La vieja puerta y la pendiente de Barroso “



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La vieja puerta y la pendiente de Barroso


En el ya inexistente número dieciocho de la calle Almirante Barroso, encontramos una puerta de madera, cerrada, silente, casi anónima, más bien baja y relativamente ancha, con algunos de sus bordes resquebrajados y la madera descolorida, es una reliquia más del antiguo edificio de la universidad. A diario, los libreros arman sus puestos de venta frente a ella.

Los viejos adoquines de la calle escoltan su hidalga rigidez, mientras que la ventana ovalada posada sobre ella, es ahora un ojo que apenas ve detrás de los edificios. La puerta es lo que queda de la antigua entrada a la Biblioteca Bellarmino, que fuera un verdadero oasis para la vida intelectual durante la dictadura militar. Detrás de ella permanece la fabulosa escalera que conduce al segundo nivel de la biblioteca.



Hace solo un par de años, los funcionarios de la biblioteca usábamos la escalera como un atajo para trasladar cajas de libros que debían enviarse a la Sede de San Ignacio. Bajábamos la pendiente de mármol siempre con temor a resbalar. Apenas entraba la luz del día por la ventana ovalada, iluminando escasamente el camino hacia la puerta que conducía a la calle. Cuando ésta se abría, se alumbraba su oscuridad húmeda y añosa.

Hoy la puerta se mantiene cerrada, el crecimiento de la universidad y la necesidad de espacio acallaron su crujido. Alguna vez alguien la observará, será un día de fin de semana, cuando las calles céntricas están casi vacías y la escasez de transeúntes y de tráfico de automóviles, permite exhibirse al paisaje urbano del Santiago antiguo. Puede ser que aquel sujeto se detenga en su estilo rústico y sencillo. Tal vez se pregunte cuántos años tiene, pero no alcanzará a responderse y lo olvidará, continuando con su agitado paso”.


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