La paloma de vuelo popular



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Nicolás Guillén



La paloma de vuelo popular

2003 - Reservados todos los derechos


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Nicolás Guillén



La paloma de vuelo popular


Arte poética


Conozco la azul laguna

y el cielo doblado en ella.

Y el resplandor de la estrella. Y la luna.
En mi chaqueta de abril 5 prendí una azucena viva, y besé la sensitiva

con labios de toronjil.


Un pájaro principal

me enseñó el múltiple trino. 10 Mi vaso apuré de vino.

Sólo me queda el cristal.
¿Y el plomo que zumba y mata?

¿Y el largo encierro?

¡Duro mar y olas de hierro, 15 no luna y plata!
El cañaveral sombrío tiene voraz dentadura,

y sabe el astro en su altura de hambre y frío. 20


Se alza el foete mayoral. Espaldas hiere y desgarra.

Ve y con tu guitarra dilo al rosal. [8]


Dile también del fulgor 25 con que un nuevo sol parece en el aire que la mece

que aplauda y grite la flor.




Un largo lagarto verde

Por el Mar de las Antillas (que también Caribe llaman) batida por olas duras

y ornada de espumas blandas, bajo el sol que la persigue 5 y el viento que la rechaza, cantando a lágrima viva navega Cuba en su mapa:

un largo lagarto verde,

con ojos de piedra y agua. 10
Alta corona de azúcar le tejen agudas cañas; no por coronada libre, sí de su corona esclava

reina del manto hacia fuera, 15 del manto adentro, vasalla, triste como la más triste navega Cuba en su mapa:

un largo lagarto verde,

con ojos de piedra y agua. 20 [9]


Junto a la orilla del mar,

tú que estás en fija guardia, fíjate, guardián marino,

en la punta de las lanzas

y en el trueno de las olas 25 y en el grito de las llamas

y en el lagarto despierto sacar las uñas del mapa un largo lagarto verde,

con ojos de piedra y agua. 30




Cañaveral

Una paloma me dijo

que volando sobre Cuba, oyó en un cañaveral

esta décima montuna:


-Dulce- caña me provoca 5
con su jugo azucarado,

el cual después de probado siempre es amargo en la boca. Herir la caña me toca,

mas el destino es tan fiero, 10 que al golpearla con mi acero ella todo el bien recibe,

pues que de mi golpe vive

y yo de su sangre muero. [10]


Deportes


¿Qué sé yo de boxeo,

yo, que confundo el jab con el upper cut?

Y sin embargo, a veces sube desde mi infancia

como una nube inmensa desde el fondo de un valle, 5 sube, me llega Johnson,

el negro montañoso,

el dandy atlético magnético de betún. Es un aparecido familiar,

melón redondo y cráneo, 10 sonrisa de abanico de plumas y la azucena prohibida

que hacía rabiar a Lynch.


O bien, si no, percibo un rayo de la gloria de Wills y Carpentier; o de la gloria 15

de Sam Langford... Gloria de cuando ellos piafaban en sus guantes, relinchaban, altos los puros cuellos,

húmedo el ojo casto y la feroz manera 20 de retozar en un pasto de soga y de madera.
Mas sobre todo, pienso

en Kid Charol, el gran rey sin corona,

y en Chocolate, el gran rey coronado, 25

y en Black Bill, con sus nervios de goma. [11]


Yo, que confundo el jab con el upper cut, canto el cuero, los guantes,

el ring... Busco palabras,

las robo a los cronistas deportivos 30
y grito entonces: ¡Salud, músculo y sangre, victoria vuestra y nuestra!

Héroes también, titanes.

Sus peleas

fueron como claros poemas. 35

¿Pensáis tal vez que yo no puedo decir tanto, porque confundo el jab con el upper cut?

¿Pensáis que yo exagero?

Junto a los yanquis y el francés, los míos, mis campeones 40

de amargos puños y sólidos pies, son sus iguales, son

como espejos que el tiempo no empaña, mástiles músculos donde también ondea

nuestra bandera al fúlgido y álgido viento que sopla en la montaña. 45

¿Qué sé yo de ajedrez? Nunca moví un alfil, un peón.

Tengo los ojos ciegos

para el álgebra, los caracteres griegos y ese tablero filosófico 50

donde cada figura es una interrogación.

Pero recuerdo a Capablanca, me lo recuerdan.

En los caminos

me asaltan voces como lanzas. 55 [12]

-Tú, que vienes de Cuba, ¿no has visto a Capablanca? (Yo respondo que Cuba

se hunde en los ríos como un cocodrilo verde.)

-Tú, que vienes de Cuba, ¿cómo era Capablanca? (Yo respondo que Cuba 60

vuela en la tarde como una paloma triste.)

-Tú, que vienes de Cuba, ¿no vendrá Capablanca? (Yo respondo que Cuba

suena en la noche como una guitarra sola.)

-Tú, que vienes de Cuba, ¿dónde está Capablanca? 65 (Yo respondo que Cuba es una lágrima.)


Pero las voces me vigilan,

me tienden trampas, me rodean y me acuchillan y desangran; pero las voces se levantan 70 como unas duras, finas bardas; pero las voces se deslizan

como serpientes largas, húmedas; pero las voces me persiguen
como alas... 75
Así pues Capablanca

no está en su trono, sino que anda, camina, ejerce su gobierno

en las calles del mundo. Bien está que nos lleve 80 de Noruega a Zanzíbar, de Cáncer a la nieve.

Va en un caballo blanco, caracoleando [13]

sobre puentes y ríos, 85 junto a torres y alfiles, el sombrero en la mano (para las damas)

la sonrisa en el aire (para los caballeros) 90 y su caballo blanco sacando chispas puras del empedrado...


Niño, jugué al béisbol.

Amé a Rubén Darío, es cierto, 95 con sus violentas rosas

sobre todas las cosas.

Él fue mi rey, mi sol.

Pero allá en lo más alto de mi sueño

un sitio puro y verde guardé siempre 100 para Méndez, el pitcher -mi otro dueño.


No me miréis con esos ojos.

¿Me permitís que ponga, junto al metal del héroe

y la palma del mártir, 105 me permitís que ponga

estos nombres sin pólvora y sin sangre? [14]



Canción de cuna para despertar a un negrito


Dórmiti, mi nengre, mi nengre bonito...

E. BALLAGAS
Una paloma
cantando pasa:

-¡Upa, mi negro, que el sol abrasa! Ya nadie duerme, 5 tú está en su casa; ni el cocodrilo,

ni la yaguaza, ni la culebra,

ni la torcaza... 10 Coco, cacao, cacho, cachaza,

¡upa, mi negro, que el sol abrasa!
Negrazo, venga 15 con su negraza.

¡Aire con aire, que el sol abrasa! Mire la gente, llamando pasa; 20 gente en la calle, gente en la plaza;

ya nadie queda [15] que esté en su casa... Coco, cacao, 25 cacho, cachaza,

¡upa, mi negro, que el sol abrasa!


Negrón, negrito, ciruela y pasa, 30 salga y despierte, que el sol abrasa, diga despierto

lo que le pasa...

¡Que muera el amo, 35 muera en la brasa!

Ya nadie duerme, ni está en su casa:

¡coco, cacao, cacho, cachaza, 40 upa, mi negro,

que el sol abrasa!



La muralla

Para hacer esta muralla, tráiganme todas las manos: los negros, sus manos negras,

los blancos, sus blancas manos. [16]

Ay, 5


una muralla que vaya

desde la playa hasta el monte, desde el monte hasta la playa, bien, allá sobre el horizonte.


-¡Tun, tun! 10

-¿Quién es?

-Una rosa y un clavel...

-¡Abre la muralla!

-¡Tun, tun!

-¿Quién es? 15

-El sable del coronel...

-¡Cierra la muralla!

-¡Tun, tun!

-¿Quién es?

-La paloma y el laurel... 20

-¡Abre la muralla!

-¡Tun, tun!

-¿Quién es?

-El alacrán y el ciempiés...

-¡Cierra la muralla! 25


Al corazón del amigo, abre la muralla;

al veneno y al puñal, cierra la muralla;

al mirto y la yerbabuena, 30 abre la muralla;

al diente de la serpiente, cierra la muralla; [17] al ruiseñor en la flor, abre la muralla... 35


Alcemos una muralla juntando todas las manos;

los negros, sus manos negras, los blancos, sus blancas manos.

Una muralla que vaya 40 desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien. allá sobre el horizonte...


El banderón

Como un puñal, como un arpón, el banderón americano

en tu costado de carbón. Sucio de sangre el banderón.

Un yanqui allí, látigo en mano. 5


En la sombría plantación, donde tu voz alzas en vano y te exprimen el corazón, sé que sofoca tu canción

un yanqui allí, látigo en mano. 10 [18]


Sé de la bala en el pulmón y del capitán inhumano

y de la nocturna prisión. Arde el violento barracón.

Un yanqui allí, látigo en mano. 15
Rojo desciende de su avión míster Smith, un cuadrumano de la selva de Guasintón.

Hay coctel en la legación.

Un yanqui allí, látigo en mano. 20
Será tal vez una ilusión,

tal vez será un ensueño vano, mas veo rodar el banderón

y arder al viento tu canción,

puesta en el mástil por tu mano. 25




Casa de vecindad


Sola, sobre su ola de parado coral, Antillilandia vive,

esperando el trompetazo del Juicio Inicial.


Casa de vecindad, patio del Mar Caribe, donde los inquilinos se juntan 5

bajo la luna, para charlar de sus cosas; [19]


donde hay ya negros que preguntan

y mujeres que asesinaron sus mariposas.

Onda negribermeja

de obreros de agria ceja 10 y niños con la cara vieja,

heridos por el ojo fijo del policía.

Tierra donde la sangre ensucia el día

y hay pies en detenida velocidad de salto y gargantas de queja y no de grito 15

y gargantas de grito y no de queja y voces de cañaverales en alto

y lo que se dice y no está escrito y todo lo demás que ya sabremos a medida que andemos. 20
Casa de vecindad, patio del Mar Caribe, con mi guitarra de áspero son,

aquí estoy, para ver si me saco del pecho una canción.

Una canción de sueño, desatado, 25 una simple canción de muerte y vida

con que saludar el futuro ensangrentado,

rojo como las sábanas, como los muslos, como el lecho de una mujer recién parida. [20]


La policía


La policía

(paso de alfombra y ojo de gato) mira en la sombra.


Vigila el gato. 5 (Pasa una sombra.)

La policía

se hunde en la alfombra.
¡La policía!

¡Alzad la alfombra! 10

¡Matad el gato

que está en la sombra!




Exilio

El Sena


discurre circunspecto; civilizada linfa

que saluda en silencio sacándose el sombrero. 5 Mi patria en el recuerdo y yo en París clavado

como un blando murciélago. [21]

¡Quiero


el avión que me lleve, 10 con sus cuatro motores

y un solo vuelo!


Brilla sangre en el pecho de esa nube que pasa lenta en el bajo cielo. 15 Va de negro. La hieren cuatro cuchillos nuevos. Viene del Mar Caribe, pirata mar caníbal,

duro mar de ojos ciegos 20 y asesinado sueño.

¡Volver con esa nube y sus cuatro cuchillos y su vestido negro!


Canción puertorriqueña


¿Cómo estás, Puerto Rico,

tú de socio asociado en sociedad? Al pie de cocoteros y guitarras, bajo la luna y junto al mar,

¡que suave honor andar del brazo, 5 brazo con brazo del Tío Sam!

¿En qué lengua me entiendes, [22] en qué lengua por fin te podré hablar, si en yes,

si en sí, 10 si en bien, si en well, si en mal,

si en bad, si en very bad?


Juran los que te matan 15

que eres feliz... ¿Será verdad?


Arde tu frente pálida,

la anemia en tu mirada logra un brillo fatal; masticas una jerigonza

medio española, medio slang; 20

de un empujón te hundieron en Corea, sin que supieras por quién ibas a pelear, si en yes,

si en sí,

si en bien, 25 si en well,

si en mal,

si en bad, si en very bad!


Ay, yo bien conozco a tu enemigo, el mismo que tenemos por acá, 30 socio en la sangre y el azúcar, socio asociado en sociedad: United States and Puerto Rico,

es decir New York City with San Juan, Manhattan y Borinquen, soga y cuello, 35 apenas nada más... [23]

No yes, no sí, no bien,

no well, 40 sí mal,

si bad, si very bad!


Little Rock


Un blues llora con lágrimas de música en la mañana fina.

El Sur blanco sacude

su látigo y golpea. Van los niños negros entre fusiles pedagógicos 5 a su escuela de miedo.

Cuando a sus aulas lleguen, Jim Crow será el maestro,

hijos de Lynch serán sus condiscípulos y habrá en cada pupitre 10

de cada niño negro,

tinta de sangre, lápices de fuego. Así es el Sur. Su látigo no cesa.
En aquel mundo faubus,

bajo aquel duro cielo faubus de gangrena, 15 los niños negros pueden

no ir junto a los blancos a la escuela. [24] O bien quedarse suavemente en casa.

O bien (nunca se sabe)

dejarse golpear hasta el martirio. 20 O bien no aventurarse por las calles. O bien morir a bala y a saliva

O no silbar al paso de una muchacha blanca. O en fin, bajar los ojos yes,

doblar el cuerpo yes, 25 arrodillarse yes,

en aquel mundo libre yes

de que habla Foster Tonto en aeropuerto y aeropuerto, mientras la pelotilla blanca,

una graciosa pelotilla blanca, 30

presidencial, de golf, como un planeta mínimo, rueda en el césped puro, terso, fino,

verde, casto, tierno, suave, yes.


Y bien, ahora,

señoras y señores, señoritas, 35 ahora niños,

ahora viejos peludos y pelados,

ahora indios, mulatos, negros, zambos, ahora pensad lo que sería

el mundo todo Sur, 40

el mundo todo sangre y todo látigo,

el mundo todo escuela de blancos para blancos, el mundo todo Rock y todo Little,

el mundo todo yanqui, todo faubus... Pensad por un momento, 45 imaginadlo un solo instante. [25]




Ríos


Tengo del Rin, del Ródano, del Ebro, tengo los ojos llenos;

tengo del Tíber y del Támesis, tengo del Volga, del Danubio, tengo los ojos llenos. 5


Pero yo sé que el Plata,

pero yo sé que el Amazonas baña;


yo sé que el Misisipi,

pero yo sé que el Magdalena baña; yo sé que el Almendares, 10

pero yo sé que el San Lorenzo baña; yo sé que el Orinoco,

pero yo sé que bañan

tierras de amargo limo donde mi voz florece

y lentos bosques presos en sangrientas raíces. 15

¡Bebo en tu copa, América, en tu copa de estaño, anchos ríos de lágrimas!
Dejad, dejadme,

dejadme ahora junto al agua. 20 [26]




Pequeña letanía grotesca en la muerte del senador McCarthy


He aquí al senador McCarthy, muerto en su cama de muerte, flanqueado por cuatro monos; he aquí al senador McMono, muerto en su cama de Carthy, 5 flanqueado por cuatro buitres; he aquí al senador McBuitre, muerto en su cama de mono, flanqueado por cuatro yeguas he aquí al senador McYegua, 10 muerto en su cama de buitre, flanqueado por cuatro ranas:

McCarthy Carthy.


He aquí al senador McDogo, muerto en su cama de aullidos, 15 flanqueado por cuatro gangsters; he aquí al senador McGángster, muerto en su cama de dogo, flanqueado por cuatro gritos;

he aquí al senador McGrito, 20 muerto en su cama de gángster, flanqueado por cuatro plomos;

he aquí al senador McPlomo, [27] muerto en su cama de gritos, flanqueado por cuatro esputos: 25

McCarthy Carthy.


He aquí al senador McBomba, muerto en su cama de injurias, flanqueado por cuatro cerdos; he aquí al senador McCerdo, 30 muerto en su cama de bombas, flanqueado por cuatro lenguas; he aquí al senador McLengua, muerto en su cama de cerdo,

flanqueado por cuatro víboras; 35 he aquí al senador McVíbora, muerto en su cama de lenguas, flanqueado por cuatro búhos:

McCarthy Carthy.
He aquí al senador McCarthy, 40

McCarthy muerto, muerto McCarthy, bien muerto y muerto, amén. [28]




Bares

Amo los bares y tabernas junto al mar,

donde la gente charla y bebe sólo por beber y charlar.

Donde Juan Nadie llega y pide 5 su trago elemental,

y están Juan Bronco y Juan Navaja y Juan Narices y hasta Juan Simple, el sólo, el simplemente Juan. 10
Allí la blanca ola bate de la amistad;

una amistad de pueblo, sin retórica, una ola de ¡hola! y ¿cómo estás?

Allí huele a pescado, 15 a mangle, a ron, a sal

y a camisa sudada puesta a secar al sol.


Búscame, hermano, y me hallarás (en La Habana, en Oporto,

en Jacmel, en Shanghai) 20 con la sencilla gente


que sólo por beber y charlar puebla los bares y tabernas junto al mar. [29]


Tres canciones chinas

- 1 -


Canción china a dos voces

Hacia China quisiera partir,

para hablar con el viejo dragón...

-¿Con el viejo dragón? Es inútil partir:

El dragón ha partido en avión. 5
Una pipa de sueño fumar

y en el humo olvidar mi dolor...

-¿Olvidar tu dolor?

Es inútil fumar:

Despertar a la vida es mejor. 10
¡Oh volver nuevamente, volver,

dueño huraño, a mis siembras de arroz!

-¿A tus siembras de arroz? Es inútil volver:

Sembró en ellas el pueblo su voz. 15


Entre lotos marchitos hogar

y añorar su pasado esplendor...

-¿Su pasado esplendor? Es inútil bogar:

Mira el loto: decora un tractor. 20 [30]

- 2 -

La canción de Wang Tse-Yu



Ay, cuando Wang Tse-Yu, nació, lunas, amargas lunas antes,

antes


de la gran revolución,

cayó como un pedrusco negro, 5 pasó como un pequeño perro,


lloró sin cuna y sin pañuelo, antes, muchas lunas antes, antes

de la gran revolución. 10


Hoy he visto a Wang Tse-Yu:

¿Querrás decirme, amigo, qué estabas haciendo tú, alto el corazón en punta,

los negros ojos llenos de luz 15 y tu gran país labrado

en dura llama y cielo azul?

¿Querrás decirme, amigo, qué estabas haciendo tú?
Gané mi tierra con mi lanza 20 (me respondió Wang Tse-Yu). Gané mi lanza con mi vida, gané mi vida con mi sangre,

gané mi sangre con mi sueño... [31] Hoy mi sueño es estar despierto 25 (me respondió Wang Tse-Yu).

- 3 -

La canción del regreso



¿Conoces tú

la tierra del arroz y del bambú?

¿No la conoces tú?
Yo vengo de Pekín.

Pekín 5


sin mandarín, ni palanquín.

Yo vengo de Shanghai: no hay

ni un yanqui ya en Shanghai. 10
Allá

la vida en flor está.

Se ve

la vida puesta en pie.


¡Canta conmigo, amigo, 15 y di como yo digo!
No hay

ni un yanqui ya en Shanghai. [32]


Pekín

enterró al mandarín. 20

¡Corre a ver tú

la tierra del arroz y del bambú!




Mau-Maus

Envenenada tinta

habla de los mau-maus; negros de diente y uña, de antropofagia y tótem. Gruñe la tinta, cuento, 5 dice que los mau-maus mataron a un inglés... (Aquí en secreto: era

el mismo inglés de kepis profanador, de rifle 10 civilizado Y

que en el pulmón de África con golpe seco y firme

-clavó su daga-imperio, de hierro abecedario, 15 de sífilis, de pólvora,

de money, business, yes.)
Letras de larga tinta

cuentan que los mau-maus [33] casas de sueño y trópico 20 británicas tomaron

y a fuego, sangre, muerte, bajo el asalto bárbaro cien ingleses cayeron... (Aquí en secreto: eran 25 los mismos cien ingleses a quienes Londres dijo:

-Matad, comed mau-maus; barred, incendiad Kenya; que ni un solo kikuyus 30 viva, y que sus mujeres por siempre de ceniza servida vean su mesa

y seco vean su vientre.)
Tinta de largas letras 35 cuenta que los mau-maus arrasan como un río salvaje las cosechas, envenenan las aguas,

queman las tierras próvidas, 40 matan toros y ciervos.

(Aquí en secreto: eran dueños de diez mil chozas, del árbol, de la lluvia,

del sol, de la montaña, 45 dueños de la semilla,

del surco, de la nube,

del viento, de la paz...) [34] Algo sencillo y simple

¡oh inglés de duro kepis! 50 simple y sencillo: dueños.


Ciudades

Kingston
Bajo el hambriento sol (God save the King) negra de bata blanca cantando una canción. (God save the King.) 5 Una canción.

¿Por siempre?

¿Por siempre esa canción? Oh yes!

Oh no! 10 Oh yes!
Oh no!

New York
¿Y la tarde, entreabierta como una niña pura? [35]


¿Y el corazón, decidme?

¿Habéis visto una lágrima?

Panamá
-How are you, Panamá?

-I'm well.

(El cabaret de Jimmy, el bar de Joe.)

-¿Sí?


-Yes. 5
-Hermano panameño:

¿No sueñas con Hostos y Martí?

-Sueño.

-Yes?


-Sí. 10

Madrid
Bajo el azufre polvoriento, un miliciano muerto,

un joven muerto, ya viejo, se saca un árbol del pecho.

-¿Has entendido?

-Entiendo. [36]

Sâo Paulo


Saltas de puente en puente y sueñas con un río,

como una solterona

que espera en vano a un hijo. Tú, llena de puentes secos sobre el gentío.


Hacia el Paraguay lejano...


Elvio Romero, mi hermano, yo partiría en un vuelo

de avión o de ave marina, mar a mar y cielo a cielo, hacia el Paraguay lejano, 5 de lumbre sangrienta y fina. Le llevaría mi mano


derecha y aprendería de ti

gota a gota el guaraní. 10 Le llevaría mi piel cubana y le pediría

que a mí

ay, me fuera concedido su corazón ver un día, 15 que nunca vi. [37]


Que sí,

(me respondió Elvio Romero), que no;

hermano, será primero 20 que pueda ir yo.
Maestro José Asunción, flores lleva tu apellido y flores tu corazón.

¿No me será permitido 25 volar, volar y volar,

velar y ver

el territorio encendido donde subiste a nacer, volar y ver? 30

¡Verte el gran río, vestido de selvas, volar y ver;

y verte el pueblo, teñido de sangre, volar y ver,

y tu guitarra, que besa 35 como una novia en la noche, volar y ver!

Que sí, que no, quiero, no quiero,

(José Asunción respondió), 40 hermano, será primero

que pueda ir yo... [38]




Tres canciones chilenas


- 1 -

Chile


Chile: una rosa de hierro,
fija y ardiente en el pecho de una mujer de ojos negros.

-Tu rosa quiero. (De Antofagasta vengo, 5 voy para Iquique;

tan sólo una mirada me ha puesto triste.)
Chile: el salitral violento. La pampa de puño seco. 10 Una bandera de fuego.

-Tu pampa quiero. (Anduve caminando

sobre el salitre;

la Muerte me miraba, 15 yo estaba triste.)


Chile: tu verde silencio.

Tu pie sur en un estrecho zapato de espuma y viento. [39]

-Tu viento quiero. 20 (El ovejero ladra,

la tropa sigue;

la oveja mira al perro con ojos tristes.)
Chile: tu blanco lucero. 25 Tu largo grito de hielo.

Tu cueca de polvo pueblo.

-Tu pueblo quiero. (En la cresta de un monte la luna gime; 30

agua y nieve le lavan la frente triste.)

- 2 -

Cerro de Santa Lucía Santiago de Chile



¡Cerro de Santa Lucía, tan culpable por la noche, tan inocente de día!
En el Cerro, en un banco junto al Museo, 5

ay, ayer te veía

y hoy no te veo. [40]
¡Quién me dijera

que iba a pasar un día sin que te viera! 10


Por un caminito que sólo yo sé,

va el Arcángel, ángel, Arcángel Gabriel.

En el alto cerro 15 media noche es; en mí la mañana comienza a nacer.
Pasó a nuestro lado cuando la besé. 20

¡Qué roto (gritaba) qué roto es usted!

¿Y usted, don Arcángel, (luego repliqué),

qué busca a estas horas, 25 sin alas y a pie,

por este camino que sólo yo sé?

No busco (me dijo), que ya la encontré, 30 a la virgen virgen

que ayer se nos fue con un ángel ángel

más grande que usted. [41]


¡Cerro de Santa Lucía, 35 tan culpable por la noche, tan inocente de día!

- 3 -


Panimávida

En Chile hallé palabras de lluvia y nieve intacta, mas ninguna tan clara...


-Panimávida.
Va por las rocas; salta. 5 De espumas se empenacha. Luego duerme y se estanca.

-Panimávida.


O bien su antigua llama muestra como una lágrima 10 en la noche araucana.

-Panimávida.


En Chile hallé palabras de lluvia y nieve intacta,

mas ninguna tan clara... 15

-Panimávida. [42]


A Guatemala

Nací donde la caña al cielo fino

su verde volador de un golpe lanza, como una vegetal certera lanza

que traspasa al partir el aire fino.


El mar pasé. Las olas un camino 5

me abrieron al quetzal, que es tu esperanza: hoy junto mi esperanza a tu esperanza, juntas las dos, camino en tu camino.


Cañaveral y platanal, oscura

sangre derraman de una misma herida 10 de puñal, en la misma noche oscura.


¡Oh Guatemala con tu oscura herida!

¡Oh Cuba, oh patria con tu herida oscura! (Hay un sol que amanece en cada herida.)




Balada guatemalteca


De tierras de Guatemala volando mi avión partía; lloraba con el motor, [43] con la hélice decía:

-¡Guatemala, 5


qué triste suerte la mía,

que a ninguna suerte iguala: dejarte al nacer el día!

Pero yo le respondía:

-Es nuestra la última bala, 10 volveremos todavía.

(Pareja con el avión iba el águila imperial, las duras alas tendidas

sobre la tierra y el mar. 15 Hoy vuela y vuela, mañana ya no la verás volar.)


Lloraba una nube sola junto a la puerta del Cielo; yo la vi desde mi avión 20 y le presté mi pañuelo.

-¡Guatemala,

gemía, crespón de duelo, que el yanqui de nuevo tala

bosques de sangre en tu suelo! 25 Yo respondí a su desvelo:

-Al yanqui, bala por bala, no más vigílale el vuelo,

(Pareja con el avión

iba el águila imperial; 30 plumas de hierro, las garras abiertas para agarrar. [44] Hoy roba y roba, mañana ya no te podrá robar.)
Blanca estrella dolorosa 35 vi en el aire suspendida; cuando el sol la consolaba dijo así con voz partida:

-¡Guatemala,

verte en la calle tendida, 40 rojo el pecho, rota un ala

y entre la muerte y la vida! Pero respondí en seguida:

-¡Espérame en Guatemala,

oh pura estrella encendida! 45

(Pareja con el avión iba el águila imperial;

ojos de piedra, y el pico como un sangriento puñal. Hoy mata y mata, ¡mañana 50


ya no la verás matar!)


Canción carioca

¿Te hablaron ya de Río, del Pan, del Corcovado y el sanguinario estío?

¿Te han hablado? [45]
De la boite encendida 5 y el salón apagado,

del verdor de la vida,

¿te han hablado?
Del carnaval rupestre, semental desbocado, 10 rojo arcángel terrestre,

¿te han hablado?


Del mar y la campaña, del cielo repujado,

que ni una nube empaña, 15

¿te han hablado?
Yo te hablo de otro Río: del Río de Janeiro

de no-techo, sí-frío, hambre-sí, no-cruzeiro. 20


Del llanto sin pañuelo, del pecho sin escudo, de la trampa y el vuelo, de la soga y el nudo.
El jazz en la soirée 25 sacude el aire denso; yo pienso en el café

(y lloro cuando pienso). [46]


Mas pienso en la favela. La vida allí estancada 30 es un ojo que vela.

Y pienso en la alborada.


¿Te hablaron ya de Río,
con su puñal clavado

en el pecho sombrío? 35

¿Te han hablado?


Un son para Portinari



Buenos Aires

Para Cándido Portinari, la miel y el ron,

y una guitarra de azúcar, y una canción

y un corazón. 5

Para Cándido Portinari, Buenos Aires y un bandoneón.
¡Ay, esta noche se puede,

se puede,

ay, esta noche se puede, 10

se puede,

se puede cantar un son! [47]
Sueña y fulgura.

Un hombre de mano dura, hecho de sangre y pintura, 15 grita en la tela.

Sueña y fulgura,

su sangre de mano dura; sueña y fulgura,

como tallado en candela; 20 sueña y fulgura,

como una estrella en la altura; sueña y fulgura,

como una chispa que vuela... Sueña y fulgura. 25
Así con su mano dura, hecho de sangre y pintura sobre la tela,

sueña y fulgura

un hombre de mano dura. 30 Portinari lo desvela

y el roto pecho le cura, al hombre de mano dura


que está gritando en la tela, hecho de sangre y pintura. 35
Sueña y fulgura. [48]


Paul Éluard

Guardo de Paul Éluard

tina mirada pura, un rostro grave

y aquella forma entre severa y suave de hablar.


Con el albor del día fuimos en su busca 5 y había partido...

Fue una partida brusca,

sin au revoir ni adiós, sin pañuelo y sin ruido.
¿A dónde fue? ¡Quién sabe!

¡Quién lo podrá saber! 10

(¡Oh, la mirada pura, el rostro grave y aquella forma entre severa y suave de ser!)


Pero señor


Si yo pudiera viajar hacía la Luna, viajara, pero señor,

para averiguar si tiene limpia la cara. 5

Pero señor, [49]

pero señor, señor mío, pero señor,

y saber si hace calor o es que hace frío. 10 Pero señor.
Tiene el pintor sus pinceles, tiene el poeta su pluma, pero señor,

el viento tiene sus pájaros 15 y el mar su espuma.

Pero señor,

pero señor, señor mío,


pero señor,

la iguana tiene calor 20 y el oso, frío.

Pero señor.
Camino de Ciego de Ávila, provincia de Camagüey, pero señor, 25

¡quién te anduviera de noche, soñando en tren!

Pero señor,

pero señor, señor mío, pero señor, 30

el tren con humo y calor, el viento, frío.

Pero señor. [50]


En México me cerraron

la puerta que da al país, 35 pero señor,

toqué tres veces y nadie me vino a abrir.

Pero señor,

pero señor, señor mío, 40 pero señor,

pago el calor con calor, con frío, el frío.

Pero señor.
Francia con su gorro frigio 45 su emperador y su gallo,

pero señor,

me entregó a tres policías, dos de a caballo.

Pero señor, 50

pero señor, señor mío, pero señor,

en París no hace calor cuando hace frío.

Pero señor. 55
Hacia Caracas partí cuando el sol recién nacía, pero señor,

se me hizo noche de pronto, 60 que al mediodía.

Pero señor,
pero señor, señor mío, [51] pero señor,

cuando pregunté calor, 65 dijeron frío.

Pero señor.
La República Argentina, traje azul y nubes blancas, pero señor, 70

me abrió con llaves de sueño sus puertas de agua...

Pero señor,

pero señor, señor mío, pero señor, 75

¡vengo buscando calor que tengo frío!

Pero señor.




Canción para Benito Marianetti, señor de los cerezos en flor


Mendoza la bien sembrada, ciudad de luz y arboleda, en roca viva engastada...

Amor


de Marianetti, el Señor 5 de los Cerezos en Flor,

amor de granito y seda. [52] Estuve en Chacras de Coria, donde Marianetti es

la geografía y la historia; 10 Señor

de los Cerezos en Flor; señor

de la cabeza a los pies.

Y en Coria 15

vi a Benjamín Campesino sacarse el sombrero rudo para el saludo,

y a Marianetti, el Señor de los Cerezos en Flor, 20 sacarse el sombrero fino y saludar

a Benjamín Campesino, que labra el ajeno lar.

De tal señor, tal honor: 25


¡Señor

de los Cerezos en Flor!


El aire, rojo de vino, sostiene en alto un cantar, 30 que es como un rojo fulgor:

-¡A caminar

por el abierto camino, y a caminar

con Benjamín Campesino. 35 y a caminar

con Marianetti, el Señor [53] de los Cerezos en Flor,

y a caminar...!




Canción de vísperas

¡Qué vida la que vivimos en estos años de muerte!

¡Qué vida la que morimos!
El ojo del policía, abierto de noche y día. 5
La espada del matador, de flor en flor.
Sobre la pista,

el enano equilibrista.


La sangre pulverizada 10 flota en el viento

como tierra colorada.

El viento, largo lamento sobre una llanura helada. Luego puede ser que nada, 15 uno puede ser, o ciento.

Alta la noche y cerrada.

Pero huele a lluvia el viento. [54]


Doña María

¡Ay, pobre doña María, ella que no sabe nada!


Su hijo, el de la piel manchada, a sueldo en la policía.
Ayer, taimado y sutil, 5 rondando anduvo mi casa.

¡Pasa! -pensé al verle- ¡Pasa! (Iba de traje civil.)


Señora tan respetada,

la pobre doña María, 10 con un hijo policía,

y ella que no sabe nada.


Paloma del palomar

Paloma del palomar, cuando tú pases por México no dejes de preguntar

quien me cerro

la puerta a que llamo yo, 5 paloma del palomar. [55]


¡Tal vez te puedan decir, paloma del palomar,

quién es quien la puede abrir y quién la mandó cerrar! 10




Epitafio para Lucía


Murió callada y provincial. Tenía llenos los ojos de paz fría,

de lluvia lenta y lenta melodía.

Su voz, como un cristal esmerilado, anunciaba un resplandor encerrado. 5 Se llamó, la llamaban vagamente Lucía. (En este breve mármol ha quedado

toda su biografía.)



(Bulgaria)


La pequeña balada de Plóvdiv





En la vieja villa de Plóvdiv,




lejos, allá,

mi corazón murió una noche

y nada más. [56]
Una larga mirada verde, 5

lejos, allá, húmedos labios prohibidos

y nada más.
El cielo búlgaro brillaba,

lejos, allá, 10 lleno de estrellas temblorosas

y nada más.
Oh lentos pasos en la calle,

lejos, allá,

últimos pasos para siempre 15

y nada más.


Junto a la puerta misteriosa,

lejos, allá,

la mano blanca, un solo beso

y nada más. 20




Ronda

Paloma, sube a mirar desde esa rama de pino: dime si viene mi novia,

si viene por el camino. [57]

¿Qué piensas tú? 5 Tu novia está en casa, comiendo cuzcuz.


Paloma, vete a buscar a la mujer que amo yo;

dile que aún espero el beso 10 que anoche me prometió.

¿Qué piensa usted? Su novia está en casa, tomando café.
Paloma, dile a mi novia 15

que cuando venga a mi entierro, toque bien duro a la puerta,


porque la puerta es de hierro.

¿Qué piensas, di?

Tu novia está en casa, 20 majando maíz.


En el campo

Vi el corderito blanco, niño entre los corderos, con un gran tajo rojo

desangrarse en silencio. [58]

Cerca, en la tarde f ría, 5 el fuego.


Bebían y danzaban hombres de duro sueño. Asesinado y solo,

niño entre los corderos, 10 el corderito blanco

bajo su piel de miedo, y una angustia redonda fija en los ojos ciegos.


Tres poemas mínimos


- 1 -


Brizna, pequeño tallo...

Brizna, pequeño tallo verde, en la tierra oscura.

¿de qué selva minúscula eres baobab, de cuántos pájaros-pulgas guardan 5 nidos tus fuertes ramas? [59]
Brizna, pequeño tallo verde, en la tierra oscura, yo durmiendo a tu sombra, para soñar echado 10

bajo la luna.


- 2 -

Brisa que apenas mueves

Brisa que apenas mueves las flores, sosegada,

fino aliento del carmen que blandamente pasas, ven y empuja mi barca, 5 presa en el mar inmóvil. Llévame, poderosa,

en tus mínimas alas, oh, brisa, fino aliento,

brisa que apenas mueves 10 las flores, sosegada. [60]

- 3 -

Punto de luz, suspenso lampo...



Punto de luz, suspenso lampo, remota estrella, tú, sol de otros planetas, bien que apenas te veo, allá lejos, lejísimo, 5 muy lejos,

podré pedirte el fuego, la luz y que madures mis frutos, oh suspenso

lampo, remota estrella, 10 tú, sol de otros planetas?


Muerte

¡Ay, de la Muerte no sé de qué color va vestida y no sé si lo sabré!


¿Mano en el hueso y guadaña, curva guadaña huida, 5

en la punta de una caña? [61]


¡Literatura sabida, terrorismo medioeval
para chantajear la vida!
Yo entraré en la noche ciega, 10 como entra la bestia pura,

que cuando la muerte llega va y en la espesa espesura

cuerpo en calma y alma entrega.

Variante: 15

¿Qué sabéis de la Muerte? Nada.

Ni siquiera si existe. Esta gran calumniada, la gran triste, 20

la poderosa y fuerte, es la gran ignorada.


Mas ya me veis: espero mi momento postrero, curioso, preparado, 25 pues quizá me sea dado sentir que llega, armada, y herido por su espada

gritar: ¡Te vi primero! [62]




Epístola


A dos amigas cubanas que invernaban en Palma de Mallorca.

París, febrero 12.
Ángela y Flora:

Puesto que os santifica y os decora el sol en esa playa en primavera

y os perfuma y os dora, 5

como hace con la uva y con la pera; puesto que el mar balear su espuma cínica viste y desviste al pie del duro muro

del malecón llorón, y embiste y besa muslos de madreperlas y corales, 10 al modo del Caribe cuando toca, con sus dedos sensuales,

en nuestras claras islas orquestales


vientres de musgo y roca;

puesto que Flora mía de mi alma, 15 Ángela y tú os miráis en el espejo bruñido que os da Palma,

olvidando a París húmedo y viejo; puesto que allá tenéis el casto verde,

la miel, el aire, el yodo, el pez, el trino 20 de pájaros trompetas y hasta el cielo

de Cuba, palio azul para el camino,

-todo tan Virgilio, en fin, de caramelo-; puesto que allá La Habana está presente [63]

¡digo La Habana! nuestra islita pura, 25

¿será tal vez cuestión impertinente de ardua filosofía

indagar qué coméis? Quizás podría saber yo si figura

Cuba también en el menú, de modo 30 que fuera la ilusión así completa.

Perdonadme ante todo.

Perdonad al poeta

desdoblado en gastrónomo... Mas quiero que me digáis si allá (junto al puchero, 35 la fabada tal vez o la munyeta),

lograsteis decorar vuestros manteles con blanco arroz y oscuro picadillo, orondos huevos fritos con tomate, el solemne aguacate 40

y el rubicundo plátano amarillo.

¿O por ser más sencillo,

el chicharrón de puerco con su masa, dándole el brazo al siboney casabe la mesa presidió de vuestra casa? 45 Y del bronco lechón el frágil cuero

dorado en púa ¿no alumbró algún día bajo esos puros cielos españoles

el amable ostracismo? ¿Hallar pudisteis, tal vez al cabo de mortal porfía, 50

en olas navegando,

en rubias olas de cerveza fría, nuestros negros frijoles,

para los cuales toda gula es poca, gordo tasajo y cristalina yuca, 55 [64] de esa que llaman en Brasil mandioca?

El maíz, oro fino en sagradas pepitas,

quizá vuestros ayunos

a perturbar con su riqueza vino. 60
El quimbombó africano,

cuya baba el limón corta y detiene,

¿no os suscitó el cubano guiso de camarones,

o la tibia ensalada, 65

ante la cual espárragos ebúrneos, según doctos varones,

según doctos varones en cocina, según doctos varones no son nada?

Veo el arroz con pollo, 70

que es a la vez hispánico y criollo, del cual es prima hermana

la famosa paella valenciana.

No me llaméis bellaco

si os hablo del ajiaco, 75

del cilíndrico ñame poderoso, del boniato pastoso,

o de la calabaza femenina y el fufú montañoso.

¡Basta! Os recuerdo el postre. Para eso 80 no más que el blanco queso,

el blanco queso que el montuno alaba, en pareja con cascos de guayaba.

Y al final, buen remate a tanto diente, una taza pequeña 85

de café carretero y bien caliente. [65] Así pues, primas mías,

esperaré unos días,

para saber por carta detallada

si esto que pido aquí debe tacharse 90 de ser una demanda exagerada,

o es que puede encontrarse al doblar una esquina

en la primera casa mallorquina. Si lo hay, voy volando, 95 mejor dicho, corriendo,

que es como siempre ando.

Pero si no, pues seguiré soñando... Y cuando al fin os vea,

vueltas las dos de España 100 a París, esta aldea,

os sentaré a mi costa

frente a una eximia y principal langosta rociada con champaña.

Sputnik 57

Alta noche en el Cielo... Sosegado, como quien vive (y con razón) contento, sin futuro, presente ni pasado

y en blanco el pensamiento, duerme Dios en su nube, 5 [66]

situada en lo mejor del Firmamento: lecho desmesurado,

cama imperial y al mismo tiempo trono, hecho de lapislázuli dorado,

con adornos de nácar, humo y viento. 10 Huele a jazmín eléctrico y a ozono.

Del abismo terrestre el eco amortiguado confuso y vago sube,

pues filtra, cataloga, desmenuza 15 todo ruido indiscreto

un gran querube armado,

aunque por regla celestial no es lícito (y aun se tiene por falta de respeto) que ande armado un querube. 20

Ni suaves oraciones,

como puros, blanquísimos pichones del Espíritu Santo,

ni dobles de campana,

de esos que vuelan dulces 25 de la parroquia mínima, disueltos en la brisa ciudadana, o los más poderosos

de las iglesias ricas, las de piedra, góticas medievales catedrales, 30 con obispos ociosos,

con obispos golosos y orquestales. Ni misas, ni sonrisas,

ni ruegos, procesiones y rosarios, ni siquiera una nota 35

del órgano profundo, [67] ni una expresión devota

del millón que escuchamos cada día brotar del seco corazón del mundo: nada se arrastra o aleteando sube 40 hasta el trono de Dios, quien sosegado duerme en su enorme nube,

mientras le cuida el sueño un gran querube, un gran querube armado.


Veloces los cometas matemáticos 45 pasan rubios, en ondas sucesivas; las estrellas monóculas

brillan suspensas en el techo ingrávido; piafan, caracolean

finos planetas de color oscuro 50 y en el éter patean

y polvo elevan con el casco puro.

¡Qué fastidio inmortal! Eternamente Venus en su sayal de lumbre baja,

Aldebarán con su camisa roja, 55

la Luna a veces queso, otras navaja; los niños asteroides

y sus viejas nodrizas;

el Sol redondo y bonachón, cenizas de otros mundos, etcétera. 60

Es decir, todo el denso

paravent estelar, el toldo inmenso tras el cual duerme Dios en una nube, apacible y confiado,

mientras le cuida el sueño un gran querube, 65 un gran querube armado. [68]


Hasta que Dios despierta... Con mirada seca, de un golpe rápido recorre

su vasto imperio. Cuenta las estrellas, revisa los planetas y asustada 70

la voz pregunta al vigilante angélico:

-¿No habéis notado nada?

He sentido un pequeño sacudimiento celestial, un leve

chasquido en medio de la augusta niebla 75 de mi profundo sueño.

-¡Oh, Dios, Oh, Padre, Oh, Justo! ¡Pura Causa de la Vida Inmortal! -gimió el querube-,

he visto de aquel astro

(y aquí el querube señaló en la Tierra 80 el país de granito y esperanza

donde el Kremlin sus álgidos rubíes sostiene en graves torres),

he visto de aquel astro

una estrella partir. Su rastro breve 85 era sonoro y fino. Todavía

viaja, está allí. Con encendidas puntas deja en la noche una impecable estría. Volvió la vista Dios hacia la zona
donde el globo mecánico 90 se mueve en que vivimos, con su nívea corona,

con sus gordos racimos,

el aire (un poco) de sensual matrona. La Luna, en un sudario de sonetos, 95 convencional y pálida moría [69] como siempre. Y huyendo de la Luna, recién nacida eufórica,

otra luna corriendo se veía. Dios contempló indeciso 100 aquel punto brillante,

aquel astro insumiso,

que se metió en el Cielo sin permiso, y cabizbajo se quedó un instante.

(Un instante de Dios, como se sabe, 105 es un milenio para el hombre, atado

a los minutos mínimos, al tiempo que en la clepsidra cae...) De manera que Dios aún permanece

silencioso, sentado 110 en su imponente nube,

donde vela impasible un gran querube, un gran querube armado.


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SE DERRUMBAN. PÁNICO Y EDICIONES EXTRAS DE LOS PERIÓDICOS. CONSULTAS AL PENTÁGONO. RADIO-

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EN VEZ DE ASESINATOS Y CANCIONES,

EL DISCURSO DE UN SABIO MELANCÓLICO QUE PROMETE LA LUNA A FIN DE AÑO

Y LOS VIAJES A HÉRCULES

DENTRO DE DOS, Y UN BAÑO 125 [70] DE SOL, NO YA EN LA PLAYA

SINO EN EL SOL...

Un vasto griterío (griterío en inglés) estalla y sube

como una nube inmensa hasta la nube 130 donde está Dios sentado

con un querube al lado, un gran querube, un gran querube armado.
¡Oh, Mapamundi, gracia de la escuela!
Cuando en el aula pura 135 de mi niñez veía

girando tu redonda geografía pintada de limón y de canela, reo en una prisión alta y oscura

irremediablemente me sentía. 140

¿Cómo rasgar un día

de aquella jaula hermética

el sello azul y al cielo interminable salir donde los astros son ya música

y el cuerpo sombra vagarosa y leve? 145

¡Qué miedo insuperable!

Acaso Dios con su bocina ronca, desde sus barbas de revuelta nieve, iba a tronar en un gran trueno, justo

como todos sus truenos. O en la roja 150 atmósfera en que el Diablo precipita hirviente azufre, hundir al desdichado

-propicio leño a la infernal candela- que imaginó en su fiebre [71] romper el equilibrio ponderado 155 del Mapamundi, gracia de la escuela.
Pero Dios no lo supo,

ni el Diablo se enteró. Titán en vela, el hombre augusto, el denso

mortal que arde y fornica, 160

que repta a veces y que a veces vuela, el hombre soberano y cotidiano,

que come, suda, llora, enferma, ríe, el que te da la mano

en la calle y te dice «¡Qué buen tiempo!» 165 o «¡Es duro este verano!» Tu cercano,

tu próximo, tu hermano, deshizo la clausura, rompió el sello celeste

que como techo astral el mundo había, 170 y se lanzó a la noche inmensa y pura.


Llenad la copa del amor, vacía. Mezclad, mezclemos risas y alcoholes, sangres, suspiros, huesos,

corazones y besos, 175 relámpagos y soles.

Suba el terrestre brindis por la paz, por la vida,

y si queréis, mientras el brindis sube,


recordad que aún reposa sosegado, 180 recordad que aún reposa

Dios en su inmensa nube, [72]

con un querube al lado, un gran querube, un gran querube armado.


De vuelta


Por el largo camino me marché al azar, con un jarro de vino y un trozo de pan.

Me marché al azar. 5


¡Viento, viento -decía contigo me voy!

(En el orto del día joven era el sol.)

Contigo me voy. 10
Tuve un prado con rosas, que es mucho tener, veinte y dos mariposas

y un solo clavel.

Que es mucho tener. 15
Ardió el sol en mis manos, que es mucho decir,

ardió el sol en mis manos y lo repartí.

Que es mucho decir. 20 [73]
Por el largo camino regreso al azar,

con un jarro de vino y un trozo de pan.



Regreso al azar. 25


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