Los procedimientos electorales en la democracia representativa. Su importancia e influencia



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La calidad de liderazgo
El problema del liderazgo, lamentablemente poco considerado entre quienes se ocupan del tema electoral, es uno de los más importantes en el campo de la ciencia política. La competencia electoral, eje fundamental del sistema democrático, no asegura la calidad de los resultados de dicha competencia, sino sólo su carácter democrático.

Evidentemente, el correcto funcionamiento del sistema polí­ tico que denominamos democracia está fuertemente influido por quiénes son los elegidos, no solamente por cómo son elegi-
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dos. La competencia electoral, siguiendo a Schumpeter, asegura el carácter democrático de la elección misma . La regla de las reacciones anticipadas nos dice algo acerca delcomportamiento probable de los elegidos, y por lo tanto acerca de cómo funcio­ nará el sistema después de las elecciones. El debate actual sobre los sistemas electorales, que podemos ver más adelante en este trabajo, tiene como eje central la relación entre votos y escaños, con el acento puesto en cómo lograr la representación más exacta posible .

Sin embargo, las elecciones fueron concebidas originalmente

como un instrumento de selección, haciendo hincapié en el

aspecto cualitativo. YaStuartMill vio este problema y su preocu­ pación consistió en diseñar un sistema de gobierno representa­

tivo en elcual el parlamento estuviera formado por la propia élite del país. Es decir, no es necesario separar el problema cuantita­ tivo del cualitativo. El hecho de que las elecciones deban lograr una representación lo más fiel posible no debería ser un obs­ táculo para que esas propias elecciones cumplan una función selectiva. Ernst Baker, citado por Sartori, refleja claramente esta idea:"[...] no podemos abandonar la idea de valor, no podemos entronizar a la mayoría por ser la mayoría y por ser superior en cantidad. Tenemos que encontrar la forma de vincular el valor y la cantidad como cosas unidas inseparablemente". 19

Se trata, no hay duda, de un problema de difícil solución y lo

único que sepuede agregar esque, por su importancia, merecería más estudios. El viejo argumento que afirma que el liderazgo sólo es necesario en la medida en que el papel del pueblo es

secundario resulta insostenible, porque si así fuese, ¿por qué no se eligen administradores por sorteo?

La crisis de representatividad que enfrentan las clases políti­ cas, al igual que su gran descrédito, podrían amenguarse si la calidad dela representación setuviese más en cuenta,investigando y debatiendo, por ejemplo, la capacidad de los partidos como mecanismos de selección de liderazgo, cuestión cru ial para un

mejor funcionamiento de la democracia.

19Baker, E., Reflectiom 011 Govemment. En Sartori, G., op. cit., p. 181.
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Debate actual sobre el tema de la influencia de los sistemas electorales
A continuación presentaremos algunos puntos que han suscita­ do un debate entre destacados autores acerca de la influencia o consecuencias de las normas electorales sobre el sistema políti­ co. Por un lado analizaremos la influencia de la fórmula electoral (mayoría relativa, distintas formas de representación propor­ cional), la dimensión promedio de las circunscripciones (prome­ dio de candidatos elegidos por circunscripción), y la estructura del voto (que puede permitir o no q}Je los votantes repartan sus votos entre dos o más partidos). Estas serían variables inde­ pendientes dentro de un esquema20 donde las variables depen­ dientes son la proporcionalidad del resultado de la elección, que es el efecto inmediato de la conversión de votos en escaños, de acuerdo con el sistema electoral, y el grado de multipartidismo que supuestamente el sistema provoca.

Rae21 señala que las fórmulas de mayoría relativa y mayoría absoluta son menos proporcionales que las de representación

proporcional. Sostiene, al respecto, que las fórmulas divisorias dan resultados menos proporcionales que las fórmulas de cuotas o cifras repartidoras.

En cambio, Lijphart22 afirma que, si bien las diferencias entre

estos dos tipos de fórmulas de representación proporcional con

listas son si duda grandes, no deberían serlo en cuanto a la

proporcionalidad, ya que el grado de ésta depende de la cifra específica que se emplee con los métodos de cifra repartidora y

del divisor específico que se utilice con los métodos divisores. Según este autor, las diferencias en proporcionalidad deben ocurrir dentro de cada grupo y no entre ellos.23 Continuando con su análisis, afirma que de los métodos divisores, la fórmula d'Hondt (que utiliza la serie de divisores 1,2, 3, 4, etcétera) es la

20 Rac, W., Tire Political Consequences of Electoral Laws, Yale University, 1971, pp. 15-46.

21 Ídem, pp. 47-63,67,84-86.

u Lijphart, A., "Las consecuencias polfticas de las leyes electorales", en: Estudios Pú­

blicos, No46 (1992).Traducido del artículo del mismo nombre aparecido en American Political Science Review, vol. 84, 2 (junio de 1990).

"Lijphart, A., op. cit., p. 115.
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menos proporcional y favorece sistemáticamente a los partidos más grandes. En este aspecto se diferencia de la fórmula Sainte Lague, en su formulación original, que utiliza como divisores números enteros impares: 1,3, 5, 7, etcétera, y que se aproxima mucho a la proporcionalidad y trata a los partidos grandes como a los pequeños en forma equitativa. En la práctica, se usa el método SainteLague en su fórmula modificada, donde elprimer divisor ya no es 1sino 1,4,con lo cual a los partidos más chicos se les hace más difícil llegar a ocupar los primeros escaños, dismi­ nuyendo la proporcionalidad delresultado dela elección. Lijphart ordena los tres métodos divisores en escala descendente de proporcionalidad:

l.Sainte Lague puro.

  1. Sainte Lague modificado.

  2. d'Hondt.


También seencuentran notorias discrepancias entre las distin­ tas cuotas electorales o cifras repartidoras. El más tradicional y usado de estos sistemas utiliza simplemente como cuota la llamada cuota Hare, es decir, la cantidad total de votos válidos emitidos en una circunscripción, dividida por la dimensión de la circunscripción, es decir, la cantidad total de escaños en disputa en la circunscripción. La cuota Hare es imparcial respecto de los partidos chicos y grandes y arrima los resultados a la proporcio­ nalidad. En cambio, los resultados son menos proporcionales con la cuota Droop, en la que los votos se dividen por la dimensión de la circunscripción más uno (m+1),24 al total de lo cual se le suma 1,y con la cuota Imperial en la que el denomina­ dor es m+2. El empleo de estas cuotas inferiores significa que hay menos escaños para repartir y, por lo tanto, más desperdicio de los votos restantes, lo cual no solamente trae aparejada una menor proporcionalidad, sino que perjudica en mayor medida a los partidos más chicos.

En el tema de las circunscripciones y la desproporcionalidad, Rae señala que la relación más fuerte se encuentra entre estas
m:

24 Sesuele coruundir la cuota Droop con la de Hagenlmch-Bischoff. En efecto, si "v" es la cantidad total de votos de la circunscripción y "m" representa la dimensión de la circunscripción, Hagenbach-Bischoff es r.'r y se redondea hacia arriba; en cambio,la cuota Droop es 1 + 1y se redondea hacia abajo.
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dos variables. Esto se debe a que en la medida en que aumenta la dimensión de la circunscripción disminuye la proporcionali­ dad.25 Esto es así con respecto a la dimensión de la circunscrip­ ción, definida como el promedio de candidatos por circuns­ cripción. Pero el problema se presenta cuando, como en el caso de la República Federal de Alemania , encontramos circunscrip­ ciones de dos niveles, en donde el elector tiene dos votos:uno uninominal y otro por lista. Al respecto, Rae, en un primer mo­ mento, sostiene que en estos casos aumentaría la proporcionali­ dad, pero al analizar los cuatro sistemas que se basan en circuns­ cripciones complejas, es decir el islandés, el alemán, el austríaco y el danés, observa que no se comportan según su previsión.

Lijphart sostiene que los casos son disímiles entre sí, pero una

explicación general es que los sistemas de circunscripciones complejas procuran restringir los beneficios que se pueden

obtener en el nivel alto, en favor de aquellos partidos que obtuvieron una cantidad mínima de votos o escaños en el nivel bajo . Como la consecuencia de esto implica una discriminación

en contra de los partidos más chicos, también limita el efecto proporcionalizador de los sistemas de circunscripción de dos niveles y significa que las circunscripciones de nivel alto deben ser grandes, si es posible de tamaño nacional, para que el resultado sea más proporcionai.26

Otro punto, que ha generado un debate, es la relación que tendría la estructura del voto sobre el sistema de partidos o, con

más precisión, sobre el multipartidismo. Al respecto Rae distin­ gue entre voto ordinal, que "permite que el votante otorgue su voto a más de un candidato", y el voto categórico, que "exige que el votante vote por un solo partido".27

Rae sostiene que los votos ordinales permiten que el mandato de cada votante se disperse entre varios partidos, con lo que se produce una especie de microfraccionamiento, y que las eleccio­ nes que se realizan con dichos votos -y por ende, con micro­ fraccionamientosrepetidos-, producen sistemas partidistas más fraccionados que los que se encuentran en otras elecciones.



25 Rae,W., op. cit., p.21.

26 Lijphart, A., op. cit., pp. 119-126.

v Rae, W., op. cit., p. 126.

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Nuevamente , al intentar corroborar su hipótesis con datos, encuentra que la relación es inversa. En efecto, los sistemas ordinales que observa tienen una cantidad efectiva de promedio de sólo 2,94 partidos, contra3,23 partidos en los sistemascategó­ ricos.28

Según Lijphart, Rae comete errores de clasificación. Los sistemas de votos ordinales de Rae corresponden a Australia, Irlanda, Luxemburgo y Suiza. Los primeros, es decir, Australia e Irlanda, usan votos preferenciales que permiten (en el caso australiano es una exigencia) que los votantes ordenen a sus candidatos y a sus partidos de acuerdo con sus preferencias . En Luxemburgo y Suiza hay sistemas de representación proporcio­ nal con listas, pero cada votante tiene tan tos votos como escaños corresponden a la circunscripción, y puede repartir estos votos entre dos partidos o más, por partes iguales o de manera preferencial.

El error de clasificación reside en catalogar como sistema categórico al sistema alemán y al de la Quinta República Fran­ cesa que son, según Lijphart, sistemas ordinales. En efecto, el sistema francés de doble vuelta permite que el votante otorgue su voto a distintas personas en la primera y en la segunda vuelta, y con frecuencia, cuando los candidatos quedan eliminados o se retiran después de la primera vuelta, está obligado a hacerlo. En Alemania, cada votante dispone de dos votos y los puede conce­ der a distintos partidos, es decir, es un sistema ordinal.

Pero a pesar de las reclasificaciones el resultado es negativo. Lijphart considera que es necesario introducir la variable mag­

nitud. En los sistemas de circunscripciones multinominales o plurinominales, los resultados aún son negativos , pero en siste­ mas uninominales los votos ordinales conducen a un grado notablemente más alto de multipartidismo que los votos categó­

ricos. La diferencia es aproximadamente la que va desde un sistema de partidos de dos partidos y medio a uno de casi cuatro. La explicación, según Lijphart, es que los sistemas de voto categórico son sistemas de mayoría relativa en los que existe un estímulo fuerte para votar de manera estratégica, con miras, fundamentalmente, a no perder el voto. Esto conduce a un

28Ídem, p. 127.
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mayor apoyo para los partidos más grandes, tanto por parte de los votantes como de los partidos, y a una disminución concreta en la cantidad efectiva de partidos. La conclusión es que el voto ordinal elimina buena parte del riesgo de perder el voto. En este aspecto fomenta el voto sincero, así como también el multi­ partidismo. 29

Cuando se controla la fórmula electoral, se encuentra , según Lijphart, la misma diferencia importante entre las fórmulas de mayoría relativa-mayoría absoluta -porque las dos coinciden con los sistemas de circunscripción uninominal-, y los mismos resultados fundamentalmente negativos respecto de los sistemas de representación proporcional. En definitiva, la relación entre estructura del voto y multipartidisrno vale sólo para los sistemas de distritos uninominales, pero es un vínculo fuerte.

Una polémica que se ha renovado en los últimos años, después de haber permanecido relativamente aplacada, gira en torno a las "leyes sociológicas" de Duverger, que hablan de la influencia de los sistemas electorales sobre el número de partidos. Estas leyes enuncian :
l. La representación proporcional tiende a conducir a la

formación de muchos partidos independientes.

  1. El sistema de escrutinio mayoritario, en dos vueltas, tiende

a la formación de partidos aliados entre sí.

  1. El escrutinio mayoritario, a una sola vuelta, tiende a produ­

cir un sistema bipartidista.30
Duverger ha recibido, debido a esta formulación, críticas de diversa índole y desde distintas disciplinas.

En efecto,desde un punto de vista epistemológico, se sostiene

que Duverger presupone que una relación causal puede ser

garantizada por una correlación, y que da la impresión de que no percibe la diferencia entre "causa de" y "asociado con" o "rela­ cionado con". En segundo lugar, una ley (es decir, una generali­ zación causal) es corroborable si, y sólo si, la causa y el efec­ to quedan claramente especificados, cuando el efecto de la pri­ mera ley es en Duverger todo lo impreciso que puede ser, y el


19 Lijphart, A., op. cit., p. 129.

30 Duverger, M., Los partidos políticos, México, 1979, p. 113.


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efecto de la segunda ley también presenta una excesiva im­ precisión.31

También se critica por su amplitud la concepción de Duver­ ger sobre bipartidismo. En este sentido es necesario recordar que cierto número de países como Canadá, Australia, la Re­ pública Federal de Alemania e Italia son definidos como bi­ partidistas en relación con unos temas, y luego son catalo­ gados corno tripartidistas, cuatripartidistas, pen lapartidistas,

etcétera.

En resumen, las leyes dan por cierto un efecto sobre el número

de partidos; pero Duverger no se ciñe a ninguna regla de recuen­ to consecuente. Al carecer de una regla única de recuento, a veces contabiliza todos los partidos a través de su voto nominal;

otras veces desecha algunos partidos por ser locales, por ser

partidos a medias y por otras irregularidades.

Debido a este tratamiento que reciben las distintas variables,

así como también cuando el efecto del factor causal presupuesto

nunca es aclarado, Duverger, desde la óptica de Sartori, puede

adecuar con demasiada facilidad sus pruebas para que resulten

positivas.

Otro autor, Riker,32señala con respecto a la ley de Duverger:

"Cabe notar que esta formulación es determinista, un intento de

evitar la ambigüedad de Duverger [...].La ley afirma que, con la

excepción señalada, el sistema de mayoría es condición suficien­

te para un sistema de dos partidos. No es, sin embargo, una

declaración causal, por cuanto la regla de la mayoría relativa,

obviamente, no es condición necesaria".

En un trabajo posterior ,Duverger responde a algunas de estas

críticas. En primer lugar modifica su segunda ley, la cual es

formulada ahora de la siguiente manera: "El sistema de escruti­

nio mayoritario a dos vueltas tiende a producir multipar tidismo,

atemperado por alianzas".33

A continuación señala que las leyes sociológicas son más

31 Sartori, G., "La influencia de los sistemas electorales", Estudios Ptíblicos, N" 17,

(1985): 8,9.

32 Riker, W., "The Two-Party System and Duvcrger's Law: An Essay on the History of

Política! Science", American Política/ Science Revicw, N" 76 (1982):761.

33 Duvergcr, M., "Laley de Duverger cuarenta años después", Cuadernos de Cape/, N" 27

(1988): 12-14.
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vulnerables que aquellas que proponen las ciencias naturales; y simultáneamente observa que estas últimas tampoco son otra cosa que interpretaciones de objetos y relaciones, y en ningún caso "revelaciones de su esencia". Es necesario señalar, sin embargo, que sus críticos no le reclaman que rastree esencias. Duverger continúa su razonamiento afirmando que las llamadas ciencias exactas son más resistentes -pero no inmunes- a la erosión del tiempo que las ciencias menos exactas. En el ámbito de las relaciones humanas y las estructuras sociales, según este autor, las regularidades empíricas son menos precisas y más frágiles.34

Duverger afirma que el análisis de uno de sus críticos, Riker, corrobora que
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