Los Juicios de Nurenberg Los Juicios de Núremberg o también, Procesos de Núremberg



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Los Juicios de Nurenberg

Los Juicios de Núremberg o también, Procesos de Núremberg, fueron un conjunto de procesos jurisdiccionales emprendidos a iniciativa de las fuerzas de las naciones aliadas, vencedoras al final de la Segunda Guerra Mundial, en los que se determinó y sancionó las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores con el régimen nacionalsocialista de Adolfo Hitler en los diferentes crímenes y abusos cometidos en nombre del III Reich alemán a partir del 1 de septiembre de 1939.

Desarrollados en la ciudad alemana de Núremberg entre 1945 y 1949, el proceso que obtuvo mayor repercusión en la opinión pública mundial fue el conocido como el Juicio principal de Núremberg o Juicio de Núremberg y que celebró a partir del 20 de noviembre de 1945 el Tribunal Militar Internacional (TMI), constituido por la Carta de Londres, en contra de 24 de los principales dirigentes supervivientes capturados del gobierno nazi y de varias de sus principales organizaciones.

Otros 12 procesos posteriores fueron conducidos por el Tribunal Militar de los Estados Unidos entre los cuales se encuentran los llamados Juicio de los doctores y Juicio de los jueces.

La tipificación de los crímenes y abusos realizada por los tribunales en Núremberg y los fundamentos de su constitución representaron un avance jurídico que sería aprovechado posteriormente por las Naciones Unidas, para el desarrollo de una jurisprudencia específica internacional en materia de crímenes en contra de la paz, crímenes de guerra y crímenes en contra de la humanidad, así como para la constitución a partir de 1998 del tribunal permanente de la Corte Penal Internacional.

Imagen de la bancada de acusados en el Proceso principal de Nuremberg. A la izquierda, de arriba a abajo: Hermann Goering, Rudolf Hess, Joachim von Ribbentrop, Wilhelm Keitel. A la derecha, de arriba a abajo: Karl Doenitz, Erich Raeder, Baldur von Schirach y Fritz Sauckel.



" Cuando los examinamos, los grandes procesos

de la historia nos obligan a reflexionar acerca

de las complejas relaciones que existen entre el

derecho y el poder, a averiguar cuál fue la parte

de justicia y cuál la de la fuerza, casos en que las

razones de la política tuvieron mucho que ver "

(Alexander Demandt).

LOS ANTECEDENTES DEL PROCESO DE NUREMBERG.

Los antecedentes del Proceso del Nuremberg comienzan tras la primera guerra mundial con el Tratado de Versalles, firmado por el gobierno de Weimar, con el fin de penar la ofensa suprema contra la moral internacional y la autoridad suprema de los tratados vulnerada por una guerra injusta. Con este fin se instituyo un tribunal internacional penal integrado por las potencias vencedoras, ante el cual debía compadecer el Káiser Guillermo II y se obligaba a Alemania a entregar a las personas acusadas de haber cometido actos contrarios a las leyes y usos de la guerra. Cuando los aliados exigieron la entrega del Káiser Guillermo II, los Países Bajos rechazaron las entrega del mismo y en cuanto a los 900 criminales denunciados por las autoridades aliadas para ser juzgadas por crímenes de guerra sólo 45 fueron enjuiciados con penas que no superaban los 13 años de prisión ante el Reichsgericht en Leipzig. En este proceso que empezó el 23 de mayo de 1921 y concluyó el 16 de Julio de 1921, algunos oficiales de submarino fueron condenados por el hundimiento de barcos hospitales británicos, también se dictaron penas de cárcel por malos tratos a prisioneros de guerra aliados. Sin embargo, las potencias vencedoras se quejaron de que no se impusiera ninguna sentencia de muerte y que algunos acusados fueran absueltos; pero sin embargo, el proceso de Leipzig creó un importante precedente, por el cual soldados que durante una guerra cometen delitos pueden ser juzgados por sus actos tras su finalización. Lo que significa que ya no se daba por supuesta una amnistía general como tras la guerra de los 30 años en la paz de Münster y Osnabrück; quedando también superado el artículo 3 de la cuarta convención de La Haya de 1907, según la cual sólo los estados eran responsables de los delitos de sus soldados.

Durante la Segunda Guerra Mundial cobró actualidad en Europa la cuestión de las responsabilidades de los delitos de guerra; el 13 de enero de 1942 los aliados establecieron en la declaración de Saint James que; uno de sus principales objetivos de guerra sea el castigo de los responsables de los crímenes y en sentido jurídico, si ellos eran los únicos culpables o corresponsables, si habían actuado por orden o por su propia responsabilidad o si habían participado solos en ellos.

EL JUICIO DE NÜREMBERG

EL POR QUÉ DEL PROCESO DE NÜREMBERG.

En octubre de 1942, también en Londres, los representantes de diecisiete naciones comprometidas en la lucha contra Alemania crean la Comisión Interaliada para Crímenes de Guerra. Para esa fecha el conflicto no estaba ni mucho menos que decidido. Comenzaba entonces la batalla de Stalingrado, en Äfrica del norte se reavivaban los combates y para el desembarco en Normandía faltaban casi dos años. Pero esta Comisión Internacional comenzó a trabajar como si la guerra fuese a terminar en veinticuatro horas. Se recogían informaciones, documentos y testimonios sobre las atrocidades nazis en los países ocupados y en la propia Alemania, al mismo tiempo que se elaboraba un listado con los presuntos criminales de guerra. Mientras tanto Radio Londres anunciaba varias veces en idioma alemán y otras lenguas, en toda Europa, el siguiente mensaje:

Los criminales de guerra deberán rendir cuentas de sus actos ante tribunales especiales”.

El 1 de noviembre de 1943, en una reunión en Moscú, Stalin, Churchill y Roosevelt firmaron una declaración conjunta relativa a la responsabilidad de los partidarios de Hitler por los abominables hechos cometidos, en el cual estas grandes potencias no dejaron dudas de que celebrarían procesos criminales. Esto se vio reflejado en el compromiso de:

castigar, según una decisión común, a los responsables de crímenes que afectan a muchos países”.

Las concepciones jurídicas soviéticas y anglosajonas no coincidían; en la conferencia de Teherán, del 28 de noviembre al 1 de diciembre de 1943, Stalin pidió el fusilamiento sumario de 50.000 militares, políticos y simpatizantes alemanes, idea que fue enérgicamente rechazada por Churchill, pues para los aliados occidentales era preferible cualquier procedimiento jurídico.

Pero pocas semanas después, la Unión Soviética, sin colaboración de los aliados inauguró el llamado proceso de Járkov, el primer proceso público por crímenes de guerra contra alemanes. En éste se acuso a 3 soldados apresados en Stalingrado, imputándoseles asesinatos de población rusa con vehículos para gasear. El proceso empezó el 16 de Diciembre de 1943 y terminó el 18, con sentencias de muerte que fueron ejecutadas en la horca el 19, en una plaza pública de Járkov. Según radio Moscú 40.000 personas asistieron a la ejecución.

En los Estados Unidos, el Departamento de Estado, el de la Guerra y el de Justicia, empiezan a estudiar con todo detalle la organización del gran proceso. De ello se ocupan especialmente los jueces Samuel Irving Rosenmann y Robert Houghwout Jackson, del Tribunal Supremo. Mientras se constituían secciones militares especiales que debían avanzar junto a las tropas de asalto para buscar y recoger documentos, los dos jueces pensaban en el procedimiento a seguir contra los criminales de guerra.

Algunos conceptos fundamentales del derecho procesal angloamericano -como luego explicó el juez Jackson- no se admiten por los pueblos del continente europeo, y ciertas fórmulas legales americanas no son traducibles a otras lenguas, dada la absoluta falta de términos equivalentes. En los países anglosajones todo acusado y testigo es interrogado por el fiscal y por la defensa. Y, este doble interrogatorio, según los americanos, es el mejor medio para buscar la verdad en una declaración. También la acusación fiscal es diferente, y los mismos soviéticos sostuvieron que el sistema angloamericano era injusto respecto al encausado. Ingleses y americanos, decían los rusos, formulan una acusación genérica y sucesivamente presentan las pruebas en el curso del proceso. “Nosotros, - decían los soviéticos -, catalogamos y describimos en la acusación todas las pruebas, documentos, y declaraciones de testigos contra el encausado”. Los americanos replicaron que, haciéndolo así, se anticipaban todos los resultados del proceso. De ese modo el fiscal no podía demostrar su verdad y sólo se escucharía a la defensa del acusado. pero todas esas dificultades se fueron superando poco a poco.

Los Estados Unidos decidieron constituir un tribunal conjunto de las potencias vencedoras. El 2 de mayo de 1945 el presidente de los Estados Unidos Harry Truman, nombró al juez del Tribunal Federal Robert Jackson como plenipotenciario para las negociaciones con las grandes potencias y fiscal jefe por la parte Norteamericana, éste en un informe al presidente del 6 de Junio de 1945 presentó el plan para el proceso de Nurenberg y desarrolló los puntos de acusación y los problemas jurídicos básicos. En el apartado 7 del protocolo de Potsdam las potencias vencedoras confirmaban la intención de conducir a los criminales alemanes ante una jurisdicción rápida y segura, y esperaban que las negociaciones de Londres conduzcan a un rápido acuerdo, considerando de máxima importancia que empiece cuanto antes el proceso contra estos grandes criminales.

El 25 de junio de 1945 se reúnen los delegados de los Cuatro Grandes. Por los americanos, Robert Jackson y once ayudantes; por los ingleses el Fiscal del Tribunal Supremo, Sir David Maxvell-Fyfe, el lord canciller Jowitt y once ayudantes por los franceses, el Consejero del Tribunal de Apelación Robert Falco, el profesor André Gross, especialista en Derecho Internacional Público, y dos ayudantes; por los soviéticos el general J.T. Nikitchenko, vicepresidente del Tribunal Supremo de Moscú.

La discusión fue larga y tuvo momentos difíciles. Incluso surgió la pregunta ¿quizá no había sido la URSS cómplice de los criminales cuando en 1939 se repartió Polonia con Hitler?. Y, además, ¿cómo se debía juzgar la invasión rusa de Lituania, Estonia o Letonia?. Estos interrogantes (que se quedaron en pura retórica) fueron subrayados clamorosamente por pruebas de expatriados, y en las comisiones no faltaron duros enfrentamientos verbales. Al final, todos se pusieron de acuerdo sobre el procedimiento, basado sustancialmente en el sistema anglosajón. Por último se acordó sobre cual sería la ciudad en donde desarrollar el proceso, a instancias del juez Jackson se elige Nüremberg por contar con un edificio (antigua cárcel) ideal para sede del tribunal, casi intacto a los bombardeos devastadores que se dieron sobre Alemania. Nüremberg había sido la ciudad de los desfiles y los congresos hitlerianos y en la cual se habían dictado las leyes racistas nazis.

Estas conferencias prosiguieron en Londres, donde el 8 de agosto de 1945 se firmarían el acuerdo por el que se establecía que los aliados procesarían a los criminales de guerra.

Ya para el 18 de octubre de 1945 el tribunal que dentro de un mes deberá juzgar a veinticuatro jefes nazis está reunido en la Berlín vencida y ocupada, en la sede de la Comisión Aliada de Control, en el mismo edificio donde un año antes fueron procesados por los nazis y condenados a muerte los autores del fallido atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944. En la sala están reunidos cuatro hombres, los jueces, delante en dos filas de bancos, se sientan los procuradores adjuntos y los ayudantes. El hombre que preside, el único de uniforme, es el general J.T. Nikitchenko, vicepresidente del Tribunal Supremo de Moscú. Estas fueron parte de sus palabras en aquella reunión:

Estos hombres son ciertamente responsables del exterminio de diez millones de personas, en Europa y en la Unión Soviética. Diez millones de personas asesinadas a sangre fría, no muertas en el transcurso de acciones bélicas, sino fusiladas, asfixiadas con gas, muertas por hambre, por trabajos forzados y por torturas en los campos de concentración. Estos hombres deben responder de crímenes contra la humanidad cometidos en la paz y en la guerra. El gobierno de la Unión Soviética acepta la propuesta de un proceso internacional y público, aunque el pueblo hubiera querido que estos acusados fueran fusilados inmediatamente, apenas capturados, como tantos otros perros sarnosos”.

A la derecha de Nikitchenko se sienta el Lord de Justicia, el inglés Geoffrey Lawrence, futuro presidente del tribunal de Nüremberg. A la izquierda del ruso está el juez americano Francis A. Biddle. El último es el representante de Francia, el viejo profesor Henri Donnedieu de Vabres, quien toma la palabra a continuación del general soviético:

No es justicia la de los pelotones de ejecución” . El intérprete traduce al ruso. El general Nikitchenko hace una ligera inclinación hacia el francés. “Nosotros -continúa el juez francés- sólo debemos ratificar el acta de acusación para un proceso que veinte naciones aliadas piden hace desde cinco años y que deberá iniciarse, y así lo desea mi gobierno, el próximo noviembre”.

Los principales inculpados de este proceso, -que durará doscientos dieciocho días, que será el más célebre de la Historia, - están ya determinados: Hitler, Himmler, Goebbels. Desde hacía mucho tiempo se había pedido justicia contra ellos. En 1940 todos los representantes en el exilio de los países ocupados, reunidos en Londres aprobaron esta resolución:

Uno de los principales fines de la guerra de los países aliados es el castigo a los responsables de los crímenes cometidos en las naciones ocupadas. Por tanto, estos gobiernos se comprometen a: 1) que los criminales responsables, de cualquier nacionalidad, sean buscados, llevados ante un tribunal y juzgados; 2) que las sentencias se cumplan”.

LA IDEA DEL PROCESO.

Inmediatamente al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en 1945, fueron sometidos a proceso en Alemania, Japón e Italia los criminales de guerra. Para celebrar estos procesos fueron instituídos tribunales militares especiales y auténticas audiencias internacionales de justicia, cuyos magistrados eran representantes de las potencias vencedoras. Por primera vez en la historia moderna los vencedores se atribuían el derecho de procesar a los vencidos, y tal decisión no dejó de producir perplejidad y polémica. La duda pronto surgió ¿se trataba de administrar justicia, o de venganza?. Una percepción indicaría que el significado de este Proceso se relaciona con el cierre definitivo de una etapa histórica, la continuación de la derrota militar para los nazis en el escenario de la justicia, legitimando el triunfo del derecho sobre la violencia. Pero para otros significa la apertura de una nueva época de un nuevo derecho humanitario internacional. Pero estos interrogantes indudablemente válidos en la línea del derecho, estaban abocados a estrellarse frente a la espantosa realidad de una guerra distinta a todas las demás. Una guerra que los nazis habían llevado a cabo pisoteando toda regla escrita y todo principio moral, matando sin piedad a seres inocentes, ensañándose sin piedad contra la población civil indefensa y, por añadidura, aplicando la “solución final” con el genocidio de seis millones de judíos.

Las bases del Proceso de Nüremberg fueron, Moscú (1943), Teherán (1943), Yalta (1945), Potsdam (1945), el Acuerdo de Londres (1945), y el Estatuto del Tribunal aprobado en la misma Conferencia de Londres.

Al principio se decidió que los crímenes de los nazis serían juzgados en la nación en donde habían ocurrido, y sólo los principales jerarcas enemigos serían sometidos al juicio de los aliados. Entre los jerarcas se habló de Mussolini, Hitler, Göering, Goebbels, Himmler y Von Ribbentrop, pero cuando se tuvo conocimiento de los campos de concentración se decidió juzgar a todos los responsables directos e indirectos. Fueron puestas bajo acusación incluso las organizaciones militares y paramilitares alemanas. Pero el verdadero punto crucial del proceso, o mejor dicho, de su preparación, fue de naturaleza jurídica, y es, a continuación, claramente explicado por el escritor y periodista francés Raymond Cartier, quien oportunamente manifestó:

Una parte de los cargos chocaba con un escollo de naturaleza jurídica. El principio fundamental de las sociedades civiles exige que nadie sea condenado si no es en virtud de una ley anterior a los hechos de los que se acusa. Y para las responsabilidades de guerra no existe una ley así. Tales normas, decidió el juez Jackson, se crearían durante el mismo proceso, partiendo de los principios generales de la moral internacional que el Tribunal interpretaría de la manera más elevada posible. Cuatro grandes naciones juzgaban en nombre de todos los pueblos que formaban parte de la comunidad internacional de las Naciones Unidas. Una elección equivocada en el proceso de Nüremberg fue el grupo de acusados, puesto que entre los imputados había soldados que nada sabían de crímenes contra la humanidad, políticos que más bien no se interesaban por hechos que no fueran los estrictamente dependientes de las relaciones diplomáticas. Entre estos acusados y diplomáticos se encontraban asesinos como Von Ribbentrop, Keitel, Sauckel. Probablemente, el proceso de Nüremberg fue necesario, como demostró el juez Jackson. Pero fue arbitrario, en el sentido literal de la palabra, porque por lo menos, una parte de las condenas no se basaba en una ley precedente. Fue además insignificante, en el sentido de que la suerte de los veintiún acusados, la mayor parte de los cuales no habría podido en todo caso sobrevivir, no revestía mucha importancia en la inmensa tragedia que había convulsionado al mundo. Y fue justo. No violó nunca las formas de justicia, ni cayó nunca en la violencia o en la impaciencia. Churchill, de cualquier modo, no lo aceptó nunca. Escribiendo sus memorias, justificó la muerte de Mussolini con estas palabras: “por lo menos esto ahorró un Nüremberg italiano”.

UN PRINCIPIO NUEVO Y DISCUTIBLE.

La creación del Tribunal Militar Internacional supuso dificultades de orden moral y jurídico, material y diplomático. Basta leer Le Monde del 18 de noviembre de 1945 para tomar conciencia del problema moral que suponía la institución de un Tribunal Militar Internacional. En su sección de noticias internacionales, el diario francés publicaba:

Estos siempre fueron delitos de guerra que, generalmente, sólo se castigaron con represalias. Los procesos actuales se inspiran, sin embargo, en otro principio nuevo, es decir, el de que también en tiempo de guerra ciertos actos, desaprobados por la moral, dependen al mismo tiempo de la justicia y merecen sanciones ejemplares. Sólo queda adherirse a este principio que significa un progreso de la conciencia universal y cuya aplicación podrá, hasta cierto punto, intimidar a futuros criminales. Sin embargo hay que convenir que supone numerosas dificultades. La primera consiste en la definición misma del delito de guerra. Sería relativamente fácil si se entendiese por esto los actos contrarios a la humanidad y que las necesidades de la lucha no justifican. En esta categoría se encuentran los suplicios y los asesinatos de los campos de concentración, las ejecuciones en masa de grupos de población como la de los judíos, los polacos y los ucranianos; y los actos bestiales de algunos jefes militares, como la destrucción de Oradour.

Sin embargo, el proceso de Nüremberg incluirá también casos de otra naturaleza. Se sabe que se destinará a los más altos personajes del Tercer Reich, civiles y militares. Alguna vez serán inculpados de crueldad injustificable, como las carnicerías de Dachau y de otros lugares, pero se les imputarán también otros delitos. Se ha decidido considerar como tal la responsabilidad de la guerra, y perseguir bajo este título a aquellos que pueden ser considerados sus autores, o que, con su consejo y su influencia, contribuyeron a hacerla estallar. Es esta, no hay que ocultarlo, una innovación llena de trampas jurídicas... No cabe duda de que los jueces llamados a Nüremberg, que han sido elegidos entre la flor y nata de la magistratura de los países aliados, están en situación de realizar su trabajo con imparcialidad y competencia. Es una gran experiencia que se va a ensayar. Sería deplorable que su éxito no fuese completo”.

De hecho fuera de las críticas técnico - jurídicas que se realizan sobre el Proceso de Nuremberg nadie duda que desde el punto de vista moral, los juicios se encontraban harto justificados, pues en ellos se demostró acabadamente no sólo la aberrante barbarie del proyecto nazi, sino también la rigurosa veracidad de las acusaciones sobre el Holocausto y otras aberraciones.



SE ABRE LA SESIÓN

El 18 de octubre de 1945 a las diez y media de la mañana comenzó en Berlín, en la gran sala de sesiones del Control Aliado, (Alliierter Kontrollrat, institución creada en el año 1945 para el gobierno de Alemania; en funcionamiento hasta 1948), la sesión inaugural del Tribunal Militar Internacional. Faltó muy poco para que Berlín, de acuerdo con el deseo del Juez Soviético, sea el lugar de reunión del Tribunal. Pero un mes más tarde el 20 de noviembre de 1945, a las diez y media de la mañana empezaría - no en Berlín sino en Nuremberg - el proceso criminal más celebre de la historia.

Según el artículo 2 del Estatuto, el tribunal se componía de cuatro jueces nombrados por las cuatro grandes potencias. De los cuales tres de ellos fueron civiles y solo el miembro soviético pertenecía al ejercito. Como presidente se eligió al miembro Británico, Lord Justice (titulo como miembro de la Cámara de apelación del Tribunal Supremo Británico) Geoffrey Lawrence; los otros miembros eran el Ministro de Justicia Francis Baiddle por los Estados Unidos, el catedrático de derecho penal de la Universidad de París H. Donnedieu de Vabres por Francia, y el General de División I. T. Nikitchenko por la Unión Soviética,

Pero aunque este tribunal se componía como un tribunal de derecho internacional lo cierto es que era un tribunal de ocupación interaliado, ya que Alemania no había autorizado ninguna creación de un órgano Supraestatal. Convirtiéndose en una institución Sui Generis sobre la base de un acuerdo en perjuicio de terceros. Su competencia se basaba en una capitulación sin condiciones del ejército del Tercer Reich, es decir en la sustitución del gobierno alemán por un gobierno Aliado (conforme a la declaración de Berlín del 5 de junio de 1945). Los 4 fiscales también pertenecían a los mismos países que los jueces.



UNA ACUSACIÓN DE 25.000 PALABRAS.

Las imputaciones formuladas a los jerarcas nazis fueron reunidas en grupos definidos así:



A) Crímenes contra la paz, es decir la dirección, la preparación, el desencadenamiento, y el desarrollo de una guerra de agresión o de una guerra en violación de los tratados, de las garantías y de los acuerdos internacionales, o la participación en un plan concertado o en un complot para el cumplimiento de alguno de los actos previamente enumerados.

B) Crímenes de guerra, es decir, la violación de las leyes y usos de guerra. Estas violaciones comprenden “el asesinato, los malos tratos o la deportación para trabajos forzados, o cualquier otro fin, de poblaciones civiles de los territorios ocupados, el asesinato o malos tratos a prisioneros de guerra o náufragos, la ejecución de rehenes, el saqueo de bienes públicos o privados, la destrucción -sin motivo- de ciudades y pueblos, o la devastación no justificada por exigencias militares.

C) Crímenes contra la Humanidad: el asesinato, el exterminio, la reducción a esclavitud, la deportación y todos los demás actos inhumanos cometidos contra las poblaciones civiles, antes o durante la guerra, o las persecuciones por motivos políticos, raciales o religiosos.

El art. 6º del estatuto del Tribunal Militar de Nüremberg establece también otro principio, gravísimo para los acusados en el gran proceso: los dirigente, los organizadores, los provocadores o cómplices que han tomado parte en la elaboración o en la ejecución de un plan concertado o de un complot para cometer alguno de los crímenes enumerados anteriormente, son responsables de todos los actos cometidos por todas las personas en la ejecución de dicho plan.


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