafael Cepeda, 16 de noviembre de 1960. Archivo del Dr Cepeda.
14.- Sergio Arce: Teología en Revolución.
15.- Adolfo Ham: "La herencia misionera protestante cuabna vista desde la perspectiva ecuménica". Rafael Cepeda (edit): La herencia misionera en Cuba.
16.- Comunicación de la Board of National Missions of the United Presbyterian Church in the USA. June, 1961. Archivo del Dr Cepeda.
17.- Marcos. A. Ramos: Panorama del Protestantismo en Cuba.
18.- Más información en Colectivo de autores: La Religión. Estudio de investigadores cubanos sobre la temática religiosa. Editora Política. C. de La Habana, 1993.
19.- El MEC estaba dirigido por Omar Díaz de Arce (presidente), Rodolfo Juarez (vicepresidente), Sydney Onet (secretario), Marina Ortiz (vicesecretaria), Livio Díaz (tesorero), Orlando Pérez (vice-tesorero) y Cecilio Arrastía (consejero).
20.- Raúl Fernández Ceballos: "Religión y Socialismo". En: Heraldo Cristiano. (XXIV) 7 y 8. 1976.
21.- Rafael Cepeda: "Puntuaciones". En: Mensaje. (7) 1963.
22.- Carta a Alberto Rembao del Dr Rafael Cepeda, 25 de septiembre de 1962. Archivo del Dr Cepeda.
23.- Adolfo Ham: "La Teología en Cuba a partir de 1959"> En: Mensaje. (IV) XV. Octubre-diciembre, 1977.
24.- Rafael Cepeda: Carta abierta al reverendo Xavier Zárate, mayo 1964. En: Revista Mensaje. 5. Abril-junio, 1964.
25.- Sergio Arce: La Misión de la Iglesia en una Sociedad Socialista. La Habana, 1965.
26.- Fernando Martínez Heredia: "Cristianismo y liberación: ¿revolución en el Cristianismo?. En: Cuadernos de Nuestra América. (III) 6. Julio-diciembre, 1986.
27.- Carlos M. Piedra: "Algunas reflexiones sobre el mensaje a los cristianos". Sergio Arce (edit): Cuba: un pensamiento teológico revolucionario. CECIC. Matanzas.
28.- Sergio Arce: "Un intento de analizar el significado teológico del ateísmo contemporáneo". En: Mensaje. (II) 6. Julio-Septiembre, 1967.
29.- Paul Blanquart (op): "Fe cristiana y Marxismo en la Revolución" En: Mensaje (VI) 25. Abril-junio de 1972.
30.- Discurso de Fidel Castro en las conclusiones del Congreso Cultural de La Habana. En: Bohemia. (60) 3. Enero, 19, 1968.
31.- Paul Blanquart: Obra citada, p 20.
32.- Conformaban el directorio del CCIE 1968-1969 como Presidente Rafael Cepeda, Vice Obispo José A. González, Secretario de Actas Obispo Armando Rodríguez , Secretario Letrado Rodolfo Juárez, Tesorero Rafael Rodríguez Josué y Secretario Ejecutivo Adolfo Ham.
33.- "Confesión de fe de 1967". En: JUPRECU. (2) 1967.



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