La sabiduria del eneagrama don richard riso



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LA

SABIDURIA

DEL

ENEAGRAMA


DON RICHARD RISO

&

RUSS HUDSON


INDICE

CAPÍTULO I 9

IDENTIFICACIÓN DEL TIPO DE PERSONALIDAD 9

CAPÍTULO 2 18

RAÍCES ANTIGUAS, PERCEPCIONES MODERNAS 18

CAPÍTULO 3 24

ESENCIA Y PERSONALIDAD 24

CAPÍTULO 4 32

CULTIVAR LA PERCEPCIÓN CONSCIENTE 32

CAPÍTULO 5 43

EL YO TRIÁDICO 43

CAPITULO 7 78

TIPO UNO: EL REFORMADOR 78

CAPITULO 8 100

TIPO DOS: EL AYUDADOR 100

CAPÍTULO 9 120

TIPO TRES: EL TRIUNFADOR 120

CAPITULO 10 141

TIPO CUATRO: EL INDIVIDUALISTA 141

CAPITULO 11 163

TIPO CINCO: EL INVESTIGADOR 163

CAPITULO 12 184

TIPO SEIS: EL LEAL 184

CAPITULO 13 205

TIPO SIETE: EL ENTUSIASTA 205

CAPITULO 14 226

TIPO OCHO: EL DESAFIADOR 226

CAPITULO 15 247

TIPO NUEVE: EL PACIFICADOR 247

CAPÍTULO 16 268

EL ENEAGRAMA Y LA PRÁCTICA ESPIRITUAL 268

CAPÍTULO 17 289

EL VIAJE ESPIRITUAL. SIEMPRE AHORA 289

AGRADECIMIENTOS 303

BIBLIOGRAFÍA 305




PRÓLOGO
SERES DE LUZ
Hay una parte de cada ser vivo que desea convertirse en sí misma, el renacuajo en rana, la crisálida en mariposa, el ser humano herido en ser humano sano. Esto es la espiritualidad.

ELLEN BASS



A mí me parece que antes de emprender el viaje en busca de la realidad, en busca de Dios, antes de actuar, antes de tener cualquier relación con otro [...] es esencial que comencemos por comprendernos a nosotros mismos.

KRISHNAMURTI



Sea cual sea tu edad, tu crianza o tu educación, aquello de que estás hecho es principalmente capacidad no empleada.

GEORGE LEONARD

A todos nos mueve un profundo desasosiego interior, que tal vez experi­mentamos como una sensación de que nos falta algo, aunque es difícil defi­nir qué es exactamente. Tenemos todo tipo de ideas sobre lo que creemos que necesitamos o deseamos: una relación mejor, un trabajo mejor, un físico me­jor, un coche mejor, etcétera. Creemos que si adquirimos esa relación per­fecta o ese trabajo perfecto o ese «juguete» nuevo desaparecerá el desasosiego y nos sentiremos satisfechos y completos. Pero la experiencia nos enseña que el coche nuevo sólo nos hace sentir mejor durante un tiempo. La nueva rela­ción puede ser maravillosa, pero jamás nos llenará totalmente del modo que creíamos que lo haría. ¿Qué es, pues, lo que buscamos en realidad?

Si reflexionáramos un momento podríamos comprender que lo que an­helan nuestros corazones es saber quiénes somos y para qué estamos aquí pero pocas cosas en nuestra cultura nos animan a buscar respuestas a estas impor­tantes preguntas. Se nos ha enseñado que la calidad de nuestra vida mejora­rá principalmente si mejora nuestra fortuna externa, aunque tarde o tempra­no comprendemos que las cosas externas, si bien valiosas, no sirven para tratar la inquietud profunda de nuestra alma.

Así pues, ¿dónde buscar respuestas?

Muchos de los libros actuales sobre transformación personal hablan conmovedoramente sobre el tipo de persona que todos desearíamos ser. Reconocen la importancia fundamental de la comprensión, la compasión, la comunidad, la comunicación y la creatividad; pero por hermosas y atractivas que sean estas cualidades, nos resulta extraordinariamente difícil mantener­las o ponerlas en práctica en nuestra vida cotidiana. Nuestros corazones ansían que volemos muy alto y, sin embargo, casi siempre caemos, para estre­llarnos con dolor contra las rocas del miedo, los hábitos contraproducentes y la ignorancia. Con demasiada frecuencia las buenas intenciones y los nobles deseos se convierten en nuevas causas de desilusión. Entonces nos desanima­mos, volvemos a nuestras distracciones conocidas y tratamos de olvidar todo el asunto.

¿Están equivocados o mal orientados la mayoría de los libros de divulgación de psicología? ¿Somos los seres humanos incapaces de vivir vidas más completas y gratificantes? A lo largo de la historia, los grandes maestros espi­rituales y morales han insistido siempre en que tenemos la capacidad para lo­grar la grandeza, que somos, de hecho, criaturas divinas en un sentido bas­tante real. ¿Entonces por qué nos cuesta tanto reconocer este estado y vivir de acuerdo a él?

Nuestra opinión es que la mayoría de los libros de autoayuda no están por fuerza equivocados, sino que sencillamente son incompletos. Por ejemplo, en el caso de un tema tan elemental como el del peso podría haber muchos motivos para que una persona tuviera problemas de obesidad o con la comi­da: sensibilidad al azúcar, excesiva cantidad de grasa en la dieta, necesidad de comer para reprimir la ansiedad, o cualquier otro problema emocional o afectivo. Sin identificar los problemas esenciales concretos que causan la obe­sidad no hay solución posible, por grandes que sean los esfuerzos.

Por lo general, las recomendaciones de los libros de autoayuda se basan en métodos que han dado buenos resultados al autor o la autora personal­mente, y reflejan su configuración psíquica y sus procesos personales. Si ocu­rre que un lector tiene una configuración similar, el método tal vez le resulte eficaz. Pero si es poca la similitud, los consejos pueden confundir más que ayudar al lector.

Cualquier método eficaz para crecer debe, por lo tanto, tomar en cuen­ta el hecho de que hay tipos diferentes de personas, tipos diferentes de perso­nalidad. A lo largo de la historia se han propuesto muchos sistemas psicoló­gicos y espirituales para tratar o explorar este conocimiento esencial: la astrología, la numerología, los cuatro temperamentos clásicos (flemático, co­lérico, melancólico y sanguíneo), la teoría de los tipos de personalidad de Jung (orientación hacia la extraversión o la introversión, y funciones de in­tuición, sensación, sentimiento y pensamiento) y muchos otros. Además, es­tudios recientes sobre el desarrollo del niño y de la ciencia del cerebro han in­dicado que las diferencias fundamentales de temperamento entre distintos tipos de personas tienen una base biológica.

Esta diversidad explica por qué un consejo bueno para una persona pue­de ser desastroso para otra. Decirle a algunos tipos que deben centrarse más en sus sentimientos es como arrojar agua a un hombre que se está ahogando. Decir a otros que necesitan hacerse valer más es tan tonto como poner en es­tricto régimen dietético a una persona anoréxica. Al comprendernos a noso­tros mismos y comprender nuestras relaciones, nuestro crecimiento espiri­tual y muchos otros asuntos importantes, veremos que el factor esencial es el tipo, no las diferencias de sexo, ni las culturales ni las generacionales.

Creemos que el conocimiento de los tipos de personalidad es necesario en muchos ámbitos: en educación, en las ciencias, en los negocios, la litera­tura, la terapia y, por encima de todo, en la espiritualidad y el trabajo de transformación. Si bien nuestras inquietudes pueden ser universales, la for­ma de expresarlas es mucho más particular; de hecho, está en función del «filtro» con el cual abordamos la vida. El principal filtro que empleamos para comprendernos a nosotros mismos y comprender el mundo que nos rodea, para expresarnos, para defendernos, para hacer frente al pasado y anticipar­nos al futuro, para aprender, para disfrutar y para enamorarnos, es nuestro tipo de personalidad.

¿Y si existiera un sistema que nos capacitara para adquirir más conoci­miento sobre nosotros mismos y los demás? ¿Y si ese sistema nos sirviera para distinguir con más claridad nuestros filtros y tomarlos debidamente en cuen­ta? ¿Y si este sistema nos mostrara nuestros problemas psicológicos esenciales a la vez que nuestras fuerzas y debilidades en las relaciones interpersonales? ¿Y si este sistema no dependiera de las opiniones de especialistas o gurús, ni de la fecha de nacimiento, ni del orden de nacimiento, sino de nuestros ras­gos de personalidad y nuestra disposición a explorarnos con sinceridad? ¿Y si este sistema no sólo nos mostrara nuestros problemas esenciales sino también nos indicara la manera de hacerles frente o tratarlos? ¿Y si este sistema tam­bién nos dirigiera hacia las profundidades de nuestra alma?

Este sistema existe, y se llama Eneagrama.
En sentido espiritual, todo lo que uno desea, a lo que aspira y necesita está siempre presente, es asequible aquí y ahora, para aquellos que tienen ojos para ver.

SURYA DAS



El espíritu es una fuerza invisible que se hace visible en todo lo que vive.

MAYA ANGELOU




SERES DE LUZ

Uno de los incidentes más importantes de mi vida me ocurrió (a mí, Don) hace varios años durante un retiro espiritual de una semana en el Estado de Nueva York. Éramos alrededor de cincuenta personas y nos alojábamos en un hotel de comienzos de siglo, propiedad de nuestro profesor. Puesto que los terrenos y el interior de la vieja casa necesitaban mantenimiento constan­te, era el lugar idóneo para que hiciéramos trabajos manuales penosos y una oportunidad perfecta para observar nuestras resistencias y reacciones mien­tras trabajábamos. Era verano y el calor era intenso, había pocas duchas, las colas para los cuartos de aseo comunes eran largas y casi no teníamos perio­dos de descanso. Como todos sabíamos, todas esas condiciones físicas y co­munitarias entraban en el plan de nuestro profesor para sacar a la luz nues­tros «rasgos» de personalidad, con el fin de que pudiéramos observarnos con más claridad en la intensidad de ese laboratorio vivo.

Una tarde se nos dio la rara oportunidad de hacer una siesta de tres cuar­tos de hora entre trabajo y trabajo. A mí se me había asignado la tarea de ras­car la pintura de la pared exterior del viejo hotel, y muy pronto estaba cu­bierto de la cabeza a los pies de escamas de pintura seca. Al final de nuestra sesión de trabajo estaba tan agotado y sudoroso que no me importó la sucie­dad; necesitaba una siesta, y tan pronto nos dieron la señal de dejar el traba­jo, fui el primero en llegar al dormitorio común y meterme en la cama. Poco después llegaron la mayoría de los otros chicos de ese dormitorio y a los cin­co minutos ya estábamos todos disponiéndonos para dormir.

En ese momento llegó el compañero de habitación que faltaba. Alan. Le habían asignado el trabajo de cuidar a los hijos de los miembros del grupo, y por su forma de entrar, con un portazo, y de tirar las cosas a su alrededor era clarísimo que estaba furioso por no haber podido desocuparse antes para su­bir a dormir la siesta. Pero sí tuvo tiempo para hacer bastante ruido y no de­jar descansar a nadie más tampoco.

Poco después de que entrara Alan metiendo bulla, me ocurrió algo pas­moso: vi que mis reacciones negativas subían por mi cuerpo como un tren que llega a una estación; y no me subí al tren. En un instante de simple clari­dad, vi a Alan con su rabia y frustración, vi su comportamiento tal como era, sin añadidos ni complejidades, y vi cómo se iba «acumulando» mi rabia para descargarla sobre él; y no reaccioné a nada de esto.

Al limitarme a observar mis reacciones de rabia y autojustificación en lugar de actuar según ellas, fue como si de pronto se hubiera descorrido un velo ante mis ojos y me abrí. En un instante se disolvió algo que normal­mente me bloqueaba la percepción, y vi el mundo completamente vivo. De pronto Alan era encantador y los demás chicos perfectos en sus reacciones, fueran las que fueran. Miré por la ventana y con igual asombro vi que todo lo que me rodeaba brillaba desde dentro. La luz del sol en los árboles, las ho­jas mecidas por la brisa, el suave crujido de los paneles de vidrio en los viejos marcos de la ventana, todo era demasiado hermoso para expresarlo con pala­bras. Me quedé extasiado ante lo milagroso que era todo; todo, absoluta­mente todo, era hermoso.

Continuaba en ese estado de asombrado éxtasis cuando me reuní con el resto en la meditación de última hora de la tarde. Al profundizar en la medi­tación, abrí los ojos y miré a mi alrededor, y entré en lo que sólo puedo defi­nir como una visión interior cuya impresión ha permanecido en mí durante años.

Lo que vi fue que cada una de las personas reunidas allí era un «ser de luz». Vi claramente que todos estábamos hechos de luz, que éramos como formas de luz, pero sobre esa forma había surgido una corteza; esa corteza era negra y de consistencia gomosa, como alquitrán, que oscurecía la luz interior que era el yo verdadero de cada persona. En algunas partes la capa de alqui­trán era muy gruesa y densa; en otras, más delgada y transparente. Las per­sonas que han trabajado en sí mismas durante más tiempo tienen menos al­quitrán e irradian más de su luz interior. Debido a sus historias personales, otras personas están cubiertas con más alquitrán y necesitan trabajar muchí­simo para quitárselo.

Alrededor de una hora después, la visión se fue desvaneciendo y desapa­reció. Cuando terminó la meditación teníamos más trabajo que hacer; me apresuré a ir a realizar una de las tareas más ingratas: fregar los platos en la ca­lurosa cocina, pero dado que aún seguía palpable cierto residuo del éxtasis, esa tarea también fue un momento de dicha.

Relato esta historia no sólo por su importancia para mí personalmente, sino también porque me enseñó de manera gráfica que las cosas de las que vamos a hablar en este libro son reales. Si nos observamos con sinceridad y sin juzgarnos, si vemos en acción los mecanismos de nuestra personalidad, podemos despertar y nuestra vida puede ser un maravilloso despliegue de belleza y dicha.


CÓMO UTILIZAR ESTE LIBRO
El eneagrama sólo puede servirnos si somos sinceros con nosotros mismos. Así pues, los elementos de este sistema, y este libro, servirán mejor como guía para la autoobservación y la autoexploración. Este libro lo hemos diseñado con muchos detalles prácticos para facilitar su uso, entre otros:


  • Actitudes sanadoras, dones y proceso de transformación de cada tipo de personalidad.

  • Cómo «observar y dejar marchar» los hábitos y las reacciones pro­blemáticos.

  • Cómo trabajar con las motivaciones de cada tipo de personalidad.

  • Mensajes inconscientes recibidos en la infancia.

  • Estrategias terapéuticas para cada tipo.

  • «Empujones» espirituales para arrancar, llamadas a despertar y ban­deras rojas para cada tipo.

  • Cómo cultivar la percepción en la vida cotidiana.

  • Sesiones de trabajo interior y prácticas para cada tipo.

  • Cómo usar el sistema para continuar el crecimiento espiritual.

Dado que es útil hacer los ejercicios que presenta este libro en una espe­cie de diario personal, te convendría dedicar a este fin una libreta, cuaderno o archivador. Te recomendamos que uses este diario de trabajo interior para anotar las ideas y percepciones que te vengan a la mente mientras lees acerca de tu tipo de personalidad y sobre los otros ocho. A muchas personas les ocu­rre que esta información les evoca todo tipo de temas, recuerdos e inspira­ciones creativas.

A modo de primer ejercicio te sugerimos que escribas tu biografía, no tu autobiografía; escribe sobre ti en tercera persona, usando el «él» o el «ella», no el «yo». Cuenta la historia de tu vida, comenzando por tus primeros años (o antes, lo que sabes de la historia de tu familia) hasta el momento presente, como si estuvieras hablando de otra persona. También podría ser convenien­te que dedicaras una página de tu diario a cada decenio, dejando espacio para añadir ideas y observaciones al respecto a medida que las recuerdas. No te preocupes de la «corrección» literaria; lo importante es que veas tu vida en su conjunto y totalidad, como si la contara otra persona.

¿Cuáles han sido los momentos decisivos de tu vida, tus traumas y triun­fos, esos momentos en que comprendiste que, para bien o para mal, tu vida no volvería a ser la misma? ¿Cuáles han sido las personas más importantes de tu vida, las que han actuado de «testigos» de tus esfuerzos y de tu crecimien­to, aquellas que te han herido y aquellas que han sido tus mentores y amigas comprensivas? Pon el máximo posible de detalles.

Vuelve a tu biografía siempre que desees añadir algo mientras lees este li­bro y adquieres más conocimiento sobre ti mismo. Tu historia se irá enri­queciendo y adquirirá más sentido a medida que te comprendas con más profundidad.

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