La nueva estrategia imperial



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Una visión alternativa: la China


Qiao Liang y Wang Xiangsui, dos coroneles superiores del ejército chino escribieron en 1996, basados en los textos de Mao Tse-Tung, de Deng Xiaoping, de Chi-Haotian y de Mao-Yan, un texto publicado por primera vez en 1999, restringido a las fuerzas armadas durante cerca de dos años. El texto original tuvo tres versiones en el exterior y pasó a ser objeto de una intensa exégesis en el intento de interpretar su contenido y sus consecuencias.

El texto representa un nuevo momento en la historia de las teorías estratégicas chinas, y corresponde a fases diferentes de la línea estratégica y programática del régimen chino. La primera formulación fue la del propio Mao, que orientó la guerra revolucionaria en la lucha por el poder. Se trataba de la estrategia de guerra popular que llevó los comunistas al poder y que después pasó a ser la base según la cual, de la misma forma que en la lucha por el poder el campo cercó las ciudades, en el plano mundial serían los pueblos explotados de Asia, de África y de América Latina quienes cercarían los bastiones de los centros del capitalismo mundial, hasta poder derrotarlos.

Paralelamente, los chinos desarrollaron su poder nuclear, para poder enfrentar o evitar una guerra nuclear. Con el viraje en la política china implementado por Deng Xiaoping y por Jian-Ze-Ming, China fue abandonando la idea de la guerra global contra el imperialismo y el capitalismo. La nueva estrategia militar, correspondiente al pasaje histórico de China para aquella que es su estrategia general de construcción del país, comenzó a preocuparse por la construcción de una base de poderío suficiente para impedir que China volviese a sufrir la humillación de las invasiones y de las ocupaciones. El objetivo esencial pasó a ser simplemente el de recomponer la integridad territorial, lo que incluía la lucha para reincorporar Hong Kong -objetivo que tuvo éxito, pero que supuso la fuerza militar y la disposición de emplearla, por parte del régimen, contra Gran Bretaña- y la disposición de hacer lo mismo con Taiwán, un caso mucho más complicado, por la tutela de los Estados Unidos en relación a la isla.

China pasó a considerar el papel de la superioridad tecnológica a partir de la guerra del Golfo, de las campañas aéreas, del profesionalismo militar. A partir de 1991, los dirigentes chinos se propusieron priorizar la modernización, la profesionalización, el adiestramiento y la planificación operativa de las unidades militares. La preparación militar se inserta en el marco de la reunificación territorial de China. La revisión del programa de misiles del país, el enorme impulso dado a las fuerzas estratégicas con el proyecto llamado Gran Muralla; la modernización de las líneas operativas de aviones de caza, con la compra de los primeros SU-27 a Rusia y de la defensa antiaérea con los misiles rusos S-300; la finalización de los proyectos Awacs, las contramedidas electrónicas, la potencialización de las fuerzas especiales y anfibias, la constitución de las fuerzas de intervención rápida; y una serie de resoluciones de seguridad, demostraban cómo China había hecho serias inversiones en su renovación militar, de comunicaciones y de seguridad. No quedaba claro contra cuál enemigo China se preparaba.

Fue en el momento de maniobras militares chinas durante la crisis con Taiwan en 1966, en oportunidad de las elecciones presidenciales de aquel año, que los coroneles chinos, movilizados para tales operaciones, decidieron escribir un libro que permitiese a las fuerzas armadas chinas reflexionar sobre su propio futuro y también sobre las transformaciones operadas en el mundo en relación a la hegemonía unipolar de los Estados Unidos. Ambos pertenecen a una nueva generación de militares chinos, que comenzaron a interrogarse sobre cómo conducir conflictos en un ambiente de alta tecnología.

La guerra limitada asumió para ellos un valor estratégico, colocando la exigencia de enfrentar una guerra limitada en el tiempo y en el espacio, pero llevada a cabo con medios modernos, como un objetivo estratégico y una meta para la modernización estructural de sus fuerzas armadas y de su equipamiento. No se abandonó la idea de la guerra total, pero la guerra limitada justificaba la constitución de nuevas fuerzas de reacción rápida. Las dificultades de dominar las nuevas tecnologías planteaban el desafío de encarar la guerra tecnológica con los medios de que realmente disponían.

Uno de los representantes de esa nueva generación de militares -el mayor general Lu Linzhi, vicecomandante de la Academia Militar de Kunning- había declarado, ya en 1995, que una guerra limitada en condiciones de alta tecnología no debería esperar el ataque del adversario, sino lanzar un ataque preventivo en profundidad contra los objetivos vitales, con el fin de debilitar la superioridad tecnológica del mismo y minar su capacidad ofensiva. Este afirmaba:

“En una guerra futura contra una agresión, todas las acciones enemigas dirigidas a dividir nuestro territorio y amenazar nuestra soberanía constituyen, en realidad, el “primer golpe” en sentido estratégico. Porque, inmediatamente efectúe la operación de ablandamiento (ofensiva estratégica) y otras operaciones contra nosotros y la guerra parezca inevitable, debemos lanzar el ataque preventivo en el tiempo justo. En el ataque preventivo es necesario considerar muchos factores. Los principales son: 1. El objetivo es debilitar la superioridad tecnológica y minar la preparación ofensiva adversaria. 2. En la predisposición del área de batalla es necesario considerar una zona de ataque en sentido tridimensional. 3. Al escoger la forma de operación es necesario considerar con particular atención la del fuego a distancia, las operaciones especiales y las de sabotaje17”.

Manteniendo el principio original de su doctrina, según la cual fuerzas inferiores pueden vencer fuerzas superiores, se torna decisivo el carácter de la iniciativa. Una iniciativa que debe destruir elementos intensos esenciales del sistema de guerra y operativo del enemigo. Solamente así será posible conducirlo a la defensiva, aliviando de tal manera la presión que su superioridad técnica y de equipamiento de fuerzas podría imponer. De esta forma sería posible mudar la relación de fuerzas en el campo de batalla y en el conjunto de la guerra. En las condiciones de transformación tecnológica bélica, la destrucción y la capacidad de resistir a la destrucción de los mecanismos y de los sistemas operativos se tornarían la acción principal de todo el proceso de guerra moderna. Lo que se altera es la sustitución del objetivo de aniquilamiento por el de destrucción estructural.

La conciencia de esa nueva generación interpreta que China dispone de un aparato militar numéricamente enorme, integrado territorial y económicamente al país, pero sin recursos para la modernización necesaria, e incluso, sin contar con personal calificado. El país tiene necesidad de tecnología muy desarrollada, sobre todo porque se considera relativamente solo en relación a un adversario con fuerzas superiores y con plazos relativamente cortos, según esta visión, para recuperar las debilidades estratégicas.

Existe plena conciencia por parte de los chinos de que la combinación entre recursos tecnológicos y financieros torna imposible alcanzar a los Estados Unidos. La vulnerabilidad norteamericana vendría no de la invención de nuevos armamentos, sino de su utilización original, que requiere capacidad de reflexión y que un pueblo de carácter pragmático como el norteamericano no distinguiría bien.

“una caída bien planificada de la bolsa, un ataque con virus en computadores provocando incertidumbre en las monedas del país adversario, difundir noticias falsas en Internet sobre líderes políticos adversarios pueden ser nuevas y originales formas de usar las armas18”.

Estos pensadores chinos llegaron a afirmar que los principales actores de la próxima guerra no serían tanto los militares, sino los civiles y en particular los hackers, considerando que ya en 1994 habían llevado a cabo 230 mil ataques a las computadoras del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

En la visión china, enemigos más peligrosos que los Estados son las organizaciones no gubernamentales, entre las cuales incluyen la Jihad islámica, las milicias civiles norteamericanas, la secta japonesa Aum, Bin Laden, pero también a George Soros, como “terrorista financiero”. Las luchas fundamentales que la humanidad tiene que enfrentar en esta visión son: la manutención de la paz, la lucha antidrogas, la supresión de la violencia, la asistencia militar, la intervención en caso de desastres naturales o en la emergencia humanitaria, la lucha contra el terrorismo.

Valiéndose de un principio chino, similar al de Maquiavelo, de que conforme un fenómeno llega al extremo en una dirección, tiende a retornar en la dirección opuesta, los chinos apuestan a un cambio de rumbo. El extremo del papel de la tecnología, en este sentido, tendería a ser revertido. Así, las guerras del futuro consistirían en vencer batallas no convencionales y en saber combatir fuera del campo de batalla. “Desde este punto de vista” -dicen ellos- “los generales Powell, Schwarzkopf y Shalikashvili no son modernos, sino en verdad, militares tradicionalistas”19.

Existiría así un gran vacío entre lo que puede ser llamado convencional y moderno, un vacío que sólo podría ser llenado por pensadores profundos, por lo que ellos llaman “Maquiavelos militares”. “El origen de la guerra sin límites puede ser encontrado en el gran pensador italiano del renacimiento y, obviamente mucho antes de él, en el pensador militar chino Han Feizi”20.

La guerra sin límites significa para ellos superar las fronteras, las restricciones y hasta los tabúes que separan lo militar de lo no militar, las armas de las no armas, y el personal militar del civil. La combinación de los varios métodos sería el secreto de la victoria en las nuevas condiciones. Una visión restringida a lo militar sería reductiva. Acompañar el transcurso de los enfrentamientos es la condición para saber usar correctamente los diversos elementos de la guerra sin límites.

Las organizaciones supraestatales, internacionales y no gubernamentales estarían creando la nueva estructura de poder global; los Estados Unidos ya estarían actuando mediante organismos estatales para defender sus propios intereses. En cuanto los Estados Unidos modernos actúan a través del FMI, del Banco Mundial, de la OMC, de la ONU, surgen y se extienden organizaciones como las corporaciones multinacionales, las asociaciones profesionales, Greenpace, las ONGs, en general, el Comité Olímpico, las organizaciones religiosas, las organizaciones terroristas, los hackers.

La tendencia sería un debilitamiento creciente de la confianza en la capacidad de las organizaciones supraestatales para resolver los conflictos. Habría una tendencia a la globalización económica, a la internacionalización de las políticas nacionales, al reagrupamiento de los recursos informativos y a la compresión del ciclo de innovaciones tecnológicas.

En la ideología del globalismo, opuesto al aislamiento, los norteamericanos están expandiendo su fuerza en la dirección de objetivos ilimitados. Esto conducirá inevitablemente a la tragedia. Una empresa con capital limitado y con responsabilidad ilimitada está destinada a la quiebra21.

En el siglo XXI -según los militares chinos- los soldados tendrán que preguntarse quiénes son.

Si Bin Laden y Soros son soldados, ¿entonces quién no es? Si Powell, Scharzkopf, Dayan son políticos, ¿entonces qué es un político? Esta es la cuestión fundamental del globalismo y de la guerra en la era de la globalización22.

En la conclusión, los militares chinos retoman consideraciones sobre la profundidad de la globalización, al punto de que ésta hace que el concepto de Estado-Nación, nacido en 1648 con la paz de Westfalia, no sea más el único concepto representativo que domina las organizaciones sociales, políticas, económicas y culturales. Las innumerables organizaciones meta-nacionales, transnacionales y no nacionales, unidas a las contradicciones entre países, plantean un desafío sin precedentes a la autoridad, a los intereses y a la voluntad de las naciones. Y de la misma manera que el surgimiento de los Estados nacionales ocurrió en un contexto de guerras, en la transición para la globalización, sería inevitable impedir conflictos entre bloques de intereses.

La diferencia en la actualidad es que, a pesar de la aparente importancia de los medios militares, “cualquier medio político, económico o diplomático tiene suficiente fuerza para suplantar los medios militares”23. Pero la humanidad no debería satisfacerse, porque lo cierto es que el mundo entero se transforma en un campo de batalla; continuamos matándonos, sólo que con armas más avanzadas y con medios más sofisticados, haciendo que la guerra, aunque en cierto aspecto menos cruenta, permanezca en igual medida siempre brutal. Como la paz no es posible todavía como estado permanente, se trata de buscar la victoria.

Trascendiendo los límites tradicionales, para desenvolverse en un campo de batalla ilimitado, no es más posible confiar solamente en las armas y en las fuerzas militares para garantizar la seguridad nacional. Las guerras no pueden depender apenas de los soldados, de las unidades militares y de las cuestiones militares, sino que se vuelven cada vez más dependientes de políticos, de estudiosos y de banqueros.

Las esperanzas de que el desarrollo tecnológico permitiera controlar la guerra, después de un siglo, desembocaron en una situación en que podemos decir que continúa siendo “un caballo domado”. A pesar de los avances de la última década del siglo pasado, que posibilitaron disminuir el número de víctimas civiles e incluso militares, reduciendo -en la visión de los militares chinos- la brutalidad de la guerra, esta continúa brutal como siempre. “La única diferencia está en el hecho de que ésta brutalidad se extendió a través de diversos modos por los cuales los ejércitos se enfrentan”24. Y usan los ejemplos del desastre aéreo de Lockerbie, de los atentados de Nairobi y de Dar es Salam, de las crisis financieras del sudeste asiático -como formas diferenciales de esa guerra ilimitada. Claro que habrían acrecentado los atentados de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, como una expresión más de esa guerra.

“Esta es entonces la globalización”, concluyen ellos, para quienes se trata de captar el carácter de la guerra en la era de la globalización. Se diluyen los límites entre soldados y no soldados, entre guerra y no guerra, generando una interrelación entre todos los problemas más espinosos: “para resolver esto debemos encontrar la llave, una llave que debería abrir todas las cerraduras, si éstas son colocadas en la puerta de la guerra”25. Esta llave debería ser adaptada para todos los niveles y para todas las dimensiones, de la política bélica a la estrategia, de la técnica operativa a la técnica. “En referencia a nosotros mismos, no podemos pensar en una llave mejor que la ‘guerra sin límites’”26.

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