Los 12 trabajos de Hércules



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Los 12 trabajos de Hércules

El verdadero nombre de Hércules era Heracles que quiere decir “gloria de Hera”, la diosa que tanto lo odió, y por cuya causa hubo de correr tantos peligros y realizar tan increíbles proezas.

Hércules era hijo del mismo Zeus que había engañado a Alcmena (madre de Hércules) tomando la figura de éste.

Así pues Hércules había heredado la fuerza prodigiosa de su padre, Zeus.

Cuando Hércules era bebé y dormía en su cuna, Hera (la celosa esposa de Zeus) le puso dos serpientes para que le mataran pero Hércules las estranguló con sus propias manos.

Cuando Hércules creció y Hera vertió en su copa un veneno que lo enloqueció y, tan loco se volvió, que mató a su mujer y sus propios hijos confundiéndolos con enemigos.

Zeus obligó a Hera que devolviera la razón a Hércules pero Hércules fue castigado por matar a su familia (aunque la verdadera culpa fue de Hera) a servir de esclavo durante 12 duros años a su primo Euristeo, rey de Micenas.

Éste que quería quitárselo de encima le mando los “doce trabajos de Hércules”.



El león de Nemea

Primer trabajo de Hércules. Euristeo le ordenó que diera muerte al león de Nemea, una fiera con piel dura como una piedra y que por de día se escondía y por la noche mataba a todo ser viviente que se cruzaba por su camino.

Hércules intentó matarlo con algunas armas que llevaba para la ocasión pero, viendo que éstas no hacían ningún efecto, lo cogió por las patas traseras y, después de darle porrazos contra la pared hasta que quedó atontado, lo estranguló y una vez muertos le sacó la piel con las propias garras del cadáver y se la puso encima en forma de coraza.
La hidra de Lerna
Segundo trabajo de Hércules. Debía matar a la hidra de Lerna; un monstruo con cuerpo de serpiente, garras de dragón y dorso cubierto con duras escamas, y tenía siete cabezas, cuyas siete bocas vomitaban fuego y azufre. Una de las cabezas tenía láminas de oro y se decía que era inmortal.

Hércules le cortó una cabeza pero ésta se regeneró y la sangre que manaba al caer al suelo se convertía en escorpiones y serpientes.

Hércules le pidió a su sobrino que prendiera fuego al bosque más cercano y le pidió que trajera tizones llameantes que aplicó a las heridas abiertas en los cuellos de la bestia para que así no salieran más cabezas. Al final quedó la cabeza de oro que con un espadazo cortó e inmediatamente la enterró bajo una inmensa roca para impedirle retoñar.

El jabalí de Erimanto

Tercer trabajo de Hércules. Debía apresar pero sin matar al jabalí de Erimanto.

Cuando iba en busca de éste se le apareció Atenea que le dio una cadena. Cuando vió al jabalí refocilándose en un charco de agua, le lanzó un grito de desafío y echó a correr como si tuviera miedo del animal monte arriba hasta fatigar al jabalí. Aprovechando el desconcierto del animal saltó sobre su lomo, logró trabar sus patas y su hocico con la cadena que le dio Atenea y lo cargó sobre su espalda. Al llevárselo a Euristeo, éste se metió corriendo en una tinaja cagado de miedo y le dijo que se lo llevara de allí.

La cierva de Cerínia

Cuarto trabajo de Hércules. Debía apresar a la cierva de Cerínia, extraño y hermoso animal, del tamaño de un buey, tenía los cuernos de oro y las pezuñas de bronce, estaba consagrada a Ártemis y nadie podía matarla, ni siquiera tocarla. La cierva de Cerínia era muy ágil y corría a una velociadad asombrosa.

Hércules estuvo persiguiéndola cerca de un año y una tarde en que la cierva, exhausta y sedienta, se detuvo a beber en el río, Hércules la hirió levemente con una flecha y entonces le resultó fácil capturarla.

Cuando la llevaba para enseñársela a Euristeo se le apareció Artemis y su hermano Apolo que lo acusaron de querer dar muerte al animal pero Hércules se disculpó endosándole la responsabilidad de aquel acto impío a Euristeo.

Euristeo, al ver a Hércules con la cierva cautiva se echó las manos a la cabeza.

Los establos de Augías

Quinto trabajo de Hércules. Debía limpiar los establos de Augías, rey de la Élide.

Augías pensó que Hércules estaba loco y le dijo que si los limpiaba en un día recibiría en recompensa la décima parte de los rebaños.

Hércules encauzó dos ríos que dirigió hacia los establos, en los que previamente hizo dos boquetes; uno en un costado por el que penetró el caudal y otro en el costado opuesto que sirvió de desagüe. En pocas horas las cuadras resplandecían como espejos.

Augías no cumplió lo pactado alegando que Hércules realizó la proeza por orden de Euristeo. Llevado a juicio, Fileo, su propio hijo declaró a favor de Hércules, pues había sido testigo del pacto. Augías enfurecido desterró de su reino a Fileo y a Hércules. Al poco tiempo, Hércules al mando de un ejército lo depuso y colocó en el trono a Fileo.

El toro de Creta

Sexto trabajo de Hércules. Debía de capturar el toro de Creta, un animal muy hermoso.

Hércules fue en busca del toro y, tras un breve forcejeo, lo agarró por los cuernos, se lo cargó en la espalda y se lo llevó vivo a Euristeo, el cual al ver al animal, corrió a meterse en la tinaja y le dijo a Hércules que se lo llevara de allí.

Las aves del lago Estínfalo

Séptimo trabajo de Hércules. Euristeo esta vez le mandó a Hércules liberar la ciudad de Estínfalo de las aves que se guarecen en un bosque cercano al lago. Son una multitud de aves terribles, con picos, garras y plumas de bronce, que devoran las cosechas e incluso a las personas.

Cuando Hércules llegó a Estínfalo sin muchas ilusiones de poder llevar a término su trabajo se le apareció Atenea que le entregó unas grandes castañuelas de bronce.

Hércules subió a una colina y tocó las castañuelas con lo cual las aves se fueron de allí.

Cuando regresó a Micenas para darle cuenta a Euristeo del cumplimiento de su misión vio que algunas aves de Estínfalo sobrevolaban el palacio de Euristeo, el cual, horrorizado estaba escondido en la tinaja, diciendo: - Decidle a ese insensato que se lleve de aquí a esos malditos pájaros.

Y, como Hercules aún no había devuelto las castañulas a Atenea, las tocó y los pájaros se marcharon.



Las yeguas de Diomedes

Octavo trabajo de Hércules. Esta vez Euristeo ordenó a Hércules que le llevara las cuatro yeguas de Diomedes que comían carne humana. Hércules consiguió arrebatárselas a Diomedes, que furioso fue con su ejército a matar a Hércules pero Hércules lo mató a el y su ejercito huyó.

Cuando le enseñó las yeguas a Euristeo, éste se metió en su tinaja y le dio orden de que las soltara.

Se dice que las yeguas murieron en el monte olimpo devoradas pro las fieras y las alimañas.



El cinturón de Hipólita

Noveno trabajo de Hércules. Debía conseguir el cinturón de Hipólita por lo que fue a Temiscira, el país de las Amazonas. Cuando llegó, Hipólita le dio la bienvenida y lo invitó a pasar unos días ya que lo admiraba.

Hera, que estaba furiosa hizo correr la voz de que Hércules había raptado a Hipólita pero al final todo se aclaró e Hipólita entregó el cinturón a Hércules y éste se lo dio a Euristeo.

Los bueyes de Gerión

Décimo trabajo de Hércules. Esta vez debía buscar al gigante Gerión, darle muerte y robarle sus ganados. Gerión era un gigante de 3 cuerpos unidos por el vientre. Tenía al cuidado de su gran rebaño a un perro de dos cabezas hermano del Can Cerbero, el guardián de los infiernos. Cuando llegó le salió al encuentro el perro de 2 cabezas al que Hércules abatió a mazazos. Después salió el gigante Gerión al que Hércules abatió con certeros flechazos.

Hércules emprendió el camino de regreso llevando consigo los rebaños de Gerión. El camino fue fatigoso y perdió algunos bueyes.

Las manzanas de oro

Undécimo trabajo de Hércules. Euricles le ordenó a Hércules que robara las mazanas de oro del Jardín de las Hespérides. Estas manzanas pertenecían a Hera y estaban custodiadas por un dragón de 3 cabezas. Hercules tras superar varios peligros consiguió llegar al jardín, matar al dragón y llevarse las manzanas.

Al entregárselas a Euristeo le dijo que provocaría la cólera de los dioses por lo que Euristeo las rechazó. Hércules se las entregó a Atenea y ella las volvió a poner donde estaban.

El Can Cerbero

Duodécimo y último trabajo de Hércules. Esta vez y para quitárselo definitivamente de encima le ordenó que le trajera al Can Cerbero que custodiaba las puertas del infierno.

El Can Cerbero era un perro monstruoso de tres cabezas y cola de serpiente.

Hércules lo venció con sus propias manos y se lo llevó vivo ante Euristeo.

Cuando Euristeo lo vio llegar se metió corriendo en su tinaja y le dio la libertad a Hércules, el cual, volvió a poner al Can Cerbero en la puerta del infierno, el lugar que le correspondía.


Equivalente Griego: Heracles



Heracles (más conocido por su nombre romano Hércules) es el nombre de un héroe mitológico griego.

Su padre era Zeus quien, prendado de la belleza de Alcmena, la esposa de Anfitrión de Tebas, tomó la forma de su esposo para engañarla. Fruto de esa relación nació Heracles.

Su fuerza física sería su característica más apreciada, demostrada ya desde pequeño al ahogar dos serpientes en la cuna.

Cuando alcanzó la edad adulta mató al León de Citerón y se vistió con sus pieles.

Venció a los minios que gravaban a los tebanos con un pesado tributo, lo que le granjeó la simpatía de sus vecinos que le ofrecieron en recompensa a la princesa Mégera. Cuando la princesa le dio tres hijos, Hera, la esposa de Zeus, que no olvidaba ninguna ofensa, le volvió temporalmente loco. Heracles mató así a su esposa e hijos con sus propias manos. En penitencia por esta execrable acción acudió a su primo Euristeo quien le encargó las famosos Doce Trabajos:

Ahogó al león de Nemea.


Mató a la hidra del lago de Lerna.
Alcanzó al ciervo de los cuernos de oro.
Capturó al jabalí de Erimanto.
Limpió los establos de Augias.
Acabó con los pájaros del lago Estinfalo.
Domó al toro salvaje de Creta.
Robó las yeguas del rey Diomenes de Tracia.
Venció a las amazonas y tomó el cinturón de Hipólita.
Mató a Gerión y le robó sus rebaños.
Robó las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides
Liberó a Teseo de los infiernos.




  1. El León de Nemea.


La primera tarea que Euristeo encomendó a Hércules fue la de matar al león de Nemea, un terrible monstruo que asolaba las tierras de la Argólida. Hércules, escondido, intentó dar caza al león con las flechas de Apolo, pero sus intentos eran vanos. La piel de la bestia era tan dura que ninguna de las flechas podía penetrarla y caían al suelo sin hacerle el menor rasguño. Entonces, Hércules arrancó de raíz un olivo cercano e hizo con él una maza. Se dirigió a la guarida del león y cuando éste saltó para atacarle, Hércules le golpeó con la poderosa maza y se arrojó sobre la bestia rodeándole el cuello con sus brazos, retorciéndolo hasta matarlo. Tras matar a la bestia, Hércules la desolló con gran trabajo debido a su dura piel, hizo un casco con su cabeza y se cubrió con su piel. Así ataviado y con la maza al hombro, se presentó ante Euristeo que, ante la imponente visión, envió a unos emisarios para que hablaran con el héroe.

  1. La Hidra de Lerna.


El segundo trabajo de Hércules fue matar a un monstruo que habitaba en los pantanos de Lerna. Se trataba de la hidra, una enorme serpiente con nueve cabezas, una de las cuales no podía ser herida por arma alguna y el resto crecían de nuevo en cuanto eran cortadas. Acompañado por su sobrino Yolao, llegó a la guardia del monstruo. Hizo salir a la Hidra con sus flechas y se abalanzó sobre ella cortando sus cabezas, pero éstas volvían a salir una y otra vez. Hera, envió entonces un enorme cangrejo para que ayudase a la Hidra, cosa que no afectó a Hércules pues lo aplastó inmediatamente con el pie, entonces pidió ayuda a Yolao y, mientras Hércules cortaba las cabezas de la Hidra, él quemaba con una antorcha la herida, impidiendo así que las cabezas volvieran a salir. Finalmente quedó la cabeza que no podía ser cortada con ningún arma, pero Hércules la aplastó con su gran maza y la enterró bajo una pesada losa. Hércules untó sus flechas en la sangre venenosa de la bestia y volvió con Euristeo, que no dio por válida la tarea puesto que había sido ayudado por Yolao. Una manera que Hera tuvo para premiar los servicios prestados por el cangrejo (aunque no sirvieron de mucho) fue colocar su imagen entre los doce signos del zodiaco como la constelación de Cáncer.

  1. La Cierva de Cerinia.


En su tercer trabajo, Hércules tenía que capturar a la cierva de Cerinia y llevarla viva a Micenas. La cierva de Cerinia, tenía pezuñas de bronce y cornamenta de oro, estaba consagrada a Artemisa ya que era una de las cinco ciervas que la diosa había intentado capturar para engancharlas a su carro y había sido la única que había logrado escapar. Hércules persiguió a la cierva día y noche sin descanso hasta el pais de los Hiperbóreos, entonces, aprovechando un momento en que el animal se detuvo a beber, Hércules inmovilizó sus patas delanteras utilizando una flecha que hizo pasar entre el tendón y el hueso sin derramar sangre. Una vez inmovilizada, la apresó y la llevó a Micenas.

  1. El Jabalí del Erimanto.


El jabalí de Erimanto era una criatura que causaba estragos en todo el contorno y que vivía en Erimanto, un monte de la Arcadia y la Élide, y nombre también de un afluente del Alfeo. Cazar a esta enorme criatura fue el trabajo que Euristeo mandó realizar a Hércules. En el camino hacia Erimanto, Hércules hizo una parada para visitar a su amigo el centauro Folo, quien en memoria de tiempos lejanos compartió con él su comida y su vino. Pero los otros centauros, al oler el vino que estaba especialmente reservado para ellos se enfurecieron de tal manera que atacaron a Hércules, quien primero los rechazó y luego con sus flechas envenenadas con el veneno de la Hidra, mató a varios de ellos mientras los demás se retiraban. Mientras Hércules enterraba a sus víctimas, su amigo Folo sacó una de las flechas de Hércules y la examinó asombrado de que algo tan pequeño pudiese dar muerte a criaturas tan formidables, pero con tan mala suerte que la flecha se le cayó hiriéndolo en un pie y matándolo. Hércules lo enterró al pie de la montaña que tomó su nombre. Retomando el trabajo que tenía que finalizar, Hércules encontró al jabalí y persiguiéndole durante varias horas, lo fue acorralando a una zona cubierta de nieve donde saltó sobre su lomo atándolo con cadenas después, llevándoselo a Micenas sobre sus hombros.

  1. Los Establos del Rey Augias.


El trabajo de Hércules consistía en limpiar los inmundos establos del rey de la Élide, Augias, quien poseía la mayor cantidad de ganado del mundo. Hércules pactó con el rey la décima parte de su ganado si conseguía limpiar en un solo día sus cuadras. Para ello, desvió el curso de dos ríos, encauzándolos hacia los establos y barriendo con ellos todo el estiércol acumulado. Augias se negó a cumplir lo acordado, pero su hijo declaró que el trato era verdadero, afirmación que al joven le valió el destierro. Euristeo no consideró el trabajo como uno de los diez válidos, pues Hércules había sido contratado por Augias.

Las Aves del Lago Estinfalo.


Las aves del Estinfalo eran tan numerosas que destruían todas las cosechas de las vecindades del lago Estinfalo, en Arcadia; muchos aseguran que eran antropófagas, o que al menos eran capaces de disparar sus plumas como flechas. No está muy claro cómo Hércules se enfrentó al desafío: un pintor de cerámica lo muestra atacando con una honda, pero otras fuentes sugieren que les disparaba flechas con su arco o que las espantaba con una carraca de bronce hecha especialmente para este trabajo por el dios Hefesto. Esta fue la sexta tarea que mandó realizar Euristeo a Hércules.

  1. El Toro de Creta.


Su séptima tarea consistió en capturar un toro salvaje que expulsaba fuego por sus narices y que causaba estragos en Creta. Este toro es el que Poseidón hizo salir del mar cuando el rey Minos prometió sacrificar al dios lo que saliera del mar; pero Minos lo encontró tan hermoso que lo incorporó a sus rebaños y el dios, enfurecido, hizo que la reina Pasifae se enamorara del animal y concibiera de él un hijo, el Minotauro, tras lo cual hizo enloquecer al toro. Así pues Hércules se presentó a Minos que le autorizó para capturar al toro si podía. Hércules consiguió subir a lomos del animal y lo condujo, a través del mar Egeo, hasta Micenas. Euristeo, al ver al hermoso animal lo quiso ofrecer a Hera, pero la diosa lo rechazó al ver la ferocidad del toro por lo que Euristeo lo dejó libre. El toro causó estragos allá por donde pasó hasta que finalmente el héroe ateniense Teseo consiguió matarlo en la llanura de Maratón.

Las Yeguas de Diomedes.


Su octava tarea consistía en llevarle a Euristeo las yeguas de Diomedes, un jefe tracio que las crió dándoles carne humana. Esta vez Euristeo permitió a Hércules llevar voluntarios con él. En el viaje hacia Tracia hicieron un alto en el palacio del rey Admito. Hércules rescató a Alcestes, esposa del rey, del Hades ya que ella había dado su vida por la de su esposo. Tras el rescate de Alcestes, prosiguieron su camino a Tracia, donde robaron las yeguas. Al percatarse Diomedes del hurto, reunió un grupo de soldados y fueron tras los griegos. Ambos bandos se enfrentaron y fueron muchos los tracios que murieron, entre ellos Diomedes, pero al finalizar la lucha, Hércules vio con pesar que las yeguas salvajes habían devorado a Abdero que se había quedado a su cuidado durante la lucha. Hércules, enfurecido, arrojó el cuerpo de Diomedes a las yeguas que tras devorarlo se volvieron mansas, y enterró los restos de su amigo en un bello sepulcro junto al que fundó la ciudad de Abdera. Consigue llevar al fin las yeguas a Euristeo que las suelta; algunas de ellas se dirigieron al Olimpo, donde fueron devoradas por las fieras que vivían allí. El resto tuvo descendencia entre la que algunos aseguraban que se encontraba Bucéfalo, el caballo que sólo Alejandro Magno consiguió domar.

El Cinturón de la Reina Hipólita.


Euristeo quería hacer un regalo a su hija y encomendó a Hércules que le llevara el cinturón de oro que Ares, dios de la guerra, había regalado a la reina amazona Hipólita. Embarcó hacia el país de las amazonas junto a algunos compañeros y una vez en su destino, la reina Hipólita, enterada de los motivos del viaje, subió al barco y le dio a Hércules su cinturón. Sin embargo, Hera, disfrazada de amazona, se presentó ante las tribus amazonas y les contó que su reina había sido hecha prisionera. Las guerreras fueron al barco a liberarla y Hércules, al verlas, creyendo que era una estratagema de Hipólita, la mató y zarparon hacia Grecia. En el camino de vuelta llegó a Troya. Los dioses Poseidón y Apolo habían sido castigados, por rebelarse contra Zeus, a construir las murallas de la ciudad bajo las órdenes del rey Laomedonte. Finalizado el trabajo, el rey se negó a darles el salario prometido y cuando los dioses recuperaron su condición divina enviaron un monstruo marino y una peste que asolaban la ciudad. Para apaciguarlos, Laomedonte debía entregar al monstruo a su hija Hesíone. Es entonces cuando llega Hércules que mata al monstruo y libera a la joven a cambio de unos caballos que Zeus había regalado al rey. Pero Laomedonte intenta engañar a Hércules con otros caballos y el héroe dándose cuenta del engaño se marchó, prometiendo venganza, a entregar el cinturón a Euristeo. Más tarde, finalizados los trabajos, Hércules reunió un ejército con el que tomó Troya. Mató a Laomedonte y sus hijos excepto a Hesíone y Podarces; Hesíone fue entregada en matrimonio al héroe Telamón y pidió como regalo de bodas a su pequeño hermano Podarces, que cambió su nombre por Príamo. Hércules al marcharse dejó el trono troyano en manos de Príamo.

Los Bueyes de Geriones.


Euristeo, impulsado por Hera, impuso a Hércules su tarea más difícil de todas: robar la manada de bueyes que pertenecía a Gerión; estos animales estaban protegidos y custodiados por un ser gigantesco llamado Euritión y por su monstruoso perro, cuyo nombre nos roba una sonrisa. Además de estos obstáculos, el propio Gerión era un gigante de tres cabezas, tres troncos, seis brazos y seis piernas; varias veces se lo había visto acompañado por sus tres hermanos, igualmente monstruosos. En su camino a la isla de Gerión en Eritia, Hércules llegó al punto donde el Atlántico se une al Mediterráneo y creó las columnas que desde ese momento llevan su nombre y que, actualmente, llamamos Estrecho de Gibraltar, ubicado entre España y Marruecos. Abrasado por el intensísimo calor de aquellos parajes, Hércules tomó la osada decisión de disparar sus flechas contra Helios, el sol, quien quedó completamente sorprendido por la valentía y la desfachatez del hijo de Zeus y, en lugar de atacarlo, aceptó de buen grado ayudarlo. Hércules le pidió prestada la copa de oro con la cual Helios surcaba los cielos y éste acepto, aunque no estuvo muy a gusto. Fue así como llegó a Eritia e inmediatamente tuvo que soportar el ataque del descomunal perro que guardaba a los bueyes (el del nombre divertido) y que cayó bajo la fuerza del semi dios con un golpe de su cachiporra que terminó el combate. Luego de la victoria, Hércules enfrentó a Euritión, dueño del pichicho, quien también fue vencido por el invasor.Hércules llegó hasta los animales y comenzó a llevárselos, siendo esto visto por Menetes, quien acudió a Gerión a contarle lo que estaba ocurriendo. Esto produjo el encuentro de estos dos guerreros. El gran monstruo alcanzó a Hércules a orillas del río Antemo y se produjo una de las batallas más tremendas que nuestro protagonista tuvo que enfrentar en toda su vida. Eran dos colosos impactantes combatiendo con todas sus fuerzas, sabiendo que solo uno de ellos saldría de allí con vida. Se cuenta que la propia Hera acudió a combatir junto a Gerión, pero un flechazo recibido en el centro del pecho la apartó de la contienda. Finalmente, Gerión no pudo resistir a su rival y cayó derrotado. En su camino de regreso, Hércules tuvo que enfrentar a los hermanos de Gerión y también pudo vencerlos; luego fue atacado por unos indígenas entre los cuales desató una carnicería salvaje. También venció a dos hijos de Poseidón, Alebión y Dércino, que trataron de robarle la manada y luego mató a Caco por el mismo motivo. Antes de que se terminara la terrible tarea, Hera envió unos tábanos enormes contra los bueyes y éstos enloquecieron y se dispersaron por todos lados siendo unos cuantos recuperados por Hércules. Aquellos que no fueron atrapados vagaron libres y tuvieron enorme descendencia. Al entregar los animales, Hércules clamó su libertad por haber cumplido con los diez trabajos, pero como Euristeo no le reconocía dos le impuso una nueva tarea.

Las Manzanas de Oro de las Hespérides.


Euristeo le mandó traer a Hércules tres manzanas de oro del jardín de las Hespérides. El jardín era cuidado por las ninfas Hespérides y tenía como guardián un dragón que Hera, dueña del jardín, había puesto para tal fin. Hércules viajó por muchos lugares buscando el jardín, ya que nadie sabía dónde estaba, hasta que unas ninfas le dijeron que el dios Nereo sabía dónde se encontraba. Hércules atrapó a Nereo que al no conseguir liberarse del héroe, le reveló el camino. En el viaje, encontró a Prometeo que, cumpliendo el castigo de Zeus por robar el fuego sagrado, estaba atado a una montaña. Hércules vio la gigantesca águila que devoraba las entrañas de Prometeo cada día y le disparó una de sus flechas espantándola, tras lo cual liberó al titán. Prometeo en agradecimiento, le dijo que buscara a Atlas y le convenciera para que fuera él a por las manzanas ya que las Hespérides eran sus hijas. Así lo hizo Hércules y se dirigió a África en busca de Atlas. Cuando lo encontró, no le costó mucho convencerle y mientras Hércules sostenía el peso del mundo en lugar del titán, Atlas fue al jardín donde consiguió las manzanas. Pero cuando Atlas regresó, no estaba dispuesto a seguir soportando tal peso sobre sus hombres y así se lo dijo a Hércules que fingió alegrarse por su nueva tarea; sin embargo, pidió al titán que sostuviera el mundo unos momentos mientras él preparaba unas correas que le librarían un poco de la presión que tan descomunal peso provocaba. Atlas accedió y sostuvo de nuevo el mundo sobre sus hombros, engañado con su propio ardid, y Hércules se marchó con las manzanas

  1. Capturar a Can Cerbero.



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