Las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela. (2001-2009). "Un puente inestable que debe repararse"



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Las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela. (2001-2009). “Un puente inestable que debe repararse”.

Carlos A. Romero y Javier Corrales


Forthcoming in Jorge I. Domínguez and Rafael Fernández de Castro, U.S-Latin America Relations since 9/11. Routledge

Translation in Progress


Las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela se han convertido, desde el año 2001, en las más conflictivas de la región. El presidente Hugo Chávez tiene la reputación de ser uno de los jefes de Estado que más critica al gobierno y el sistema económico de los EE.UU.

La animosidad de Chávez, en su retórica y en algunas políticas, parece ir en aumento. En septiembre de 2008, las relaciones cruzaron otro hito de esa controversia cuando Chávez declaró al embajador estadounidense en Caracas, Patrick Duddy, persona non grata. Y antes de tomar posesión Barak Obama, ya Chávez lo estaba acusando de tener la misma actitud negativa que George W. Bush.

Para entender la conflictividad entre Venezuela y los EE.UU., es preciso responder dos preguntas. La primera es: ¿cuáles son las causas de este nivel de animosidad? Esta pregunta apunta a estudiar los orígenes—ideológicos, políticos y estructurales—de este discordia.

La otra pregunta apunta en una dirección opuesta: ¿por qué no se han roto por completo las relaciones? Lo curioso del conflicto EE.UU.-Venezuela es que gira fundamentalmente en torno al ámbito político pero no al económico. Hoy por hoy, EE.UU. es el mayor socio comercial de Venezuela. Venezuela paga puntualmente los intereses de su deuda y no deja de proveer petróleo a los EE.UU.

La conflictividad entre EE.UU y Venezuela contiene, por consiguiente una serie de motores y frenos. En este capítulo nos proponemos estudiarlos. Empezamos con el análisis descriptivo de los crecientes desacuerdos entre ambos países, en los planos tanto bilateral, regional, y global. Luego abordamos el tema económico, que en nuestra opinión actúa tanto de motor como de freno de conflictos. Seguimos con un análisis de las diferentes hipótesis que se han ofrecido, tanto por los gobiernos como por analistas, para explicar esta conflictividad. Finalmente, concluimos con una discusión sobre posibles escenarios en la era post-Bush.


I. Soft-Balancing y la conflictividad política entre los EE.UU. y Venezuela
1.1.- El concepto de “soft-balancing

“Do you really want to be my friend?” No hubiera sorprendido esta respuesta por parte del presidente estadounidense George W.Bush cuando el Jefe de Estado venezolano, Hugo Chávez, se le acercó informalmente, en la III Cumbre de las Américas, y le dijo al entonces inquilino de la Casa Blanca que él “quería ser su amigo”.1

Para entonces ya se habían acumulado algunas divergencias entre ambos mandatarios. 2 A raíz del 11 de septiembre de 2001, la relación entre ambos gobiernos comenzó a deteriorarse.3 Chávez fue uno de los pocos líderes en criticar la invasión a Afganistán. Chávez acusó a EE.UU. de estar detrás del golpe de estado de abril 2002, de ser el instigador principal de la huelga petrolera de 2002-2003, de querer asesinarle, y de causarle la mayoría de los problemas políticos internos que enfrenta.

El concepto de “soft balancing” ayuda a entender parte de la política exterior de Venezuela bajo Chávez.4 Soft balancing se refiere al esfuerzo que pueda realizar un país—sin recurrir a acciones militares—para frustrar y limitar los objetivos de política exterior de otras naciones más poderosas.5 Esta propuesta teórica se diferencia de las formas tradicionales de “balance de poder” en que la nación retadora no persigue destruir al país hegemónico, sino más bien crearle problemas en su actuación—aumentarle los costos de acción.6 No hay que confundir soft-balancing (capacidad de elevar los costos de actuación global de una potencia) con soft-power (los valores y la agenda institucional pacífica de un país).

Existe un debate entre académicos sobre los factores que dan origen al soft balancing,7 Pero no existe tanto debate en cuanto a que Venezuela bajo Chávez está mostrando muchas de las señales típicas de soft-balancing en sus relaciones con Estados Unidos:8 evitar la cooperación de un modo sistemático (p.e., no colaborar con la lucha contra el narcotráfico), construir alianzas con otros países con las mismas tendencias anti-estadounidenses (p.e., Irán, Cuba, Belorusia, Siria, Rusia), crear obstáculos para el consenso en foros internacionales (p.e., organizar unas reunión regional anti-estadounidense a la III Cumbre de las Américas realizada en Mar de Plata, Argentina, en 2005), realizar contra-propuestas a la integración regional como la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, creada en 2004) y generar “enredos y trampas” diplomáticas (p.e; la iniciativa conjunta militar con Cuba y Rusia en 2008).

Sin embargo, el concepto de soft-balancing aplicado a Venezuela no es cien por ciento útil. En algunos aspectos, la política exterior de Venezuela para con EE.UU. es demasiado “soft” para contar como “balancing”—se basa más en palabrerías que en acciones concretas. Como dice Maihold, hay un enorme contraste entre los “grandes pronunciamientos” y los modestos hechos concretos de Chávez.9 Por otro lado, en otros aspectos, la política exterior de Chávez ha llegado a ser demasiado “hard” para contar como soft-balancing. Ello se ve con el tema del armamentismo, su actitud hacia el combate al narcotráfico, y las relaciones con naciones nucleares y patrocinadoras del terrorismo. Y por último, soft-balancing no siempre es el eje central de la política exterior de Chávez, ya que además de soft-balancing, Chávez a veces utiliza otras herramientas y persigue otros objetivos en su política exterior.


1.2.- Guerra de palabras

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En su retórica, Venezuela ha desempolvado la vieja tesis de oposición al imperio, al cual se le atribuye una injerencia total en los asuntos internos de Venezuela. Chávez también recurre a la descalificación personal de los presidentes y funcionarios de EE.UU. En foros internacionales, Chávez reclama la necesidad de un mundo multipolar sin la prepotencia de Estados Unidos. El gobierno del presidente Chávez intimida a organizaciones de EE.UU. o conectadas a EE.UU. que se dedican a la promoción de la democracia y a organizaciones civiles locales con vínculos en el hemisferio y a la vez apoya a movimientos sociales anti-estadounidenses en toda América Latina. Washington en cambio acusa a Caracas de desarrollar una campaña de hostigamiento a la oposición venezolana, de socavar la democracia y de los derechos humanos en Venezuela y de no colaborar, o de colaborar a medias, con la lucha antiterrorista y antinarcóticos. 10



Uno de los momentos más sonado a nivel internacional en esta retórica belicosa ocurrió el 20 de septiembre de 2006 a raíz del discurso del presidente Chávez en el seno de las Naciones Unidas. El presidente Chávez dijo, "Ayer estuvo el diablo aquí. En este lugar huele aún a azufre."11 Estos episodios le costaron más a Venezuela que a EE.UU. Algunos países se alegraron con el discurso, pero la mayoría quedó estupefacta, con lo cual Venezuela perdió los votos para acceder a ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad, objetivo que Chávez procuraba con enorme interés.12

A pesar de esto, EE.UU. ha pedido en varias ocasiones un diálogo bilateral. A raíz del triunfo electoral del presidente Chávez el 3 de diciembre de 2006, el embajador de Estados Unidos en Venezuela, William Brownfield, reconoció lo que ya era obvio: “tenemos diferencias, … serias, profundas y amplias en áreas como socialismo, capitalismo, libre comercio, organización hemisférica, relaciones con países como Irán y Corea y es posible que esas diferencias no desaparezcan ni mañana ni pasado mañana. Pero a la vez tenemos una segunda área en la que hemos colaborado tradicionalmente como drogas ilícitas, energía, terrorismo, asuntos comerciales, etc.” 13

El presidente Chávez contestó: “Estamos dispuestos a dialogar... pero yo dudo que este gobierno de los Estados Unidos sea sincero."14 Para mediados del 2007, Chávez fue menos optimista: “No hay ninguna posibilidad de entendimiento de nuestra revolución con la oligarquía venezolana ni con el Gobierno de Estados Unidos. ¿Qué podemos coexistir? ¡Sí! Pero que vamos a un abrazo, ¡No, no, no! Es imposible.”15 En marzo de 2007 Estados Unidos nombró a un nuevo embajador en Venezuela, Pattrick Duddy, que pretendió mantener la misma línea de Brownfield de esquivar las acusaciones verbales, hasta que fue expulsado en 2008.16 Chávez no se detuvo. Alegó haber descubierto que Estados Unidos pensaba incluir a Venezuela en la lista de países que fomentan el terrorismo. Ante estas acusaciones, el portavoz del Departamento de Estado, Adam Ereli, dijo que el Departamento “no tenía que ver con esas acusaciones.”17 Chávez replicó que “Si el gobierno de Estados Unidos quiere romper relaciones, allá ellos. A mí no me cuesta nada cerrar las refinerías. Ya veríamos a qué precios llegaría el petróleo: no queremos llegar a eso, queremos que nos dejen en paz. Que el imperialismo acepte la verdad de que Venezuela no será colonia de Estados Unidos.”18

En esta guerra de palabras—crecientes por parte de Chávez, pero decrecientes por parte de la Casa Blanca—también han participado diferentes agencias del gobierno de los EE.UU. El Comando Sur del Departamento de Defensa de EE.UU., por ejemplo, presentó un Informe que expresa: “Aunque el Comando Sur continúa buscando oportunidades de trabajo con el Ejército venezolano, nuestros esfuerzos han resultado entorpecidos por el Gobierno de Venezuela.”19

El 2 de enero de 2006, el gobierno de Venezuela comunicó al gobierno del presidente Bush que había declarado “persona non grata” al capitán de fragata adscrito a la Embajada de EE.UU. en Caracas, John Correa, por supuestas operaciones de espionaje.20 Menos de 24 horas después, el gobierno de EE.UU. declaró también persona non grata a la Ministro Consejero de la embajada de Venezuela en Washington, Jenny Figueredo. Sean McCormack, vocero del Departamento de Estado dijo en Washington el 3 de febrero de 2006 que “A nosotros no nos gusta ir a un juego de ¨toma y dame´ con el gobierno de Venezuela, pero ellos iniciaron esto y Estados Unidos escogió responder”.21

El Departamento de Estado también ha participado en esta guerra de palabras. En su informe anual sobre los derechos humanos en América Latina de 2007, por ejemplo, el Departamento de Estado puntualizó que el gobierno de Venezuela “siguió hostigando a la oposición y a las organizaciones no gubernamentales y debilitando la independencia judicial.”22 El 6 de abril de 2007, el Departamento de Estado señaló que “Venezuela y Cuba siguen aisladas de la norma democrática en el hemisferio”23 El Departamento de Estado acusó a Venezuela de ser uno de los países que menos combaten el tráfico de personas, puntualizando que es “fuente, sitio de tránsito y país de destino para mujeres y niños, quienes son traficados con el propósito de explotación sexual y trabajo forzado.”24

Si hacemos un análisis organizacional de la respuesta estadounidense comprobamos que, efectivamente, varias agencias del gobierno de los EE.UU. (sobre todo el Departamento de Estado) siguen participando de la guerra de palabras, pero la Casa Blanca en sí participa mucho menos. Ello demuestra que la guerra de palabras ha perdido su capacidad de llamar la atención al menos en las altas esferas del gobierno de los EE.UU. Es decir, la guerra de palabras es un modo de ejercer soft-power que con el tiempo, se convierte demasiado “soft” para tener efectos mayores, e inclusive puede llegar a tener el efecto contrario, como sucedió con el fracaso de Chávez en las Naciones Unidas en 2006.



1.3.- Sanciones e impulsos militares

Sin embargo, un área en la que EE.UU. ha ejercido una política restrictiva (y no únicamente discursiva) es el área militar. Estados Unidos presionó para que Israel suspendiera los trabajos de actualización de los aviones F-16 venezolanos, para que España no incorporara tecnología estadounidense a los aviones C-295 ofrecidos por ese país y para que Brasil no le vendiera al gobierno de Chávez los aviones Super-Tucanos de la empresa Embrear.25 El 15 de mayo de 2006, el Departamento de Estado anunció la prohibición de venta de armas y material militar a Venezuela.26 En septiembre de 2008, el Departamento de Estado sancionó a la empresa militar del Gobierno de Venezuela, la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (CAVIM) por supuestas violaciones a la prohibición de vender tecnología militar que podría ayudar a Siria, Irán o Corea del Norte a desarrollar sistemas de armamento "sensibles”, con "el potencial de contribuir a desarrollar armas de destrucción masiva o sistemas de misíles de crucero o balísticos". Por ello, “CAVIM no podrá mantener o establecer relaciones comerciales con ninguna agencia del Gobierno estadounidense, tener asistencia de ningún tipo, ser elegible para participar en programas de asistencia, comprar armas ni municiones de ningún tipo, y cualquier contrato de venta de armas le será cancelado inmediatamente, ni le serán otorgadas nuevas licencias para transferencia de bienes y cualquier licencia existente será suspendida”.27

Las restricciones de compras de armamento que Estados Unidos ha impuesto a Venezuela han servido de argumento al gobierno del presidente Chávez para justificar su, política de adquisición y renovación de equipos a otros proveedores distintos a Estados Unidos, tanto por la necesidad de reducir la dependencia militar de EEUU como la de adquirir armamento para la defensa.

Sin embargo, cabe destacar que desde 1999, el gobierno de Chávez ya había tomado la decisión de restringir los vínculos militares con Estados Unidos, expulsando a los miembros de la Misión Militar estadounidense en Caracas, cancelando los programas de cooperación profesional y educativa y las ordenes de compras militares pendientes, prohibiendo nuevas compras y retirando a Venezuela de los ejercicios militares conjuntos, hemisféricos o bilaterales. Por tanto, las prohibiciones de ventas de armas no pueden explicar la falta de cooperación militar entre EE.UU. y Venezuela.

Tampoco las prohibiciones pueden explicar el monto extraordinario del armamentismo que Venezuela ha lanzado. Venezuela inició en 2006 un proceso de modernización de su Fuerza militar con una inversión por el orden de US$30.000 millones en el marco de seis años, para adquirir, potenciar y repotenciar equipos y tecnología militares, como 150 aviones supersónicos, 15 submarinos, 138 navíos, radares, y 600.000 bombas comunes e inteligentes dirigidas por láser y GPS. Del 2005 al 2007, el gobierno de Venezuela gastó cerca de US$4,400 millones en importaciones de armamentos.28

1.4.- La no-cooperación con el tema de las drogas
Por otro lado, Venezuela también ha llevado a cabo acciones (no solo discursos) verdaderamente alarmantes para los EE.UU. Tal vez la principal ha sido la decisión en 2005 de expulsar a la DEA de Venezuela. Inmediatamente, el tráfico de droga a través del territorio venezolano se triplicó en menos de dos años, convirtiendo a Venezuela en el “país puente” principal de tráfico de cocaína entre América del Sur y Europa. Venezuela también pasó a ser uno de los países que menos hace para erradicar la producción de drogas

Venezuela no acepta estas críticas, alegando que sus esfuerzos en pos de la erradicación han aumentado (no obstante, las mismas cifras oficiales de Venezuela indican que la erradicación de cocaína en Venezuela ha bajado en un cincuenta por ciento del 2005 al 2008).29

Independientemente del debate sobre cifras y esfuerzo, la realidad es que la expulsión de la DEA por sí solo produjo un efecto nefasto en las relaciones con EE.UU. y crecientemente con la Unión Europea.30 En definitiva, para bien o para mal, la lucha contra el narcotráfico ocupa un lugar prioritario en la lista de temas de seguridad nacional de los EE.UU. Una vez expulsada la DEA de Venezuela, el mundo del narcotráfico de la zona andina consiguió un territorio prácticamente libre para operar. Como resultado, Venezuela se convirtió en plataforma fundamental para exportar drogas hacia el Norte de África, y de ahí, a Europa. Venezuela con ello también se convirtió en un “obstáculo” para uno de los temas centrales de seguridad nacional para los EE.UU.
1.5. El “Maletagate” (Valiajagate en Argentina)
Otro caso que ha perjudicado indirectamente las relaciones entre los dos países–aunque no a nivel de la seguridad nacional—es el asunto de la maleta encontrada con US$800.000 en un aeropuerto de Buenos Aires, Argentina, el 4 de agosto de 2007.31 El ciudadano venezolano-estadounidense, Guido Antonini Wilson se hizo responsable de la maleta pero alegó no saber nada sobre su contenido. Antonini Wilson viajaba en un avión perteneciente a PDVSA pero fletado por la empresa de petróleo estatal de Argentina, ENARSA. En el avión viajaban varios funcionarios petroleros del gobierno de Venezuela.32

Antonini Wilson tomó contacto con las autoridades del Federal Bureau of Investigation, FBI, a quienes pidió protección, reiterando que ese dinero no era suyo y que esa suma estaba destinada a la campaña electoral de la entonces primera dama y candidata presidencial, Cristina Fernández de Kirchner. En el mes de diciembre de 2007, el FBI anunció el arresto de tres venezolanos y la persecución de otros dos ciudadanos venezolanos que se encontraban en fuga que habían actuado en forma ilegal como agentes del gobierno venezolano en territorio estadounidense a fin de presionar a Antonini Wilson a que aceptara que ese dinero le pertenecía. .

Este caso dio origen a un juicio en Miami en contra de los detenidos. Dos de ellos se declararon culpables y uno de ellos inocente. Una de esas personas, Franklin Durán, fue encontrado culpable por el jurado y condenado en marzo de 2009 a cuatro años de cárcel.33

El manejo ilícito de fondos en la región por parte de Venezuela preocupa cada vez más a los EE.UU. El 11 de septiembre de 2008, por ejemplo, el Departamento del Tesoro sancionó con el congelamiento de sus activos depositados en ese país a tres funcionarios venezolanos. El Departamento del Tesoro alegó que los funcionarios ayudaron a la guerrilla colombiana a tener contacto directo con el Gobierno de Venezuela, así como a conseguir un préstamo de 200.000 euros para comprar armas, blanquear dinero del narcotráfico y de proporcionar documentos oficiales que facilitan a los guerrilleros el tránsito por la frontera con Colombia.34


1.6.- Adiós embajadores…
Acto seguido, ocurrió otra crisis en el marco de la escalada entre Venezuela y Estados Unidos. Chávez declaró al embajador estadounidense, Patrick Duddy, persona non grata y le dio un plazo de 72 horas para irse del país. El gobierno ofreció dos razones. Primero, acusó a los EE.UU. de participar en unos supuestos intentos de golpe de Estado y en los preparativos de un magnicidio a su persona. Segundo, justificó la expulsión como acto de solidaridad con la expulsión del embajador estadounidense en Bolivia por parte del presidente Morales. Con respecto a la primera razón, Chávez nunca ofreció pruebas 35 Por su parte, el gobierno de Estados Unidos respondió con la misma moneda, procediendo a declarar persona non grata al embajador venezolano Bernardo Álvarez, a quien Chávez ya había retirado de su puesto cuando expulsó a Duddy.

La expulsión de los embajadores demuestra tanto la seriedad como la ligereza del problema. Por un lado, no es común que se expulsen embajadores estadounidenses de América Latina y viceversa. Por otro lado, la expulsión no ha afectado las relaciones comerciales en lo absoluto.



II. Soft-balancing en el plano regional

Chávez ha tratado de utilizar el hemisferio occidental como una arena fundamental para llevar a cabo su política de soft-balancing. Ha tratado de competir con los EE.UU. en la región. Para ello, Chávez ha desarrollado una herramienta alternativa al “soft-power” de los EE.UU. El soft-power se refiere a los valores que EE.UU. quiere promover en la región y que tienen estima a nivel mundial: el valor de la democracia, del respeto a las leyes y de las minorías políticas, el aprecio por las libertades políticas y económicas, etc. Para competir contra estos valores de corte liberal, tan fundamentales del ‘soft power” estadounidense, Chávez ha desarrollado lo que pudiéramos denominar un “social power”: la idea que el valor fundamental es promover la inversión en programas de desarrollo social, concederle poderes fuertes a grupos nuevos en la política, disminuir los frenos y contrapesos de presidentes con apoyo popular, entregarles enormes recursos para que gasten en programas sociales y privilegiar el sector público por menos transparente que sea. 36

La promoción de social power—que contiene sustentos tanto intangibles (una fuerte dosis ideológica anti-imperialista) como tangibles (una fuerte dosis de subsidios económicos)—en contraposción al soft power de los EEUU le ha abierto al presidente Chávez un importante espacio para promover su modelo alternativo a la economía liberal y a la gobernabilidad democrática. Llámese “democracia participativa” (término preferido al principio de gobierno de Chávez) o “Socialismo de siglo XXI” (término preferido en la actualidad), la defensa del estatismo sin frenos se da en parte gracias al impulso ideológico y económico de Chávez.37 A continuación discutimos cómo Chávez ha tratado de impulsar esta visión alternativa en la OEA, en el plano comercial y en relaciones bilaterales con gobiernos de izquierda.
2.1.- La OEA y el “Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)”
Chávez ha llevado su política de soft-balancing a, la Organización de Estados Americanos (OEA). Dentro del seno de la OEA, Venezuela se ha opuesto a las posiciones apoyadas por los EE.UU. y muchas otras naciones en referencia al papel del organismo como garante de la democracia en América Latina y el Caribe, en materia de promoción hemisférica de la democracia y de los derechos humanos y en el papel de las misiones observadoras y de las organizaciones no gubernamentales en los procesos electorales en la región.

Chávez también ha querido frenar la integración de la región a través del sector privado. Prefiere en cambio una integración basada en la propiedad estatal (acuerdo entre empresas de estado) y con alta regulación de inversiones extranjeras directas privadas. Dicho estatismo es el eje central del esquema de integración del ALBA que Chávez propone como alternativa a los tratados de libre comercio que los EE.UU. y otros países han firmado.38

Venezuela ha contado con suficientes ingresos petroleros para desarrollar un programa de ayuda energética directa y financiera indirecta a nivel mundial y muy especialmente en América Latina y el Caribe, a través de esquemas bilaterales y multilaterales como lo son Petroamérica, PetroCaribe y el Acuerdo de San José. En este marco, la solidaridad económica de Venezuela se calcula en US$30.800 millones, bajo la forma de un fondo en contra de la pobreza en América, el financiamiento a largo plazo y bajo condiciones financieras especiales de petróleo venezolano a más de 14 países de la región y el programa de suministro de combustible barato para la calefacción a comunidades estadounidenses, a través de la empresa CITGO, en una demostración de diplomacia social con descuento de un 40% y a veces en forma gratuita a través de gobiernos municipales y organizaciones no gubernamentales.

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