La vida de los niños tibetanos bajo la dominacion china


Plan de Estudios Políticos e Ideológicos



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Plan de Estudios Políticos e Ideológicos

Para muchos niño/as tibetanos, la educación en la escuela primaria china es abiertamente política. Mientras que tres de las más comunes materias son enseñadas en la escuela primaria –chino, tibetano y matemáticas– parecen políticamente “neutrales”. Otras como la historia y estudios sociales, frecuentemente van encaminados a inculcar la lealtad al estado o adoctrinar a los niños/as tibetanos en la versión socialista de la RPC. Algunos reportaron haber sido obligados a comprometerse a jurar lealtad al gobierno chino. Juramentos nacionales en las escuelas públicas son comunes en muchos países (estados); y no necesariamente motivo de objeción. Sin embargo, la Ley Internacional enfatiza que a los niños -no menos que a los adultos-, debe permitírseles ejercitar su derecho a la libertad de expresión. Los juramentos nacionales deben ser voluntarios. Varios estudiantes reportaron que ellos corrían el riesgo de humillación, golpes y aún expulsión, si rehusaban jurar lealtad a China. En 1996, un niño de Amdo relató: “(Nosotros) fuimos obligados a jurar que queríamos a China, y que Tíbet era una parte de China. Los chinos gustosamente hacían el juramento, pero si los tibetanos no lo hacían, entonces serían golpeados” (223). Otro niño de Chamdo contó que si los estudiantes tibetanos rehusaban recitar el juramento, el maestro los llevaba a la administración de escuela. Ahí, a los niños no se les permitía comer y “parándonos frente de todos, nos ponían en vergüenza” (224).

Los niños reportaron que en muchas escuelas, los maestros respetaban y celebraban las festividades chinas. En contraste, ignoraban, desalentaban y aún prohibían la celebración de los festivales tibetanos (como Losar -el Año Nuevo Tibetano-). Varios niños nos contaron que los maestros los obligaban a cantar canciones nacionalistas chinas, como una rutina diaria. “La peor ocasión”, -contó una niña de Tíbet central-, “fue cuando nos obligaron a cantar una canción para Mao Zedong,; sí, nos rehusábamos” (225). Mientras algunas canciones, costumbres y festivales chinos pueden ser políticamente neutrales, generalmente estas actividades tenían un objetivo político. Por ejemplo, una niña de Kham describió una ceremonia funeraria china en la cual fue obligada a participar, cuando murió un líder del gobierno chino. Los maestros reunieron a los estudiantes en una escuela grande, haciéndolos portar una banda roja, y un cinturón negro durante tres días. Asimismo, se les dijo a los niños que “debían llorar como si su propio padre hubiese muerto”. Los maestros informaron a los alumnos que el oficial gubernamental había dado su vida por los pueblos de China y Tíbet. Los maestros explicaron, que aún cuando los tibetanos y los chinos tienen diferentes nombres; sòlo tienen una misma sangre” (226).

Además de los idiomas chino, tibetano y las matemáticas, los niños reportaron que algunas escuelas primarias enseñan comunismo, maoísmo e historia china. Los estudiantes que llevaban historia china, nos dijeron que a pesar de la insistencia por parte de China en el sentido que Tíbet siempre ha sido una parte integral de China, sus maestros de historia, sólo mencionaban a Tíbet en contadas ocasiones. Las pocas referencias sólo enfatizaban la supuesta benevolencia que China ha mostrado hacia Tíbet, a través de su historia. Parece ser que algunos padres tibetanos prefieren dejar a sus hijos en casa ya que no desean que queden expuestos al adoctrinamiento ideológico que caracteriza a las escuelas primarias chinas. El padre de un niño tibetano en Amdo le dijo que no fuera a la escuela porque “ellos solo tratarían de enseñarte la ideología y el idioma chino” (226).

No es sorprendente, que las más severas formas de educación ideológica que escuchamos ocurriera en los monasterios y los conventos de monjas, donde las campañas de “re-educación patriótica” iniciadas por el Tercer Foro continúan en pleno vigor. Mientras que este reporte no se enfoca a la amplia materia de la libertad religiosa en Tíbet, hacemos notar estos casos ya que a algunos niños/as tibetanos no les es posible asistir a escuelas seculares; y sólo reciben su educación en los monasterios. Un niño de una región cerca de Lhasa nos contó que en 1997 llegaron las autoridades a su monasterio, y quitaron las fotos del Dalai Lama, reemplazándolas por retratos del Panchen Lama designado por China. Durante las siguientes dos semanas, fuerzas chinas los obligaron a leer libros difamando al Dalai Lama; y posteriormente, fueron requeridos a examen sobre ese material. Los monjes que aprobaron recibieron una “tarjeta roja de primaria”, permitiéndoles permanecer en el monasterio indefinidamente. Aquellos que reprobaron, recibieron un “pase temporal azul” que les permitía permanecer en el monasterio por sólo tres meses.



Durante los exámenes, los Chinos nos rodeaban con armas y nos demandaban que contestáramos la pregunta, “Quién es el destructor de la paz mundial?” La respuesta correcta sería el Dalai Lama. Ya que éramos tan pequeños, yo contestaría, “No lo sé”. Tenía quince años de edad (229).
Una joven monja de Tíbet central contó haber sido obligada a contestar preguntas similares: “ Es Tíbet un país libre? Se opondría usted al Dalai Lama?” Si ella rehusaba constar, los oficiales chinos la colocaron a ella y a otras monjas jóvenes en un “grupo de estudio” creado para enseñarles las respuestas correctas (230). Sin embargo, muchas de las monjas mayores (ancianas), sin embargo, fueron simplemente expulsadas por dar la respuesta incorrecta.
3. Represión de la Cultura Tibetana, Historia y Expresión Religiosa.

Los tibetanos como pueblo, tienen derecho a decidir el contexto de la educación de sus hijos. Sin embargo, desde que el gobierno chino puso a los tibetanos en la categoría de “una nacionalidad minoritaria”, la Ley Internacional permite a cada niño/a tibetano “disfrutar de su propia cultura; profesar y practicar su religión; o emplear su propio idioma.” Pero, ya fuese que asistieran a escuelas controladas por el estado, o a escuelas comunitarias, los niños tibetanos reportaron que nadie les enseñaba acerca de su cultura, historia o religión. En muchas escuelas, nos encontramos que los niños que hacen manifesta su herencia tibetana –ya sea expresando sus creencias religiosas; usando los vestidos u ornamentos tradicionales; o hablando acerca de su historia, diferente de la de China– eran ridiculizados; sufriendo castigos corporales, o abusos de sus compañeros chinos. En unas pocas escuelas privadas o comunitarias, los niños nos dijeron que sus maestros tibetanos a veces, -en secreto- les enseñaban acerca de la cultura, historia y religión de Tíbet. Pero estos maestros siempre enfatizaban el peligro; tanto para ellos. como para los niños,de repetir alguna de estas lecciones en público. En la mayoría de las escuelas se leía muy poco –si es que algo- de historia tibetana.

La única historia que un niño de Lhasa aprendió pudo contar, era la fecha en que el Potala ha sido construido (231). Otro niño estuvo de acuerdo: “(un) poco acerca del Potala – los ídolos, y como fueron construidos –. Eso en el quinto grado” (232). En una escuela privada tibetana cerca de Lhasa, a donde asistían exclusivamente estudiantes tibetanos, el maestro -que instruía a los niños en plegarias tibetanas durante la mañana-, no se arriesgaba a enseñarles su historia (233). Pero en otra escuela de Lhasa, un niño contó que su maestro favorito, -quien él sentía que era “sincero para su país”-, ocasionalmente se arriesgaba enseñando historia tibetana:
Los niños no tenían buenos conocimientos sobre la historia y la cultura de Tibet. El maestro tibetano nos preguntaba: ¿“Cuál fue el primer rey de Tíbet?” Y cuando no sabíamos, él decía: “Qué vergüenza! Ustedes son tibetanos; ustedes deben saber eso. ”El no hacía esto a menudo; ya que si los chinos se enteraban, no les hubiera gustado (234).
Asimismo, la cultura tibetana sufre sistemáticamente marginación y represión. Un niño nos contó que los maestros de su escuela primaria en Lhasa, golpeaban a los estudiantes por cantar canciones tibetanas (235). Muchos niños dijeron que tenían prohibido celebrar las festividades tibetanas en la escuela. Las autoridades escolares les prohibían a los estudiantes usar su indumentaria o algún ornamento religioso. Una niña de Tíbet central nos dijo que las autoridades escolares la hostigaban por usar una chuba (vestido tradicional tibetano; 236). Un niño de Kham dijo que, aún cuando la escuela no requería de un uniforme especial, “si tu usabas una chuba en la escuela, te metían en prisión a ti, y a tus padres” (237). Otro niño nos contó que los maestros de su escuela primaria en Lhasa, le permitían usar ropaje tibetano una vez al año, el “día del niño”. Aparte de ésto, la cultura tibetana generalmente no era tolerada. “Cuando observamos en el pasado –nos dijo-, “Me percato que no sabía cómo era la bandera tibetana” (238).

Las censuras más draconianas reportadas por los niños estaban relacionadas con el budismo tibetano; especialmente en lo que se refiere al respeto por el Dalai Lama. Los niños dijeron que la mayoría de las escuelas prohibían toda discusión o plática sobre la religión tibetana. Llevar fotos del Dalai Lama o hablar acerca de él, siempre resultaría en un severo castigo. Los maestros chinos en una escuela en Lhasa le dijeron a una niña; “la religión te vuelve loca.” Si los estudiantes tibetanos hablaban acerca del Dalai Lama,, -dijo-, tanto ellos, como sus hermanos serían expulsados. Si sus padres trabajaban en la escuela, serían cesados (239). En una ocasión, otro niño de Lhasa vio a las autoridades chinas llevarse fotos del Dalai Lama y quemarlas: “Les dije a los chinos: “Qué están haciendo con nuestro maestro de religión; quemando su foto? y ellos respondieron: “¡Que te importa!, y me patearon” (240). La administración escolar china en una escuela primaria en Amdo, donde asistían exclusivamente tibetanos, expulsó a otro estudiante por poseer una copia de la autobiografía del Dalai Lama (241).

Muchos niños nos dijeron que, sus padres y los maestros tibetanos de su escuela, vivían en continuo temor de ser consignados a las autoridades estatales para pláticas “políticas”. Ellos nunca habían oído el término Kundun ( como la mayoría de los tibetanos se refieren al Dalai Lama); o de Tenzin Gyatzo (el nombre del Dalai Lama) antes de llegar a India. “Tal vez mi mamá quería decírmelo”, un estudiante reflexionaba, “pero ya que éramos tan pequeños, ella tenía temor que pudiéramos salir, y hablar acerca de esto. Supe acerca de Kundun cuando llegué aquí (a India)” (242). De acuerdo a otra niña, los maestros siempre permanecían silenciosos acerca del Dalai Lama; así como sobre otros temas “politicos” cuando estaban con los niños/as (tibetanos), ya que les preocupaba ser tomados prisioneros o ser despedidos o bien, otro tipo de hostigamiento, por una indiscreción involuntaria de los niños (243).

Un maestro tibetano, quien voló a India en Noviembre de 1998, enseñaba en una escuela primaria controlada por el estado en Amdo. Nos explicó que la censura china le impedían enseñar historia o cultura tibetana. Todo el material de enseñanza provenía de las oficinas chinas. Consistía en libros acerca de su propia historia y de cultura. Estos habían sido traducidos al tibetano; y en su gran mayoría era propaganda dirigida a adoctrinar a los niños/as tibetanos. El y otros maestros tibetanos querían enseñar a sus estudiantes acerca de la historia, cultura y religión de Tibet; pero, dijo “las autoridades chinas expulsarían, y harían más detenciones a aquella persona que enseñase estas materias; misma que son consideradas “políticas” (244). La experiencia de otro maestro tibetano de una escuela Primaria en Amdo, nos proporciona un ejemplo claro acerca de esta situación. En marzo de 1999, el gobierno chino lo envió a Lhasa para un curso de “instrucción de enseñanzas” por dos años. Sin embargo, en abril de ese mismo año, unos oficiales de seguridad llegaron y lo acusaron de ser un “reaccionario” debido a que había enseñado a sus estudiantes cultura e historia tibetanas. Le dieron instrucciones de regresar a sucasa para ser investigado por un consejo de seguridad. Temeroso de su integridad, escapó a India, donde llegó en mayo de 1999 ( 245).

Tanto en la escuela como en casa, leyes y regulaciones tan severas, restringen cualquier asunto o charla que pudiese tener lugar, acerca de la historia tibetana, limitando la manifestación de sus tradiciones ancestrales; y castigando las expresiones de las creencias religiosas. Todo ésto, ha creado una atmósfera de penetrante hostilidad hacia la identidad y la cultura de Tíbet. Parece ser que esta situación represiva, intima a muchos educadores, y a padres de familia, a permanecer en silencio; impidiéndoles cumplir plenamente con su papel natural como maestros de la cultura tibetana. Las escuelas primarias en Tíbet, están muy lejos de permitir a cada niño/a tibetano “disfrutar de su propia cultura; profesando y practicando su propia religión; o empleando su propio idioma”.

Por el contrario, para los niños/as tibetanos, esta franca situación está generando un impedimento (atrofia) para asimilar su propia cultura e identificación como raza.


D. Trato Discriminatorio y Acoso (Hostigamiento)
Finalmente, la discriminación étnica abierta (obvia) que existe en muchas escuelas primarias. Aparte de casos de discriminación por castigo corporal, y en el proceso de admisión a las escuelas secundarias; existe algo más. Los niños/as tibetanos dijeron que los estudiantes chinos generalmente pagaban cuotas más bajas que ellos; recibiendo comida y suministros gratis -mismos que los niños/as tibetanos tenían que pagar-. En algunas escuelas mixtas, disfrutaban de salones de clase de mejor calidad; aparte; o aún más, tenían escuelas separadas con mejores instalaciones. Muchos estudiantes también cuentan que cuando se suscitaban peleas entre los niños tibetanos y chinos, los maestros castigaban a los tibetanos mucho más severamente. En otros casos, los maestros ignoraban y aún fomentaban el hostigamiento hacia los tibetanos.

Respecto a las instalaciones escolares, un número de niños/as tibetanos en escuelas mixtas reportaron que la administración de la escuela segregaba a los estudiantes tibetanos de los chinos. En pocos casos, las narraciones sugerían que los salones de clase eran, en efecto, “separados pero iguales”. Sin embargo, de acuerdo con la mayoría, los niños/as chinos aprendían en instalaciones superiores. Por ejemplo, un niño reportó que el salón de clases “tibetano” en su escuela en Lhasa frecuentemente se inundaba por una llave (grifo) cuando llovía, mientras que e el aula de los chinos era nuevo; bien orientado, y seco (246). Igualmente, un asistente médico tibetano de Amdo nos contó que en su pueblo (aldea) había dos escuelas. La escuela “china” era primeramente para los estudiantes chinos y musulmanes chinos (hui), quienes conforman a la mayoría de la población en esta región. La escuela contaba con instalaciones modernas, incluyendo laboratorios y equipo científico. Por contraste, la escuela “tibetana”, era exclusivamente para estudiantes tibetanos, y carecía de instalaciones adecuadas y equipo moderno (247).

En otro caso, un niño tibetano nos contó que “aunque tanto estudiantes chinos como tibetanos están juntos en la misma aula, en su escuela de Lhasa, los maestros primero enseñaban a los niños/as chinos. Así que, los niños/as tibetanos tenían que esperar afuera del salón. Cuando llegaba su turno para la instrucción, generalmente ya no quedaba suficiente tiempo para la lección. Si llovía, muchos estudiantes tibetanos preferían irse a casa sin instrucción, a esperar por horas bajo un aguacero (248). Algunos niños también dijeron que ellos pagaban por artículos, como lápices, libros de texto y otros suministros escolares que los niños chinos recibían gratis. “Solo los chinos eran ….. suministrados con plumas, mesas, alfombras, etc.” dijo un niño. “Los tibetanos no recibíamos ni libros, ni plumas. Debíamos comprar todo” (249). Un niño de Lhasa nos contó que solamente los niños/as tibetanos, no los chinos; pagaban una multa de 50 yuan ( $ ) por mala conducta; cantidad que él creía iba directamente a su maestro (250).

Los niños/as tibetanos en escuelas mixtas reportaron también haber sido obligados a realizar trabajos, y otras tareas de las cuales los estudiantes chinos estaban exentos; tales como: limpiar excusados, barrer, guisar para el maestro o ser enviados a “hacer mandados”. Por ejemplo, una niña de Kham relató que de los estudiantes tibetanos -pero no los chinos-, se esperaba que cortaran madera en la casa de su maestro (251). Los niños/as tibetanos de una escuela primaria en Lhasa, fueron enviados a limpiar el pizarrón y barrer los pisos, porque, -como el maestro decía-, los niños/as tibetanos eran “sucios”. Los maestros chinos en esta escuela también se referían a los estudiantes tibetanos como “burros”; y rehusando hablar con ellos entre clases (252). Algunos niños/as tibetanos reportaron que ellos tenían que hacer más tarea que sus compañeros chinos, o eran castigados más severamente por bajos resultados en los exámenes. De acuerdo con lo relatado por un niño, si alguien en su escuela, arremetía contra las intimidaciones de los estudiantes chinos, o se portaba mal, era puesto en una “clase especial”. Esta “clase” solo era para tibetanos. El director chino de esta escuela se refería a esa clase como “ el bote de basura” o el “basurero”.


Estaba en la clase del idioma chino, la cual era muy difícil para mí. Estaba jugando con un compañero de pupitre. Había una maestra china terrible; y ella me pegó con un palo. Me toqué mi frente y estaba sangrando. Le grité, y ella empezó a pegarme más. Yo corrí. Mis padres vinieron a la escuela a quejarse. Después de eso, fui enviado a la clase del “bote de basura” (253).
En algunas escuelas mixtas, la peleas entre estudiantes tibetanos y chinos parecen ser comunes. Un niño de Amdo contó que él hubiese sido atacado físicamente por los estudiantes chinos “si decía que era tibetano”. El recurso de acudir a las autoridades era inútil -continuó diciendo-; ya que “si vamos y nos quejamos, los padres de los chinos son de la policía. La mayoría de los padres de los estudiantes chinos son oficiales” (254). Otro relató que, “cuando nosotros (los estudiantes tibetanos) llevábamos dinero a la escuela, los estudiantes chinos nos lo robaban, por lo que teníamos que esconder el dinero en nuestros calcetines.” De nuevo, este niño dijo, decirle a los maestros acerca de ésto y otros abusos era inútil; ya que ellos mostraban favoritismo hacia los niños chinos (255).
Fotos Barefoot Images – Otoño del 2000

Niños en la escuela pequeña de Barkor, Tíbet.

Los niños chinos generalmente disfrutan de escuelas separadas

o salones de clase de mejor calidad, con mejores

instalaciones.
Aparentemente, algunas peleas entre niños/as chinos y tibetanos se vuelven extremadamente violentas y peligrosas. Un monje tibetano, quien vive ahora en el exilio, hizo notar que no es poco común para los niños llevar armas a las escuelas en Lhasa y otras ciudades (256). Un niño tibetano de Lhasa nos contó que estudiantes chinos frecuentemente lo amenazaban. En una ocasión, niños chinos sentados en un techo le arrojaron agua sucia a él y a sus amigos (257). Otro estudiante, contó que cuando un compañero de clase tibetano llevaba una foto del Dalai Lama alrededor de su cuello, los estudiantes chinos lo atacaron, sangrándole la cara. Esto condujo a una riña mayor entre estudiantes tibetanos y chinos. Pero solamente los tibetanos, -reportó este niño-, fueron castigados (258). Resulta difícil determinar la frecuencia de estos incidentes de peleas étnicas entre niños chinos y tibetanos, pero relatos sugieren que están lejos de ser raros. “Cuando estaba caminando”, contó un niño de Kham, “un grupo de estudiantes chinos me pegó con una plancha, y uno agarró un pedazo de vidrio y me hirió en el ojo” (259). En verdad, algunos niños/as tibetanos nos dijeron que no asistían a la escuela porque tenían temor de tales asaltos por sus compañeros de clases chinos.

En Tíbet, los niños/as tibetanos aprenden que la historia de su país es un componente insignificante de la historia de China, que la cultura tibetana se deriva (forma parte) de la cultura de “China”; y que el idioma tibetano no tiene uso. Las creencias religiosas budistas son una razón más para avergonzarse. La mayoría de los niños/as tibetanos eventualmente aprenden –a través de parientes, libros ilegales, maestros monásticos; y de otras fuentes no estatales–, acerca de su herencia cultural. Pero, a pesar de todo, los niños/as tibetanos permanecen dentro de Tíbet, son incapaces de seguir una educación tibetana. Más aún, la política aparente de cerrar, o de tomar el control de la dirección de escuelas privadas y monásticas tibetanas, parece ser que está sellando los pocos caminos que tienen los niños/as para recibir una educacióntTibetana.

La atmósfera creada por las políticas educacionales de la RPC ha contribuido al rápido crecimiento de una de jóvenes tibetanos “sub-educados” y “sub-empleados”; particularmente dentro de los centros urbanos como Lhasa (260). Por ejemplo, un joven tibetano de Lhasa -quien escapó de Tíbet en 1998 a la edad de veinte años-, explicó que, sin ningún conocimiento de tibetano, de chino o de inglés, él no podía encontrar trabajo. Para él un día típico por Lhasa, simplemente consistía en detenerse en varios clubes, bares y restaurantes. Pocos años después, él se unió a una banda de la calle, mismo que lo condujo a ser arrestado, por pelear, o por robos pequeños (161). La carencia de tibetanos bien educados y técnicamente capaces, se ha convertido en una justificación adicional para que China invite a mayor numero de colonizadores chinos para ocupar la RAT. Ahí, ellos (los chinos) tienden a recibir los mejores empleos y puestos gubernamentales.

China ha hecho algunos progresos en el acceso educacional a los niños tibetanos. Esto se debe en gran parte, a que antes de 1950, la sociedad tibetana se enfocaba principalmente a la educación monástica, más que en la educación secular. Sin embargo el sistema actual de China, en la mayoría de los casos, no cumple con su obligación de proporcionar a los niños tibetanos una educación dirigida a su desarrollo y bienestar. Más que fomentar un entendimiento y respeto por el idioma, la historia y la cultura de Tibet. El sistema educacional de China – parece que en la práctica-, ha sido diseñado para menospreciar estos aspectos de tal manera que a los niños tibetanos les inculca un sentido de inferioridad cultural.




  1. Atención Médica y Nutrición

En el hospital chino…. No me trataron bien. Fueron muy rudos, y me lastimaban. Le pedí a mi papá que me llevara un doctor tibetano, y él me llevó a Phago, donde había un doctor tibetano con lentes. Ahí, el doctor utilizó un fluido (líquido) blanco, el cual me (--) dol(--); e hizo que la carne se voltease hacía dentro. Entonces, me puso un ungüento blanco que no me dolió para nada; y me dio una píldora negra; eso no me dolió. Mi papá insistió al doctor Tibetano que tomara un poco de dinero: 200 yuan ($).

-Nueve años de edad (262)

La escasez de datos hace difícil evaluar el estado de la atención médica y nutrición de los niños tibetanos. Sin embargo los reportes previos, han sido aumentados por los relatos de los niños a los que entrevistamos. Estos sugieren que los niños tibetanos sufren de atención médica extremadamente deficiente; y que resulta imposible para la mayoría tener una dieta adecuada a sus necesidades nutricionales. Mientras que China ha hecho progresos substanciales en algunas áreas de salud y nutrición en años recientes, para los niños tibetanos el acceso a las instalaciones de atención médica, a doctores calificados, inmunizaciones, medicinas y educación sobre la salud permanece rezagado. Esto se aplica particularmente a los tibetanos de áreas rurales; los cuales comprenden más del 80% de la población Tibetana en Tíbet. Una fuente de los Abogados para Tíbet describió la operación del sistema de atención médica china en Tíbet, como “el sistema más caro de atención médica gratuita en el Mundo”(263). Este comentario (observación) captura exactamente el sentido de muchos relatos que hemos escuchado (---) de los costos prohibitivos en los hospitales y clínicas Chinas. Esto es generalmente lo que impide a los niños tibetanos recibir atención médica básica, más aún, una dieta inadecuada, y calidad de agua deficiente; aunado a la falta de vacunación y a programas de salud maternal e infantil, genera, desde una moderada a una severa desnutrición, retrasando en el crecimiento del niño. Un estudio reciente mostró que más del cincuenta por ciento de los niños tibetanos en el RAT, menores de siete años, sufren de falta de crecimiento como resultado de la desnutrición que padecen (264).
Basados en nuestras entrevistas, y en la limitada información disponible, resulta difícil obtener amplias conclusiones acerca del nivel de la salud entre los/as niños/as tibetanos/as de otras regiones empobrecidas de la RPC. Es importante enfatizar que, a diferencia de los dos temas expuestos con anterioridad, nuestra investigación en esta área no reveló claramente que los problemas de salud y nutrición que enfrentan los/as niños/as tibetanos/as, sean el resultado de la dominación china en Tíbet. Muchos de estos problemas parecen ser síntomas de las mismas duras condiciones de vida que caracterizan otras regiones pobres y predominantemente rurales de la RPC, como Xinjian, en Mongolia Interior, Guizhou y Ningxia. Por lo tanto, estos temas han sido considerados dentro de este contexto (265).

Al mismo tiempo, enfatizamos que debido a la ausencia de información sobre salud y nutrición, es el resultado en primer lugar, de la negativa por parte de China (con pocas excepciones), de permitir estudios independientes y monitoreos, acerca de las condiciones que prevalecen en materia de derechos humanos dentro de Tíbet. Existen diversos programas de beneficencia extranjera y de ayuda humanitaria operando en Tíbet; pero el gobierno ejerce un control sumamente estrecho sobre su actividad. En un esfuerzo para entender las condiciones de salud de los/as niños/as tibetanos/as, los Abogados para Tíbet condujeron, -la mayoría anónimamente-, entrevistas con organizaciones no-gubernamentales; con trabajadores de salud; y con varias personas encargadas de proyectos humanitarios dentro de Tíbet. Pero la información tiende a ser anecdótica; por lo que es difícil identificar patrones y tendencias que puedan sugerir soluciones. En el contexto del estudio de los derechos humanos, enfatizamos también que las restricciones gubernamentales impuestas sobre las organizaciones extranjeras que estudian y publican las condiciones de salud prevalecientes en Tíbet violan los derechos de los/las niños/as Tibetanos. Bajo la CDN, los paises miembro (estate parties) están de acuerdo en perseguir los derechos económicos, sociales y culturales “cuando es necesario, dentro del marco de la cooperación internacional.”266 Restringiendo el monitoreo y acceso a la información, el gobierno inhibe la cooperación internacional, limitando la capacidad de organizaciones internacionales para ayudar a los niños en Tíbet.

Aún a la luz de estas limitaciones sobre acceso a la información, sin embargo, parece que las condiciones de salud y nutrición para los niños Tibetanos son en varios aspectos inferior a aquellas predominantes en cualquier otra parte en la RPC. Las tasas de mortalidad infantil en la RAT, por ejemplo, son generalmente mucho más altas que aquellas en la RPC. La CIJ cita estadísticas indicando una tasa de mortalidad infantil en la RAT de aproximadamente tres veces el promedio nacional.267 Los niños Tibetanos sufren de falta de crecimiento causado por la desnutrición. De hecho, un reciente estudio publicado en el New England Journal of Medicine encontró que la (m)itad de todos los niños en la RAT sufren de falta de crecimiento, problemas médicos y potencialmente desarrollo intelectual deteriorado como resultado de la desnutrición ….”268. La expectativa de vida del Tibetano (59.7 años) se clasifica como la última (la más baja) entre las diez y ocho “mayores nacionalidades” de China”269 Las estadísticas oficiales suministradas por la RPC indican que la proporción de los doctores y ayudantes médicos por aldea en la RAT es de solamente .61, en comparación con el promedio de 1.8 para la RPC en su totalidad. La RAT, de hecho, se clasifica en el lugar más bajo de todas las provincias en la RPC por el número de personal médico por aldea. 270. Mientras que China tiene aproximadamente 85-95 camas por 1,000 personas, la RAT tiene solo 6-22 camas por 1000 personas.271 Es difícil determinar la cifra respectiva para Amdo y Kham ya que China a dividido estas provincias Tibetanas y las ha incorporado a las regiones vecinas Chinas. Aún así nuestra investigación sugiere que condiciones similares caracterizan estas áreas. Debido a la escasez de estadísticas y la dificultad para sacar conclusiones comparativas, se requiere más investigación en esta área, en especial respecto a las causas de desnutrición de los niños Tibetanos, las disparidades entre las provincias Tibetanas y Chinas, y la capacidad práctica de la RPC (financiera, logística y técnicamente) para incrementar la atención medica y las condiciones nutricionales en Tíbet. Pero nuestra investigación muestra que los niños en Tíbet permanecen con un alto riesgo de desnutrición y enfermedades. Muchas familias Tibetanas se encuentran incapaces de obtener asistencia médica básica, comida adecuada y, en algunos casos, agua pura (potable) para sus niños. Las deficiencias nutricionales parecen diseminarse ampliamente, y la educación de la salud está prácticamente ausente. Estas negligencias (carencias) amenazan la vida y salud de la próxima generación de Tibetanos.





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