Los centinelas juramentados



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LOS CENTINELAS JURAMENTADOS
Así, pues, ellas les concibieron y pusieron en el mundo grandes gigantes cuya altura era de tres mil codos (12 metros). Ellos devoraron todo el fruto del trabajo de los hombres, hasta que los hombres no pudieron alimentarlos y entonces los gigantes se volvieron contra los hombres para devorarlos. Y comenzaron a pecar contra los pájaros y contra las bestias, los reptiles y los peces, después ellos se devoraron la carne entre ellos y se bebieron la sangre. Entonces la Tierra acusó a los violentos.

Y Azazel enseñó a los hombres a fabricar las espadas y los machetes, el escudo y la coraza del pecho, y él les mostró los metales y el arte de trabajarlos y los brazaletes y los aderezos y el arte de pintarse los ojos con antimonio y de embellecerse los párpados, y las más bellas y mas preciosas piedras y todos los tintes de color, y la revolución del mundo.



Y la impiedad fue grande y general, ellos fornicaron, y ellos erraron y todas sus voces fueron corrompidas. Amiziras instruyó los encantadores y los cortadores de raíces; Asmaras enseñó a romper los hechizos, Baraquiel instruyó los astrólogos, Kokabiel enseñó los presagios, Tamiel el significado del aspecto de las estrellas y Asdariel enseñó el curso de la Luna. Y en su aniquilación los hombres gritaron, y su clamor subió al cielo.

Entonces Miguel, Uriel, Rafel y Gabriel los Centinelas fieles miraron desde lo alto del cielo (desde el interior de sus naves) y vieron la sangre esparcida en abundancia sobre la Tierra y toda la injusticia cometida sobre ella. Y se dijeron el uno al otro: “Esta es la voz de su grito que la tierra desolada grita hasta las puertas del cielo”. Y los santos del cielo dijeron al Señor de los reyes: “Tú has visto lo que ha hecho Azazel, cómo ha enseñado toda injusticia sobre la Tierra y devela los secretos eternos que se cumplen en los cielos y como Semjaza, al que tú habías dado el poder de dominar sobre sus compañeros, ha instruído a los hombres. Y ellos se han ido tras las hijas de los hombres sobre la Tierra, y se han acostado con ellas y se han mancillado con ellas y les han descubierto todo pecado. Luego estas mujeres han puesto en el mundo gigantes por lo que la Tierra entera se ha llenado de injusticia y ahora las almas de los que están muertos gritan y se lamentan hasta las puertas del cielo y su gemido ha subido y no puede salir ante la injusticia que se comete en la Tierra”.

Entonces el Más Alto dijo: el Grande y el Santo habló, y envió Asaryahyar al hijo de Lamech (ve hacia Noé) y dile en mi nombre; escóndete y revela la consumación que viene, pues la Tierra entera va a perecer, un agua de diluvio va a venir sobre toda la Tierra y el que se encuentre sobre ella perecerá. Y ahora instrúyele, a fin de que él escape y que su posteridad permanezca por todas las generaciones. El Señor (En-ki) dijo aún a Rafael: “Encadena a Azazel, de pies y manos, y arrójalo en las Tinieblas; y abre el desierto que está en Dudael y lánzalo allí eternamente; cubre también su faz para que él no vea la luz y en el gran día del Juicio, que sea lanzado en el brasero. “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano y prendió al dragón... y lo ató por mil años, y lo arrojó al abismo, y lo encerró y puso su sello sobre él...” (Apocalipsis 20:1-3). Después sana la Tierra que los Centinelas han corrompido, y anuncia la curación de la Tierra a fin de que ellos sanen su llaga, y que todos lo hijos de los hombres no se pierdan por todo el misterio que los guardianes han aprendido y enseñado a sus hijos.

Toda la Tierra ha sido corrompida por la ciencia de la obra de Azazel; impútale pues todo pecado. Y el Señor dijo a Gabriel:”Ve hacia los bastardos y réprobos y hacia los hijos de cortesanas y haz desaparecer a los hijos de los guardianes de entre los hombres, cázalos y reenvíalos; ellos se destruirán los unos a los otros por la muerte violenta pues no habrá ara ellos muchos días

Y todo lo que ellos te pidieron no será acordado a sus padres en su favor, pues ellos (los hijos) esperan vivir una vida eterna, y cada uno de ellos (de los hijos) vivirá 500 años”.

Y a Miguel el Señor le dijo: “Ve encadena a Semjaza y sus compañeros que se han unido a las mujeres para mancharse con ellas en toda su impureza. Y cuando todos sus hijos hallan sido degollados, y cuando ellos mismos hallan visto la destrucción des sus bien amados, encadénalos por 70 generaciones bajo las colinas de la Tierra hasta el día de su juicio y de su consumación, hasta que sea consumado el juicio eterno.

En esos días se les conducirá al abismo de fuego, en los tormentos y ellos serán para siempre encerrados en la prisión. Y si alguno es condenado y perece, él será en adelante encadenado con ellos hasta la consumación de las generaciones de las generaciones. “ Y a los ángeles (centinelas) que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia residencia, los ha guardado bajo oscuridad (cuarta dimensión) en prisiones eternas, reservados para el juicio del gran día”. (San Judas 6)

Destruye, pues, todas las almas voluptuosas y los hijos de ellos guardianes, pues ellos han oprimido a los hombres. Haz desaparecer toda opresión de la faz de la Tierra que toda obra mala cese, que la planta de justicia y de verdad serán plantados en la alegría para siempre.

Entonces todos los justos escaparán y permanecerán vivos hasta que ellos hallan engendrado mil hijos (ver Deuteronomio 7:9), y todos los hijos de su juventud y de su vejez se acabarán en la paz... y la Tierra estará pura de toda corrupción, de todo pecado, de todo castigo y de todo dolor, y yo no enviaré más estas plagas sobre la Tierra hasta las generaciones de las generaciones y hasta la eternidad.

Y en esos días abriré los tesoros de la bendición que están en el cielo, para hacerlos descender sobre la Tierra, sobre las obras y el trabajo de los hijos de los hombres “y la paz y la verdad” estarán unidas todos los días del mundo y en todas las generaciones del mundo”.

Ante estos sucesos Enoch (Adapa) había sido ocultado, y nadie sabe donde fue escondido y dónde está porque todas sus acciones se hacían en sus días con los Vigilantes y los Santos.
Así, pues, yo Enoch, estaba ocupado en bendecir al Gran Señor (En-ki), el Rey del mundo, y he aquí que los Vigilantes me llamaron a mí, Enoch el escriba y me dijeron: “Enoch escriba de justicia, haz saber a los Vigilantes del cielo que han abandonado el cielo altísimo, el lugar santo, eterno, y que se han ensuciado con las mujeres y han hecho como hacen los hijos de los hombres, y han tomado mujeres y se han corrompido con una gran corrupción sobre la Tierra”.

No habrá para ellos ni paz ni remisión del pecado. Y porque ellos gozan a propósito de sus hijos, verán la casa de sus bien amados y llorarán sobre la pérdida de sus hijos y suplicarán eternamente, pero no habrá para ellos ni misericordia ni paz”.


Enoch alejándose, dijo a Azazel: “No habrá paz para ti, contra ti ha sido pronunciado un gran juicio para encadenarte. No habrá para ti ni tregua ni intercesión, porque has enseñado la injusticia y a causa de todas las obras de blasfemia, de violencia y de pecado que tú has enseñado a los hombres.

Después, avanzando les hablé a todos juntos, y todos temblaron, y fueron presa del temor y del espanto. Y ellos me pidieron que les escribiera una fórmula de oración a fin de que les fuera acordada una remisión y que hiciera subir la fórmula de su oración ante el Señor del cielo.

Porque desde entonces ellos no pueden hablar al Señor y levantar los ojos hacia el cielo, por vergüenza del crimen por el cual han sido condenados. Entonces escribí la fórmula de su oración y una súplica por su alma y por cada una de sus obras y por lo que ellos podían a saber que les fuera acordado perdón y tregua... y leí la fórmula de su oración hasta el momento en que me adormecí. Tuve un sueño y vi visiones de castigo y una voz que me ordenaba hablar a los hijos del cielo y reprenderles y cuando desperté fui hacia ellos, estaban todos juntos sentados y llorando en Ublesyael, que se encuentra en el Líbano y Senaser. Con el rostro cubierto, y conté en su presencia todas las visiones que vi durante mi sueño y dije estas palabras de justicia y reprendí a los Vigilantes del cielo”.

... he escrito vuestra oración, pero en mi visión se me enseñó que vuestra oración no será atendida. Así, pues, no subirán más al cielo en toda la eternidad; se ha ordenado encadenarlos sobre la Tierra por todos los días del mundo.



Pero antes verán la muerte de vuestros hijos bienamados y no los poseerán sino que caerán ante ustedes por la espada. Y vuestra atención no será atendida ni por ellos ni por ustedes, y vosotros mismos, mientras que lloran y suplican no pronuncian una palabra del escrito que he escrito.

Una “nubes” me llamaron en la visión y los vientos en la visión, me hicieron volar y me llevaron a lo alto y me hicieron entrar en los cielos. Y Había un trono elevado cuyo aspecto era de cristal y cuyas puertas todas abiertas eran de fuego (luz eléctrica al interior de la nave) y había un trono elevado (asiento del Comandante) cuyo aspecto era de cristal y cuyo contorno era como el Sol brillante y el curso de las estrellas formaban su parte superior (pantalla con mapa estelar). La gran gloria tenía su sede en el trono, por sobre el trono salían ríos de fuego ardiente y no podía mirar. Su vestido era más brillante que el Sol (traje de cosmonauta con revestimiento metálico) y más blanco que toda la nieve. Un fuego ardiente le rodeaba y un gran fuego se levantaba ante él, ninguno de los que le rodeaban se acercaba a él, miríadas y miríadas de ángeles estaban de pie ante él y el Señor de su propia boca me llamó y me dijo: Ven aquí Enoch y escucha mi palabra santa. “No temas Enoch, hombre justo, escriba de justicia acércate y escucha mi voz. Ve y dile a los guardianes del cielo que te han mandado suplicar por ellos: “ A vosotros es a quienes interesa interceder por los hombres y no a los hombres por vosotros.

Después vi un remolino profundo, cerca de las columnas de fuego que descendían y cuya altura y profundidad eran inconmensurables. Más allá de ese remolino vi un lugar sobre el que no se extendía el firmamento de los cielos, bajo el cual tampoco había suelo y era desierto y terrible (el espacio).

Después Uriel me dijo: “Aquí es donde estarán los ángeles que se han unido a las mujeres. Sus espíritus, han tomado numerosas apariencias han mancillado a los hombres y les harán errar para que sacrifiquen tanto a los demonios como a los dioses, hasta el día del gran juicio; día en que serán juzgados. Y yo Enoch, yo solo he visto la visión, el fin de todo; y ningún hombre verá como yo he visto.

Después que mi alma fue ocultada y subió a los cielos y vi a los hijos de los ángeles andar sobre llamas de fuego (piso iluminado), sus trajes eran blancos y su rostro resplandeciente como el cristal (escafandra). El ángel Miguel me tomó de la mano derecha y me condujo al lugar donde están todos los secretos de justicia y todos los secretos de las extremidades de los cielos y todos los depósitos de las estrellas (Carta Estelar por Computación) y todas las luces por donde nacen en presencia de los santos. Y él escondió mi espíritu y yo Enoch fui al cielo de los cielos y vi una casa que estaba construída en bloques de hielo y ante esos bloques había lenguas de fuego vivo

Un círculo de fuego rodeaba la casa y alrededor estaban los serafines y los querubines y los Ophanim los que no duermen y los que guardan el trono de su gloria. Vi miles y miles de ángeles rodear esta casa y Miguel, Rafael, Gabriel y Fanuel y una multitud de ángeles incontables y con ellos estaba la Cabeza de los Días, su cabeza era blanca y pura como la lana y sus vestidos eran indescriptibles. (ver Daniel 7:9,1013,14)

Cai sobre mi rostro y todo mi cuerpo se fundió y mi alma fue cambiada y grité poderosamente y alabé y exalté al Señor. El Cabeza de los Días me dijo: “Tú eres el hijo del hombre que ha sido engendrado por la justicia y la justicia permanece sobre ti y la justicia de la Cabeza (jefe) de los Días (profetas) no te abandonará. El Señor llamará sobre ti a la paz en nombre del siglo que ha de venir (año dos mil en adelante), porque de allí ha salido la paz desde la creación del mundo y así ella estará sobre ti por siempre jamás y por los siglos de los siglos.

Y en esos días aparecerá en el cielo un gran carro en el occidente y brillará extraordinariamente más que la ley de la luz.

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo... viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (Mateo 24:30)


He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá...”

(Apocalipsis 1:7)

Y ahora anuncia a Lamech tu hijo que el que le ha nacido en realidad es su hijo y dale el nombre de Noé porque él construirá una permanencia para ustedes y él y sus hijos serán salvados de la destrucción que vendrá sobre la Tierra a causa de todo el pecado y a causa de toda la injusticia.”



La esposa de Lamech había dado a luz un hijo cuya carne era blanca como la nieve y roja como la flor de la rosa; y los cabellos de su cabeza eran blancos como la lana, y sus ojos eran hermosos y cuando los abrió iluminó toda la casa. Lamech fue presa del terror y huyó y fue ante su padre Matusalem y le dijo: “Yo he puesto en el mundo un hijo diferente a los otros y parece un hijo de los ángeles del cielo, su naturaleza es diferente y no es como nosotros, sus ojos son como los rayos del Sol, su rostro es espléndido y me parece que no es mío sino de los ángeles y temo que se cumpla un prodigio sobre la tierra durante sus días y te pido padre mío que vayas al lado de Enoch, nuestro padre y que conozcas por él la verdad.”

Por eso el Jefe de los Días le aseguró a Enoch que el niño realmente era de Lamech y que se quedara con él y le diera el nombre de Noé. A su regreso Matusalem le hace saber a su hijo lo que se les avecina. Los padres de Noé ya estaban informados sobre el futuro diluvio que Enoch mismo le hiciera saber a Matusalem antes de desaparecer para siempre en un llameante carruaje celestial siendo elevado y su nombre (Shem=carro celestial) desapareció de entre los que habitaban la Tierra. Desde ese día ya no fue contado más entre ellos.


“Y caminó Enoch con el Señor, después que engendró a Matusalem, 300 años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoch 365 años. Y Caminó, pues, Enoch con el Señor (En-ki), y desapareció, porque le llevó el Señor”

(Génesis 5:22-24)


“Por la fe Enoch fue trasladado para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo trasladó el Señor; y antes que fuera trasladado, tuvo testimonio de haber agradado al Señor.”

(Hebreos 11:5)


¿Es entonces la raza humana un acto premeditado de “procreación” por seres procedentes del cosmos?
A partir de los relatos cosmológicos y poemas épicos sumerios, de escritos que sirvieron como autobiografías de estos dioses, de listas de sus funciones y relaciones y de ciudades, de cronologías y de historias llamadas Listas Reales, y de la profusión de otros textos, inscripciones y dibujos, se ha podido recrear un relato coherente de lo que sucedió en tiempos prehistóricos y de cómo ocurrió. Su historia comienza en tiempos primitivos, cuando nuestro sistema solar era reciente. Fue entonces cuando una gran planeta del espacio exterior fue atraído dentro del sistema solar. Los sumerios llamaron al intruso Nibiru “planeta del Cruce”; el nombre babilónico era Marduk. Mientras pasaba junto a los planetas más exteriores del sistema, la trayectoria de Nibiru se curvó, hacia un curso de colisión con un viejo miembro del sistema solar, un planeta llamado Tiamat. Cuando los dos se acercaron, los satélites de Nibiru partieron a Tiamat por la mitad. Su parte inferior fue destrozada en pedazos creando los cometas y el cinturón de asteroides, el “brazalete celeste”, de escombros planetarios que orbitan entre Júpiter y Marte también se le conoce como “nube de Oort”.

La parte superior de Tiamat, junto con su satélite principal, fueron empujados a una nueva órbita, y llegaron a ser la Tierra y la Luna.

Nibirú, quedó intacto, atrapado en una enorme órbita elíptica alrededor del Sol, regresando al lugar del cruce o “batalla celestial”, entre Júpiter y Marte una vez cada 3.600 años terrestres.

Fue así como el sistema solar llegó a tener doce miembros, el sol, la Luna (que los sumerios consideraban un cuerpo celeste por sí mismo), los nueve planetas conocidos y uno más, el duodécimo Nibiru.

De ese duodécimo planeta, decían los sumerios habían llegado los astronautas a la Tierra los “dioses del Cielo y de la Tierra”. Esos dioses decían los sumerios crearon la humanidad y su civilización, todo el conocimiento, todas las ciencias y una increíble astronomía.
Las más antiguas leyenda de la India hablan de “un pájaro atronador” que ellos llamaron Vimanas. Los Vimanas volaban a gran altura con ayuda de mercurio y un gran viento impulsor. Podían cubrir grandes distancias y desplazarse de abajo arriba, de arriba abajo y de atrás adelante. Bhima voló con su Vimana sobre un monstruoso rayo que brillaba como el Sol y cuyo fragor recordaba el tronar de una tormenta. El primer libro del Mahabarhata revela la historia íntima de Kunti, una mujer soltera que tiene un hijo cuya piel brilla como el Sol, temiendo caer en desgracia coloca al niño sobre una cesta y lo deposita sobre el río. Adhirata, un buen hombre de la casta Suta, sacó la cesta del agua y atendió a la educación del niño.

En el Mahabarhata se describe un arma que puede matar a todos los guerreros cuyos cuerpos estén cubiertos de metal. El arma hace caer el pelo y las uñas de las manos y pies y se pierde la fuerza, de manera que los guerreros debían acudir al río y lavarse en el agua. En el mismo libro hay una reseña tal vez de la primera bomba “H” que Gurka hizo un solo disparo desde su poderoso Vimana contra la ciudad Triple. Un humo blanquecino y reluciente, diez mil veces más brillante que el Sol, se levantó con infinito fulgor y envolvió la ciudad en cenizas. El dios Kubera o Kukura recorría los cielos en un vehículo que contenía toda una casa. Kubera era el amo de todos los tesoros de la Tierra. En México era conocido como Kukulkan “dios del viento” de los Mayas. En Sudáfrica fue conocido como el mítico antepasado civilizados de los zulúes que le llamaban Unkurunkuru.

Otro ser del espacio fue conocido como Visnú o Khrisna o Kursna protagonista del Mahabarhata. La mitología maya el Popol-Vuh dice que los dioses lo conocían todo: el vacío, las cuatro direcciones del horizonte incluso, el círculo de la Tierra. Los Mayas conocieron el año de Venus con 584 días, y calcularon la duración del año anomalístico con 3652420 días. (cálculo exacto actual: 365.2422). Los Mayas dejaron cálculos que llegan hasta los 64 millones de años. Ciertas inscripciones recientemente descubiertas comprenden incluso unidades que representan con toda probabilidad 400 millones años. La famosa ecuación de Venus pudo haber sido calculada por un cerebro electrónico. La ecuación de Venus resuelta por los Mayas, está planteada como sigue: El Tzolkin tiene 260 días, el año anomalístico 365 días y el año de Venus, 584 días. Estas cifras presentan una sorprendente posibilidad de división: 365 es divisible 5 veces por 73, y 584 lo es ocho veces. La increíble fórmula aparece así:
Luna 20X13 X 2 X 73 = 260 X 2 X 73 = 37.960
Sol 8X13 X 5 X 73 = 104 X 5 X 73 = 37.960
Venus 5X13 X 8 X 73 = 65 X 8 X 73 = 37.960
Al cabo de 37.960 días coincidirán todos sus ciclos. La mitología afirmaba que entonces llegarían los “dioses “ al gran lugar de descanso.

Los pueblos preincaicos revelaron en sus leyendas religiosas que las estrellas estaban habitadas y que los “dioses” descenderían a ellas desde la Constelación de las Pléyades.

Una y otra vez aparecen en los textos cuneiformes sumerios, asirios y babilonios y egipcios: “dioses” que llegan de las estrellas y vuelven a ellas en sus naves o embarcaciones llameantes hacia el cielo, esgrimen armas poderosas y prometen la inmortalidad al ser humano.

En los libros tibetanos Tantjua y Kantjua se mencionan máquinas voladoras prehistóricas que ellos denominaron “perlas celestes”. Ambos textos indican expresamente que esa sabiduría es secreta y no está destinada al común de las gentes.

En el Samarangana Strodhara hay capítulos enteros dedicados a la descripción de naves aéreas que despiden fuego y mercurio por la cola. Aparece la descripción de un ataque nuclear: “Fue como si se desataran los elementos. El Sol giró sobre sí mismo, el mundo se estremeció febrilmente. El agua hervía, los animales morían , el enemigo era exterminado y los destellos del fuego quemaban bosques enteros. Los caballos y carros de guerra ardían. Miles de carruajes quedaban destruídos, luego se extendió un hondo silencio sobre el mar. Los vientos soplaron y la Tierra se iluminó. Entonces se ofreció una vista reveladora estremecedora. Los cadáveres de los caídos habían sido multiplicados de tal forma por el horrible calor, que ya no parecían seres humanos. Nunca se había visto actuar una arma tan cruel y nunca se había oído hablar de tales armas.

Los que lograron escapar, se bañaron limpiaron sus pertrechos y sus armas, porque el soplo mortífero de los dioses lo había infestado todo.

Alberto Tulli, antiguo director del Departamento egipcio en el Museo Vaticano encontró un fragmento cuya edad databa del tiempo de Tutmosis III hacia 1.500 años a.C. Ser revelaba que los escribas vieron llegar una bola ígnea del cielo cuyo aliento despedía mal olor. Tutmosis y sus soldados contemplaron ese espectáculo hasta que la bola ígnea ascendió en dirección sur y desapareció de su vista. En el papiro quedó registrado con un jeroglífico cuyo signo era algo parecido a una letra H similar a la que se le vio a un Ovni al sobrevolar por España hace algunos años y que se habló que eran provenientes del planeta Humo.

Todos los textos citados se remontan a fechas muy remotas, a muchos milenios antes de nuestra Era. Sus autores vivieron en diversas continentes y culturas y profesaron diversas religiones.


“Hijo del hombre estás viviendo en medio de una raza contumaz cuyo ojos están hecho para ver y no ven, cuya orejas están hechas para oír y no oyen...” (Ezequiel 12:4).
Los dioses sumerios se correspondían en la veneración con varias estrellas. Marduk/Marte; estaba representado por una estatua de oro macizo valorada en 800 talentos; equivalía según Herodoto a 24.000 Kgs. de oro puro.

Ninurta/Sirio; juez del Universo pronunciaba dictámenes sobre los mortales. Hay tablas de escritura cuneiforme dedicadas a Marte, Sirio y las Pléyades. En los himnos y rezos sumerios se mencionan a menudo armas divinas cuyos efectos y formas eran asombrosos. Un canto a Martu asegura que el dios hace llover fuego y destruye a sus enemigos mediante un brillo cegador y pavoroso.

Hace bastante tiempo se descubrió en Nippur, ciudad situada a 150 kms al sur de Bagdad, una Biblioteca sumeria completa e integrada por unas 60.000 tablas de barro. Esculpida en una tabla de seis ranuras aparece la descripción más antigua del Diluvio. Se citan cinco ciudades antediluvianas: Eridu, Bad Tibira, Larak, Sippar y Shuruppak. El Noé de los sumerios se llamaba Ziusudra “sus días de vida prolongados” y vivía en Shuruppak. Esta descripción es más antigua que la que ofrece el Génesis.

Una antigua escritura egipcia dice: “Tú te mezclas entre estrellas y Luna, tú diriges la nave de Atón por cielos y Tierra como las incansables estrellas viajeras la estrella inamovible en el Polo Norte”.



La inscripción de una pirámide dice: ”Tú eres aquella en cuya cúspide se alza la nave solar desde millones de años”. En Menfis, el dios ancestral Ptah (En-ki) entregó al rey dos programas para la exaltación de su soberanía, indicando que ese acto conmemorativo se celebra seis veces cada 100.000 años. Ptah entregó ese mensaje al faraón apareciendo en un reluciente carruaje de Electrón y se perdió en el cielo.


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