La tortura como práctica1



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LA TORTURA COMO PRÁCTICA1

Por Rafael Rincón2


Quienes niegan la existencia del conflicto armado en Colombia y afirman la presencia de una agresión terrorista buscan, obviamente, dar un tratamiento diferente a la compleja violencia que desvela al país desde hace más de cuarenta años. Si el diagnóstico es de agresión, como dicen, en primer lugar no cabe la negociación; y en segundo lugar, no hay combatientes, ni delincuencia política sino agresores.
Reducir las violencias al diagnóstico de agresión tiene sus secuelas especialmente en el campo de los derechos humanos. Negar el conflicto armado es negar posibilidad de humanizar la guerra desde el Estado, es impedir la aplicación del Derecho Internacional Humanitario. Negar el conflicto armado conlleva a disciplinar a la milicia no para la guerra sino para la agresión y la guerra preventiva. Se trata de entrenar a los soldados para ocupar, para agredir y para desconfiar de los potenciales atacantes. La vía para lograr este fin es endurecer al soldado y el recurso para lograrlo es la tortura. En esta concepción conseguir “positivos”, resultados favorables, es un valor superior a la forma de obtenerlos.
Colombia se prepara, bajo la perversa influencia militar norteamericana, a replicar la experiencia de Estados Unidos en Guantánamo, Cuba, con los 500 afganos despojados de su dignidad y de todos sus derechos; creando cárceles de máxima seguridad para entes, o para terroristas entre quienes estarán los opositores y disidentes al poder reelecto; o replicar la experiencia infame de la cárcel de Abu Ghraib en donde Estados Unidos, el invasor, aniquila en tierra ajena a sus agresores, los nativos; o la experiencia de la extinta Colonia Dignidad, del dictador chileno Augusto Pinochet, donde torturaba y desaparecía a los opositores.
Tildar de terrorista no sólo al enemigo sino también a la víctima sirve para justificar su degradación como persona y para negarle todos los derechos. Se hace de manera frecuente en Colombia cuando con boletines de prensa emanados de los Batallones se informa a la opinión pública de terroristas dados de baja y los noticieros replican dócilmente los contenidos castrenses, sin citar la fuente, y prestando así un pobre servicio a la información y a la justicia.
Lo grave de lo ocurrido en el Batallón de Infantería Patriotas en las instalaciones de la Sexta Brigada de Piedras (Tolima) es constatar, con el reprobable caso de los 21 conscriptos, que la tortura es una práctica, que no sólo es un detestable medio aislado para conseguir información o infligir dolor, sino que es un uso repetido, parece que se quiere tener soldados agredidos, indignos, que puedan pelear en cualquier latitud, y que, además, la tortura es también para los amigos y no exclusivamente para los adversarios.
La tortura es un fundamento de la llamada guerra preventiva de Bush y de la denominada seguridad democrática del Presidente Uribe. Con la tortura se descubren los horrores de este par de eufemismos. Así lo manifestaron los suboficiales cuando afirmaron que las torturas las aplicaban cumpliendo órdenes superiores y así lo constatan los familiares de soldados que habían callado por temor a represalias contra sus hijos, y así lo lamenta el comandante del ejército, General Reynaldo Castellanos, al calificar los hechos como una vergüenza para la institución.
La tortura en el ejército es una práctica, no es un hecho aislado. Las quemaduras y los abusos sexuales son menos denunciados que las golpizas, los submarinos o las humillaciones a los soldados campesinos. Y es una práctica que cuenta con la anuencia de algunos superiores o en palabras del Ministro de Defensa Camilo Ospina, con la “subvaloración de la información” (sic) y con la impunidad de los órganos de investigación y control.
La tortura con el enemigo busca infligir sufrimiento o conseguir información, la tortura con el amigo pretende disciplinar o conseguir un entrenamiento a prueba de fuego para no dejarse aniquilar del contrario.
Lo fatal de la tortura como práctica es que daña tanto a la víctima como al verdugo. La tortura es un cuchillo de dos filos. Colombia necesita un ejército digno, combatiente, lejos de la tortura, y ajustado a la Constitución.

Medellín, 21 de febrero de 2006




1 el yesQuero No. 90. Medellín, febrero 21 de 2006. http://elyesquero.blogspot.com/ elyesquero@gmail.com

2 Director del Consultorio de derechos y gobernabilidad háBeas corpus


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