La radiodifusión en Argentina entre 1995 y 1999: Concentración, desnacionalización y ausencia de control público



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La televisión por cable: concentración y transnacionalización


En Argentina, la expansión de la televisión por cable inauguró la transición del modelo fordista de televisión (Garnham, 1991) hacia una nueva organización audiovisual post-fordista caracterizada por: la multiplicación de los soportes televisivos (red hertziana, cable y satélite), la introducción de la digitalización en la producción y distribución de contenidos audiovisuales, el desarrollo de técnicas de compresión de señales, el crecimiento del número de señales audiovisuales y de servicios ofertados, la segmentación de la oferta y de las audiencias, y el surgimiento de novedosas formas de financiación del medio televisivo (abono mensual, pay per view, pago de paquetes de señales premium).
La configuración del sistema de televisión por cable estuvo orientada por la lógica de conformación de los poderosos grupos multimedia para luego enrolarse en las estrategias de las grandes plataformas multiseñal. El proceso de concentración empresarial de principios de los años 90, con la conformación de los grandes Multiple System Operator (MSO), redundó en un fuerte cambio patrimonial de los principales agentes, generando una situación similar a la observada en la televisión abierta.
Como aspecto sobresaliente del período analizado podemos señalar la concentración en manos de grandes operadores internacionales del servicio de televisión por cable, por medio de la propiedad directa y/o el control de las señales. Hacia finales de 1997, Multicanal (Grupo Clarín) y Cablevisión-TCI (CEI-Telefónica) adquirieron, por partes iguales, al entonces tercer operador de televisión por cable, Video Cable Comunicación (VCC). Y, en julio de 1998, se repartieron sus 670.000 abonados que se encontraban distribuidos en importantes centros urbanos. Multicanal y Cablevisión pasaron a controlar más del 70 por ciento de los cinco millones de abonados del país12 y la principal corporación del sector, la Asociación Argentina de Televisión por Cable (ATVC). El capital internacional se posicionó como poseedor de las redes de mayor cantidad de abonados y de los principales paquetes de señales13.
El proceso de transnacionalización que afectó al sector de la televisión por cable se profundizó a principios de 2000 cuando el fondo de inversión estadounidense HMT&F se hizo con el control absoluto de Cablevisión y continúo adquiriendo empresas de distintas localidades del país. En aquel momento sólo un 20 por ciento de la programación emitida por los principales operadores era de producción nacional (Comfer, 2000), mientras que la pauta publicitaria, inexistente a principios de 1990, se había duplicado entre 1993 y 1998.
Mientras, el resto de los cableoperadores legales -cerca de 500 empresas esparcidas por todo el país- desarrolló, con relativo éxito, diversas estrategias a fin de permanecer activos en sus respectivas localidades y afrontar las desventajosas condiciones de negociación con los programadores internacionales.
La televisión vía satélite: un nuevo mercado en manos del sector privado

A mediados de la década de 1990, el transporte de señales de radiodifusión vía satélite vino a presentar una alternativa a la oferta multiseñal de la televisión por cable, cuya penetración en el país superaba el 50 por ciento de los hogares. Asimismo, la digitalización de las emisiones de la televisión satelital posibilitaba ofertar una gama de servicios más amplia que el de las señales audiovisuales como el acceso a Internet o los servicios interactivos.


Al momento de estrenarse esta nueva televisión, los requisitos para poder prestar el servicio, especialmente importante en aquellas zonas alejadas de los núcleos urbanos y, por ende, no redituables para los operadores de televisión por cable, eran: poseer un telepuerto en el país, operar con un satélite autorizado14 y brindar más de un 51 por ciento de programación de origen nacional.
Fundada en enero de 1996, la empresa Televisión Directa al Hogar (TDH)15 fue hasta finales de los años 90 la única empresa en proveer señales de radiodifusión (abono básico y paquetes premium) directas al hogar, utilizando el sistema doméstico de satélites de comunicaciones Nahuelsat. Hacia finales de 1997, TDH ofertaba doce señales de video y diez de audio16, y contaba con cerca de 10.000 abonados.
El monopolio de TDH terminó en 1998 cuando el Gobierno firmó en Washington un acuerdo de reciprocidad satelital entre Argentina y EE.UU. (fruto del lobby del Grupo Clarín y de empresas y funcionarios estadounidenses) que autorizó a los satélites de comunicaciones de EEUU a operar en territorio argentino y a las empresas estadounidenses a contratar satélites de empresas locales para sus emisiones. Ese mismo año, asociado con la multinacional Galaxy Latin America (GLA)17, el Grupo Clarín (51 %) lanzó DirecTV, utilizando el satélite Galaxy III-R (lanzado por Hughes Communications en 1995). De esa forma, Argentina fue el decimocuarto país latinoamericano en contar con los servicios de DirecTV. La nueva compañía ofertaba una mayor cantidad de señales, un sistema de paquetes de señales premium y el servicio de pay-per-view que se comenzó a aplicar tanto a la retransmisión de eventos en vivo (fútbol, música, boxeo...) como a películas de reciente estreno en salas cinematográficas.

Galaxy Entertainment Argentina





Facturación 1999

58 millones

Empleados

766

Abonados

165.000

Fuente: www.grupoclarin.com.ar/espanol/distribuciontv/directv.html; consultado el 7.04.2004.
Pese a la apertura del mercado argentino de la televisión vía satélite a los operadores estadounidenses de la mano del Grupo Clarín, aún faltaba la presencia del otro gran operador panamericano: Sky Televisión, perteneciente al magnate Rupert Murdoch. Finalmente, después de numerosos cabildeos18, Sky obtuvo autorización para ingresar al mercado de la televisión satelital y comenzó a operar -a través de Sky Argentina- semanas antes de que se iniciara el Gobierno de Fernando de la Rua-Carlos Álvarez. Sin embargo la presencia de Sky se manifestaría efímera: después de invertir más de 120 millones de dólares hasta el año 2002, abandonó sus operaciones en el país a causa de la profunda crisis económica desatada.
La televisión digital terrestre: una polémica resolución

Otra importante resolución del segundo gobierno de Menem fue la adopción del estándar de emisión de la televisión digital hertziana (TDT). En octubre de 1998, Argentina se convirtió en el cuarto país, siguiendo los pasos de Canadá, Taiwán y Corea del Sur, en adoptar la norma norteamericana, ATSC, frente a los sistemas europeo, DVB, y japonés, ISDB-T (Albornoz et al. 2000b).


Desde una perspectiva histórica, esta medida es consecuente con la estrecha vinculación que ha mantenido el desarrollo del medio televisivo argentino con la industria estadounidense, siendo la elección de la norma PAL-N para la transmisión en color, en 1978, la discontinuidad más perceptible.
La iniciativa de comenzar las transmisiones experimentales de TDT partió de los operadores privados de televisión hertziana. En primer lugar, éstos, a través de la Asociación de Teleradiodifusoras Argentinas (ATA), se incorporaron al Advance Television Systems Committee (ATSC) y comenzaron las negociaciones para adquirir nuevas tecnologías y equipos. Seguidamente iniciaron gestiones ante el Gobierno nacional para lograr un marco regulatorio acorde con sus intereses. Un argumento de peso esgrimido por el sector privado a la hora de decantarse por la norma de TDT fue la potencia y escala del mercado estadounidense. Según el gerente corporativo de tecnologías audiovisuales del Grupo Clarín, Juan Carlos Guidobono, “El mercado más dinámico para los productos electrónicos es EEUU, que vende 25 millones de televisores por año. Y nosotros como empresa hemos sufrido el hecho de tener una norma muy acotada, la PAL N (...) Con el (sistema) americano yo tengo una gran cantidad de proveedores de receptores y equipamientos para elegir versus una considerable cantidad menos de proveedores que se radiquen en Brasil en caso de otra norma”.19
Por su parte, el Gobierno creó en el ámbito de la Secretaría de Comunicaciones -dependiente de la Presidencia de la Nación- la Comisión de Estudio de Sistemas de Televisión Digital y, posteriormente, invitó a un contado grupo de organismos públicos y privado-comerciales20 a participar de un Comité Consultivo de Televisión Digital. Mediante la Resolución SC 433/98 Argentina adoptó las recomendaciones para la Región II de la UIT, y estableció el plazo de un año para adoptar una norma de televisión digital hertziana. Asimismo, la Secom se comprometió a:

  • impulsar un sistema que permita el desarrollo de la Televisión Digital de Alta Definición (HDTV), sin desmedro de los avances que se logren en Televisión Digital Estándar (SDTV) y sin que los futuros operadores estén obligados a transmitir en HDTV;

  • adoptar una canalización de 6 MHz de ancho de banda para los futuros canales de televisión digital;

  • asignar canales a los operadores de televisión abierta por tres años para realizar emisiones de pruebas.

En julio de 1998 el Gobierno autorizó a los principales canales a comenzar con las transmisiones experimentales de TDT. Meses más tarde (25.09.1998) y “adelantando lo que sucedería en breve con la (adopción) de la norma” (Albornoz et al., 2000b), Canal 13 (Grupo Clarín) de Buenos Aires realizó la primera transmisión de HDTV.


Mediante la Resolución SC Nº 2357/98 Argentina adoptó la norma estadounidense de TDT, que garantiza la posibilidad de emisiones audiovisuales en HDTV, una televisión de altísimos costos21. Más allá de los argumentos esgrimidos, la “veloz” decisión gubernamental, sin efectuarse previamente pruebas técnicas y tras una fugaz consulta pública, estuvo orientada firmemente por la estrategia de los principales radiodifusores nacionales tendente a mantener sus posiciones en el mercado audiovisual.
Es llamativa la nula participación de la emisora estatal Canal 7 en las pruebas técnicas necesarias previas a la definición de la norma de TDT y en el proceso político de toma de una decisión que “trata menos de un problema técnico que de un problema de política industrial para el sector de equipos de transmisión y recepción, así como de minimización de los costes de transición que deberán repartirse emisoras y usuarios” (Galperin, 2003). Asimismo, la adopción de la norma ATSC despertó el enojo de las autoridades de Brasil, quienes elevaron una protesta formal, ya que un acuerdo en el marco del Mercosur exigía la coordinación entre ambos países al momento de tomar medidas sobre este tema 22.
Una vez adoptada la norma estadounidense, el Gobierno otorgó autorizaciones para emitir pruebas de TDT a distintas emisoras de todo el país, las cuales se continuaron con cierta regularidad hasta mediados de 2002.
Radios: expansión y adecuación al mercado

Signada por una dinámica muchas veces opacada por las grandes operaciones en el mercado televisivo, la transformación de la radiodifusión sonora no resultó menos considerable durante estos años. Más allá de aquellos matices vinculados a la mayor permeabilidad del medio respecto a los sistemas políticos locales, la producción regional y la velocidad de cambio de sus públicos, la mayoría de las emisoras fue traccionada por la lógica de incorporación que proponían los multimedios. En ese sentido es posible distinguir dos dimensiones de análisis, con modalidades y procesos característicos:



  • la de las principales radios AM legales y, por ende, en condiciones de compra-venta similares al resto del sistema;

  • la de los servicios complementarios de FM y nuevas AM, cuya expansión ilegal desde finales de los años 80 generó un complejo entramado de agentes y normativas.

En el caso de las radios AM legales, el proceso de concentración y desnacionalización de la propiedad fue desarrollándose en sincronía con el del sector televisivo. En un primer momento, las radios porteñas y las principales provinciales pasaron a formar parte de los grupos multimedia de capital nacional. (Alejandro Romay -Canal 9-: Radio Libertad/ Atlántida-familia Vigil -Canal 11-: Radio Continental y FM Hit/ Grupo Clarín -Canal 13-: Radio Mitre y FM 100/ Eduardo Eurnekián -Canal 2-: Radio América, Aspen 102, Radio Del Plata y FM Metropolitana). Más tarde se sumó a la presencia de estos conglomerados el Grupo Uno, de la familia Vila, que gestionó las emisoras porteñas Radio Rivadavia y La Red; las rosarinas Radio Cerealista, Radio Rosario FM, Estación del Siglo, Cadena 100, Meridiano y Montecristo; y las entrerrianas Radio Victoria, Radio del Litoral Concordia y Radio Gualeguaychú.


Con programaciones elaboradas mayoritariamente en la Ciudad de Buenos Aires que se repiten en provincias y localidades del resto del país (por medio del mismo artilugio legal basado en el Decreto 1771/91), la búsqueda de una economía de escala fue el principio organizador del sector, en un mercado donde la pauta publicitaría se distanciaba, cada vez más, respecto a la de la televisión.

En un segundo momento, se produjo la adquisición de las principales radios por parte de capitales extranjeros. Así, la mexicana Corporación Interamericana de Entretenimientos (CIE), asociada al empresario vernáculo Daniel Grinbank (R&P), adquirió nueve radios, entre las que figuraron Splendid, Libertad, Radio del Plata, América y las FM Rock & Pop, Feeling, Aspen y La Metro. El otro conglomerado radiofónico de peso se constituyó a partir del ingreso del grupo estadounidense de medios de comunicación Emmis International que en 1999 adquirió al empresario Daniel Hadad la mayoría del capital accionario de Radio 1023 y FM News; y a mediados de 2000, al grupo cementero y ferroviario Loma Negra (Amalita de Fortabat) las radios El Mundo y FM Horizonte24.


Estas conformaciones, junto a otras, potenciaron su valorización a partir de una nueva norma legal (el Decreto 1005/99, que se detalla más adelante) que autorizó el establecimiento de las cadenas permanentes que comenzaron a operar a partir del año 2000.
Cadenas de radio operativas en Argentina – Año 2001
Cabecera de Cadena

Distritos

Emisoras

Empresa propietaria

Radio del Plata

(Buenos Aires)



6

9

CIE / Rock & Pop

FM La Metro

(Buenos Aires)



3

4

CIE / Rock & Pop

Rock & Pop

(Buenos Aires)



7

8

CIE / Rock & Pop

FM 105.5

(Córdoba)



18

62

Cadena 3

FM Aspen

(Buenos Aires)



7

9

CIE / Rock & Pop

Radio Mitre

(Buenos Aires)



17

46

Grupo Clarín

FM 100

(Buenos Aires)



16

28

Grupo Clarín

Radio Rivadavia (Buenos Aires)

19

38

Grupo UNO (flia. Vila)

Radio Continental (Buenos Aires)

19

74

Admira (Telefónica)

Fuente: elaboración propia en base a los sitios web de cada radio de cabecera.
En el plano de los “servicios complementarios”, fue llamativa la multiplicación en el dial de nuevas emisoras de radio de FM y, en menor medida, de AM que comenzaron a emitir sin la autorización de la autoridad competente. Así, según el Comfer, en 1998 existían en el país cerca de 700 emisoras de FM legales, y alrededor de dos mil FM que no estaban empadronadas o no cumplían con los requisitos previstos por la legislación entonces vigente. Esta “ilegalidad” o “alegalidad” generó una serie de regulaciones tendente a la normalización del espectro radioeléctrico. Desde el otorgamiento, en 1992, de los Permisos Precarios Provisorios (PPP) a algunas FM, se dictó una cantidad de regulaciones de menor jerarquía y fueron consolidándose nuevos grupos de prestadores, algunos de los cuales desarrollan su actividad contraviniendo la legislación desde hace más de 15 años25.
Para el año 2000, del total de las 679 emisoras legalmente reconocidas, 195 corresponderían a operadores estatales, provinciales, municipales, universitarios y religiosos; y unas 500 a operadores privados de carácter comercial. Por su parte, a través del Servicio Oficial de Radiodifusión (SOR), el Estado nacional controlaba 45 emisoras26, las universidades otras 45 emisoras y los gobiernos municipales operaban 57 emisoras de FM y dos AM.
Pese a que agentes de diversa naturaleza fueron autorizados a prestar servicios radiofónicos27, las organizaciones civiles sin fines de lucro fueron excluidas de la adjudicación de licencias. La excepción a esta prohibición fue la Iglesia Católica, que en los últimos años del segundo Gobierno de Menem acrecentó el número de licencias bajo su control, llegando a operar más de 150 emisoras de FM y 15 de AM, transformándose, así, en el principal grupo por cantidad de emisoras dentro del país28.
Finalmente, después de aprobar planes técnicos de frecuencias para emisoras de radio AM y FM, el Comfer otorgó, entre octubre y diciembre de 1999, 439 licencias de radio FM29. Entre los beneficiarios se encontraron, entre otros, conglomerados multimedia como los grupos Clarín y Uno que, luego de intentar en vano la persecución judicial y eliminación de las estaciones “ilegales”, se sumaron a la estrategia de obtener licencias por medio de la adjudicación directa. De modo que el panorama de finales de la década de 1990 mostraba:

  • la integración de las principales radios en los grupos nacionales e internacionales, y su organización en cadenas;

  • la expansión de los servicios y emisoras;

  • la saturación del espectro de frecuencias destinadas a los servicios complementarios, en FM, y el reposicionamiento de los principales agentes como oferentes y/o compradores de licencias;

  • un proceso de cooptación de la mayoría de las ex-emisoras, alternativas, alterativas, contra-culturales, comunitarias, por parte de diferentes expresiones del mercado radiofónico.



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