Los milagros existen



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P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.


LOS MILAGROS EXISTEN


SAN MILLÁN – 2018

LOS MILAGROS EXISTEN

Nihil Obstat

Padre Ricardo Rebolleda

Vicario Provincial del Perú

Agustino Recoleto

Imprimatur

Mons. José Carmelo Martínez

Obispo de Cajamarca (Perú)

SAN MILLÁN – 2018


ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

1.- Curaciones.

2.- Santos incorruptos.

3.- Órganos incorruptos.

4.- Hechos inexplicables.

5.- Sangre fresca.

6.- Licor milagroso.

7.- El caso de san Charbel Makhluf.

8.- Perfume e incorrupción.

9.- Maravillas en el corazón.

10.- La sangre de san Jenaro.

11.- Inedia.

12.- Flores milagrosas.

13.- La Virgen de Guadalupe.

14.- Maravillas de María.

15.- El gran milagro.

16.- Lourdes.

17.- La Virgen de Akita.

18.- Virgen de Civitavechhia.

19.- Milagro de Lanciano.

20.- Multiplicación de alimentos.

21.- Milagros asombrosos.

22.- El fuego santo.

23.- La Resurrección.

24.- Luces sobrenaturales.

25.- Milagros de luz.



CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN
Este es un libro de milagros. Los milagros existen. Y que existan los milagros es una prueba fehaciente de que Dios existe, porque ningún ser humano podría hacer milagros que superan las fuerzas de la naturaleza. Algunos niegan la existencia de los milagros sin razón alguna, simplemente porque creen que Dios no existe y, por tanto, tampoco los milagros. Pero ¿y si existe Dios y los milagros también? ¿Qué podrán aducir cuando Dios se les presente a pedirles cuenta de su vida en su último momento? ¿Podrán decir que no tuvieron pruebas? Suele decirse que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Precisamente por eso vamos a presentar una serie de milagros, muchos de los cuales todavía están a la vista de todos, son como milagros vivientes, que pueden ser conocidos por todos los que se acerquen a ellos sin prejuicios y con la mente abierta.
La doctora Jacalyn Buffin, científica y hematóloga canadiense, afirma ser atea, pero cree en los milagros. Ha estudiado 1.400 milagros que se presentaron para la beatificación o canonización de algunos siervos de Dios en el Vaticano y ha podido convencerse de que existen muchas curaciones y acontecimientos en la historia humana que van más allá de las leyes naturales. Lo mismo podemos decir del científico Luc Montagnier, descubridor del virus VHS, que siendo ateo, también cree en la existencia de los milagros. Y para esto no basta decir como algunos: Lo que hoy llamamos milagros, llegará un día en que dejarán de serlo al ser descubiertas nuevas leyes o fuerzas naturales para explicarlos.
Esto no es más que una solución sin solución, que nos puede llevar hasta el fin del mundo, porque no es científico postergar la solución de algo que no tiene explicación racional. Por ejemplo que a Miguel Pellicer de un día a otro le aparezca una pierna entera, que le habían cortado hacía dos años y cinco meses. ¿Alguien puede crear una pierna con todos sus músculos y nervios, etc., de la nada? ¿Hay alguna ley que cree algo de la nada? De la nada no sale nada. Y es precisamente ahí donde interviene Dios para hacer lo que parece imposible a nuestros ojos y hace los milagros por su infinita bondad en favor de nosotros sus hijos.

  1. CURACIONES

Veamos algunos pocos ejemplos.




  1. Sor Caterina Capitani

Cuenta ella misma lo que ocurrió el 25 de mayo de 1966. Debía ser el último día de mi vida. Había sido operada dos meses antes por hemorragias internas. Sufría de una extraña enfermedad llamada “Estómago rojo”. La operación no había servido de nada. El médico que me cuidaba, me dijo que no llegaría a la tarde de ese día. Yo invoqué al Papa Juan XXIII para que me obtuviese la gracia de morir pronto. Mis hermanas estaban en la capilla, rezando al Papa Juan XXIII por mí. Y, en un momento, sentí una mano que tocaba mi estómago. Me volví y vi al Papa Juan, junto a mi cama. Me dijo: “Este milagro me lo habéis sacado del corazón. Ahora no temas, estás curada”.


Me levanté de inmediato, llamé a mis hermanas y les dije que tenía hambre. Pensaban que estaba delirando, pero fui al comedor y devoré lo que me pusieron. Después me examinaron y todo lo malo había desaparecido.
Este milagro fue aceptado por la junta médica del Vaticano para la beatificación del Papa Juan XXIII, que es beato desde el 3 de setiembre del 2000.



  1. Peter Chungu Shitima

Él mismo cuenta el milagro. Tengo treinta años y nací el 10 de julio de 1972 en Kasaba, Zambia. Desde pequeño quería consagrarme al servicio del Señor. En 1994 viajé a Sudáfrica en busca de trabajo. En el Oratorio de san Felipe Neri encontré trabajo como cocinero y jardinero, y ayudé en la catequesis de niños. Un día, en la biblioteca, encontré un libro sobre Luis Scrosoppi, un famoso sacerdote italiano. Yo pensé: “Cuando sea sacerdote, me voy a llamar Luis como él”. Pero en abril de 1996 me sentí muy mal, temblaba de frío y se me nublaba la vista. Después comencé a tener dolores en los oídos. No podía comer casi nada, no podía tenerme de pie y adelgacé 20 kilos. En el hospital me detectaron que tenía SIDA en estado terminal.


Los Padres y alumnos del oratorio comenzaron a rezar al beato Luis Scrosoppi por mi curación y decidieron enviarme a mi patria para que pudiera morir al lado de mi familia. Cuando llegué a Zambia, mi hermano se asombró de verme en aquel estado. Durante varios días, permanecí casi en silencio. Mis familiares también rezaban por mí al beato.
Yo esperaba la muerte en cualquier momento, pero no moría. En el mes de octubre, mientras dormía con una medalla de Don Luis, agarrada a mi mano, soñé que el padre David estaba a mi lado y que juntos estábamos asistiendo a la canonización de Don Luis. Cuando me desperté en la mañana del 9 de octubre, me sentía muy bien. Le dije a mi hermana que quería comer, lavarme, vestirme e ir a la iglesia, y le conté mi sueño. Ella se quedó sorprendida. Pero me levanté y podía tenerme en pie y comencé a caminar sin caerme. Entonces, comprendí que estaba curado. Me vestí y fui a la iglesia a agradecerle al siervo de Dios. Regresé al Oratorio el 22 de enero de 1997. Los doctores, que me habían atendido en Sudáfrica, me hicieron nuevos exámenes y determinaron que la curación del sida había sido inexplicable.

La comisión de médicos del Vaticano aprobó el hecho, realizado por intercesión del beato Luis Scrosoppi, como incomprensible para la ciencia. El 10 de junio del 2001, en la plaza de san Pedro, estuvo presente Peter Chungu para la canonización del beato Luis Scrosoppi.





  1. Manuel Cifuentes


Yo tenía 10 años aquella mañana del 4 de enero de 1982 y estaba cogiendo leña con mi padre, mi tío y mi primo. En cierto momento, al agacharme, una rama me golpeó el ojo. Sentí un dolor muy intenso. Mi padre cogió un pañuelo y me tocó, pero me dolía mucho más. Entonces, me llevaron al médico. Dijo que tenía una herida muy grave en el ojo y que debían llevarme urgentemente a un especialista. Así que tomaron el coche y me llevaron rápidamente a Albacete (España).
Fuimos a visitar al oculista Dr. Juan Ramón Pérez, que aconsejó una intervención quirúrgica, me vendó el ojo y me dio unas pomadas. Mi padre había encontrado dos días antes, en la escuela donde enseñaba, una medalla del beato Ricardo Pampuri y me dijo que era un hombre santo, que hacía milagros. Por eso, al ponerme la pomada, me convenció de que tuviera esa reliquia del santo para pedirle la curación. Aquella noche recé más que nunca en mi vida. Hacia medianoche, mi padre vino a ver cómo estaba, pero el ojo me dolía mucho. A las cinco de la mañana, volvió a verme y todo seguía igual. A las siete me despertó, porque quería ponerme la pomada y le digo: “Papá, ya no tengo dolor y veo todo muy bien”. Fue una emoción enorme para toda la familia. Una hora más tarde, fuimos de nuevo a ver al médico. Quedó asombrado, pues no encontró lesión alguna. Y fuimos a ver al oculista a Albacete, que reafirmó la curación, y dijo: “Para mí hay dos cosas sorprendentes: la ausencia de cicatrices y la rapidez con la que han desaparecido las señales de la herida”. En realidad, no sólo fue una curación rápida, sino una restauración del ojo dañado, algo incomprensible para la ciencia médica.
Cuando a los 17 años he venido a Roma para la canonización de Ricardo Pampuri, he comprendido la importancia del milagro que había recibido. Ha sido una experiencia inolvidable. Recuerdo que había miles y miles de personas, todas unidas en la misma fe para glorificar al Señor, como yo lo hago cada día.
En los Archivos del Vaticano hay miles de casos de curaciones realizadas por santos, con las que han sido beatificados o canonizados.



  1. SANTOS INCORRUPTOS

Muchas veces, Dios ha manifestado la santidad de sus hijos a través de la incorrupción de sus cuerpos, después de su muerte. Éste es un signo más del amor de Dios y de su poder sobre los elementos de la naturaleza. La gran diferencia entre la momificación natural o artificial y la incorruptibilidad de los santos, es que aquella momificación es siempre rígida y dura, y los cuerpos son secos, descoloridos y arrugados. En cambio, en los santos, los cuerpos, o parte de ellos, están enteros, flexibles y con buen olor.


El cuerpo de santa Bernardita Soubirous, la vidente de la Virgen en Lourdes, se conserva incorrupto desde 1879. Su cuerpo está expuesto en una urna de cristal en el convento de san Gildard, en Nevers, Francia.
Santa Catalina Laboure, que vio a la Virgen de la Medalla milagrosa, tiene su cuerpo incorrupto desde 1876 y es admirado por miles de peregrinos que la visitan en el convento de la Rue de Bac, en París.
San Andrés Bobola fue parcialmente desollado vivo, sus manos fueron cortadas y su lengua arrancada. Y así, tras horas de torturas y mutilaciones, lo mataron, cercenando su cabeza con una espada. Su cuerpo fue enterrado por los católicos en una bóveda de la iglesia jesuita de Pinsk, donde fue encontrado cuarenta años después, perfectamente conservado a pesar de las heridas abiertas, que normalmente favorecen y aceleran la corrupción. Aunque su tumba era muy húmeda, causando la descomposición de sus vestimentas, su cuerpo estaba flexible y su carne y músculos estaban suaves al tacto. La preservación milagrosa de su cuerpo fue reconocida por la Congregación de Ritos en 1935. Su cuerpo permanece incorrupto después de más de 300 años.
El cuerpo de san Josafat Kuncewycz (+1623) lo echaron a un río donde estuvo una semana y al sacarlo no se había deteriorado. El cuerpo de santa Catalina de Génova (+1510) se encontró intacto después de 18 meses de sepultado a pesar de la gran humedad del lugar que había destruido el ataúd.
En otros casos como en el de San Pacífico (+1721) fue sepultado directamente sobre la tierra y sin embargo estaba incorrupto. Nombraremos a algunos de los santos cuyos cuerpos permanecen incorruptos hasta hoy:
Santa Lucía, santa Clara de Montefalco, beata Ossana Andreasi, san Eusebio de Roma, santa Eufemia de Calcedonia, san Carlos Sezze, venerable María de Jesús de Agreda, santa Verónica Giuliani, beato Sebastián Aparicio, santa Rita de Casia, san Peregrino Laziosi, santo cura de Ars, san Juan Bosco, san Francisco Javier (algunas partes), beato Francisco Javier Seelos, san Pío V, san Vicente Paul, santa Francisca de las cinco llagas, beato Angelo de Acri, beata Ana María Taigi, beato Stefano Bellesini, santa Clara de Asís, san Ezequiel Moreno, san Pío de Pietrelcina, santa María de san José. En algunos casos les han colocado una máscara de cera para realzar su rostro algo deteriorado o ennegrecido.

Ahora bien, tengamos en cuenta que la incorrupción de los cuerpos de los santos no es eterna. Según los designios de Dios normalmente, después de unos años o de algunos siglos, vuelven a corromperse o quedan en muchos casos como momias con la piel seca, aun manteniendo la flexibilidad.




  1. ÓRGANOS INCORRUPTOS

En algunos santos quedó incorrupta solo una parte de su cuerpo como el cerebro en el caso del beato Francisco Faa, san Cornelio de Chambery, Vble. Tomás de Olera, san José Brochero, beata Eurosia Fabris; en san José de Calasanz, la beata Felipa Mareri, san Ricardo de Andria y Teodora Guerin (+1856).


San Antonio de Padua murió el 13 de junio de 1231. En 1263 decidieron trasladar sus restos a la nueva basílica construida en su honor y encontraron su lengua incorrupta. Actualmente la lengua del santo está expuesta a la devoción de los fieles en un magnífico relicario en la capilla de las reliquias de Padua 1. También quedó con la lengua incorrupta santa María Egipciaca (+430) y el beato Bautista Varano (+1524).
De san Buenaventura (+1274) se refiere que en 1434, con ocasión de un traslado de sus restos, encontraron su cabeza en estado de muy buena conservación y su lengua roja como en vida.
Del Vble. Dionisio di Rijkel (+1471) quedaron incorruptos el pulgar y el índice de la mano derecha. Al igual que en el venerable Roberto Sutton (+1587).

San Roque González (+1628) fue martirizado en Brasil. Su corazón permanece incorrupto hasta el día de hoy y se encuentra en Roma junto con el hacha de piedra con la que fue martirizado. También permanece incorrupto el corazón de santa Rosa de Viterbo (+1251), de la beata Margarita de Lorena (+1521), de santa Verónica Giuliani y de san Antonio María Claret (+1870). Durante la exhumación de 1897 se encontró su corazón intacto. De san Carlos de Sezze (+1670) se conserva intacto el corazón hasta el día de hoy y se encuentra en el convento de san Francisco de Ripa (Roma). De santa Margarita María de Alacoque (+1690) el corazón y el cerebro se conservan incorruptos todavía.


Es especial la conservación del cuerpo de san Colomano (+1012) que dejaron colgado de un árbol por varios meses, o los cuerpos de los 800 mártires de Otranto que estuvieron más de un año tirados en el campo sin que las fieras o aves los maltrataran y siempre con un buen olor e incorruptos.

  1. HECHOS INEXPLICABLES

Algo inexplicable es también el movimiento racional y voluntario del brazo o del pie o de los ojos después de muertos. San Gibriano alzó su brazo para bendecir. San Felipe Neri y algunos otros santos se cubrieron con sus manos las partes íntimas, cuando estaban siendo revestidos o cruzaron sus brazos sobre el pecho. Santa Catalina De Vigri sonrió, cuando era trasladada delante del altar. En el caso de la beata Maía di Gesù Crocefisso (+1878) fue necesario que la Priora le mandara por obediencia que permaneciera con los brazos cruzados para poder meterla en el ataúd.


La beata Margherita da Città di Castello (+1320), estando en su ataúd, hizo un gran milagro. Cuando le presentaron una niña coja y muda, la difunta alzó el brazo y puso su mano sobre la cabeza de la niña que instantáneamente se curó. Cuando quisieron hacer un examen de su cuerpo incorrupto, ella movió sus brazos para cubrirse las partes íntimas.
Del beato Antonio da Stroncone (+1461) se refiere que en 1649 llevaron una mujer endemoniada junto a su relicario y él alzó la cabeza y la espalda unos 20 centímetros. Y lo mismo hizo con la mano derecha. En una inspección en 1809 vieron que estaba así con la cabeza, la espalda y el brazo elevados sin apoyo ninguno de modo inexplicable.
Un día Catalina de Siena fue a visitar el cuerpo de santa Inés de Montepulciano y, a la vista y presencia de todos, ésta levantó en alto un pie y, muy honesta y dulcemente, antes que santa Catalina bajase su cabeza, se lo dio a besar. Y, cuando la virgen santa Catalina vio esto, más se humilló y se inclinó; y luego el pie poco a poco se tornó a su primer lugar 2.
Otro día volvió Catalina al convento de la virgen santa Inés para poner allí a dos sobrinas suyas. Y cuando visitó de nuevo el cuerpo de santa Inés, ocurrió otro nuevo milagro. Cuando llegó al cuerpo de la santa, no se puso a sus pies como la primera vez, sino a la cabeza, puso su rostro sobre el rostro de santa Inés, aunque por encima de los cobertores de seda y oro, que estaban sobre el cuerpo, y así estuvo un buen espacio de tiempo. Después, volviéndose a sus compañeras, en especial a sor Lisa, su cuñada y madre de las dos niñas que había traído para ser religiosas, le dijo: “¿Cómo no miráis ni sentís la gran merced que se nos envía del cielo?”. Lisa y las otras compañeras levantaron los ojos en alto y vieron descender, a manera de lluvia, un maná muy blanco y menudo que copiosamente cubría el cuerpo de santa Inés y de santa Catalina y a todas cuantas allí estaban. De modo que Lisa llenó sus manos de los granos de maná que así caían. Esto había sucedido muchas veces en vida mortal de santa Inés, pues caía sobre ella, especialmente cuando oraba, un maná.
Y las niñas que la santa criaba para el servicio de Dios, al ver sus vestiduras blancas, cuando se levantaba de la oración, querían sacudirlas, pero ella dulcemente y con modestia las quitaba para que no lo hiciesen 3.
Algo inaudito es que incluso después de muertos, a algunos santos les crecen las uñas, los cabellos o la barba, como en el caso de san Gaudencio, san Amando de Maastricht y la Vble. María Lorenza Longo.
De la beata Elena Enselmini (+1241) afirma un documento antiguo: cum sit lungo tempo quod mortua est et ita sibi crescat capilli et ungues quod maius est ac si ipsa viveret (A pesar del mucho tiempo que hace desde que ha muerto, le crecen los cabellos y la uñas como si ella estuviera viva). Así lo afirma Bartolomé de Pisa que vio escritos antiguos sobre ella.
Otra cosa inexplicable es que permanezca el calor en un cuerpo muerto durante mucho tiempo, como en el caso de la sierva de Dios María Villani (+1670). Nueve horas después de su deceso un cirujano le extrajo el corazón y se extrañó del fuerte calor que tenía dentro; lo mismo sucedió con la Vble. Serafina de Dios (+1699) después de 30 horas de su muerte.
Del beato Domenico Lentini (+1828) se refiere que después de muerto estuvo expuesto a la veneración de los fieles durante 7 días y estaba flexible y con calor y salía sangre fresca y perfumada.
Algo realmente extraordinario, es lo que sucedió con los ojos de san Pascual Bailón en la misa de exequias. Varios testigos certificaron en el Proceso haber visto cómo sus ojos se abrían y cerraban al momento de la elevación de la hostia y del cáliz, como si quisiera manifestar así, después de muerto, su amor y devoción a Jesús Eucaristía.
Ana Ortiz de Matamoros manifestó que se quedó maravillada y atónita en el momento de la elevación. Dice: Cuando el sacerdote levantó la hostia, fray Pascual abrió los ojos; y los volvió a cerrar cuando el sacerdote la depositó sobre el altar. Asimismo, a la elevación del cáliz abrió los ojos y vuelta a cerrarlos cuando el sacerdote lo puso sobre el altar 4.

Otra testigo, Bárbara Sanz, certifica que vio cómo abría los ojos a la doble elevación del pan y del vino consagrados. Lo vio ella y muchos hombres y mujeres que estaban cerca del féretro. Todos comentaban la gran devoción que el bendito fraile profesaba a la Eucaristía 5.



También Leonor Jordán declaró: Lo vi con mis propios ojos cómo abría los suyos a la elevación de las dos especies sacramentales 6.
En la Bula de canonización escribía el Papa Inocencio XII el 15 de julio del año 1691: Divulgada la fama de su feliz tránsito, acudió una extraordinaria multitud que, admirada, mientras vivía, de su santidad, fue confirmada en la misma admiración con el prodigio consecuente de abrir los ojos en el féretro a la doble elevación de las especies sacramentales.
En 1354 el emperador de Alemania Carlos IV visitó los restos de santa Inés de Montepulciano y mientras oraba, vieron los presentes que abriendo el cadáver los ojos, los fijaba en el emperador con tanta viveza como si estuvieran vivos. Todos quedaron pasmados ante esta maravilla 7.
Algo también muy singular es el lenguaje de san Pascual. Por medio de golpes 8 dados junto a su sepulcro o en lugares donde se encuentran algunas de sus imágenes, manifiesta su presencia viva, queriendo dar un mensaje positivo o negativo, según que los golpes sean suaves y delicados o muy fuertes. Es una manera de decirnos que está vivo, que se preocupa de nosotros y que quiere ayudarnos en los momentos felices o desgraciados. Y esto ha sucedido a lo largo de los siglos, incluso en la actualidad.
Todos los biógrafos coinciden en que los golpes comenzaron a oírse a raíz de la introducción de su causa de beatificación en Roma el 9 de mayo de 1609. Algo muy interesante es anotar que el santo tenía un sobrino también franciscano, fray Diego Bailón, que murió con fama de santidad el 30 de febrero de 1630.
Este sobrino, en 1612, moraba en el convento de Villarreal y era muy humilde y sencillo. Cuando regresaba de pedir limosna por las calles, después de tomar la bendición del Superior, se dirigía a la tumba de su tío, contándole los incidentes de la jornada. Y siempre oía unos golpes procedentes de su tumba como en señal de aprobación de lo que había hecho 9.

El padre Cristóbal de Artá, postulador de la Causa, cita el siguiente caso: Estando reunidos en 1669 en la ciudad de Valencia con el Virrey los tres jueces apostólicos, tratando el asunto de su canonización, sintieron en tres distintas ocasiones más de quince golpes en una pequeña imagen del beato 10.
El padre Antonio Marcet informa: Personalmente debo manifestar que he oído los golpes varias veces y siempre he comprendido lo que yo llamaría el lenguaje del santo. Y cita lo que le sucedió el 3 de mayo de 1942. Se dirigía a Valencia para ciertas diligencias y dijo: “Algo extraordinariamente grato me sucederá, porque he oído los golpes del santo”. Y sucedió que se encontró con el poseedor de un cayado que presuntamente perteneció a san Pascual y se lo entregó para el templo del santo en Villarreal 11.
La beata Beatriz del Este nació en 1230 y murió el 18 de enero de 1270. También en su sepulcro se oyen golpes fuertes con ocasión de acontecimientos tristes o festivos.



  1. SANGRE FRESCA

En algunos cuerpos de santos incorruptos se ha percibido la salida de sangre fresca como un milagro de Dios para indicarnos que siguen vivos, si no a nuestra vista en este mundo, sí en la realidad, porque viven con Dios e intervienen en nuestras vidas con apariciones o milagros asombrosos.


Al tercer día de su muerte, una señora cortó un dedo a san Silvestro Guzzolini (+1267) y salió mucha sangre fresca. El Papa Pablo V en bula de 1617 dice de él: Insigne por su virtud y milagros tuvo la gracia de recibir la comunión de las manos de la Virgen María.

Después de 15 días de su muerte, de la nariz de la beata Angelina da Spoleto (+1450), salió abundante sangre viva. Después de 36 años de la muerte de san Pedro Regalado (+1456), le quitaron algunos dedos para reliquias y le salió mucha sangre durante un tiempo.


Mientras velaban el cuerpo de la beata Francesca D´Amboise (+1485) una religiosa le cortó el dedo pequeño del pie y salió mucha sangre fresca.
De la nariz de santa Catalina de Bologna (+1463) a los tres meses de su muerte, salió mucha sangre. Del cuerpo de san Juan de la Cruz (+1591), después de nueve meses de enterrado, salió sangre viva. De san Bernardino de Siena (+1444) salió sangre de su nariz a los 23 días de su fallecimiento. Del cuerpo de san Francisco Javier (+1552) salió sangre después de año y medio de su muerte. A los 40 años de la muerte de san Nicolás de Tolentino salió mucha sangre por la amputación de sus brazos. Y este fenómeno sucedió varias veces a los largo de 400 años. Este suceso fue considerado por el Papa Benedicto XIV como milagroso.
San Martín de Porres murió en 1639. En 1664 quisieron trasladar sus restos a otro lugar más conveniente para la veneración de los fieles. Fray Tomás Marín refiere que él desenterró sus restos. Y habiendo visto los huesos, vio que estaba entero el cuerpo en la armazón de ellos y se abalanzó a sacarlo y, cogiéndolo por medio cuerpo, se le descoyuntó y vio que los dichos huesos estaban frescos y con alguna carne viva y un olor fragante a rosa.
Y cogiendo los huesos por la parte del cerebro se le quedó en la mano un cuajarón de sangre… y salió sangre viva cosa de que este testigo quedó admirado y dio cuenta al prelado y a los otros religiosos por el mucho tiempo que estaba enterrado (25 años) 12.
El beato Diego José de Cádiz murió en 1806. En 1867 se hizo un reconocimiento de sus restos y los médicos encontraron gotas de sangre que salían de sus huesos, lo cual fue considerado como algo milagroso. Los médicos lavaron los huesos con agua natural y quedaron admirados al ver destilar sangre de algunos huesos, antes y después de lavarlos 13.

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