Los Dones del Espíritu Santo



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Los Dones

del

Espíritu Santo

La fe vive de la oración

y podría decirse que,

en el fondo,

creer es lo mismo que orar.

Emil Brunner



Presentación
Cada vez son más los cristianos que están buscando sinceramente y experimentado la renovación espiritual que el Señor está obrando a través de su Espíritu Santo en estos últimos tiempos. Estamos viviendo tiempos de renovación. En consecuencia, es imperativo que la iglesia comprenda cabalmente la obra capacitadora y poderos del Espíritu. Quizás como nunca antes en la historia del testimonio cristiano en el mundo, Dios está dotando a su iglesia de todos los dones y ministerios que esta necesita para el cumplimiento de su misión en el mundo. El Espíritu Santo, quien es él mismo el don más precioso de Dios a los creyentes, es también el encargado de dar a estos los dones y ministerios que necesitan para servir a su Señor. Son estos carismas divinos los que nos permiten como cristianos servir también a la iglesia de Cristo.

Hay tres pasajes en el Nuevo Testamento, que de manera particular, ofrecen una lista de lo que parecen ser tres categorías diferentes de los carismas divinos. Hay una cuarta lista en 1 Pedro 4.10-11, pero parece ser un duplicado de material incluido en los pasajes anteriores. Los dones que se mencionan en Romanos 12.6-8 -- tales como profecía, exhortación, servicio, enseñanza, dar o repartir, presidir y hacer misericordia -- sugieren una capacidad de servicio especial dada por Dios el Padre. Los oficios ministeriales, que también son dones a la iglesia, que se mencionan en Efesios 4.11 -- apóstoles, profetas, evangelistas y pastores –maestros -- son dones del Cristo ascendido para nutrición y equipamiento de los santos para la obra del ministerio.

Si bien estas dos categorías mencionadas no dejan de ser importantes, la secuencia de nueve dones que se encuentra en 1 Corintios 12.8-10 ha sido muy significativa en todo proceso de renovación espiritual a lo largo de los siglos. Aparentemente, el apóstol Pablo no parece ser exhaustivo ni pretende agotar las posibilidades de operaciones sobrenaturales del Espíritu Santo en su enumeración de nueve dones en este pasaje. No obstante, cada uno de ellos es una ilustración del tipo de posibilidades poderosas que brinda la operación del Espíritu para la edificación del cuerpo de Cristo y el cumplimiento de la misión que él ha encomendado a la iglesia.

Además, si bien el Espíritu Santo tiene que ver con los dones de Dios de Romanos 12 y con los dones del Cristo glorificado de Efesios 4, parece ser que el apóstol Pablo designa de manera más específica a los nueve dones de 1 Corintios 12 como “dones del Espíritu Santo”. En 1 Corintios 12.4-6, Pablo señala: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de actividades, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo”. En razón de que la palabra griega para Espíritu es pneuma y para “dones” es carísmata, podemos referirnos a estas nueve manifestaciones alternadamente como “carismas neumáticos” o “dones espirituales” o “los dones del Espíritu Santo” (ver 1 Corintios 12.7-11).

En esta serie de estudios vamos a considerar como dones del Espíritu Santo a la totalidad de los dones que se mencionan en la Biblia. Seguiremos un criterio más bien generoso al considerar como tales no sólo a los que se mencionan explícitamente, sino también ampliando la posibilidad a otros y nuevos carismas del Espíritu. En verdad, es impresionante la cantidad de material que el Nuevo Testamento tiene para ofrecernos sobre este tema tan apasionante y sumamente interesante. Una revisión rápida de lo que enseña el Nuevo Testamento puede sorprendernos con orientaciones de mucho valor. El texto bíblico nos guiará en el descubrimiento de estas valiosas herramientas de trabajo para el cumplimiento de la misión de la iglesia.

Por todas partes, hoy se están redescubriendo estas dimensiones de la actividad del Espíritu Santo, que durante mucho tiempo han sido pasadas por alto o no tenidas suficientemente en cuenta para el mejor cumplimiento de la misión de la iglesia. A medida que creyentes e iglesias van recuperando el ejercicio de estos dones y ministerios van descubriendo también una poderosa fuente de bendición sobrenatural y de ministerio fructífero.

En este curso, por cierto, no vamos a agotar el tema, y posiblemente quedarán muchas cuestiones a la espera de una respuesta. Pero con la ayuda del Señor y en oración deseamos descubrir lo que la Palabra de Dios dice sobre el equipamiento que hemos recibido para llevar a cabo nuestra tarea como iglesia. El objetivo básico de estas lecciones no es que adquiramos un poco más de información sobre los dones del Espíritu, sino que aprendamos a identificarlos en nuestra propia vida y los pongamos en ejercicio para la edificación del cuerpo de Cristo.

Contenido
Introducción General
Primera Parte: Consideraciones Bíblico-teológicas
Introducción
I.- Aproximación a los dones del Espíritu Santo

II.- ¿Qué son los dones del Espíritu Santo?

III.- La diversidad de los dones del Espíritu Santo

IV.- ¿Cuántos son los dones del Espíritu Santo?

V.- ¿Cómo son los dones del Espíritu Santo?

VI.- El ejercicio de los dones del Espíritu Santo

VII.- ¿Cómo reconocer los dones del Espíritu Santo?

VIII.- ¿Cómo procurar los dones del Espíritu Santo?



Segunda Parte: Consideraciones Prácticas
Introducción
I.- Dones residentes

II.- Dones de servicio

III.- Dones de revelación

IV.- Dones de poder

V.- Dones de sanidades

VI.- Dones de inspiración

VII.- Dones de lenguas

VIII.- Dones de renunciamiento



Apéndice A – El fruto del Espíritu Santo

Apéndice B – Lista de dones del Espíritu Santo

Apéndice C – El ministerio de sanidad de la iglesia

Evaluación de lecturas

Notas y referencias

Bibliografía

Los Dones del Espíritu Santo
Vivir es un arte solemne y difícil

Y eres el artífice de tu destino; el

Supremo Artista te otorgó sus dones

Y no debes oponerte a sus designios.

Pedro N. Urcola

Introducción general
Muchas iglesias están experimentado hoy algún grado de renovación espiritual. A diferencia de algunas décadas atrás, hoy tenemos suficiente documentación para dar testimonio de que las unciones del Espíritu Santo y las manifestaciones de los dones espirituales tienen autenticidad bíblica. Hay, al respecto, una amplia aceptación.

David Pytches

El creciente interés en las manifestaciones poderosas de la acción del Espíritu Santo en medio y a través del pueblo de Dios, impone la necesidad de un estudio cuidadoso de las mismas, a fin de entenderlas y aplicarlas con efectividad en el desarrollo de la misión. El potencial extraordinario de los dones del Espíritu, con recursos sobrenaturales para el cumplimiento de la tarea que el Señor ha confiado a la iglesia, demanda no sólo nuestra atención, sino también nuestro estudio y apropiación. El Señor no nos ha dejado huérfanos ni desprovistos de poder y autoridad para cumplir la misión que ha puesto en nuestras manos. Con la demanda de ser testigos hasta lo último de la tierra, él también da el poder y las herramientas necesarios para cumplirla (Hechos 1.8).

Hay tres cuestiones fundamentales a tener en cuenta en relación con los dones y ministerios que el Espíritu Santo reparte en la iglesia: el señorío de Cristo, la manifestación del Espíritu, y el bien común.

1/ La primera cuestión fundamental a tomar en cuenta es el señorío de Cristo. “Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12.3). Esto tiene que ver con el marco adecuado para la comprensión y ejercicio de los dones del Espíritu Santo.

a/ La clave para la operación de los dones del Espíritu Santo es el señorío de Cristo



  1. Antes de comenzar la enumeración de los dones y ministerios, Pablo enfatiza la prioridad del gobierno soberano de Cristo. Según él, “nadie puede exclamar:”Jesús es el Señor”, sino por el Espíritu Santo (1 Corintios 12.3)

  2. No hay dones y ministerios sin señorío de Cristo; si hay señorío de Cristo, entonces habrá dones y ministerios.

  3. Según Pablo, la autenticidad de la operación del Espíritu de Dios se prueba por la experiencia y confesión del señorío de Cristo.

. Es imposible que alguien que hable por el Espíritu diga que Jesús es anatema, es decir, que maldiga a Jesús.

. Por el contrario, decir que Jesús es Señor es una confesión real, que identifica y diferencia al cristiano en contraposición con judíos y gentiles paganos.



  1. La confesión “Jesús es Señor” es frecuente en el Nuevo Testamento (Romanos 10.9; 2 Corintios 4.5; Filipenses 2.11).

El apóstol habla de los dones extraordinarios del Espíritu y lo hace en base a la presuposición de que hay dones reales del Espíritu. Pablo declara que sí alguien tiene estos dones de ningún modo puede blasfemar y que, sí alguien confiesa a Jesús como Señor, eso debe ser en todo caso la obra del Espíritu Santo. Esto es, entonces, un medio por el cual discernir los espíritus (v. 10), un medio tal como el que los corintios habían estado ansiosos por tener.

F.W. Grosheide

b/ El foco del ejercicio de los dones y ministerios no es el Espíritu Santo, sino el Señor Jesucristo.



  1. Una comunidad verdaderamente carismática, es decir, una comunidad que cree y practica los dones espirituales, no estará centrada en el Espíritu Santo, sino en Cristo. Será una iglesia Cristocéntrica.

  2. Una comunidad así no estará replegada ni centrada sobre sí misma ni sobre el Espíritu Santo, que obra en medio de ella, sino vuelta a su Señor y sujeta bajo el señorío de Cristo, quien es exaltado sobre todas las cosas.

  3. Cristo mismo es el primer don y el más importante que el Padre ya nos ha dado. “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6.23).

El Padre se ha dado a sí mismo en todo lo que es y tiene, dándonos a su Hijo amado. Este es el don. En él se nos ha dado del todo en todo. Pero Jesús, el carisma del Padre, se nos ha dado también en todo lo que es y tiene, del todo en todo al darnos su Espíritu, el amor que alienta el Padre a él y él al Padre, el amor que le constituye como Hijo y como Hijo entregado para entregarse. Por eso el carisma del Hijo se nos da en el carisma del Espíritu, el don del don, el don en el que se actúa el don. Pero el carisma del Padre, por el Hijo en el Espíritu, nos ha sido dado para que nosotros vivamos en él, es decir, para la constitución de la fraternidad de la iglesia y su compromiso en la llegada del reino.

Marcelino Legido López

c/ Cristo, a través del Espíritu Santo, es quien otorga los dones y ministerios.



  1. Él es quien nos ha dado el Espíritu Santo.

● Esto fue lo anticipado por Juan el Bautista: “Yo a la verdad os he bautizado con agua, pero él (el Mesías) os bautizará con Espíritu Santo” (Marcos 1.8; ver Mateo 3.11).

● Esto fue lo confirmado por Jesús: Él prometió enviar a su Espíritu Santo para morar en los creyentes: “Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros” (Juan 14.16-17; ver Juan 7.37-39; 20.21-22).




  1. Él es quien a través del Espíritu Santo que nos ha dado, multiplica los dones y ministerios espirituales.

● Cuando nos reunimos para adorarle como Señor, y reconocemos su soberanía sobre nuestras vidas, y nos rendimos a él en obediencia, él se mueve y reparte dones y asigna ministerios.

● A través de los dones espirituales y los ministerios que él da, Cristo da a conocer las profundidades de la sabiduría y el conocimiento, sana y obra milagros, y lleva a cabo sus propósitos redentores.


d/ Cristo sólo puede obrar en una comunidad que de veras le reconoce como único Señor.

  1. Una comunidad que proclama su señorío y que espera su manifestación y acción poderosa es el marco adecuado para la operación de los dones y ministerios del Espíritu Santo.

● Seguramente hay otras manifestaciones de la presencia, señorío y poder de Cristo.

● Pero los dones y ministerios son una demostración extraordinaria de que él vive, es Señor y está en medio de su pueblo.


Los dones acontecen en el ámbito de su señorío, donde se le llama Señor Jesús en el Espíritu Santo (1 Corintios 12.3). La obra escatológica del Padre por el Hijo en el Espíritu es el lugar originario de todos los carismas: hay muchos “carismas”, pero un solo Espíritu; hay muchos “servicios” pero un solo Señor; hay muchas “energías”, pero un mismo Dios (1 Corintios 12.4-6).
El Padre actúa por el Señor en el Espíritu y de ellos proceden las energías, los servicios y los carismas, que son la misma realidad, bajo perspectiva distinta.

Marcelino Legido López





  1. Cuando el Espíritu Santo manifiesta su presencia en medio de una congregación expectante, allí es cuando el Señor Jesucristo recibe gloria y honor.

● Los dones y ministerios son una demostración del señorío de Cristo sobre todas las cosas y testimonio de la presencia de su reino.

● Por el ejercicio de los dones y ministerios del Espíritu Santo estamos afirmando nuestro compromiso con el reino y el Rey.

● La naturaleza y misión de la iglesia tienen su centro en el señorío de Cristo sobre ella y en los recursos que a través del Espíritu él provee para el cumplimiento de su tarea en el mundo.

La iglesia es, en primer término y fundamentalmente, un cuerpo diseñado para expresar por medio de cada miembro individual la vida del Señor, dueño de la misma, y está equipada por el Espíritu Santo con unos dones diseñados para expresar esa vida.

Ray C. Stedman

Ejercicio 1

Colocar los pasajes bíblicos que correspondan en cada afirmación:



La primera señal de que el Espíritu Santo ha comenzado a obrar en una persona no es una transformación repentina de su carácter o la aparición de nuevos dones de parte de Dios, sino su declaración firme y experiencia personal de que “Jesucristo es el Señor”:

Su señorío es eterno: _________________________________________________

Su señorío es universal: _______________________________________________

Su señorío es sobre la naturaleza: _______________________________________

Su señorío es sobre la iglesia: __________________________________________

Su señorío es sobre los poderes celestiales: _______________________________

Su señorío es sobre el día de reposo: ____________________________________

Pasajes: Lucas 6.5; 1 Pedro 3.22; Isaías 9.6-7; Zacarías 9.10; Efesios 1.22; Mateo 8.27

2. La segunda cuestión fundamental a tomar en cuenta es la manifestación del Espíritu Santo (1 Corintios 12.7). Esto tiene que ver con el agente adecuado para la comprensión y ejercicio de los dones del Espíritu Santo.

a. Los dones del Espíritu Santo son dones del Espíritu Santo: aunque parezca redundante, es importante subrayar quién es el agente de estos dones.




  1. Si bien los dones derivan del Señor Jesucristo, ellos son la manifestación propia del Espíritu Santo. Pablo afirma que “a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien de todos” (1 Corintios 12.7).

  2. El Espíritu Santo, a quién Cristo ha enviado, es el canal y agente para la operación de los dones.

  3. Es una acción propia del Espíritu Santo en la vida de todo creyente repartir los dones que este necesita para servir al Señor: los dones, pues, son las operaciones que ponen de manifiesto al Espíritu, así como también las que el Espíritu mismo produce.

Es Espíritu Santo debe también ser reconocido como el dador de los dones espirituales, y nosotros debemos estar continuamente y sin reservas abiertos a recibirlos. Parte de nuestra reverencia hacia él, sin embargo, debe ser un cuidado marcado hacia hacer cualquier esfuerzo de la carne para anticipar o forzar su dones.

Richard F. Lovelace

b. Los dones del Espíritu Santo son dones: aquí el énfasis cae sobre el carácter de aquello que se recibe como don del Espíritu.

1) No se trata de talentos latentes, pericias escondidas o aptitudes que se despiertan: los dones vienen de Dios; no están en nosotros.

2) Los carismas no son meramente más y mejor de algo que ya está presente, no importa cuán elevado sea. No se trata del mejoramiento de facultades o potencialidades que ya tenemos, no importa cuán nobles ellas sean.

3) Se trata de dación y no de educación; de capacidades que Dios da por su gracia y poder, y no de habilidades que nosotros desarrollamos.

Así pues, los dones espirituales, por su fuente, naturaleza, y propósito sobrenatural, deben distinguirse de los talentos naturales, aunque a menudo puedan estar interrelacionados.

Leslie B. Flynn

c. Los dones del Espíritu Santo son dones sobrenaturales: esto tiene que ver con la naturaleza de lo que nos es dado por el Espíritu.

1) Los dones son todos sobrenaturales aunque parezcan ordinarios o extraordinarios, llamativos o poco notorios, de ejercicio privado o público.

2) Algunos de ellos no son tan espectaculares como otros, pero todos ellos son manifestaciones sobrenaturales del poder de Dios.

3) James D.G.Dunn considera que “en ninguna parte carisma tiene el sentido de una capacidad humana mejorada, desarrollada o transformada”. Según él, Pablo consideraba a todos los dones como sobrenaturales. “El carácter de la otridad trascendente subyace en el corazón del concepto paulino de carisma. El carisma mismo sólo puede ser ejercido propiamente cuando es reconocido como la acción del Espíritu”.

d. Los dones del Espíritu Santo son expresión de gracia: aquí el énfasis está puesto sobre el alcance de aquello que se recibe como don del Espíritu y las condiciones para su recepción.

1) Dios da los dones del Espíritu Santo no en base a merecimientos ni valor personal; ellos resultan del amor de Dios, que no merecemos.

2) Una manifestación del Espíritu Santo puede ocurrir a través de alguien sin consideración de su trasfondo, experiencia o educación.

3) Los dones son gratuitos: no son trofeos otorgados como premio por ser fieles.

Los dones espirituales son dones de Dios. Los dones espirituales son dones de la gracia de Dios. Las palabras griegas en sí lo indican claramente. Los charismata son dotaciones de charis, es decir, del favor inmerecido de Dios.

John R. W. Stott

e. Los dones del Espíritu Santo son dones de la voluntad soberana de Dios.



  1. El Espíritu Santo es libre para usar o no a quienes él quiere y como él quiere, y distribuir los dones según el propósito eterno de Dios en Cristo, “repartiendo a cada uno en particular como él quiere”. (1 Corintios 12.11).

  2. Como señala John R. W. Stott: “la distribución de dones no está en nuestra voluntad sino en la voluntad soberana del mismo Espíritu Santo”. Y agrega: “Así es que los charismata se originan en la benigna voluntad de Dios, y son otorgados por él a través del Espíritu Santo”.

f. Los dones del Espíritu Santo son de carácter transitorio: esto tiene que ver con la duración en el tiempo de lo que recibimos del Espíritu y su temporalidad.




  1. Como manifestaciones del Espíritu Santo, los carismas no son cosas que podemos poseer o ejercer de manera permanente, como si fuesen nuestra propiedad inalienable o tuviésemos algún derecho sobre ellos.

El creyente no retiene el don como una dote personal. El creyente recibe dones para el bien común cuando Dios requiere que sean usados. Cuando Dios ve al creyente ejerciendo fielmente el don que a él le place otorgarle, puede complacerle otorgar el mismo don más frecuentemente a esa persona. Esta continuidad se puede notar especialmente con dones tales como profecía o sanidad.

David Pytches



  1. Es interesante que Pablo dice que “a cada uno le es dada la manifestación del espíritu” (1 Corintios 12.7) en relación con todos los dones espirituales.

  2. Con esto, Pablo indica claramente que cada don es una actividad presente, actual y momentánea del Espíritu Santo; se trata de una dación que tiene lugar en el tiempo, que perdura en el tiempo, y que, en consecuencia, está sujeta a las condiciones de la temporalidad.

  3. Transitorio significa que por su naturaleza o esencia, los dones espirituales están sujetos al cambio, a pasar, a terminar, una vez que han sido usados para cumplir con el propósito por el cual fueron dador por el Espíritu Santo.




  1. Ningún don parece ser una habilidad residente que una persona pueda llevar, poseer o retener consigo, por derecho propio e inalienable.




  1. Más bien, parece ser que cada don debe ser recibido y expresado cuando nos reunimos para adorar, estar en comunión, y proclamar el evangelio.

  2. Una comprensión adecuada de esto nos ayuda a desarrollar un sentido de la inmediatez y actualidad de la obra del Espíritu Santo, porque el enfoque no está en el pasado sino en el presente, no en algo que tenemos sino en algo que recibimos.

  3. Deberíamos reunirnos con la expectativa viva de recibir manifestaciones frescas y diversas del Espíritu Santo.




  1. Además, estos dones espirituales son sólo para este tiempo, son necesarios ahora, de este lado de la eternidad, donde sólo conocemos en parte.




  1. Los dones son para nuestro servicio en la tierra; no hay dones en el cielo porque allí no son necesarios.

  2. Según Pablo, cuando venga lo “perfecto”, es decir, cuando el Señor regrese en gloria, tolo lo que es en parte se acabará y los dones espirituales dejarán de ser necesarios y también terminarán: “las profecías se acabarán, cesarán las lenguas y el conocimiento se acabará” (1 Corintios 13.8-10).

g. Los dones del Espíritu Santo son instrumentales: esto señala al propósito por el cual el Espíritu Santo los entrega al creyente.




  1. Se trata de medios y no de fines: cuando convertimos a los dones del Espíritu Santo en fines, caemos en el peligro de su cosificación, idolatrización, absolutización, manipuleo, y abuso.

  2. Los dones son herramientas de trabajo, que nos ayudan a cumplir con mayor efectividad la tarea de servicio que tenemos por delante en el reino.

Los dones nos son dados para servir a otros. Se desarrollan en un ámbito donde se puede correr el riesgo de fallar, y donde vemos a otros ejerciendo sus dones. Los dones no se dispersan de manera académica; no son un ejercicio cerebral. No son descubiertos a través de la investigación, sino que son dados soberanamente por la gracia de Dios. Los dones son herramientas que permiten al creyente efectuar el ministerio requerido. El poder espiritual recibido equipa al creyente para el servicio.

David Pytches

Ejercicio 2

Indicar de qué don se trata:



Hay dones espirituales que no siempre son tenidos en cuenta:

El mayor de todos (Juan 3.16): _________________________________________

El que no tiene precio (Hechos 8.19-20): __________________________________

El que no merecemos (Santiago 4.6): ____________________________________

El que podemos pedir (Santiago 1.5): ____________________________________

El que nos da vida (Hechos 11.18): ______________________________________

El que nos lleva a la salvación (Efesios 2.8): _______________________________

El que nos hace justos (Romanos 5.16-17): _______________________________

El que nos fortifica (Salmos 68.35): ______________________________________

El que nos hace uno (Juan 17.22): ______________________________________

El que nos ayuda a obedecer (Ezequiel 11.19-20): __________________________

El que nos ayuda en la lucha (Mateo 11.28-30): ____________________________


3. La tercera cuestión fundamental a tomar en cuenta es el bien común (1 Co. 12.7). Esto tiene que ver con el propósito adecuado para la comprensión y ejercicio de los dones del espíritu Santo.
a. Los dones del espíritu Santo son dados al cuerpo de Cristo.
1) El Espíritu Santo presente en la iglesia es el que reparte a cada uno los dones según su voluntad. Pablo señala: “Todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12.11).

a) El Espíritu Santo distribuye una diversidad de dones a una variedad de individuos.

b) La riqueza de los dones se ve en el conjunto y no en la individualidad; es en la variedad y diversidad del cuerpo donde los dones adquieren su verdadero valor y dimensión, y no en la particularidad y singularidad de los miembros individuales.


  1. Los dones no son dados para usufructo individual ni para un ejercicio privado: el contexto para su ejercicio es la vida y servicio del cuerpo de Cristo.

¿A quiénes son dados? Nuestra respuesta inmediata ha de ser que si es que hay una amplia diversidad de dones, también habrá una amplia distribución. Los charismata no son prerrogativa de unos pocos selectos. Al contrario, el Nuevo Testamento nos da base para afirmar que todo cristiano tiene al menos un don espiritual o capacidad para el servicio, por más dormido e inutilizado que tenga tal don… No se pueden separar los charismata del cuerpo de Cristo… Al igual que en el cuerpo humano, en el cuerpo de Cristo cada órgano o miembro tiene alguna función; … [y] cada uno tiene una función diferente.

John R. W. Stott

b. Los dones del Espíritu Santo son dados a un solo cuerpo de Cristo.




  1. Pablo afirma la unidad esencial de la iglesia, como la condición óptima para el ejercicio de los dones: este es el contexto adecuado para que los dones se expresen. “Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo “ (1 Corintios 12.12).

  2. La esencia de nuestra unidad como cuerpo está en que todos llegamos a Cristo por el mismo y único Espíritu Santo: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12.13).

  3. Somos bautizados por un solo Espíritu para servir en un solo cuerpo.

  4. Por eso, los dones no son para dividir la iglesia; por el contrario, ellos resultan de su unidad espiritual en Cristo: la unidad de la iglesia es condición y resultado de la presencia y ejercicio de los dones espirituales.

No podemos entender el propósito del don sin antes entender lo que es el cuerpo de Cristo, la iglesia. … Cristo es la cabeza, y nosotros somos los miembros. Bajo la dirección de nuestra cabeza, cada miembro tiene su propia función que es distinta de la función del otro miembro. … Por eso vemos el propósito de los dones.

Jorge Hilgeman

c. Los dones del Espíritu Santo son dados para ser usados en el cuerpo.




  1. Cada manifestación del Espíritu Santo, cualquiera que sea, es para el bien común: Pablo declara que los dones son dados “para provecho” (1 Corintios 12.7).




  1. Cuando el Espíritu Santo se manifiesta dando un don a alguien, no es para el beneficio privado o particular de esa persona, sino para el bien o provecho del cuerpo.

  2. Los dones son dados para el servicio a otros y para llenar sus necesidades conforme con la voluntad del Señor.




  1. Dado que los dones son para el bien común, su propósito es la edificación de la comunidad. Pablo insiste sobre este objetivo de los dones: “Hágase TODO para edificación”. (1 Corintios 14.26). “Así pues, ya que anheláis los dones espirituales, procurad abundar en aquellos que sirvan para la edificación de la iglesia” (1 Corintios 14.12).




  1. Cualquiera sea la manifestación del Espíritu Santo, su único propósito es levantar y fortalecer la iglesia de Cristo.

  2. En consecuencia, cualquier ejercicio de los dones espirituales que no resulte en la edificación del cuerpo es inadecuado y está fuera de lugar.

  3. Una prueba para la validez del ejercicio de cualquier don es su beneficio para la edificación de la comunidad de creyentes.

De modo que, el propósito de Dios es construir a todos nosotros, por medio de los dones del Espíritu, en el cuerpo perfecto de Cristo. Desde luego, la cabeza de este cuerpo ya es perfecta, pero ¿qué del cuerpo? Si al cuerpo le falta un dedo, un pie, una mano, no es perfecto (completo). Y así resulta con tantas iglesias: Cuerpos que andan cojeando, porque sus miembros no utilizan los dones que Dios les dio.

Patricio Caster

d. Los dones del Espíritu Santo son dados a cada miembro del cuerpo.


1) En relación con el ministerio común del cuerpo de Cristo, cada persona tiene un rol distintivo que cumplir: Pablo señala que “a cada uno” le es dada la manifestación del Espíritu (1 Corintios 12.7).

a) El bien común es la orientación de los dones del Espíritu Santo, y con ese fin, cada persona en la comunidad está comprometida.

b) En consecuencia, en una comunidad dotada espiritualmente, no debemos esperar que una sola persona o unos pocos sean los que ministren.

c) Más bien, debemos mirar al Señor, y esperar que sea él quien ministre por su Espíritu Santo a través de quienes él desee utilizar, y para el bien de todos.

Al igual que el cuerpo humano, el cuerpo de Cristo es un organismo completo, hecho por Dios. Pero cada miembro del cuerpo es único en su género. Jamás podrá haber otro “tú” u otro “yo”. En cierta medida, los dones son únicos y singulares. Con frecuencia Dios otorga similares dones a diferentes personas, pero hay una unicidad respecto a esto que hace que cada uno de nosotros seamos distintos de toda otra persona que jamás existió en la tierra. Y si uno solo de nosotros falta, el cuerpo es incompleto, carente de una parte.
Billy Graham



  1. Esto demanda un alto grado de responsabilidad personal.




  1. Si bien es cierto que el Espíritu Santo reparte a cada uno como él quiere, la responsabilidad del ejercicio de los dones está en el individuo.

  2. Esto significa que los creyentes deben seguir con cuidado la dirección e inspiración del Espíritu Santo, y toda vez que él dé un don, lo ejerzan con responsabilidad y en orden.

  3. Cada creyente debe usar sus dones para servir al Señor y ayudar así en la edificación de su cuerpo.




  1. Debemos aprovechar todas las oportunidades posibles para ejercitar los dones del Espíritu Santo.




  1. Las instrucciones de Pablo en cuanto a la participación individual presuponen un grupo relativamente pequeño.

  2. Si bien es posible que los dones del Espíritu Santo operen en una asamblea de creyentes más grande, los grupos pequeños proveen de mejores oportunidades y mayor libertad para su ejercicio.

  3. Estos grupos, en los que cada participante tiene oportunidad de ser un canal del Espíritu Santo, pueden enriquecer las reuniones de adoración, comunión y proclamación de los grupos mayores.


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