La mujer en la literatura



Descargar 51.45 Kb.
Fecha de conversión10.04.2018
Tamaño51.45 Kb.
LA MUJER EN LA LITERATURA
El papel de la mujer como literata ha sufrido una majestuosa transformación en los dos últimos siglos. A lo largo del siglo XX y en el XXI, asistimos a la entrada masiva de la mujer en el ámbito literario. Esto se debe a una serie de transformaciones de índole social, económica e ideológica como, por ejemplo, los adelantos tecnológicos, el aumento de la clase media, la reivindicación de las minorías, las revoluciones políticas y los movimientos feministas.

Sin embargo, siglos atrás, la mujer lo ha tenido muy difícil para incursionar en el ámbito literario. Pero, pese a las restricciones impuestas por su condición genérica, ha habido mujeres que se han enfrentado a su época y han tomado su pluma en honor a la creación literaria.

Estas mujeres escritoras constituyen una excepción dentro de un mundo cultural adscrito a los varones. Y es que la escritura no se encontraba entre las tareas asignadas a éstas. La mujer ideal debía dedicarse a desempeñar las labores de esposa y de madre; o bien, dedicarse al mundo conventual. Su existencia no tenía, pues, valor en sí misma, sino que estaba subordinada al otro: el marido o Dios.

La sociedad educaba a la mujer para desempeñar papeles eminentemente pasivos: casamiento, gestación, parto, lactancia. En el matrimonio no tendía a buscar, sino a ser buscada. La fecundación, el parto y la lactancia, le venían dados.

La actividad femenina consistía en recibir y aceptar. Hechos estos muy distintos a la decisión personal de ponerse a escribir, escoger el tema, el género, decidir y elegir.

Otro asunto que debemos tener en cuenta es la imagen que ha ofrecido el hombre de la mujer en sus creaciones literarias, esto es, la imagen de la mujer como objeto.

La imaginería popular plasmó una figura de la mujer distorsionada, irreal y tendente a los extremos. Ésta aparece representada como un ángel o un diablo, como la madre de Dios o la tentadora y perdedora del hombre. Se trata de una valoración simplista, parcial, en la que entran en juego dos rasgos sumamente conflictivos, la maternidad y la sexualidad, de los que se derivan dos tipos de mujer: la prostituta y la madre.

Por otra parte, hemos de tener presente un dato esencial que puede darnos la clave de esta visión tan simplificadora: La mayoría de los escritos plasman el punto de vista masculino. Y, detrás de muchos de los textos en los que se alza la voz de una mujer, encontramos un varón, que ha adoptado una personalidad ficticia.


Hagamos un breve repaso de la imagen que se nos ha ofrecido de la mujer desde la antigüedad. Empecemos por la primera mujer. A Eva le corresponde la parte más atractiva, pues es la que representa la curiosidad e inquietud. La manzana es símbolo del pecado y de la sexualidad, cierto, pero no hay que olvidar que procede del árbol que llaman de la ciencia; así que quien tiene primero inquietudes científicas es la mujer, aunque luego se le relegara de esta disciplina durante varios cientos de siglos. Además Milton en El paraíso perdido demuestra que la libertad del paraíso estaba vacía, y que, en realidad, comer la manzana fue un acto de desobediencia que hizo que el ser humano fuera consciente de su condición humana.
Otra primera mujer es la creada por Zeus, en la mitología griega, Pandora, que simboliza, junto a Helena de Troya, también la curiosidad y la fatalidad unidas: la primera por crear la dualidad en el mundo, haciendo salir de la caja que abrió elementos tan negativos como la enfermedad o la muerte; la segunda, por provocar una de las guerras más cruentas de la Antigüedad. Estamos, pues ante un mal inicio: la mujer provoca desgracias y tragedias sin par, a la vez que introduce en el mundo la curiosidad científica.

Época del Al-Ándalus. La mayoría de las pocas mujeres escritoras eran poetisas libres, de familias bien, importantes o nobles; las menos eran de origen humilde, vendedoras, con trabajos manuales, esclavas dedicadas a distraer a los dueños de la casa… Algunas poetisas incluso proceden de familias con hombres ya dedicados a las letras o escritores. Su actividad pública estaba muy limitada por las imposiciones islámicas y medievales, aunque, por influjo cristiano, esas normas se fueron mitigando, y las mujeres hispanoárabes fueron adquiriendo una mayor libertad dentro y fuera de la casa. Empezaron las escritoras con diversos oficios en todos los campos: vendedoras de yerbas, lavanderas, tejedoras, maestras, médicas, cantoras, adivinadoras… Las mujeres aprendían en casa a leer, escribir, el Corán, poesía… Cuando acudían en las mezquitas para la enseñanza superior, iban acompañadas de un pariente masculino. Sólo se sabe de las creaciones literarias femeninas por la inclusión de algunas poesías y biografías recogidas por hombres en sus diccionarios bibliográficos.
Pero es la mujer de la Edad Media la más interesante, tanto por las lectoras como por las heroínas. En aquel tiempo, gracias a mecenas del tipo de doña Leonor de Aquitania o María de Champaña, la mujer toma las riendas de la cultura. En los mal llamados años oscuros, se produce en la Francia medieval una eclosión cultural de manos, sobre todo, de las mujeres. Aún no se llamaban novelas, sino romances, libros o historias en verso, y ya señalaban a una heroína fuera de lo común, la de carne y hueso, la mujer medieval intelectual, que aprendía a leer y escribir y con frecuencia dirigía el reino, ducado o señorío a la vez que salones literarios, mientras el esposo se entretenía en batallas o cacerías. Son los tiempos del amor cortés, que consiste en llevar a la vida cotidiana el idealismo que sólo se leía en las novelas, generalmente escritas para público femenino. Los caballeros del llamado “rouman courtois” amaban en la distancia a mujeres casadas con cierto nivel social; para conseguir el galardón, es decir, el premio o consumación del amor, el caballero debía realizar una serie de tareas o hazañas caballerescas. A menudo lo conseguía y podía disfrutar del amor carnal con su amada; aunque por desgracia, muchas veces el marido celoso descubría estos amores y terminaba de forma tajante con éstos. Así ocurre en la leyenda del corazón comido, leyenda catalana que cuenta cómo el marido puso en el plato de su infiel esposa el corazón cocinado de su amante, el trovador Macías. Una vez que lo consumió, le fue confesada la procedencia de esa carne. Muy digna, opinó que después de disfrutar de bocado tan exquisito nada más debía pasar por su gaznate, por lo cual se suicidó. El Romancero español también está plagado de estas historias, en algunas la mujer se burla del caballero, que no ha intentado seducirle por excesivo respeto; en otros, la mujer, imprudente de nuevo, es sorprendida por el marido mientras está con el amante. Los defensores del estudio de la literatura desde un punto de vista social aportan que el Romancero y todas estas historias reflejan un mundo medieval en decadencia, con unos hombres absolutamente perdidos en los nuevos valores imperantes. Sin embargo la mujer parece desenvolverse con total soltura. Sus historias son leyendas plagadas de encanto e ingenio. La más famosa de estas mujeres es la reina Ginebra, que con sus amores con Lanzarote inicia el ciclo de Bretaña, materia muy productiva en toda la novelística de la época y posterior. Muy difícil resultaba distinguir entre el mundo ficticio y el mundo real, pues las ávidas lectoras de estas obras enseguida empezaron a actuar como si dentro de una novela se encontraran, en un fenómeno literario sin precedentes. La comunicación con el amante delante de toda la corte era tan difícil que con frecuencia creaban un lenguaje críptico y exclusivo, lleno de alusiones que recreaba otra realidad, una forma de evasión, una verdadera aventura con riesgos reales dentro de los salones de los castillos y palacios.

Se trata, pues, de mujeres astutas, que aprenden a saltarse reglas, a convertir la vida en un ideal y a decidir por sí mismas, al menos en lo que se refiere al amor y al sexo.


El Renacimiento hace desaparecer esta imagen, que será sustituida por la mujer-ángel de Dante. Su Beatriz es una mujer tan perfecta como inaccesible, le sigue de cerca la Laura de Petrarca; se inaugura con ellas un periodo, donde el conflicto del amor carnal y del amor a Dios se resuelve considerando que el amor a este tipo de mujeres acerca al hombre a Dios.

Laura y Beatriz no son más que objetos de amor, sin ningún tipo de actuación por su parte, más que la de dejarse amar.

Mucho más espabiladas son las pícaras de nuestra literatura. Ya en el siglo XVII tenemos a mujeres capaces de utilizar sus encantos en su propio beneficio en vez de en el del hombre. Otra mujer de nuestra literatura muy interesante es la del teatro barroco. Mujeres astutas e indiscretas pueblan los escenarios españoles, consiguiendo siempre lo que quieren de unos hombres más bien torpes, que se dejan manejar en aras del amor. La mujer aburrida, viuda, casada, encerrada en su hogar por algún miembro masculino de su familia, busca mil recursos para escapar y divertirse un poco. En ocasiones deben disfrazarse de hombre, algunas por placer, otras por recuperar un amor, y se divierten actuando como hombres.
Nada que ver la mujer del siguiente siglo; aquí tenemos, por ejemplo, a Pamela de Richardson, cuyo título completo es de por sí significativo: Pamela o la virtud recompensada; en esta obra, la mujer se resiste de los propósitos de seducción varoniles, hasta que consigue un matrimonio ventajoso, por lo que la virtud se convierte en moneda de cambio, al más puro estilo medieval.

La mujer no sólo vuelve al redil masculino, sino que juega con sus mismas reglas, confirmando el statu quo de la sociedad dieciochesca que, paradójicamente, defendía la libertad, la igualdad y la fraternidad.


Por fin llegados al siglo XIX la mujer se rebela de la única manera que le es permitido, cometiendo adulterio por el que paga muy caro. Por poner algunos ejemplos: Anna Karenina se tira a la vía del tren al comprobar que su amante no merecía la pena y que no consigue la custodia de su hijo. Madame Bovary se suicida con cianuro, muerte terrible que Flaubert disfruta describiéndonos con sumo detalle. Ana Ozores, de La Regenta, queda condenada al ostracismo. Así tenemos innumerables mujeres que ante la frustración de una existencia monótona hallan una engañosa salida en este modo de enfrentarse a la sociedad. Hay una excepción, Casa de muñecas, de Ibsen. Nora deja a su marido para ser mujer de veras, para desarrollarse como persona, incluso abandonando a sus hijos. La misma Fortunata de Galdós lucha por sobrevivir en un mundo eminentemente burgués; al final de la novela muere y dona a su niño a la esposa legal, burguesa y elegante, que no ha roto ninguna norma, y es la que digamos, se queda con el niño y con el marido. La sociedad ha ganado, la burguesía también. Los valores prestablecidos son inmutables, por el momento. Ibsen se convirtió en el parangón de la independencia de la mujer en su siglo. Su obra fue un escándalo, como La Regenta.

La literatura está cambiando, pues la sociedad lo está haciendo. ¿O es al revés?¿Hasta qué punto estos autores realistas, que tomaron sin duda de la mano a sus protagonistas femeninas, tienen su mérito social? Hay demasiados casos de escándalos literarios, imposible recordar todos aquí, sólo señalar uno más: La Malquerida de Jacinto Benavente. La poca aceptación que tuvo entre el público burgués le impidió continuar por esa línea. Es un caso grave de acoso sexual de un padrastro a una hijastra que está de buen ver. El hombre, en un ataque de celos, mata al novio de la niña, lo cual destapa la verdad a ojos de la madre, que no quería verla. Cuando lo comprende todo, decide ocultarlo a los demás y lo convierte en un secreto de familia, como también hará Bernarda Alba unos años después.

En conclusión, el mundo de las apariencias y las cadenas de lo social han dominado la imagen de la mujer en la literatura durante largos siglos. La mujer menos resignada puede ser la del siglo XIX, que bebe las fuentes de todas sus valientes antecesoras.
En un estudio sobre Pervivencia de tópicos sobre la mujer escritora, Marina Mayoral recoge algunos tópicos al respect; destacamos estos ejemplos:

Tópico Iº: La vida intelectual es algo que perjudica moralmente a la mujer. En La Regenta de Clarín, el marqués de Vegallana nos ofrece un testimonio más de la desconfianza con que la sociedad mira a la mujer escritora. Cuando le enseñan los versos de Ana Ozores para que dé su opinión, esta es categórica: "Los versos no son malos. Pero más vale que no escriba. No he conocido ninguna literata que fuese mujer de bien."

Tópico 2º: La vida intelectual es incompatible con la naturaleza femenina.

A mediados del siglo XX en la obra de Pilar Primo de Rivera, que influyó mucho en la educación de las mujeres en la España de aquella época, encontramos reiteradamente la idea de que las mujeres son intelectualmente inferiores a los hombres. Ese convencimiento de la inferioridad femenina la llevaba a recomendar que no se dedicaran a tareas intelectuales ni políticas: "A las Secciones femeninas, mientras menos se las vea y menos se las oiga, mejor. Que el contacto con la política no os vaya a meter a vosotras en intrigas y habilidades impropias de las mujeres."

Cuando en una entrevista le preguntaron si consideraba a las mujeres tan dotadas como el hombre para la función pública, contestó: "Siempre que se limite a colaborar con él y a no tener iniciativas propias"

Otro tópico es que la mujer intelectual carece de atractivo, o, dicho de otro modo: Los hombres las prefieren tontas.

El marqués de Vegallana, a quien ya hemos visto opinando sobre la moralidad de las escritoras, se encarga de dejar claro este punto: "¿Y quien se casa con una literata? (...) A mí no me gustaría que mi mujer tuviese más talento que yo." A eso se debe que muchas escritoras oculten su talento declarándose ignorantes.

Galdós, gran observador de la realidad de su tiempo, refleja en sus novelas lo que la sociedad piensa sobre esa cuestión. Eso explica que en La desheredada, al preguntar Isidora Rufete a su marido "¿qué son mamíferos?" encontremos esta respuesta en boca del varón:



Mamíferos son coles. Vidita, no te me hagas sabia. El mayor encanto de la mujer es la ignorancia. Dime que el sol es una tinaja llena de lumbre; dime que el Mundo es una plaza grande y te querré más. Cada disparate te hará subir un grado en el escalafón de la belleza. Sostén que tres y dos son ocho, y superarás a Venus.

También en sus novelas ha dejado Martín Gaite testimonio de esa actitud de preferencia del varón por la mujer sin estudios. En Entre visillos, Gertru, la amiga íntima de Tali, una adolescente de dieciséis años a quien le falta solo un curso para acabar el bachillerato, abandona los estudios porque su novio, teniente de aviación, no quiere que siga: "Para casarte conmigo no necesitas saber latín ni geometría; con que sepas ser una mujer de tu casa, basta y sobra."


MUJERES ESCRITORAS DE LA LITERATURA UNIVERSAL


Safo de Lesbos (finales del siglo VII A.C.): representante de la poesía lírica griega, se le ha llegado a llamar la décima musa. Escribió nueve libros de Odas de los que sólo se conservan fragmentos.

Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695): la poesía predomina en la mayor parte de su obra.

 Santa Teresa de Jesús (Ávila, 1515-Albade Tormes, 1582). Escritora literatura mística.



Nada te turbe; nada te espante; todo se pasa.

Ya en el SIGLO XVIIMadame de Sevigné escribió una serie de cartas a su hija, entre 1671 y 1696, en las que se pueden leer descripciones de la frívola corte de Luís XIV, comentarios acerca de sus preocupaciones afectivas o religiosas, su amargura por la separación de su hija o la angustia por la fugacidad del tiempo.



Aunque el XVIII es el siglo de la Ilustración, de la defensa de la libertad y de la igualdad, la mujer no consigue todavía situarse en el mismo plano que los hombres escritores. Si bien se alzan voces a favor del derecho a la educación de las niñas y jóvenes, ésta continúa circunscrita a ámbitos sociales privilegiados. Sin embargo, la mujer ya no será simplemente la protagonista de la literatura moralista y misógina o bien el objeto de deseo de la literatura amorosa escrita por hombres, sino que se le reconoce el derecho a leer, a codearse con los filósofos de la época en los salones literarios, a tener opinión, a conocer. El paradigma de la escritora del siglo XVIII podría ser Madame de Staël, alma de los principales salones literarios de París, relacionada con pensadores y políticos de la época y buena conocedora de sus obras. En su novela Delphine (1802) preconiza ya la libertad de elección sentimental por encima de los convencionalismos sociales.

Mary Shelley (1797-1851): autora de Frankestein y The last man, dos novelas icónicas de la ciencia ficción. También tiene una vasta colección de cuentos góticos y fue editora de la obra poética de su marido, Percy Bysshe Shelley.

George Sand (1804-1876): escritora francesa; el estilo de vida de Aurore Duphin estuvo marcado por el escándalo. Dentro de su círculo de amigos se encontraban el pintor Eugène Delacroix, Verne, el escritor Heinrich Heine así como Victor Hugo, Honoré de Balzac, y Gustave Flaubert. El caso de George Sand muestra claramente los obstáculos que debían superar las mujeres escritoras, ya que después de llevar nueve años casada con su marido, se separa y decide dedicarse a la escritura. Su suegra le pide explicaciones, por lo que termina decidiendo ocultarse bajo un seudónimo y tomar la precaución de buscar un nombre masculino.
Por otra parte, George Eliot (Arbury Farm, Astley 1819 - Londres, 1880) cuyo verdadero nombre es Mary Anne Evans, publicó sus primeras críticas literarias, sus primeros ensayos y traducciones y optó por el anonimato antes que por la elección de un seudónimo masculino. Reveló su identidad en una carta dirigida al periódico Times. Se casó con un hombre llamado George Lewes y tomó su nombre, bajo el cual se ocultó como escritora, pero no lo hizo por miedo a manchar su reputación, sino más bien porque le importaba “que su libro fuera juzgado por sus cualidades propias- y no condenado de antemano como la obra de una mujer o de una mujer muy particular”
Concepción Arenal (El Ferrol, 1820-Vigo, 1893)

La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano.

Demostró, desde muy temprana edad, su pasión por el estudio, aprendiendo sola el francés y el italiano, y leyendo cuantos libros podía o le facilitaban sus amigos y parientes Mujer adelantada a su época, asistió como oyente a la Facultad de Derecho, en Madrid, con indumentaria de hombre. Así también participó en las tertulias políticas y literarias de la época. En 1859 fundó, en Potes, el grupo femenino de las Conferencias de San Vicente de Paúl. En 1861 la Academia de Ciencias Morales y Políticas premia su memoria La beneficencia, la filantropía y la caridad. En 1870, funda, junto con A. Guerola, La voz de la caridad, revista en la que escribe durante catorce años. En 1872, crea la Constructora Benéfica, sociedad filantrópica para la construcción de casas económicas para los obreros. Además organiza en España la Cruz Roja de Socorro para los heridos de la guerra carlista y como voluntaria dirige un hospital en Miranda de Ebro.

Su trabajo es fundamental en la historia del feminismo español ya que exigió un papel protagonista de la mujer en todas las esferas sociales. Y abogó por la ampliación de los roles femeninos más allá de los de esposa y madre. Uno de los aspectos más progresistas de Concepción Arenal es su consideración de la mujer como ser humano marginado a quien hay que ayudar, estimular y respetar, no en rendiciones galantes, ni en modales encantadores y protectores, sino educándola en la dignidad de su propia condición.



Gertrudis Gómez de Avellaneda(1814-73), conocida escritora cubana.

Jane Austen (Steventon, Hampshire 1775 – Winchester 1817) Entre sus obras destacan La abadía de Northanger (1803), Sentido y sensibilidad (1811), Orgullo y prejuicio (1813), Mansfield Park (1814).

Charlotte, Emily y AnneBrönte: autoras de novelas inglesas clásicas como Cumbres Borrascosas (Emily), Jane Eyre (Charlotte) y Agnes Grey (Anne). Además, la poesía de Emily es considerada como una de las mejores del siglo XIX.

Autoras gallegas del siglo XIX español: Rosalía de castro, Emilia Pardo Bazán, Romanticismo y Realismo respectivamente.



Virginia Wolf (1882-1941): autora decisiva para muchos escritores de la segunda mitad del siglo XX; Las olas y Mrs. Dalloway son sus obras más aclamadas. Un cuarto con una habitación propia es una serie de ensayos que describe la condición histórica de las escritoras.

Gabriela Mistral (1889-1957): Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, conocida por su seudónimo Gabriela Mistral, ganadora del premio Nobel de Literatura de 1945, destaca su obra poética. Chilena.

Agatha Christie (1891-1976): es una las escritoras emblemáticas de la novela policiaca y la gran parte de sus relatos han sido llevados al cine y la televisión. Asesinato en el expresso de oriente es probablemente su obra más famosa.

En el Siglo XX aumenta notablemente el número de mujeres escritoras, por lo que se va terminando con los prejuicios contra ellas. Hoy, por el hecho de ser mujer, ya no hay marginación por parte de la mayoría de los editores. Hay ya muchos ejemplos de excelentes escritoras: Ana María Matute (miembro de la Academia y premio cervantes 2010), Carmen Martín Gaite (fallecida en el 2000), Rosa Regàs, Rosa Montero por ejemplo.

No obstante, en algunos países orientales, africanos..., la subsistencia de la mujer escritora evoluciona muy lentamente, y hasta sigue siendo peligrosa en ocasiones, por parte de las fuerzas tradicionales o fundamentalistas más radicales. No está bien visto que una mujer sea libre y responsable.

Patricia Highsmith (1921-1995), autora de El talento de Mr. Ripley

Josefina Vicens (1911-1988): guionista, periodista y ensayista la consagraron en las letras mexicanas.

Carson McCullers (1917-1967): los críticos la sitúan a la mitad de William Faulkner y Truman Capote por la miseria con la que retrata a sus personajes. Niña prodigio de las letras norteamericanas, El corazón es un ser solitario y Reflejos en un ojo dorado son sus trabajos más conocidos.

Clarice Lispector (1920-1977): considerada por la crítica como una de las mejores narradoras de la literatura. Su primera novela fue Cerca del corazón salvaje, publicada cuando tenía 24 años.

Gloria Fuertes (Madrid, 1918-1998) La vida me sabe a verso.

Isabel Allende. Isabel Allende Llona es una escritora chilena, premio nacional de literatura 2010, miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras.

Dulce Chacón (Zafra, Badajoz, 1954-2003)

La literatura femenina no existe, existe una literatura escrita por mujeres y una literatura escrita por hombres, escrita por homosexuales, escrita por morenos, por rubios, por pelirrojos...

Lucía Etxevarría (Valencia 1966)

Las diferencias entre hombres y mujeres son exactamente eso, diferencias, y no defectos.



Espido Freire (Bilbao 1974)

El sexo, la edad o la condición social me importan muy poco; quiero un interlocutor con el que construir a medias una historia.


J.K. Rowling: quien escribe bajo el seudónimo J. K. Rowling, es una escritora y productora británica, principalmente conocida por ser la creadora de la serie de libros Harry Potter.


AMÉLIE NOTHOMB: Estupor y temblores, entre otras.



La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal