La vida de los niños tibetanos bajo la dominacion china


Detención por intento de huir a Nepal e India



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1. Detención por intento de huir a Nepal e India.
Los niños/as detenidos por tratar de huir de Tíbet, parece que pasan menos tiempo en confinamiento, que aquellos detenidos por supuestas actividades políticas. Sin embargo, las condiciones de su confinamiento y trato durante su detención, no difieren mucho. Casi todos los niños/as que entrevistamos se enfrentaron al ejército, o la policía china (y algunas veces con la patrulla fronteriza nepalesa) en su viaje al exilio. De hecho, trece niños habían sido aprehendidos; algunos en más de una ocasión, tratando de escapar de Tíbet (91). Con una sola excepción –un niño de diez años quien en su primer intento fue robado, atado a un camión, y enteramente regresado a Tíbet– cada niño que huye es atrapado y detenido ilegalmente.

Estos niños/as generalmente permanecen detenidos desde unos cuantos días hasta varios meses. Por ejemplo, un niño de siete años, fue puesto en prisión durante tres días,junto con su padre (93); mientras que una niña de trece años, -quien deseaba escapar con su hermano mas pequeño como parte de un grupo-, fue detenida por durante meses en unas instalaciones cerca de Shigatse (94). Esta disparidad en el tiempo de detención puede ser puramente arbitraria. Sin embargo, las entrevistas sugieren, que los niños/as que huyen de Tíbet en grupos grandes, o en compañía de guías (en oposición a miembros familiares), tienden a ser detenidos por períodos de tiempo más largos; quedando sujetos a torturas mentales y físicas más drásticas. Esto bien puede reflejar el alto grado de significado político que las autoridades chinas atribuyen a los esfuerzos organizados para la fuga.

Los lugares en donde son detenidos los niños/as que buscan huir de Tíbet, parecen ser más un asunto de oportunidad, que de sitios previamente designados. Los niños/as reportaron la detención entre otros lugares: en estaciones de policía, prisiones, campos militares; y aun en una casa. En ciertos casos, la policía confinó a todos los niños juntos en una celda,. Pero a menudo son detenidos junto con adultos a quienes los niños no conocen; y aun más; con criminales comunes. Generalmente, la ley Internacional prohíbe a los países confinar a los niños/as junto con los adultos (95). Ningún niño reportó haber sido retenido en una instalación separada, -diseñada para niños-. En verdad, no se tiene evidencia alguna de que en Tíbet exista un centro de detención especialmente diseñado para cumplir con las normas legales especiales que rigen el trato a los niños/as detenidos (96).

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Foto por Cheryl Howard

Muchos niños aprehendidos tratando de huir de Tíbet sufren interrogatorios y tortura.
Las condiciones de vida para los niños/as detenidos por intento de escapar, no diferían de aquellos para los prisioneros políticos. Una niña de trece años, aprehendida en su segundo intento de escapar de Tíbet (en compañía de un grupo) contó su experiencia en los centros de detención cerca de Shigatse:

Nos pusieron en una casa ( la primera) noche, todos en un cuarto …. Era Invierno y hacía frío, pero no nos dieron ni ropa ni cobijas. Antes de Shigatse, estuvimos en cuatro diferentes prisiones, cerca de una semana en cada una…. Si empezábamos a congelarnos, nos daban agua hirviendo, pero nos cobraban mucho por ello. En Shigatse, nos tuvieron en un cuarto con un sanitario (cerca de doce de nosotros, cinco niños). Fuimos detenidos en Shigatse cerca de quince días. No nos dieron ningún alimento. Comimos tsampa (alimento a base de cebada tostada) que habíamos traído para nuestro viaje (97).

Los niños nos dijeron que los guardias les daban poca comida, si es que recibían alguna: “un poco de potaje de arroz por la mañana, y media pieza de pan y col en la tarde”. El desayuno consistía en sopa y té; y algunas veces tenían harina de tsampa;” “un tazón de tsampa diariamente” (98). Las condiciones sanitarias eran también deficientes. Los sanitarios usualmente consistían de un solo balde, mismo que los niños también limpiaban. No tenían acceso a agua limpia, ni a otras facilidades sanitarias. Las celdas raramente tenían ventanas o luz. Aún cuando los niños a menudo se enfermaban debido a estas deplorables condiciones – o se encontraban heridos por los golpes, trabajos forzados y otras torturas – ninguno de los niños con los que hablamos recibieron atención médica.



Los niños aprehendidos intentando escapar de Tíbet, al igual que aquellos detenidos bajo sospecha de actividad política, sufrían interrogatorio bajo tortura. Esta consistía más frecuentemente en golpes, pero también escuchamos que recibían electro-shocks con instrumentos para marcar al ganado; así como repetidos azotes con látigos para caballos; y quemaduras con planchas calientes. La tortura y el interrogatorio de los niños/as que buscaban escapar se enfocaban hacia cuál era la razón para abandonar Tíbet. Una posible conexión con extranjeros y, a pesar de su edad, sospecha de espionaje. ¿ “A donde vas”? Tú eres solamente un tibetano, no un extranjero; y no se te permite salir fuera del país”. Un joven oficial chino regañaba a una niña de once años de edad, cuya abuela la había enviado al extranjero para obtener una educación que no podía conseguir de otra manera. El oficial la abofeteaba y le golpeaba en la cadera. “Como yo no contestaba, pensé que él estaba enojado,” decía ella (99). Otra niña de trece años de edad, al momento de su detención, describió su interrogatorio.

Un día, un oficial chino sacándonos afuera nos preguntó por qué íbamos a India. Colocando a los adultos en la parte trasera, a los niños nos abofetearon una, o dos veces. Me preguntaron quiénes eran mis padres, y dónde vivía… Había diez oficiales ahí, y si nuestras respuestas no eran consistentes, nos abofeteaban. Mentí acerca de mi pueblo natal, ya que mi mamá me había prevenido para no decir nada si era aprehendida. Tenía miedo que metieran en prisión a mis padres… Dijeron que si trataba de escapar de nuevo, me matarían (100).
Sobre todo, mientras que algunos de los niños más pequeños (menores de 10 años) detenidos por tratar de escapar de Tíbet no recibían abusos físicos; otros, quienes habían tratado de escapar en grupo, dijeron que la policía los forzaba a observar cuando sus padres, parientes y amigos eran golpeados y torturados. Un niño de Kham de trece años, quien sólo tenía nueve años, en el momento de su detención, nos contó: “Los chinos colocaban a un adulto frente a los niños/as y le preguntaban, ¿“Por qué llevas a esos niños a la India”?; entonces, lo golpeaban frente a nosotros; y eso nos asustaba (101). Otro niño pequeño, de sólo siete años de edad, al momento de su primer intento de escapar fallido, recuerda que él lloraba debido a que la policía golpeaba a su padre frente a él (102). Estas experiencias son excepcionalmente traumáticas para niños pequeños (103) Parece que es un intento premeditado de parte de las autoridades chinas para inspirar temor en los niños/as tibetanos desde su tierna infancia.


  1. Otras Formas de Detención Arbitraria Sufridas.

Algunos niños entrevistados también describieron detenciones por lo que parecer ser actos inocentes. Por ejemplo, un niño de sólo doce o trece años de edad en ese tiempo, fue detenido y torturado toda la noche, en unas instalaciones cerca de Lhasa, después que él había ido en busca de su papá, de quien estaba temeroso que hubiese sido arrestado:

Fui a buscarlo. Los soldados chinos me vieron y me llamaron. Esto fue dentro de una estación militar. Me interrogaron. Yo les contesté. Dijeron que estaba mintiendo y que quería robar. Me golpearon con un tubo que tenía botones rojos y verdes (y) me dieron un electro-shock. Corrí (pero) ellos me arrojaron el tubo y fui mal herido. Todavía tengo una cicatriz. Esto pasó en un cuarto obscuro. Me dejaron ahí sin comida ni agua hasta el día siguiente (105).
Otro niño, de sólo once años de edad, fue detenido repetidamente en unas instalaciones del DSP de Amdo, debido a que protestó sobre el trato hacia de un amigo en un hospital chino. Los doctores del hospital rehusaron atender a su amigo, quien estaba muy enfermo de diarrea, ya que su familia no podía pagar la atención médica. El niño nos contó que su amigo murió a los pies del doctor, y que dos enfermeras chinas se rieron del incidente. Enfurecido, el niño colocó carteles “alrededor” describiendo el trato inhumano que sufrió su amigo en el hospital. Debido a esta conducta, la policía china lo arrestó e interrogó diariamente durante una semana (106).

Finalmente, unos pocos niños con los que hablamos, en una ocasión habían sido detenidos en la escuela, aparentemente como una forma de “disciplina”. Algunos reportaron haber sido detenidos en un cuarto obscuro durante horas. Un niño nómada de Rudhog, contó un incidente que le ocurrió cuando tenía once años de edad: Una vez discutí con alguien, Primero me golpearon , después me pusieron en un cuarto obscuro sin comida. Tenía temor que también ahí me pegaran, pero no lo hicieron. Los llamé para que me dejaran salir al baño, pero no fue así (107). Las detenciones en las escuelas, así como otras formas difundidas de detención descritas anteriormente, representan violaciones flagrantes a la Ley Internacional de Derechos Humanos.


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Foto por Arlene Reiss



No existe evidencia que sugiera que cualquier perpetrador de tortura contra los niños en Tíbet haya sido considerado responsable

A pesar de los compromiso de China bajo la Ley Internacional para proteger a los niños de detención arbitraria, nuestra investigación sugiere que la detención, por parte de la policía, de personal militar; y de otros oficiales chinos, de los niños/as tibetanos no es poco común. Esto confirma varios reportes previos. En un artículo reciente analizando el cumplimiento de China con la CDN se observó que “(en) China, se han reportado muchos casos acerca de niños adolescentes, que son detenidos como prisioneros políticos, algunas veces en la misma celda que los adultos. También han sido forzados a trabajar como los prisioneros adultos” (108). Una razón para persistir en estas violaciones, puede ser que la Ley de Procedimientos Penales del RPC no contiene medidas independientes para gobernar el trato a los niños, tal como la CDN requiere (109). Pero el problema más significativo, parece ser que reside, no en la ausencia de legislación para proteger a los niños; sino en la falla crónica de las autoridades del RPC para implementar y hacer cumplir las leyes existentes. De hecho, inmediatamente antes de ratificar el CDN, China aprobó el Acta de 1991 de Protección a los Menores, la cual concede a los niños algunos derechos importantes reconocidos por la CDN. Pero, tal como ha enfatizado la organización no gubernamental de Derechos Humanos en China y otros monitores de las prácticas de derechos humanos de la RPC, la eficacia de estas medidas depende de hacerlas respetar y cumplirlas. Las leyes y regulaciones diseñadas para proteger a los niños están “sujetas a ser cumplidas administrativamente, (y) ampliamente ignoradas en China actualmente; por los cuerpos oficiales de toda clase” (110). Nuestra investigación no reveló un sólo caso en el cual estas leyes hayan sido puestas en vigor –o aún reconocidas– por la policía y los oficiales militares que detienen a los niños/as tibetanos.





  1. Tortura

Un chino gordo, quien tenía un tubo eléctrico con el cual me amenazaba que usaría si no decía la verdad, me hizo preguntas… (El) dijo al oficial de mayor rango que yo había estado hablando acerca de la libertad e independencia de Tíbet – cosas que de hecho no había efectuado …. (E) llos me esposaron una mano, la colocaron en la espalda, y mantuvieron ( una) plancha cerca de mis pies; amenazándome con quemarme, si no decía la verdad. Presionaron la plancha sobre mi pantorrilla. Al principio realmente me quemó, pero después no sentí mucho.

- Diez y seis años de edad (111).

Diecisiete de los niños/as tibetanos que entrevistamos habían sufrido tortura a manos de la policía, del personal militar, y de otros oficiales estatales chinos (112). Para obtener información y confesiones; para intimidar y castigar; encontramos que las autoridades sometían a los niños muy pequeños a golpes, azotes, quemadas con planchas, bandas calientes de metal, electro-shocks con instrumentos para ganado. Eran forzados a ver el sol; al ataque de perros de la policía; suspendidos en posiciones dolorosas; y varias formas de tortura psicológica, como el confinamiento solitario; amenazas a sus padres, o forzándolos a presenciar cómo otros son torturados. Generalmente, cada niño/a detenido – ya fuese por actividad política; por intento de fuga a India; u otros casos, sufrieron tortura. Varios niños pequeños fueron torturados solamente por sospecha de asociación con otras personas que tenían actividades políticas





  1. Tortura en detención

Mientras se está detenido, las formas más comunes de tortura parecen ser golpes y electro-shocks con picadoras para el ganado. (una monja joven, aproximadamente de trece años de edad en ese tiempo, nos informó que en el Centro de Detención de Gutsa los guardias la interrogaron bajo tortura aproximadamente una vez cada semana. Durante estas sesiones la golpearon y le aplicaron las picadoras eléctricas para ganado en su nuca. “Yo creía que la picadora succionaba sangre. Tenía dolor y sentía que me succionaban hasta que perdí el conocimiento”(113). Un niño nómada de Kham de doce años de edad, quien había sido aprehendido tratando de escapar de Tíbet, relató: A mí y a dos niños de mi tamaño nos colocaron alambres en nuestras manos hasta que se pusieron negras. Ellos (los guardias fronterizos chinos) preguntaron, “¿quién era su guía?. Si nos dicen, los dejaremos ir”. Cuando nos ponían el alambre en la mano, la mano completa temblaba. Pensé que nos iban a hacer que nos enfermásemos (114). Para determinar las razones para su huída a India, oficiales militares sujetaron a una niña de Lhasa de trece años de edad a electro-shocks y mientras la abofeteaban arrojándole agua fría en la cara (115).

Otro niño, de solo diez años en ese tiempo, describió su tortura mientras estuvo prisionero por tratar de escapar a Nepal en la parte trasera de un camión. Los guardias le golpeaban en sus piernas repetidamente con palos, burlándose que “esas eran las piernas que trataron de escapar y deben ser castigadas” (116). También lo obligaron a sostener bandas de metal caliente, dándole electro-shocks con picadoras para ganado. Observamos grandes cicatrices en sus piernas provenientes de los palos. En el momento de nuestra entrevista, el niño (ahora de catorce años de edad) había empezado a perder cabello; quejándose de dolores de estómago y de erupciones severas en la piel. Algunos de estos síntomas pueden ser consecuencia de su tortura. Este niño de sólo diez años de edad, y prácticamente sin educación, fue confinado por un mes completo en una instalación para detenidos cerca de la frontera con Nepal. Durante ese tiempo los guardias lo interrogaron bajo tortura acerca de sus creencias políticas y opinión acerca del Dalai Lama. Su experiencia sugiere el enfoque chino de mantener control político en Tíbet y miedo de que las actividades separatistas se extiendan aún torturando a niños con muy poca edad para entender estos asuntos.

No es su caso único. La policía china golpeó a Dechen, la niña de 12 años cuya historia se ha contado anteriormente, por más de una hora en un esfuerzo para obligarla a decir “quién le había hablado acerca de la libertad de Tíbet” (117). Otra monja, detenida a la edad de trece años por unirse a una manifestación, contó que los guardias le preguntaron, “¿Cómo puede una persona de tan pequeña edad pensar en tales cosas?…” Ellos vinieron y empezaron a golpearme y a darme de bofetadas. Querían saber quién me había dicho acerca de la manifestación, y llevado ahí. Me dijeron: “si no dices la verdad, voy a usar esta picadora eléctrica” (118). Otra niña de 16 años fue torturada solamente por asistir a una escuela dirigida por un Rinpoche (lama tibetano) (119), posteriormente aprehendido por sospecha de actividades políticas. Después que la policía la detuvo bajo el pretexto de que había escrito “ïndependencia” en su cuaderno de la escuela (una declaración que ella negó) le dieron un shock con picadoras eléctricas de ganado, quemándola con una plancha caliente, y amenazándola con matarla en el curso de un interrogatorio de tres días. La policía hizo ésto, dijo la niña, porque querían que ella les dijera qué había dicho el Rinpoche en las juntas de la escuela (120).
2. Tortura Fuera de Custodia

Los niños/as fuera de detención también sufren tortura por asociación con o conexión de supuesta actividad “política” Un niño de Amdo, menor de once años en ese tiempo, nos contó que la policía fué a su casa un día para interrogar a su hermano, quien había sido visto en el mercado llevando una manta con la bandera nacional tibetana. Cuando llegaron, el niño estaba parado afuera con los yaks (bovino de los Himalaya) de la familia. Entraron, sin que existiera ninguna provocación de su parte, y los policías soltaron sobre él a dos perros de ataque entrenados. Los perros lo hirieron en las piernas y casi le arrancaron la mitad de una oreja (121). Otros oficiales militares chinos sometieron a un niño pequeño a electro-shocks durante un sesión de interrogatorio. Lo detuvieron porque lo encontraron buscando a su padre, quien temía hubiese sido arrestado (122). Y un niño de cuatro años, quien acompañaba a su abuela para girar plegarias de oración en el Barkhor, fue pateado repetidamente por la policía china, quien también le administró electro-shocks a su abuela en el cuello con un bastón. El niño no podía entender qué decía la policía, pero expresó su creencia de que ellos le habían golpeado, y torturado a su abuela, porque “en Tíbet se supone que no se debe recitar ninguna plegaria, o conservar fotos de su Santidad (El Dalai Lama)” (123).



3. Abuso Sexual

Las niñas tibetanas más grandes pueden ser sujetas también a violación y abuso sexual. Dechen, cuya historia es narrada anteriormente, contó que durante su detención: “muchas veces los guardias trataban de a molestar algunas niñas cuando las llevaban en el jeep”. Hubo dos niñas de mi edad, quienes fueron torturadas. Estaban muy enfermas y fueron regresadas a Lhasa. No lo dijeron claramente, pero indicaron que fueron violadas” (124). De acuerdo con Kelsang Phuntsok, quien maneja un programa para sobrevivientes de tortura en Dharamsala, India -asiento del Gobierno Tibetano en el Exilio-, la incidencia de violación entre las niñas pequeñas ha ido declinando, pero existen aún diversas formas de abuso sexual, o coito forzado –vejaciones (falta de respeto) y acoso sexual– continúan siendo muy comunes (125). En Febrero de 1999, el RIT reportó que dos niñas tibetanas aprehendidas durante un intento para escapar a Nepal, fueron violadas por cinco policías fronterizos chinos. Una de ellas actualmente de 19 años de edad, contó a el RIT: “Me pegaron con una picadora eléctrica por lo que no pude ver nada, y no pude hablar. Me pegaron abajo del estómago. No fue sino hasta en la mañana que volví en mí, y me percaté que estaba sangrando de la parte baja de mi cuerpo. Mi amiga me dijo lo que me habían hecho” (126).



Muchos reportes previos habían documentado el uso de la tortura en Tíbet (127). La policía, los oficiales militares y las autoridades de las prisiones, rutinariamente emplean golpes fisicos; suspensión aérea e instrumentos para ganado entre otras técnicas, para torturar a los/las prisioneros/as tibetanos/as, obligándoles a confesar. Sin embargo, lo más impactante, es el rango elevado en el cual nuestros resultados sugieren que los niños/as de edad escolar son sometidos a estas mismas torturas (128). Sin excepción, los niños que hemos entrevistado, quienes han sido aprehendidos por actos políticos o por tratar de huir de Tíbet, han sido torturados – algunas veces físicamente, algunas psicológicamente y con frecuencia ambas. Varios niños pequeños fuera de custodia oficial también han sufrido tortura. Esta práctica, pues no parece ser anormal, ni limitada solamente a unos cuantos casos aislados; sino que emerge como una práctica difundida regularmente entre las autoridades chinas. Más aún, no existe evidencia que sugiera que ningún perpetrador de tortura contra los niños/as en tíbet haya sido considerado responsable. Basado en estos hechos, es difícil evitar la conclusión de que el gobierno chino está enterado de este grave asunto, y que en el último de los casos, tolera –si no es que perdona –, la tortura ejercida hacia los niños/as tibetanos.



  1. Castigo corporal y Otros Tratos Crueles, Inhumanos

o Degradantes en las Escuelas.

(El maestro chino) preguntó si habíamos hecho nuestra tarea. Le contestamos que ya la habíamos entregado. Dijo que estábamos mintiendo. Nos hizo arrodillarnos sobre vidrios rotos. Nos hizo que nos subiéramos los pantalones. Estuve arrodillado por todo un período completo. Cerca de una hora. Mis rodillas sangraban - Todavía tengo una cicatriz … Entonces [él]} rompió algunos vidrios y los pateó; saltando hacia mi espinilla. Algunos de los vidrios golpearon mi pierna, y sangré….

- Nueve años de edad (129).
Los maestros emplean rutinariamente el castigo corporal en las escuelas primarias en Tíbet. Generalmente la mitad de los niños que entrevistamos reportaron castigo corporal en las escuelas. Los que no lo hicieron, muchos de ellos, o no podían asistir más a la escuela (generalmente debido a la pobreza y al alto costo); o recibían la educación primaria en un monasterio tibetano. Así que, para los niños/as tibetanos, el castigo corporal en las Instituciones educativas parece ser la regla. La frase “castigo corporal” sin embargo, puede conducir a conclusiones erróneas. No debe ser entendido aquí para sugerir el uso de castigo físico menor para disciplinar a los niños que se portan mal en clase. Como el Comité del CDN enfatizó, el castigo corporal de cualquier clase, constituye una forma de tratamiento cruel, inhumano o degradante. De hecho, nuestra investigación indica que muchos de los castigos corporales que los niños/as tibetanos sufren alcanzan el nivel de tortura. Más aún, el castigo corporal contra los niños/as tibetanos es frecuentemente motivado por razones políticas.

Encontramos que los maestros golpean a los niños con palos, pedazos de bambú con puntas afiladas, látigos, alambres, escobas y cinturones. Les provocan shocks con algunos punzones para ganado, los hacen a otros arrodillarse por varias horas sobre vidrios, piedras agudas o barras de acero rectangulares. En una ocasión, obligaron a un niño a sostener hielo en sus manos durante una hora, encerrando bajo llave a otro niño en un salón obscuro durante cuatro semanas. Los niños/as tibetanos también describieron ser humillados públicamente, menospreciados y sujetos a otros actos de trato degradante por sus maestros y los empleados administrativos. Estos actos fueron así realizados “por, o a instigación de, o con el consentimiento o conformidad de un oficial público”. Muchos niños/as entrevistados/as también dijeron que, como tibetanos, ellos sufrían castigos más severos que sus compañeros chinos. Muchos de los “castigos corporales” que nos describieron los niños/as tibetanos constituyen tortura. Precisamente como este término es definido en la Ley Internacional (130). Comentamos el tema educacional que los niños/as tibetanos enfrentan en la sección siguiente. Pero castigo corporal en escuelas tibetanas no es un asunto acerca de la calidad de la educación que ellos proporcionan.




  1. Formas Comunes de Castigo Corporal

Golpearlos fue la manera más común de castigo corporal relatado; en verdad, parece ser la práctica regular en muchas de las escuelas primarias tibetanas. Se han reportado a los maestros golpeando a los niños con una gama muy grande de utensilios; a menudo causando sangrado, y en algunos casos, incisiones profundas que requerían ser atendidas quirúrgicamente. Cuando los estudiantes tibetanos no aprendían bien el idioma chino, nos relató una niña de trece años de Lhasa, cómo el maestro los obligaba a recostarse en una mesa, y entonces los golpeaba con una escoba (131). Otro niño, de diez años de edad entonces, reportó que en su escuela primaria en Lhasa, el maestro lo pateaba y lo golpeaba con alambre metálico por llegar tarde y cometer “pequeños errores” (132). Latigazos era también común, otro niño (menor de diez años cuando asistía a la escuela) de Lhasa contó: “ Si usted hablaba un poco, el maestro de idioma chino lo golpeaba ( con un pedazo de bambú delgado).” (133).

Otros relataron cómo recibían golpes por quedarse dormidos en la clase, por pobres resultados en los exámenes; por no entregar la tarea y –en escuelas mixtas (134)– por pelear con los estudiantes chinos. Una niña que asistía a una escuela mixta en Kham nos contó que su instructor de chino la golpeaba por no usar una mascada especial roja. De acuerdo con esta niña; menor de doce años en ese entonces; el maestro daba la mascada a “los mejores estudiantes”, que significaba aquellos que trabajaban bien en clase (aun cuando a ella le habían dicho que esa mascada simbolizaba la “muerte de su país”). Después de que ella perdió la mascada y no pudo usarla en clase, el instructor de chino la pateó varias veces, le quitó los pantalones y la golpeó tan fuerte que no pudo asistir a la escuela durante dos días. Cuando regresó, el maestro la obligó a barrer y limpiar los excusados durante una semana (135).

Otra forma de castigo corporal que describieron muchos niños fue ser obligados a arrodillarse en varias posiciones dolorosas por ejemplo, sobre vidrios o rocas puntiagudas o afiladas Un niño, menor de diez años en ese tiempo, describió haber sido obligado a arrodillarse por dos o tres horas sobre un barra de acero rectangular con un punto puntiagudo (afilado) en el centro. Por portarse mal ligeramente, se arrodillaba sobre una superficie plana, por una falta más severa, el maestro lo obligaba a arrodillarse sobre una punta afilada (136). Arrodillarse por períodos prolongados parece ser una forma común de castigo por llegar tarde.




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