Los problemas con la nueva misa



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LOS PROBLEMAS CON LA NUEVA MISA

Una breve visión de conjunto de las mayores dificultades teológicas inherentes al Novus Ordo Missae
por
Rama P. Coomaraswamy, M.D., F.A.C.S.
«El hombre no puede realizar una acción más santa, más grande, más sublime que celebrar una Misa, a cuyo respecto el Concilio de Trento dice: “Nosotros debemos confesar que ninguna otra obra puede realizarse tan santa y divina como este formidable Misterio. Dios mismo no puede originar una acción para ser realizada que sea más santa y más grande que la celebración de la Misa”. »

—S. Alfonso M de Ligorio



La Santa Misa

ACERCA DEL AUTOR

El Dr. Rama P. Coomaraswamy nació en la Ciudad de Nueva York en 1929 y es hijo de Ananda y Doña Luisa Coomaraswamy. Es miembro de la famosa familia Coomaraswamy de Ceilán (Sri Lanka). Su primera instrucción fue en Canadá, India e Inglaterra. Hizo sus estudios en la Universidad de Harvard, y sus estudios médicos en la Universidad de Nueva York donde se graduó en 1959. Posteriormente, realizó ocho años de estudios médicos postgraduados en cirugía en la Universidad de Medicina Albert Einstein de la ciudad de Nueva York donde se especializó en cirugía general y torácica y cardiovascular. Durante muchos años estuvo en el cuerpo docente de la Universidad de Medicina Alberto Einstein y actualmente posee en ella el empleo de profesor auxiliar de cirugía. Ha publicado más de 40 artículos científicos en su campo.

Paralelamente a su carrera médica, ha mantenido un interés profundo en las materias teológicas. Durante cinco años a principios de la década de 1980 fue profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Sto. Tomás de Aquino en Ridgefield, Connecticut. Él es el autor de La Destrucción de la Tradición cristiana (1981) y de más de 50 artículos de temas teológicos, publicados en los Estados Unidos, Inglaterra e India, algunos de los cuales se han traducido al español, francés y alemán.

El Dr. Coomaraswamy se convirtió al catolicismo a los 22 años. Él y su esposa, Bernadette, tienen seis hijos y cuatro nietos, y viven en Greenwich, Connecticut.

Sería imposible para mí dar las gracias a todas las personas que posibilitaron este libro. Sin embargo, me gustaría agradecer particularmente a las personas siguientes que han ayudado, o a través de su influencia, o por sugerencias y correcciones: Patrick Henry Omlor, Padre James E. Wathen y los autores de la llamada «Intervención de Ottaviani», que primero confirmó mis sospechas sobre la nueva Misa. El Padre Anthony Cekada que ha revisado pacientemente y ha debatido cada problema que implica la teología del texto. Tom Nelson de TAN que ha sido un editor amable. El Padre Martin Stepanich, O. F. M., Zenon Kuzak y Robin Pannell que entre otros han apuntado los errores y sugerido las correcciones. Y finalmente a muchos otros que han hecho sugerencias, de quienes he aprendido, y que me han animado. Si no los menciono a todos, es sólo porque el espacio no lo permite.

«El Sacrificio de la Misa es y sigue siendo el centro de la Religión cristiana, el compendio de los ejercicios espirituales, el corazón de la devoción y el alma de la piedad. De aquí el poder siempre nuevo e infalible con el que el Santo Sacrificio de la Misa atrae a todos los corazones católicos y reúne a las naciones católicas alrededor de sus altares. Por doquier la Santa Misa conserva este poder magnético de atracción... El Santo Sacrificio de la Misa es el alma y el corazón de la liturgia de la Iglesia; es el cáliz místico que presenta a nuestros labios el fruto dulce de la pasión del Dios-hombre —esto es, la gracia».

— Padre Nicolás Gihr


El Santo Sacrificio de la Misa


ÍNDICE

INTRODUCCIÓN  7

La Misa católica  7

La Misa católica es un verdadero sacrificio 9

Una explicación adicional de la naturaleza de esta inmolación  10

Una breve historia de la Misa  14

¿Podemos perder la Misa?  17

LOS PROBLEMAS CON LA NUEVA MISA  19

Dos técnicas de supresión  22

Los Autores de la Nueva Misa  26

Por qué fue escrita la Nueva Misa  27

Aceptable a los protestantes  30

La Estructura de la Nueva Misa. 32

El Ofertorio  35

Las Nuevas Plegarias Eucarísticas  38

La «Narrativa de la Institución»  43

Cambiando Las Palabras de Cristo  45

«Todos» por «Muchos» 54

La Aclamación Memorial  56

El Cuerpo de Cristo  56

El Altar se Convierte en Mesa  57

El Sacerdote Mirando al Pueblo 59

¿Es Aceptable Una Consagración Dudosa?  61

El Sacramento de la Unidad  62

La Instrucción General  63

Definiendo la Nueva Misa  64

Una Instrucción General «Revisada»  67

A pesar de todo una Cena  68

A pesar de todo un Presidente  68

Perpetuando la Ambigüedad  70

Más «Charla de Mesa» 71

Una Concesión a los Conservadores 72

La Misa «Indulto»  73

¿Las Traducciones Infieles son Abusos?  75

Conclusión  79

¿El novus ordo es obligatorio y la misa tradicional está condenada? 84

INTRODUCCIÓN




«El que intenta apropiarse del Santo Sacrificio de la Misa de la Iglesia no urde una calamidad menor que si tratara de arrebatar el sol del universo. »

—S. Juan Fisher1

(1469-1535)


La Misa Católica



C

UALQUIER DISCUSIÓN DE LA MISA CATÓLICA requiere un reconocimiento de su posición crucial en la Iglesia; así como un poco de comprensión de su naturaleza. Según S. Juan Crisóstomo (347-407), un Padre y Doctor de la Iglesia, cuando se dice la Misa:


Se abre una fuente de la que manan ríos espirituales —una fuente alrededor de la cual se sitúan los ángeles, mirando en la belleza de sus chorros, ya que ellos ven más claramente en el poder y santidad de las cosas que están por descubrir, y sus esplendores inaccesibles.2
S. Alfonso M. Ligorio (1696-1787) describió la Misa como «la cosa más hermosa de la Iglesia». ¿Y por qué? Porque «en la Misa, Jesucristo se dio Él Mismo a nosotros por medio del Santísimo Sacramento del Altar, que es el fin y el propósito de todos los demás Sacramentos».3 S. Leonardo de Puerto Mauricio llamó a la Misa «el único Sacrificio que nosotros tenemos en nuestra santa religión un Sacrificio santo, perfecto, en cada punto completo, por el que cada uno de los creyentes honra a Dios noblemente».4 El Padre Michael Müller, C.SS.R. dice, «El Santo Sacrificio de la Misa es una de esas obras mayores que la omnipotencia de Dios no puede mostrar Es una imposibilidad absoluta para cualquier entendimiento humano o angélico concebir una idea adecuada de la Misa. Todo lo que nosotros podemos decir es que su dignidad y santidad son infinitas».5 El Cura de Ars nos dice, «Todas las buenas obras juntas no son de igual valor que el Sacrificio de la Misa porque ellas son las obras del hombre, y la Santa Misa es la obra de Dios».6

El Padre Nicolás Gihr, en su erudito y monumental estudio de la Misa, dice:


La celebración de la Misa es el servicio divino más digno y más perfecto, porque procura al Altísimo un culto y una veneración que millones de palabras serían incapaces de dar-Le Es un Sacrificio único [y] aventaja infinitamente en valor y dignidad, en poder y eficacia, a todas las muchas oraciones de la Iglesia y los creyentes Siempre que este sacrificio conmemorativo se celebra, la obra de redención se realiza Es el alma y el corazón de la liturgia de la Iglesia; es el cáliz místico que presenta a nuestros labios el fruto dulce de la pasión del Dios-hombre —esto es, la gracia.7
El Papa Urbano VIII dijo de la Misa:
Si hay algo divino entre las posesiones del hombre, que los ciudadanos del Cielo podrían codiciar (si la codicia fuera posible para ellos), sería ciertamente el Santísimo Sacrificio de la Misa cuya bendición es tal que en él el hombre posee una cierta anticipación del Cielo mientras todavía está en la tierra, incluso tiene ante sus ojos y toma en sus manos al mismo Creador de Cielo y Tierra. Cuán grandemente tienen que esforzarse los mortales para que el privilegio más imponente se guarde con el culto y reverencia debidos, y tengan cuidado para que su negligencia no ofenda a los ojos de los ángeles que miran con adoración envidiosa.
Declaraciones tales como la anterior son legión entre los escritos de los Santos, Doctores y escritores sagrados de la Iglesia; ellos reflejan la creencia constante de la Iglesia acerca de la naturaleza e importancia del Santo Sacrificio de la Misa.

La Misa Católica Es un Verdadero Sacrificio


La Iglesia Católica siempre habla de la Misa como Sacramento y como Sacrificio. El Concilio de Éfeso (431 d. C.) enseña que «Cristo se ha entregado por nosotros, una oblación y un Sacrificio a Dios por olor de dulzura». S. Cipriano (200-258) nos dice que «el derecho a celebrar el Santo Sacrificio constituye el adorno más hermoso y la guirnalda de honor del sacerdocio católico, y por esta razón la privación de este privilegio era considerada como el más severo y el más doloroso de los castigos». S. Ambrosio (340-397) nos dice que «los ángeles están presentes cuando estamos celebrando el Sacrificio, dado que usted no puede dudar que los ángeles estén presentes, cuando Cristo está allí, cuando Cristo está siendo sacrificado» La Liturgia de Santiago dice: «Acallad toda carne mortal, permaneciendo [en el momento de la Consagración] en respeto y temor; porque el Rey de reyes, el Señor de los señores, Cristo nuestro Dios está a punto de ser sacrificado y ser administrado como alimento a los creyentes».8

Mas un sacrificio no puede suceder sin inmolación, u «ofrecimiento», de una víctima. Sto. Tomás de Aquino dice, «es apropiado a este Sacramento que Cristo deba ser inmolado en su celebración». (Summa, III, 83, 1). En el Sacrificio de la Cruz y el Sacrificio de la Misa, el sacerdote sacrificador primordial, a saber, Cristo, y el presente sacrificial son idénticos. Sólo la naturaleza y el modo de la ofrenda de los dos son diferentes. Todas y cada una de las Misas válidas recapitulan —hacen presente de nuevo— el mismo Sacrificio que ocurrió en el Calvario. La única diferencia es que el Sacrificio de Cristo en la Cruz era cruento, y el de la Misa es incruento. El sacrificio de la Cruz y el de la Misa son, no obstante, uno y el mismo Sacrificio. Como declara el Catecismo del Concilio de Trento:


La Víctima cruenta y la incruenta no son dos, sino una única Víctima, cuyo Sacrificio se renueva diariamente en la Eucaristía El sacerdote también es uno y el mismo, el Señor Cristo; porque los ministros que ofrecen el Sacrificio consagran los sagrados misterios no en su propia persona, sino en la de Cristo, como dejan claro las palabras mismas de la Consagración; porque el sacerdote no dice, «Éste es el Cuerpo de Cristo», sino, «Éste es Mi Cuerpo», y actuando así en la persona del Señor Cristo, él cambia la substancia del pan y el vino en la substancia de Su Cuerpo y Su Sangre.
Esta doctrina sobre la naturaleza inmolativa y verdaderamente sacrificial de la Misa está ligada a la conciencia católica, porque como los Cánones del Concilio de Trento declaran: «Si alguien dijera que en la Misa [es decir, en todas y cada una de las Misas] un verdadero y apropiado sacrificio no es ofrecido a Dios ¡sea anatema!»

Una Explicación Adicional de la Naturaleza de esta Inmolación


Se dice que el sacrificio inmolativo de Cristo es «perpetuo». Como el Padre M. Olier, el santo fundador de S. Sulpicio en París explica: «Para presentar el misterio del santo Sacrificio de la Misa, uno debe saber que este Sacrificio es el Sacrificio del Cielo Un Sacrificio ofrecido en el Paraíso que, al mismo tiempo, se ofrece aquí en la tierra, y ellos sólo difieren en que aquí en la tierra el Sacrificio ocurre sin ser visto».9 A lo que el Padre Olier está refiriéndose se explica en la visión apocalíptica del Apóstol S. Juan en la que describe el sacrificio del Cordero, «matado» pero vivo y sentado en el trono, con los veinticuatro ancianos que lo adoran, con las melodías de arpa y con el perfume de incienso, mientras las multitudes de ángeles y todas las criaturas cantan la alabanza al Cordero y el eterno «Amén». (Apoc. 5:6-14). Como la Escritura enseña: «el Cordero fue matado desde el principio del mundo» (Apoc. 13:8), este «Cordero, sin defecto ni mancha, ya conocido antes de la creación del mundo, pero manifestado al fin de los tiempos por amor vuestro» (1 Ped. 1:19-20). Así en la Misa nosotros vemos el perpetuo Sacrificio Celestial del Cordero descendido del Cielo y presentado en el altar ante nuestros ojos. Como el Canónigo Smith nos dice, individuos santos tales como
El P. Condren, el Cardenal de Berulle, M. Olier y P. Lapin sostienen unánimemente que Cristo en el Cielo permanece haciendo eternamente una ofrenda externa y visible de Su sagrado Cuerpo, pero mientras que en el Calvario ese Cuerpo se destruyó en la muerte, en el Cielo es aniquilado, por así decirlo, en la gloria devoradora de la radiante vida divina.10
La Consagración y el Sacrificio efectuados por el sacerdote (que está en el lugar de Cristo) es, entonces, la manifestación visible de un acto eterno e intemporal. Después de la Consagración, como dice Guéranger en El Año Litúrgico, «¡el Cordero divino yace en nuestro altar!». Así vemos que la Misa es la realidad visible, aquí y ahora, de la Misa intemporal del Cielo, descrita en el Apocalipsis. A través de ella participamos en la Liturgia Celestial; a través de ella las puertas del Cielo se nos abren y la posibilidad de la vida eterna se hace accesible para nosotros.

El concepto de la Misa como la renovación del sacrificio de Cristo en la Cruz es importante si queremos entender por qué la Misa es llamada una «conmemoración». No es una conmemoración en el sentido en que nosotros conmemoramos la muerte del soldado desconocido, o incluso la muerte de un ser amado. Ésta es la creencia protestante, a saber, que la Misa es una «conmemoración» de la Crucifixión histórica. Antes bien, la Misa es una conmemoración en el sentido en que «hace volverse a la mente», en el sentido filosófico al que aludía el gran filósofo pagano Platón (427-347 a.C.), a un recuerdo de algo que tiene su propia realidad autoexistente, perpetua y eterna en el Cielo. De esta manera la Misa hace presente de nuevo lo que aconteció en el Calvario y que está ocurriendo eterna y perpetuamente en el Cielo. Esto, por supuesto, sólo puede ocurrir a través de la mediación de un sacerdote al que le ha sido dado el poder, como así era, «de traer el Cielo a la tierra».

Los protestantes y anglicanos (episcopalianos en América)11 rechazan este dogma. Ellos niegan que haya ninguna acción immolativa (sacrificial) y por lo tanto ninguna PRESENCIA REAL. Mientras que los católicos veneran a las Sagradas Especies después de la Consagración de la Misa, los protestantes reconocen sólo pan y vino y por ello nos acusan de idolatría.12 A pesar del hecho de admitir que el Sacrificio de la Cruz fue un verdadero Sacrificio, todavía insisten en que ocurrió por última vez, y que lo único que acontece o puede acontecer en la Misa diaria es una nueva narración a modo de historia de lo que ocurrió hace unos dos mil años. En sus ojos el rito es una mera «conmemoración» de este evento histórico, y, como tal, no requiere ni sacerdote ni especiales poderes sacerdotales para realizarlo. Como Lutero dijo, «La Misa no es un sacrificio llamadla bendición, Eucaristía, la mesa del Señor, la cena del Señor, la Memoria del Señor o cualquier cosa que gustéis, con tal de que no la ensuciéis con el nombre de un sacrificio o acción». En cuanto a los anglicanos o episcopalianos, el artículo treinta y uno de su «credo» declara que la Misa, tal como es entendida por el Concilio de Trento, es una «fábula blasfema y un engaño peligroso».13

Debido a la magnitud infinita de este Sacrificio immolativo de la Misa, la doctrina católica sostiene que la Misa es también y al mismo tiempo un sacrificio de alabanza, de acción de gracias, de propiciación (reparación, expiación, conciliación), y de impetración (petición).

La Misa es un sacrificio de alabanza y adoración porque
La celebración del Sacrificio eucarístico contiene una adoración infinitamente perfecta de Dios, porque es el Sacrificio que Cristo Mismo ofrece a Su Padre celestial. Ni es posible para el hombre crear un rito que sea un Sacrificio mayor de alabanza y adoración, porque es Cristo Mismo y el Espíritu Santo, actuando por medio de los Apóstoles, quien es el Autor de la Misa.14
Al mismo tiempo y del mismo modo, la Misa es un sacrificio de acción de gracias. «Ya que en la Santa Misa nosotros adoramos, alabamos y magnificamos a Dios por medio de Cristo y con Él, nosotros cumplimos de una manera perfecta el primer deber que como criaturas debemos al Creador —el deber de gratitud».

Los protestantes están perfectamente dispuestos a reconocer que un servicio del culto sea descrito como un «sacrificio de Alabanza y Acción de gracias». Pero en esto es donde se detienen. Para ellos, afirmar que la Misa es más que esto es una blasfemia. La Iglesia insiste sin embargo en que la verdadera Misa es mucho más.15 Debido a su naturaleza fundamentalmente inmolativa, la Misa es, entre otras cosas, un «sacrificio propiciatorio»; él «propicia» (aplaca) el enojo y la justicia de Dios. Como dice el Padre Nicolás Gihr, «Cristo sobre la Cruz se hizo merecedor para nosotros de todo el perdón del pecado, de la gracia de la santificación y de la beatitud eterna Quienquiera que se aparta de este Sacrificio; quienquiera que a causa de la desobediencia y la incredulidad lo desprecia y lo rechaza, para él “ya no queda ningún [otro] sacrificio para los pecados, sino una terrible expectativa del juicio y la furia del fuego”». (Heb. 10: 26 27). Además, como acto de propiciación, la Misa «calma y apacigua el justo enojo de Dios, desarma Su justicia e induce al Señor a considerar al hombre pecador con favor y misericordia Por consiguiente, como sacrificio propiciatorio, la Misa tiene el poder y, como consecuencia de la ordenanza de Cristo, tiene por objeto directa e infaliblemente —esto es, en el más estricto sentido ex opere operato— cancelar el castigo temporal».16 Es más, esta anulación del castigo temporal puede aplicarse tanto «a los vivos como a los muertos». Como S. Agustín dice, «no debe dudarse que los difuntos reciben ayuda de los que actúan en la Iglesia y del Sacrificio dador de vida».17 Para los vivos, este fruto sólo es concedido «a medias», pues en virtud del Sacrificio, la Eucaristía obtiene esta gracia para los pecadores sólo «si los encuentra dispuestos» (Sto. Tomás, Sent., IV. 12, q.2, a.2.); para los muertos remite infaliblemente, pero no necesariamente del todo, sino sólo de acuerdo con el buen agrado de la Providencia.18 El Concilio de Trento sostiene que es de fide (es decir, parte de la Fe católica que debe creerse) que «la Santa Misa es un verdadero sacrificio propiciatorio por los vivos y los muertos» y el Catecismo del Concilio de Trento declara que la Misa es «verdaderamente un sacrificio propiciatorio, por medio del cual nos reconciliamos con Dios y recuperamos Su favor». La teología protestante niega específicamente tanto la naturaleza «propiciatoria» de la Misa, como la doctrina de Purgatorio.

Finalmente, la Misa se describe como un sacrificio de impetración o súplica, porque como el mismo Concilio declara, la Misa no sólo se ofrece por los pecados, castigos y satisfacciones, sino también para «otros remedios». El hombre, en unión al sacerdote que ofrece la Misa, puede esperar que sus demandas (con tal de que estén en conformidad con la voluntad de Dios) recibirán una respuesta apropiada. Y en vista de todo lo que se ha dicho anteriormente con respecto al poder y eficacia de la Misa, ¿cómo podría ser de otro modo?


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