Les recordaremos: memorias de los santos nazarenos de nueva zelanda



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LES RECORDAREMOS: MEMORIAS

DE LOS SANTOS NAZARENOS DE NUEVA ZELANDA
Stephen y Christi Bennett

“Al ponerse el sol, y al amanecer, les recordaremos.” Esta oración se repite sin falta cada año en los desfiles de la madrugada por toda la Nueva Zelanda. Los desfiles tienen lugar el Día ANZAC, el día de memorializar a los muertos y honrar las tropas de las Guerras Mundiales. La conducta de estas tropas, y cómo se les recuerda, es indicativo y formativo en cuanto a la cultura de Nueva Zelanda. Se recuerda a las tropas porque incorporan las virtudes más estimadas por la sociedad de Nueva Zelanda.


Sin duda lo mismo es cierto por todo el mundo, y también en la iglesia. Un sermón publicado por Victor Potopov de la Catedral Rusa Ortodoxa en Washington, D.C. alaba la memoria de Santos rusos. Abre su mensaje con estas palabras: “De la riqueza ilimitada de la personalidad, cada nación ha seleccionado las características de la santidad que yacen más cerca del corazón de la nación que se comprenden con mayor facilidad, y que son, para esa nación más atenibles.” (“El Día de Todos los Santos de la Tierra Rusa,” La Catedral Rusa Ortodoxa de San Juan Bautista, Washington, D.C., June, 1985, http://www.stjohndc.org/Homilies/8506.htm). Potopov identifica tres virtudes particularmente rusas incorporadas por los santos de su iglesia: la paciencia, la humildad y el amor. El lo pone todo en el contexto del sufrimiento y llama a sus párrocos a recordar a los santos, para traer a memoria cómo expresaban esas virtudes y para tratar de imitarles.
En los últimos años de su vida, Peter Bourke (F. 1992), periodista de Nueva Zelanda, empezó a compilar notas para una historia de la Iglesia del Nazareno en Nueva Zelanda. La obra nazarena en Nueva Zelanda empezó en 1951. Las notas de Bourke incluyen selecciones de libros misioneros sobre la Iglesia del Nazareno en Nueva Zelanda, memorias personales de Bourke, y notas de entrevistas con varios otros nazarenos de Nueva Zelanda. No es sorprendente; los recuerdos acerca de los santos nazarenos que se juntaron en el manuscrito revelan más sobre los valores culturales de Nueva Zelanda que sobre los valores generales de la santidad. Aunque muchos pioneros descritos por Bourke no eran Nueva Zelandeses, las características que Bourke identifica en ellos son las virtudes y los rasgos estimados e idealizados por toda la sociedad de Nueva Zelanda.
Los rasgos que resaltan en las notas de Bourke son: el trabajar mucho, inventividad, ingenuidad, frugalidad, perseverancia a pesar de pocos recursos y oposición, un sentido de humor, un carácter amistoso, y un espíritu de solidaridad. Estos son los rasgos de la santidad que están lo más cerca del corazón de Nueva Zelanda. Esto no indica que estuvieran ausentes las otras virtudes espirituales en las notas de Bourke, pero no tenían la misma importancia en definir la santidad para Bourke y para la mayoría de los que él citó.
En las áulas del Seminario Nazareno de Teología en Manila, pedimos a nuestros estudiantes que escribieran acerca de la persona que para ellos mejor incorpora los ideales de la santidad (La clase “Doctrina de Santidad” de Christi Bennett, 2000). En sus ensayos los estudiantes filipinos (el grupo más grande de la clase) enfatizaron la paciencia, la humildad (no ser orgullosos), el no enojarse, y trabajar mucho; mientras algunos mencionaron también la predicación efectiva y la oración. El estudiante de misiones, Paul Hiebert observa que mientras los norteamericanos definen como pecado cardinal la inmoralidad sexual, en el sur de Asia se considera mucho peor el enojarse (Anthropological Insights for Missionaries, Baker, Grand Rapids, MI, 1985, 47). Este valor cultural se nota cuando los estudiantes filipinos escriben “el no enojarse” en su lista de los rasgos que atesoran en sus “héroes santos.”
Una vida de oración, inclusive pasar tiempo en la “casa de oración” fue, no sorprendentemente, de importancia en las representaciones de la santidad en Korea. Los estudiantes de Nueva Guinea Papúa y de Myanmar (Mizo) mencionaron la ausencia de vicios y la pureza sexual. Las culturas de Korea y Myanmar no permiten que un hombre ni aún toque a una mujer que no sea su esposa. El poner en práctica la santidad y no solo usar las palabras, fue mencionado por los estudiantes de Las Filipinas y de Bangladesh. Entonces se nota que los estudiantes, al repasar sus recuerdos, seleccionaron aquellas virtudes que están lo más cerca al corazón de su experiencia cultural; de sus ideales culturales.
El retrato de la Iglesia del Nazareno en Nueva Zelanda refleja este principio. Mientras que la Historia de Bourke no hacía un esfuerzo consciente de describir la santidad, sí que apunta el principio de una denominación de la santidad en Nueva Zelanda. Pone énfasis en la distintiva de la santidad en la historia. La doctrina es el porqué se introdujo la iglesia, y también la oposición por parte de otras iglesias fue por esa doctrina. Una franca aceptación al principio, de la predicación por Roland Griffiths (Americano) fue abandonada por todas las denominaciones en Nueva Zelanda con excepción del Ejército de la Salvación y los Hermanos (the Brethren).
Definiciones explícitas de la santidad se incluyeron dos veces para clarificar porque otras denominaciones acusaron que los nazarenos enseñaban “perfección sin pecar.” Bourke escribe que “en realidad quería decir amor perfecto o motivos perfectos y que Dios puede, por su Espíritu Santo, tratar el problema del pecado, pero que esto sería un proceso continuo,” y, “significa simplemente, amor perfecto y el esforzarse hacia alcanzar los estándar más altos como los propone Jesucristo” (Bourke, 13, 21). A Gideon B. Williamson (Superintendente General norteamericano), se le recuerda haber predicado sobre el “poder para ser testigo” en un servicio en 1953 cuando la señora Aline Taft fue enteramente santificada (Bourke, 5).
Pero no es especificamente la adherencia a estas definiciones de la espiritualidad donde pusieron énfasis Bourke y sus informadores. Lo interesante es: lo que quiere decir el “amor perfecto” para estos nazarenos de Nueva Zelanda. La virtud de ser muy trabajador, especialmente en trabajo manual, se menciona al hablar del pionero Roland Griffith en la construcción de la primera iglesia construída en Auckland. El primer Superintendente del Distrito, S. Palmquist (del noroeste de los EEUU) también hizo trabajo manual y “nunca temió enrollarse las mangas” (Bourke, 79). (Palmquist fue Superintendente del Distrito de 1968). En cuanto al campamento en Piha, Palmquist “trabajó como un troyano” y con frecuencia tuvo que ser llevado, cargado del sitio del trabajo al acabar una sesión de labor (Bourke, 14). A los que no quisieron unirse a las tareas físicas se les consideraba indignos de la denominación de la santidad, lo que no sorprendía en un país no muy alejado de sus días pioneros; un país construido a base del sudor de sus obreros agricultores. Un joven, estudiante para el ministerio, que se llamaba Rex, estaba trabajando en la excavación para la primera iglesia en Auckland cuando declaró que su vocación era para predicar, no para romper rocas, y se marchó de la tarea (Bourke, 41).
Un sentido de humor y un carácter amistoso también son de mucho valor en la cultura de Nueva Zelanda. El autor James A. Michener en Return to Paradise, identifica al nueva zelandés típico como “una persona adicta a los más terribles chistes.” Bourke describe el sentido de humor de Palmquist, de Jervois Davis (pastor inmigrante americano), y Hillary Hansen (Bourke, 14, 53, 67). La amabilidad de George Yearbury (pastor) y Jervois Davis se ha notado (Bourke, 39 57).
Otro rasgo valuado en Nueva Zelanda que se nota en la Historia de Bourke es la perseverancia a pesar de oposición y dificultades. A menudo esto va vinculado a la fidelidad. Bourke cita extensivamente de la apelación de Griffith en The Voice of the Nazarene (la Voz del Nazareno) que hace un llamamiento a mártires, es decir, a personas que estén listas a hacer sacrificios costosos (Bourke, 9-10. July, 1957). La familia Tonga (inmigrados de la isla de Nuie) provee un ejemplo de esto. Joan Ranger, esposa del pastor de Otara, recuerda que “eran fieles testigos y, entre muchas pruebas y luchas se comprobaron ser verdaderos santos de Dios” (Bourke, 33. Sucesos del 1973). Esta es la misma virtud idealizada por los de Nueva Zelanda en el día de ANZAC cuando recuerdan los sacrificios desproporcionados que hicieron los de Nueva Zelanda en las guerras mundiales del siglo XX.
Más características espirituales como la oración, la predicación, la paciencia, la benignidad, y la caridad también se mencionan (en algunos casos más por las mujeres que intervistó Bourke). Pero la definición de la santidad en términos de los valores de la cultura de Nueva Zelanda parece inequivocable. En la Historia de Bourke los ideales que yacen más cerca al corazón de Nueva Zelanda son los que reciben la mayor atención.
La definición de la santidad y la memoria de los santos están condicionadas en parte por la cultura del observador. El darnos cuenta de esto es importante en la presentación de la santidad y de la memoria de la iglesia en Nueva Zelanda y en toda cultura. Es importante, también, al escribir la historia de la iglesia;en una iglesia internacional, aun los historiadores encuentran difícil escaparse de la fuerza moldeadora de los valores culturales. “Al ponerse el sol, y al amanecer les recordaremos.”


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