La transformación de la hemoterapia



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In Memorian

El día 26 de Noviembre de 2011 falleció a los 90 años el Dr. José Martín Villar. Natural de Requena se había licenciado en Medicina en la facultad de Valencia. A los 31 años se traslada a trabajar a Canadá donde permanece durante 11 años en el Departamento de Medicina de la Universidad de Ottawa que dirigía el que sería su maestro el profesor Smaily. Tras un periodo de dos años en el Centro de transfusión de la ciudad inglesa de Leeds, regresa a Madrid en el año 1965. Es la época en la que se está transformando la asistencia sanitaria en nuestro país con la construcción de una amplia red hospitalaria, la creación de los servicios jerarquizados en los hospitales y posteriormente la formación de especialistas por la vía MIR. A esta ingente tarea nacional se incorpora el Dr. Martin Villar asumiendo la jefatura del Servicio de Hematología y Hemoterapia de la Ciudad Sanitaria de La Paz en Madrid en 1966. Esta institución sanitaria, por su tamaño (mas de 2.000 camas repartidas en todas las especialidades médico-quirúrgicas) y su ubicación en la capital de la nación, se convierte en un punto de referencia y de incorporación de los nuevos planteamientos en el quehacer sanitario y que junto a otras instituciones, también señeras, en Zaragoza, Barcelona, Sevilla, Valencia etc. serian los focos institucionales que provocarían el cambio.

La primera tarea que asumió el Dr. Martin Villar, por su prioridad en el hospital de referencia para la cirugía especializada, fue la transformación de la hemoterapia que, habiendo estado en vanguardia mundial durante nuestra guerra civil, se había quedado anclada en el tiempo. El paso de la donación de sangre remunerada a la altruista, que si no fue el primero, ya que existían los antecedentes en Zaragoza, Navarra, Barcelona etc. si fue por su envergadura la que sirvió como modelo y acicate para el cambio efectuado desde entonces para todo el país y de sus gestiones se generalizaría la creación de las Hermandades de Donantes y su federación nacional.

La disponibilidad de gran cantidad de sangre y la incorporación masiva de procedimientos de fraccionamiento y concentración del factor VIII etc., propicio el desplazamiento de pacientes hemofílicos de distintos lugares de España en busca de tratamientos más adecuados y avalados por los conocimientos que , de su experiencia canadiense sobre esta enfermedad , aporto el Dr. Martin Villar. Y esta fue su segunda gran contribución a la asistencia médica, la creación de la Unidad de Hemofilia de tratamiento integrado (hematología general, coagulación, traumatología, rehabilitación, soporte psicologico, aspectos sociales y educativos etc.) cuyo modelo se fue implantando con gran éxito en otras regiones españolas.

Para darle un soporte institucional y corporativo, en 1971 crea la Asociación Española de Hemofilia de la Seguridad Social y en 1972 la inscribe en la Federación Mundial de Hemofilia (WHF) durante el congreso de Moscú.

Años después, propicia la creación de la Real Fundación Victoria Eugenia para las ayudas a los pacientes hemofílicos, de la que sería su primer presidente. Sus conexiones internacionales le permitieron participar con los grupos más avanzados en el uso de remedios sobre esta patología y así , muy precozmente, se implantaron en nuestro país las medidas pioneras de su época: tratamientos con cirugía correctora, profilaxis, uso de productos anti hemofílicos inactivados por calor etc. Pepe, como era conocido por sus amigos (Roberts, Aledorf, Jones, Snabel, Mannucci, etc) nos situó en el grupo de vanguardia en esta especialidad.

Un aspecto a destacar de su actividad, que tuvo una gran repercusión para la profesión hematológica y hemoterapica española fueron sus gestiones, ayudado por otros pero bajo su liderazgo, sobre la implantación de nuestra especialidad integrada y autónoma en las instituciones sanitarias de la Seguridad Social y a lo que eran reticentes los departamentos de medicina Interna y algunos directores médicos y profesores universitarios. Con su habilidad y prestigio profesional fue inculcando en las autoridades políticas del momento la necesidad de los cambios más acorde con la modernización médica que ya se habían implantado en los países de nuestro entorno. Este paso de una Medicina propia del siglo XIX a la del XX fue realizado por nuestros políticos evidentemente, pero soportada por las ideas y la contribución de personas como el Dr. Martín Villar.

Una faceta profesional que le quedó frustrada fue la implantación de los trasplantes hematológicos en sus inicios. Había escrito su tesis doctoral, leída en su facultad valenciana ante el entonces catedrático Prof. Carmena (hijo de su más querido y admirado profesor durante su época de estudiante) y que había desarrolla durante su estancia americana sobre la supervivencia de ratones radiados a dosis letales pero posteriormente transfundidos con extractos de medula ósea. Las facilidades que propicio para la implantación de la hematología clínica en nuestros hospitales le fueron negadas en el suyo propio por el egoísmo personal y la visión miope ante la modernidad que se avecinaba.

De sus cualidades personales quedan constancia en los amigos que lo trataron: su sencillez y modestia, su accesibilidad para con los compañeros etc. y su tenacidad y perseverancia en la búsqueda de logros importantes. A sus más íntimos colaboradores, con los que compartió sus meritos, les abrió las ventanas para airearse a los vientos que la medicina moderna traía de fuera y en algunos aspectos de la hematología española nos situó en el mundo.

Después de su jubilación, vivió con serenidad e interés los acontecimientos que se iban produciendo. Conservó una gran lucidez intelectual hasta el final. Le afecto profundamente la perdida reciente de Lorna, su esposa británica. Deja dos hijos: Ricardo y Alejandro y numerosos nietos.

Que su ejemplo sirva a las nuevas generaciones que no lo conocieron

Descanse en paz, permaneciendo en el recuerdo como maestro, compañero y amigo.



José Luis Navarro


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