Las fracciones partidistas y su influencia en las coaliciones dominantes. Circulación y conflicto en la elite del partido popular (1989-2012)



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LAS FRACCIONES PARTIDISTAS Y SU INFLUENCIA EN LAS COALICIONES DOMINANTES. CIRCULACIÓN Y CONFLICTO EN LA ELITE DEL PARTIDO POPULAR (1989-2012).

Por Gema SÁNCHEZ MEDERO.



1º. Introducción.

En esta ponencia vamos a realizar un estudio de la elite partidista, es decir, de aquellas personas que tienen en sus manos el destino del partido. En este sentido, estudiaremos la naturaleza de la renovación del Comité Ejecutivo Nacional y el perfil sociológico de sus integrantes. El conocimiento de la elite partidista y de sus pautas de renovación nos proporcionará datos sobre la búsqueda de equilibrios y el reparto de incentivos, es decir, la constitución y consolidación de un núcleo dirigente que maneja a su antojo los hilos de la organización. Está claro que la primera constatación de la Ciencia Política es que siempre existe una minoría que se impone a los demás, y por eso nuestro análisis político debe versar precisamente sobre los medios de los que se vale esa minoría para obtener el poder y mantenerse en él (Cárdenas Gracia, 1992: 37), y así conoceremos la verdadera distribución de poder en AP/PP. Gracias a este estudio podremos conocer si las pautas de renovación seguidas en el CEN y el perfil sociológico de sus miembros, y diferenciar entre la elite abierta y la elite cerrada (Laswell, 1950: 201), estando la primera compuesta por casi todos los miembros del cuerpo político, mientras que en la segunda sólo pueden estar unos pocos.


Si hemos seleccionado como objeto de estudio el Comité Ejecutivo Nacional es por ser el máximo órgano de poder formal del Partido Popular. Es cierto, que las decisiones más relevantes que afectan al partido casi siempre se han gestado en las reuniones de “maitines”, o en la actualidad en el Comité de Dirección, y en el fondo el Comité Ejecutivo Nacional se ha limitado a ser un órgano de debate y ratificador de lo que se acuerda en estos dos otros ámbitos. Sin embargo, es el organismo donde se encuentra presente toda la cúpula del partido, y dada el número de personas que lo componen, el único de los tres mencionados que nos permite medir verdaderamente el grado de renovación, con el objetivo de analizar los juegos de poder que se producen en la organización. El motivo de haber elegido el periodo que comprende entre 1989 a 2004, es por ser el momento en el que se produce la mayor metamorfosis del partido, una transformación que abarca los aspectos organizativos, ideológicos, estratégicos, etc, y que sientan las bases del actual Partido Popular.

2º. La composición del máximo órgano ejecutivo del Partido Popular: el Comité Ejecutivo Nacional.
El Comité Ejecutivo Nacional es considerado como el órgano de gobierno y administración del partido entre Congresos, es decir, el órgano ejecutivo de la organización (art. 34. EPP, 2004). Desde su creación, se ha visto que Congreso tras Congreso, ha salido fortalecido restándole constantemente poder a la Junta Directiva Nacional (JDN)1, y a pesar de que en un primer momento sus competencias eran más bien escasas, ni siquiera aparecían especificadas en los estatutos del partido, limitándose a hacer de su composición y a la periodicidad de sus reuniones. En todo caso, el simple hecho de que se encuentre integrado por la cúpula dirigente del partido y que sus reuniones se celebren semanalmente indica el grado de poder que ostenta este organismo dentro del partido (García-Guereta, 2001b).
La composición del CNE ha sufrido variaciones desde su creación, aumentando el número de integrantes paulatinamente. En todo caso, hay que señalar que existen dos círculos de poder dentro de este organismo, por un lado, están los miembros electos que son los que conforman realmente el aparato del partido, y por otro lado, están los miembros natos, que forman parte de él por ostentar un cargo previo dentro de la organización, es decir, los portavoces en las distintas cámaras parlamentarias, el Presidente y el Secretario General de Nuevas Generaciones, el Tesorero, los presidentes autonómicos, los presidentes de las CC.AA que sean del PP, los secretarios ejecutivos, etc.
Tabla 1: Composición de los Comité Ejecutivo Nacional (1989-2004).

1989

1990

1993

1996

1999

2002

2004




Pdte. Fundador

Pdte. Fundador

Pdte. Fundador

Pdte. Fundador

Pdte. Fundador

Pdte. Fundador



















Pdte. de Honor

Pdte. Nacional

Pdte. Nacional

Pdte. Nacional

Pdte. Nacional

Pdte. Nacional

Pdte. Nacional

Pdte. Nacional

6 Vicepresidentes



















SG

SG

SG

SG

SG

SG

SG

SG Adjuntos



















Tesorero
















Tesorero

Pdte. del Comité Electoral Nacional




Pdte. del Comité Electoral Nacional

Pdte. del Comité Electoral Nacional

Pdte. del Comité Electoral Nacional

Pdte. del Comité Electoral Nacional.

Pdte. del Comité Electoral Nacional.

Pdte. del Comité Nacional de Conflictos y Disciplina




Pdte. del Comité Nacional de Conflictos y Disciplina

Pdte. del Comité Nacional de Conflictos y Disciplina

Pdte. del Comité Nacional de Conflictos y Disciplina

Pdte. del Comité Nacional de Conflictos y Disciplina.

Pdte. del Comité Nacional de Conflictos y Disciplina.

Portavoz del CD, Senado y Parlamento Europeo

Portavoz del CD, Senado y Parlamento Europeo

Portavoz del CD, Senado y Parlamento Europeo

Portavoz del CD, Senado y Parlamento Europeo

Portavoz del CD, Senado y Parlamento Europeo

Portavoz del CD, Senado y Parlamento Europeo.

Portavoz del CD, Senado y Parlamento Europeo.

Pdte. y SG de NN.GG

Pdte. de NN.GG

Pdte. de NN.GG

Pdtes. de NN.GG

Pdtes. de NN.GG

Pdtes. de NN.GG.

Pdtes.y SG de NN.GG.

Pdtes. de las CC.AA que sean del PP

Pdtes. de las CC.AA que sean del PP

Pdtes. de las CC.AA que sean del PP

Pdtes. de las CC.AA que sean del PP

Pdtes. de las CC.AA que sean del PP

Pdtes. de las CC.AA que sean del PP.

Pdtes. de las CC.AA que sean del PP.













Pdtes. Regionales del partido.

Pdtes. Regionales del partido.

Pdtes. Regionales del partido.




Vicesecretarios y Secretarios de Área en razón de su cargo, sino fueran vocales.

Vicesecretarios, Coordinadores y Secretarios de Área, sino fueran vocales.

Vicesecretarios, Coordinadores y Secretarios de Área, sino fueran vocales.

Vicesecretarios, Coordinadores y Secretarios Ejecutivos, sino fueran vocales.

Vicesecretarios, Coordinadores y Secretarios Ejecutivos, sino fueran vocales.

Secretarios Ejecutivos, y Secretarios sino fueran vocales.













Pdtes. y SG de aquellas organizaciones internacionales de las que sea miembro del PP sino fuesen ya vocales.

Pdtes. y SG de aquellas organizaciones internacionales de las que sea miembro del PP sino fuesen ya vocales.

Pdtes. y SG de aquellas organizaciones internacionales de las que sea miembro del PP sino fuesen ya vocales.
















2 representantes de las organizaciones del partido en el exterior.

2 representantes de las organizaciones del partido en el exterior.

22 Vocales designados por el Congreso

30 Vocales designados por el Congreso

30 Vocales designados por el Congreso

30 Vocales designados por el Congreso

30 Vocales designados por el Congreso

35 Vocales designados por el Congreso.

35 Vocales designados por el Congreso.

5 Vocales designados por el Presidente

5 Vocales designados por el Presidente

5 Vocales designados por el Presidente

5 Vocales designados por el Presidente

5 Vocales designados por el Presidente

5 Vocales designados por el Presidente.

5 Vocales designados por el Presidente.

Fuente: Elaboración propia.
3º. La naturaleza de la renovación del Comité Ejecutivo Nacional.
La distribución real de poder en el Comité Ejecutivo Nacional y su funcionamiento ha cambiado según haya sido en cada momento la situación interna del partido (García-Guereta, 2001b: 409). Evidentemente, cuando el Presidente cuenta con un apoyo importante de sus compañeros, el poder que ostenta se sitúa por encima de los propios órganos del partido, mientras que cuando su liderazgo se encuentra cuestionado, su grado de dependencia respecto a los miembros de la organización es mayor, y es cuando los órganos de gobierno recuperan su relevancia dentro del partido. De ahí que cuando se pretende explicar quienes integran los mismos entren en juego una serie de aspectos que están fuera de cualquier normativa o regla interna. El reparto de incentivos y el mantenimiento de las expectativas de recompensa en una organización se convierten en algo tan importante para la consolidación de un proyecto, y por tanto de su líder, que no sólo deben ser tenidos en cuenta, sino que además deben ser cuidadosamente practicados por el máximo dirigente si lo que pretende es mantenerse en el poder. En este sentido, Pareto (1979) afirma que si la elite no era lo suficientemente permeable como para permitir el acceso a nuevos individuos y grupos, tarde o temprano entraría en declive y sería sustituida por otros grupos que pugnarían por ocupar puestos de relevancia pero a los que se les impide el paso provocando una ruptura. Si esto es así, está claro que la renovación de las elites no obedece únicamente a factores externos, aunque evidentemente son importantes, sino que también dependen de otra serie de factores internos que no tienen por qué ser forzosamente provocados por una crisis del partido, sino que sean fruto de la propia voluntad de la coalición dominante como una forma de ganar lealtades y cohesionar la organización. Es indudable que cuando ésta se encuentra cuestionada o con pocos apoyos, la posibilidad de que se produzca un alto grado de renovación en la elite del partido es mayor que cuando la coalición dominante se halla fuertemente cohesionada. También es cierto que en su decisión por imponer una institucionalización superior del modelo de organización, los buenos resultados electorales y la centralización aumentan su capacidad de transformar la estructura de poder en el seno del partido y viceversa (Chadel, 2001: 11).
Teniendo en cuenta todo esto, el acceso de nuevo personal a este órgano de dirección se corresponde con momentos claves de la vida del partido, sobre todo en lo que concierne a las transformaciones que tienen que ver con el liderazgo de la organización (Chadel, 2001, 16). Pero también es cierto que, con independencia de esto, la renovación es más probable en aquellos periodos en los que el partido se encuentra en la oposición o pierde el Gobierno, aunque no forzosamente tiene que ser consecuencia de los malos resultados electorales o de simples factores exógenos. Si observamos la tasa de renovación del Partido Popular de la tabla 2, veremos que los porcentajes más altos se presentan cuando se ha producido un cambio en la Presidencia del partido (1989, 1990, y 2004), o a una decisión de la propia coalición dominante (1999), y en el caso de 1989, además, por una metamorfosis de la organización.
La composición de la ejecutiva saliente del IX Congreso Nacional (1989) es un claro intento de cerrar una etapa, la de Alianza Popular, y abrir otra, la del Partido Popular, pero siempre desde la perspectiva de mantener un equilibrio entre las distintas familias existentes en el partido y las más que obligatorias incorporaciones de personas procedentes de otras fuerzas políticas, y todo ello al mismo tiempo que se debía asegurar un equipo de máxima confianza para poder realizar la transición que exigía la organización. Las luchas internas por el reparto del poder fueron tales que no se llega a determinar el número de miembros del futuro CEN hasta el mismo instante de presentar la candidatura, porque los nombres para ocupar un cargo variaban de la noche a la mañana2. Aunque finalmente resulta ser de marcado carácter fraguista, por lo menos en lo que se refiere al aparato del partido, que en definitiva es el que rige el rumbo de la organización, lo que le permitía ejercer un control casi absoluto sobre el máximo órgano ejecutivo3. Tampoco debe de extrañar cuando de nuevo la elección de los miembros de este organismo vuelve a corresponder al Presidente del partido al suprimir los estatutos el sistema de listas abiertas imperante durante el VII y VIII Congreso Nacional. La política de integración de personas de otras fuerzas políticas apenas tiene una repercusión significativa sobre la ejecutiva, y mucho menos si la comparamos con la que experimenta el grupo parlamentario. De los cuarenta y tres miembros que componen el CEN de 1989, veintisiete (62,8%) tiene ligado su pasado a Alianza Popular frente a los dieciséis que proceden de otros partidos (37,2%). Esto significa que la mayor renovación que ha sufrido el CEN tiene como objetivo no tanto incorporar a un nuevo personal como sustituir a una buena parte de la denominada “vieja guardia” aliancista y de los hombres de Hernández Mancha.

Tabla 2: Renovación en los CEN (1989-2004).



Diputados

1989

1990

1993

1996

1999

2002

2004

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Renovación

29

67,4%

18

37,5%

21

38,2%

16

27,1%

38

45,2%

17

19,1%

35

38,9%

Permanencia

14

32,6%

30

62,5%

34

61,8%

43

72,9%

46

54,8%

72

80,9%

55

61,1%

Total

43

100%

48

100%

55

100%

59

100%

84

100%

89

100%

90

100%

Fuente: Elaboración propia.
El nuevo candidato a la Presidencia del partido, José María Aznar, convoca el X Congreso Nacional (1990) convencido de que únicamente situándose en el centro del espacio político podría competir con ciertas garantías con el Partido Socialista (Castro, 1995). Esto implicaba, primero, deshacerse de ciertos principios básicos que habían estado presentes en el partido desde su fundación; segundo, acabar con las rencillas internas que había caracterizado a la organización durante su primera etapa; tercero, unir al centro derecha español bajo unas mismas siglas; y, cuarto, ampliar su proyección exterior. Pero estos objetivos sólo pueden alcanzarse si previamente se procede a una renovación de una buena parte de la elite del partido, a una mayor centralización del poder en manos del Presidente, y siempre que se mantengan altos niveles de expectativa de recompensa. Porque el poder real del que disfruta un líder depende esencialmente de la autoridad que los restantes miembros del partido conceden o reconocen a la cúpula dirigente (García-Guereta, 2001a: 39). Por tanto, este proceso de institucionalización marca una etapa de control centralizado de los recursos de poder, es decir, un control por parte del Presidente y de la coalición dominante (Chadel, 2001: 14), a la vez que se intenta mejorar el funcionamiento del partido mediante una profesionalización de sus principales áreas, la organizativa y la electoral.
Tabla 3: Renovación de los miembros electos y aparato en el CEN (1989-2004).

Diputados

1990

1993

1996

1999

2002

2004

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Renovación

17

41,5%

20

42,5%

9

19,2%

19

34%

17

27,4%

29

46,8%

Permanencia

24

58,5%

27

57,5%

38

80,2%

37

66%

45

72,6%

33

53,2%

Total

41

100%

47

100%

47

100%

56

100%

62

100%

62

100%

Fuente: Elaboración propia.
Así, la nueva cúpula dirigente es el resultado de una mezcla de las distintas familias (fraguistas, aznaristas, etc) y de las personas provenientes de otras fuerzas de centro-derecha. La ejecutiva de 1990 es claramente continuista respecto a la anterior, en cuanto se refiere a los cargos que constituyen el aparato del partido, situándose su índice de permanencia en un 58,5%. Sin embargo, en lo que se refiere a su composición global, el CEN experimenta otra renovación que, unida a la anterior, hace que la ruptura con su pasado más inmediato sea prácticamente total. Entre 1989-1990 el CEN se ha renovado en un porcentaje que supera el 70%, quedando tan sólo nueve hombres de la ejecutiva que encabezó Antonio Hernández Mancha4. Por tanto, el grado de renovación de 1990, pese a no ser del todo definitivos con 37,5% supone la consolidación de la estrategia iniciada en la anterior cita congresual, que es acabar con las antiguas personalidades de Alianza Popular, por denominarlas de alguna manera. En el CEN entran hombres de talante liberal como Guillermo Gortázar, Juan Carlos Vera, Gabriel Mañueco y Carlos Aragonés, aunque continúan en su cargo todos aquellos que habían desempeñado un puesto de máxima confianza durante el último año5. Sin embargo, son muchos los excluidos, hasta el punto que en la sede nacional del partido se acuña el término “los caídos” para denominar a todos aquellos que no volverán a formar parte del CEN, entre los que se encuentran: el exVicepresidente del Gobierno y eurodiputado, Fernando Suárez, el Presidente del PP en Cataluña, Jorge Fernández, el diputado Ángel Sanchís, y los democratacristianos, Luís Ortiz y Luís de Grande. Asimismo son marginados Gabriel Cañadas, persona de confianza de Marcelino Oreja, Joaquín Espert, ex-Presidente de la Rioja, Luís Eduardo Cortés, Presidente del PP en Madrid, Luís Guillermo Perinat, ex embajador, Pedro Agramunt, Presidente del PP en Valencia, y el catedrático Gaspar Ariño6.

La estructura interna del CEN también se transforma suprimiéndose las antiguas Vicepresidencias y las Secretarias Adjuntas; ahora se crean dos Vicesecretarías y las Secretarías de Área (Organización, Electoral y de Formación, Sectorial, Estudios y Programas, Administración y Finanzas, Medios de Comunicación y Relaciones Exteriores). Con la desaparición de los Secretarios Generales Adjuntos, la estructura piramidal del poder se acumula en el Presidente y en el Secretario General, aunque este último delegue algunas de sus funciones en los dos nuevos Vicesecretarios. Estos últimos, a diferencia de lo que ocurría con los Secretarios Generales Adjuntos que eran los verdaderos guardianes de las acciones del Secretario General, juegan un papel secundario dentro de las labores de gestión del partido. El Presidente es, sin duda, la figura que sale más fortalecida en estos estatutos. No sólo será quien designe al Secretario General sino también a los dos Vicesecretarios, los Secretarios de Área, el Presidente del Comité Electoral y del Comité de Conflictos y Disciplina; además, a propuesta del Secretario General, presentará al CEN la distribución de competencias de dichas áreas, y podrá asumir, con carácter excepcional las competencias de los órganos de gobierno del partido.


Los espacios poder, como hemos expuesto, pasan a ser controlados directamente desde la Presidencia del partido. El líder del partido decide la composición de la lista que deberá ser votada en el Congreso Nacional y nombra a los miembros del partido que van a ostentar los puestos de responsabilidad del máximo órgano ejecutivo. Obviamente este reclutamiento centrípeto favorece la centralización del poder y repercute de manera positiva en la cohesión de la organización.
En 1993 el CEN continúa con las mismas pautas de renovación que las iniciadas en 1989. El aumento del número de integrantes de este organismo y la renovación efectuada con la entrada de nuevos dirigentes, permite a la coalición dominante ir modificando a su favor la correlación de fuerzas. Circunstancia por otra parte habitual, puesto que normalmente una coalición dominante y unida suele elegir una política de expansión para salvaguardar la estabilidad organizativa, mientras que una coalición dividida tiende a decantarse por la opción contraria (Panebianco, 1990). En esta tesitura, el núcleo dirigente trata de controlar a los demás miembros de la organización mediante la distribución de incentivos y la manipulación del conjunto de los recursos organizativos, aunque evidentemente es imposible que ejerza un control absoluto, desde el mismo momento que no controla el entorno ni tampoco tiene un monopolio completo de los recursos organizativos (Martínez Sospedra, 1996: 110). En este sentido, por ejemplo, se crean dos nuevas figuras dentro de los puestos de responsabilidad, la de los Coordinadores de Área, y se incorporan a la labores del máximo nivel personas del talante de Javier Arenas, José María Michavila, Miguel Ángel Rodríguez Bajón, José María Robles Fraga, Luís Gamir o Jesús Sepúlveda, es decir, se combina la experiencia con la juventud, y la moderación con el centrismo7.
El resultado es un equipo de colaboradores que no guarda relación alguna con la anterior etapa de la formación política. Un grupo de personas que, en gran medida, entran a formar parte de la vida del partido con José María Aznar y que se mantienen en los puestos de mayor responsabilidad prácticamente durante toda su Presidencia. Así, queda conformado un núcleo dirigente compuesto por un significativo grupo de la UCD, algunas personas del entorno fraguista de mayor edad, una generación de líderes con escaso tiempo de militancia y que encuentra ligada su carrera política a José María Aznar y, finalmente, un conjunto de personas de mediana edad que han venido desempeñado importante cargos en el partido, habitualmente desde su inicio, entre las que se incluye su Secretario General, Francisco Álvarez Cascos (López Nieto, 1999: 245). Además, por primera vez, el Tesorero no es miembro nato de la misma aunque si tendrá que seguir respondiendo ante ella. La persona designada para sustituir a Rosendo Naseiro es Álvaro Lapuerta, aunque interinamente quién se había ocupado de las finanzas del partido era el Secretario General, Francisco Álvarez Cascos.
Por otra parte, la marginalidad en la que se encuentran los antiguos dirigentes de AP no es nueva. Desde 1990, el PP se ha ido alejando de los postulados aliancistas, incluso Manuel Fraga opta por mantenerse apartado de los asuntos internos del partido una vez que hubo alcanzado la Presidencia de la Xunta de Galicia y había cedido el mando a José María Aznar. Es más, Fraga ha delegado en el Secretario General del PP gallego, Xosé Cuiña, su puesto en la ejecutiva nacional, aunque ha mostrado públicamente sus diferencias con algunos de los postulados defendidos por su partido. Prácticamente, lo mismo ocurre con los antiguos dirigentes aliancistas, puesto que no les queda más remedio que aceptar el nuevo papel que les toca desempeñar dentro de la organización, y en cuanto pueden expresan su disconformidad ante los métodos de una dirección que les condena al ostracismo. Un ejemplo de ello, es el caso de Miguel Herrero de Miñón, que tras perder la Presidencia del partido en el VII Congreso Nacional (1987) pasa a la segunda línea de actuación, siendo cada día su papel en la organización más insignificante, hasta que en este último Congreso es desplazado incluso de la ejecutiva nacional, lo que a la larga será la causa de su renuncia al escaño en el Congreso de los Diputados.

En cualquier caso, este bloque se mantiene prácticamente en su totalidad hasta 1999. Si atendemos a los datos que muestra la tabla 4, el grado de renovación que experimentan en 1996 los vocales electos y los cargos de responsabilidad apenas es significativo, situándose en un 19,2%. Los mayores índices que presenta en su conjunto el CEN obedecen únicamente a la incorporación de una serie de nuevos Presidentes Autonómicos como consecuencia de los resultados obtenidos por el partido en las elecciones autonómicas y municipales de 1995. La presencia de Presidentes Autonómicos que se encuentran ejerciendo labores de gobierno en sus respectivos territorios han pasado de cuatro a once, es decir, más del doble, y esto tiene su repercusión indudablemente en el grado de renovación de este organismo. Pero la novedad más importante respecto a la composición del CEN es la exclusión de Marcelino Oreja y Alberto Ruiz Gallardón de la candidatura que encabeza el Presidente del partido. La versión “oficial” de tales ausencias es que, gracias a sus cargos institucionales, son miembros natos del mencionado organismo. Pero la realidad es que el primero queda excluido por la poca aceptación que tienen entre los nuevos hombres fuertes de Génova, mientras que el segundo ha sufrido un gran distanciamiento de la cúpula nacional y el ex-Secretario General8.



En cambio, en 1999 la situación es diferente y nuevamente vuelve a producirse un pico en los niveles de renovación con un 45,2%, dieciocho puntos más que la anterior ejecutiva. En esta ocasión, la causa no obedece a un cambio en el liderazgo del partido sino a la propia voluntad que manifiesta su líder de seguir avanzando hacia la máxima profesionalización de aquél, una vez que se ha dado por concluida la segunda etapa de institucionalización que abarca desde 1989 hasta justo 19999. Aunque el haber ocupado el gobierno de la nación también tiene su repercusión en esta renovación, el salto de una buena parte de la elite partidista a la política nacional obliga al partido a incorporar nuevos miembros a la ejecutiva.
Es así como ahora la coalición dominante se encarga de poner a punto la transformación que debe efectuarse en el CEN, que pretende responder a las nuevas expectativas organizativas del partido como consecuencia de encontrarse ejerciendo labores de gobierno a nivel nacional. En primer lugar, amplía su representación con la incorporación de los Presidentes Regionales del partido y, en consecuencia, se suprime la Comisión Permanente de la Junta Directiva. En segundo lugar, se crean los Coordinadores de Área (organización, comunicación, formación y participación, y acción sectorial), que, bajo la dependencia y supervisión del Secretario General, dirigen la actividad de su respectivo de ámbito. En tercer lugar, los Secretarios Ejecutivos pasan a ocupar el cuarto peldaño en la jerarquía partidista, dependiendo directamente de su correspondiente Coordinador. En cuarto lugar, las Vicesecretarías se convierten en un cargo más bien simbólico y de carácter meramente político, limitándose a indicar las personas que gozan de la confianza del Presidente.
Entonces, como se ha expresado, la renovación de 1999 responde claramente a una voluntad de transformación del Presidente y a la incorporación de los Presidentes Regionales. Las personas que se integran en el CEN y las que asumen responsabilidades son esa generación que viene desarrollando funciones desde que Aznar llegara a la Presidencia, o que deben su posición en la organización directamente a él. Los nombres claves del nuevo ejecutivo son los de Javier Arenas (Secretario General), Rodrigo Rato, Jaime Mayor Oreja, y Mariano Rajoy (Vicesecretarios), y los cuatro Coordinadores de Área, Mercedes de la Merced (Formación), Pío García Escudero (Organización), Rafael Hernando Fraile (Comunicación), y Ana Mato Adrover (Participación y Acción Sectorial)10. De todos ellos, el golpe de efecto más importante es el relevo que se produce en la Secretaría General. La sustitución de Francisco Álvarez Cascos viene a simbolizar, el fin de una etapa, la consolidación del proyecto de centro-derecha y la apertura de otra nueva, que busca convertir al partido en una organización ágil, perfectamente articulada y más eficaz. Las personas que, junto a la generación de Aznar, deben llevar a buen puerto esta nueva misión son los que hasta ahora ocupaban puestos de segundo nivel, y una serie de jóvenes parlamentarios que conforman el núcleo duro de Secretarios Ejecutivos.
En el 2002 se produce un hecho curioso y totalmente novedoso en el partido: la renovación se centra únicamente en los vocales electos y en los cargos de responsabilidad. Ello indica que no habido cambios entre los miembros natos, y que en 1999 se puso el punto final a la llamada “renovación territorial”. Además, en esta ocasión la fuga de cargos del partido al ámbito institucional le obliga acometer una remodelación técnica de su dirección nacional, con lo que el grado de renovación que sufre es mucho menor que en la anterior ejecutiva. Ahora se trata de terminar de adecuar la organización a los acontecimientos más inmediatos a los que debe hacer frente el partido como es la sucesión de Aznar y la renovación de su mandato ante las urnas. Por este motivo, se continúa con la labor iniciada en el XIII Congreso Nacional (1999), incrementándose el número de Secretarias Ejecutivas, lo que a priori significa más especialización, y se abre paso a una nueva generación de dirigentes que conformarán el PP del futuro. Entre ellos se incluye a Sandra Moneo, Jorge Moragas, Juan Moreno Bonillas, Rosa María Romero Sánchez, Francisco Camps Ortiz, etc, que pronto son conocidos como los “jóvenes de Aznar”. Las únicas sorpresas que se producen en la composición del CEN son el relevo de Mercedes de la Merced del área de formación y la incorporación de Adolfo Suárez Illana y de los “monclovitas”, Gabriel Elorriaga y Javier Moragas.
Los cambios acaecidos en la ejecutiva de 2004 corresponden de nuevo a una transformación de liderazgo, aunque tal vez aquí tengan una mayor incidencia los factores externos. El PP acude al XV Congreso Nacional tras haber perdido unas elecciones generales que todos daban por ganadas, hecho que seguramente debería haber implicado una renovación del Comité Ejecutivo, mucho mayor de la que en un principio hubiera realizado el nuevo Presidente si el resultado electoral hubiera sido favorable. En todo caso, se releva al 38,9% de los miembros del CEN, que supone la mayor renovación del partido desde 1990. Al mismo tiempo se reforma su estructura interna, suprimiéndose los Coordinadores de Área y se reducen las Secretarias Ejecutivas (Organización, Política Autonómica y Local, Política Social y Bienestar, Política Económica y Empleo, Libertades Públicas, Seguridad y Justicia, y Comunicación) y se otorga una mayor capacidad para determinar las funciones de los distintos Secretarios. La intención es buscar un modelo más sencillo, más simplificado, similar al empleado entre 1990 y 1996, modelo en el que no existía la figura de Coordinador de Área y sí la del Vicesecretario, con amplias atribuciones en cuestiones de organización y acción electoral, trabajando junto a él, el Comité de Dirección dada la dimensión que ha adquirido durante estos años.
En el nuevo núcleo duro, sobre el que se apoyará Mariano Rajoy, se encuentran hombres como Ángel Acebes, Ana Pastor, Miguel Arias Cañate, Gabriel Elorriaga, Soraya Sáez de Santamaría, Sebastián González, Ignacio Astarloa, Juan Carlos Vera, Eduardo Zaplana y Carlos Aragonés. Muchos de ellos, han venido desempeñando importantes funciones tanto en el partido como en el gobierno. Es un cambio que, en un principio, parece ser menos rompedor de lo que presupone los porcentajes de renovación. La cuestión reside en que personas como Ana Pastor, Soraya Sáez de Santamaría o Ignacio Astarloa, que ocupaban puestos de menor relevancia en la organización, pasan ahora a la primera línea de partido. Además, dejan de formar parte de la ejecutiva un buen número de los llamados “pata negra”, Francisco Álvarez Cascos, Rodrigo Rato, Abel Matutes, Isabel Tocino, Félix Pastor Ridruejo, y dirigentes que sin tener el pasado de éstos, han sido muy importantes para el partido, como Soledad Becerril, Mercedes de la Merced, Gabriel Cisneros, José María Álvarez de Manzano, Gabino Puche, o José Miguel Ortí Bordás. Los criterios empleados para la selección de los miembros del CEN no sigue un patrón único, habida cuenta que entre los excluidos hay hombres, mujeres, históricos, veteranos, e incluso, personas de la nueva hornada.
Tabla 4: Permanencia de los miembros en el CEN (1989-2004).




1990

1993

1996

1999

2002

2004

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

Frec.

%

1989

30

62,5%

23

41,8%

18

30,5%

16

19%

15

16,9%

8

8,9%

1990




34

61,8%

26

44%

24

28,5%

21

23,6%

12

13,3%

1993




43

72,9%

38

45,2%

32

52,1%

19

21,1%

1996




46

78,6%

39

54,2%

25

27,8%

1999




72

80,9%

45

50%

2002




55

61,1%
  1   2   3   4


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