La universidad, su fundación y sus propiedades



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LA UNIVERSIDAD, SU FUNDACIÓN Y SUS PROPIEDADES
La fundación de la Universidad del Cauca es, sin duda alguna, un paradigma y un modelo a seguir por las demás universidades y colegios de la nueva república. El contexto político y social de la época sirvió para que Popayán se alzara como la ciudad universitaria por excelencia en todo el sector del sur-occidente colombiano, cuando el Cauca tenía bajo su manto el cuidado de varios departamentos como el de Caldas, que recibiría el nombre del prócer caucano, gran parte del actual eje cafetero, el Valle del Cauca, Nariño, Huila, Putumayo y Caquetá, conocido éste como el Estado Soberano del Cauca, y poseedor de una gran estirpe de pensadores, hombres y mujeres visionarios, sobre los que se diseñó el modelo de Estado que se levantaría contra el colonialismo.
Fue en el Cauca donde se pensó al país, porque fue paso obligado de los visitantes del nuevo continente, del Libertador1, de los científicos2, de los militares, y hasta de los personajes de la literatura universal3. La atractiva inspiración del Cauca y de Popayán, sirvieron para ser de esta comarca el centro de operaciones de la libertad y la independencia, y para que finalmente fueran sus hijos los que pagaran el costo de aquella anhelada emancipación, con el dolor de la muerte de sus más preciados personajes, que hasta la fecha se recuerdan con nostalgia y resignación.
Sin embargo, esas pérdidas honorables, no fueron en vano, porque se levantaron en la ciudad las primeras aulas de clase universitarias, en los claustros donde se impartía el designio espiritual de la humanidad empezaron a hacer presencia los alumnos que siguieron entregando orgullo a la ciudad.
El General Francisco de Paula Santander, no pudo pasar por alto la obligación moral del país con el Cauca y tuvo que dejar en él la continuación del proyecto libertador, fundando el 11 de noviembre de 1827 la Universidad del Cauca.
A continuación y para mayor comprensión de este importante suceso en la historia del Cauca y del país, se transcribe un aparte de lo ocurrido en la instalación de la Universidad según el acta de fundación, tomada del libro del historiador Arcesio Aragón4, en su “Monografía Histórica de la Universidad del Cauca”, una valiosa recopilación de la historia de la Universidad del Cauca y de Popayán: “Como muchos padres de familia y vecinos importantes de Popayán solicitaron del Vicepresidente la inmediata creación de la Universidad del tercer distrito, para realizar así un anhelo acariciado con amor desde los días de la colonia, según lo hemos visto ya en la primera parte de esta monografía de Popayán, llamada a ejercer tan grande influjo en el adelanto intelectual del sur de Colombia. Según el decreto general reglamentario de 3 de octubre de 1826, incumbía al Poder Ejecutivo la designación de los superiores, el General Santander por decreto expedido en Santafé de Bogotá el 24 de abril de 1827 creó la Universidad del plantel; poco después, como ya lo veremos, esta importante atribución fue confiada a la Junta General de Instrucción Pública de cada Distrito.
Para la instalación de la Universidad fueron nombrados Rector y Vicerrector, respectivamente, don José Antonio Arroyo y el Presbítero doctor Manuel José Mosquera, Canónigo de la iglesia Catedral.
Por ser un documento excepcionalmente importante, transcribimos a continuación del acta de instalación de la Universidad, tomándolo del libro original que reposa en el archivo del Instituto:
"En la ciudad de Popayán, a once días del mes de noviembre de 1827, décimo séptimo de la independencia de Colombia, constituidos en la antigua capilla del extinguido convento del Predicador los señores Subdirector e Instrucción Pública don Santiago Arroyo, adjunto don Joaquín Mosquera, Secretario de la Subdirección Doctor José Cornelio Valencia, Vicepresidente doctor Manuel José Mosquera, Catedráticos doctores Fortunato Manuel de Gamba, Joaquín Fernández de Soto, Mariano Urrutia, José María Grueso, Rafael Mosquera, Lino de Pombo, Manuel María Rodríguez, Joaquín Cajiao, José Vicente Coba, R. P. Fray Manuel Granda, y el infrascrito Secretario catedrático de legislación universal, civil y penal, con asistencia de los señores Intendente del Departamento, Ilustrísimo Obispo de esta Diócesis, Muy Ilustre Municipalidad del Cantón y todas las personas notables y condecoradas con grados académicos, se procedió a leer los decretos del Supremo Gobierno de veinticuatro de abril y cinco de octubre de este año sobre creación y establecimiento de esta Universidad y nombramiento de los individuos que la componen, a saber: el señor Rector don José Antonio Arroyo, ausente y los sujetos arriba indicados. En consecuencia, y en virtud de que el señor Vicerrector y Secretario han prestado anteriormente el juramento constitucional, y de que hoy han cumplido con este requisito los catedráticos nuevamente nombrados, el señor Subdirector declaró instituida la Universidad del Cauca, pronunciando en seguida un discurso análogo a este asunto, en que manifestó todas las ventajas que son de esperarse de un cuerpo destinado a la propagación de las luces, y cuyos miembros, aseguró no dudaba corresponderían a la confianza del Gobierno y el voto de sus conciudadanos. El señor intendente por su parte expuso la alta satisfacción que 1e cabía como a Jefe del Departamento por este suceso que va a influir poderosamente en la prosperidad y mejora del Cauca y de toda la República; exhortó a los nuevos catedráticos al más exacto cumplimiento de sus deberes, y a los jóvenes a que no malograsen los medios que les proporciona el Gobierno para el cultivo de sus espíritus, y continuó protestando que en cuanto estuviere en sus facultades propendería a que el nuevo establecimiento marche con toda regularidad hacia su alto fin. El señor Vicerrector dio las gracias por el honor que se le ha dispensado, agregando que no ahorraría ningún sacrificio para llenar las esperanzas que de S. S. se han formado. Con lo cual dio por concluido el acto, firmando esta diligencia los señores arriba expresados por ante mí el infrascrito escribano de que doy fe.

Santiago Arroyo - Joaquín Mosquera - José Cornelio Valencia- Manuel José Mosquera - Fortunato Manuel de Gamba y Valencia - Joaquín Fernández. de Soto - Manuel Mariano Urrutia - José María Grueso - Manuel María Rodríguez - Fray García de Granada - José Rafael Mosquera - Joaquín –Cajiao José N. Cobo - Lino de Pombo - José María Mosquera- Marcelino Hurtado Manuel J. Cayzedo - El secretario, Rufino Cuervo.


Antes de pasar adelante, estimamos conveniente recalcar un poco en la prestancia de las personas a quienes confió el Gobierno Nacional la inauguración de la Universidad, para que se vea con qué clase de elementos contó desde su iniciación este instituto, para llenar dignamente su misión cultural.
Don Santiago Arroyo Pérez y Valencia, Subdirector del Instituto Público, nació en Popayán, el 28 de julio de 1773 y recibió de abogado en 24 de enero de 1799. Desempeñó con lucimiento los cargos de Juez Letrado de Hacienda,- Diputado y Presidente de la Cámara Provincial de Popayán, Ministro de la Corte de Justicia del Cauca, Teniente asesor de la Intendencia del mismo Departamento, encargado del gobierno seccional de 1822 a 1823, miembro del Congreso de Colombia, miembro de la Junta curadora de la educación de los niños, individuo de número de la Asamblea Nacional de Colombia etc. Escribió varias obras didácticas y una historia de Popayán que abarca los acontecimientos de la lucha de independencia en esta ciudad, en la cual murió el Dr. Arroyo el 30 de mayo de 1845. Cuando tuvo lugar la instalación de la Universidad era Subdirector de Instrucción Pública, en ese concepto presidió la Junta.
Don Joaquín Mosquera nació en está ciudad el 14 de diciembre de 1787, y Se educó en el Seminario de aquí, donde obtuvo el título de doctor en jurisprudencia en 1805. En 1810 tomó parte en el movimiento emancipador, y como miembro del Cabildo de Popayán concurrió a la célebre junta de gobierno, o; cabildo abierto del 5 de agosto. En 1822 fue nombrado por el Libertador Ministro Diplomático de la Gran Colombia en Chile, Perú y Buenos Aires; fue elector, miembro de la Cámara Provincial de Popayán, Presidente del Congreso en 1824 y miembro de varios otros, Consejero de Estado, Presidente de la Gran Colombia en 1830, Vicepresidente de la Nueva Granada en 1834, Rector y Profesor de la Universidad del Cauca en 1836; orador distinguidísimo, escritor atildado y eminente cultivador de las ciencias políticas. Murió en Popayán el 4 de abril de 1878. En 1827 era adjunto a la Subdirección de Instrucción Pública y en ese carácter, concurrió a la instalación de la Universidad.
El doctor Cornelio Valencia nació en Popayán en 1790 y murió en Bogotá el 15 de Abril de 1840, en ejercicio de las funciones de Consejero de Estado. Fue miembro de la Junta Curadora de la educación de los niños en su ciudad natal, administrador General de la Renta de Tabacos, Diputado a la Asamblea de Buga, reunida en noviembre de 1830, cuando la dictadura del General Rafael Urdaneta; miembro del Congreso de Quito en 1831; del Cuerpo Constituyente de Rosario de Cúcuta, de los congresos neogranadinos de 1837 y 1838, en que actuó como Senador y fue Presidente de esa Corporación, y de los de 1839 y 1840 como Diputato dejó fama de orador elocuentísimo, y era especialmente versado en ciencias jurídicas y en los cánones sagrados.
El Dr. Manuel José Mosquera nació en Popayán el 11 de abril de 1800; aquí mismo comenzó sus estudios en el Seminario Conciliar y luego los terminó en Quito; de regreso a esta ciudad se ordenó de Presbítero en 1823, y cinco años después le fue conferido el grado de doctor en ambos derechos. Ejerció los cargos de Juez de Diezmos, Canónigo Doctoral y Vicario General. En 1832, el Papa Gregorio XVI lo condecoró con el título de Prelado Doméstico, y en 1835 fue electo Arzobispo de la Sede metropolitana de Santafé de Bogotá. Su procera figura vivirá siempre en los anales de la iglesia colombiana con la triple aureola del santo, del mártir y del sabio y es él sin duda, la personalidad más ilustre que entre nosotros haya ceñido la mitra episcopal. La historia de su gobierno pastoral es demasiado conocida para reseñarla aquí. Desterrado de su patria por un gobierno sectario, se dirigida a Roma a recibir el capelo cardenalicio cuando lo sorprendió la muerte en MarseIla en diciembre de 1852. El ingenioso anagrama formado de su nombre (alma que moró en Jesús) parece ser la síntesis, de toda su existencia. Tocole a él organizar la Universidad como Vicerrector encargado del Rectorado (pues el Rector nombrado, don José Antonio Arroyo se hallaba ocupando una curul en el Congreso), y con carácter de Rector continuó en ejercicio hasta su promoción a la Silla metropolitana de Bogotá.
El doctor Fortunato Manuel de Gamba fue natural de Cartagena y recibió en Bogotá el título de abogado en 1817. Fue asesor del Gobernador de Santa Marta, Gobernador del Chocó, Diputado a varios Congresos, Juez Letrado de Hacienda de Buenaventura, Ministro, Fiscal del Tribunal del Cauca, Ministro, del Tribunal de Boyacá y del de Apelaciones del Centro (Bogotá) y Magistrado de la Corte Suprema.
El Presbítero Joaquín Fernández de Soto era oriundo de Buga, y se distinguió, por su entusiasmo en favor de la causa republicana, cuando estalló el movimiento de la emancipación se hallaba en Popayán en 1813, y al ocupar la ciudad el jefe español don Juan Sámano lo condeno al destierro. Vuelto a la patria, reelegido al Congreso Constituyente de 1821. Murió aquí en octubre de 1830 en ejercicio del cargo de Tesorero de la Catedral.
El Presbítero Manuel Mariano Urrutia, hijo de Popayán, ordenado, á principios del siglo XIX, y ejercía las funciones de Secretario del Capítulo Diocesano cuando estalló la guerra de la independencia. Celoso partidario del gobierno español, abandonó la ciudad después del triunfo de los republicanos en Palacé, pasó Pasto y de allí siguió hasta Quito, donde se distinguió como profesor. Ejerció también el profesorado en el Seminario de Popayán y en la Universidad, de la cual fue en época posterior -como luego veremos- Vicerrector encargado del Rectorado. Alcanzó por oposición la Canongía Magistral en La catedral de aquí, y en l834 fue nombrado Deán y por la Sede Apostólica. En 1829 fue enviado como mediador ante el General José María Obando, y a sus gestiones y a la del doctor José María Grueso se debió la sumisión de aquel jefe al Libertador. Concurrió como Diputado a los Congresos de 1832 a l8.33 y como Senador al de 1840, en el cual fue Vicepresidente de esa alta Cámara fue, además, Elector Cantonal. Poseía ilustración literaria y era especialmente perito en ciencias naturales. Murió en l842.
El Presbítero José María Grueso nació en Popayán en 1779; hizo sus primeros estudios en el Seminario de su ciudad natal; cursó luego estudios profesionales en el Colegio de San Bartolomé de Bogotá, y terminada su carrera de abogado, se preparaba a regresar a esta ciudad con su prometida esposa doña Jacinta Ugarte, cuando murió ella de repente. Herido en el alma por esta inesperada desgracia, ingresó nuevamente al Colegio y se hizo sacerdote. Volvió en 1806 a Popayán, donde fue factor muy eficaz en el fomento de la instrucci6n pública. Al reorganizarse el Seminario en 1818, después de un receso de largos años, fue su Rector, cargo que desempeñó por casi una década., Fue adversario de la causa republicana durante la guerra magna; con este motivo emigró a Pasto en 1819, y al tratar allí al Libertador en 1822 se hizo republicano; Murió el 13 de mayo de 1835. Fue provisor, Vicario General y capitular del Obispado y ocupó la Canongía Doctoral; se distinguió como poeta y como orador, mas se conserva muy poco de lo que escribió, especialmente en verso. Don José María Vergara y Vergara lo menciona con elogio en su Historia de la literatura de la Nueva Granada. De sus discursos es el más notable el pronunciado en la apertura de estudios en la Universidad en 1824, y entre sus sermones se destaca el que compuso para la fiesta de acción de gracias por el triunfo de Ayacucho.
El presbítero Manuel María Rodríguez y Gil nació en esta ciudad a fines del siglo XVIII, hijo del poeta don Francisco Antonio Rodríguez. Se graduó de doctor en jurisprudencia en 1810. Vicerrector y Profesor del Seminario y profesor de la Universidad, cargo que desempeñó hasta que se trasladó a Cali, de cuya parroquia fue cura y vicario y donde murió en diciembre de 1837.
Don José Rafael Mosquera nació en Popayán en 1785; fue hijo de don Marcelino de Mosquera y Figueroa, uno de los magnates más acaudalados de su época. Al principio fue refractario al estudio, razón por la cual se le llamó «el burro de oro"; pero luego cambio de conducta y llegó a ser uno de los individuos más ilustrados de la República y que mayormente influyeron en el desarrollo de los sucesos políticos de su tiempo. Lanzado el primer grito de emancipación se afilió con entusiasmo al movimiento y fue de los más ardorosos republicanos; en la Junta organizada en esta ciudad, el 5 de agosto de 1810; más tarde peleó como soldado raso a órdenes de Nariño en los combates de Alto Palacé y Calibío en 1814. Después de la derrota de la Cuchilla del Tambo en 1816 emigró del país para eludir las persecuciones realistas. Establecida la República, fue profesor de la Universidad del Cauca, miembro de la Junta Curadora de la educación de los niños, elector del cantón, diputado por Nóvita a la Asamblea reunida en Buga el 11 de noviembre de 1830 para tratar de la nacionalidad del Cauca. Departamento que por algunos meses formó con el Ecuador un solo Estado, del cual se trató de hacer Presidente el señor Mosquera. Fue además, Presidente de la Cámara Provincial de Popayán, Presidente de la Cámara de Diputados; Ministro de lo Interior y Relaciones Exteriores y autor de la Constitución Política de la Nueva Granada, expedida en 1843, año en que murió en esta ciudad, el 5 de octubre. Fue diserto y elegante orador, versadísimo en ciencia constitucional (materia de que dejó un texto inédito muy apreciado en su época), y, según concepto de don José Eusebio Caro, fue el oráculo de los primeros Congresos.
Don Lino de Pombo nació en Cartagena el 7 de enero de 1797 del matrimonio de don Manuel de Pombo, payanés, y doña Beatriz O'Donnell, linajuda dama española, hermana del General Leopoldo O'Donnell, primer Duque de Tetuán; hizo sus estudios en Bogotá en el Colegio del Rosario bajo la inmediata dirección de Caldas de quien fue discípulo predilecto y amigo intimo. Al estallar la revolución de 1810, tomó armas en servicio de la patria e hizo las campañas de Magdalena y Santa Marta bajo las órdenes de Labatut, Miguel Carabaño, Manuel del Castillo, Cortés, Campomanes y Sata hasta 1815; en el memorabIe sitio de Cartagena defendió durante cuatro meses el cerro de La Popa, al mando de los Generales Bermúdez y Saublette: con los escuálidos restos de la guarnición se abrió paso al mar a través de las baterías y escuadras enemigas el 5 de diciembre de aquel aciago año de 1815, en reunión de cuantos sobrevivían de las familias más ilustres de la ciudad, y hecho prisionero con García de Toledo, Ayos y Granados, fue de nuevo llevado a Cartagena y retenido en el castillo de San Felipe hasta 1817, después de participar en la espantosa tragedia de la familia de su ilustre tío don Jasé Ignacio de Pombo; familia opulenta y reducida a la desnudez por los piratas, y muertos varios de los miembros literalmente de hambre en aquella heroica emigración. Fue en seguida enviado a la Península con su padre don Manuel en calidad de presos; allá la protección de su tío el General O'Donnell le valió para que se le permitiera continuar sus estudios de matemáticas en la Universidad de Alcalá de Henares. En 1822 tomó parte en la insurrección de Riego, y se cree que el célebre himno patriótico que lleva el nombre de este cuadro fue obra suya; cayó prisionero en la batalla de Jódar, y merced a la fuga pudo escapar de ser pasado par las armas. Volvió a la patria en 1825 y tomó servicio para servir a la campaña del sur con el tutela del Teniente Coronel de Ingenieros, hasta marzo de 1829, en que obtuvo del Libertador su licencia absoluta en la ciudad de Pasto. Estableciéndose entonces en Popayán, tierra de sus mayores, acopándose en regentar algunas cátedras en la Universidad y en redactar en asocio del doctor Manuel Jasé Mosquera (luego Arzobispo de Bogotá). El Constitucional del Cauca. En 1833 lo llamó el General Santander a la Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores, empleo que desempeñó con singlar lucimiento durante varias administraciones; fue además Secretario de Hacienda en el primer periodo de gobierno del General Mosquera (1845-1849); Ministro Plenipotenciario en Caracas, varias veces Representante y Senador, Director del Crédito Nacional y de la Oficina General de Cuentas, de la Casa de Moneda de Bogotá, Gobernador de esa Provincia, organizador y profesor del Colegio militar y Procurador General de la Nación. Fue un polígrafo insigne; dejó varias obras de matemáticas que han sido consideradas, como textos clásicos durante mucho tiempo; redactó la Recopilación Granadina en 1844, por encargo del Gobierno, monumento jurídico no superado ni emulado después, y escribió una biografía de Caldas, digno homenaje de tal discípulo a tal maestro. Lleno de honores y merecimientos murió este varón distinguidísimo -tipo de estadista por el estilo de un Gladstone o un Distraeli- en Bogotá el 20 de noviembre de 18625.

Don Marcelino Hurtado nació en Popayán en 1786; hizo sus estudios en Bogotá en el Colegio del Rosario, hasta coronados en 1809 con el título de Doctor en Medicina. Fue vocal del Cabildo en 1810; concurrió como se ha visto, a la fundación de la Universidad del Cauca; en 1839 regresó a dicho Instituto como alumno de la Facultad de Teología y al poco tiempo se ordenó de Presbítero. Ejerció el cargo de mediorracionero de la Catedral y de miembro de la Sociedad de Educación primaria. Murió en la ciudad de su nacimiento el 29 de enero de 1844.


Don Manuel José de Cayzedo, fue hijo de don Manuel de Cayzedo, célebre Alférez Real de Cali, y murió en esa ciudad en 1779. Estudió en el Seminario de Popayán, se graduó de doctor en Derecho y abrazó el estado eclesiástico, recibiendo las órdenes sagradas en 1808. Fue Provisor del Obispado de Quito y Arcediano de Cuenca, y trabajó con entusiasmo por la independencia, lo que le valió ser desterrado al archipiélago de Filipinas. Vuelto a la patria, en virtud de haber levantado el destierro Fernando VII en 1820, fue de los fundadores de nuestra Universidad y Rector por varios años del Colegio de Santa Librada. En 1829 fue electo Representante suplente por el Chocó y en 1835 Senador suplente. Sus paisanos lo designaban, por su larga residencia en Filipinas, con el apodo del Padre Manila
Don Rufino Cuervo, primer Secretario de la Universidad, fue aquel varón prestantísimo que tanto y tan benéfico influjo ejerció en la política general en los primeros lustros de nuestra vida independiente por su vasta ilustración, su probidad inmaculada y su ardiente celo patriótico. Había nacido en Tiribita (lugarejo del antiguo cantón de Pamplona) en julio de 1801 y se recibió de abogado en Bogotá el 29 de agosto de 1828. Desde temprana edad desempeñó cargos muy importantes ya en la política, ya en la administración de justicia, como Ministro Fiscal de la Corte del Cauca, Gobernador de Bogotá, Ministro Plenipotenciario de la República de Quito, Ministro de Estado y Vicepresidente encargado del Poder Ejecutivo. Ejerció la Secretaría de la Universidad hasta septiembre de 1828, en que regresó a la capital.
Tales fueron los hombres a quienes tocó instalar los estudios en nuestra Universidad. Así de muchos individuos se ha dicho que las hadas benéficas merecieron sus cunas, para insignificar los auspicios con que venían a la vida, de este Instituto cabe pensar que su iniciación fue confiada a los más altos genios tutelares que daban timbre a la República.
De la fama que alcanzó por aquel tiempo la Universidad dan fe los siguientes conceptos que copiamos de la Vida de Rufino Cuervo: "A más de la merecida reputación que disfrutaba la Universidad de Popayán por la sólida instrucción que en ella se recibía tenía la envidiable en toda la República, tal que aún jóvenes de Bogotá la frecuentaban por la pureza de sus enseñanzas y por la moralidad que allí reinaba, y que por cierto no era sino reflejo de la proverbial de la población. Para poner esto en su punto basta recordar que componían el cuerpo universitario el doctor Manuel José, Mosquera, que tan ilustre había de ser como Arzobispo de Bogotá, don Lino de Pombo, don José Antonio Arroyo, don Manuel Mariano Urrutia y otros no menos respetables por su saber y virtud, y que dirigida la educación religiosa por el mismo señor Mosquera, y unidos todos los profesores no sólo por la comunidad de ideas y el amor a la juventud, sino por cordial amistad, todas las cátedras armonizaban, sin que se oyera una nota discordante"6.
De igual manera paralelo a su fundación se dictó el Decreto Ejecutivo de 6 de octubre de 1827 en el que se señalaron los bienes entregados a la Universidad del Cauca como de su propiedad entre los que se encuentran:
En desarrollo de esta disposición, el Libertador Presidente dictó en 6 de octubre de 1827 el siguiente decreto, por el cual asignó los bienes y capitales de que debiera ser poseedora la Universidad de Popayán:
"Siendo necesario hacer a la Universidad departamental del Cauca las correspondientes asignaciones de rentas aplicadas generalmente por la Ley de 18 de marzo de 1826 y proceder a su completa, organización; y considerando: 1)- Que las rentas asignadas para los colegios por Ley de 6 de agosto de 1821 lo fueron para los nacionales 2)- Que las aplicaciones hechas por el Gobierno a los colegios seminarios, han sido en clase de colegios nacionales, debiendo cesar luego que puedan plantearse otros establecimientos científicos, que verdaderamente sean nacionales: oídos los informes documentados de la Subdirección de estudios del Cauca y de la Dirección General, he venido en decretar lo que sigue: Artículo 1. Se separarán del Colegio Seminario de Popayán todas las rentas que no sean eclesiásticas o que no hayan tenido una aplicación especial a dicho Colegio, en calidad de Seminario. Artículo 2) En consecuencia se aplica a la Universidad del Cauca y serán propiedades suyas: 1)- todas las antiguas fundaciones hechas por los vecinos de la Provincia de Popayán y de cualquier otra para dotar cátedras de facultades superiores en el Colegio Seminario de aquella ciudad, y todos los réditos de dichos capitales que hayan vencido; 2)- todos los bienes, capitales, derechos y acciones de cualquier clase que correspondieren a los conventos suprimidos en Popayán de Santo Domingo, San Agustín y San Camilo, incluyéndose en esta aplicación las casas que sirvieron de conventos y las iglesias que pertenecieron a éstas, lo mismo que sus muebles, ornamentos y alhajas; 3)- las rentas aplicadas a las universidades por el artículo 72 de la Ley de 18 de marzo de 1826; 4)- en fin, las que se aplicaron a la educación pública por la citada Ley de 5 de agosto de 1821, siempre que no hayan tenido otra aplicación legal posterior.- Artículo 3)- Se destina especialmente para edificio de la Universidad el convento e iglesia de Santo Domingo, al que se harán los reparos convenientes, y mientras que se verifica, estará la Universidad del Cauca en el edificio del Colegio Seminario. Artículo 4)-Habrá por ahora en la Universidad del Cauca las siguientes cátedras: 1, de gramática latina y española, con la dotación de trescientos pesos anuales; 2, de idiomas, literatura y bellas letras, con la de doscientos cincuenta; 3, de metafísica, gramática general, ideología, lógica ,moral y derecho natural con la de trescientos; 4, de matemáticas, con la de trescientos; 5, de física general y particular, con la de trescientos; 6,de principios de legislación civil y penal con trescientos; 7, de derecho público, político constitucional y ciencia administrativa, con trescientos; 8 de historia e instrucciones de derecho civil, romano y patrio, con doscientos cincuenta; 9, de economía política, con doscientos; 10, de derecho internacional o de gentes, con trescientos; 11, de derecho público, eclesiástico e instituciones canónicas con trescientos; 12, de disciplina e historia eclesiástica y suma de concilios con trescientos; 13, de medicina legal e higiene pública con doscientos; 14, de fundamentos de religión, lugares teológicos y estudios apologéticos de la religión con trescientos; 15, de sagrada escritura, con trescientos; 16, en fin, de instituciones de apología dogmática, con trescientos pesos anuales.- Artículo 5)- cada una de las cátedras arriba expresadas tendrá la dotación de trescientos pesos anuales, luego que aumentadas las rentas de la Universidad, haya con qué cubrir esta asignación. - Artículo 6)- El Rector de la Universidad gozará, cuando sea un catedrático de doscientos cincuenta pesos anuales, y cuando no lo sea de quinientos pesos; el Vicerrector, de doscientos cuando sea catedrático; de trescientos sesenta y cinco cuando no lo sea; el Secretario tendrá ciento cincuenta pesos anuales; el primer bedel ciento, y el segundo sesenta. - Artículo 7)- continuarán pagándose de las rentas aplicadas a la Universidad trescientos ochenta pesos anuales al maestro que enseñe primeras letras a los niños en Popayán y trescientos a la maestra de niñas, sin perjuicio de que estas escuelas sean supervigiladas por las personas que designa la ley y plan de estudios.- Artículo 8). La primera y segunda cátedra que expresa el artículo 4, aunque incorporadas a la Universidad, tendrá su local en el Colegio Seminario. - Artículo 9)- El Seminario de Popayán tendrá en sí las cátedras de su instituto que pueda dotar, y luego que se complete el establecimiento de la Universidad, se cumplirán respecto de dicho Colegio el artículo 41 de la Ley orgánica de estudios, y el 24 de 3 de octubre de 1826, sobre enseñanza pública.- Artículo 10).- Si la Subdirección de estudios del Cauca considerase útil el establecimiento de un colegio unido a la Universidad, lo promoverá oportunamente.- Artículo 11).- Se autoriza al Intendente del Cauca para que pueda decidir las dudas que ocurran y remover las dificultades que se presenten para el completo establecimiento de la Universidad departamental del Cauca, oyendo previamente la Dirección de Estudios y dando cuenta al Poder Ejecutivo para su aprobación o reforma, sin perjuicio de que entre tanto se cumpla lo que determine el Intendente.- Artículo 12).- El Secretario de Estado del Despacho de Interior queda encargado de la ejecución de este Decreto. SIMON BOLIVAR. - El Secretario de lo Interior, - JOSE MANUEL RESTREPO.
En virtud de las disposiciones contenidas en el decreto preinserto, entró la Universidad en posesión de los siguientes bienes:
A)-Bienes raíces.
1)- El edificio del extinguido Convento de Predicadores, o Dominicos, que sirve de local a la Universidad, con la capilla anexa, de Nuestra Señora del Rosario; amplio y hermoso edificio, que en el curso de los años ha recibido numerosas e importantes mejoras, como se anotará en su lugar.
2)- El edificio del extinguido convento de San Agustín. El lote más considerable de este edificio fue cedido al municipio de Popayán desde 1828, según consta de las actas de la Junta General de Instrucción Pública, para destinarlo a la fundación de una escuela de niñas, y con la expresa reserva de que en cualquier tiempo que se le diera otra destinación volvería a propiedad del Instituto.
La universidad conservó la propiedad de unas tiendas adyacentes que ocupó el Departamento para construir allí una escuela de valores; recientemente, en 1917, la Universidad y el Departamento arreglaron por una cantidad de dinero la reclamación que el Establecimiento hacía por razón de sus derechos.
3)- El edificio del extinguido convento de Padres Camilos, o de la Buena Muerte. Este local se hallaba en ruinas cuando lo recibió. la Universidad, según consta de una nota suscrita en 24 de junio de 1871 por el Rector don Rafael Irurita; allí se asevera además que el Colegio lo cedió a la Municipalidad para que lo destinara a casa de reclusión; que el distrito no pudo utilizarlo para ese fin y lo devolvió a la Universidad, y que esta, "careciendo" de fondos para su reparación y no teniendo que dar un destino útil a dichas ruinas, resolvió la Junta de Gobierno venderlas, dió cuenta de esta idea a la Dirección General de Instrucción Pública, y aprobada por aquella corporación la expresada idea, se hizo la venta en pública subasta. Compró las ruinas y el área el ecónomo del Colegio Seminario de esta ciudad para dicho Colegio.
4)-La hacienda de Quilcacé, que fue donada por don Joseph Beltrán de Cayzedo a los Padres Camilos, según consta en los libros del antiguo archivo. Conforme a una anotación original de puño y letra del doctor Manuel José Mosquera, primer Rector, este fundo constaba de "tierras de bastante extensión; de un ojo de agua salada, que en el día produce poco por haberse roto la tierra en el terremoto de 1827, con cuyo motivo se trasmina el agua dulce al ojo; del derecho de minas de Cucarachas, de la cuadrilla de esclavos que trabajan en la hacienda y mina; de la herramienta de labor y de fragua; de un cacagual y otras sementeras; de tres hatos de ganado, un yeguerizo, mulas, caballos y

un trapiche de madera con algunas suertes de caña". La Universidad se mantuvo en posesión de ese fundo hasta el 11 de marzo de 1891, en que fue vendido en pública licitación y adjudicada a don Juan Cuéllar por la cantidad de treinta y cuatro mil pesos, por haberlo resuelto así el Consejo Directivo, con aprobación del Departamento.
5)- Derecho de dominio en la mina de Naya, sita en el municipio del mismo nombre en la costa del Pacífico. A cerca de esa mina se encuentra la siguiente anotación en el primitvo Libro de Inventarias del Colegio, escrita de puño y letra del doctor Manuel José Mosquera: "Esta mina, sita en el Distrito parroquial de Micay, se les adjudico a los acreedores del concurso de don Basilio de Angulo y Gorbea y su mujer Doña Rosalía de Ante. La Universidad tenía hipotecada en ella el principal de $ 26.120 de antiguas fundaciones de estudios al cinco por ciento. La adjudicación se hizo en el mes de diciembre de 1839 por la cantidad de $ 51.635. De esta suma corresponden a la antigua Universidad $ 18.575; al convento de San Francisco de Cali $8. 376; al monasterio del Carmen de Popayán $ 7.396; al de la Encarnación $ 4.744. Al señor Miguel Espinosa $ 6.280, y al Señor Vicente Olave $ 6.280. A consecuencia de la ley que dió libertad a los esclavos se expidieron vales de manumisión a favor del Colegio, tanto por lo que le correspondían en esta mina, como por los que tenía en su hacienda de Quilcacé". Esta mina (abandonada desde los primeros años de la República la elaboración de ella) no le reditúa gran cosa al tesoro de la Universidad; con todo, ella representa una reserva de valor incalculable para el porvenir7.
B)- Capitales.
1) Los réditos de censos a favor de Santo Domingo, que según el inventario citado antes, ascendían a la suma de $ 40.676.
2)- Los réditos de censos a favor del convento de San Camilo, que sumaban $ 30.230.

3)- Los réditos a favor del convento de San Agustín, que ascendían a $ 30.230.


4)-Los réditos a favor del convento de Santo Domingo de Buga, que fueron también adjudicados a la Universidad, y que valían $ 7.553.
5)- Los réditos de la cantidad de 72,000 de antiguas fundaciones a favor de los padres jesuítas, para la instrucción pública. Uno de esos principales fue el que figuró en la testamentación y concurso de bienes de don Basilio de Angula y Gorbea, de donde proceden (como acabamos de verlo) las acciones de dominio en la mina de Naya.
6)- Los réditos de fundaciones hechas en favor de la instrucción pública por don Manuel María Arboleda, que ascendieron a $ 471,870.
Los réditos de otros censos y capellanías clasificadas en el aludido Libro de Inventarios como de jure devoluto, y que sumaban $ 10.643.
Los principales de todos estos censos estaban impuestos sobre fincas raíces al 3, 4 y 5 por 100; de ellos la mayor parte fueron traspasados al Tesoro Nacional, razón por la cual el Estado reconoce en favor de la Universidad una cantidad sobrado exigua por intereses de Renta Nominal; y según un cuadro hecho en diciembre de 1871 y autorizado con la firma del Rector don Manuel María Mosquera, de aquellos capitales, $ 56.610 se habían perdido, y otra parte había sido traspasada al Tesoro del antiguo Estado del Cauca. Las partidas de los .censos que figuran en los ordinales anteriores arrojan un total de $ 213.870.
De todos esos censos, el único que no sabemos por qué circunstancias permanece vivo es el que grava la hacienda de Perodías, en el municipio De Florida (Departamento del Valle del Cauca) por un principal de $ 3.000 de ocho décimos, o $ 2.400 de ley, que impuso sobre dicha propiedad el señor don Domingo Arroyo, al 3 por 100 anual. También fueron adjudicadas a la Universidad las bibliotecas de los extinguidos conventos de Santo Domingo y San Francisco, y aún cuando muchos de los volúmenes que las componían se han perdido, los que existen forman el fondo de la biblioteca actualmente existente, de más de siete mil volúmenes, la mayor parte de ellos de obras eclesiásticas. Un bibliomaniático encontraría allí álimento a su afición, pues algunas de tales obras son ejemplares rarísimos de ediciones agotadas hace mucho tiempo en Europa.
La aplicación del extinguido convento de Santo Domingo y de la iglesia del Rosario a la Universidad, para local propio suyo, de preferencia a los de San Camilo y San Agustín, fue indicado desde aqui por el doctor Manuel José Mosquera, al Gobierno nacional, en oficio dirigido en 3 de agosto de 1827, que consta en el respectivo libro copiador de comunicaciones: Allí se lee lo siguiente: "Por último debo decir a V. S. que aunque han sido aplicados por el Poder Ejecutivo a la enseñanza pública las tres casas que antes eran conventos de San Camilo, San Agustin y Santo Domingo, siendo el edificio de éste el de mejor proporción para la Universidad, así por ser capaz para ella como por tener contigua la iglesia que fue del mismo convento, debe asignarse para la Universidad el edificio del convento de Santo Domingo, mandando que su antigua iglesia sirva de capilla; pues aunque ella fue aplicada a la Cofradía del Rosario por decreto del mismo Poder Ejecutivo de once de febrero de mil ochocientos veinticuatro, no se opone a esta aplicación el nuevo uso que ahora se le dé; ni por parte de la cofradía se pondrá óbice alguno como puedo asegurarlo, por ser yo su capellán. Más esta aplicación especial del edificio de Santo Domingo no servirá de embarazo para que la Universidad procure dar a los de los otros dos conventos algún destino productivo, a fin de que se asegure más el sostenimiento de las enseñanzas que debe tener8”.



1 Era grande la estimación que Bolívar tenía a Don José María Mosquera y Figueroa, padre de Manuel José. Pudiera resumirse ese grande aprecio, en las palabras que el Libertador pronunció en el brindis que hizo el 9 de diciembre de 1825 en Chuquisaca, cuando se celebraba un banquete para conmemorar el primer aniversario de la batalla de Ayacucho. Después de haber brindado por Sucre, el Libertador dijo: “Hay en Colombia un hombre modesto, que con tener en su hermano un Regente de España, defendía mientras tanto la cauca de nuestra libertad e independencia. Sus hijos se dedicaron a la patria desde que tuvieron capacidad para servirla; y él me proporcionó recursos de importancia para la campaña de Pasto en 1822. si me fuera dado elegir un padre después de muerto de mío, escogería al Doctor José María Mosquera, de Popayán”. Arcesio Aragón: Popayán, p.299.

2 A Popayán arribaron personalidades de la ciencia, como Alejandro Vonn Humbolth.

3 Existe en el imaginario de la cultura de Popayán, la leyenda de que en la ciudad se encuentra enterado el cuerpo del Quijote de la Mancha. Con motivo de dicha leyenda los escritores y poetas de diferentes épocas han contribuío a enriquecerla con sus obras y reflexiones de literatura mágica. Entre los historiadores y escritores destacados se puede mencionar al Doctor Vicente Pérez Silva, Ex alumno de la Universidad del Cauca y autor del ensayo titulado “DON QUIJOTE MUERE…Y VIVE EN POPAYÁN”, del que se pude hacer la siguiente transcripción: “¿Don Quijote de la Mancha enterrado en Popayán? Es la sencilla pregunta
que aflora a los labios desprevenidos de cualquiera de nosotros y que, para decirlo
con palabras prosaicas, nos pone los pelos de punta, nos sobrecoge el ánimo a
más no poder y quizás nos deje atónitos ante la respuesta de una tajante
afirmación. A tal punto que, para honra y orgullo de todos los colombianos, no es
extraño escuchar con frecuencia estas enfáticas expresiones: ¡Don Quijote está
enterrado en Popayán!; en Colombia, todo el mundo sabe que don Quijote murió
en Popayán; o esta otra, que tanto escribía y repetía el maestro Germán Arciniegas: "Hay ciudades de locos, como Popayán en Colombia, donde todo el
mundo jura que está enterrado Don Quijote". Ciertamente, sin más ni menos, se trata de una leyenda de la más singular ocurrencia en la historia del devenir humano; tomado este vocablo en su acepción
de suceso maravilloso. Y el que aquí nos congrega es realmente un suceso de
prodigio, único en los anales del acontecer universal. Se trata, pues, de una leyenda que parece entretejida con pespuntes de un
ensueño mágico; de una leyenda que, desde épocas inmemoriales, aún discurre
entre conjuros y confidencias, y que aún ejerce algo así como un hechizo sobre el
espíritu de las gentes; de una leyenda que ha resistido las sombras del olvido y
que habrá de durar y perdurar hasta el atardecer de los tiempos. En fin, como lo
vamos a ver, se trata de una encantadora leyenda de la cual se han ocupado muy
atildados escritores y poetas; particularmente, de quines vieron y crecieron bajo la
luz de este cielo. Con este convencimiento, es preciso que encaminemos la ansiedad y
curiosidad que despierta el maravilloso suceso de marras hacia las fuentes
documentales o testimoniales que así lo ratifican plenamente. Aunque ningún cronista ha fijado el día ni la hora en que don Quijote hizo su arribo a la "muy noble
y muy leal ciudad de Popayán, cabeza de su provincia y obispado tierra firme de
las indias", la tradición oral nos da fe suficiente de este hecho que nadie,
absolutamente nadie se ha atrevido a poner en tela de juicio, ni mucho menos ha
tenido la osadía de torcer el camino de la verdad, ni de levantar voces de
incredulidad. Jamás. Por el contrario, aunque no lo certifique escribano alguno, es un hecho de aceptación unánime, incontrovertible, saber que don Quijote, "en el día, de un mes, de un año", luego de librar las más famosas hazañas que "han visto los siglos presentes y esperan ver los venideros", tomó la firme determinación de que su tránsito de esta vida mortal a la eterna ocurriera en tierras de esta apacible villa de Pubenza. Cumplida esta voluntad, luego de haber llevado a cabo la más inaudita y jamás imaginada aventura de que se pueda ufanar la humanidad ni pueda dar cuenta historiador alguno, aquí transcurrieron sus últimos días, según lo infiero, en una vieja casona, "con un patio, que tenía dos tinajas sembradas de geranios", situada al frente del monasterio de nuestra Señora de la Encarnación, de religiosas agustinas, cercana a la del Pbro. Dr. don Juan Mariano Grijalva, quien con acongojada ternura lo asistió en sus instantes finales y le aplicó el sacramento de la extremaunción”.



4


5 Los datos anteriores, relativos a don Lino de Pombo, son tomados compendiosamente de la biografía escrita por don José María Samper.

6 Aragón Arcesio. Monografía Histórica de la Universidad del Cauca. Archivo Central del Cauca. Universidad del Cauca. Tomo I. página 54.


7 La negrilla no es del original.

8 Aragón Arcesio. Monografía Histórica de la Universidad del Cauca. Archivo Central del Cauca. Universidad del Cauca. Tomo I. página 54.



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