Los ciegos en la historia



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(35) Véase su biografía al final de este capítulo.

Durante 25 años se imprimieron en San Alejo textos musicales en el sistema de puntos francés, que por su calidad y cantidad superaron a los impresos en muchos institutos de ciegos; por lo cual tuvieron mucha demanda y proporcionaron a la institución buenos ingresos.


A finales de 1940 la escuela San Alejo fue instalada en la vía Cario Tomasso Odescalchi, n.° 38, siendo reconocida oficialmente en 1942, año en el que fue anexionada al Conservatorio Santa Cecilia de Roma.
Entre sus alumnos destacaron como músicos profesionales y compositores, el maestro Brandoni, Achule Fiandri, Angelo Sciutti, A. Licci Guglietti, Giuseppe Tamagnone, Cario Bersani, Giuseppe Frascatani, Giuseppe Camilloni, Giacomo Cittadini (violoncelista que emigró a la Argentina), Rodolfo Morianni, Giuseppe Torelli, Adriano Fabri y algunos otros, como comprobará el lector al final de este capítulo.
En 1873 el secretario del rey de Italia, el profesor Domenico Martuscelli, fundó en Napóles el Instituto para Ciegos «Principi di Napoli» para alumnos de ambos sexos, con unos 50 invidentes a quienes se les impartía una formación cultural muy completa y se les enseñaba, además, a tocar la mandolina y otros instrumentos musicales (véase lámina n.° 43) a dominar varios oficios artesanos, reglas de urbanidad y tareas domésticas.
Domenico Martuscelli inventó numerosos aparatos sencillos y prácticos para el ejercicio de algunos oficios y la enseñanza de ciertas asignaturas a los faltos de vista (véase lámina n.° 44), destacando entre sus genialidades una guíamano de pluma inagotable, que puede rendir excelentes servicios al ciego que conozca la escritura de los videntes; siendo, por tanto, muy útil para quienes perdieron la vista en edad adulta, como casi todos los mutilados de guerra.
Al abolirse la monarquía en Italia, este centro docente de Napóles recibió la denominación de «Domenico Martuscelli» en recuerdo de su ilustre fundador; y actualmente su ámbito de actividades comprende desde la escuela maternal, jardín de infancia con estimulación temprana, hasta ser la residencia de alumnos universitarios, que tienen en el «Domenico Martuscelli» los más modernos aparatos para desarrollar su trabajo (véase lámina n.° 45). El centro tiene también el mejor material para la rehabilitación y el entrenamiento de los deficientes visuales, con objeto de que aprendan a sacar el máximo beneficio de su resto visual sin correr el peligro de quedarse completamente ciegos.

Lámina n. º 43 Una mandolina.


La institución «Domenico Martuscelli» es hoy día una fundación privada, regida por un consejo de administración compuesto por 5 miembros en representación, respectivamente, del Ministerio de Educación, de los poderes públicos de Napóles, de la Unión Italiana de Ciegos, del propio instituto y de los filántropos benefactores del mismo.
En 1882 se funda en la vía Castiglioni, de Bolonia, el Instituto para Ciegos Francesco Cavazza, llamado así en recuerdo de su fundador, donde se educaba a niños de ambos sexos; y que después de la reforma pedagógica, realizada por Augusto Romagnoli y Aurelio Nicolodi (36) en 1923, se especializó en la formación musical y en apoyar a los estudiantes ciegos que se instruían en escuelas superiores y en universidades. A mediados de 1930 fue nombrado director de este instituto el invidente Paolo Bentivoglio, quien ostentó el cargo hasta 1945, que fue elegido presidente de la Unión Italiana de Ciegos, siendo la segunda persona que ocupó esta presidencia, en la cual sucedió a Aurelio Nicolodi, el fundador de este colectivo.
Lámina n. º 44 Un globo terráqueo
(36) Véanse las biografías de Augusto Romagnoli y Aurelio Nicolodi al final de este capítulo.

Lámina n. º 45 Ciegos manejando ordenadores y más aparatos


El Instituto para Ciegos «Florio y A. Salomone», de Palermo, fue fundado por iniciativa popular en 1891, aunque se inauguró oficialmente en 1892. Entre sus primeros alumnos destaca el violinista Settimio Seidita, quien por su perfecta ejecución de «El ruiseñor», de Giuseppe Tartini, al violín, en el Congreso Nacional de Ciegos celebrado en Roma en el año 1906, acompañado en el piano por la profesora María Buttacavoli, fue llamado desde entonces «El Ruiseñor del Violín».
A finales del siglo XIX se abre en Catania el colegio Ardizzone, dedicado exclusivamente a muchachas sin vista, a quienes, preferentemente, se les enseñaba faenas domésticas, labores de punto y costura, teniendo una severa disciplina y muchos actos devotos para que, cuando las niñas terminaran su escolaridad, supieran una oración para cada santo del día, dirigiesen el rosario, platicaran en las novenas, acompañasen en los velatorios y rezaran jaculatorias para consolar a los afligidos; prácticas piadosas que les proporcionarían buenas ganancias el día de mañana para vivir.
En 1911 se funda el Instituto para Ciegos «Cecilia Rismeyer» en Trieste, donde, principalmente, se imparten enseñanzas musicales. Fue cerrado el centro durante la Primera Guerra Mundial, y al reanudar sus actividades en 1918, prestó gran apoyo a la rehabilitación de los mutilados de guerra. Entre sus alumnos destacaron Sabucci, famoso afinador de pianos en todo el Véneto, Carlo Tomé (37) y Francesco Spazzati, catedrático de piano en el Conservatorio de Trieste, y que en 1935 obtuvo el 2. ° premio, compartido con Silvestre Sasso, en el concurso para pianistas ciegos celebrado en Bari, siendo el primer premio para Vico Lavolfe.
(37) Véase su biografía al final de este capítulo.
En 1920 ya se habían fundado institutos para ciegos en las más importantes ciudades italianas: en Reggio-Calabria (1914), el «Giuseppe Garibaldi», en Cagliari (1917), etc., siendo característicos de todos estos centros docentes, que sus alumnos sean externos y estén alojados en el asilo más próximo al establecimiento educativo. A partir de 1960 comienzan a cerrarse muchos de estos colegios, porque se fomenta más intensamente que antes la enseñanza de los invidentes en régimen integrado, reservándose los institutos tiflológicos, en general, para los niños que, además de la ceguera, tengan otras minusvalías.
Merced a la iniciativa y protección de la reina Margarita, viuda del rey de Italia Umberto I, en 1904 se funda en Monza, cerca de Milán, una biblioteca Braille que lleva el nombre de la egregia dama, que contó desde su creación con un equipo de aristócratas señoritas y de copistas ciegos, dedicado a la transcripción de obras en el sistema Braille para incrementar el fondo de esta institución. Pronto tuvo ésta una imprenta Braille anexa y empezó a funcionar como circulante, prestando gratuitamente libros a los afiliados a la Unión Italiana de Ciegos, asociación a la que pertenece. Su acción benefactora se extiende por toda Italia, proveyendo de libros a los centros docentes de invidentes y a particulares, publicando revistas en relieve para cualquier edad y con variada temática. También edita un folleto mensual en negro con artículos sobre los no videntes para que las personas con vista conozcan la problemática de aquéllos y colaboren en su favorable resolución. La imprenta de Monza dedica también una parte de su presupuesto a la investigación y puesta en funcionamiento de distintos servicios y dispositivos técnicos.
Anexo a la Biblioteca Nacional Braille de Monza funciona el Servicio Nacional del Libro Hablado, que graba y distribuye varias revistas sonoras con la más diversa temática para complacer los gustos y las necesidades de sus numerosísimos suscriptores, quienes disponen gratuitamente de los 30.000 cassettes que están catalogados en su biblioteca sonora.
La Ley n.° 243, del 18 de febrero de 1963, concede subvenciones anuales a la biblioteca italiana para ciegos «Regina Margarita» y al Centro Nacional del Libro Hablado, que están desarrollando una magnífica labor cultural y social.
En el año 1912 la reina Margarita, estando informada de que Augusto Romagnoli poseía profundos conocimientos sobre la educación de los faltos de vista, encargó a este ilustre invidente experimentar los procedimientos y métodos pedagógicos que él preconizaba, en el hospicio romano de ciegos que, bajo el nombre y la protección de la augusta dama, funcionaba en la capital italiana. Este centro docente sirvió de piloto a los restantes institutos para invidentes del país, donde poco a poco se fue venciendo la resistencia que los maestros videntes ofrecían al aceptar las ideas de una persona que no veía; consiguiéndose finalmente que, merced a la clarividencia de Romagnoli, fuera Italia el país donde mejor se educaba a los deficientes visuales; lo cual ha propiciado que muchos de sus alumnos sean élite en la sociedad italiana y vivan con el fruto de su propio trabajo. Actualmente, esta escuela para niños ciegos está sostenida por el Gobierno y se la conoce como «Scuola di Método Augusto Romagnoli», y en muchos aspectos sirve como centro de observación y prueba para los maestros de niños privados de la vista y los métodos que se siguen en esta institución merecen que los estudien bien los profesores de no videntes de todo el mundo.
El 1 de abril de 1920 funda, en Napóles, doña Tomasina Giardinetti, viuda de Colosimo, el Instituto para Ciegos Paolo Colosimo, uno de los mejores centros docentes que para éstos existen en el viejo continente, porque fue la amorosa obra benéfica de una mujer filántropa que, públicamente, expresó su deseo de que aquel colegio no fuera un asilo, sino un laboratorio donde se pusieran en práctica las técnicas y la pedagogía especial más avanzada, con el fin de que sus alumnos fueran líderes entre los ciegos y destacasen en su labor profesional, siendo útiles a su patria. No cabe duda que la señora de Colosimo quiso imitar en su fundación a la reina Margherita y que su institución es modélica aun actualmente.
Bajo la eficiente guía del genial comendador Pericle Roseo, quien con maravillosa intuición y generoso esfuerzo montó en el «Paolo Colosimo» varios telares instalados y dirigidos por un experto ingeniero, donde muchos obreros ciegos trabajan en hacer complicados tejidos, se convirtió este instituto en un centro de capacitación y rehabilitación de gran prestigio internacional, cundiendo el ejemplo en otros establecimientos tiflófilos italianos y extranjeros, creados para rehabilitar y dar una ocupación a los millares de mutilados que habían perdido la vista en la Primera Guerra Mundial. En dichos telares, si un hilo se enredaba en el ordenado trabajo, un timbre eléctrico daba la alarma; y, reparado el fallo, se continuaba el entramado de la urdimbre con toda normalidad. La cantidad de hilos a manejar dependía, naturalmente, de la calidad y clase del tejido a realizar, variando su número desde 724 hasta 3.480. El ciego teje a mano como si recamara, con cuatro agujas, enhebrada cada una con un hilo de diferente color. Las congregaciones religiosas absorben casi toda la producción de los telares del Instituto Paolo Colosimo, de cuyos tejidos son magnífica muestra los ornamentos pontificales y los hábitos para la abadía de Montecasino, que evidencian la singular y extraordinaria habilidad de estos excepcionales artesanos invidentes.
A principios del siglo XX fundó Augusto Romagnoli la «Unión de Ciegos Italianos Civiles», sociedad que no descansa en gestionar la creación de talleres protegidos y fomentar la enseñanza de trabajos artesanos en los centros docentes de ciegos, con el fin de propiciar su incorporación al mundo laboral para que puedan ganarse su diario sustento, trabajando en empresas de videntes, en los centros tiflológicos o en sus propios domicilios.
En 1917 funda Aurelio Nicolodi la «Unión de Mutilados de Guerra Ciegos», con el fin de proporcionar bienes espirituales y materiales a quienes pierden la vista en el conflicto bélico de 1914 a 1918, recabando del Gobierno pensiones dignas, que les permitan ocupar una posición social acorde con su círculo familiar, tener centros de rehabilitación para ser autosuficientes e incorporarse al mundo laboral, disfrutando de concesiones estatales y municipales que facilitasen su modus vivendi.
Un grupo de ciegos inteligentes y esforzados fue consciente de que para conseguir elevar el nivel social y cultural de los invidentes, demandando y obteniendo del Gobierno leyes protectoras que concedieran a los faltos de vista sus legítimas reivindicaciones, reconociéndoles como ciudadanos con plenitud de derechos, y lograr que el no vidente se integrara laboralmente, era imperativo que todos los ciegos italianos se agruparan en una asociación única, desapareciendo el antagonismo entre ciegos de guerra y ciegos civiles, formándose un solo colectivo tiflológico, que gestionase de los poderes públicos la promulgación de leyes que posibilitaran el bienestar social de los privados de vista en todos los aspectos.
El principal artífice de esta asociación de todos los privados de vista italianos, llamada «Unión Italiana de Ciegos» (UIC), fue Aurelio Nicolodi, quien comprendió que, cuanto mayor fuera la solidaridad entre los no videntes, más probabilidades habría de alcanzar los objetivos positivos; por lo cual, en la villa Nicolini de Roma entabla los primeros contactos entre los invidentes mutilados de guerra y los ciegos civiles, intentando fusionar las dos asociaciones; propósito que hace realidad el 26 de octubre de 1920 en un congreso nacional de ciegos italianos celebrado en Genova. Colaboraron eficientemente en esta obra unificadora Augusto Romagnoli, de quien ya hemos hablado, y Cario de Delacroix, poeta, soldado, ciego y mutilado de los dos brazos, que nació en 1896, quien con un emocionante discurso, pronunciado al iniciarse este congreso el 20 de septiembre de 1920 en Genova, convenció a los desconfiados y reticentes faltos de vista de la necesidad de unirse estrechamente todos los ciegos italianos, formando una legión con el lema: «Todos para uno y uno para todos».
Aurelio Nicolodi y sus colaboradores fundan la «Unión Italiana de Ciegos» o «Unión de Ciegos Italianos» (UIC), colectivo que agrupa, voluntariamente, a todos los invidentes del país sin distinción de sexo, edad, creencias o ideología y sin tener en cuenta la causa de su ceguera. Es una asociación que viene luchando desde su fundación por la derogación de cuantas leyes discriminan desfavorablemente a los no videntes del resto de los ciudadanos y la promulgación de otras que mejoren el modus vivendi de estos disminuidos físicos; política en la que fue pionero el ciego florentino Nicolo Tommaseo, quien consiguió en 1900 que el Gobierno subvencionara varios centros docentes de deficientes visuales.
La UIC fue reconocida, legalmente, como el ente moral representativo de todos los invidentes italianos por el Real Decreto n.° 1.689, del 29 de julio de 1923, y el Gobierno le asignó una subvención con periodicidad anual. A este colectivo se deben casi todas las mejoras conseguidas por los faltos de vista de la península Apenina, que, en general, disfrutan de bienestar y tienen todos los derechos de ciudadanía.
El Real Decreto n.° 1.047, del 26 de septiembre de 1947, establece el pase de la Unión Italiana de Ciegos que dependía del Ministerio del Interior, a estar tutelada por la presidencia del Consejo de Ministros, dándole la representación y defensa de los intereses morales y materiales de los ciegos.
La Ley n.° 37, del 29 de enero de 1951, establece la constitución de un fondo a disposición de la UIC para la promoción y protección del trabajo de los privados de vista.
La Ley n.° 1.216, del 14 de octubre de 1960, aumenta en 50 millones anuales la subvención otorgada por el Estado a la Unión Italiana de Ciegos.
Para informar de la problemática tiflológica y, principalmente, de las actividades y gestiones de la UIC a todos los ciegos y a cuantos videntes se interesen por esta temática, la asociación publica en Braille, en tinta y en cassettes grabados, la revista mensual «Corrieri dei Ciechi», fundada en Florencia por Aurelio Nicolodi en 1919. Esta publicación es el órgano oficial de la UIC, colectivo que, de conformidad con sus estatutos, siempre estuvo dirigido por los propios no videntes; habiendo sido sus presidentes hasta 1992 Aurelio Nicolodi, Paolo Bentivoglio, Giuseppe Fucá, Roberto Kervin y Tomasso Daniele, quien la dirige actualmente.
En 1923 promulga el Gobierno otras dos disposiciones que afectan a los privados de la vista, a saber: el Real Decreto n.° 2.939, del 30 de diciembre, transformando los institutos para ciegos en entidades de educación, pasando de depender del Ministerio del Interior a ser tutelados por el Ministerio de Educación; y el Real Decreto n.° 3.126, del 31 de diciembre, estableciendo la obligatoriedad de la enseñanza para los niños ciegos. Este último Real Decreto se hace ley en 1925, determinando la obligación que tienen todas las personas responsables de niños ciegos en edad escolar de que éstos asistan a una escuela, si no quieren incurrir en graves sanciones. Tal medida pone en evidencia la falta de centros docentes para atender a la numerosa población de invidentes, lo cual provoca un movimiento de integración de los ciegos en las escuelas de los videntes que, en general, da excelentes resultados en este país. Asimismo, el Estado aumenta su ayuda a los institutos de ciegos y estos procuran actualizar y modernizar su pedagogía.
Esta política educativa, que fomenta la instrucción de los ciegos en las escuelas ordinarias, conviviendo con los escolares videntes, ha hecho que se cierren muchos institutos especiales para faltos de vista y que disminuya notablemente el número de organistas y otros instrumentistas entre los ciegos, porque en las escuelas de videntes no suele enseñarse música. En 1925 había en Italia 30 conservatorios donde los ciegos podían estudiar este arte, pero actualmente sólo tienen secciones musicales para alumnos sin vista los conservatorios de Milán, Roma y Napóles.

En 1924 Augusto Romagnoli realiza una inspección por todas las instituciones docentes de no videntes, comisionado por el Gobierno, y como respuesta al informe que de la misma eleva al Ministerio de Educación y Cultura, formulando un proyecto de reforma, éste da, el 27 de junio de 1924, una orden ministerial estableciendo el reordenamiento de las escuelas para ciegos; pero como faltan pedagogos para impartir sus enseñanzas a los privados de vista, Romagnoli, consecuente con su proyecto, al año siguiente remedia esta intolerable situación, fundando en Roma la «Escuela de profesores para los maestros de ciegos», que él mismo organiza y dirige, siendo ayudado muy eficazmente en esta labor por su abnegada esposa, Elena Coletta, y consiguiendo que esta escuela fuera oficialmente reconocida de utilidad pública por el Real Decreto n.° 2.483, del 15 de noviembre de 1925. La Ley n.° 1.734, del 30 de diciembre de 1960, reorganiza la «Escuela de Método para Educadores Ciegos», que toma la denominación de Instituto Estatal «Augusto Romagnoli», en recuerdo de su fundador, dedicada a la especialización de los educadores de ciegos. Está subvencionada por el Estado y en muchos aspectos sirve como centro de prácticas para los profesores de niños deficientes visuales. En ella se forman anualmente 16 educadores, de los que 8 son ciegos, durando los cursillos 8 meses.


Una magnífica escuela para rehabilitar a los ciegos, cuyas edades estuvieran comprendidas entre los 15 y los 60 años, se fundó en Florencia con la denominación de «Vittorio Emmanuele II» («Víctor Manuel II»). Su amplio edificio y sus bien equipados talleres, montados de forma que los invidentes puedan desenvolverse con facilidad entre su maquinaria, son un modelo en esta clase de instalaciones y no tienen que envidiar a las recientemente creadas en los Estados Unidos.

Con el fin de que los alumnos rehabilitados en este centro tuvieran puestos de trabajo al dar por terminada su formación, en Florencia se pusieron en funcionamiento una fábrica de calzado y otra de calcetines y tejidos de lana, dependientes del «Ente Nazionale di Laboro per i Ciechi» («Organismo Nacional del Trabajo para los Ciegos»), que es un organismo legalmente constituido y con personalidad jurídica propia, mediante el Real Decreto n.° 1.844, del 11 de octubre de 1934, y se ocupa, a nivel nacional, de todo lo concerniente a la problemática laboral de los privados de vista. Los productos elaborados en estos centros fabriles eran y son de excelente calidad, siendo adquiridos en su totalidad por el ejército y otros organismos, corporaciones, instituciones y establecimientos públicos.


La plantilla de los obreros de la fábrica de calzado es de 135, estando ciegos el 45 por 100. En la fábrica de tejidos trabajan 102 operarios, en su mayoría mujeres, de las que el 25 por 100 son invidentes.
Un Real Decreto dado en 1924, instituye en Italia la primera escuela de masajistas invidentes, siendo instalada en Florencia con la denominación de «Escuela Nacional de Masajistas Ciegos», de la cual cada año sale una promoción de 12 fisioterapeutas, que en seguida comienzan a trabajar en hospitales, clínicas y ambulatorios, porque su competencia está muy acreditada en todo el país.

El Real Decreto 1.334, de 31 de mayo de 1928, autoriza a los ciegos diplomados en fisioterapia por el instituto de Florencia a ejercer el arte del masaje.


Una Ley Orgánica dada en 1950, dispone que los masajistas no videntes tengan puestos de trabajo en los hospitales. La Ley 570, del 5 de julio de 1961, instituye, bajo el control del Instituto Profesional para Invidentes «Vittorio Emmanuelle II», de Florencia una escuela estatal para masajistas faltos de vista. La ley n.° 686, del 21 de julio de 1961, establece que en los centros asistenciales públicos, como hospitales, clínicas, sanatorios, etc., con un mínimo de 100 camas, obligatoriamente, debe darse colocación a un fisioterapeuta falto de vista, facilitándosele el instrumental idóneo y cuanto material precise para realizar eficientemente su cometido en condiciones favorables. En otro párrafo dispone esta ley que los hospitales generales con no menos de 200 camas, independientemente de la existencia y del número de puestos de trabajo, donde se practiquen curas ortopédicas y en los establecimientos termales pertenecientes a la Administración Pública, tanto civil como militar, están obligados a tener en su plantilla de personal un masajista ciego diplomado.
El Decreto-ley de 4 de mayo de 1964 autoriza la creación de una escuela para masajistas no videntes, dependiente del Instituto de Ciegos de Milán. En 1965 la Escuela Nacional de Masofisioterapeutas establece un plan de formación para los fisioterapeutas ciegos, que todavía está en vigor. En 1971 se promulga la ley de colocación obligatoria de los masofisioterapeutas invidentes italianos; y con un decreto de 1974 se crea la figura del terapeuta de rehabilitación, profesión para la que se preparan los invidentes con tres años de estudio intensivo y que tienen nivel universitario. Actualmente los terapeutas de rehabilitación ciegos no tienen los mismos derechos que los videntes de esta profesión, por lo cual la UIC demanda reiteradamente del Parlamento nacional —Cámara en la que hoy día son ciegos varios de sus miembros—, que los faltos de vista tengan la misma formación académica e igual categoría profesional que los videntes de esta disciplina. Actualmente son unos mil los invidentes que trabajan como fisioterapeutas, disfrutando una digna posición social, porque son bien considerados por sus colegas y tienen unos buenos ingresos.

Durante muchos años trabajó Augusto Romagnoli para que los tribunales académicos no objetasen argumentos que impidieran estudiar y examinarse a los ciegos en centros superiores, consiguiendo por fin que el Gobierno promulgara el Real Decreto n.° 653, del 4 de mayo de 1925, admitiendo a los candidatos ciegos a los exámenes de Estado en la escuela pública. En 1925, para conmemorar el centenario de la invención del sistema Braille, se empezó a publicar en Vicenza la revista políglota en puntos «Fischetta», que se editaba en italiano, español, francés, inglés, alemán y esperanto, cuya suscripción anual costaba 42 liras (siete por cada lengua). Leyendo los números de dicha publicación se comprueba que los ciegos italianos marchaban a la cabeza del movimiento tiflófilo europeo, como lo confirma el que en 1919 fue enviado por la Unión Italiana de Ciegos, a propuesta de Aurelio Nicolodi, a Vevey (Suiza) el invidente de guerra Teobaldo Daffra a organizar y estructurar las asociaciones de ciegos en aquel país vecino.


En 1934 le es encomendada a Teobaldo DafFra la dirección de la primera escuela italiana de perros-guía, que fue instalada en la finca Torre Rossa Varlungo, en Escandid, cerca de Florencia, siendo su primer instructor el suizo Gabril. En un período de tres meses se educa a unos 40 perros, de las razas pastor alemán y belga, terrier, groendandés, coolíes, biredald y otras, teniendo los animales de 15 a 30 meses de edad al entregarse ya entrenados.
En Italia es gratuita la asistencia veterinaria a los perros-guía, animales que son muy utilizados por los ciegos italianos, quienes también usan mucho el bastón recomendado por la técnica Hoover para sus desplazamientos. El Decreto-Ley n.° 956, del 27 de octubre de 1958, estableció en el Código de Circulación, que los conductores respeten a los ciegos que lleven bastón blanco u otro distintivo reconocible, cuando crucen la vía pública.
El Real Decreto n.° 119, del 23 de enero de 1930, crea la «Federación Nacional de Instituciones para Ciegos», cuyo cometido es coordinar todos los proyectos y actividades de las instituciones tiflológicas, aunando criterios para que se desarrollen los programas más beneficiosos y se economicen gastos y esfuerzos, siendo su comisión permanente la interlocutora oficial ante el Gobierno de la nación para resolver la problemática de estos centros.
El Real Decreto n.° 1.844, del 11 de octubre de 1934, instituye el «Ente Nacional de Trabajo para Ciegos», declarándose de utilidad pública la escuela de rehabilitación y formación profesional para no videntes, de Florencia; lo cual garantiza su funcionamiento y permite ampliarla y modernizarla con el fin de que aumente y mejore su productividad (véase lámina n.° 46).
En la década de los años 1930, el Gobierno dispone que pueden viajar un ciego y su acompañante en los ferrocarriles estatales y en los transportes urbanos con el precio de un solo billete, privilegio que obtuvo con su gestión el doctor Baineri, director del Instituto para Ciegos de Milán.
Lámina n. º 46 Laboratorio de Aurelio Nicolodi.
Antes de la Segunda Guerra Mundial era Italia uno de los países que más y mejores centros docentes para ciegos tenía, los cuales se encontraban perfectamente equipados de instrumental pedagógico especial, el más moderno empleado en la instrucción de los niños privados de la vista; contando, asimismo, con numerosos y bien seleccionados libros en sistema Braille para estudiar cualquier materia o conocer la literatura italiana y universal, proporcionándoles todo este excelente material bibliográfico la magnífica imprenta florentina para ciegos «Nicolo Tommaseo». Además, su profesorado era muy competente y especializado, porque, en general, se había formado en la Escuela para Maestros de no Videntes «Augusto Romagnoli». Es preciso hacer constar, que una característica muy interesante del sistema educativo de los privados de vista en Italia es que se les exige que, por lo menos un año de la escolaridad de estos deficientes físicos lo han de cursar en las escuelas públicas, estando en convivencia con los niños videntes de su misma edad y participando en todas las actividades colegiales de éstos.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial y encontrarse completamente arruinado el país, era imposible reconstruir las instituciones docentes para ciegos destruidas y las pocas que se conservaban en condiciones de ser habilitadas, resultaban insuficientes para atender a la numerosa población en edad escolar, por lo cual comenzó a generalizarse la costumbre de que los invidentes se educaran en los mismos centros que los videntes, pues el Gobierno no podía crear nuevos centros especiales y las sociedades filantrópicas debían concentrar todos sus esfuerzos en remediar la deplorable situación en la que se encontraban los muchos mutilados de guerra que había dejado tras de sí la contienda. Actualmente, los niños ciegos italianos son admitidos en las escuelas públicas, no porque los organismos competentes lo prescriban, sino merced a la insistencia de sus familias, que exigen que sus parientes con escasa o nula visión se eduquen en las mismas escuelas que los niños videntes y con iguales derechos que cualquier ciudadano en edad escolar.
El instituto romano «Augusto Romagnoli» tiene organizado un servicio de profesores itinerantes para impartir lecciones instrumentales y complementarias a los niños invidentes que estudian la enseñanza elemental en régimen integrado, a quienes la «Unión Italiana de Ciegos» les proporciona el material que precisen, gratuitamente o en muy favorables condiciones de pago. Esta política educativa está dando excelentes resultados, porque los videntes llegan a conocer perfectamente a los ciegos, y éstos adquieren relaciones que les proporcionan ventajas notables en el futuro para continuar sus estudios, colocarse o, simplemente, para desenvolverse en más propicios ambientes.
En Italia los internados de ciegos se reservan, casi exclusivamente, para aquellos que son plurideficientes; y, por consiguiente, necesitan un trato muy especial y una educación individualizada, que no les es posible recibir en una escuela pública. A estos escolares se les atiende en instituciones que tienen más carácter de asilo que de escuela; pues de conformidad con los informes médicos y del psicólogo responsable, se planifica su educación con programas especiales, cuyos principales objetivos son el que puedan ser autosuficientes en su cotidiano vivir y tengan alguna actividad, la cual, aunque no les reporte grandes beneficios económicos, sea una distracción para hacer más feliz su existencia, ya que se da por cierto que una vez terminada su escolaridad, no podrán vivir independientemente y serán asilados, protegidos por la «Unión Italiana de Ciegos», tutelados por alguna sociedad filantrópica o acogidos a la Beneficencia Pública, cuando sus parientes no puedan o no quieran mantenerlos.
Como modelo de institución docente de discapacitados visuales con otras deficiencias, existe la escuela fundada en 1976 en Cosima (Ancona) para niños sordo ciegos de ambos sexos, perfectamente equipada con modernos aparatos para el diagnóstico y entrenamiento del sentido del oído, siendo atendida por personal magníficamente preparado. Además, como complemento imprescindible tiene anejo un centro para sordo ciegos adultos, en el que los afectados pueden permanecer recogidos, encargándose el establecimiento de satisfacer todas sus necesidades. La Ley n.° 29, del 21 de febrero de 1977, estableció una pensión vitalicia de considerable cuantía para los individuos que no hablan ni oyen ni ven; pensión que se ha aumentado notablemente en 1989.
En general, se presta en Italia gran atención y apoyo a la educación de los sordomudos y ciegos, habiendo alcanzado alguno de estos disminuidos físicos fama mundial, como es el caso de Eugenio Malossi (38). A estos deficientes se les enseña un oficio o trabajo artesano, como el de encuadernador (véase lámina 47), cestero, tejedor, etc., y se les emplea en los mismos centros docentes especializados, donde han sido educados, con el fin de que se encuentren protegidos en todo momento, se favorezca su incorporación al mundo laboral y, al mismo tiempo, mantengan sus relaciones sociales y se consideren hombres de provecho, porque ganan un salario y son útiles a sus semejantes. Al final de este capítulo presentamos la biografía de la sordo ciega Pinuccia Manetti, cuyo proceso educativo es muy interesante.
Un extraordinario caso de ciego con otras minusvalías es el de Giovanni Papini (1881-1956), hombre autodidacta de talento singular, que adquirió una vasta cultura y fue autor de la obra «Mostra Personale» para estímulo de los marginados. Se quedó ciego y paralítico, pero continuó dirigiendo su revista «Leonardo» y publicando interesantes obras de variada temática, dando un admirable ejemplo de cómo se supera cualquier dificultad con una férrea voluntad. La última obra escrita y publicada por Giovanni Papini, «II Diabolo», ha suscitado grandes polémicas, acusándose a este toscano (Papini había nacido en Florencia) de infidelidad religiosa, no obstante haber dado pruebas de ser ferviente católico. El Vaticano ha prohibido la venta del «II Diabolo» a los libreros católicos, mientras no sea este libro examinado y calificado por la Congregación de la Doctrina de la Fe (antes Santo Oficio).
En el primer cuarto del siglo XX destacaron algunos italianos ciegos como polígrafos e historiadores, lo que decidió a Paolo Bentivoglio en 1930, cuando fue nombrado director del Francesco Cavazza de Bolonia, a organizar en el instituto un programa de carácter integrado con respecto a las carreras de Letras y, fundamentalmente, referido a la especialización en Historia y Filosofía, materias que no presentan grandes dificultades instrumentales para los no videntes. Esta política académica contribuyó extraordinariamente a que se generalizara entre los invidentes el afán de matricularse en la universidad para cursar estas carreras y algunas otras más problemáticas.
(38) Véase su biografía al final de este capítulo.

Lámina n. º 47 Ciega encuadernando


En el Instituto Francesco Cavazza de Bolonia funciona un centro de formación profesional en el cual se capacita a los faltos de vista para ser telefonistas, programadores de ordenador, reveladores de cámara oscura, técnicos en informática y operadores en los más sofisticados aparatos electrónicos, mediante unos cursillos que, como mínimo, pueden durar nueve meses y que se imparten en el centro con la colaboración del ASPRI (Instituto Politécnico Industrial). Para ser admitido en estos cursillos el aspirante debe ser menor de 14 años, tener buena constitución física, ser italiano ciego y estar en posesión del diploma de la escuela media, de la superior o de una licenciatura; teniendo preferencia quien domina la lengua inglesa y el manejo del optacón (véase lámina n.° 48) (39).

Los alumnos que se diploman en algunas de las profesiones citadas anteriormente, tienen un 90 por 100 de probabilidades de ejercerla en un buen empleo bien remunerado, porque están amparados por la ley promulgada el 30 de junio de 1950, que favorece la colocación de los especialistas invidentes.


Entre las iniciativas desarrolladas por la Unión Italiana de Ciegos para sacar provecho de la ley anterior, mencionaremos los cursos para la formación de radio telefonistas no videntes, que empezaron a impartirse a finales de 1954. Italia es la cuna de la radio, puesto que su inventor, Guillermo Marconi, nació en este país y la radio parece ser el invento ideado a propósito para los ciegos. Por consiguiente, en Italia son muchísimos los faltos de vista que prestan gran atención a este maravilloso «ingenio» y que se ganan el diario sustento con trabajos relacionados con las ondas hertzianas. Es en la península Apenina donde la proporción de radioaficionados ciegos es mayor, y ellos establecen Q.S.L., con colegas del mundo entero y dedican varias horas al día a conversar con personas de toda índole por un poco de dinero y sin moverse de su casa, utilizando su equipo de radiotelegrafía sin hilos (véase lámina n.° 49).
Lámina n. º 48 Ciego leyendo con optacon.

(39) En el mundo son 8.000, aproximadamente, los usuarios del optacon, distribuidos por 70 países, siendo 500 los italianos ciegos, principalmente niños en edad escolar. El más importante centro para capacitar en el manejo de este aparato a los invidentes de este país está en Genova, de cuyo puerto zarpó el transatlántico Rostabeli, en el cual se celebró el congreso mundial sobre el uso del optacón, del 20 al 26 de mayo de 1983. Últimamente se observa una subestimación de este artilugio, que cada día es menos utilizado por los privados de vista.

Lámina n. º 49 Radioaficionado ciego.
Las autoridades responsables de la radiotelevisión y de las comunicaciones prestan un gran apoyo al Club de Radioaficionados, fundado por un ingeniero ex dirigente de una fábrica de material electrónico, quien perdió la vista efectuando experimentos con rayos láser, y que es actualmente su presidente, publicando el Club en Braille la revista «Técnica Electrónica» y en cassette el periódico sonoro «Radard». Los socios tienen, además, un servicio de asistencia técnica por correspondencia, encomendado al profesor del Francesco Cavazza, Gino Fiangale, presidente en Bolonia.
El Gobierno italiano siempre promocionó y favoreció la profesión de telefonista entre los ciegos, dando facilidades para la colocación de éstos, como lo prueba la legislación promulgada al respecto:
Ley n.° 21, del 2 de mayo de 1957, de la región siciliana, estableciendo la asunción obligatoria por parte de la Administración, de los poderes públicos y de las instituciones oficiales locales, de un telefonista ciego por cada oficina o establecimiento dotado de una centralita telefónica. La iniciativa siciliana fue confirmada dos meses después por el Gobierno central, promulgando la Ley n.° 594, del 14 de julio de 1957, disponiendo la asunción de obligatoriedad de un telefonista ciego por las instituciones públicas y privadas que tuvieran una centralita telefónica.
El 28 de julio de 1960 se publica la ley concerniente al empleo obligatorio de un telefonista sin vista, disponiéndose que en las oficinas, instituciones y empresas estatales con un mínimo de 100 trabajadores, o en establecimientos privados, cuya centralita telefónica tenga al menos cinco líneas exteriores, debe ser ésta manejada por un operador que sea deficiente visual.

El 15 de mayo de 1982, el Gobierno promulgó una circular interpretativa de la Ley n.° 397, dada el 3 de junio de 1971, en la cual se declaraba de modo definitivo el derecho de todos los operarios telefonistas de la UIC a estar exentos de pagar el teléfono de su domicilio particular.


Uno de los más importantes cometidos del instituto bolones Francesco Cavazza es la preparación de los profesores itinerantes o de apoyo para la enseñanza integrada de los ciegos. Como complemento de esta capacitación, tiene aneja una fábrica en la que se construyen cuantos aparatos adaptados necesitan los invidentes para su instrucción y cotidiano vivir, como calculadoras Braille, mapas, planisferios, maquetas, brújulas, módulos de Braille para centralitas telefónicas, máquinas dactilográficas, bastones, relojes, etc. Dispone de un equipo de óptimos y expertos manipuladores para fabricar todos los aparatos útiles que se requieren en la rehabilitación de quienes conservan algún resto de visión.
Después de la Segunda Guerra Mundial la carrera de magisterio dejó de ofrecer tentadoras perspectivas económicas y de prestigio para las personas videntes, lo cual ha propiciado el que a los ciegos les sea más fácil tener acceso al desempeño de un puesto como profesor en instituciones docentes públicas o privadas. Sin embargo, continúan siendo excluidos de otras muchas actividades de rango superior, pues salvo un reducido contingente de abogados, intérpretes y gestores, les está vedado prácticamente, por ejemplo, el desempeñar un puesto de trabajo en la Administración Pública, que en Italia tiene mucho más carácter de élite que la labor docente y literaria.
Un caso digno de mención es el de Vanda Dignani, ciega con espíritu luchador que se presentó a las elecciones por el Partido Comunista y fue elegida para la Cámara de Diputados de Italia, siendo la primera persona invidente que trabaja en el Parlamento italiano. Vanda Dignani es profesora de literatura en un liceo y perdió la vista en su tierna infancia por causa de unos colirios recetados equivocadamente por un oculista y que le quemaron los ojos. Esta decidida dama lucha por hacer valer los derechos de los disminuidos visuales en la nueva legislatura.
Con el fin de que los deficientes visuales pudieran cursar estudios secundarios y superiores, para después acceder al desempeño de los puestos de trabajo propios de la carrera cursada, fueron necesarias leyes que promocionasen y protegieran a los invidentes en estas actividades, pues no obstante ser muchas las personas que dentro y fuera de Italia habían demostrado y seguían probando que, pese a estar ciegas, podrían continuar desempeñando eficientemente su cargo directivo y de responsabilidad, la sociedad mantenía en vigor un trato paternalista y de beneficiencia con respecto a los ciegos. Fue Augusto Romagnoli, el gran pionero de los deficientes visuales italianos, quien obtuvo del Gobierno la promulgación de una legislación que permitiera a éstos ejercer cargos docentes y directivos en instituticiones públicas. Cuando él falleció en el año 1946, los invidentes solamente habían conseguido ser admitidos en los centros docentes de enseñanza media y superior; pero una vez terminados sus estudios, únicamente podían ejercer su carrera de forma particular, en centros privados. Sin embargo, la semilla dio fruto y actualmente los privados de la vista disponen de halagüeñas perspectivas en todas las instituciones estatales de enseñanza, principalmente en los grados medio y superior.
La enseñanza media y superior pueden cursarla todos los ciegos que lo deseen en los centros docentes públicos, y para iniciar estos estudios es preciso tener cumplidos los 14 años de edad. La estructuración del sistema escolar italiano en ciclos de enseñanza y en materias asignadas a cada cátedra ha facilitado los estudios secundarios y universitarios a los ciegos, siendo la base para el ejercicio de las carreras cursadas por éstos, una legislación protectora, que les estimula a superar las dificultades que, objetivamente, presenta el desempeño de una actividad docente para un falto de vista.
La Federazione delle Istituzione dei Ciechi y la Unión Italiana de Ciegos han sabido continuar con tesón y acierto la labor iniciada por Augusto Romagnoli, y hoy día son realidad muchos de los sueños que antaño ilusionaban a los deficientes visuales. Un ejemplo de ello lo tenemos en la legislación vigente; destacando entre las disposiciones estatales que favorecen la formación académica y profesional de los ciegos, además de las ya citadas, las siguientes:
—Real Decreto n.° 1.949, del 29 de agosto de 1941, que reforma la escuela secundaria para ciegos.
—Real Decreto n.° 1.002, del 3 de septiembre de 1947, que prevé la concesión de una paga especial a los monitores en servicio en las escuelas para invidentes.
—Ley n.° 1.463, del 23 de octubre de 1952, que establece la legalidad y validez de las escuelas para privados de vista ya reconocidas por el Estado.
—Decreto-ley del 13 de abril de 1953, que declara exento de aranceles y tasas postales el material usado por los faltos de vista.
—Ley n.° 645, del 9 de agosto de 1954, eximiendo a los estudiantes ciegos de pagar las tasas de matriculación y de examen en las escuelas elementales, medias y superiores.

La Ley del 5 de enero de 1955, número 12 (publicada en el «Boletín Oficial del Estado», n.° 20, el 26 de enero de 1955), da normas para la admisión de licenciados y diplomados ciegos en los exámenes de capacidad para la enseñanza y con objeto, asimismo, de poder participar en las oposiciones a cátedra. En esta ley se dispone lo siguiente:


Artículo 1.°- Los licenciados y diplomados ciegos serán admitidos para participar en oposiciones a cátedra para la enseñanza en escuelas estatales o equiparadas, de las materias jurídicas y económicas, historia, filosofía, música y canto, así como para todas aquellas materias que no conlleven la corrección de trabajos de clase, experimentos de laboratorio y ejercicios escritos.
Artículo 2.°— También son admitidos en los exámenes de capacidad para la enseñanza de las materias no incluidas en el artículo anterior, pero tal capacitación, sin embargo, sólo tiene validez para enseñar en los institutos especializados en educación de carentes de visión.
Artículo 3. °— Se abrogan para los profesores ciegos las normas relativas a los límites de edad para la participación en las oposiciones.
La ley anterior fue modificada por la Ley n.° 601, promulgada el 4 de junio de 1962 («BOE», n.° 117, del 5 de julio de 1962), añadiendo al artículo 1. ° de la ley de 5 de enero de 1955, n.° 12, el siguiente texto:
«Los licenciados ciegos son, asimismo, admitidos para participar en las oposiciones a cátedra para la enseñanza del italiano, latín y griego en los liceos clásicos italianos; latín e historia en las escuelas de magisterio; italiano y latín en los liceos científicos; italiano e historia en los institutos técnicos; lenguas extranjeras en cualquier tipo de escuelas».
Ley n.° 1.293, del 14 de diciembre de 1955, definiendo la materia jurídica en las escuelas secundarias para ciegos.
Ley n.° 1.449, del 27 de diciembre de 1956, que exime a los universitarios ciegos de pagar las tasas correspondientes, si están en estado de necesidad.
Ley n.° 321, del 2 de abril de 1958, que exime a los alumnos ciegos de pagar las tasas en los conservatorios y liceos musicales.
Ley n.° 190, del 3 de marzo de 1960, que modifica la ley n.° 1.463, del 26 de octubre de 1952, sobre el paso de la escuela elemental de ciegos a depender del estado, instituyendo un cargo especial de coordinador para los maestros de música en dichas escuelas.
Ley n.° 1.396, del 29 de octubre de 1960, que establece un cargo especial para los directores en servicio de las escuelas elementales para ciegos.
El artículo 16, de la Ley del 28 de julio de 1961, dispone que los profesores ciegos capacitados tengan acceso a las cátedras disponibles, compitiendo con los profesores videntes.
Ley 1.073, del 24 de julio de 1962, cuyo artículo 35 dispone que los alumnos de las escuelas elementales de ciegos tienen derecho a recibir los textos gratuitamente.
A finales de 1967 se promulgó en Italia una ley por la cual se autorizaba a los ciegos, con la titulación idónea, a regentar cátedras en las universidades italianas, y, asimismo, a enseñar en las escuelas ordinarias de enseñanza elemental, pero exigiéndoles en estas últimas que tengan un asistente durante el desarrollo de las lecciones, con el fin de mantener la disciplina y facilitar el trabajo mecánico en el aula.
Ley n.° 576, del 26 de julio de 1970, reconociendo plenamente y a todos los efectos el servicio de los profesores ciegos en las escuelas secundarias normales y también el servicio del personal docente y no docente sin vista en las escuelas elementales y secundarias especiales para ciegos.
La ley 517, dada el 4 de agosto de 1977, autoriza la asistencia de los no videntes a las escuelas ordinarias y otros centros académicos, donde tendrán derecho a ser educados e instruidos adecuadamente, como cualquier otro ciudadano. De esta forma se legaliza la enseñanza integrada de los invidentes, quienes ya la aprovechaban desde hacía muchos años.
El artículo 61, de la ley de 29 de mayo de 1982, establece cómo han de ser los exámenes de los licenciados ciegos para optar a plazas y determina el tanto por ciento que se ha de reservar a estos invidentes en los concursos-oposición para ocupar éstas.
Merced a la legislación italiana en materia de enseñanza, los no videntes de esta nación han conseguido triunfos como profesores de videntes en institutos, universidades (40) y todo tipo de escuelas; éxitos que no tienen parangón en otros países, donde los invidentes ponen como ejemplo estos positivos hechos para recabar de sus respectivos gobiernos medidas y normativas que les permita emular a los titulados italianos, evidenciando el poco fundamento de las objeciones que impiden aún, por causas de obstáculos legales y de todo orden, la presencia de ciegos en los cuadros docentes de las instituciones estatales. En Italia, según los últimos datos, el número de ciegos que se dedican a la enseñanza en centros docentes de videntes es actualmente de unos mil.
En la década de los años 1970, la Unión Italiana de Ciegos fomenta la educación física y la práctica del atletismo, el tiro con escopeta, la carrera, la natación, el windsurf, el ciclismo y algunos otros deportes. Desde enero de 1979 funciona con gran éxito una escuela de esquí para ciegos en Novara, practicando los invidentes el entrenamiento en la pista del Moro, sobre el Macugnaga, en la falda del monte Rossa, en Novara (cantón de Tizino). La primera exhibición pública de estos alumnos se celebró en el Congreso Mundial de Esquí, en la ciudad de Zao (Japón), en 1980, donde 20 de ellos evolucionaron diestramente por la pista nevada. Los ciegos italianos practican todos los deportes de nieve, merced a la ayuda que les presta el Club de los Leones «Verbania».
El Club de los Leones despliega gran actividad por todos los continentes en favor de los no videntes y en Italia desarrolla admirables programas filantrópicos, repartiendo material idóneo, ropas y alimentos entre los necesitados. Así, por ejemplo, puso a disposición de la administración provincial de Ravena y de las comunidades de Faenza —con destino a 40 ciegos—, diverso material especial, como relojes, balanzas, magnetófonos, bastones blancos, detectores de luz, básculas y calculadoras parlantes, etc.
El Club de los Leones en colaboración con la UIC, consiguió que en todas las ciudades de este país funcionen semáforos sonoros y que desde mediados de mayo del año 1982, el Gobierno italiano pusiera en circulación una moneda de 500 liras, que lleva la inscripción de su valor en Braille para que sea bien reconocible por los no videntes. Asimismo, logró este club, que en Turín y en otras urbes, las farmacias presenten algunos productos con envases que llevan escrito en Braille el nombre del medicamento; indicativo que pronto se adoptará en toda Italia, con objeto de facilitar su identificación a los faltos de vista.
Pretendiendo mejorar el aprendizaje de los escolares invidentes, la didáctica de los docentes sin vista y el trabajo de los asociados a la UIC, en general, en Milán funciona un Centro Nacional Tiflotécnico (el TNT), que se ocupa de distribuir el material pedagógico, científico, social, recreativo y de todo tipo, que utilizan los ciegos en el extranjero y que esta institución importa o fabrica para ponerlo a disposición de cuantos invidentes italianos se lo soliciten, vendiéndolo a módicos precios, en cómodos plazos y dando toda clase de garantías y facilidades.
Completando la labor del TNT de Milán, el día 5 de marzo de 1983 se inauguró en Turín un complejo automático computerizado de transcripción de libros al sistema Braille con el cual pueden imprimirse más de 850 páginas a la hora (más de 275 letras por segundo), que por su importancia es el tercer centro de producción Braille de Europa, pues está dotado de los más modernos y sofisticados medios para realizar estos trabajos.
(40) Cecilia Moioli, ciega desde muy niña, es diplomada en la Universidad de Bocconi, donde da lecciones de lengua inglesa, en la cual se perfeccionó en la Universidad de Cambridge con el notable diploma de «Proficienty».
Esta labor cultural en favor de los invidentes se completa con un magnífico servicio del Libro Hablado, que dispone de un buen estudio de grabación y una biblioteca sonora con 80.000 cassettes, que la UIC presta y envía gratuitamente a cuantos se lo solicitan; perfeccionando su trabajo de información este colectivo con la publicación y difusión de muchas revistas en Braille, entre las cuales destacan las siguientes: «Gennariello» (infantil), «Faro» (musical), «Corriere Braille» (tiflológica), «Goce Amic» (femenina), «Luce e Amore» (recreativo), «Ascenderé» (deportiva), «Luce con Luce» (de variada temática), «El Progresso» (científica) y «Gazeta Musicale dei Ciechi» (informativa musical con obras de este arte).
Desde que a principios del siglo XX fundara Augusto Romagnoli la Unión de Ciegos Civiles Italianos, esta sociedad no ha descansado en la búsqueda de soluciones para resolver la problemática de los faltos de vista, creando talleres protegidos, intensificando la enseñanza de trabajos artesanales en los centros docentes de ciegos, con el fin de propiciar la incorporación de éstos al mundo laboral en las empresas de videntes, planificando el trabajo a domicilio de los no videntes y, principalmente, colocándolos en talleres y fábricas ajenos a la UIC.
Al terminar la Primera Guerra Mundial eran muchísimos los italianos mutilados que habían perdido la vista, siendo algunos de ellos muy inteligentes y decididos, con una sólida formación profesional, quienes acordaron fundar una asociación de ciegos para recabar de los poderes públicos una protección eficaz, que les permitiera vivir dignamente sin tener que recurrir a la caridad ajena, mendigando o ingresando en un asilo u hospicio. El líder de esta asociación de mutilados de guerra fue Aurelio Nicolodi, quien, como hemos dicho, fundó en 1920, con la colaboración de Augusto Romagnoli, la Unión Italiana de Ciegos, fusionándose en ella las asociaciones de invidentes civiles y de guerra. El bien hacer de la UIC hasta 1945 es, en general, obra del genial y activo Nicolodi, quien, al terminar la Segunda Guerra Mundial, estaba ya muy agotado y prematuramente envejecido, porque durante 25 años se había consagrado intensa y abnegadamente al servicio de los privados de vista. El citado conflicto bélico, al igual que en otros países, sensibilizó a las autoridades y a la opinión pública para, además de las medidas asistenciales pertinentes, encontrar soluciones a la problemática que se les planteaba a los numerosos jóvenes con título universitario o profesional que habían perdido la vista en la contienda o por causa de ella. Tal situación motivó la promulgación de muchas de las leyes que hemos reseñado anteriormente y algunas otras.
La Segunda Guerra Mundial causó en Italia un gran contingente de mutilados ciegos a los que era muy urgente socorrer y rehabilitar, pero Aurelio Nicolodi no se encontraba con las fuerzas físicas necesarias para afrontar con éxito la nueva situación social de los invidentes, renunció en 1945 a la presidencia de la Unión Italiana de Ciegos, retirándose de la vida política activa para dedicar los últimos años de su existencia a su familia. Le sucede en el cargo Paolo Bentivoglio, segundo presidente de la UIC (1945-1965) y durante todo el tiempo de su mandato recorre este nuevo líder infatigablemente toda la península Apenina de Norte a Sur, hasta dos días antes de su muerte, buscando la solución a cuantos problemas preocupan hondamente a sus compatriotas faltos de vista. Entre sus éxitos al frente de la UIC destacamos los siguientes:
En 1946 se crea el «Instituto de Casas Populares para Ciegos», que se ocupa de proporcionar viviendas baratas y confortables a los invidentes con problemas de alojamiento. Este instituto obtiene el reconocimiento de su personalidad jurídica por el Decreto Ley n.° 344, del 25 de enero de 1951.
Para ayudar a los ciegos en su miserable situación, el Gobierno, que carece de fondos, porque la Segunda Guerra Mundial ha arruinado al país, promulga la Ley n.° 40, del 22 de diciembre de 1946, concediendo una indemnización por acompañante a los faltos de vista totales y a quienes conserven un resto visual que —con los cristales correctores pertinentes en ambos ojos—, no superen un veinteavo de la visión normal en la escala de Wecker.
Ya consignamos que el Gobierno promulgó la Ley n.° 1.047, del 23 de septiembre de 1947, que puso a la UIC bajo la vigilancia de la Presidencia del Consejo de Ministros; la cual se encarga de la tutela de los intereses morales y materiales de todos los ciegos italianos, dándoles derecho a exigir sus legítimas reivindicaciones, y siendo su principal o primera reclamación el disfrutar de asistencia social.
En julio de 1948, el Estado concedió a los ciegos más indigentes 2.000 liras mensuales para alimentos, delegando en la UIC la administración de esta ayuda que era muy insuficiente para remediar la angustiosa miseria que padecían aquéllos a quienes se pretendía socorrer, por lo cual la UIC continuó presionando al Gobierno sobre esta cuestión, logrando que en 1949 se subiera esta subvención a 4.000 liras. Sin embargo, esta cantidad era demasiado exigua para alimentar a los muchos necesitados, y la sociedad tiflológica persistió en sus demandas de que se aumentara la ayuda a los faltos de vista indigentes, obteniendo como respuesta promesas incumplidas, que la determinaron a tomar medidas drásticas.
En el año 1950 Paolo Bentivoglio organizó y presidió el Congreso Internacional de Ciegos celebrado en Florencia, donde se tomó el importante acuerdo de que las instituciones tiflológicas, en general, y los invidentes en particular, no pagasen franquicia postal en el envío del material tiflológico ni en su correspondencia escrita en Braille, disposiciones que entraron en vigor al año siguiente en Italia, beneficiándose de importantes descuentos en la adquisición de cualquier material de este tipo los faltos de vista italianos y sus centros tutelares.
En 1951 se constituye el Consejo Mundial del Braille, con la cooperación de Italia, donde la UIC realiza entonces una intensa campaña para promocionar este sistema de lectoescritura francés para conmemorar el centenario de la muerte de su genial inventor en 1852.
El acuerdo de Florencia sobre el material tiflológico y los escritos en Braille, la constitución del Consejo Mundial del Braille y ciertas circunstancias socio-políticas determinaron al gobierno italiano en la década de los años 1950 a promulgar una legislación, legalizando la firma de los faltos de vista cuando suscriben documentos en presencia de dos testigos y haciendo constar el notario o funcionario vidente responsable que, previamente a su firma, se leyó el texto ante el ciego interesado. Un hecho muy importante que se ha conseguido tras largas deliberaciones de la UIC con los representantes del gobierno y que ha mejorado notablemente la situación social de los invidentes, permitiéndoles ejercer sus derechos de ciudadano e imponer su voluntad en sus asuntos privados, favoreciendo, incluso, su status matrimonial.
En mayo de 1954 los ciegos civiles iniciaron desde Florencia «La marcha del dolor», que llevó hasta Roma a miles de invidentes de toda Italia para denunciar su miserable situación a la opinión pública. La respuesta de los poderes estatales no se hizo esperar, y después de tres meses de haberse realizado aquella manifestación, fue promulgada una ley que hacía vitalicia la pensión a los no videntes en la siguiente cuantía: 14.000 liras. mensuales para los ciegos absolutos, 12.000 a los que tuvieran un residuo visual no superior a un veinteavo de la visión normal en la escala de Wecker; y 10.000 liras para quienes conservaran un resto de visión superior a un veinteavo y que no excediera de un décimo de la plena visión en la citada escala. Además, se creaba la «Obra Nacional de Ciegos Civiles» con el fin de administrar estas ayudas, organismo que actuaría con tanta lentitud y una fiscalización mucho más exigente que la del Estado, pues para obtener la pensión un solicitante, su familia no debía tener más de 15.000 liras mensuales de ingresos por cabeza. Por otra parte, las indagaciones fiscales eran tan laboriosas, que se hacían interminables y un ciego solía esperar largos años antes de cobrar su pensión.
El Decreto-ley n.° 32, del 15 de enero de 1956, regula la aplicación de la Ley n.° 632, del 9 de agosto de 1955, que establecía la pensión vitalicia en favor de los ciegos civiles; y la circular del 24 de octubre de 1958 establece que los ciegos beneficiarios de la pensión vitalicia tengan plena asistencia mutualista de los organismos locales, haciendo extensiva esta percepción a sus familiares directos.
La UIC logró que, el 19 de enero de 1962, el gobierno promulgara una ley aumentando las pensiones anteriores en la cuantía siguiente: los ciegos totales cobrarían 18.000 liras mensuales, quienes tuvieran como máximo un veinteavo de la visión normal, percibirían 14.000; y los deficientes visuales con más de un veinteavo y menos de un décimo de visión tendrían 12.000 liras mensuales de pensión. Pero la UIC hubo de luchar mucho con objeto de que se cumpliera esta ley, tardando tres años los faltos de vista en percibir estas nuevas cantidades como pensión. La batalla por esta mejora social la había iniciado y mantenido Paolo Bentivoglio, quien, desgraciadamente, no pudo gozar del éxito final, porque murió en Roma el 22 de diciembre de 1965.
La UIC obtuvo del gobierno la promulgación del Decreto-ley del 22 de agosto de 1954, concediendo la reducción del 40 por 100 sobre la tarifa normal en tren a los ciegos y a sus acompañantes, mediante la presentación de un carnet confeccionado al efecto por dicho colectivo tiflológico. La disposición anterior fue perfeccionada por el Decreto interministerial n.° 3.551, del 22 de marzo de 1963, disponiendo la reducción del 50 por 100 en las tarifas ferroviarias normales para los viajes efectuados por los ciegos y sus acompañantes.
La Circular Telegráfica del Ministerio de Correos n.° 624.307, del 28 de enero de 1958, por la cual las cartas en puntos para la correspondencia con el interior o con el extranjero no tendrán que pagar la franquicia postal, fomentó extraordinariamente las relaciones sociales de los invidentes, elevando su nivel cultural.
El 19 de enero de 1962 se publica la ley por la cual se eleva la asignación mensual, que ya venían percibiendo los ciegos adultos como compensación a su salario, y se considera esta ayuda, en lo sucesivo, como pensión, cuya cuantía era en 1982 de 139.350 liras mensuales para los adultos con visión no superior a un veinteavo de la escala de Wecker; y de 150.685 liras mensuales para los ciegos totales. También perciben 139.315 liras mensuales los discapacitados visuales de los dos grupos citados, cuando están asilados en hospicios y otras casas de misericordia. Igual ayuda reciben los carentes de visión menores de 18 años de edad. Estas pensiones sólo afectan a los invidentes civiles, cuya ceguera no sea consecuencia de un accidente laboral, porque los ciegos de guerra y quienes perdieron la vista trabajando, pertenecen a otras categorías de pensionados y perciben más subsidio. La ley que comentamos dispone que sea gratuito el servicio médico farmacéutico para aquellas personas que no tienen derecho a percibirlo por algún otro concepto.
La Unión Italiana de Ciegos se ocupa de cuantas cuestiones de asistencia social puedan beneficiar a sus asociados, y para ellos creó, por ejemplo, el «Don Cario Grochi» en 1963, centro nacional para los donantes de ojos, llamado así en recuerdo del sacerdote Cario Grochi, que fue la primera persona que dispuso en su testamento que, a su muerte, fueran usadas sus córneas para trasplante. La ley n.° 235, del 3 de abril de 1957, autoriza a quitar las córneas de los ojos a los cadáveres de las personas que hayan hecho esta cesión en el testamento para que se hagan trasplantes. Esta cesión puede hacerse, igualmente, si el cónyuge o los familiares del difunto dan su consentimiento, si es que no existe dicha disposición testamentaria. El «Don Cario Grochi» viene realizando una meritoria labor para la prevención de la ceguera desde su fundación, disponiendo de una clínica móvil para atender en las zonas rurales apartadas a cuantas personas tengan problemas oculares.
El último éxito de Paolo Bentivoglio fue conseguir que el Gobierno promulgase la Ley n.° 122, del 9 de marzo de 1964, otorgando la concesión de la reventa de periódicos a favor de los ciegos.
A Paolo Bentivoglio le sucedió en la presidencia de la Unión Italiana de Ciegos, Giuseppe Fucá (41), quien en 1968 obtiene su primer éxito al conseguir del Gobierno una indemnización de 10.000 liras mensuales para el acompañante de un ciego total; indemnización reducida a la mitad, si el invidente percibe más de una pensión de la «Obra Nacional de Ciegos Civiles», aunque éstas sean cantidades muy pequeñas.
(41) Véase su biografía al final del capítulo.

La Ley n.° 382, del 27 de mayo de 1970, establece las siguientes pensiones: 32.000 liras al mes para los ciegos totales, 25.000 liras mensuales para quienes tengan un resto visual no superior a un veinteavo de la visión normal en la escala de Wecker y 18.000 liras al mes para los deficientes con un resto visual superior a un veinteavo y que no exceda de un décimo. En los tres casos al año tendrá 13 pagas, puesto que en navidades habrá una pensión extraordinaria, y, además, se exige que los beneficiarios no tengan unos ingresos mensuales superiores a las 80.000 liras.


La misma ley establece 10.000 liras mensuales para los acompañantes de los ciegos totales, y también el desligamiento de la «Obra Nacional de Ciegos Civiles», y, por lo tanto, desde el 1 de enero de 1971, las demandas para obtener la pensión y la indemnización para acompañantes deben formularse a la Comisión Sanitaria Provincial, presentando el informe del médico de la misma.
La Ley n.° 585, «Nuevas Disposiciones sobre Pensiones de Guerra», del 28 de julio de 1971, modifica la Ley n.° 313, mejorando notablemente las pensiones de los deficientes visuales que perdieron la visión en alguno de los conflictos bélicos en los que participó Italia.
La Ley n.° 49, promulgada el 22 de diciembre de 1976, equiparó la indemnización por acompañante de los no videntes absolutos con la percibida por los ciegos de guerra; pero por causa de la inflación y del mal estado de las finanzas del tesoro italiano, no se puso en vigor hasta enero de 1982.
La Ley n.° 29, dada el 21 de febrero de 1977, incrementó las pensiones de los ciegos y de los sordomudos, como ya dijimos.
El artículo 14, párrafo 7.°, de la Ley n.° 33 de 1980, establece el límite de un veinteavo de residuo visual para tener derecho a la pensión, considerándose a estos disminuidos físicos como ciegos absolutos; y retirándose esta ayuda a quienes, viendo más de un veinteavo, ya la percibían.
El Decreto n.° 834, del 30 de diciembre de 1981, establece un aumento para las pensiones de los mutilados de guerra; incrementando también el subsidio para su acompañante. Ya en el Decreto n.° 9, del 21 de diciembre de 1948, se daban normas para las ayudas y subsidios a los mutilados de guerra o inválidos de ella.
«La Gaceta Oficial» n.° 251, del 13 de septiembre de 1982, publicó el decreto del Ministerio de Sanidad aprobando la concesión de prótesis a los disminuidos físicos, contándose entre los beneficiados los deficientes visuales. Dicho decreto estableció los precios de diferentes objetos y aparatos adaptados para ser utilizados por los ciegos.
La Ley n.° 3.573/1983, en su artículo 1. °, establece que, a partir del 1 de enero de 1984, los invidentes civiles con un residuo visual inferior a un veinteavo de la visión normal en la escala de Wecker, después de las correcciones idóneas, percibirán una indemnización por acompañante, cuya cuantía será el 40 por 100 de la concedida por el mismo concepto a los ciegos totales por la Ley n.° 40, del 22 de diciembre de 1946.
Las leyes citadas fueron largamente esperadas por los deficientes visuales italianos y son el resultado de una ardua y laboriosa gestión, llevada a cabo durante muchos años de continua presión sobre el Gobierno de la nación por la Unión Italiana de Ciegos, colectivo que en 1980 publicó una estadística sobre los trabajadores invidentes en activo aquel año en Italia, resultando los siguientes datos: 2.000 son telefonistas en empresas públicas o privadas, en centros sanitarios hay 600 fisioterapeutas, en escuelas públicas, institutos y universidades se cuentan 550 profesores; se censaron 200 maestros en instituciones tiflológicas, 3.000 son comerciantes o regentan pequeños negocios, 200 desempeñan su cometido como oficinistas o empleados en instituciones públicas u organismos para deficientes visuales, 50 trabajan como mecanógrafos, traductores o copistas, 100 actúan como abogados o se dedican a otras profesiones liberales, 1.000 trabajan en la industria, 80 son agricultures y 2.500 son músicos.
No hay duda de que la profesión más practicada por los no videntes italianos es la de músico en sus múltiples facetas, como se comprobará en las biografías que ilustran este capítulo, siendo numerosos los artistas que destacan a un mismo tiempo como organistas, compositores y profesores. Citamos seguidamente, algunos músicos sin vista, cuya fama traspasó las fronteras y de los cuales tenemos escasos datos.
Organistas sobresalientes fueron Michele Vitali, de Bérgamo, quien obtuvo en 1900 el título de maestro de órgano. Umberto Sala, de Vablate, organista y compositor, que actuaba en el santuario de Caravaggio; Giovanni Mina, organista y compositor contemporáneo, especializado en música antigua, y el concertista Cario Grimaldi.
Concertistas de piano o de otros instrumentos fueron Giovanni Franchi, Mateo Bonetti, De Vitto, Camilo Biotti y Paolo Razzueli, músico que utilizó la máquina Olimpic americana para escribir música, y que dirigió la revista Braille mensual «Faro» con temas musicales.
Instrumentistas y compositores de música ligera fueron Saverio (Javier) Serancini, autor que fue primer premio de la canción moderna de San Remo con su obra «Las gracias de las flores». Juli Prestigiacomo, compositor de la canción «Parole» (Palabras), que estuvo de moda en los años 1960. Alexandro Vale, cantautor que obtuvo el 2. ° premio en San Remo en 1986 con la canción «La nave va»; y Giambattista Zotti, quien se diplomó en música electrónica en el Conservatorio «Giuseppe Verdi», de Milán.
Profesores de música destacados fueron Guglielmo Vassio, Bucci, las señoritas Borlini y Calcagno, el guitarrista clásico de Turín, Paolo Garganese, varios maestros del Instituto Senigalia y el maestro Constanzo Capirci, quien con su poema coral a cinco voces mixtas, ganó en 1972 el premio único de 200.000 liras en el concurso musical nacional «Giuseppe Mulé», convocado por el Sindicato Nacional de Músicos para compositores italianos.
Cantantes profesionales fueron el barítono Cario Tagliabue, Bianca Colombi, Antonietta Mercatelli y las paduanas Mariángela Rosolen y Luciana Artosino.
Con el fin de promocionar a los invidentes compositores, cantantes, instrumentistas y, en general, a cuantos compatriotas sin vista se dedicaran a la música, la Unión Italiana de Ciegos fundó en 1956 la casa discográfica «Concentus», que ha grabado muchísimos discos con artistas deficientes visuales de reconocida fama.
A lo largo de sus 75 años de historia la UIC ha llevado a cabo una extraordinaria ejecutoria jalonada de hitos muy importantes, cuyos resultados son evidentes, pero los privados de vista en este país cobran del Estado una pensión y unos subsidios de tan poca cuantía, que no les permiten vivir con desahogo, y se ven obligados a buscarse un empleo remunerado, que aumente sus escasos ingresos, lo cual siempre fue muy difícil para los no videntes y hoy día no resulta fácil porque es grande la inflación en Italia, donde va en aumento el paro laboral y todavía se mantienen vigentes ciertos prejuicios o prevenciones acerca de la persona ciega y su capacidad para el trabajo. La UIC goza de libertad gestora para proporcionar a sus asociados toda clase de servicios y poder emplear a sus trabajadores en empresas públicas y privadas, amparados por la ley; mas dada la dificultad que actualmente supone conseguir un puesto laboral, el colectivo ha montado un considerable número de talleres para ciegos en las principales ciudades italianas, en los que se realizan trabajos de punto a máquina, se confeccionan bolsas de papel para embalaje, cajas de cartón y cepillos, así como cestos, escobas, esteras, sacos y calzado. Hasta hace unos 20 años el ejército, los ferrocarriles, la marina y otros organismos estatales absorbían casi toda la producción de estos talleres, pero últimamente, a causa de la reducción de las Fuerzas Armadas y de la crisis económica que padece el país, los departamentos oficiales hacen poco consumo de estos artículos. Por otra parte, el mal estado de las herramientas y máquinas de los centros fabriles tifiológicos, así como las grandes dificultades para conseguir materias primas, muchas de las cuales tienen que ser importadas a altos precios, motivan el que los talleres para ciegos estén trabajando a un tercio de su rendimiento y capacidad, teniendo que desaparecer muchos de ellos.
Para poner remedio a esta situación laboral, la UIC gestiona la colocación de sus operarios cualificados en empresas estatales y en fábricas de simpatizantes con los no videntes, siendo actualmente 600 los ciegos que están integrados en centros fabriles de videntes, siendo óptimo su rendimiento y gozando de la consideración y el respeto de sus compañeros de trabajo (véase lámina n.° 50).

La Unión Italiana de Ciegos abona a los obreros sin vista de sus talleres el salario unificado o mínimo, establecido legalmente para los trabajadores videntes del mismo gremio. Este jornal, sumado a la pensión estatal, al subsidio de invalidez y a otras ayudas de la Beneficencia, permite a estos operarios vivir dignamente, pero sin mucho desahogo. La UIC da una asignación complementaria a los subalternos con vista que trabajan en sus talleres, porque actúan como monitores o profesores especializados.


Independientemente de los talleres protegidos de la UIC, en Italia trabajan muchos privados de vista como carpinteros, peleteros, guarnicioneros, zapateros remendones, silleros, forradores, tapiceros, torneros, montadores de accesorios de automóvil y electricistas en talleres propios, pero cobrando menos que los videntes para tener más clientela. También los obreros empleados en empresas estatales y particulares perciben jornales inferiores a los de sus compañeros de trabajo con vista, porque es menor el rendimiento de aquéllos.
En general, en los centros docentes de ciegos se enseñan los trabajos manuales y la artesanía como adiestramiento y exhibicionismo, pero no con fines lucrativos, para ganarse el diario sustento el día de mañana. Quienes tienen verdadera vocación artesanal se especializan en determinados oficios en el Instituto para Ciegos Vittorio Emmanuele II de Florencia, o en el taller de un pariente o amigo. La educación de los privados de vista en régimen integrado ha hecho disminuir muy notoriamente el número de los músicos y de los artesanos. Además, los bajos jornales que perciben estos amanuenses son la principal causa de que cada día sean menos los artesanos ciegos.
Lámina n.° 50 Fábrica metalúrgica.

Sin embargo, es preciso resaltar, que en Italia hubo y hay ciegos que destacan como magníficos mecánicos —alguno de ellos sordomudo—, como veremos en las biografías, y la historia italiana recuerda a invidentes muy habilidosos manualmente, como el sorprendente caso de Pierino Regi, quien en el año 1955 construyó un órgano para la iglesia parroquial de Bostolasco (Cuneo). La inauguración de este magnífico instrumento musical se realizó en el mes de agosto de ese mismo año con la asistencia de distinguidas personalidades y mucho público, disfrutando toda la concurrencia de una agradable velada al escuchar el gran concierto que en el nuevo órgano interpretó el maestro Angelo Surbone, profesor del conservatorio de Turín.


La Unión Italiana de Ciegos ha conseguido privilegios y ventajas que favorecen notablemente la integración social de los faltos de vista, quienes disponen en el colectivo de edificios propios para sus instituciones, clubes y círculos literarios independientes, residencias de ancianos, como las de Civate y Lecco, bien atendidas por un personal eficiente, diplomado en geriatría, donde los privados de vista con avanzada edad reposan y se entretienen charlando o practicando toda clase de juegos de mesa. También tiene casas de reposo para ciegos de cualquier edad y además posee residencias vacacionales para varones, mujeres, matrimonios y niños en los distintos ambientes, con el fin de que pasen un período de descanso los afiliados a la asociación (véase lámina n.° 51).
Es digna de destacar la casa de campo perteneciente al instituto de Milán, con capacidad para 30 personas, situada en las montañas próximas, para que descansen y veraneen en magníficas condiciones. También el Centro de Estudios y de Vacaciones «Giuseppe Fucá», de la Tirrenia, en Pisa, posee modernas instalaciones con el fin de que durante 20 días disfruten sus alumnos.

Es muy importante la residencia Villa Letizia, situada en Caravate (provincia de Várese), región prealpina próxima al lago Mayor. Es una casa propiedad de la Unión Italiana de Ciegos, que tiene por objeto alojar a ancianos invidentes durante el verano, en número reducido, con el fin de que descansen y cultiven las relaciones sociales, alternando con compañeros de su edad. Si hay plazas libres, se admite a ciegos italianos de cualquier provincia, que deseen pasar allí unas vacaciones. Los gastos de los beneficiados son abonados por los municipios de donde proceden los albergados, si no poseen bienes propios. Grazia Mauro, su directora, no cuenta con presupuesto fijo y tiene que reclamar continuamente ayudas económicas para atender con eficacia a sus tutelados. Para conmover al Parlamento y hacer que el Gobierno italiano promulgase leyes que acabasen con la discriminación social de los disminuidos físicos, resolviendo favorablemente los graves problemas que tenían planteados desde tiempo atrás las asociaciones de ciegos y de sordomudos, cuyas reclamaciones no eran atendidas por los poderes públicos. El día 22 de abril de 1982, treinta mil minusválidos sensoriales llevaron a cabo una manifestación nacional por las calles y plazas de la ciudad de Roma; concentración organizada y dirigida por Roberto Kervin, presidente de la UIC.


Lámina n. º 51 Niños ciegos jugando en el campo.
En Italia hay unos 40.000 ciegos, de los cuales unos 25.000 son mujeres y 15.000 varones. Se considera persona invidente a la que, con las correcciones pertinentes, sólo ve un décimo de la visión normal en la escala de Wecker. Todos son miembros de la entidad UIC, que siempre debe estar presidida por un falto de vista, disponiendo, además, la legislación vigente que en todos los consejos de administración de los organismos tiflológicos, obligatoriamente, por lo menos, uno de sus miembros ha de ser ciego, elegido por todos los componentes de la UIC.
Giuseppe Fucá y Roberto Kervin al frente de la Unión Italiana de Ciegos han conseguido muchas mejoras para sus asociados, como el incorporar a gran número de ellos al mundo laboral y que todos sus miembros se encuentren protegidos por la Seguridad Social, problemática que fue el principal tema de estudio y debate en el XV Congreso Nacional de los Ciegos Italianos, celebrado en Roma durante los días 25, 26 y 27 de noviembre de 1981. Estamos seguros de que la UIC continuará anotándose triunfos bajo la presidencia de Tomasso Danielo.
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