La revelacion y la iglesia



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LA REVELACION Y LA IGLESIA



 

 

 



"Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

 

Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo nece­sidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo;”

(Apocalipsis. 3:16-17).

 

El mensaje que Dios envía en cada edad, muestra la condición de la iglesia en su tiempo, y señala sus enfermedades; es decir, diagnostica la iglesia. En cada edad ha sido así y en esta edad final, no podía ser diferente. La mayoría de las iglesias y de las denominaciones duermen plácidamente ante tan grave situación, como si nada serio estuviera sucediendo, como si todo estuviera normal. Algunos ministros hasta creen que están progresando en sus labores, y no saben que al despertar de este sopor, tendrán sorpresas desagradables.



 

Entre las cosas que el Señor dice en el diagnóstico de la iglesia, hay algunas que queremos considerar. Pero primeramente debemos recordar que la iglesia comenzó en Pentecostés, la fiesta que los judíos realizaban 50 días después de la pascua. En el lapso contenido entre la Pascua y Pentecostés habían siete sábados, los cuales figuraban las siete edades de la iglesia gentil. Este tiempo está por terminarse porque Israel está regresando a su tierra; y su regreso está representado en la fiesta de las trompetas; lo cual significa la reunión de Israel en su tierra para el gran día de la expiación; tiempo en el cual reconocerán a su Mesías, a quien rechazaron. Todas estas fiestas podemos verlas en el capítulo 23 de Levítico.

 

Ahora consideraremos el mensaje de Dios a la iglesia de Laodicea, el cual es el mensaje a la iglesia de esta edad; pues todo estudiante de la Biblia sabe que estamos en la última edad de la iglesia. En este mensaje Dios censura a la iglesia fuertemente. El dice que la iglesia de esta edad está "ciega y desnuda". Pero ¿qué piensa de sí misma la iglesia de esta edad?



 

Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo.”

(Apoc. 3:17).

 

Esta es la pretensión de la iglesia de hoy. Se considera rica porque tiene templos, escuelas, seminarios, institutos, hospitales, librerías, emisoras, televisoras; y en algunas partes tiene industrias, compañías de Seguros, etc. Todo esto mantiene a la iglesia complacida y orgullosa. De modo que cuando dice que no necesita de ninguna cosa, incluye también el mensaje de Dios para esta edad; pues cree tenerlo todo, tanto en lo material como en lo espiritual. En lo material ya tiene todo lo que quiere, y en lo espiritual sus credos e interpretaciones establecidas; de modo que puede mantener su Biblia cerrada porque no necesita de ninguna corrección ni revelación nueva. La iglesia está en una posición donde piensa que ya conoce lo que necesita saber de Dios, sus profetas, apóstoles y de la vida cristiana.



 

Esta es la condición que Dios muestra para la iglesia de esta edad. Esto es lo que Dios dice acerca de lo que la iglesia cree y confiesa de sí misma. Pero una cosa es lo que la iglesia cree de sí misma, y otra, lo que Dios dice de ella.

 

¿Qué dice Dios de la iglesia de esta edad?



 

"Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosas; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo.”

(Apoc. 3:17).

 

El Señor comienza diciéndole: "Y no conoces". Esta expresión es muy significativa, porque Dios sabe todo perfectamente. Esto es lo mismo que llamar ignorante a la iglesia, quien se cree saberlo y tenerlo todo. Esta expresión descubre la verdadera condición de la iglesia, la cual se considera a si misma enriquecida y sabia, ignorando su verdade­ra condición delante de Dios.



 

Tenemos que considerar la importancia de este diagnóstico de Dios a la iglesia de hoy; porque estas no son palabras de hombre, sino del Todopoderoso.

 

La iglesia de Laodicea fue una iglesia que existió en el Asia Menor en los albores del cristianismo; y su condición interna reflejaba lo que hoy está sucediendo dentro de la llamada iglesia de Dios.



 

Laodicea significa "los derechos de las gentes", y esto es exacta­mente lo que está aconteciendo en lo político, social y religioso. Todos están reclamando sus derechos y privilegios.

 

Los capítulos dos y tres de Apocalipsis contienen el mensaje de Dios a las siete iglesias del Asia Menor, las cuales figuraban los siete períodos por donde atravesaría la iglesia desde su principio hasta su fin.



 

El capítulo tres del Apocalipsis termina con el mensaje a la iglesia de Laodicea; y cuando se abre el capítulo cuatro, Juan miró "y he aquí una puerta abierta en el cielo", y él oyó una voz que le dijo: "Sube acá". No hay duda que este es el rapto del pueblo de Dios. Por lo tanto el mensaje a Laodicea es el mensaje a la iglesia de esta edad, por ser éste el último período antes del rapto.

 

Dios dice a la iglesia de esta edad: " ... y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo". De acuerdo con el diagnóstico de Dios, la iglesia no conoce su verdadera condición. Ella cree estar rica, saberlo todo y no tener "necesidad de ninguna cosa Sus conquistas materiales le han cegado para no ver su verdadera condición espiritual, para no percatarse de su enfermedad. La iglesia de esta edad cree que va en avance, en prosperidad, en progreso: pero de acuerdo con el diagnóstico de Dios, sabemos que está gravemente enferma y arruinada. Puede ser que la iglesia esté rica en las cosas de este mundo y en los conocimientos humanos y del siglo; pero está pobre y miserable en las cosas de Dios, en las cosas espirituales; que son las que tienen verdadero valor eterno. La riqueza genuina de la iglesia está en la Palabra y en el Espíritu de Dios, porque eso es la base de su vida.



 

La bendición de Dios es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.” (Prov.10:22).

 

Los credos y dogmas establecidos por los hombres, han despojado a la iglesia de la Palabra de Dios; por tanto las obras y frutos del Espíritu ya no se ven en ella. En cambio, la mundanalidad y las obras de la carne han penetrado hasta las raíces de la iglesia. No hay diferencia entre la llamada iglesia de Cristo y el mundo. Las mujeres que la representan, prueban esta verdad.



 

La iglesia de esta edad está pobre espiritualmente. Los verdaderos valores espirituales ya no se manifiestan. Su pobreza la tiene desnutrida y está al borde de la muerte; lo peor de todo es que ella no lo sabe. No conoce su verdadera condición.

 

También dice Dios que la iglesia de esta edad "está ciega". Esta es una tremenda afirmación, porque con toda la luz que la iglesia cree tener en este siglo de tantos adelantos científicos, jamás aceptará esta acusación de Dios. ¿Cómo puede creer la iglesia de esta edad que está miserable, pobre, ciega y desnuda con tan grandes organizaciones, con tantos institutos bíblicos, con tan excelentes teólogos y tantos progra­mas educacionales? Pero esto es lo que Dios afirma de ella a pesar de toda su aparente grandeza. Es difícil para la iglesia ver su lamentable condición espiritual en medio de tanta prosperidad material. Ella no lo puede ver porque está ciega.



 

Estas son palabras muy duras, pero esto es lo que Dios dice de la iglesia de esta edad. Cualquier persona que afirme lo contrario, está fuera de la Palabra. "Sea Dios verdadero, mas todo hombre mentiroso" (Rom.3:4). Así que la misma Biblia que la iglesia lee y dice creer, es la que revela su condición lamentable en esta edad. Está delante del espejo y no se puede ver en él, porque está ciega.

 

Esta es la razón por la cual la iglesia de esta edad no ha podido ver al mensajero ni al mensaje que Dios ha enviado para esta hora. No ha podido ver la restauración de la Palabra en medio del pueblo del Señor; lo cual El había prometido que sucedería antes de su segunda venida. Esta ceguedad es la razón por la cual los grupos llamados cristianos persiguen y desacreditan el mensaje de Dios para esta hora. En el mundo llamado cristiano se ha repetido la historia de Israel, cuya condición declaró Jesús en estas palabras:



 

"Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón lejos está de mi.

 

Y en vano me honran, enseñando como doctrinas manda­mientos de hombres.

 

Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; las lavaduras de los jarros y, de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes.”

(Marcos 7:6-8).

 

"Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

 

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no miraréis.

 

Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan: para que no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y del corazón entiendan, y se conviertan y yo los sane.

 

Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven y vuestros oídos porque oyen”.

(Mateo 13:13-16).

 

El mismo Espíritu que estuvo en Isaías para profetizar sobre la condición de Israel, es el mismo que estuvo en Juan para revelar la condición de la Iglesia de esta edad. ¿A qué estuvo ciego Israel? Ese pueblo estuvo ciego en cuanto a Cristo, el Verbo de Dios, la Palabra de Dios. Así también la iglesia de hoy está ciega en cuanto a la Palabra. Se jacta de sus declaraciones de fe, de las interpretaciones de sus libros doctrinales, de sus seminarios y demás progresos materiales, pero ignora su verdadera condición delante de Dios. No puede ver la sentencia de la Palabra de Dios para esta hora en que estamos viviendo. La ceguedad de la iglesia es hacia la Palabra del Señor.



 

Los líderes religiosos han rechazado la Palabra de Dios para esta edad. Son muchos los ministros que usan el púlpito, la radio y la prensa para desacreditar y difamar el mensaje que Dios ha enviado en esta edad para aparejar a su pueblo.

 

Otra condición que Dios revela de la iglesia de esta edad, es que está desnuda y no lo sabe. "Y no conoces que eres un cuitado y misera­ble y pobre y ciego y desnudo". Una persona que ande desnuda y no lo sepa, es una persona demente, es alguien que anda fuera de sí. Y esta es la condición en que está la iglesia de esta edad, según el diagnóstico de Dios.



 

¿De qué debe estar vestida la iglesia? Está escrito:

 

Mas vestios del Señor Jesucristo, y no hagáis caso de la carne en sus deseos.”



(Romanos 13:14)

.

Jesucristo es el Verbo, la Palabra de Dios; por consiguiente, la iglesia debe estar vestida de la Palabra de Dios. Debe vivir y practicar la Palabra de Dios en toda su pureza. Por tanto si está desnuda, entonces está sin la Palabra. Pero las iglesias de hoy tienen la Biblia, y la predican, y dicen que la creen; pero Dios dice que están desnudas, porque junto con la Biblia tienen sus interpretaciones privadas, sus dogmas y manda­mientos de hombres, sus tradiciones y costumbres paganas que han anulado entre ellos la Palabra de Dios. La iglesia de hoy está como Eva, quien fue despojada de la Palabra de Dios en el huerto del Edén, cuando recibió la perversión del enemigo.

 

Esta perversión que hoy enseñan como Palabra de Dios, ha hecho que la iglesia se crea que está vestida; pero éste es un ropaje humano con el cual el diablo mantiene engañada a la iglesia de esta edad. Y ella no sabe que delante de Dios está desnuda.



 

Mientras Eva se mantuvo en la Palabra, estaba vestida con la luz de la Palabra, pero al recibir la perversión del enemigo, se halló desnuda, y en seguida procuró vestirse; pero estas vestiduras humanas no le sirvieron, y Dios les vistió -Adan y Eva- de una manera correcta, con pieles de animales que fueron sacrificados, lo cual figuraba a Cristo, la Palabra, quien se hizo carne para consumar nuestra redención. Hoy la iglesia está peor que Eva, pues ella reconoció que estaba desnuda, y Dios la vistió; pero la iglesia de esta edad pretende probar que está vestida, rica y que no tiene necesidad de nada. ¿Por qué esta pretensión de la iglesia? Sencillamente porque ignora su verdadera condición.

 

Esta es una afirmación muy fuerte contra la que hoy se llama la esposa del Cordero, la iglesia que predica que se va con el Señor. ¿Cómo puede el Cordero de Dios unirse con una iglesia en semejante condición? He aquí la amonestación del Señor a la iglesia de hoy:



 

"Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.”

(Apoc.3: 18).

 

Si la iglesia fuera obediente, se vestiría con la Palabra del Señor. Dejaría todos los harapos humanos y tomaría el ropaje de Dios. ¿Por qué no lo hace? Porque cree que está vestida. Y ¿por qué cree así? Porque está ciega y no puede ver su verdadera condición.



 

"Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, o caliente!

 

Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”

(Apoc.3:15-16).

 

El Señor dice que la iglesia de esta edad es tibia. Tibieza es mezcla. Mezcla del bien con el mal; de la Palabra de Dios con los preceptos de los hombres. Esta es la verdadera condición de las llamadas iglesias cristianas en esta edad. Han mezclado las cosas de Dios con las cosas del mundo; y viviendo de esta manera, se consideran espiritualmente bien para recibir al Señor. No pueden ver su condición lamentable.



 

Eva en el principio tuvo la Palabra del Señor, pero vino el enemigo y la engañó mezclándole la Palabra con su propia interpretación, lo cual ella recibió. Pero si ella se hubiese mantenido en la Palabra, no hubiese caído. Lo mismo ha sucedido con la iglesia hoy: Dios le dio su Palabra en el principio, pero los hombres con sus interpretaciones y añadiduras la han pervertido, y han apartado a la iglesia de la verdad de Dios. Esta es una obra diabólica; porque el diablo está interesado en mantener al pueblo apartado de la Palabra de Dios.

 

"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

(Apoc. 3:20).

 

Con esto revela el Señor que El no está dentro de la iglesia de esta edad El está fuera de todos estos sistemas denominacionales que predominan hoy; que se llaman a sí mismos la iglesia de Dios. El desde afuera llama a sus verdaderas ovejas, y las saca de estas organizaciones humanas para traerlas a su Palabra.



 

La iglesia de esta edad con su actitud, dogmas y tradiciones, ha echado fuera a Cristo, la Palabra. Ellos aborrecen este mensaje de Dios que censura su condición deplorable. Ellos quieren mensajes que les halaguen y aprueben su manera de pensar.

 

La Palabra está fuera de la iglesia de hoy, porque las enseñanzas humanas, tradiciones y dogmas han tomado su lugar en la iglesia. Esta es una situación triste y lamentable, pero es lo que Dios afirma de la iglesia de esta edad. No es la afirmación de un hombre, sino de Dios. Sabemos que es difícil de aceptarla, pero "nada podemos contra la verdad, sino por la verdad". Eso es lo que Dios dice de la iglesia de esta edad, la cual se considera próspera y engrandecida.



 

Este es el diagnóstico de Dios para la edad presente. El ha diagnos­ticado cada una de las edades de la iglesia que ya han pasado. Esta no podía pasar por alto. La censura más fuerte es la que Dios hace a la iglesia de Laodicea, porque este ha sido el período de mayor mezcla y de mayor corrupción espiritual.

 

Este es un retrato fiel de lo que hoy se ve dentro de los grupos denominacionales. El mundo y las prácticas paganas han tomado el lugar de Dios en las iglesias, sin embargo, siguen hablando de prosperi­dad y de conquistas, como si Dios aprobara esa adoración con apariencia de piedad. Amigo, eso no es lo que Dios busca, El busca sus verdaderos adoradores, aquellos que le adoran en Espíritu y en verdad. Aquellos que le adoran obedeciendo su Palabra y viviendo en ella. Amén.



 

 


 




LA REVELACIÓN ES LUZ PARA LA HORA



 

 

 



 

"Y hablóles Jesús otra vez, di­ciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida”

(Juan 8:12).

 

 

El mensaje de la hora es luz para los que pueden ver y entender, porque la Palabra de Dios es luz. El Salmista dice: "Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino". Cuando Dios envía su Palabra es porque hay tinieblas; y la luz de la Palabra viene para disipar esas tinieblas. Cuando Dios envió su Palabra en la edad de Lutero, ¿quién puede dudar que el mundo estaba sumido en densas tinieblas? La Palabra en ese entonces la habían cubierto con dogmas y tradiciones, por tanto Dios arrojó luz sobre ella. Cuando Dios envía, pues, Su Palabra es porque hay tinieblas. El dice que su Palabra es como fuego. La primera luz que hizo impacto en la tierra, fue la luz de la Palabra hablada por Dios; cuando dijo: "sea la luz". Así que su Palabra es enviada para alumbrar en medio de las tinieblas. El mensaje de hoy ha venido para traer luz en esta edad. Quizás alguien podría decir: Con tanta luz que el mundo tiene hoy, ¿hay acaso algo más que sea necesario?



 

No obstante todos los adelantos científicos y las centenares de religiones llamadas cristianas, no ha habido ninguna edad que necesite más de la luz de Dios que ésta. Prueba este hecho lo que Dios dice de la iglesia de esta edad: ". . . no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo". No tiene genuina luz espiritual. No importa cuanto alarde puedan hacer las iglesias o las denominaciones: "sea Dios verdadero, mas todo hombre mentiroso." Por esta razón, Dios dijo por boca del profeta Zacarías: mas acontecerá que al tiempo de la tarde (la verdadera traducción dice al tiempo de la noche), habrá luz." Esta es la promesa cierta para esta edad. Dios ha enviado su luz hoy, como en las edades anteriores. Luz de su Palabra que es el mensaje para hoy. El mensaje de hoy ha sido la luz que nos ha permitido ver con claridad muchas cosas que estaban encubiertas. Los predestinados de la hora las ven claras, las creen y las aceptan.

 

La luz para esta edad de la iglesia, tiene un propósito, y es revelar la Palabra para que sea conocida, porque de la Palabra han hecho muchas interpretaciones. El mundo evangélico sabe eso. Hay más de novecientas interpretaciones de la Biblia. Dios ha dejado al mundo religioso que siga su obra. Es una repetición en gran escala de lo que sucedió en el tiempo del Señor Jesucristo. En ese tiempo solamente existieron unos tres o cuatro grupos con diferentes interpretaciones: Los Fariseos, los Saduceos y los Herodianos y quizás los Esenios. Pero hoy son muchos los grupos con diferentes interpretaciones. Pasaríamos horas sacando a luz las diferencias que tienen sobre un solo punto doctrinal.



 

Sobre el Señor Jesucristo hubo diversas opiniones en el pasado; por esa razón el Maestro preguntó a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? " El quería que ellos manifestaran las opiniones que habían oído de los diferentes grupos y hombres. Por tanto ellos dijeron: "Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros; Jeremías, ó alguno de los profetas." Ayer opinaron acerca de Cristo, la Palabra hecha carne, y hoy también las opiniones o interpretaciones son acerca de Cristo, la Palabra escrita; porque Cristo y la Palabra es lo mismo. "En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios." ". . . y esta Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros." "... grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifes­tado en carne. Dios, la Palabra, se vistió de carne ayer, para que el mundo pudiera ver la Palabra manifestada. Y para esta edad, la Palabra también se ha manifestado. La Palabra hecha carne se expresó ayer, pero las tinieblas de las interpretaciones falsas y las tradiciones no permitieron que fuera conocida. Las enseñanzas del Señor fueron consideradas blasfemas y heréticas, por esa razón repetidas veces quisieron apedrearlo, hasta que por fin terminaron crucificándole. Con todo, ese mensaje con su luz brilló sobre aquellos que estaban ordenados para verlo, aceptarlo y obedecerlo.

 

Hoy se ha repetido la historia: La iglesia tiene la Palabra encubierta con tradiciones, dogmas y diversas interpretaciones y cada grupo ha tomado su propio nombre para identificar su manera de creer. Están separados por muros denominacionales; y estos muros son sus interpretaciones, las cuales no dejan penetrar la luz. Mantienen a sus seguidores a oscuras en cuanto a Dios y su Palabra.



 

Las denominaciones dicen que ven y que tienen luz, pero no es la genuina luz para esta edad, porque Dios dice que la iglesia de esta edad está ciega, miserable, pobre y desnuda; y Dios no puede mentir. Las velas o lámparas que se puedan encender dentro de los muros, no significa que esto es luz del Señor, porque la luz del Señor es el mensaje para la edad. El dijo: "Yo soy la luz del mundo". El Señor Jesucristo fue la Palabra hecha carne, entonces la Palabra es la luz. Y el que recibe esta luz, en medio de las tinieblas, ve completamente diferente a las demás personas. El Maestro dijo:"el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida." El salmista dijo: "Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino", porque él sabia lo que significaba la Palabra: Es la luz, la lumbrera. La Palabra libre de interpretaciones particulares o denominacionales, siempre es luz al caminante porque le alumbra la senda para que no tropiece. Pero cuando la envuelven en harapos denominacionales, y la oscurecen con dogmas, tradiciones y credos humanos, entonces deja de alumbrar como debe. Pero Dios también en cada edad ha enviado un mensajero, y este siempre se ha encargado de sacar a la luz lo que la Palabra es en verdad, de quitar el polvo y todas las cosas que la cubren y exponer claramente la interpretación que Dios da a través de ella.

 

Esto es lo que el Señor ha hecho en cada edad, ha enviado su luz para disipar las tinieblas. Así hizo durante el oscurantismo al enviar a Lutero. El recibió esa pequeña porción de la Palabra: "El justo en su fe vivirá". Y eso fue una antorcha encendida para los que tuvieron ojos espirituales para ver. Lo mismo sucedió en el tiempo de Wesley: Dios iluminó su Palabra y dio una nueva luz en esa edad.



 

En esta edad, Dios ha hecho lo mismo, pero la miopía espiritual no ha permitido ver la Palabra, ni la obra que Dios está haciendo. Por esa razón el Señor dice a la iglesia de esta edad: "unge tus ojos con colirio para que veas". ¿Por qué no ve? Porque está ciega para ver la Palabra en su pureza; pues si pudiera ver, echara de sí lo que no debe creer, y recibiera la luz de la Palabra para la hora.

 

Otra expresión del Señor que nos muestra la condición lamentable de la iglesia, es ésta: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo:" Y esta no es una expresión para predicar a pecadores, como tanto se ha hecho, sino algo que nos muestra hasta donde ha llegado la iglesia. Por esa razón el Señor dice en el mismo capitulo: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias". Notemos que no está hablando a los impíos, sino a los que se llaman de la iglesia.



 

De modo que la iglesia fue apartando al Señor en cada edad, y ha llegado hasta el punto en el cual el Señor no está adentro de la iglesia, sino afuera. Las denominaciones han echado a Cristo, la Palabra, fuera de sus iglesias.

 

Hoy predomina la mezcla dentro de la iglesia; y sabemos que Dios no admite mezclas porque esta es la obra del enemigo. Eso fue lo que hizo él enemigo con Eva en el principio, le mezcló la Palabra; y ella fue engañada y comió y trajo muerte. Hoy la iglesia, figurada en Eva, está haciendo lo mismo: Ha sido engañada y está alimentándose de mezclas en lugar de la Palabra pura de Dios.



 

El Señor le dice a la iglesia de esta edad: "Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca." La mezcla del agua fría con caliente, produce el agua tibia. Por lo tanto, la tibieza que hoy impera en las iglesias, ha sido el producto de mezclar la Palabra de Dios con las enseñanzas de los hombres -las interpretaciones humanas-. Las iglesias no tienen la Palabra pura, ni tampoco la quieren.

 

El Señor le dice a la iglesia de esta edad: "¡Ojalá fueses frío, ó caliente!” Con estas palabras El reta a la iglesia a ser una cosa u otra: Ser completamente de la Palabra o declararse como un grupo completamente pagano y apartado de Dios. Esto nos hace recordar la disyuntiva en la cual el profeta Elías puso a Israel: "Si Jehová es Dios, seguidle, y si Baal, id en pos de él". Hay una perfecta relación en estas palabras; pero la iglesia no despierta, antes sigue complacida en su mezcla, con un poco de Dios y otro poco de las tradiciones humanas; algo de Dios y parte de las costumbres del mundo y del paganismo. Por esta razón, Dios ha pronunciado una sentencia para la iglesia de esta edad: "Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca". Despierte amigo y hermano, porque esto es la sentencia de Dios a la iglesia de este tiempo. Su tibieza ha hecho que Dios la vomite de su boca.



 

Ahora, ¿qué tiene Dios en su boca? Su Palabra. "No con solo el pan vivirá el hombre, mas con toda Palabra que sale de la boca de Dios En la boca de Dios está su Palabra pura, sin mezclas ni alteración de ninguna clase; pero por cuanto la iglesia la ha mezclado esto ha producido náuseas al Señor, y esta es la razón por la cual la ha vomitado de su Palabra.

 

Por esta razón, El dijo: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: porque la Palabra de Dios en su pureza no está dentro de las iglesias. El Señor no está dentro de las denominaciones, El está afuera llamando a los predestinados, a sus ovejas, quienes tienen capacidad espiritual para oír su voz y seguirle. Es un llamamiento individual. Porque El no está lidiando con grupos; pues las iglesias como denominaciones u organiza­ciones no pueden aceptar el mensaje de Dios para la hora, porque los muros denominacionales no dejan entrar la luz ni oír la trompeta; pero aquel que oye la voz de Dios, sale fuera de estos sistemas humanos, y entonces recibirá luz de Dios.



 

Jesús dijo: "Juan era antorcha que ardía". Pero a Juan le costó la cabeza alumbrar con esa luz; y así también los que hoy se acogen a esta luz, les puede costar mucho porque la luz resplandece en las tinieblas. Pero también hay muchos temerosos que no quieren venir a esta luz, porque no quieren llevar el vituperio de Cristo, no pueden sufrir la persecución contra la Palabra; pero ella no dejará de alumbrar, porque si ha alumbrado en las edades anteriores, también alumbrará en esta edad. Esta luz de la Palabra está separando a los verdaderos hijos de Dios, de las tinieblas denominacionales y de esta mezcla que Dios aborrece. El dice que la tibieza es mezcla. La luz de la Palabra los está separando del engaño en que hoy vive la inmensa mayoría del cristianismo, de viejas tradiciones que invalidan la Palabra de Dios, y los está separando de las interpretaciones humanas, las cuales contradicen la Palabra. ¡ BENDITA LUZ DE DIOS PARA ESTA EDAD! ¡ BENDITA LUZ DE SU PALABRA QUE ALUMBRA NUESTRO CAMINO PARA QUE PODA­MOS VIVIR RECTAMENTE! LUZ QUE HAN RECIBIDO LOS QUE TIENEN OJOS PARA VER. LOS QUE AHORA SE GOZAN Y SE REGOCIJAN PORQUE SABEN QUE ESTA LUZ VA EN AUMENTO CADA DÍA.

 

"Tenemos también la palabra profética más permanente, a la cual hacéis bien de estar atentos como una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.”

(2 Pedro 1:19).

 

Pedro nos amonesta que debemos estar atentos a la Palabra profética, la cual alumbra como una antorcha en lugar oscuro, sabiendo que pronto el día esclarecerá y el lucero de la mañana resplandecerá en nuestros corazones.



 

Las ovejas de Dios no recibirán ninguna cosa que no sea la Palabra de Dios. El Maestro dijo: "Escudriñad las Escrituras". El no nos ordenó que escudriñáramos los libros de los hombres, sino su Palabra porque en ella es donde está la vida. Los hombres pueden equivocarse y en verdad se han equivocado, porque las muchas divisiones que hay dentro del cristianismo prueban que están en error; pues son más de novecientos grupos con diferencias entre sí; por lo tanto no pueden tener la verdad.

 

Así que la verdad está en la Palabra de Dios pura y sin ninguna mezcla; pero las iglesias no la quieren así, sino mezclada con las interpretaciones humanas. El profeta Isaías dice: ". . . a los que temen mi nombre, a los que tiemblan a mi Palabra, les nacerá el Sol de Justicia La luz de la justicia que brillará, luz que será muy pronto experimentada en su plenitud por aquellos que la están recibiendo. ¡Qué esperanza bienaventurada! Los que han recibido esa luz, deben permitir que bri­lle en ellos porque él dijo: "Vosotros sois la luz del mundo:" ¿Quienes son la luz del mundo? Los que han recibido la luz de la Palabra, porque fue la Palabra que dijo: "Yo soy la luz del mundo", y los que tienen la Palabra son luz del mundo. Esta es una luz pura, una luz que no tiene mezclas con cosas humanas. El hombre o la mujer que ha recibido esa luz, debe reflejarla, debe vivirla y ponerla sobre el candelero. No debe esconderla {debajo del almud; debe ser carta leída de todos los hombres. "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conoci­miento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. ¡Qué palabras más preciosas! El Dios que en el principio habló e hizo que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que ha resplandecido en los corazones de sus hijos en esta edad, para la iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz del Señor Jesucristo. ¡Qué palabras más preciosas para esta edad! ¡Qué palabras más buenas para nosotros! Nos dice además la Escritura: "Tenemos empero este tesoro en vasos de barro, para que la alteza del poder sea de Dios, y no de nosotros." Esta es una expresión muy significativa.



 

Así que Dios ha dado luz de su Palabra en esta edad; luz que brilla en medio de densas tinieblas. Mientras que este mundo está envuelto en esta ceguedad espiritual, Dios que había anunciado esta situación, ha dado el mensaje de luz para Su pueblo.



 

La Palabra ha venido por medio de un profeta, el cual había sido prometido por Dios para esta edad. DEL ELÍAS QUE HABÍA DE VENIR, el Señor dijo: "A la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas". Este Elías había de venir primero, antes de la Segunda Venida del Señor y antes del "día grande y terrible de Jehová". El Señor dijo: "Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios, y todos lo que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, el cual no les dejará ni raíz ni rama". Pero antes de esta Gran Tribulación, Dios ha prometido al profeta Elías, para que convierta el corazón de los hijos a la fe de los padres, de los apóstoles. El tornará al pueblo de Dios al fundamento de los apóstoles y profetas: CRISTO, LA PALABRA, LA PRINCIPAL PIEDRA DEL ANGULO. Esa es la luz para esta edad, la única luz que puede sacar a la iglesia de la situación lamentable en que se encuentra. Esta luz está brillando hoy, y todo aquel que abre su corazón y la recibe, no andará en tinieblas mas tendrá la lumbre de la vida. Amén.



 

 


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