La planta, parte uno



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¡TURCO! Éstos son de los que te hablé, de la ciudad de Para. Por favor sácame este condenado Mintz de encima y ¡APLÁSTALOS ESTE PUTO LUNES! ¡Antes que nada! Gracias Buddy, "te debo una".
FELIX

Bill se me había unido y también leyó la nota.


—¿Qué te parece? —preguntó.
—Pienso que Carlos Detweiller va a reunirse con el universo formando parte de un baño desechado de la ciudad de Paramus —le dije—. Bien temprano en la mañana del lunes. Vamos, terminemos con esto. Este sitio me produce un grave caso de escalofríos.
Sopló una ráfaga de viento, agitando la basura y haciendo rodar algunas latas con un sonido que se parecía a una risa mohosa. Bill, nervioso, echó una mirada a su alrededor.
—Sí —asintió—. A mí también. Aguanta mientras apago los faros de la camioneta.
Luego de que apagara las luces pasamos a la parte trasera de la camioneta, de donde sacamos la alfombra enrollada con nuestro compadre Carlos dentro. La luna se había ocultado detrás de una nube, y cuando nos agachamos bajo la cinta amarilla con la leyenda NO ACERCARSE volvió a salir, iluminando una vez más el baldío. Me sentía como un pirata en una novela de Robert Louis Stevenson. Pero en lugar de "Yo-jo-jo y una botella de ron", la melodía que me daba vueltas por la cabeza era esa condenada cosa de John Denver sobre cuán bueno era volver a casa. Bajo esa luz lunar evocadora de los dioses del consumo conspicuo, oí palabras nuevas, mis propias palabras: Hay una trituradora retumbando suavemente, unas ratas en la basura; vaya que es bueno volver a casa.
—Sostenla, sostenla —dijo Bill, tanteando detrás de él con una mano y sosteniendo la alfombra con una rodilla levantada. Parecía alguna rara especie de cigüeña.
Por fin consiguió abrir la puerta de uno de los baños portátiles. Cargamos nuestro peso dentro y lo acomodamos entre el urinario de plástico gris y el asiento del retrete. El lugar aún retenía un vago tufo a orina y a fantasmas de pedos viejos. En una esquina del techo había una telaraña con el cadáver de una antigua mosca balanceándose en ella. Leí, a la luz de la luna, dos líneas garabateadas. "PARA UNA X-CELENTE CHUPADA ESTAR AQUÍ A LAS 10 DE LA NOCHE TE MUESTRO QUÉ BIEN LA TRAGO", decía una. La otra, infinitamente más perturbadora, decía: "LO HARÉ DE NUEVO Y DE NUEVO Y DE NUEVO. HASTA QUE ESTÉ LLENO".
De repente quise encontrarme a varios kilómetros de allí.
—Vamos —le dije a Bill—. Por favor, hombre. Vamos.
—Sólo un segundo más.
Regresó a la camioneta y tomó la bolsa con los efectos finales del General: la hebilla, el marcapasos y los clavos osteopáticos. Levantó la tapa del retrete, luego agitó su cabeza.
—La caja de colección desapareció. Se quedará en el suelo.
—Tampoco tienes el maldito portafolios —dije.
—No podemos dejar eso aquí —dijo Bill—. Podría tener algo que lo identificara.
—Rayos, si alguien lo encontrara allí lo identificarían sus huellas digitales.
—Quizá. Pero no sabemos lo que hay en el portafolios ¿no? Mejor lo arrojamos al Hudson cuando volvamos. Es más seguro.
Aquello tuvo sentido.
—Alcánzame la bolsa —dije, pero antes de que lo hiciera le arrebaté la bolsa de Smiler's. Corrí hasta el borde del vertedero y la arrojé tan lejos como pude. La observé dar vueltas y más vueltas a la luz de la luna; incluso imaginé que podía escuchar cómo se sacudían los clavos que habían mantenido unidos los huesos del viejo soldado. Después desapareció.
Regresé junto a Bill, quien había cerrado el pestillo de la puerta del baño. Por un milagro, era uno de los menos golpeados. Ocultaría el secreto que nosotros necesitábamos ocultar.
—¿Va a funcionar ¿no? —preguntó Bill.
Asentí. No tuve ninguna duda entonces y tampoco la tengo ahora. Estamos siendo protegidos. Lo único que necesitamos hacer es tomar precauciones razonables. Y tener cuidado con nuestro nuevo amigo, además.
La luna volvió a hundirse entre las nubes. En la súbita oscuridad los ojos de Bill relucieron como los ojos de un animal. Que era, por supuesto, lo que nosotros éramos. Dos perros de gallinero, uno con la piel blanca y otro con la piel marrón, rondando entre la basura. Un par de perros de gallinero que habían enterrado sus huesos exitosamente.
Entonces tuve un momento de lucidez. Un momento de cordura. Soy un graduado de Cornell, aspirante a novelista, editor novato (puedo hacer el trabajo al que Roger Wade me ha ascendido, de eso no tengo la menor duda.) Bill Gelb es un graduado de William y Mary, donante de sangre de la Cruz Roja, un hombre que hace lectura para ciegos una vez por semana en The Lighthouse. Acabábamos de dejar el cuerpo de un hombre asesinado en un reconocido cementerio de la mafia. Fue el General quién lo apuñaló, aunque ¿no somos todos cómplices, en cierta medida?

Quizás sólo John Kenton se salve de la culpa en este asunto. Después de todo, él me dijo que tirara la hiedra. Incluso tengo el memo en alguna parte.


—Estamos chiflados —le susurré a Bill.
Su cuchicheo sonó suave y mortal.
—No doy una mierda.
Nos miramos durante un instante, sin hablar. Entonces la luna salió de nuevo, y ambos bajamos la mirada.
—Vamos —dijo—. Larguémonos de aquí.
Y así lo hicimos. Regresamos a la ruta 27, luego a la autopista de peaje, luego al puente George Washington. A esa hora no había nadie detrás nuestro, y la caja con la cerradura de combinación de Carlos Detweiller fue a parar al agua. Sin ningún problema; una fácil navegación. Sábado por la noche y no vimos ni siquiera a un policía. Y durante todo el trayecto, esa canción siguió sonando en mi cabeza: Vaya que es bueno volver a casa.

Del diario de John Kenton

5 de abril de 1981

1:30 de la mañana

Riddley acaba de llamar. Misión cumplida. El General desapareció, y ahora el Floricultor Loco y su maletín también desaparecieron.


Aunque tal vez él no.
Acabo de releer en estas páginas la conversación que Roger y yo mantuvimos con Tina Barfield, y lo que allí leí, aun cuando no fuera completamente preciso, es muy poco alentador. Ella nos dijo que pronto estaríamos leyendo el anuncio de la muerte de Carlos; lo que ella olvidó decirme (probablemente porque no lo sabía) fue que yo me estaría escribiendo esto. También nos dijo que luego de que nos enteráramos de su muerte siguiéramos comportándonos como si Carlos siguiera vivo. Porque, dijo, él regresará.
Como una tulpa.
Ni siquiera ahora sé exactamente qué es eso, aunque te digo esto con una certeza absoluta, con la convicción más absoluta, y con una completa lucidez mental: nosotros seis no hemos pasado por todo esto para ser detenidos por ningún ser viviente, menos aún por un muerto. Vamos a hacer que todo New York hable de Zenith House; por no decir que va a hacerlo el mundo de la publicación, de New York y más allá.
Y que Dios ayude a quienquiera que se interponga en nuestro camino.

FIN DE LA PLANTA, PARTE SEIS



1 Nota del Traductor: juego de palabras entre gonorrea y enfermedad del “logotipo”


1 Nota del Traductor: Mamá Bell es el apodo con el que se conoce a la compañía Bell Telephone.


1 Nota del Traductor: Gear: voz del argot del Village cuya traducción es "maravilloso": Richard Maravilloso sería el nombre del actor Richard Gere.


1 Nota del Traductor: Demeter: diosa griega de las cosechas, hija de Rhea y Cronos, madre de Perséfone.


2 Juego de palabras intraducible: girlfriend significa "novia" y girlFIEND puede traducirse como "niña DEMONIO"


1 Nota del Traductor: Ivy League: nombre por el que se conoce a ocho universidades de gran prestigio del nordeste de los EEUU, entre las que se encuentran Harvard, Yale y Princeton.


1 Nota del Traductor: Otra forma coloquial de denominar a la compañía telefónica.

1 Apex (como Apex Corporation) significa ápice en inglés. (N. del T.)


2 'Hey, I'm Uncle Ray from Green Bay.'

'Hey, Ray, what do you say?'

'Can ya stay, or do ya have to leave today?'


3 Come on, John.

Let's get it on.


1 Patella significa rótula en inglés (N. del T.)


1 Por cierto que tal archivo existía por ese entonces, y además contenía el material suficiente como para que Detweiller explotara de la rabia, pero estaba bien guardado en la editorial, detrás de un cuadro de la oficina de Roger Wade. Ni Hecksler ni Detweiller entraron en esa oficina. Ese archivo también contenía material concerniente al General y a la nueva mascota de la compañía.








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