Los ciegos en la historia



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BIBLIOGRAFIA

La revista «Vakok Vilaga» (El Mundo de los Ciegos). «Proposición sobre un instituto para la educación de niños ciegos», de Franz Gaheis.


«Manual enciclopédico de tiflología», de Alejandro Mell.

Capítulo XXXII. ALEMANIA

Ya consignamos en el capítulo XXVII que, en el año 1806, invitado por el emperador Federico Guillermo III de Prusia, Valentín Haüy permaneció algún tiempo en este estado alemán, donde merced a sus consejos y orientaciones, se fundó junto a Berlín el Colegio de Steglitz para niños ciegos, institución modelo, cuyo primer director fue el destacado filántropo Augusto Zeune (Züeing, según algunos historiadores) (véase lámina n.° 18), profesor de gimnasia, que hizo colaborador suyo a Emmanuel Flemming, quien decidió fundar otro colegio para ciegos en Dresde el año 1808, al que siguieron el de .Chemnix en 1809 y el de Leipzig en 1811.


Las guerras napoleónicas propagaron por el centro de Europa el tracoma, enfermedad ocular que habían contraído en Egipto muchos soldados franceses, quienes fueron los causantes de que en el viejo continente aumentase notablemente el número de ciegos; razón por la que al acabar en 1813 las citadas guerras, proliferaron en Alemania espectacularmente los colegios para ciegos, porque es imperativo enseñar y adiestrar a estos invidentes tardíos en talleres protegidos. En estos centros educativos suelen aplicarse los consejos y orientaciones de Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), filósofo de Hannover (Alemania), quien escribió muchas páginas en favor de la rehabilitación de los ciegos para convertirlos en miembros útiles de la sociedad. Se crearon en Prusia cinco escuelas-taller donde se enseñaban trabajos manuales a los invidentes, de las cuales se han conservado las de Koningsberg (fundada en 1819) y Breslau, habiendo desaparecido las de Marielweder, Berlín y Münster. También fue una de las primeras escuelas para faltos de vista que hubo en este país la de Duren, que se especializó en la enseñanza de idiomas, destacando en esta institución el profesor ciego alemán Pottof.

Desde el siglo XI funcionan en Alemania centros benéficos que proporcionan a los no videntes alojamiento y manutención (recuérdese la labor filantrópica de la reina Matilde y del rey Welfo VI); distinguiéndose en esta labor los hospicios y albergues existentes en las ciudades de Koningsberg, Leipzig, Breslau, Münster y Berlín, que luego se transforman en escuelas-hogar o talleres protegidos.


(14) En este capítulo estudiamos la tiflología de Alemania, en general, durante la Edad Contemporánea, pero como el 23 de mayo de 1949 se creó el Estado de la República Federal Alemana (la RFA) y el 7 de octubre de 1949 se constituyó la República Democrática Alemana (la RDA), división que subsistió hasta que fue derribado el llamado «Muro de Berlín» el día 2 de agosto de 1990, cuando expongamos hechos ocurridos en este país durante tan largo período de tiempo, haremos constar en cuál de las dos Alemanias tuvieron lugar; y advertimos al lector, que las asociaciones, escuelas y otras instituciones tiflológicas existentes en las dos Alemanias hasta el día de la unificación de ambas Repúblicas, no desaparecieron al verificarse ésta.
Lámina n.° 18 Augusto Leune
En 1830 ya había asilos para deficientes visuales en todos los estados alemanes, la mayor parte de los cuales impartían enseñanzas artesanas y los conocimientos fundamentales, utilizando los procedimientos pedagógicos del competente ciego Weissenbourg de Manheim (15), de la pianista invidente María Teresa von Paradis y de Valentín Haüy, pero casi siempre modificados por el profesorado de la institución correspondiente.
(15) El 24 de abril de 1784 publico el diario de París un artículo sobre este eminente ciego alemán, y el 2 de febrero de 1785 apareció en la revista francesa «Noticias de la República de las Letras y las Artes» otro artículo, informando acerca de las actividades culturales de este erudito personaje, inventor de magnífico material pedagógico.
Fue el falto de vista Johann Georg Knie quien promovió la primera campaña en favor de la instrucción de los carentes de visión alemanes, siendo el fundador, hacia 1830, de la Escuela para Ciegos y Sordomudos de Breslau (Silesia), y el autor del libro «Tratado de la enseñanza para ciegos, a fin de aliviarles en su estado, darles ocupaciones útiles y aleccionarles para el desempeño de funciones civiles», donde hace un estudio psicológico de los deficientes visuales, de quienes pondera su temple y entrega. Para Knie, «los ciegos somos tranquilos, alegres, serenos, ingeniosos y un poco susceptibles e ingenuos».
En 1841 tuvo Knie conocimiento del Braille, sistema que no fue bien acogido en Alemania, porque se le acusaba de levantar un muro entre ciegos y videntes; no queriendo estos aceptar un procedimiento que no podían leer, sino tras un aprendizaje previo. Sin embargo, Knie realizó una intensa campaña en favor del nuevo sistema, opinando que para la enseñanza de los discapacitados visuales deberían utilizarse con frecuencia los procedimientos convencionales ideados por los propios ciegos. Knie en 1858, siguiendo quizás los consejos del francés J. Guadet, insertaba un alfabeto Braille al final de la quinta edición de su obra literaria sobre sordomudos y ciegos, contribuyendo eficazmente a la difusión de dicho sistema desde las columnas de «El Órgano de los Establecimientos de Sordomudos y Ciegos».
La creación de las escuelas para ciegos en Alemania tuvo, en general, una historia muy parecida a la que siguió el centro docente fundado en Francfort del Main, cuyo origen y desarrollo exponemos seguidamente, como ejemplo al respecto.
El 24 de noviembre de 1816 se constituye la «Sociedad de Francfort del Main para el Fomento de las Artes Útiles y de las Ciencias que las Ennoblecen», organismo que establecía en sus estatutos, que la sociedad tenía como objetivo el perfeccionamiento de las actividades técnicas y económicas, la difusión de los hallazgos científicos y la protección de la salud «con vista a evitar los peligros que suelen ir ligados al ejercicio de determinadas profesiones».
A finales de 1836 comienza a perfilar esta sociedad el plan de extender su labor social «a las desdichadas criaturas privadas de la luz de los ojos; a quienes les está vedado admirar la magnificencia de la creación», y se proyectó construir una escuela para ciegos. El 31 de enero de 1837 se reúne la junta directiva de la «Sociedad para el Fomento de las Artes Útiles y sus Ciencias Auxiliares» (Sociedad Politécnica Geselleschast), presidida por Augusto Antón Woler, para tratar, por primera vez, la forma en la que debía organizarse la educación y la formación de los niños ciegos en la ciudad de Francfort.
N. C. Komel, director del Instituto para Sordomudos de Francfort, preparó un informe que se debatió en la siguiente asamblea general de la sociedad, decidiéndose nombrar una comisión a la que se le encargó la redacción de los estatutos de una escuela para ciegos en la que los niños susceptibles de educación recibirían una formación adecuada. Se acordó, asimismo, llamar al establecimiento «Centro Docente para Ciegos», cuyos Estatutos fueron aprobados el 18 de abril de 1837. En su artículo 1. ° definían así los cometidos de la institución:
«El centro tiene como objetivo primordial la formación moral, intelectual y técnica de los niños ciegos susceptibles de ser educados, con edades comprendidas entre los 5 y los 16 años, a fin de prepararles para que les enseñen un oficio adecuado a sus capacidades intelectuales y manuales, así como a su fuerza física. En la medida en que disponga de más recursos económicos, el instituto extenderá su actividad al fomento del bienestar de los no videntes, en general, tanto niños como adultos. La enseñanza será gratuita para los niños de Francfort, mientras que a los escolares que procedan de otros lugares, les cobrará una cantidad razonable, siempre que lo permita la situación económica de éstos».
Un mes antes, el 12 de marzo, cinco padres habían respondido a la convocatoria de la Sociedad Politécnica, presentando a sus hijos invidentes: dos niños de 10 y 12 años, respectivamente, que acudían a una escuela pública; otros dos alegres rapazuelos, de 5 y 6 años, asistirían por primera vez a un colegio, mientras que el quinto niño era considerado no educable todavía, puesto que aún no sabía andar ni hablar. Los padres de los cuatro niños candidatos, manifestaron que «les complacería dejar la educación de sus hijos en manos del Centro Docente para Ciegos, que proyectaba fundar la sociedad, tan pronto como fuera construido el establecimiento».
Uno de los niños murió poco antes de que se inaugurara el centro, por lo que, cuando comenzaron las clases, el 18 de mayo de 1837, tan sólo tres alumnos ocupaban las aulas, que la Sociedad Politécnica tenía en el convento de Santa Catalina. Además de cursar la enseñanza normal, estos muchachos recibían clases especiales para ayudarles a superar su minusvalía; siendo su profesor el señor Jost, quien poseía algunos conocimientos de pedagogía especial para ciegos y no dudó en dedicar todo su tiempo a esta tarea. Por su parte, la señorita Korsel se comprometió a vender en su tienda los trabajos artesanos que los alumnos realizaban en clase, y de cuya venta una quinta parte era para el centro y las cuatro quintas partes restantes se ingresaban en una cuenta de la Caja de Ahorros abierta a favor de los alumnos.
Para adquirir el material didáctico necesario y poner en funcionamiento las clases, el centro recibió una ayuda financiera de la corporación municipal, pero después se sostuvo con donativos de los ciudadanos, con testamentarías de algunos filántropos y con otras ayudas. Por ejemplo, el alquiler de una vivienda o de un local comercial, estratégicamente situado, propiedad de la sociedad, le reportaba a ésta algunos buenos ingresos.
Un manuscrito de 1837, año en el que se fundó el instituto, contiene un bando solicitando ayuda financiera y poniendo de manifiesto hasta qué punto la Sociedad Politécnica consideraba el mantenimiento y fomento de esta institución un asunto de interés municipal, al igual que otras escuelas especiales que existían en Francfort del Main y a las que hace referencia el documento, del cual es el párrafo siguiente:
«Todo el mundo conoce la labor que desarrollan los centros especiales: el Instituto Stavel se ocupa de la enseñanza de las Bellas Artes, una asociación de filántropos ha fundado escuelas especiales para niños de familias necesitadas, que no tienen todavía la edad escolar, y los ciegos de nuestra ciudad, en cambio, necesitan y solicitan ayuda, que nuestras escuelas públicas no pueden prestarles por la propia naturaleza de su deficiencia. Se espera que los ciudadanos colaboren con sus donativos al mantenimiento del centro y de sus alumnos.»
Los ciudadanos de Francfort no sólo ayudaron económicamente al instituto, sino que también le proporcionaron cuanto material didáctico les fue posible; y así, por ejemplo, el 14 de enero de 1840, el geógrafo August Revenstein regaló al centro varios mapas de escayola en relieve. Otro señor donó una colección de peces y otros animales en láminas con relieve y un taxidermista entregó varios animales disecados.
El 22 de diciembre de 1840, la dirección del instituto alquiló al pasamanero Ludvig dos locales, uno para aula y otro destinado a taller, en la calle Zeib, letra B, n.° 204, con entrada por El Graven; pagando 112 florines anuales desde el 1 de abril de 1841 hasta el 1 de enero de 1844. Teniendo disponibles estos dos locales, el instituto se consideró responsable del futuro profesional de sus alumnos y, en general, de todos los ciegos de Francfort, por lo cual decidió admitir en el centro a invidentes adultos sin exigirles estudios previos, con el fin de que pudieran aprender los oficios de cestero y sillero para ganarse la vida.
A mediados de noviembre de 1843 se trasladó el establecimiento docente a la Tongasse, donde por 48 florines anuales alquiló al maestro encuadernador Wolfat unos locales, acordándose que, a partir de entonces, el centro se denominaría Blindenalstalt (Instituto para Ciegos), y que los invidentes adultos recibirían también una formación intelectual.
En 1845 el instituto se instaló en un edificio de la actual avenida Goethe-pland, letra E, n.° 51, inmueble propiedad de la señora viuda Manscof, quien cobraría 250 florines hasta el 28 de febrero de 1848. Hasta ese día las dos secciones del instituto, controladas por el doctor Kosel, habían tenido directores distintos: el profesor Jost para la escuela de ciegos, propiamente dicha, mientras que el señor Bartels dirigía el taller ocupacional para adultos; pero a partir de 1849 asumió la dirección de ambas secciones el señor Jost.
En 1852 se instala el instituto en un inmueble de la calle Zeig, 24, letra C, 226, propiedad del último maestro campanero de Francfort, Karl Gotfried Mampes, que se lo arrendó a la Sociedad Politécnica por 300 florines anuales. En este piso vivían, además, el señor Bartels, jefe del taller, y cuatro alumnos con hogar fuera de Francfort, lo cual dio principio al internado del Instituto para Ciegos.
En 1855 el señor Heider legó al instituto la suma de 20.000 florines para los niños ciegos de Francfort, disponiendo que el dinero debía emplearse para adquirir libros útiles, mejorar la calidad de la enseñanza y contribuir al descanso y esparcimiento de los alumnos.
El 4 de junio de 1857, finalmente, la Sociedad Politécnica Geselleschast adquirió en propiedad un inmueble situado en la Teobaldestreet, 23, en la actualidad Teobald Christ Street, comprado a la señora viuda Henriet Sguaf, de soltera Rodge por 4.000 florines y con una extensión de 3.656 metros cuadrados. Allí se construyó un nuevo edificio, que fue ocupado en 1858, agrupando bajo el mismo techo la escuela, los talleres y una residencia para ciegos.
De 1860 a 1876 es director del instituto el inspector Jakob Metzler, quien consiguió que aumentase la matrícula de alumnos de manera insospechada, hasta el punto de que el nuevo edificio resultó insuficiente para las necesidades específicas del centro, por lo cual en el mes de abril de 1872 la dirección del establecimiento envió una carta a la comisión Henger de la Sociedad Politécnica, quejándose de las deficiencias del edificio de la Teobaldestreet, y entonces la entidad compró el 1 de julio de ese mismo año y por la suma de 33.687 florines con 30 kreutzer unos terrenos, donde construyó un nuevo instituto, sufragándose todos los gastos con los generosos donativos de los habitantes de la ciudad. El nuevo edificio del Instituto para Ciegos, situado en el n.° 8 de la Adlorflich Street, se ocupó a principios de diciembre de 1874, inaugurándose, oficialmente, el 27 del mismo mes. Había ahora espacio suficiente para todas las actividades escolares y la instalación de todo tipo de talleres, costeando la Beneficencia todos los gastos.
De 1876 a 1901 es director del instituto el inspector Jakob Schild, a quien el 27 de marzo de 1881, el entonces director de la «Asociación de Maestros de Ciegos en Alemania», el inspector Glen Schill, sugirió que al año siguiente se celebrará allí la reunión que cada tres años hacía la citada asociación; y efectivamente, en el mes de julio de 1882 tuvo lugar en Francfort del Main el 4.° Congreso de Profesores de Ciegos, participando 90 docentes y directores de escuelas, tanto alemanes como extranjeros. Uno de los acuerdos tomados en este evento fue la elaboración de una razonada estenografía Braille e imponerla en los centros educativos de invidentes.
Desde el año 1870 se había intensificado la formación musical en el instituto, incluyendo en sus enseñanzas la reparación y afinación de pianos; lo cual proporcionó a los privados de vista un buen medio de ganarse la vida, como lo demostró el alumno Humbley, quien se colocó de organista en la iglesia de San Nicolás de Francfort, éxito que determinó la: compra de un órgano para el instituto en 1890.
El periódico «General Anseiger» publicó numerosos artículos, elogiando la instrucción que impartía el Instituto para Ciegos y colaboró económicamente en la construcción de un gimnasio en el centro docente; gimnasio cuyo edificio terminó el arquitecto A. L. Plaux en el otoño de 1883 con un presupuesto de 7.112 marcos, coste que con el equipamiento interior ascendió a unos 9.000 marcos. Los aparatos de gimnasia, construidos conforme a los criterios más modernos, fueron traídos de Chemniz y donados por la Sociedad Gimnástica de Francfort.
El edificio del instituto acabó siendo de reducido espacio para impartir todas las enseñanzas programadas y desarrollar sus múltiples actividades, razón por la que se tuvo necesidad de instalarlo en un inmueble más amplio. El 29 de junio de 1903, siendo director del centro Paul Wiedow (1901-1917), las autoridades municipales ofrecieron al instituto por 57.600 marcos, la finca situada en el n.° 14 del Adler Flainstreet. La Comisión de la Sociedad Politécnica aprobó la operación el 3 de septiembre de ese mismo año y rápidamente se verificó el traslado.
En 1904 el instituto contaba con un total de 67 alumnos, de los que 46 trabajaban en los talleres y 21 asistían a la escuela, habiendo unas dependencias dedicadas a residencia femenina. Ese mismo año se compró por 78.000 marcos el edificio situado en el n.° 11 de la Stalburgstreet, instalándose en él la residencia masculina (véase lámina n.° 19).
El 23 de marzo de 1911, el instituto adquirió por 85.000 marcos el edificio situado en el n.° 9 de la Stalburgstreet, en el que se instalaría una escuela preparatoria, proyectada a modo de pequeña familia, con jardín y zonas de juegos; un centro que revistió la máxima importancia para la supervivencia de la institución docente, propiamente dicha, y del taller. El 1 de marzo de 1912 se contrató a una maestra para la escuela preparatoria, establecimiento que en 1914 contaba con 46 alumnos.

En 1917 se inauguró una escuela de perfeccionamiento en la que se impartían clases de administración y organización de oficinas, contabilidad, tecnología, cálculo industrial y urbanidad, a fin de abrir a este sector de la población nuevos campos profesionales.


Lámina n. º 19 Residencia masculina de Francfort.
Los donativos de los ciudadanos de Francfort no le faltaron al instituto en los momentos más difíciles en la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, destacando un legado de 1918 por el importe de 25.000 marcos, generosidad que permitió el programado funcionamiento del establecimiento educativo, dirigido desde 1917 a 1924 por Paul Grasemann.
El 1 de febrero de 1919 el instituto adquirió un nuevo edificio, situado en la Stalburgstreet n.° 9-A por 60.000 marcos, inmueble que se dedicó a residencia de ancianos, pero la profunda crisis económica experimentada por Alemania tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, obligó a la Sociedad Politécnica a hipotecar en 1919 todas las propiedades del instituto por 200.000 marcos imperiales para poder mantenerlo en funcionamiento. La inflación acabó con el importante patrimonio de la institución, que se elevaba a varios cientos de miles de marcos. La situación financiera del instituto se fue empeorando alarmantemente y en modo alguno se benefició en 1924, con la puesta en vigor de un decreto de ejecución relativo a la ley sobre la escolarización obligatoria de los niños ciegos y sordomudos, dada el 7 de agosto de 1911. En dicho decreto se asignaba la competencia educativa a la Unión Regional de Educación, que insistió para que la escuela de ciegos de Francfort se trasladara a Guiesbaden, propuesta que rechazó enérgicamente la dirección del instituto. El 1 de abril de 1927, siendo director de la Escuela para Ciegos de Francfort, Karl Burkhard (1924-1935), el centro docente fue trasladado a un establecimiento residencial de Guiesbaden, lo cual motivó que el número de sus alumnos descendiera de 98 en 1926 a 60 en 1927. La nueva escuela provincial para ciegos internos en Guiesbaden se inauguró, oficialmente, el 9 de mayo de 1927, hecho que consignó patéticamente el periódico «Frankfurter Nachrichten».
El 13 de junio de 1928 se firmó un contrato entre la Sociedad Politécnica, la corporación municipal de Francfort del Main y el gobernador civil de esta comunidad, que aseguraba la supervivencia del Instituto para Ciegos, aunque sin la escuela, que se mantendría en Guiesbaden. En el futuro, el instituto acogería a los ciegos adultos que le enviara el Patronato Provincial de Asistencia Social, que, como contraprestación, pagaría por ellos 2,30 marcos imperiales por persona y día. Una tercera parte del salario sería para el operario invidente y dos terceras partes para el instituto. La ciudad contribuiría con una subvención, mientras que la Sociedad Politécnica se comprometía a cubrir el déficit que se produjera. A ambos organismos se les reconoció, asimismo, voz y voto en la junta directiva del centro formativo.
A partir de este convenio, la labor del instituto se centró en la actividad artesanal de los faltos de vista adultos; y en 1928, por ejemplo, se repararon más de 8.000 sillas. Varios recaderos voluntarios recogen y entregan los encargos a domicilio, realizando este cometido desinteresadamente. La necesidad de contar con ingresos seguros llevó a la directiva del centro, en ocasiones, a servirse de procedimientos insólitos, como es el caso de comprometer a una cadena de quioscos de bebidas para que en todos ellos se vendieran juguetes y baratijas hechos por los artesanos del instituto.
En 1907 se había fundado en Francfort una asociación de ciegos, que siempre hizo la competencia a los trabajadores del instituto, perjudicándose ambos colectivos con semejante proceder, hasta que en 1929 decidieron unirse las dos organizaciones y crear una comunidad de trabajo que, entre otras cosas, permitió regular las condiciones salariales, los precios de sus artículos, la adquisición de material e instrumental de trabajo, así como la búsqueda de empleos remunerados. Como los 190 miembros de la Asociación de Ciegos percibían una subvención municipal con el propósito de garantizarles un jornal mínimo, el instituto gestionó y consiguió que sus trabajadores externos también se beneficiaran de dicha gratificación.
Con el ascenso al poder del Partido Nacional Socialista se abrió el período más sombrío de la historia del Instituto para Ciegos, que se vio obligado a prescindir de los excelentes servicios del eminente oftalmólogo Igesenner, porque era judío, y hubo de aplicar lo dispuesto en la ley del 14 de julio de 1933 sobre la necesidad de evitar la descendencia a las personas con enfermedades hereditarias. En consecuencia 16 alumnos fueron esterilizados en 1934, cuatro mujeres ciegas en 1935, y las medidas se aplicaron a la totalidad de los educandos en 1937, siendo director del establecimiento Karl Werner (1935-1963).
En la memoria del establecimiento correspondiente a 1940 se lee: «El número de afiliados ciegos al partido nazi es de 75. Esta afiliación es requisito indispensable para conseguir un puesto de trabajo y disfrutar de ciertos derechos y beneficios».
En 1928 los talleres del instituto se habían ampliado con una sección donde se fabricaban cepillos, a la que en 1933 se añadió otra en la cual se tejían medias. Un año más tarde se trasladaron a Francfort las máquinas de tricotar instaladas en Guiesbaden, lo que permitió crear un taller de aprendizaje y trabajo para este sector (véase lámina n.° 20).
Sin embargo, en la década de los años 1930 disminuyó notablemente la actividad y la productividad de los talleres del instituto, debido a la escasez de materias primas, la inseguridad en las ventas de los productos manipulados y otros muchos inconvenientes. Durante la Segunda Guerra Mundial se exigió a este centro artesanal la fabricación de numerosos artículos para abastecer a las tropas y ello motivó un gran desarrollo fabril que obligó a los artesanos invidentes a manejar gran variedad de herramientas y máquinas como la calcetadora circular y las tejedoras horizontales y circulares.
La Sociedad Politécnica Geselleschast, que en sus 180 años de existencia ha fomentado y promocionado la creación de organizaciones y asociaciones de utilidad pública en Francfort del Main, se mantuvo siempre al margen de las ideologías políticas de su país, aunque, en ocasiones, estuvo sometida a fuertes presiones, como las que padeció con el Partido Nacional Socialista cuando, con el fin de reservar de la intervención del régimen nazi a la «Fundación Blinde-nanstalt», convirtió al Instituto para Ciegos en una fundación jurídicamente independiente en 1940. De este modo, la Sociedad Politécnica consiguió asegurar el capital que había invertido en el centro educativo tiflológico.
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