Los procedimientos electorales en la democracia representativa. Su importancia e influencia



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Un intento de explicar el funcionamiento de la democracia: la regla de las reacciones anticipadas
Volviendo a la definición de Schumpeter ,en la comparación con otros sistemas políticos se comprueba la preeminencia que las elecciones competitivas tienen dentro de la democracia. Elegir, en un contexto de amplias libertades civiles que permitan a distintas agrupaciones políticas competir para ganar votos, es una característica propia de la democracia. Ahora bien, en su definición Schumpeter encapsula la democracia en un método. Este método es imprescindible y el valor de la caracterización schumpeteriana ha sobrevivido a varias generaciones de estu­ diosos. Sin embargo, es necesario ir más allá de una caracteriza­ ción del modo como se elige, dentro de una sociedad, a quienes ocuparán la administración. Porque también es posible que, a pesar de la existencia de elecciones competitivas -lo cual es un reaseguro para la democracia-, la participación dela ciudadanía quede reducida a darsu voto y luego no sela tenga más en cuenta. Esto no es así y la explicación proviene de la regla de las "reacciones anticipadas" de Carl Friedrich.8

Según esta concepción, los políticos elegidos que pretenden ser reelegidos en un contexto competitivo están condicionados en las decisiones que deben tomar, en el sentido de que éstas no signifiquen un alejamiento de su base electoral.Es decir, tienen en cuenta las reacciones de su electorado por anticipado.

Kelsen,9 en una posición similar, sostiene que si bien no hay

ninguna garantía jurídica de que la voluntad de los electores sea

ejecutada por los funcionarios electos, y éstos son jurídicamente independientes de los electores, el hecho de que un órgano de elección no tenga la probabilidad de ser reelecto, o que esa probabilidad se vea disminuida si su actividad no es considerada satisfactoria por sus electores, constituye una especie de respon­

sabilidad política. De esta manera, el representante expuesto periódicamente a la remoción electoral está preocupado por la reacción de sus votantes ante su actuación. Si esto es así, la



  1. Friedrich, C., Man and his Govemment, New York, 1963, p. 296.

9 Kelsen, H., Teorlageneral del dereclwy del Estado, México,l983, pp. 348y 349. También

So.rtori, G., op. cit., p. 198.
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anticipación de cuál pueda ser la reacción influirá en sus decisio­ nes. Es una característica central de la democracia la posibilidad de que los gobernantes en ejercicio puedan ser alejados del poder en las elecciones siguientes. Si esta posibilidad existe, se puede afirmar que también la mayoría de los derechos y liberta­ des están en vigencia. Para competir libremente por los votos se requiere libertad de reunión, de organización, de expresión y de prensa. La práctica de estas libertades lleva a que se demanden y se establezcan otras libertades, tales como la libertad de culto y derechos civiles ante el uso arbitrario del poder gubernamen­ tal. De ahíla importancia de los procedimientos electorales en la democracia representativa, como reza el título del presente artículo. La competencia electoral proporciona los incentivos y el mecanismo para poner al descubierto las violaciones a la libertad. La protección de la libertad es la consecuencia más característica del gobierno democrático y lo que más claramente lo distingue de los demás sistemas.


Las elecciones como medio para la formación de un gobierno de opinión
Aunque algunos hacen remontar el origen de la expresión "opinión pública" a la Edad Media, lo cierto es que su uso generalizado comienza a fines del siglo xvrrr, y principalmente en Francia. Sus antecedentes son la romana vox populi y la teoría medieval del consentimiento y, en parte, la "voluntad general" de Rousseau .10

Cuando hablamos de la expresión "opinión pública", el térmi­

no "pública" no expresa solamente el sujeto que enuncia una

opinión de ciertas características, sino también y sobre todo el ámbito y la naturaleza de las opiniones en cuestión. Fundamen­ talmente, se llama pública a una opinión no sólo porque se halla


10Pero estos antecedentes no se refieren al mismo concepto. Si se compara lo que hoy llamamos opinión pública con la "voluntad general" de Rousseau o con la teoría del consentimiento, seve inmediatamente que la opinión pública esdivisible en partes, mientras quelosotros forman un todo. Véase SánchezAgestn,L., Principios deteorfapolftica, Madrid, 1967,p.209.
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difundida entre el público, sino además porque pertenece a las "cosas públicas" es decir,la respubli ca.Así entendida, la opinión pública es ante todo un concepto político. Por otro lado, implica la existencia de una situación colectiva, interindividual, pero no se trata de un grupo humano determinado con precisión sino que es un conjunto inorgánico y no institucionalizado que, más que un grupo propiamente dicho, es lo que los sociólogos de­ nominan un "cuasi grupo".

El titular de la opinión pública no consiste en una adición de

individuos en un determinado momento.U Ese titular o sujeto

está conformado por una serie de conjuntos humanos, cada uno de ellos de composición indefinida y cambiante y unidos sola­ mente por su condición de protagonistas -distintos- de un mismo proceso. Los sujetos son cambiantes, por lo que se puede decir que la opinión pública es aquella expresada por un grupo anónimo e indeterminado. Por esa característica propia de su

sujeto, la opinión pública carece de lúnites precisos: puede ser

nacional, vecinal o tan extensa como para denominarla mundial.

El fenómeno de la opinión pública, con las modalidades que asume en la actualidad, ha surgidoy se ha desarrollado en directa vinculación con elrégimen que denominamos democracia repre­

sentativa.Es estesistema degobierno elqueha institucionalizado la libertad de información, de expresión, de prensa, de reunión, de asociación, así como también de oposición, elementos todos estos que posibilitan y facilitan la formación de la opinión pública. Por otra parte, la existencia de opinión pública resulta a su vez necesaria para el buen funcionamiento del mencionado sistema político.

Se ha dicho, en este sentido, que un gobierno que tiene en cuenta la opinión pública es un gobierno por consentimiento. La idea es que aquellos gobiernos que han sido elegidos, que reflejan las opiniones del electorado y que son además conside­ rados responsables -mediante lo que hemos denominado la regla de las reacciones anticipadas- ante sus electorados pue-

11 Con esto no se quiere decir que se trata de un grupo con un a determinada conciencia colectiva. Se trata de un conjunto de personas con una opinión sobre determinado asunto que tiene algunas características que sf son compartidas por el conjunt o. Una indagación más precisa mostraría que cada persona tiene, respecto del asunto deinterés público, sus propias opiniones con matices diferenciales en relación con el resto.
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den denominarse gobiernos a los que se ha otorgado consenti­ mientoYEl consentimiento más general se produce en las pro­ pias elecciones; luego, durante el ejercicio de un gobierno, la opinión pública activa se reduce a grupos más limitados, con diferentes grados e intensidad de interés por la cosa pública.l3

Ahora bien, este consenso va más allá. Efectivamente , se relaciona con la aceptación y con el hecho de compartir valores fundamentales de la sociedad, como la libertad y la igualdad, así como también reglas de juego o procedimientos y políticas gubernamentales específicas.14

Según este esquema, el primer nivel de consenso señala si una

sociedad determinada comparte en su totalidad los mismos valores y fines valorativos. Cuando así ocurre, contamos con lo que Almond considera una cultura política homogénea.15Si bien no puede afirmarse que el consen so respecto de valores funda­

mentales sea una condición necesaria para el funcionamiento de la democracia, la experiencia comparada muestra que, a menos que consiga crear un consenso básico adecuado, la democracia será frágil. Se puede afirmar en este sentido que, si bien este consenso básico no es un prerrequi sito de la democracia, es una condición coadyuvante. Por lo tanto, contribuye a establecer su legitimidad.16

El consenso con respecto alas reglas dejuego oprocedimien to supone, además de la aceptación de las normas en general consignadas en las constituciones, un factor de mayor trascen­ dencia, como el consenso respecto de la regla que determina cómo deben resolverse los conflictos. La falta de consenso al respecto puede conducir a que cada conflicto acerque la posibi­ lidad de una guerra civil. En una democracia esta regla es la regla
12 Así los denomina Sartori, G., op. cit., p. 119.

13Teóricos del contrnto social como Locke, Hobbes, Rousseau, subrayaron In n ecesidad

de una formación consciente del consenso político y u saron la idea de "contrato" como fundamento de la autoridad letima. Los utilitaristas,y hasta cierto punto John Stuart Mili, proporcionaron una ju stificación del gobierno basada en el "interés". En su opinión, un consenso secular debe apoyarse en el reconocimiento de que el gobierno debe estar al servicio de Jos intereses del mayor número.

14Véase Easton, D., A Systems Analysis of Política[ Life, New York,1965, cap. 15.Tam­

bién Sartori, G., op. cit., pp. 126y 127.

15Véase Almond, G., Política/ Developmellf, Boston,1970, cap. I.También: Jackisch, C.,

"Latinoamérica: cultura política y estabilidad democrática". En Contribuciones, N" 4 (1986).

16Véase Lipset, S. M., El hombre polftico, Buenos Aires, 1977, pp. 77-83.
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de la mayoría. A menos que este principio sea aceptado por la generalidad, la sociedad carece de una forma pacífica de resolver conflictos en pugna y la democracia no puede asentarse. En consecuencia, el consenso sobre la regla de solución de los conflictos es una condición necesaria para el funcionamiento de la democracia. Es decir, en el caso de la cultura política, que ésta apuntale al sistema democrático es un elemento que facilita su consolidación, pero en el caso de la regla de la mayoría, como norma para dirimir conflictos, su aceptación es una condición para que la democracia subsista.

El consenso con respecto a gobiernos o políticas específicas es el contexto en el que la discrepancia, el disenso y la oposición aparecen como elementos que caracterizan el funcionamiento de la sociedad. Pero el desacuerdo sobre políticas determinada s o sobre características de un gobierno es un disenso frente a los que gobiernan, y no sobre la forma de gobierno. Si hay disenso sobre la forma de gobierno, se cae en el caso de disenso sobre valores básicos y, quizá, también sobre los procedimientos .

El consenso y el disenso surgen de opiniones. Ahora ¿cómo se

forma esta opinión? SartorP7 distingue tres orígenes:

l.Las opiniones que destilan diferent es élites.

    1. Las opiniones que surgen de la base.

    2. Las identificaciones con grupos de referencia.


El primer caso es tratado por Deutsch/ 8 quien describe la formación de opiniones inducidas por una élite como un proceso similar al que sucede en las cascadas. Las opiniones fluyen de arriba hacia abajo a través de varios saltos. Como la cascada es escalonada, se producen en su caída varios remansos o niveles que en total son cinco:
l.Las élites económicas y sociales.

  1. Las élites políticas y gubernamentales.

  2. Los medios de comunicación.

  3. Los creadores de opinión.

  4. La masa del público.



17Sartori, G., op. cit., p. U6.

18Deutsch, K., Tite Analysis of Intcmational Relations, Englewood, 1968, pp. 102 y ss.
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En cada nivel los procesos de formación de opinión se ven

interrumpidos y regenerados horizontalmente.

Según Sartori, de los cinco niveles de Deutsch, dos son los que

revisten especial importancia: los medios de comunicación y los

creadores de opinión.

Coincidimos en que la invasión de los medios de comunica­

ción en los hogares,sobre todo con la influencia avasalladora de la televisión, genera una homogeneización de la opinión pública.

Aunque esta opinión respecto de un asunto resulte favorable en algunos grupos y adversa en otros, se trata del mismo asunto, es decir, el punto de atención es el mismo. Y esa prioridad entre diferentes cuestiones muchas veces es creada por los propios medios de comunicación, y si no es creada desde allí,la prioridad y extensión que se da a una cuestión provienen de los propios medios. Por otra parte, los creadores de opinión también tienen una influencia más que considerable en la formación de la opinión pública . Los argumentos y temas tratados por ellos se transforman en un punto de referencia para sus respectivas comunidades, y muchas veces su influencia trasciende la esfera local o provincial para proyectarse a nivel nacional. Todo este proceso de formación de la opinión pública es el telón de fondo que deviene luego en la elección que el ciudadano realiza en el momento de votar. Esta opinión pública es la base sobre la que se asienta un gobierno que requiere del consentimiento de los votantes, aunque sólo sea para no perder su base electoral, es decir, cumpliendo la regla de las reacciones anticipadas.

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