La planta, parte uno


FIN DE LA PLANTA, PARTE TRES



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FIN DE LA PLANTA, PARTE TRES




LA PLANTA, PARTE CUATRO



Del diario de Riddley Walker
25/3/81
Luego de lo que fueron como diez semanas de pura excitación —de la variedad más enfermiza— las cosas en Zenith House finalmente parecen haber vuelto a su acostumbrado holgazaneo. Porter entra furtivamente en la oficina de Jackson y olfatea el asiento de su sillón durante el periodo de cinco minutos en que cada mañana, entre las diez y las diez y media, el sillón queda libre (lo está durante esa media hora porque todas las mañanas la señorita Jackson desaparece en el baño de señoras con un ejemplar de Vogue o de Las Mejores Casas y Jardines, lugar donde ella realiza su vertedero diario); Gelb ha continuado con sus visitas subrepticias al Casino de Riddley Walker y luego de proponerme un imprudente doble-o-nada, me terminó debiendo ya 192.50 dólares; Herb Porter, tras su breve fuga, se ha subido una vez más al asiento de la gran locomotora política de la que solo él se imagina capaz de conducir, de entre todos los millones de personas en la Tierra; y yo he recomenzado a escribir estas páginas luego de una pausa de tres semanas en las que me las pasé barriendo tranquilamente la mugre durante el día y los relatos desparramados por la noche; y si ésa no es pomposidad disfrazada de elocuencia, entonces nada lo es.
¿Pero es el acostumbrado holgazaneo realmente el mismo de antes, o no? Existen dos importantes razones para preguntárselo. Una de ellas se encuentra bajando por el pasillo y la otra justo aquí, en mi pequeño cubículo de conserje... o quizás sólo lo estén en mi mente. Daría cualquier cosa para saber donde están, y por favor créeme que no estoy exagerando cuando lo digo. El cambio pasillo abajo es, por supuesto, John Kenton. El cambio aquí (o en mi mente) es Zenith la Hiedra Común.
Herb Porter ni se percató de que algo anda mal con Kenton. Bill Gelb lo ha notado pero le tiene sin cuidado. Fue Sandra Jackson quien me preguntó ayer si yo tenía la menor idea de por qué John había decidido revolver los viejos manuscritos de ese rincón de la sala de correo a la que yo llamo La Isla de las Novelas Olvidadas.
—¡Ninguna, s'ita! —le dije—. ¡Yo no saber na'a!
—Bien, pues preferiría que terminara con eso —masculló. Abrió ruidosamente su polvera, se miró en ella, y empezó a atizarse el pelo con un peine afro—. Ya ni siquiera puedo entrar allí sin estornudar hasta ponerme azul. Está todo cubierto de polvo y de toda esa sustancia seca y repulsiva que sale cuando se abren esos sobres baratos. Tú debes detestarlo.
—¡Son rea'mente polvorientos, sita Jackson, y es un hecho!
—¿Está devolviéndolos por correo?
—Yo no saber si lo hace ni si no lo hace.
—Bueno, pero tú eres el encargado del correo, ¿no? —me preguntó, mientras guardaba su polvera y sacaba un tubo de lápiz labial. Al girarle la tapa apareció algo con la forma y el tamaño del pene de un niño y del color de la gorra de un cazador. Empezó a aplicárselo en grandes y brillantes manchones. Aspiré una bocanada e inmediatamente entendí porqué Porter olfatea su asiento en lugar de su cara.
—¡Sí, s'ita, eso soy!
—De modo que si no has visto que estén saliendo, entonces no están saliendo. Es así de simple. Si él los estuviera devolviendo, tendría que quejarme a Roger o incluso enviar un memo sobre el asunto al señor Enders. —Le dio otro giro a su lápiz de labios, lo cerró, y lo dejó caer en la boca del enorme y deforme baúl al que ella llama su cartera. Ninguno de esos manuscritos estaba acompañado por una estampilla de reembolso. Esa es la razón de que estén allí. Nuestro negocio no es devolverlos —ni la mayoría ni todos— pero él lo hace pagándolo con su propio bolsillo, y ese no es para nada negocio de La Jackson.
—Preferiría que se detenga, aunque esté tirándolos por el incinerador —reconoció ella, haciendo aparecer ahora un bote de plástico que, cuando lo abrió, reveló un desempolvador y un bollo esponjoso un poco desteñido. A continuación, Sandra Jackson desapareció en una sofocante nube rosa que me produjo el mismo efecto que el que a ella le producía la oficina de Kenton—. Está haciendo que el resto de nosotros parezcamos malos y no hay ninguna maldita necesidad de hacer eso— concluyó desde el interior de la nube.
—Ninguna s'ita —le dije, y estornudé.
—¿Estás cultivando marihuana aquí, Riddley? —preguntó—. Huele bien.
—¡No, s'ita, para na'a!
—Ah —dijo ella, y se guardó el bollo. Empezó a desabotonarse la blusa justo cuando yo empezaba a confiar en que iba a poder escapar. Se la abrió, revelando dos pequeños y decorosos pechos de señora blanca, como panecillos crudos con una cereza clavada en cada uno. Empezó a bajarse el cierre de la falda y luego se detuvo de repente, dándome otro momento de esperanza fugaz—. ¿Qué otra cosa anda mal en él, Riddley?
—Ah, yo no saber, s'ita Jackson —le contesté, pero lo sé, muy bien, y Roger Wade también lo sabe; es casi increíble que haya podido convencer a semejante romántico para que se quedara, pero de algún modo lo hizo. Porter no lo sabe, a Gelb no le importa, y Jackson es demasiado egoísta para ver lo que está justo enfrente de sus ligeramente caídas tetitas de señora blanca: su chica le dijo que él simplemente desapareció del ranking de los Cuarenta Principales de su vida. Y Kenton ha reaccionado (con una pequeña ayuda de Roger Wade, lo concedo) de una forma que me parece tanto aceptable como honorable, de la forma en que me gusta pensar que yo reaccionaría: poniendo a trabajar su jodido culo.
Su falda formó un montón alrededor de sus pies y salió de él.
—¿Quieres jugar al camionero y al autostopista hoy, Riddley? — me preguntó.
—¡Sí, s'ita Jackson! —exclamé cuando sus manos buscaron la hebilla de mi cinturón y tironearon hasta desabrocharla. Para momentos como éste recurro a unas cuatro fantasías que nunca fallan. Una, lamento decirlo, es la de pensar en mi hermana Deidre, primero poniéndome los pañales y luego acomodándome después de que yo me hiciera pipí encima. Ah, el sexo es una gran comedia, seguro. Que no te quepa la menor duda.
—¡Oh, señor camionero, es tan grande y duro! —alabó Jackson con una chillona voz de muchacha cuando me lo agarró. Y, gracias a Deidre y a los pañales, allí estaba.
—¡Esa de ahí es mi palanca de cambios, s'ita Au'topista! —gruñí yo—, y ahora mismo la e'toy poniendo en sobremarcha!
—Lléveme al menos diez minutos, señor camionero —pidió ella, recostándose—. Quiero al menos tres y usted sabe cómo hacerme... —suspiró satisfecha cuando hundí mi árbol de levas en su juntura universal— ...alcanzar velocidad crucero en seguida.
Justo antes de salir (se dió unos buenos tirones más al pelo con el

peine afro antes de dejarlo caer en su cartera, sobre las bragas) echó una aguda mirada alrededor y me preguntó de nuevo si yo no estaba cultivando una pequeña cannabis aquí.


—¡No, s'ita! —respondí; entonces supe con certeza que era a Zenith lo quien estaba oliendo, así como sé que Zenith la Hiedra Común no huele como ninguna hiedra que yo haya encontrado en mi vida.
—Porque si lo estás haciendo —dijo—, quiero mi parte.
—¡Pero s'ita Jackson! Yo ya decirle a usted...
—Lo sé. Pero simplemente recuerda que si lo estás haciendo, quiero mi parte. —Y se fue. Tal como resultaron las cosas, ella consiguió cuatro en lugar de tres, y con algo de suerte volverá a probarlo en una o dos semanas, cuando reaparezca repentinamente para jugar al Camionero y la Autostopista o a la Virgen y el Chofer o posiblemente a la Editora Blanca Adolescente y el Gran Conserje Negro, que es, en definitiva, de lo que se tratan todos estos juegos.
Pero no importa; estamos aquí para otra cosa, y es la planta, la hiedra enviada por el némesis de Kenton. Me plantea una pregunta que nunca he logrado responderme satisfactoriamente, quizás porque durante mucho tiempo, mi vida y mis ambiciones la han considerado intrascendente. Lo que quiero decir es que se trata de una pregunta que, como no la he meditado con seriedad, ni tan constantemente ni con el interés necesario, hizo que mantenga una apuesta personal en la respuesta desde que tenía... oh, once años o algo así, calculo. La pregunta es muy simple: ¿Hay un mundo invisible o no? ¿Son posibles los eventos sobrenaturales en un mundo donde todo parece perfectamente explicado o absolutamente razonable? Todo, es decir, salvo el Sudario de Turin...
...y, quizás, Zenith, la Hiedra Común.
Me encuentro pensando una y otra vez en las sensaciones de profundos presentimientos que parecieron abalanzarse sobre mí cuando toqué la caja...
No; no, en realidad no fue así. Para explicar cualquier otra experiencia estaría bien, pero éste no es definitivamente el caso. Las horribles sensaciones que me produjo esa caja —temor, repulsión, una íntima e ingobernable impresión de haber traspasado una frontera claramente limitada, hacia tierra tabú— no vinieron desde afuera. El escalofrío que sentí no me cayó encima ni me sofocó ni me corrió por la columna como si se tratara de frías pisadas de gato. Esa sensación vino de adentro, elevándose como la primavera de la tierra, un pequeño y frío círculo en el que puedes vislumbrar tu cara, o la cara de la luna. O aún mejor, llegó de la forma en que Faulkner dice que llega la oscuridad, no cayendo desde el cielo, si no subiendo inexorablemente desde la tierra. Sólo que en este caso creo que la tierra (Floyd se burlaría) viene a ser mi propia alma.
Pero bueno, no interesa; dejémoslo. No importan las sensaciones, los vapores, los megrims... ni "los fenómenos subjetivos," si quieres decirlo de manera cortés.
Permitámonos tener en cuenta algunos datos prácticos.
Primero: Luego de investigar en todas las referencias a la hiedra de las Enciclopedias Grolier y Collier, más las fotografías que hay en el libro de botánica de cuando Floyd fue a la universidad, estoy en condiciones de decir que Zenith no se parece a ninguna de las hiedras allí fotografiadas. Lo que quiero decir es que se les parece tanto como un Ford se parece a un Bugatti —ambos son vehículos impulsados por gasolina con cuatro neumáticos de caucho— pero no se parecen en más nada.
Segundo: Aunque el pequeño cartel clavado en la tierra de la maceta identificaba a Zenith como "la Hiedra Común", aparentemente no existe tal cosa. Están la hiedra venenosa, la Enredadera de Virginia, la Hiedra de la Tierra, la Hiedra de Boston, y la Hiedra Japonesa; también está la Hiedra Inglesa, y supongo que podría ser conocida como Hiedra Común por algunas personas, pero Zenith se parece más a una cruza entre la Hiedra Japonesa y la hiedra venenosa que a la Hiedra Inglesa. El hecho de enviarle a Kenton una hiedra venenosa pareciera ser algo acorde con el sentido del humor de un tipo como Carlos Detweiller, pero yo la he manipulado, toqué sus hojas y ramas, y no tengo ningún salpullido. Ni tampoco soy inmune. He tenido algunos terribles casos de hiedra venenosa cuando Floyd y yo éramos niños.
Tercero: Tal como comentó Jackson, huele igual que una cannibis sativa. Esta noche, camino a casa, pasé por lo de un floricultor y olfateé una Hiedra de Boston y un híbrido llamado Hiedra de Marion. Ninguna olía como hierba. Le pregunté al propietario si conocía alguna hiedra que oliera como marihuana y dijo que no; agregó que la única planta que sabía que apestaba como la cannibis se llamaba aguileña oscura.
Cuarto: Está creciendo a una velocidad que encuentro poco menos que aterradora. He revisado cuidadosamente mis pocas referencias a la planta que escribí en este diario —y créeme cuando digo que si hubiera sabido de qué forma iba a obsesionarme habría habido muchas más— y noté lo siguiente: el 23 de febrero, cuando llegó, creí que probablemente se moriría; el 4 de este mes le noté una apariencia más saludable, un mejor olor, cuatro hojas abiertas y dos más desplegándose, además de un único zarcillo que llegó al borde de la maceta. Ahora tiene como dos docenas de hojas, bien anchas, de un color verde oscuro y de aspecto aceitoso. El zarcillo que había alcanzado el borde de la maceta ahora se ha adherido a la pared y se extendió unos quince centímetros hacia el techo. Casi parecería una antena de radio FM si no fuera por los estirados rizos de las nuevas hojas a lo largo de su extensión. Otros zarcillos han empezado a arrastrarse sobre el estante donde puse la planta, y están enredándose entre ellos a la manera en que lo hacen las hiedras. Arranqué uno de estos zarcillos sueltos (tuve que pararme sobre mi balde de limpieza puesto al revés para alcanzar la altura de Zenith) y se soltó... pero me produjo cierta repugnancia. Los zarcillos se han pegado al estante de madera con una fuerza sorprendente. Pude oír el leve sonido rasgante del zarcillo cuando se separó de la madera, y no le presté mucha atención al sonido. Dejó una pequeña marca en la pintura. Tiene, cerca de la maceta, una única flor azul oscuro: ni muy bonita ni demasiado notable. Es un tipo de flor, me parece, producida por la clase de hiedra llamada comúnmente agalla-sobre-el-suelo. ¿Pero... todo esto en tres semanas?
Tengo un desagradable presentimiento con respecto a esta planta. Se debe tanto a la manera en que tan fácil e inconscientemente me refiero a eso como "él," creo, como por su extraordinario y rápido crecimiento. Sería bueno que un botánico le eche un vistazo. Floyd debe conocer alguno. Hay algo más pero no pienso ni anotarlo. Creo q
(más tarde)
La de recién fue mi tía Olympia, llamando desde Babylon, Alabama. Mi madre murió. Fue muy súbito, me dijo a través de sus lágrimas. Un ataque cardíaco. Durante su siesta. No sintió dolor, me dijo a través de sus lágrimas. Como cualquiera lo sabe. Oh mierda, mi madre. Yo la amaba. Tía O. dijo que estaba tratando de comunicarse con Floyd pero que nadie le contesta, oh yo la amaba, a mi dulce, gorda y quejosa madre que vio mucho más de lo que contaba y supo mucho más de lo que decía. Oh yo la amaba y la amo.
Ahora lo mejor es ponerse en movimiento. Primero Floyd, luego todos los arreglos; la familia; el entierro. Oh mamá, te amo.
Tenía whisky. Tomé dos tragos largos. Ahora sí voy a escribirlo. Esa planta. Zenith. Zenith la Hiedra Común. No puede ser una hiedra. La puta cosa es carnívora. Hoy ví enrolladas dos hojas que se abrieron hace tres días. Así que las desenrollé. Esto pasó mientras estaba parado sobre el cubo de la limpieza, mirándola. Había una mosca muerta dentro de una hoja. Lo que me temo que era una araña bebé, descompuesta en su mayor parte, dentro de la otra hoja. Ahora no es el momento. Me ocuparé de eso en otra oportunidad.
Cristo, desearía haber podido decirle adiós a mi mamma. ¿Alguna vez en la vida tenemos una oportunidad para decir adiós?

Extraído del The New York Post, página 1, 27 de marzo de 1981:



¡GENERAL LOCO MUERE EN LA FUNERARIA DEL HORROR!


(Especial para el Post)
Ayer por la tarde fueron recupe-radas las cenizas mezcladas de un hombre y una mujer del exterior del crematorio de la Funeraria Descanso Sombrío (L.I.), y las cenizas y huesos de un segundo hombre, que se sospecha que pertenecen al General Mayor Anthony R. Hecksler (Ret.), quien escapó hace veintitrés días del Asilo de Oak Cove del estado de New York, y que fueron encontradas dentro del propio horno del crematorio.
Los otros dos cuerpos eran los del señor Hubert D. Leekstodder y su esposa, los propietarios de Descanso Sombrío.
Fuentes cercanas a la investi-gaión dijeron ayer al Post que Hecksler había tenido tratos comerciales con el señor y la señora Leekstodder hace algunos años, y que ellos estaban en su "lista de rencores". Un oficial de la policía que pidió no ser identificado dijo que el loco dejó una nota señalando a los Leekstodders como "apóstoles del anticristo" y como "los autén-ticos perdedores de los alrededo-res."
La nota se encontró clavada al lóbulo de la oreja de un cadáver en el cuarto de reposo de la Funeraria.
"Perdedores o no, ellos ahora están más que crujientes," dijo el Teniente de Policía Rodney Marksland del Departamento de Policía de Long Island.
Según la fuente policial del Post, los detalles de lo que ahora se cree que es un suicidio y un doble asesinato son sumamente espantosos. "Creemos que prime-ro mató a los Leekstodders y luego quemó los cuerpos en el crematorio, más que nada porque es demasiado horrible pensar que pudiera quemarlos mientras toda-vía estaban vivos," dijo la fuente. "Pero no hay muchas dudas sobre lo que hizo luego; barrió las cenizas, encendió el gas, se arrastró al interior del horno —a pesar de que la temperatura debe haber sido muy alta— y simplemente accionó su Bic. ¡Puf! 1,500 grados de temperatu-ra. Los chorros de llamas todavía estaban ardiendo cuando las alarmas de calor se escucharon en la calle y la nuera de los Leekstodders fue a ver qué esta-ba pasando."
No fue un encendedor Bic el que el General loco realmente accionó, sino un Zippo plateado con el Emblema del Ejército en él y en el que estaba grabado PARA TONY DE DOUG/AG. 7, 1945. Se cree que el "Doug" es el más íntimo amigo de Hecksler, el General Douglas MacArthur.
"Era Tripas de Hierro, segu-ro," afirmó la fuente del Post, agregando que además del encendedor, los investigadores encontraron varios artículos entre los montones de huesos mancha-dos de cenizas en el horno de la muerte, que fueron positivamente identificados como pertenecien-tes a Hecksler. Aunque rechazó describir todos estos elementos, nuestra fuente exclusiva reveló al Post que dos de ellos eran dientes de oro implantados luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Hecksler fue breve-mente capturado por los alema-nes durante un operativo de inteligencia en noviembre de 1944, y dos de sus dientes le fueron arrancados durante un interrogatorio. Fueron los reem-plazos para esos dos dientes los que encontraron los investigado-res en el horno del crematorio, según la fuente del Post.
Historias relacionadas: Los Neoyorquinos Respiran un Sus-piro de Alivio (pag. 4); La Pintoresca Carrera de Tripas de Hierro Hecksler (página central).

DE LAS INCURSIONES DE TRIPAS DE HIERRO HECKSLER


[Nota del Editor: Estas anotaciones fueron escritas en varios borradores S & H Green Stamp que aparentemente el General llevaba consigo en todo momento.]
29 de Marzo del 81

1990 hrs.

Localización Clasificada

Operación Pie Caliente completada con éxito. Dos nuevos apóstoles del Anticristo exitosamente despachados al infierno del que vinieron. Además de un vagabundo. Afligido por tener que sacrificar el encendedor. Duele bastante, pero estoy bien. Puedo soportar el dolor. Siempre he podido. ¡¡JA!! Los periódicos dicen que estoy muerto. Uniforme quemado. Tras las líneas enemigas. El tiro dio en el blanco. He estado antes allí, ¡¡JA!! Irse se pone duro. El rufián continúa. Debo infiltrarme en la ciudad. El Judío Señalado sin duda se siente aliviado por los informes sobre mi muerte. La guardia baja. El próximo fin de semana comenzará la Operación Lombriz-de-Libro. Un abril tramposo para el Judío Señalado, ¡¡JA!! He tenido un sueño. Alguien llamado CARLOS está buscándome. ¿Significa una amenaza para mí? Sí pienso que sí. CARLOS=nombre sudaca. Los sudacas condenaron a los buenos luchadores. Son astutos. La ciudad llena de rufianes mongoloides-políglotas. Peor que nunca. El aire lleno de transmisiones mata-cerebros. ¿Hubo un terrorista llamado CARLOS? No importa. Zenith House es mi objetivo. Me infiltro este fin de semana. Asesinar al Judío Señalado. Asesinar a todo el personal si es posible. Asesinar a CARLOS si es que CARLOS existe. A todos los apóstoles del Anticristo. Podré pensar mejor en el Anticristo y en otras cosas luego de conseguirme algunos supositorios.

Un memorándum de Harl
fecha: 30/3/81

a: Roger Wade, Editor en Jefe, Zenith House

asunto: ¡¡Tres Libros!! ¡¡La Ley de la Gravedad!!

¡Rog!
Escucha, nene, me entrevisté este último vier. con Teddy Graustark, el vip de Apex a cargo de Medios Impresos. Los temas principales fueron: Herramientas Calientes, El Ciclo Crudo, El Mercenario del Tercer Mundo, Tu Embarazo, y Las Nenas Calientes. Ya los desechamos a todos salvo a El Mercenario del Tercer Mundo y a Tu Embarazo. También tocamos el asun. de Zenith House. Te conseguí un poco más de tiempo, nene, pero mejor olvídate del año que te prometí (que de todas formas ya estaría promediando los nueve meses, ¿quieres editar a Tu Embarazo?; es una broma). Graustark te dará hasta el 30 de junio para encontrar tres (3) libros que garantices que sean hits en la lista de Bestsellers del New York Times. Creo que si no lo logras tendrás el trabajo asegurado sólo hasta el verano de 1982. Si estos libros realmente se convierten en bestsellers, estarás a salvo hasta la mitad de la década o incluso por mucho más tiempo. Pero si fallas, para finales de octubre, la permanencia de Zenith seguirá el mismo camino que Herramientas Calientes y El Ciclo Crudo.


Puede no interesarte, Roger, nene, pero Graustark me azuzó con su propia versión de la Ley de la Gravedad, que me sonó a algo así como ¡CIERTO, CIERTO, CIERTO!: ¡LA MIERDA RUEDA CUESTA ABAJO! Como una avellana. Y aunq' sea triste, es la verdad. Esta bola de mierda en particular empezó con el Gran Jefe Número Uno de Apex, Sherwyn Redbone, después rodó hasta mí. Ahora estoy haciéndola rodar hacia tí, Rog, y supongo que tú la seguirás haciendo rodar hacia abajo, a tu personal de redacción, los únicos que podrían detenerla antes de que recorra todo el camino hasta el fondo de la colina. Si ellos no pueden detenerla, tu cómoda y pequeña casita en el fondo de la colina va a terminar sepultada bajo una enorme y apestosa bola de mierda.
Recapitulando (que eso no suene como una rendición, ¿estamos?), aquí está tu misión, tu única opción es aceptarla (una broma). Tres (3) libros que puedas garantizar que sean bestsellers, entregados para el 30 de junio. Los tres deben aparecer en la lista del Times este año, lo que significa que lo mejor sería que los empieces a producir lo más pronto posible.
Lamento la prisa, nene, pero como dice El Jefe de las Tablas (o sea Frank Sinatra, no el señor Redbone), "Así es la vida, así es como se pasa."

Tuyo,


Harl Enders

Interventor, Apex



de la oficina del editor en jefe
A: John Kenton, Herb Porter, Bill Gelb, Sandra Jackson,

FECHA: 30/3/81


MENSAJE: Bien, mi intrépida redacción, el globo se ha soltado. Querrán leer la obra maestra de Harlow Enders por sí mismos, pero el desafío que nos han planteado está bien claro: ubicar tres libros de bolsillo en la lista del Times, donde nunca antes ha estado ningún producto de Zenith House, para el 31 de diciembre o antes. Esto es absurdo, por supuesto —es como desafiar a alguien a escalar el Everest en bermudas y zapatillas— pero eso no cambia nada.
Hoy a la tarde tenemos reunión editorial, como siempre, aunque esta vez me gustaría por escrito: ¿tiene alguno de ustedes un libro que podamos considerar un bestseller? Quiero los memorándums para el mediodía.
Memos, por favor, no llamadas. Desde ahora y hasta el fin, quiero transcripciones de todo lo que hagamos. Aunque no sirva para otra cosa, podría necesitar un gran fajo de papel para meterle a alguien en el culo.

Roger


memorándum de oficina

A: Roger

DE: Bill Gelb

REF: ¿¿¿Posible Bestseller???

Estás bromeando, por supuesto. Esto es una locura. Tengo la nueva novela de Mort Yeager (la escribió en la biblioteca de la prisión de Attica) y sólo sería publicable si le recortamos la brutalidad (en la mitad del libro, y no te estoy cagando, el villano tiene sexo con el gato de la casa), pero es así. También conseguimos los derechos para novelar Lesbo Drácula (se vé tan pictórico como Las Nenas Calientes de este mes), aunque ahora aparecieron ciertas dudas sobre si distribuirlo en cualquier parte que no sean las tiendas de pornografía. Más allá de eso, el armario está vacío.

B.G.


P.D. ¿Este memorándum de Enders es una broma, no? Una broma cruel.
P.P.D. ¿Cuándo vuelve Riddley de Alabama?

memorándum de oficina


A: Roger

DE: Herb Porter

REF: Posible Bestseller

La idea de que este lugar pueda generar un bestseller, y no hablemos de tres, es absurda. Habiendo dicho eso, tengo una idea un poco alocada, y puedes ignorarla si quieres, pero aquí va. Hagamos que Olive Barker —quien en mi opinión sigue siendo nuestra mejor escritora fantasma— escriba una rápida biografía de Tripas de Hierro Hecksler, centrada en su desbarajuste final. Ahora que el tipo está muerto, tenemos el cuento completo: el comienzo, el nudo, y el ardiente desenlace. Incluso podría agregar en un capítulo lo que pasó aquí, quizá sacándole un poco el jugo. ¿Qué te parece?

Herb

P.D. Creo que debes agarrar a Enders y matarlo, solamente por llamarte "nene". Las malas noticias ya son lo suficientemente malas. El tipo está siendo condescendiente.



P.P.D. ¿Has tenido alguna noticia de nuestro cartero y personal de conserjería? Riddley, en otras palabras. Hoy pasé por su cuarto. Algo allí huele muy bien. Como a tostada caliente y mermelada.

memorándum de oficina


A: Roger Wade

DE: SANDRA JACKSON

REF: Petición absolutamente idiota.

Roger (¿o tendría que llamarte "Nene"?),


Zenith House nunca ha publicado un bestseller y nunca PUBLICARÁ un bestseller. Aunque YO tengo una idea bastante intere-sante. Tiene que ver con Anthony L.K. LaScorbia, nuestro escritor de Inmundas Criaturas del Infierno. Aparentemente la gente le ha estado enviando chistes a Tony. Por ejemplo: "¿Cómo le dicen a 5 millones de hormigas rojas brasileñas marchando?" Respuesta: La hora del almuerzo en Río. O si no: "¿Cuántos bebés se necesitan para saciar a una horda de escorpiones alborotados?" Respuesta: ¿Cuántos conseguiste? Sé que no parecen muy cómicos, pero yo me reí hasta casi mearme encima, y varias personas a las que se los conté también se rieron (y algunas contra su voluntad, por el aspecto de sus caras). ¿Por qué no dejamos que lo intente? No puede ofender a nadie. Piensa llamarlo Chistes del Infierno. Insiste en que se trata de un nuevo estilo de humor, lo que él llama el "Chiste Enfermo."
¿Y tú qué piensas?
Sandi
P.D. ¿Cuándo vuelve Riddley? ¡Mi cesto está desbordado! Hoy me asomé en su cuarto, ¿y sabes qué? Huele bien. De la misma forma que olía la cocina de mi abuela cuando cocinaba galletitas. Quizá me las esté perdiendo.

memorándum de oficina


A: Roger

DE: John

REF: Petición demente

REF: Respuestas de Bill, Herb, y Sandra.

Herb fue el que mejor lo expuso, nene: la idea es absurda. No obstante, continúo abriéndome paso a través de los manuscritos viejos. Por el momento no he encontrado ninguno bueno, y ya voy por los últimos dos estantes. Aunque no sirva para nada, al menos vamos a quedarnos sin empleo, pero sabiendo que el cuarto del correo está limpio para la próxima compañía que se mude aquí.
Habiéndote dicho eso, déjame agregar que me desalenté (más de lo normal, quiero decir) al comprender que debo contarme, junto con Bill, entre las cabras en lugar de las ovejas. Quiero decir que, al menos, Herb y Sandra propusieron ideas, ¿no es así? Lo cual me lleva al propósito real de este memo. Tú eres el jefe, no yo, pero realmente creo que ambas ideas tienen mérito. Un libro sobre el General se vendería, sobre todo si nos apresuramos a lanzarlo. Sé que no tenemos la capacidad como para producir un "libro del momento" como los que siguieron al descubrimiento de las grabaciones de Watergate, pero Olive podría trabajar rápido, sobre todo si Herb se pusiera a trabajar con ella. Estoy seguro de que él se daría un papel estelar, pero hasta eso podría funcionar.

La idea del libro de chistes es algo más difusa, pero tengo que reconocer que cuando la leí, sentí que algún oscuro circuito en mi interior (probablemente uno del que debiera sentirme avergonzado) se calentaba. ¿Sería posible que pudiéramos extender el alcance, es decir, publicar los chistes más enfermos de cada tema? ¿Y buscarle un nombre cómico al autor, algo así como Ima Enfermo o I.B. III? Sé cómo suena esto —en una palabra, inmaduro— pero sin embargo me parece que podría haber algo allí.


Mi primera reacción fue desearía haber sido yo el que pensara en eso. Un chiste enfermo en sí mismo. Está claro que hemos alcanzado el fondo del barril, pero creo que debe quedarte algún cartucho. Entretanto, yo continuaré con los últimos manuscritos sin devolver. Llegué demasiado lejos como para echarme atrás justo ahora.

John


P.D. Un libro de chistes sería más rápido de terminar que un libro ficticio sobre el viejo Tripas de Hierro. Lo tendríamos listo en algo así como una semana. Todos tendríamos que ponernos a trabajar para encontrar la mayor cantidad de chistes escabrosos que podamos recordar. P: ¿Cómo le dicen a un niño que no tiene ni brazos ni piernas? R: Segunda base.
P.P.D. Realmente fui presidente de la Sociedad Literaria en la Brown, aunque todo aquello ahora me parece como si fuera un sueño. De hecho, todo este año me parece un sueño.
P.P.D.D. ¿Por qué están todos tan preocupados por Riddley? ¿Que es eso de buenos olores saliendo de su armario? La última vez que estuve allí olía a moho y a Lysol. Tendré que comprobarlo. Además, estoy tentado de decirle a Sandra que sé exactamente donde puede meterse su cesto. Me encantaría poder ayudarla con el procedimiento de inserción, además.
P.P.D.D.D. ¿Cuándo vuelve Riddley? ¡Lo extraño a e'te tipo! ¡Sí seor!

de la oficina del editor en jefe

A: Herb


FECHA: 30/3/81

MENSAJE: El libro sobre Hecksler tiene luz verde. Título provisorio: El General del Diablo. Comunícate de inmediato con Olive Barker. Estás autorizado a ofrecerle 2,500 dólares más gastos, a 150 dólares semanales, durante cuatro semanas. Si nos estamos hundiendo, al menos vayámonos a pique gastando el dinero de Apex tan rápido como podamos. Necesitaremos fotografías para una sección en medio del libro. Tú trabajarás con Olive a cada paso del camino, Herb. Dile a ella que tendrá que dejar los barbitúricos durante el trabajo.


Los antidepresivos son mejores.




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