La Misión en la ex-Yugoslavia post-Comunista en guerra



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La Misión en la ex-Yugoslavia post-Comunista en guerra

por Anton Stres, C.M.

Entre los países post-comunistas, los surgidos de la antigua Yugoslavia tienen, desde hace tres años, el triste privilegio de atraer especialmente la atención mundial por razón de la guerra que hace estragos sobre su suelo. ¡Y qué guerra!: una guerra marcada por la extrema violencia, donde los derechos fundamentales del hombre son violados constantemente. Las consecuencias materiales y espirituales serán terribles. Pocos comprenden de qué se trata. Ni siquiera los grandes responsables políticos captan verdaderamente las raíces y las causas de esta guerra.


Raíces remotas de la guerra
Yugoslavia fue fundada al concluir la primera guerra mundial en 1919, conformada por dos partes. Una parte, el Sur, representaba el Reino de Serbia, ampliado durante las guerras de los Balcanes de 1912-1913. Esta zona de los Balcanes había estado ocupada por los Turcos durante cinco siglos, desde el siglo XIV, periodo que ha dejado profundas huellas en la mentalidad y en la cultura.
La otra parte, el Norte, perteneció al imperio Austro-Húngaro hasta los días de la "Gran Guerra": Eslovenia y Croacia, que formaban parte del imperio desde siglos, y Bosnia, sobre la que el imperio austríaco ejerció su protectorado desde 1870 (antes había pertenecido al imperio turco). Ya para esta época los serbios habían reclamado Bosnia; es la razón por la que un representante del movimiento "Joven Serbia" asesinó en 1914 en Sarajevo al archiduque austríaco Fernando y a su esposa, acontecimiento que desencadenó la primera guerra mundial. No son de hoy los problemas.
Los pueblos esloveno y croata optaron libremente por el "Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos": así se llamaba el país cuando fue creado. Tenían la esperanza de que su identidad étnica y cultural estaría mejor garantizada en un estado común para todos los Eslavos del Sur. Los Serbios, por su parte, no habían entendido así el nuevo estado en el que eran relativamente mayoritarios. Para ellos, eslovenos y croatas eran el botín de guerra que los Aliados (es decir, Franceses e Ingleses) les habían entregado en recompensa por el apoyo prestado por los serbios durante la guerra. En efecto, el "Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos" se transformó muy pronto en un estado totalitario, al suprimir el rey Alejandro I la constitución en 1920 y declarar la dictadura. Poco antes se le había dado nombre nuevo al país - Yugoslavia-, para expresar todavía mejor su carácter unitario bajo la hegemonía de los Serbios. Con pequeñas modificaciones esta situación se prolonga hasta 1941.
El ejército nazi no encontró resistencia al invadir el país. Los pueblos no-serbios no tenían ningún interés en batirse por Yugoslavia. Cuando, tras la segunda guerra mundial, Tito (que no era serbio) reconstruye una nueva Yugoslavia comunista, había comprendido que "Yugoslavia será fuerte si Serbia es débil". Sea lo que fuere de este dicho atribuido a Tito, lo cierto es que hizo de Yugoslavia una federación de seis repúblicas a las que concedió una amplísima autonomía y dos regiones autónomas. El territorio considerado serbio entre las dos guerras quedó dividido en tres repúblicas y dos regiones autónomas, hecho que redujo geográfica y políticamente a Serbia y disminuyó su influencia. No es, pues, extraño que los serbios se sintieran frustrados.
La hora de los serbios llegó tras la muerte de Tito en 1980. Seis años después, la Academia de Ciencias y Artes de Serbia publicó un memorandum sobre el estado de la nación serbia en el que se proclamaba: "Serbia es todos los lugares donde viven los serbios". En el mismo año 1986 S. Milosevic toma el poder en Serbia e inicia la realización del programa. Serbia suprime primero las regiones autónomas, surgiendo de nuevo la cuestión albanesa. A continuación, Serbia se empeña en modificar la constitución en vistas a una centralización del país y la supresión de la autonomía de las repúblicas. Es así como Serbia ha preparado la crisis yugoslava. Los otros pueblos han reaccionado y han visto en su independencia completa la única forma de salvaguardar su identidad y su futuro. La guerra actual no es más que el esfuerzo de los serbios por realizar su sueño: la Gran Serbia. Esta Gran Serbia debería reunir en un solo estado a todos los serbios de la península de los Balcanes, incluso de los lugares en que son una minoría insignificante. Estas minorías se hallan en los territorios de Croacia y Bosnia desde hace tres siglos: son los serbios que huyeron de su país a causa de las persecuciones de los turcos para con las poblaciones cristianas que ocupaban. A estos serbios, el poder austríaco los había instalado en las regiones limítrofes para defender las fronteras de su imperio: nacieron así entidades serbias en medio de Croacia y de Bosnia occidental.
Nuestra Congregación no está siendo afectada directamente por la guerra que llevan a cabo los serbios para realizar su sueño expansionista de la Gran Serbia. Pero nuestros hermanos de la casa de Zagreb han experimentado las consecuencias de las "limpiezas étnicas" que practican los serbios en los territorios ocupados. En los alrededores de Zagreb, donde están establecidos los misioneros, casi todas las familias han acogido a parientes refugiados de las zonas siniestradas. Se trata, en general, de familias pobres que necesitan ser ayudadas y sostenidas para poder sobrevivir. Las parroquias de nuestros hermanos se han transformado en importantes centros de distribución de víveres. Esta ayuda no hubiera sido posible sin la solidaridad vicenciana de los hermanos y de las hermanas de Austria, Alemania, Italia, Bélgica, Irlanda, etc.
Ecumenismo vicenciano
La Providencia ha querido que nuestra Congregación y la de las Hijas de la Caridad conocieran muy de cerca la atormentada historia de los Balcanes. Los pioneros en los Balcanes fueron los lazaristas franceses de la antigua provincia de Constantinopla. Tras la primera guerra mundial, la joven vice-provincia de Yugoslavia tomó el relevo. Las Hermanas se establecieron en las regiones serbias y les siguieron los misioneros. Y cuando un miembro de la Congregación, Monseñor J.F. Gnidovec (cuya causa de beatificación está introducida), fue nombrado obispo de Skopje, se incrementó la presencia vicenciana. De esta época nos quedan todavía dos parroquias para la atención de los católicos que viven en la diáspora ortodoxa: Belgrado y Bitola. Los misioneros ayudaron a su hermano obispo en una diócesis, de mayoría albanesa, escasa de clero, y cuya población (sobre todo, si era católica) se veía expuesta a las vejaciones de las autoridades serbias. El ecumenismo quedaba todavía lejos en aquel entonces. Cuando el poder central de Belgrado concertó en 1939 el concordato entre el Reino de Yugoslavia y la Santa Sede, la Iglesia ortodoxa serbia organizó protestas y manifestaciones callejeras que impidieron su ratificación.
La época posterior a la segunda guerra mundial conoció un impulso del ecumenismo, precisamente gracias a la presencia vicenciana. La Providencia escogió medios que resultaron dolorosos al principio.
La revolución comunista afectó muy particularmente a las dos familias vicencianas en Eslovenia. Los misioneros, eslovenos todos en esta época, se vieron expropiados del todo y la mayoría fueron apresados o salieron al extranjero: a Argentina, otros países de América y Canadá. La de Belgrado fue la única casa que les quedó a los misioneros. En consecuencia, durante treinta años el seminario interno de la provincia estuvo en un país ortodoxo, lo que ha conferido una dimensión ecuménica a los misioneros jóvenes desde sus primeros pasos en la Congregación. Al mismo tiempo ha crecido la familia de los lazaristas con el ingreso de hermanos croatas y macedonios de rito oriental.
Pero las verdaderas artífices del ecumenismo han sido las Hermanas. Eran en 1948 más de un millar en hospitales y otros establecimientos de Eslovenia. El 8 de marzo de ese mismo año, cuando el país dominado por la nueva ideología comunista celebraba el Día de la Mujer, fueron todas expulsadas en el mismo día. No tenían dónde ir, así que se dirigieron al Sur ortodoxo. Fueron recibidas con los brazos abiertos, no porque fueran hermanas católicas, sino por su cualificación profesional de la que tenían gran necesidad estos países retrasados. El mundo ortodoxo, lleno de prejuicios contra los católicos, encontró en las hermanas una imagen distinta del catolicismo de la que nunca habían oído hablar. Si los años 1950 a 1990 han sido un periodo de ecumenismo prometedor, el gran mérito corresponde a las Hijas de la Caridad eslovenas exiladas de su patria. Pero desgraciadamente todo esto es ya historia. Sin embargo, aunque la Iglesia católica en Serbia está reducida en la actualidad a una cuarta parte de lo que fue hace apenas diez años, sigue presente y parte de esta presencia corresponde a las dos familias de san Vicente.
Desierto moral post-comunista
La Congregación de la Misión se había establecido en Eslovenia en 1852, siendo la primera fundación de la Congregación en el imperio austríaco de aquel tiempo. La tarea principal de los misioneros la constituían las misiones populares y retiros diversos, hasta el punto de que nuestros hermanos eran llamados simplemente "los misioneros". La obra de las misiones no ha perdido actualidad en el periodo post-comunista, al contrario su importancia ha crecido todavía más.
Una característica de la situación espiritual de los antiguos países comunistas que atraviesan ahora el llamado "periodo de transición", es el descubrimiento de un gran desierto cultural y espiritual. Las consecuencias de medio siglo de comunismo a nivel de mentalidad son más importantes y negativas de lo que se pensaba. El sistema escolar comunista educó en una ausencia total de valores morales y religiosos. La vida familiar quedó arruinada porque el sistema totalitario comunista no favorecía la familia: la mujer estaba obligada a convertirse en "obrera" para gozar del estatuto social en la sociedad socialista. El Estado exigía hacerse cargo de la educación de los niños en toda su extensión con el fin de inculcarles desde la infancia la ideología oficial y sustraerlos de la influencia (considerada nefasta) de la tradición y sobre todo de la religión. La cultura cristiana, a la que deben nuestros países el mantenimiento de su identidad y su desarrollo espiritual a través de los siglos, es casi inexistente y asombrosa la ignorancia religiosa. Lo que no asombra tanto es el florecimiento de las sectas. Más aún, la propaganda antirreligiosa ha estado centrada en el desprestigio sistemático de la Iglesia, creando un cúmulo de prejuicios contra la Iglesia católica y una profunda desconfianza hacia el clero.
En un plano más secular, destaca también la carencia inquietante de cultura política y social. El hombre forjado por el comunismo es generalmente un hombre pasivo, sin iniciativa personal, que espera todo del Estado. Entre las diferentes definiciones de comunismo, resulta muy adecuada la que lo define como "prisión y jardín de infancia a la vez". Allí donde el partido lo sabe todo y lo hace todo, las personas no asumen sus responsabilidades. La falta de iniciativa y de sentido de responsabilidad es una consecuencia de todo sistema totalitario, también del totalitarismo bolchevique, que repercute negativamente no sólo a nivel de la moral personal, sino también en el comportamiento económico, social y politico.

Renovación moral
Ante esta situación, la Iglesia de Eslovenia se siente llamada e interpelada a la nueva evangelización que debe traducirse en renovación moral y espiritual general. La Congregación comparte esta inquietud y sus recientes esfuerzos se inscriben en linea con la orientación pastoral de toda la Iglesia.
Aparte de las formas tradicionales, la provincia de Eslovenia quiere contribuir a esta renovación mediante la formación de diversos grupos pequeños de cristianos, que están dispuestos a comprometerse, pero que carecen a menudo de preparación espiritual, moral y profesional. Por esta razón hemos abierto nuestras casas como centros de formación de laicos. La casa de Miren es desde hace dos decenios casa de ejercicios y de encuentros para grupos diversos de sacerdotes y laicos. Recientemente nuestra provincia ha vuelto a ser propietaria de las casas de Celje y Ljubljana, expropiadas en los años 1946-1948 y devueltas ahora por el Estado. La casa de Celje que necesita una completa restauración, podrá transformarse en un importante centro de formación regional. La antigua casa provincial de Ljubljana ha sido ya transformada en hogar para estudiantes católicos. Este hogar permite no sólo hospedar a unos 70 estudiantes, sino que ofrece también la posibilidad de participar en sesiones de estudio, conferencias y actividades diversas (como las Conferencias de San Vicente) organizadas en el hogar y a las que se invita a participar activamente a los residentes. Hemos querido asi, no únicamente prestar los locales para acciones organizadas por otros, sino introducir nuestros propios programas de formación dándoles la dimensión vicenciana. También aqui el trabajo no hubiera podido emprenderse sin el apoyo fraterno de las provincias de Tolosa, Paris, Bélgica, Alemania, Zaragoza y de la Curia General.
Prueba de paciencia y de confianza
El tiempo de post-comunismo es para la lglesia y para la Congregación establecida en este pais un tiempo de gran frustración. Por un lado, se han abierto de golpe todas las posibilidades de trabajo pastoral. Ya no existen los obstáculos de orden administrativo y legal que durante más de cuatro décadas habian dificultado o impedido la actividad misionera vicenciana en toda su envergadura. Pero, por otro lado, al haber sido destruida poco a poco en estos años toda la infraestructura material, organizativa y personal para una actividad pastoral integral y pluridimensional, los hombres y mujeres de la lglesia en general y de la familia vicenciana en particular se sienten impotentes para acometer todo lo que ahora es posible y para responder adecuadamente a todas las peticiones que nos llegan de todas las capas de la población. Esta pobreza de nuestros medios humanos, materiales, profesionales y espirituales, sobre todo cuando se la compara con la inmensidad de la labor, constituye para nosotros en este momento la mayor prueba interior de paciencia y de confianza. Los testimonios de nuestra solidaridad vicenciana, que afortunadamente no nos faltan, nos reconfortan y nos inspiran la más profunda gratitud.


Trad: (P. Corpus Juan Delgado C.M.)


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