La radio: de los pañales a los pantalones largos



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LA RADIO: DE LOS PAÑALES A LOS PANTALONES LARGOS

Diego Acosta


Durante la prodigiosa década de los veinte apareció, se abrió paso y se instaló en la vida cotidiana de unos pocos argentinos la radio. De las experiencias de nuestros pioneros –casi simultáneas a las que se realizaban en los Estados Unidos y Europa– al disfrute masivo de este medio, transcurrieron poco más de veinte años.

La historia de la radio comienza en la Argentina cuando un grupo de jóvenes, con fuertes lazos de amistad y grandes inquietudes comunes, se deciden a impulsar sus sueños. Se habían conocido en la Facultad de Medicina y forjaron su relación por ser amantes de la música y por querer desarrollar un sistema que permitiera las comunicaciones sin hilos.


A mediados de la década de 1910, cuando en Europa se libraba la Primera Guerra, ellos, en Buenos Aires, trabajaban tratando de superar los límites que les imponía el sistema a galena. Éste se basaba en una piedrita gris-azulada de compuestos de plomo, lustrosa, que tenía la singular propiedad de captar vibraciones sonoras y de impulsarlas a través de un rudimentario aparato auricular. Su uso estaba restringido a los iniciados en la casi desconocida actividad de los radioaficionados.
Una notable casualidad puso en camino a los que luego serían los pioneros de la radio en el mundo. Una noche, mientras conversaban dos de nuestros protagonistas, escucharon nítidamente el canto de un gallo. Esto les hizo concebir la posibilidad de transmitir la voz humana y, llevando más lejos la ensoñación, hasta transmitir música a través de un micrófono.
Enrique Sussini, Luis Romero Carranza, César Guerrico y Miguel Mujica se pusieron entonces a trabajar en ese proyecto. Todo se vio facilitado por dos circunstancias vinculadas a la actividad de Enrique Sussini. En 1919, cuando trabajaba en el Ministerio de Marina, en su condición de médico especialista en nariz, garganta y oído, fue enviado a Francia a investigar las consecuencias de los gases asfixiantes utilizados durante la terrible “guerra de las trincheras”. Allí, Sussini logró tener acceso a elementos que eran de uso totalmente limitado al plano militar. Lo cierto es que cuando regresó a Buenos Aires pudo traer las lámparas Metal, que suponían un gran avance en cuanto a los niveles técnicos de los que disponían los integrantes del grupo precursor. La otra cuestión, desde dónde transmitir, fue resuelta por el mismo Sussini al recibir el encargo de transformar el viejo recinto del circo en un teatro, en el Coliseo en la calle Charcas al 1100.
Fue allí, con el apoyo de los dueños de la sala, Walter Mocchi y Faustino da Rossa, que se impulsó la idea de realizar la transmisión.
Cuando los trabajos estaban en los tramos finales para su ejecución, llegó la noticia de que el sabio Guillermo Marconi había transmitido desde sus estudios un concierto de la cantante australiana Nellie Melba, el 16 de junio de 1920. Pero el acontecimiento no empañaría el intento de los pioneros argentinos, por cuanto estrictamente lo realizado por Marconi no fue una emisión al estilo de una radio, como se realizaría luego en la capital argentina.
La primera emisión: Parsifal para pocos
Los entusiastas jóvenes reunieron con gran inventiva los materiales necesarios e instalaron una rudimentaria antena entre una de las torres del Coliseo y la cúpula de la casa de la esquina de Cerrito y Charcas, en pleno centro de Buenos Aires.
Con el permiso de los artistas, se instaló un primitivo micrófono en lo alto del paraíso y fue para el momento tan eficaz que se escuchaba hasta la voz del apuntador. No obstante, al micrófono se le adosó una bocina de madera de la misma forma que los fonógrafos de la época. Se instaló un equipo transmisor de 5 vatios y con gran entusiasmo todo estuvo listo para la histórica noche del 27 de agosto de 1920, el día en que nacía la radiofonía en el mundo.
Así fue como, alrededor de las 20,30 hs, la voz emocionada del doctor Enrique Sussini iniciaba esta presentación: “Señoras y señores, la sociedad Radio Argentina les presenta hoy el festival sacro de Ricardo Wagner, Parsifal, con la actuación del tenor Mestri, la soprano argentina Sara César, el barítono Rossi Morelli y los bajos Chirino y Paggi, todos bajo la dirección de Félix von Wingartner, secundado por el coro y orquesta del Teatro Constanzi de Roma”.
El maestro von Wingartner marcó los compases y los veinticuatro violines de la orquesta iniciaban los primeros acordes de los temas de La Cena, La Lanza, La Fe, el preludio de Parsifal.
La transmisión era ruidosa, pero el hecho histórico estaba consumado y nacía un revolucionario invento que cambiaría decisivamente los hábitos de las gentes y también modificaría profundamente la vida pública y daría un vuelco fundamental a la actividad política.
La audiencia de aquel día se circunscribía a quienes tenían los aparatos necesarios para escuchar por un auricular. Se recuerda entre ellos al señor Paz, director del diario La Prensa; Quevedo, el doctor Sauce, el doctor Valdivieso, los hermanos Manuel y Rodolfo Erp, Molagiodi, Antonio Devoto y Benjamín Gachi, que luego serían los propietarios de Radio Splendid; Martínez Seeber, Bronenberg, Kiku Frías, Lorenzo Maza, Ricardo Scoda y unos pocos más, además de los radiooperadores de marcos y unidades militares.
La transmisión pionera terminó en los primeros minutos del día 28, y también fue escuchada por un barco que estaba en el Puerto de Santos en Brasil.
Se cuenta que el presidente Hipólito Yrigoyen, al enterarse de la novedad, formuló este comentario: “Cuando los jóvenes juegan a la ciencia es porque tienen el genio adentro”.
La antena, que tenía unos cuarenta metros de largo, serviría para que, en los siguientes diecinueve días, se siguiera transmitiendo desde el Teatro Coliseo. Se ofrecieron entre otras: Aída, con De Muro; Iris, con Gilda Dalla Rizzia y Beniamino Gigli; Rigoletto, con Ángeles Otein y Giacomo Lauri Volpi; Manon, con Genevieve Vix y Grabbs.
Cuando terminaron las transmisiones de óperas del Coliseo, se montaron actuaciones especiales de los propios pioneros y en las que el doctor Sussini, además de ser el speaker, cantaba en castellano, francés, alemán, italiano y ruso. La picaresca fue que el mismo intérprete se cambiaba de nombre para cada idioma, intentando disimular que solamente cuatro personas eran las que actuaban.
La música popular se incorporó a las transmisiones cuando se tendió una línea hasta el club Abdullah y, poco después, desde una boîte del pasaje Güemes. También, entre los incipientes servicios que se ofrecía a través de la radio, figuraban las primeras informaciones. Otro hecho destacable es que poco a poco las transmisiones fueron mejorando desde el punto de vista técnico con la incorporación de materiales que se traían desde los Estados Unidos y Alemania.
Al año siguiente, en 1921, la audiencia comenzó a crecer con la aparición de mejores aparatos de recepción, que permitían tener no uno sino varios auriculares.
Las transmisiones se efectuaron ya no sólo desde el Coliseo, sino también desde el Teatro Colón.
Se registró por aquella época un hecho que marcaba claramente cuál era el espíritu que animaba a los pioneros. En oportunidad de transmitirse la ópera Tosca con Beniamino Gigli, desde el Teatro Colón, les fue hecho el primer ofrecimiento para incluir publicidad. La iniciativa fue estudiada y luego rechazada. Importaba el servicio, la promoción de la música y, naturalmente, era lógico suponer que la publicidad se contradecía con ese propósito.
Ese año también sería histórico por otro hito que marcaba el país: se fundaba el Radio Club Argentino, el primero de toda América. La vida de Buenos Aires tenía un nuevo motivo de comentarios: lentamente crecía el número de propietarios de los receptores y el invento atraía a más y más gente, que apoyaba la creación de “los locos del Coliseo”, como se llamaba a los pioneros.
En 1922, la primera radio del mundo se traslada a la azotea de la casa de remates Guerrico y Williams, en Carlos Pellegrini y Charcas [hoy Marcelo T. de Alvear], donde se instala una antena de madera de 35 metros de altura y se aumenta la potencia del equipo transmisor.
Los cuatro socios pagaban entonces un alquiler mensual de 6000 pesos. El impulso de la actividad determinó que se formara una empresa que producía programas de música popular, con la denominación de Corporación Argentina de Radio Sud América, con estudios en San Martín y Corrientes.
Las transmisiones de Radio Argentina se realizaban desde los teatros Coliseo, Colón y Cervantes, desde donde actuaron, entre otros: López Buchardo, Constantino, Gaito, Pessina, Rubinstein, Casadó y Risler. Siempre en 1922, y fruto de la iniciativa de un grupo de empresarios italianos, franceses y alemanes, nacía Radio Sud América. Este emprendimiento fracasaría muy pronto por los graves problemas económicos que debieron enfrentar sus responsables. De esa radio se harían cargo los dueños de Radio Argentina y allí el doctor Sussini pagaría por primera vez a un artista para trabajar.
Solamente habían pasado dos años desde el momento en que se había registrado la primera transmisión de radio de la historia cuando se verificaba otro hecho de alcance y vigencia mundial. El intendente de la ciudad de Buenos Aires, en 1923, autorizaba “el funcionamiento de audiciones artísticas, musicales, científicas e ilustrativas en general, intercalándose avisos de propaganda comercial estrictamente morales”.
La publicidad irrumpe en la radio
Era esa la primera legislación que se hacía sobre este ingenio y también la primera vez en que se incluía la normativa para la publicidad. El intendente Juan Barnetche concedía la primera licencia en el mundo. Con una sencillez notable y que marcaba el espíritu de la época.
La posibilidad que se abría a los pioneros, a los riesgos, era enorme.
Fueron los licenciatarios de la que se llamaría Radio Cultura y que tenía la sigla LOX y de la que fueron titulares los hermanos Federico y Enrique del Ponte, y el ingeniero Alberto de Bary. El transmisor que se montó tenía ya 25 vatios y el estudio fue inicialmente instalado en el Plaza Hotel, pero casi inmediatamente se trasladaron a un caserón de la avenida Alvear y Canning (actual Scalabrini Ortiz).
Enrique del Ponte era el speaker, como se llamaba por aquel entonces a los locutores, y se le adjudica el hecho de haber sido el primero en leer un aviso publicitario. Junto a él trabajó poco después el barítono Aldo Rossi.
Eran épocas de penurias económicas y los primeros avisos correspondieron a un perfume y a las medias Manon, cuyos textos eran de gran sobriedad, para cumplir las normas de “avisos estrictamente morales”.
En Radio Cultura aparecería tiempo después un hombre “mítico” de la radiofonía argentina: Federico Albino Domínguez, un uruguayo naturalizado argentino, con una impresionante voz de cantante de ópera, cuya trayectoria profesional superó largamente el medio siglo frente a los micrófonos.
Él precisamente memora que en 1923 no se pasaban discos, que los artistas actuaban “en vivo” y que los comerciantes eran muy remisos para anunciar en radio. Se recuerda por aquella época, además de los avisos del perfume y de las medias Manon, a los automóviles Packard y al Trust Joyero, que anunciaba el “top” de la hora. Como anécdota vale la pena recordar que al comienzo el ruido característico del “top” se daba golpeando una cacerola, pero luego el anunciante mandaría a la radio un gran reloj de pie. Actuaban por aquella época Rosita Quiroga, Carlos Di Sarli, y dos dúos famosos: Acuña-Gallo y Lombardi-Beltrán. Se recuerda que el mayor Eduardo Olivero comentaba la guerra de las trincheras. El sueldo de Domínguez era, en 1923, de 300 pesos, fabuloso si se lo comparaba con otras remuneraciones.
Ese año sería también rico en otros acontecimientos.
Miguel Roux Deledicque instalaba Radio Sud América en el pasaje Roverano de la Avenida de Mayo, frente al edificio de La Prensa. Allí comenzaría a hacerse famoso un pianista: Adolfo Avilés.
Otro hecho memorable para la historia de la radio y el deporte argentinos lo constituiría lo que bien puede llamarse la “primera transmisión de un acontecimiento deportivo”, la pelea Dempsey-Firpo.
El empuje que tenían los pioneros era acompañado por otros empresarios no menos audaces. Aparecían a la venta los primeros aparatos a “válvula” y también los que serían precursores de la creación de las primeras agencias de publicidad, tal como hoy se las conoce.
La radio hacía famosos varios temas: Sufra, Amor y celos, y el que sería todo un clásico: Desde el alma, de Rosita Melo.
Comenzaban a tener gran notoriedad José Bohr y Alberto Wells. El año 1924 vería cómo cada vez más empresarios arriesgaban en el nuevo medio. Solamente en Buenos Aires salían al aire cinco emisoras: LOV Radio Brusa, luego Excelsior; Radio Libertad, hoy Mitre; LOW Radio Grand Splendid, luego Splendid; LP6 Casa América y LOY Radio Nacional, luego Belgrano. En el interior se concede permiso a la Sociedad Rural de Rosario para la aparición de Radio Cerealista y, en la ciudad de Santa Fe, José Roca Soler daba su nombre a Radio Soler.
Otra nueva radio de Buenos Aires, LOZ Broadcasting La Nación, ponía en el aire la segunda pelea de Luis Ángel Firpo en Estados Unidos, ante Harry Mills, desde Pittsburgh. En realidad, ya el diario La Nación utilizaba por primera vez en el mundo la radio para mejorar la recepción de las noticias. La Nación publicaba al día siguiente de la pelea: “La instalación inalámbrica, mediante la cual ha sido posible asegurar un contacto noticioso perfecto entre Nueva York y la República Argentina, consiste en un aparato de aspecto humilde que se oculta debajo del primer asiento junto al ring. Casi podría decirse que ese aparato conoce las palabras, pues consta de transmisores especiales o ‘crófonos’ parecidos a un teléfono cualquiera, pero dotados de una sensibilidad exquisita. Éstos están directamente conectados con amplificadores de tubos al vacío, en los que adquieren un impulso suficiente como para transmitir la voz del cronista hasta Pittsburgh. Para esto están provistos de grandes baterías acumuladoras y una veintena de pilas secas. En Pittsburgh la voz pasa directamente a la gran sala de la sección broadcasting de la compañía Westinghouse generalmente conocida como KDLA y de allí la emisión llega directamente a Buenos Aires”.
En el 1925 se registra otro hito mundial. La primera transmisión completa de un partido de fútbol.
La radio se populariza: tango y noticias
Las radios a “válvula” ampliaban considerablemente la audiencia y el nuevo invento cambiaba los hábitos de los porteños. Sobre todo por las noches era común juntarse en las casas donde se tenía un aparato y escuchar las transmisiones, para disfrutar de los artistas famosos de entonces.
Las canciones, aires camperos, eran las predecesoras del tango. Mi noche triste, que había sido conocida en 1917, comenzaba a ser una melodía popular.
En el ’25 canta por primera vez por radio un mito argentino: Carlos Gardel. Cantaba en Radio Splendid y le pagaban por cada actuación con una botella de oporto extranjero y un paquete de galletitas que mandaban a comprar en un negocio al lado mismo de la radio.
Ese mismo año surgen las nuevas radios en La Plata: Radio Universidad Nacional y Radio Provincia de Buenos Aires.
El 6 de noviembre inauguraba oficialmente sus transmisiones LOZ Broadcasting “La Nación Sociedad ABC”, para difundir instantáneamente al público las noticias importantes que se producían durante el día “en el país y en el extranjero”, como se anunciaba en los comienzos.
Vale destacar que era la primera radio propiedad de un diario y todos sus elementos técnicos habían sido producidos en el país. Actuaron en la transmisión inaugural Roberto Casaux, un conjunto de música de cámara integrado por los instrumentistas Rafael González, Remo Bolognini y Ramón Villaclara; la concertista de guitarra María Luisa Anido, el tenor Carlos Rodríguez Rainier, el actor Florencio Parravicini, el pianista Rafael González y la contralto Paula Weber.
Además de la iniciativa del diario La Nación, se registran dos nuevas apariciones de emisoras. Radio Atlántica de Mar del Plata y Radio Municipal de Buenos Aires.
En 1925 se registra la que sería una de las primeras ventas de una radio. Los pioneros, ya médicos los cuatro, reciben una oferta de los dueños de Radio Primero y desde esa época Radio Argentina comenzaba a tener publicidad comercial.
El precio de la venta fue de 100 mil pesos. Con ese dinero fundarían la empresa Sociedad Anónima Vía Radiar, pionera de las comunicaciones de onda corta en la Argentina, gracias a la cual se estableció el contacto entre Buenos Aires y Madrid.
En 1927 comienza a transmitir Radio Central, en Córdoba, y Tita Armengol se convertía en la primera mujer que pasaba un aviso publicitario en la Argentina, trabajando en Radio Prieto.
Eran famosos temas que perduran hasta hoy, entre los que se cuentan algunos cantados por un binomio insoslayable: Carlos Gardel-Razzano, con Los ojazos de mi negra, Mi noche triste y Melenita de oro. A esa lista se agrega Cicatrices, cuando comenzaban la evolución del tango Juan Maglio Pacho y Julio de Caro. Raquel Meller cantaba La Violetera y Regina Pacini, No te olvido.
Los boletines informativos eran cada vez más importantes dentro de los esquemas de las radios. La prensa inauguró un servicio que estaba a cargo de sus periodistas, que no sólo redactaban las noticias, sino que también las leían, desde la sede del propio diario. Fueron los precursores de los que con el tiempo pasarían a llamarse “redactores lectores”.
En 1928 se suma Radio Rosario a Radio Cerealista. En la Argentina el medio crecía casi sin pausas. En el mundo comenzaban a gestarse los acontecimientos que culminarían con la gran depresión del ’29.
En Italia, Benito Mussolini comprendía la enorme importancia de este nuevo invento y lo ponía al servicio del fascismo. Eran también los comienzos de Adolfo Hitler, quien advirtió rápidamente que la radio podría serle muy útil al nazismo.
No será ajeno a ese interés y a esa realidad uno de los hombres que resultará vital para la propaganda nazi: Goebbels.
El presidente Yrigoyen, en 1929, legisla por primera vez a nivel nacional sobre la radio. Impone un sistema de licencias por el que los propietarios debían abonar 5000 pesos por año para su uso.
Llegaba así 1930 y la radio cumplía sus primeros diez años. Comenzaba una década plena de grandes acontecimientos para la vida del país y el mundo. Y también, una época de esplendor para el invento de “los locos del Coliseo”.
Los cuatro médicos que habían iniciado Radio Argentina reciben de la ITT una oferta fabulosa para la compra de su empresa de onda corta Vía Radiar. Reciben una cifra colosal para la época. Con buena parte de ese dinero, los pioneros de la radio darían muestra de su inagotable capacidad de creación, de su inalterable vocación por el riesgo en los negocios.
En 1932 fundan los Estudios Lumiton, en los que en el término de veinte años filmaron más de ciento cincuenta películas y crearon los estudios cinematográficos más grandes de América latina.
La radio ya se había ganado un lugar en la vida de los argentinos. Eran clásicas las reuniones que se realizaban en las casas de familia para escuchar a los artistas preferidos, para recibir las noticias y también para comenzar a idealizar a los speakers que se convertirían en los grandes protagonistas del invento de los doctores Sussini, Romero, Carranza y Guerrico.
Las transmisiones habían ganado en calidad. Ya no tenían el ruido parásito y los aparatos llamados “catedral” se vendían al razonable precio de 6 pesos, siendo las marcas más vendidas las Marconi, Prieto, Niza y Mickey.
La radio se había incorporado definitivamente a la vida de los argentinos, modificando sus pautas de vida. A tal punto llegó a ser importante este fenómeno, que se dieron situaciones notables, que tuvieron respuestas no menos notables.
La novela paraliza el pulso porteño
Como producto de las actuaciones en vivo en los estudios, de diálogos y también de la presencia de muchos artistas, comenzó a gestarse un auténtico acontecimiento. Un español, Andrés González Pulido, advierte que la radio podría ser el canal natural para iniciar una nueva actividad. Así inventa “Chispazos de Tradición”. En la opinión de mucha gente, el más grande éxito de todos los tiempos de la radiofonía argentina. Sus capítulos diarios llegarían a tener una audiencia tan importante que aquí sí cabe el término de que prácticamente a la hora de “la novela” la vida de la ciudad se paralizaba. Esto provocó que los negocios, y particularmente las tiendas, comenzaran a registrar grandes bajas de concurrencia de público, por cuanto sus grandes clientes estaban en sus casas pegadas a la radio. Esto determinó por parte de los dueños la adopción de medidas para contrarrestar ese impacto que se verificaba sobre todo en las ventas. Los propietarios tomaron entonces la decisión de publicar estos avisos en los diarios: “A partir de mañana, mediante parlantes, usted podrá escuchar su episodio radial favorito mientras observa todas nuestras ofertas”.
La evolución también alcanzó a los avisos comerciales. Los primeros eran leídos por los speakers y luego se produjeron los primeros jingles. Los memoriosos tendrán presente a Aperital Delor, Geniol, Jabón Federal, “Casa Lamotta, donde se viste Carlota” y aquel de “Casa Muñoz, donde un peso vale dos”. Las sastrerías competían. Belfast, de Esmeralda 55, hablaba de los dos números cinco juntitos y Braudo promocionaba sus dos pantalones. Y ciertamente es necesario recordar un jingle antológico: el de Geniol con su “Venga del aire o del sol/ del vino o de la cerveza/ cualquier dolor de cabeza/ se quita con un Geniol”.
Las radios tenían artistas consagrados por el gusto popular. Carlos Gardel ya era un ídolo. Por aquellos tiempos otras figuras populares eran Agustín Magaldi e Ignacio Corsini, que en poco tiempo más cantaría su inolvidable La pulpera de Santa Lucía. Se cuenta que era tan grande el respeto que Gardel tenía por Corsini, que nunca quiso cantar el tema que había escrito Blomberg.
Cinco mujeres aportaban lo suyo para el mundo del espectáculo: Berta Singerman, Libertad Lamarque, Mercedes Simone, Azucena Maizani y Tita Merello. Desde el exterior llegaban los discos de Lily Pons, Glen Miller, Judy Garland, Carlo Buti, Maurice Chevallier y Al Jolson. Nacía también la industria de los discos, con varias grabadoras que producían los negros de 78 rpm, que reflejaban en las ventas los éxitos que consagraban las radios.
Había también orquestas, como la de Francisco Canaro, Francisco Lomuto y la del ya nombrado Julio de Caro, en las que tocaban su hermano Francisco y quienes serían con el tiempo dos personajes de gran trascendencia en el tango, Pedro Maffia y Pedro Laurens.
En 1930 se concretaría otro episodio que marcó uno de los jalones de la historia de la radio. Jaime Yankelevich compraba Radio Nacional favorecido, según se cuenta, por disputas que habían tenido sus propietarios. El precio fijado fue de 120 mil pesos, a pagar a razón de 2000 pesos. Con Yankelevich, el negocio entra en una variante muy distinta. El nuevo licenciatario se percata de la magnitud que tenía comercialmente este invento y, por lo tanto, lo hace más popular de lo que ya era y, naturalmente, lo encamina para que tenga una alta rentabilidad.
Esa radio, Nacional, había tenido como a uno de sus fundadores a Pablo Osvaldo Valle, un locutor que, según él mismo contaría, trabajó, durante veinticinco años, dieciséis horas por día. En la época en que estaba completamente solo a cargo de la transmisión, para realizar gestiones o vender publicidad, apelaba a las óperas italianas, que le daban el margen necesario para ganar el tiempo que precisaba. Valle quedaría como socio de Yankelevich en Radio Nacional. En poco tiempo más comenzaría a trabajar, entre otros, todo un mito de este medio: Luis Elías Sojit, quien, junto a Juan José Piñero y Tito Martínez, locutores del box, se convertiría rápidamente en gran figura.
Ridículas prohibiciones y revistas
La Gran Depresión envolvía el mundo. En la Argentina, el presidente Yrigoyen era derrocado por un golpe que inauguraría una larga secuencia de gobiernos militares. Ya estaban por aquel entonces dos programas que eran verdaderas instituciones. El informativo del diario La Nación, por Radio Municipal con Alfredo Calisto, y la radial información de hacienda, de Víctor D’Apice, en Radio Continental. Arturo Carranza incorporaba también su audición: “Palabras Argentinas”.
En 1933, el gobierno del general Uriburu dispuso que la palabra “nacional” no podía ser utilizada de manera pública. Esto determinó que Radio Nacional cambiara su nombre por el de Belgrano. Los dueños del Teatro Nacional apelan a una picaresca para cumplir con la disposición del gobierno militar: el teatro pasa a llamarse National. Aparecían revistas que se dedicaban a comentar todo el mundo de la radio, siendo la precursora de ellas Radio Lectura, a la que luego se sumarían Radiolandia, Antena, El Alma que Canta.
En 1935, la editorial Haynes, de origen inglés, daría otro importante y decisivo paso en la historia de la radiofonía argentina. Era propietaria del diario El Mundo, y las revistas El Hogar y Mundo Argentino. Esa envergadura los llevó a crear Radio El Mundo. Tanto fue el empeño que puso la editorial Haynes en este proyecto, que se construyó el primer edificio pensado y diseñado para que en él funcionara una radio. Siguiendo la moda de la época, el edificio era un clásico del art decó. Se cuenta que no sólo fue el edificio cultor del estilo, sino que también los escritorios, sillas y hasta los atriles de la Radio eran art decó.
Así como la radio que impulsaba Yankelevich era de un tono francamente popular, el estilo de El Mundo sería de una gran sobriedad, de un mayor nivel en cuanto a sus pretensiones. Para respaldar ese proyecto se crea la orquesta sinfónica de la emisora, dirigida por Juan José Castro, con sesenta músicos en su planta estable. Y para ser consecuente con una línea de sólido contenido estético, se crean orquestas estables de acompañamiento de tango, de la denominada música ligera, folclore, y hasta un conjunto de guitarras. Don Armando Discépolo fue director de radio El Mundo y, a su impulso, también fue creado un elenco estable de radioteatro que animaban primeras figuras de la escena nacional.
En Belgrano actuaban Enrique Muiño, Enrique Serrano, Hugo del Carril y también la orquesta “internacional” de Feliciano Brunelli.
En ese año de 1935, a la radio le tocaría dar la primera gran noticia que habría de conmover a los porteños y a los argentinos. El 24 de junio, junto al ulular de las sirenas de los diarios, surgían las voces de los locutores anunciando la noticia increíble: Carlos Gardel había muerto en Medellín.
El gran dolor popular, las escenas inenarrables que ocurrieron, los suicidios, acaso iban a marcar que ese día comenzaba a gestarse el gran mito de los argentinos.
Tan sólo un año más tarde, Julio Jorge Nelson comenzaba a cultivar ese mito, con su programa “El bronce que ríe”.
En 1936, otra noticia habría de conmover a los argentinos y a la inmensa colonia de españoles. Franco se alzaba, el 18 de julio, contra el poder constitucional de la República, iniciando la cruenta Guerra Civil.
En 1937 se crea Radio del Estado, que luego pasaría a denominarse Radio Nacional.
Hacia finales de la década del treinta, podía decirse que había ya dos emisoras modelo en todo el orbe: la BBC de Londres y Radio El Mundo de Buenos Aires.
Surgían por aquellos años varios ciclos que fueron los preferidos por décadas por el público: “La voz del sur”, con José Ruzo por Radio América; “El éxito de cada orquesta”, con Julio Jorge Nelson; “Por los caminos de España”, con Eduardo Aguirre en Radio Argentina; “Voz del barrio”, con Liber Locasio por Radio Antártida.
Con todo, “Chispazos de tradición”, la gran creación de González Pulido, arrasaba con una modalidad que tuvo vigencia hasta no hace tantos años. Las novelas que llegaban a través de las radios habían convertido a sus actores en auténticos ídolos. La compañía actuaba durante todos los fines de semana en los círculos y los teatros de la periferia de la ciudad.
Tanto fue el éxito que se publicaron fascículos semanales, donde se contaba la misma historia que en la radio y con las fotos de los artistas. Fue así como, a uno de ellos, muchas veces haciendo el papel de villano, sus compañeros debían defenderlo de los espectadores, que querían hacerle pagar sus felonías.
La radio reflejaba, así, grandezas y miserias de la Argentina y el mundo. El diario La Prensa, por Radio Excelsior, informaba todos los días a las 14 sobre la marcha de la Guerra Civil española. Muy pronto, en el ’39, con la iniciación de la dictadura franquista, las radios tenían que informar sobre la invasión de las fuerzas nazis a las democracias y reinos europeos. Comenzaba la Segunda Guerra y, con ella, comenzaba en la Argentina otro episodio que vale la pena recordar.
En Radio El Mundo, Carlos A. Taquini informaba sobre la marcha de la guerra. Su clara postura aliadófila irritaba a los germanófilos de la Argentina, y fue cosa frecuente que hubiera gente frente a la radio pidiendo la cabeza de Taquini.
Los años cuarenta: una época de oro
Llegaba el ’40 con el mundo sufriendo otro cruel holocausto. En la Argentina se iniciaba una época de oro para la radio. Figuras como Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Ricardo Tanturi, Feliciano Brunelli, Gregorio Barrios, Leo Marini, Roberto Escalada, Leonor Rinaldi, Gerardo Chiarella, Héctor Maselli, Oscar Luis Massa, Osvaldo Canónico, Elena Lucena, y todos los grandes cantores del tango, que ya había adquirido el rango que lo define como la música de la gran ciudad que es Buenos Aires. A los grandes cantores se suman los auténticos poetas que le dieron una jerarquía que superaba, en muchos casos, la mera función de una letra para ser interpretada, para convertirse en auténtica poesía popular.
Desde los Estados Unidos llegaban dos voces: Frank Sinatra y Bing Crosby.
Al calor del éxito de “Chispazos de tradición”, surgían Juan Carlos Chiape y Abdón López, con lo que se denominaría el género del folletín. Atahualpa Yupanqui pasaba a convertirse la gran figura del folclore, junto con don Buenaventura Luna y su Tropilla de Huachi Pampa.
En la década del cuarenta surgirían dos grandes figuras del espectáculo, con géneros totalmente diferentes: Antonio Tormo, “El cantor de las cosas nuestras”, y Alberto Castillo, “El cantor de los cien barrios porteños”.
Estos dos hombres conmoverían profundamente a los grandes sectores populares, imponiendo estilos que tuvieron una enorme receptividad en los sectores populares de Buenos Aires y del país.
Más programas se convertían en sucesos de larga vigencia: “Festival estelar” con Romero Marchiodi, en Radio Splendid; “Tradicional concierto” creado por Julio Gallino, por Radio Excelsior; “Italia mundial” con Santos Landa, por Radio Antártida; “Por las rutas argentinas” con José Bianchi, por Radio Continental; “Aires musicales de la patria”, con Guillermo Teruel, por Splendid; “Música en el aire” con Manuel Rodríguez Luque, por Belgrano; “Escalera a la fama” con Rubén Machado, por Radio del Plata; “La hora de las brujas” con Roberto Rial por Radio Splendid; “Club de barrio” con Juan Monti y Guillermo Iglesias; “Pasado y presente de la fotografía” con César Guerrero, por Splendid; “La oral deportiva”, con el doctor Edmundo Campagnale, al que años más tarde se uniría José María Muñoz, convirtiéndose en su director, por Rivadavia.
Por iniciativa de Jaime Yankelevich estaban ya estructuradas tres grandes cadenas que llegaban a todo el interior del país. Eran sus cabeceras Radio Belgrano, Radio El Mundo y Radio Splendid.
Sobre esta enorme estructura estaba basado un gran negocio publicitario que convertía a los grandes artistas de esos años en auténticas figuras, que ocupaban los horarios de la noche con actuaciones que eran recepcionadas por miles de personas en todo el país.
En 1945, la radiofonía no puede sustraerse a los acontecimientos que vivía el país. El 17 de octubre nacía el otro gran movimiento popular en la Argentina que, junto con el viejo radicalismo, pasaría a convertirse en el gran protagonista de la vida nacional.
En el ’46, siendo presidente constitucional Juan Domingo Perón, comienza un proceso que iría poniendo a las emisoras de radio en manos de gente que apoyaba al movimiento peronista.
Este período está rodeado de tantas afirmaciones como distintos sean los orígenes políticos de quienes las formularon. Lo cierto es que, a partir de esa época, el espíritu aventurero, la etapa de los grandes riesgos económicos, de los auténticos pioneros estaban terminando.
Así como en el país comenzaban a vivirse nuevos tiempos, también la radiofonía afrontaba nuevos tiempos. Jaime Yankelevich ya no era el titular de Radio Belgrano y su cadena gigante de emisoras, y la editorial Haynes perdía también la titularidad de Radio El Mundo y su cadena de emisoras Azul y Blanca.
En el caso de Haynes, comenzaría una larga serie de sucesos que finalmente terminarían con la desaparición de la editorial y de sus revistas, a las que se había agregado Mundo Deportivo.
Las emisoras tenían en sus planteles a las más notorias figuras de la música, el teatro y el cine. Nombres como Oscar Casco, Eduardo Rudy, Ilda Bernard, Elcira Olivera Garcés, Miguel Coronato Paz, Alberto Migré, César Petrarca, Nené Cascallar, Luis Sandrini, Tincho Zabala, Los Grandes del Buen Humor, Iván Casadó, Julio César Barton, Valentín Viloria, Augusto Bonardo, Jaime Font Saravia, eran dueños de una popularidad notable. También, los más representativos de una larga lista de injusto olvido.
En el ’48 llegaban a Radio El Mundo, el mismo día, por una notable casualidad, dos hombres que en poco tiempo más ocuparían un lugar prominente en la radiofonía argentina: Antonio Carrizo y Jorge Fontana.
En ese mismo año se verificaba otro acontecimiento, con plena vigencia aún en nuestros días: en Radio Splendid se presentan cuatro salteños, que son dados a conocer por Aníbal Cufré con estas palabras: “Salta les dio su historia/ la tierra su palpitar/ con todo hice un cantar/ Los Chalchaleros”.
Se iniciaba así otra época. La del auge del folclore y la aparición de los conjuntos vocales, de los que estos hombres, encabezados por Juan Carlos Saravia, serían auténticos pioneros.
Ganaban también su lugar Héctor Varela, Alfredo De Angelis y Donato Rasciatti, un uruguayo que triunfaría en nuestro país. Felipe, la gran creación actoral de Luis Sandrini, era un personaje entrañable para millones de argentinos. Sus tiernas historias ponían la cuota de emoción, de alegría, de sonrisas y también de lágrimas a las noches de las familias, reunidas en torno a la radio.
Por estos años, Luis Elías Sojit ya había hecho una transmisión notable, aun para estos tiempos. La competencia Buenos Aires-Caracas-Buenos Aires. También alcanzaría enorme notoriedad al transmitir las actuaciones de Juan Manuel Fangio y sus impresionantes logros en el automovilismo deportivo.
En esa época, que tantas polémicas despertó, surgía en Radio Nacional un programa que marcaría una etapa relevante, por su nivel y jerarquía. “Las dos carátulas” era el nombre del ciclo que tuvo el privilegio de haber estrenado 175 obras, 85 de las cuales fueron premières mundiales y 108 resultaron primicias absolutas para América.
En 1951 el ciclo contaba con un plantel que se enriqueció con un grupo de jóvenes, todos desconocidos: Alfredo Alcón, Guillermo Bredeston, Blanca Lagrotta, Fernando Vegal, Luis Tasca, Alicia Berdaxagar y Carlos Estrada.
Hasta la Argentina llegaban los primeros éxitos de Bill Halley y sus Cometas, en lo que sería la época del rock. Lucho Gatica se convertiría en el más famoso astro de la música romántica y un nuevo ritmo se sumaba a la música popular: Pérez Prado y el mambo.
El 17 de octubre de 1951, en oportunidad de celebrar el gobierno y el partido peronista su máxima liturgia, el Día de la Lealtad, se produce otro hecho histórico: la primera transmisión de televisión en la Argentina.
Tarzán a la hora del “Toddy”
El nuevo ingenio lentamente iría progresando y se convertiría luego en uno de los ejes de la vida de todas las familias, modificando hábitos y cambiando, incluso, hasta formas de vida. A ese fenómeno no escapó nuestro país y también, como ocurriera en otras partes, obligó a la radio a modificar sus pautas tradicionales.
Dos programas, a comienzos de la década, convocarán grandes audiencias. “Tarzán”, reviviendo la historia de Edgar Rice Burroughs, que se transmitía a la “hora de tomar la leche” auspiciado por Toddy, y “Los Pérez García”: las alegrías y los pesares de una típica familia argentina.
En el ’52 fallece Eva Perón y durante un mes las radios transmiten en cadena música sacra, en señal de duelo. Se incorpora también otro hecho que todavía se recuerda: a las 20,25 dan comienzo los boletines de noticias más importantes de la noche, indicando que era la hora en que la esposa del primer mandatario había entrado en la inmortalidad.
La radio tampoco será ajena al fenómeno del cine, por lo que comienza a transmitir un programa que será de los más importantes en su género: “Pantalla gigante”, con Nicolás Mancera, Conrado Diana, Lidya Duran y la conducción de Jaime Jacobson.
A mediados de la década los acontecimientos políticos que vive la Argentina tenían fiel reflejo en la radio. Juan Perón pronunciaba duras alocuciones a sus opositores y el protagonismo del medio en la vida nacional era total. En 1955, dos intentos subversivos conmueven al país. El del 16 de junio, que culminará con el bombardeo a la Plaza de Mayo, terminaría siendo abortado por las fuerzas leales a Perón. El del 16 de setiembre iniciaba otra revuelta encabezada por el general Eduardo Lonardi. Este episodio de la vida institucional argentina tendría sus secuelas para la radio. Por disposición de la Revolución Libertadora, son estatizadas todas las emisoras del país, con el evidente propósito de quitarlas de las manos amigas del peronismo, que en muchos casos las había entregado a través de ventas o licitaciones.
Se inicia una etapa en la que, como ocurriera en la época del peronismo, hay figuras que aparecen y otras que desaparecen. En el ’57 tienen acceso a los medios de comunicación los partidos políticos, con la única excepción del peronismo, llegándose incluso a prohibir que se pronunciara públicamente el nombre de su fundador.
Se cuenta que unos pocos días antes de entregar el poder al nuevo presidente, el general Pedro Eugenio Aramburu entregó entre una veintena y una treintena de radios a adjudicatarios de licencias que obviamente respondían en lo ideológico a los fundamentos de la Revolución Libertadora.
Cuando asume Arturo Frondizi comienza en la Argentina, y más concretamente en la radio, una etapa de libertad absoluta.
Coincide ese fenómeno en el tiempo con dos momentos sustanciales en la historia de los medios de comunicación. Por un lado, la radio incorpora los notables adelantos tecnológicos que se habían registrado en los sistemas de grabación, mejorando así las emisiones. Por otro lado, la televisión va alcanzando cada vez más penetración. Así es como la radio comienza lentamente a modificar sus formas tradicionales. Ya no se transmiten programas en vivo, y los horarios de la noche empiezan a no ser importantes al ocupar esa franja la televisión. La radio busca y encuentra que los horarios de la mañana son los mejores para competir, llegando así a quienes de una u otra forma están trabajando.
La libertad con que trabajan los profesionales de la radio va a permitir otro fenómeno de gran trascendencia: la llegada de la cultura y sus protagonistas a la difusión popular.


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