Leer la realidad Por: Sara Ruiz Montoya



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Leer la realidad

Por: Sara Ruiz Montoya

Retratos de la realidad. Eso es lo que le debemos al padre de los reporteros (Correa, 2010), Gay Talese. Estos retratos, acompañados de las técnicas del Nuevo Periodismo que hoy se adoptan como claves para una buena reportería, están perfectamente plasmados en el best seller Honrarás a tu padre (1971), publicado dos años después de la novela de Mario Puzo, El Padrino (1969), y dos años antes de la primera parte de la trilogía de Francis Ford Coppola, con el mismo nombre, protagonizada por Marlon Brando y Al Pacino.

Las tres obras: éxitos galardonados en la literatura y el cine. La diferencia del libro de Talese con las otras dos piezas, es que este habla de personajes reales, en contextos reales, que cuentan historias reales. Aunque los tres basados en la época del crimen organizado en manos de la Mafia italiana en Estados Unidos, Talese rompe con lo fantasioso y se sumerge en un mundo que describe no solo en su estructura externa, de violencia y asuntos judiciales; sino también en los asuntos de familia, personales y profundos en la vida de un gángster. Y es que Talese no cambia nombres, transcribe diálogos, hace inmersión en la cotidianidad de los personajes de sus historias ―en este caso Salvatore (Bill) Bonanno―, y viaja a través de las anécdotas para llegar a un destino que habla de los pensamientos más profundos de quienes las viven.

Por eso, quien termina de leer Honrarás a tu padre, puede decir que ha recorrido la historia de una de las cinco familias de La Cosa Nostra. También que conoce a profundidad la vida de uno de sus más notorios integrantes.

Talese se sumergió en la historia de Bonanno hasta tal punto, que financió, como revela en el epílogo del libro, los estudios de los cuatro hijos de Bill Bonanno. Alcanzó a conocer la historia que narra de tal forma que, valiéndose de sus auténticas técnicas periodísticas, superó la meta de todo buen escritor: hacer que el lector viva la historia que cuenta de principio a fin, dibuje a trazo fino el retrato de los personajes de las historias, y recree en su cabeza las situaciones que estos personajes vivieron en realidad.

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Así como Talese retrata en su obra más que un gángster y su familia, otros periodistas reconocidos del siglo XX han ilustrado una época, una cultura y una sociedad. Este es el caso de Truman Capote, con Desayuno en Tiffany’s (1958), llevada al cine también en 1961, y Ataúdes tallados a mano, parte del libro Música para Camaleones (1980).



Siendo considerado también uno de los más grandes escritores de novela de no ficción, Capote tiene en común con Talese la construcción de retratos de la realidad. Holly Golightly, protagonista de Desayuno en Tiffany’s, ha sido construida en el imaginario de los lectores ─y luego en el cine─ por los autores de los escritos que los han dado a conocer. Valga la aclaración: Holly es un personaje de ficción. Pero lo que gira en torno a la novela de Capote no es más que la cultura de liberación femenina de los años 40 en Estados Unidos ─que sí es real─ y su representación se configura en una joven de veinte años, seductora y extravagante que busca cumplir sueños entre indecisiones y caprichos propios de una mujer que, saliéndose de los esquemas, enamora.

Ahora, siguiendo la línea de historias del siglo XX en Estados Unidos, Capote también relata, a manera de reportaje puro y duro, y una labor detectivesca, la historia de un crimen sistemático en Nebraska, del cual se apropia el autor para descubrir al artesano de la muerte de siete personas, y relatar luego los hechos a partir de indagaciones suyas y de Jake Pepper, detective encargado de esclarecer y denunciar los hechos.

Aunque este último libro no fue tan exitoso en su recepción como A sangre fría (1966) y Desayuno en Tiffany’s, Capote sigue la línea del Nuevo Periodismo que instauró de la mano con escritores de traje gris, pañuelo en el bolsillo y sombrero de medio lado, que lo determina como un autor que vale la pena leer y seguir.

Referencias



Correa, C. M. (julio de 2010). Honrarás al padre de los reporteros. (F. d. comunicaciones, Ed.) (47), 18-19.


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