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- ¿Para qué?

(13) Hay que observar cómo todos los personajes -Kim, la sahiba, el babú, el tratante Mahbub- tienen un sentido de la religiosidad externo, difuso, ritual. El lama, en cambio, que admite la pluralidad de religiones, vive una filosofía de la vida sin resquicios, comprometida e íntima.

- ¡Oh, Alá, escuchadlo! ¡«Para qué» en este mundo tuyo! ¿Y nunca hiciste mal a ningún hombre?

- Una sola vez... con un estuche de plumas..., antes de adquirir prudencia.

- ¿De verdad? Eso hace que tenga mejor opinión de ti. Tus enseñanzas son buenas. Has desviado a un hombre, a quien yo conozco, de la senda del mal -dijo riéndose a carcajadas-. Vino aquí con el pensamiento de cometer un dacoity (asalto a mano armada). Sí, a rajar, a robar, a matar, y a llevarse lo que de­seaba.

- ¡Una gran locura!

- Sí, y una terrible vergüenza. Así lo ha comprendido des­pués de hablar contigo..., y con algunas otras personas, hombres y mujeres. De manera que renunció a ello; y ahora tiene pen­sado ir en busca de un babú grande y gordo y darle una paliza.

- No entiendo ni una palabra.

- ¡Ni Alá lo permita! Algunos hombres son fuertes por sus conocimientos. Tu fuerza es más grande todavía, Gorro Rojo. Consérvala..., creo que lo harás. Si el muchacho no te sirve bien, dale un tirón de orejas.

Y ajustando su ancho cinturón de Bujaria, el pathan se alejó en el pálido resplandor del crepúsculo con su aire de perdo­navidas, y el lama descendió de las nubes lo suficiente para contemplar sus anchas espaldas.

- Carece por completo de cortesía, y se deja engañar por la sombra de las apariencias. Pero habla bien de mi chela, que pronto va a recibir su recompensa. ¡Rezaré la plegaria!... Des pierta, ¡oh, afortunado entre todos los nacidos de mujer! ¡Des­pierta! ¡Ha sido encontrado!

Kim salió de los profundos pozos en que se hallaba abisma­do, y el lama esperó a que bostezara a sus anchas, chasqueando como es debido los dedos para ahuyentar los malos espíritus.

- He dormido cien años. ¿Dónde...? Santo mío, ¿estás aquí desde hace mucho tiempo? Yo salí a buscarte, pero -añadió riendo medio dormido-me dormí por el camino. Ahora ya estoy bien del todo. ¿Has comido? Vayamos a la casa. Hace ya mucho tiempo que no me cuido de ti. ¿Te alimenta bien la sahiba? ¿Quién te ha dado friegas en las piernas? ¿Cómo estás de tus dolencias..., del vientre y el cuello, y el zumbido de los oídos?

- Ya ha desaparecido todo eso..., todo. ¿No lo sabías?

- No sé nada, salvo que no te he visto desde hace mucho tiempo. ¿Qué es lo que había de saber?

- Es extraño que no te llegara el conocimiento, cuándo to­dos mis pensamientos iban hacia ti.

- No te puedo ver la cara, pero tu voz suena como un gong (14). ¿Te ha convertido en un hombre joven la cocina de la sahiba? Kim contempló la figura sentada con las piernas cruzadas, que se perfilaba, negra como el azabache, contra el verde opa­lino del crepúsculo. Así está sentado el Bodhisattva de piedra que se alza frente al torniquete registrador del Museo de Lahore.

El lama no respondió. Con la excepción del tintineo del rosario y el eco lejano de los pasos de Mahbub, el silencio suave y humeante de las noches indias los envolvía por todas partes. - ¡óyeme! Traigo grandes noticias.

- Pero...

La larga mano amarilla hizo un ademán ordenando el silen­cio. Kim replegó los pies bajo su túnica, obedeciendo.

- ¡óyeme! ¡Traigo grandes noticias! La Búsqueda ha ter­minado. Ahora viene la recompensab.. De este modo. Cuando estábamos entre las montañas, viví de tus fuerzas hasta que la rama joven se dobló y quedó casi desgarrada. Cuando bajamos de las montañas, estaba preocupado por ti y por otros asuntos que embargaban todo mi ser. La barca de mi alma navegaba sin dirección; yo no podía ver la Causa de las Cosas. Así es que, en cuanto llegamos aquí, te entregué a los cuidados de la vir­tuosa mujer. No comí nada. No bebí agua. Y, sin embargo, no lograba descubrir la Senda. Me instaban a que tomara alimen­tos y gritaron ante mi puerta cerrada. Y entonces me retiré a un hoyo bajo un árbol. No comí. No bebí. Durante dos días y dos noches permanecí meditando con la mente abstraída, res­pirando acompasadamente de la manera establecida... A la se­gunda noche -tan grande fue mi recompensa-, el Alma sabia se desprendió del necio Cuerpo y quedó libre. Hasta entonces jamás lo había conseguido, aunque muchas veces había estado a punto de lograrlo. ¡Considéralo bien, porque fue una mara­villa!

(14) El gong es un gran disco de bronce que es golpeado con una maza recubierta de tela. Convoca a las ceremonias. El lama Teshu premiará a Kim con el relato en, exclusiva de su experiencia mística, con la que ve cumplido su destino y alcanzado su objetivo de lograr la sabiduría suprema, la liberación. Más que una confidencia afectuosa, es un mensaje, un legado paternal. Aunque para Kim, «esas cosas sean demasiado elevadas.»

- Sí, una maravilla; indudablemente. ¡Dos días y dos noches sin comer! Pero, ¿dónde estaba la sahiba? -dijo Kim en voz baja.

- Sí, mi alma quedó libre, y remontándose como un águila vio que no había allí ni el lama Teshu ni ninguna otra alma. Lo mismo que una gota se desvanece en el seno del líquido, así alcanzó mi alma la Gran Alma, que está más allá de todas las cosas. En aquel momento, elevado por la contemplación, vi toda la India, desde Ceilán en el mar, hasta las montañas y mis propias Rocas Pintadas de Such-zen. Vi todos los campos y las aldeas donde hemos descansado alguna vez. Las vi a un tiempo y en el mismo lugar, porque estaban dentro del Alma. Por lo cual conocí que el alma había pasado más allá de la ilusión del Tiempo, del Espacio y de las Cosas. Y entonces me di cuenta de que era libre. Te vi acostado en un camastro y te vi rodando por la montaña agarrado al idólatra: al mismo tiempo, y en el mismo sitio, en mi Alma que, como te digo, había tocado la Gran Alma. También vi el estúpido cuerpo del lama Teshu ten­dido y al hakim de Dacca arrodillado a su lado y gritándole al oído. Después mi Alma quedó completamente sola y no vi nada porque, habiéndome hundido con la Gran Alma, yo era ya todas las cosas. Y medité durante millares y millares de años, libre de pasiones, plenamente consciente de las Causas de todas las Cosas. De repente, una voz gritó: «¿Qué será del muchacho si mueres?», y sufrí una enorme sacudida por la piedad que me inspirabas; y dije: «Volveré con mi chela para que no pierda la Senda»; y en esto mi Alma, que es el Alma del lama Teshu, se desprendió de la Gran Alma con sacudidas, anhelos, y náuseas y sufrimientos que no pueden contarse. Como los huevos del pez, como el pez del agua, como el agua de la nube, como la nube del aire denso, así brotó, así saltó, así se alejó, así se desprendió el Alma del lama Teshu de la Gran Alma. Entonces una voz gritó: «¡El Río! ¡Dirígete al Río!», y miré hacia el mundo, que, como he dicho antes, era todo y uno en el tiempo y en el espacio, y vi claramente que a mis pies corría el Río de la Flecha. En aquel momento mi Alma encontró el obstáculo de algún mal o algo parecido del que no estaba completamente limpia y que descansaba sobre mis brazos y se enroscaba al­rededor de mi cintura; pero conseguí rechazarlo y me precipité, como un águila en su vuelo, al lugar donde se encontraba el Río. Y así, por tu salvación, fui apartando mundo tras mundo. Yo vi debajo de mí el Río, el Río de la Flecha, y descendí hacia él, y sus aguas me cubrieron; y de este modo me encontré de nuevo en el cuerpo del lama Teshu, pero libre de pecado, y el hakim de Dacca me sostenía la cabeza sobre las aguas del Río. ¡Está aquí! ¡Está detrás del bosquecillo de mangos..., aquí mismo!

- ¡Allah Kerim! 17 ¡Menos mal que el babú estaba allí a tu lado! ¿Te mojaste mucho?

- ¿Quién se preocupa de semejante cosa? Recuerdo que el hakim cuidaba del cuerpo del lama Teshu. Lo sacó con sus propias manos del agua sagrada, y después vino tu tratante del norte con unas angarillas y varios hombres, y pusieron el cuerpo en ellas y lo llevaron a casa de la sahiba.

- ¿Qué dijo la sahiba?

- Yo meditaba entonces metido dentro de aquel cuerpo y no oí nada. De manera que la Búsqueda ha terminado. Por el mérito que yo he adquirido, el Río de la Flecha está aquí. Y brotó ante nuestros pies como te he dicho. Yo lo he encontrado. Hijo de mi Alma, yo he apartado a mi Alma del Umbral de la Liberación para librarte a ti de todo pecado... para que seas, como yo, libre e inmaculado. ¡Justa es la Rueda! ¡Nuestra sal­vación es segura! ¡Ven!

Y cruzando las manos sobre el regazo, sonrió como puede hacerlo un hombre que ha ganado la salvación para él y para el ser querido.

17 ¡Allah Kerim!: ¡Alá sea alabado!



LA RUEDA DE LA VIDA

La representación de la Rueda de la Vida se ha usado desde tiempos remotos como una ayuda visual para la enseñanza de la doctrina budista. Se trata de una compleja red de símbolos cuya explicación puede servir de introducción al pensamiento budista.

La Rueda de la Vida es sostenida por Yama, el Juez de los Muertos (figura exterior), como un espejo en el que debe contem­plarse el observador para que reflexione sobre su conducta.

Círculo central. La identidad, el ego de cada persona es pura ilusión. Los tres elementos que crean la ilusión de esa identidad son el cerdo (ilusión, engaño), el gallo (ataduras de la vida, codicia) y la serpiente (odio y repugnancia), cada uno de los cuales se ali­menta del otro.

En el anillo que circunda el círculo anterior aparecen las per­sonas que van pasando de un ámbito a otro de la experiencia. En la parte sobre fondo negro descienden hacia la zona del infierno, y en la opuesta ascienden hacia la iluminación.

En los seis segmentos de la Rueda se representan los diferentes estadios de la experiencia; cada uno de ellos contiene una figura de Buda. En el superior (a), el reino de la bienaventuranza y el placer, residen los Devas. Es sólo un estadio transitorio, pues está en la Rueda de la Vida. Buda tiene en la mano un instrumento musical. A su derecha (b) aparecen los Asuras, ansiosos de poder, intentando arrebatar, mediante la fuerza, los frutos del Árbol de los Deseos, que tiene sus raíces en su reino; a ellos se opone el ejército guiado por Indra. Buda sostiene en la mano una espada. A la izquierda (c) del segmento superior podemos apreciar el ámbito de los hombres, con todas las actividades a las que se dedican: simboliza la libertad de elección. Aquí se representa la opción del ascetismo, por ello Buda sostiene un cuenco de limosna y un bastón. Los espacios inferiores de la Rueda muestran el mundo de las Desdichas. En el centro (d) tenemos el Reino del Dolor (Niraya), en donde las cria­turas son atormentadas debido a los pecados que han cometido. La llama que Buda sostiene quiere simbolizar la purificación a que pueden someterse todos los que se hallan en este reino. A su de­recha (e) puede verse el Mundo de los Animales, que representa el sometimiento pasivo y ciego al instinto y la necesidad (en ellos se pueden reencarnar los humanos). Pueden liberarse de esta re­gión mediante el uso de la palabra -la razón- y eso es lo que representa el libro de Buda. Por último, el segmento a la izquierda del Infierno (f) es el reino de los Espíritus Insatisfechos, con los estómagos hinchados, incapaces de saciar su hambre y su sed; el agua que se transforma en fuego es el símbolo de sus ataduras: cuanto más se bebe, más sed se tiene. Para aliviar su dolor, un dios los alimenta de amrit, el elixir de los dioses.

Finalmente, en el anillo exterior se representan doce estadios por los que necesariamente habrá de pasar cualquier ser humano; aunque no están ordenados de manera cronológica, existe una relación de interdependencia. En la figura que está a la izquierda de la superior (1), vemos un cadáver transportado por un anciano a la pira funeraria. Esta imagen de la muerte está relacionada con el nacimiento -o reencarnación-, que queda simbolizada en la si­guiente figura (2) por una mujer dando a luz. Para dar a luz es necesario concebir, y eso se representa en la pareja (3) que hace el amor en la cama. El deseo que se requiere para ello es simbo­lizado en el hombre que coge frutas de un árbol (4) y en aquél al que una mujer sirve té (ä). Pero en ocasiones el deseo es muy intenso y la flecha en los ojos de la siguiente figura (6) viene a significar el impacto de las cosas sobre los sentidos. La imagen siguiente (7), dos amantes enlazados, nos explica la relación de los sentidos con las cosas, y las seis ventanas de la casa (8) -que en esta versión de la Rueda no aparecen- los seis sentidos del hombre -la mente es el sexto-. La conciencia es representada en las dos figuras siguientes: huésped de un organismo vivo y sensorial (bar­quero y barca) (9) y saltando de uno a otro objeto como lo hace un mono (10). La imagen del alfarero moldeando una vasija (11) nos muestra la forma concreta de cada conciencia. Por último, la ig­norancia se simboliza por una mujer ciega que sigue a un hombre de una cuerda (12).

El mensaje central del budismo es la liberación de este ciclo de la Rueda de la Vida. Esta liberación no significa huida de la Rueda, pues la Iluminación comporta el percatarse del mundo de las apa­riencias y del Nirvana, el estado de Iluminación.

La reencarnación puede darse en cualquiera de los seis seg­mentos de la Rueda en función del estado emocional de la persona en el momento de su muerte.

(Autor de la ilustración: Sherapalden Beru)



GLOSARIO

DE TÉRMINOS HINDÚES

afridi: pueblo afgano.

ají: pimiento muy picante.

¡Allah Kerim!: ¡Alá sea alabado!

anna: moneda. Es la dieciseisava parte de una rupia.

aka: tribu belicosa de las montañas.

akali: secta de los sijs.

arhat: santo budista.

asplan: un tipo de droga.

babú: indios con educación inglesa; es también un tratamiento.

babuyi: diminutivo afectivo de babú.

balti: musulmán de Baltistán en Cachemira.

betah: miembro de una tribu himalaya.

bhang: hachís, marihuana.

bhoosa: caña cortada para pienso.

Bhotiyal: Tíbet.

Bibi Miriam: Virgen María.

brahmán: miembro de la casta sacerdotal más elevada.

Buktanoos: espíritu mahometano temible.

but: espíritu.

but-parast: idólatra.

caravasar: posada destinada a las caravanas, con un enorme patio interior.

changar: ferroviarios.

¿Choor? ¿Mallum?: ¿Ladrón? ¿Me oyes?

chumar: curtidor de piel perteneciente a la casta baja.

cipayo: soldado indio al servicio de Gran Bretaña.

cowrie: conchas pequeñas y blancas que se usaban como moneda.

culí: trabajador no cualificado que, en la India o China, realiza las faenas más penosas y mal pagadas.

culís beegar: los sujetos a trabajos forzados por un señor.

curry: especia compuesta de jengibre, clavo, azafrán, etc., utilizada para cocinar varios platos (arroz, pollo...).

dewas: divinidades, ángeles.

dhow: barco de velas latinas empleado en las costas de la India.

doab: franja de tierra entre dos ríos, el Ganges y el Jumma.

duli: litera hecha de bambú.

Eblis: príncipe de los demonios, según la creencia musulmana.

ekka: carruaje de dos ruedas, tirado por un caballo.

estupa: monumento funerario destinado a guardar las cenizas de los gran­des maestros.

faquir: santón mahometano o hindú que vive de la limosna y de la mendicidad.

ferashes: mensajeros, sirvientes.

ghi: manteca clara de leche de búfala.

gurú: religioso o director espiritual.

haj: la peregrinación a la Meca.

hakim: médico.

hayyi: título que se da al musulmán que ha hecho la peregrinación a la Meca.

hing: jugo de la planta asafétida.

hundi: pagaré.

jat: o kamboh, etnia del Panjab que se dedica a la agricultura.

kabarri: trapería, tienda de trastos y objetos usados.

kafir: para los musulmanes, infiel.

kamboh: casta de campesinos del Panjab.

kayeth: casta de escribientes.

khalsa: otra denominación para los sijs. Significa «los puros».

khandas: espadas.

khud: precipicio. kos: unos 3,2 km.

kilta: zurrón, cesto cónico que se lleva a la espalda, con una tira de piel alrededor de la frente del que lo lleva.

kismet: sino, destino.

kuttars: dagas.

laj: cien mil.

lala: tratamiento de respeto para un hindú.

lama: sacerdote budista del Tíbet.

madrasa: colegio.

maharajá: príncipe indio.

maharani: esposa de un príncipe indio.

mahratta: raza muy poderosa de la India central.

mali: jardinero.

marjor: cabra salvaje del Tíbet. Los machos tienen gran cornamenta y larga crin.

metheeranees: barrendera.

mian: tratamiento de respeto para un musulmán.

mullah: lector del Corán, doctor de la ley musulmana.

murasla: la credencial del Rey, el documento.

mynah: pájaro (el estornino).

naik: cabo.

naikan: cortesana, prostituta.

Narain: nombre propio utilizado como exclamación en hindi.

Nibban: el nirvana.

noi-kol: pequeña calabaza. od: casta baja de barrenderos.

oswal: casta de contables y prestamistas.

padma: loto rosa, símbolo del nacimiento espiritual.

pahareen: montañesa.

paísa: moneda de cobre, equivalente a la cuarta parte del anna. Un rupia tiene 64 paísas (aunque, desde 1957, tiene 100 paísas).

pali: lengua sagrada de los budistas.

pan: o pan-supari, es un masticatorio de sabor acre, preparado con hojas de betel y nuez.

pandit: sabio.

paraos: los lugares de descanso en las carreteras.

parsi: etnia originaria de Persia.

pashto: la lengua de afganos y pathanes.

pathan: habitante de una zona entre Afganistán y el Panjab, de religión musulmana.

pukka: verdadero.

pulton: regimiento.

rajá: soberano, rey.

rél: el tren.

resaldar: capitán de caballería nativo.

rickshaw: carruaje ligero de dos ruedas, tirado por hombres -los jham­panis-, muy usado en el Oriente.

ruth: carromato.

rupia: unidad monetaria de la India.

sadhu: asceta brahmánico de poca categoría, en parte mendigo y en parte charlatán.

sahib: tratamiento que se da en la India a los europeos («señor»).

Saitán: en término musulmán, Satán, el diablo.

salaam: fórmula árabe de saludo.

salep: droga obtenida de la raíz de la orquídea.

samovar: aparato de metal -cobre, generalmente- que sirve para obtener y conservar el agua hirviendo, sobre todo para la preparación del té.

sansi: casta de «intocables» que come perros.

serow: antílope asiático.

shabash: ¡Bien hecho! shikarri: cazador.

shikast: letras mayúsculas sin ligar.

shraddha: ofrenda a un dios para conmemorar a un difunto.

sij: secta del Panjab que une el induismo y el islamismo.

siná: tipo de droga.

Sirkar: término persa que designa al Gobierno de la India; es también el gobernador.

sitar: es como un laúd, el instrumento indio con cuerdas y brazo largo.

sunní: musulmán ortodoxo, por oposición a la secta shiah, a la que per­tenecen los habitantes de Tirah.

tarkeean: un tipo de curry (mezcla de especias).

takkus: peaje.

ticca-garri: carruaje de alquiler.

tonga: carruaje ligero de dos ruedas.

urya: casta de campesinas de Orissa.

urdú: una variante de la familia de las lenguas hindis.

vihara: monasterio budista.

wallahs: superintendentes de policías.

yak: toro doméstico del Tíbet.

yogui: asceta hindú que practica el yoga.



zemindars: terratenientes.

zenanas: habitaciones donde están encerradas las mujeres hindúes. Como el serrallo de los musulmanes.
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