Los ciegos en la historia



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ANTONIO FELICIANO DE CASTELHO (1800-1865)

Sorprende muchísimo que haya tantas contradicciones acerca de un personaje del siglo XIX en Portugal y que fue tan famoso, pero lo cierto es que unos biógrafos dicen que nació en Coimbra y otros que en Lisboa. Afirman éstos que vino al mundo el 26 de enero de 1800, y aquéllos, que el 28 del mismo mes y año. Incluso se discrepa en llamarle De Castelho o De Castilho; mas todos están de acuerdo en que estuvo ciego desde su infancia y que llegó a ser un hombre muy ilustre, famoso en el mundo entero.


Fue hijo del doctor José Feliciano Castelho, médico de la Casa Real y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Coimbra, siendo la esposa de este insigne doctor, doña Domitila Máxima. Este acaudalado matrimonio tenía gran influencia en los medios sociales y cultos portugueses, por lo que, al comprobar que su hijo Antonio tenía gran afición al estudio y despierta inteligencia, puesto que a los cinco años de edad leía perfectamente y comprendía con rapidez el contenido de las páginas que descifraba, hizo grandes proyectos acerca del futuro del niño. Sin embargo, las esperanzas cifradas en el hijo se desvanecieron brusca y dolorosamente, cuando el párvulo se quedó completamente ciego al cumplir los seis años, como consecuencia del sarampión que padeció.
Pocos meses después de haber perdido la vista, Antonio Feliciano, en 1806, sus hermanos Pedro y Augusto Federico se matricularon en la escuela del padre José Peixoto de Vale, centro docente donde era fundamental el estudio del latín; y, cuando los muchachos comenzaron a aprender las declinaciones, el niño ciego puso gran atención en retener aquella cantinela, demostrando a su familia que él era también capaz de cursar las mismas materias que los videntes. Desde entonces asistió a las clases en compañía de Augusto Federico, abnegado muchacho, que siempre se desvivió por atender a su hermano ciego y que luego fue párroco de Castinheira de Vouga. Augusto Federico estudiaba en voz alta sus lecciones con el fin de que, al mismo tiempo, las aprendiera Antonio, el cual, además, tuvo la gran fortuna de contar entre sus profesores a don José Fernandes, que se interesó muchísimo por enseñarle ampliamente los contenidos de los programas, principalmente, de las ciencias naturales, haciéndole tocar plantas, animales y objetos de todas clases con el fin de que su instrucción fuera lo más práctica y activa posible.
Pronto evidenció Antonio Feliciano una notable disposición natural para las letras y las humanidades, en especial; dominando perfectamente el portugués y las lenguas clásicas; estudios que le proporcionaron unos profundos conocimientos filosóficos, que le permitieron acceder con facilidad a todas las ramas del saber; desarrollando una gran actividad literaria y, abandonando la carrera de leyes, que había cursado a la vez que su hermano Augusto Federico en la Universidad de Coimbra, se dedicó a estudiar Cánones en 1822 siendo el alumno más aventajado del padre José Peixoto de Vale, célebre latinista. Cuando terminó sus estudios universitarios se retiró a Castinheira de Vouga, donde se ocupó en componer obras literarias, principalmente poéticas, pero preferentemente empleó su tiempo en traducir al portugués las obras cumbre de la literatura universal.
Inició sus trabajos literarios cuando solamente tenía 15 años de edad, publicando el poema «Epitafio a la muerte de la Augustísima Señora doña María, Reina de Portugal», elegía a Su Majestad María I, que falleció a los 16 años de edad, y que fue la composición con la cual comenzó su carrera literaria, como sumiso adulador de los reyes, ardiente defensor de la monarquía y de los poderes preestablecidos en el país. Otra muestra de este espíritu servil fue su poema en tres cantos, compuesto a los 18 años de edad, «Al rey don Juan VI», composición que le facilitó el acceso a los ambientes aristocráticos y le ganó la voluntad de la corte, en la cual siempre gozó de gran prestigio, porque su padre fue médico de la Casa Real.
De su primera época son también sus libros «Os ciúmes do bardo» y «As noites do Castelho», ensayos más o menos fantásticos de espíritu romántico. Pero, a partir de la revolución de 1820, año en el que fueron suprimidas las barreras de las castas sociales, inicia la lucha para elevar el nivel cultural de su pueblo, desarrollando los recursos técnicos disponibles, abogando por una legislación que evite el abandono de los campos por los agricultures, mediante la creación de mejores servicios y modernos medios de vida. Su obra «Felicidade para a agricultura» revela su espíritu práctico y dinámico, convirtiéndose en apóstol de los humildes, creando periódicos educativos, publicando libros accesibles a los niños y traduciendo con elegancia a Moliere, Shakespeare y a muchos clásicos latinos, contribuyendo en gran manera al esplendor de la literatura portuguesa. Despertó el interés por la poesía y fomentó el teatro, estimulando la creación de grupos escénicos entre los jóvenes y protegiendo a las compañías dramáticas. Antonio Feliciano de Castelho es uno de los tres mejores poetas del romanticismo portugués del siglo XIX; quien, además de publicar numerosas poesías de exquisita belleza y fecunda inspiración, escribió libros de humanidades.
Entre sus obras poéticas recordaremos «Cartas de Eco a Narciso» (1821-1825) y «La primavera» (1822), seguidas de «Amor y melancolía» (1828) que son de inspiración clásica, sentimentales y románticas. Publicó después «A noite do Castelho» (1836), que tenía compuesta en su adolescencia, «Os ciúmes do bardo» (1838), «Reflexiones poéticas» (1844), «Estrellas poético-literarias para el año de 1859» (1852), «La llave del enigma» (1861) y «El otoño» (1863).
Otras obras literarias de Antonio Feliciano de Castelho son «Camóens» (1849), un estudio histórico-poético del insigne procer de las letras portuguesas y su «Tratado de metrificación portuguesa». Su abundante producción literaria, en la que trató gran variedad de temas, su intensa actividad como redactor de periódicos y revistas, así como su magnífica labor en los cargos públicos que desempeñó, evidencian que este ciego ilustre poseía unas portentosas facultades y una férrea voluntad para conseguir cuanto se proponía.
En 1834 contrajo matrimonio con su admiradora, la señorita María Isabel de Baena, en Coimbra, quien falleció tres años después, volviéndose a casar el poeta en 1839, esta vez con la señorita Ana Carlota Xavier Vidal, quien fue la compañera fiel que le proporcionó la felicidad conyugal y le prestó toda clase de servicios, como secretaria, cooperando notablemente en los triunfos del ilustre ciego.
En 1839 edita su obra «Cuadros históricos de Portugal», con el propósito de que todos sus compatriotas, grandes y pequeños, conocieran la historia de su país y se sintieran orgullosos de su ciudadanía portuguesa.
En octubre de 1841 fundó la revista literaria «Universal Lisbonense», que dirigió personalmente durante algún tiempo, hasta que fue nombrado comisario general de Instrucción Primaria en 1853, debiéndose a su gestión la creación de escuelas de magisterio en Lisboa, Oporto, Coimbra y Vieira. Fue defensor de la Carta Constitucional y actuó como político, participando en debates parlamentarios, dando mítines y militando durante algún tiempo en el partido conservador; mas eran las Letras las que atraían su máximo interés, pues constituían su verdadera vocación; razón por la cual volvió a cultivarlas en cuanto dejó la política.
Vivió en las islas Azores desde 1842 hasta 1850, fundando en Punta Delgada la sociedad «Los Amigos de las Letras y de las Artes», inaugurando asimismo varias escuelas primarias y secundarias, contribuyendo eficientemente a erradicar el analfabetismo de aquel archipiélago, donde una estatua suya adornaba hasta hace poco tiempo la plaza principal de la ciudad de Punta Delgada, en la isla San Miguel. Allí publicó «Nociones rudimentarias para el uso de las escuelas» (1847), «Primeros ejercicios de lectura» (1849) y «Lectura repentina» (1850), porque le preocupaba mucho el destino de los escolares.
En 1855 se trasladó al Brasil para divulgar su método de lectura a emplear en las escuelas ordinarias, muy discutido en Portugal, pero que en el país carioca fue aceptado con entusiasmo, lo cual motivó que el emperador de aquella nación, Pedro II, quien con el pseudónimo de Pedro de Alcántara acababa de regresar de su misterioso viaje por toda Europa, propusiera a Antonio Feliciano de Castelho que se hiciese cargo de una cátedra de literatura portuguesa en alguna de las universidades brasileñas; invitación que rehusó el poeta, porque consideró que en Europa podría ser más brillante su carrera como escritor, siendo ésta también la causa de que se instalara en París a su regreso de Brasil.
Es interesante considerar que en 1854 fue declarado el Braille sistema oficial obligatorio de lectoescritura en todos los centros docentes para ciegos existentes en Francia y, sin embargo, Antonio Feliciano nunca habla del Braille, sistema que debió conocer, sin duda alguna, puesto que Pedro II había visitado la «Institution Nationale des Jeunes Aveugles», de París, donde había adquirido un libro impreso en Braille. Por el contrario, el poeta portugués es uno de los pocos ciegos que trata de imponer a los videntes un método de lectura visual inventado por él.
Residiendo en la capital del Sena, publicó varias obras y colaboró en las principales revistas de la época, teniendo estrecho contacto con los más destacados escritores europeos, con muchos de los cuales mantenía correspondencia; asistiendo frecuentemente a las tertulias literarias que se celebraban en los salones más elegantes de París.
Por sus relevantes méritos en favor de la cultura de su patria, y, teniendo en cuenta su origen hidalgo, le fue otorgado el título de vizconde de Castelho poco tiempo antes de morir; triste acontecimiento que tuvo lugar en Lisboa el día 18 de junio de 1865.

JOSÉ FERREIRA DE ALBUQUERQUE E CASTRO

Nació José Ferreira de Albuquerque e Castro el 23 de enero de 1903 en la parroquia de Santa Marinha de Vilanova de Gaia, siendo hijo de Antonio María de Albuquerque e Castro y de Ana Ferreira de Silva, miembros de una familia burguesa acomodada, que proporcionó al niño una esmerada educación, comenzando sus estudios en la escuela primaria de su parroquia, donde muy joven hizo los exámenes de primero y segundo grado, obteniendo dos premios: uno de ellos, el de Camoens, para escolares adolescentes.


Después de haber frecuentado una escuela preparatoria, donde se examinó para el ingreso en el Instituto Industrial (que por aquel entonces funcionaba en una dependencia de la Universidad de Oporto), ya que sus padres deseaban que hiciera la carrera de ingeniero, para la que bien pronto evidenció poseer excelentes aptitudes, perdió la vista a los 13 años de edad, como consecuencia de que le cayó en los ojos cal, cuando estaba construyendo un palomar en el patio de su casa con un vecino suyo de su misma edad. Fue internado en el Instituto Oftálmico da Gama Pinto sin que obtuviera curación; y comenzó entonces un triste peregrinar, visitando a los más afamados oftalmólogos de la península Ibérica, entre ellos al doctor Barraquer, en Barcelona, tratando de remediar su desgracia. Sin embargo, fueron infructuosas todas las intervenciones quirúrgicas y cuantos tratamientos le impusieron, quedándose totalmente ciego en pocos meses.

Se matriculó como alumno externo en el colegio de ciegos de Oporto, instalado por entonces en la rúa Ferreira de Cardoso, n.° 103, fundado por el ilustre tiflólogo José Cándido Branco Rodrigues y dirigido por el profesor don Miguel Motta. Allí aprendió el sistema Braille y a manejar los aparatos, instrumentos y demás material adaptado para uso de los no videntes, comenzando los estudios de piano, carrera que continuó de forma oficial en el Conservatorio de Música de Oporto, donde obtuvo brillantemente su título de profesor de solfeo, piano, armonía e historia de la música.


Visitó las principales instituciones tiflológicas de España, Francia, Inglaterra y Alemania, informándose de sus actividades y adquiriendo el material especial para ciegos que le fue posible, con el propósito de impulsar la enseñanza y el progreso de los faltos de vista portugueses; dedicándose al regresar a su patria a dar conferencias y publicar artículos, promoviendo una campaña en favor de los invidentes, recabando del Gobierno medidas que paliasen la miseria de éstos.
Fue nombrado profesor de música del mismo colegio de ciegos, donde había sido estudiante, lo cual le permitió implantar en el centro el sistema educativo que más convenía a los faltos de vista lusitanos, de conformidad con las conclusiones a las que había llegado después de sus viajes por el extranjero; obteniendo unos excelentes resultados pedagógicos que, contemplados por la Cámara Municipal de Oporto, motivaron que fuera nombrado director del establecimiento docente, cuando éste fue instalado en la calle la Paz de dicha ciudad, en un inmueble cedido por la Casa de Misericordia, donde implantó sus métodos y procedimientos pedagógicos para la enseñanza de los ciegos, rebatiendo los prejuicios y criterios absurdos que sustentaban los profesores videntes de la institución.

Fundó la «Asociación de Ciegos del Norte de Portugal», cuya sede central estableció en Oporto, y que, en principio, se creó para buscar trabajo y dar protección a los alumnos que terminaban su escolaridad en el colegio que él dirigía; pero paulatinamente, fue extendiendo su tutela a todos los invidentes de la zona septentrional portuguesa; principalmente, a partir de 1961, cuando fue nombrado José Ferreira de Albuquerque e Castro director de los servicios tiflológicos de la Casa de Misericordia de Oporto.


Fue tesorero del Instituto de Altos Estudios, miembro del Instituto Cultural de Oporto, y de la Asociación de Intelectuales Portugueses; destacando como pedagogo, tiflólogo, conferenciante, poeta, compositor y autor dramático. Colaboró en varias revistas nacionales e internacionales, publicando además «Grafía Braille de la lengua portuguesa» (1937), «Reflexiones y comentarios» (1944), «Prontuario morfológico de la lengua portuguesa» (1949), «Los ciegos, como ciudadanos y como hombres» (1950), «La educación de los ciegos y su recuperación para la vida» (1951), «Esquema de un plan de organización asistencial tifiológica» (1952), «La música en el tiempo y en el espacio» (1953), «Educación del sentido contemporáneo del fenómeno musical» (1954), «El alfabeto Braille y su proyección en Portugal» (1959), «Símbolos del alfabeto Braille» (1960), «Ciegos de ayer y de hoy» (1964) y «Fundamento de la valoración social de los disminuidos visuales» (1965), conferencias que pronunció en los círculos culturales más importantes de su país.
En septiembre de 1953 se casó con la señorita Pilar Ribas de Cujo, matrimonio del que nacieron dos hijas, siendo su esposa quien le ayudó ese mismo año de 1953 a montar en Oporto la primera exposición tiflológica que se organizó en esta ciudad, y cuyo éxito posibilitó el que muchos artesanos invidentes consiguieran puestos de trabajo (véase lámina n.° 73), propiciando, igualmente, el que la Casa de Misericordia de Oporto le costeara un viaje a España y Francia en 1955 para estudiar la organización y funcionamiento de las instituciones tiflológicas en estos dos países, fundando a su regreso a Oporto, el día 1 de agosto de 1956, el «Centro Productor de Braille», institución que lleva el nombre de su fundador desde 1968 y de la que ya hemos hablado. Asimismo, fundó en 1956 la revista Braille mensual «Poliedro», con temática variada, pero, principalmente tiflológica, que actualmente dirige su hija Pilar.
Comprobados los positivos resultados de sus viajes por el extranjero, motivaron que la Santa Casa de Misericordia de Oporto le financiara una visita a las instituciones tiflológicas de Estados Unidos y Canadá en 1961 nombrándole entonces jefe de los servicios tiflológicos de la zona Norte de Portugal, al frente de los cuales realizó una meritoria labor, pues era muy dinámico, fecundo en ideas y docto conocedor de toda la problemática de los ciegos, porque había participado en numerosos congresos tiflológicos: Montevideo (1951), Londres (1956), Colonia (1958), Roma (1959), Guatemala (1961), Río de Janeiro (1962) y Buenos Aires (1964).
Lámina n.° 73 Ciegos realizando trabajos manuales.
Fue representante de su país en la UNESCO, para los asuntos relacionados con los invidentes y participó en algunas comisiones oficiales, tales como: Comisión organizadora de la primera exposición tiflológica de Oporto (1953), Comisión para estudiar la problemática que plantean los exámenes académicos de los ciegos (1963), Comisión para la elaboración de la tabla de los símbolos Braille de matemáticas (1964) y Comisión para la unificación de la grafía Braille y creación de los símbolos de fonética (1965). En 1966 fue designado vocal permanente por el Gobierno portugués para todos los asuntos relacionados con el sistema Braille.
El 15 de abril de 1967 falleció este ilustre ciego, que dedicó toda su vida de luchador infatigable a mejorar la situación de los faltos de vista, cuyo agradecimiento se puso de manifiesto en el fúnebre cortejo, integrado por centenares de no videntes, que acompañó los restos mortales de José Ferreira de Albuquerque e Castro a su última morada: el cementerio de Mafamude Naja, en Vilanova de Gaia.

ÁRLETE PEREIRA (1946-...)

Ariete Pereira nació en Castelho Branco en 1946, siendo hija de una familia con muchos bienes de fortuna, que le proporcionaron una esmerada educación, pero habiéndose quedado completamente ciega a los tres años de edad, a consecuencia de un glaucoma congénito, comenzó a dominar el instrumental y el material, utilizado por quienes no ven, para enseñarse.


Aprendió a leer y a escribir en Braille con una señora invidente amiga de sus padres, la poetisa ciega Emilia Montalvo, pertenenciente a una acaudalada familia, y quien informó a los señores Pereira de la existencia en Lisboa del asiló escuela para niños ciegos de ambos sexos y de buena posición social, «Antonio Feliciano de Castelho», patrocinado por la Asociación Promotora de la Enseñanza de Ciegos, institución docente donde ella se había instruido. Allí ingresó Ariete a los 8 años de edad, y desde muy pequeña mostró gran inclinación por la música, porque siempre que podía se ponía a cantar, imitando a las artistas en un escenario. Aprendió en la escuela el piano, el violín y el violoncelo, abandonando el establecimiento al cumplir los 14 años para continuar sus estudios musicales en el Conservatorio de Lisboa, donde acabó la carrera de piano a los 18 años, pero no considerándose capaz de dar conciertos, porque tenía un temperamento muy nervioso y no se juzgaba buena pianista. Tampoco le agradaba dar clases particulares de piano ni tenía la suficiente paciencia para aguantar a los principiantes en música, como lo evidenció en los meses que se dedicó a impartir lecciones privadas de piano en su propio domicilio.
A los 21 años de edad ingresa en el coro Gulbenkian y allí la descubre, como poseedora de una magnífica voz y excelentes aptitudes para el «bel canto», una profesora alemana que había llegado a Portugal para dar unos cursos sobre canto en Oporto, Coimbra y Lisboa. Esta señora educó la voz y perfeccionó la técnica del canto a Ariete Pereira, organizando conciertos para que la invidente actuase en público y tuviera confianza en sí misma, aprendiendo a dominar los nervios y a saber estar en un escenario. Y así fue como, a sus 32 años de edad, Ariete Pereira comenzó su carrera como cantante profesional en la tesitura de soprano.
Pronto actuó en festivales, luego en las principales emisoras de radio y en seguida empezó a ser contratada para actuar en salas de espectáculos, realizando algunas giras artísticas por las más importantes ciudades de Portugal. También ha hecho programas en la televisión nacional, siendo muy aplaudida en todas sus interpretaciones. Actualmente es soprano dramática en el coro Gulbenkian.

BIBLIOGRAFÍA

Colección completa de la revista Braille mensual «Poliedro» hasta diciembre de 1992.


«Los ciegos en Portugal», de Fernando da Sylva.
«Mis memorias», de José Ferreira de Albuquerque e Castro.

Este libro se terminó de imprimir en los talleres de Impresos y Revistas, S. A. el día 3-XII-1993, Festividad de San Francisco Javier.


Jesús Montoro Martínez nació el 31 de octubre de 1927, en Ocaña (Toledo), en el seno de una familia humilde de labradores, quedando huérfano de madre a los 3 años.
Meses más tarde, a causa del sarampión, perdió totalmente la vista, pero su abuelo materno se ocupó de adiestrar al niño en los avatares de la vida. En 1933 es admitido como alumno interno en el Colegio Nacional de Ciegos de Madrid, que por aquel entonces era uno de los centros educativos para ciegos mejores del mundo. Desde muy temprana edad dio muestras de un espíritu independiente, activo y muy aficionado al estudio.
Atraviesa la Guerra Civil en el colegio de ciegos instalado en el balneario de Onteniente (Valencia), donde inicia sus incursiones en el mundo de la música, terminando solfeo e iniciando la carrera de piano. Finaliza sus estudios de este instrumento musical en 1947 y, dos años más tarde, acaba simultáneamente la carrera de Magisterio y el Bachillerato. Ese mismo año gana las oposiciones de maestro a la ONCE, siendo destinado provisionalmente al colegio de Sevilla, donde tan sólo permanece durante un año, para pasar definitivamente al colegio de la ONCE en Alicante. Es en este centro donde desarrolla actualmente su tarea como profesor, desde hace más de 40 años.
Incansable investigador tiflológico, está relacionado con organizaciones de ciegos de todo el mundo. Ha dedicado gran parte de su tiempo en los últimos años a recopilar datos y configurar esta obra: «Los ciegos en la historia», que constituye la primera tentativa a nivel mundial para componer e ilustrar el pasado de los ciegos.

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