La membrillera



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“LA MEMBRILLERA”
MÚSICA Y TEXTO: MAESTRO REVERENDO
MÚSICA: MAESTRO REVERENDO
La Membrillera

(TEXTO Y MÚSICA)


MÚSICA: MAESTRO REVERENDO

“CABALLERA TEMPLARIA”


TEXTO: FEDERICO VOLPINI
MÚSICA
TODA LA ACCIÓN, CON ECO.
Penitente: (LLEGA Y SE ARRODILLA)

Ave María Purísima.


Confesora: Sin pecado concebida. ¿Deseaba usted algo?
Penitente: Venía a confesarme de que soy Caballera Templaria.
Confesora: (CON ESCÁNDALO:)

¡Pero bueno, hija mía!: ¿cómo me hace usted eso?


Penitente: Ya ve, madre: las malas compañías…
Confesora: ¿Pero no sabe usted que últimamente la Iglesia los está quemando, a los templarios?
Penitente: ¡Sí, señora! ¡Y a eso venía yo!: ¡a ver si podía usted hacer conmigo una excepción!
Confesora: ¿Yo hacer una excepción con usted? ¿Y en qué plato hemos comido las dos juntas?
Penitente: Hombre: sería solamente una vez…
Confesora: ¡Claro!: eso dicen todos.
Penitente: Es que, verá: a mí esto de ser quemada viva…
Confesora: (QUITÁNDOLE IMPORTANCIA)

¡Pero si no es para tanto! ¡Si se pasa enseguida! Mire: entre que le ponen a usted el sambenito, le amarran las muñecas, la suben a la pira, la atan al poste, encienden, prende, le piden por última vez que se retracte y la alcanzan a usted las llamas, se va sin darse cuenta casi toda la tarde. Luego es sólo un momento.

(ANIMOSA:)

¡Porque no hay una segunda vez, que si la hubiera, ya vería usted como repetía!


Penitente: ¿Está usted segura?
Confesora: ¡Bueno!: ¡con decirle que me está dando envidia!
Penitente: Pues, si quiere, puede usted ir en mi lugar.
Confesora: ¡Uy!: ¡ya me gustaría! Pero, ya ve: aquí me tiene usted, en el confesonario, a oscuras todo el día, oyendo las monsergas de la gente. ¿Usted sabe lo pesados que son?

(SE DECIDE:)

¿Sabe lo que le digo?: que sí, que se lo cambio. Que le cambio a usted el sitio, que estoy harta.
Penitente: (HACE ADEMÁN DE LEVANTARSE)

¡Ah, no, perdone usted! ¡De ninguna manera! ¡La templaria soy yo!, ¿qué se ha creído?

(SE PONE EN PIE Y COMIENZA A ALEJARSE DEL CONFESONARIO)

¡A la hoguera se va una servidora!


Confesora: ¡Veleta!
Penitente: ¡Aprovechada!
Confesora: ¡Primeriza!
“ABECEDARIOS”
TEXTO: FEDERICO VOLPINI
MÚSICA
AMBIENTE DESIERTO: VIENTO.

SOBRE AMBIENTE:


Arqueólogo: (LLEGANDO)

Buenas: ¿tiene usted abecedarios?


Escriba: No, lo siento: la tienda de camellos es la de más abajo.
Arqueólogo: ¿Sí? Pues mire usted que de allí me han enviado a ésta, porque no les quedaban.
Escriba: Es lo que dicen siempre. Pero es por jorobar.
Arqueólogo: Ahora que usted lo dice, yo no había caído.
Escriba: Eso será porque ha venido usted en camello.
Arqueólogo: La verdad es que sí.
Escriba: Se le nota a usted mucho. Caerse de un camello no es tan fácil, porque tiene dos gibas. Desde el abecedario, por el contrario, te caes continuamente, porque no tiene más que una.
Arqueólogo: ¿Sólo una? ¿Y cómo logran conversar entre ellos?
Escriba: ¿Los camellos?
Arqueólogo: No: los abecedarios.
Escriba: No lo sé. Es que verá: como yo nunca he estado en el norte de África …
Arqueólogo: ¡Lo que se aprende con usted! ¡Y yo que siempre había creído que los abecedarios venían de Fenicia!
Escriba: ¡No me diga!
Arqueólogo: Le digo. Es más: en el norte de África pensaba que había solamente jeroglíficos.
Escriba: ¡Qué va!: lo que había en el Egipto faraónico es mucho analfabeto!
Arqueólogo: ¡Me deja usted de piedra! ¿Ha estado usted en Rosetta?
Escriba: ¿Rosetta? ¡Yo de Rosetta soy un auténtico demótico! ¿Y usted?
Arqueólogo: No. Demótico, no. Pero tengo un amigo en la cárcel que hace cuñas.
Escriba: ¡Será para expresarse!
Arqueólogo: A eso vengo. ¿Tiene usted abecedarios?
Escriba: Siéntese.
Arqueólogo: ¿Cómo dice?
Escriba: Ese-I-E-Ene-Te-E-Ese-E. ¿Se lo envuelvo?
Arqueólogo: No. Me lo llevo puesto. ¿Se lo pago al contado, o le firmo unas letras?
Escriba: ¿Firmarlas, para qué?
Arqueólogo: ¡Para reconocerlas, por si las vuelvo a ver!
Escriba: ¿Científico?
Arqueólogo: Iletrado.
MÚSICA



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