Los trabajos de Hércules Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey) El zodíaco



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Los trabajos de Hércules
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul
(Alice A. Bailey)


El zodíaco
Aquel que preside miró hacia adelante, a los hijos de los hombres, que son los Hijos de Dios. Él vio la luz de ellos y el lugar donde estaban parados sobre el Sendero de retorno al Corazón de Dios. La Senda recorre un círculo a través de los doce grandes Portales y, ciclo tras ciclo, los Portales se abren y los Portales se cierran. Los Hijos de Dios, que son los hijos de los hombres, caminan por allí.
Poco clara es la luz al principio. Egoísta la tendencia de la aspiración humana, y oscuros los actos resultantes. Lentamente los hombres aprenden y, aprendiendo, pasan entre los pilares de los Portales una y otra vez. Lerda es la comprensión, pero en las Antesalas de la Disciplina, encontradas en cada sección de la cósmica extensión del círculo, la verdad es lentamente comprendida; aprendida la lección necesaria; la naturaleza purificada y enseñada hasta que se ve la Cruz –esa Cruz fija y a la espera, que crucifica a los hijos de los hombres, prolongada en las Cruces de los que sirven y salvan.
Del conjunto de hombres, un hombre se adelantó en los días de la antigüedad y sorprendió el ojo vigilante del Gran Anciano que preside eternamente dentro del Concilio de la Cámara del Señor. Se volvió hacia el que estaba de pie cerca suyo y dijo: "¿Quién es esa alma sobre el Sendero de la vida, cuya luz puede ahora ser vista oscuramente?”.
Rápidamente llegó la respuesta: "Esa es el alma que, en el Sendero de la vida, experimenta y busca la clara luz que brilla desde el Alto Sitio".
"Déjala proseguir sobre su senda, pero vigila sus pasos".
Los eones velozmente continuaban su curso. La gran rueda giraba y, girando, traía el alma que buscaba sobre el Sendero. Después, llegó un día en que Aquel que preside el Consejo de la Cámara del Señor atrajo nueva­mente al círculo de Su radiante vida al alma que buscaba.
"¿De quién es esta alma sobre la Senda de sumo empeño cuyo resplandor oscuramente se distingue afuera?” Llegó la respuesta: "Un alma que busca la luz de la inteligencia, un alma que lucha".
"Dile de parte mía que vuelva a la otra senda y luego que viaje alrededor del círculo. Entonces encontrará el objeto de su búsqueda. Vigila sus pasos y, cuando tenga un corazón comprensivo, una mente anhelante y una mano diestra, tráemela".
Nuevamente pasaron los siglos. La gran rueda giró y, girando, llevó a todos los hijos de los hombres, que son los Hijos de Dios, sobre su senda. Y mientras estos siglos pasaban, un grupo de hombres emergió y lentamente cambiaron a la otra senda. Ellos encontraron el Sendero. Pasaron los Portales y se esforzaron hacia la cima de la montaña, y hacia el lugar de muerte y sacrificio. El Maestro vigilante vio un hombre emerger de esta multitud, subir a la Cruz fija pidiendo hazañas que cumplir, servicios que rendir a Dios y al hombre, y buena voluntad para recorrer el Sendero hacia Dios. Se paró delante del Gran Ser que Preside, el cual trabaja en el Concibo de la Cámara del Señor y oyó adelantarse una voz:
"Obedece al Maestro en el Sendero. Prepárate para las últimas pruebas. Pasa a través de cada Portal y en la esfera que ellos descubren y guardan, ejecuta el trabajo que convenga a su esfera. Aprende así la lección y empieza con amor a servir a los hombres de la tierra". Luego le llegó al Maestro la palabra final: “Prepara al candidato. Dale sus trabajos a realizar y coloca su nombre sobre las tablas de la Senda viviente".

El tibetano


Prólogo: El propósito de este Estudio

El intenso interés evidenciado en este tiempo en el tema de la vida espiritual, es en sí mismo la garantía para tal estudio como esta serie de artículos se propone. A pesar del hecho de que la religión académica y teológica no tiene ya su antigua atracción y a pesar de la rebelión contra la religión organizada, el impulso hacia las realidades espirituales no ha sido nunca tan vehemente como ahora. El día de la experiencia empírica en gran escala está ahora con nosotros, y hombres y mujeres en todas partes están todavía rehusando creer y aceptar ciegamente, porque están decididos a conocer. La aceptación de dogmas impuestos está ahora cediendo lugar a experimentar y a una divina autodeterminación, basada en una unidad efectuada con la Vida en la que vivimos nos movemos y tenemos nuestro ser, la cual está tomando el lugar de la credulidad y superstición.


El problema de cada maestro hoy en día está en descubrir nuevas maneras para expresar viejas verdades, y así presentar las antiguas fórmulas para el desarrollo espiritual que adquirirán nueva y "vívida" vida. En ambos hemis­ferios hay muchos libros escritos sobre el tema del Sendero del Discipulado, el Sendero de la Santidad y el Sendero de la Iluminación. La nueva presen­tación de los problemas de ese Sendero Universal y de sus dificultades inherentes no está justificada a menos que la aplicación pueda ser moderna y práctica. Debe indicar la inclusión de la finalidad una vez que esos problemas hayan sido superados, y debe evitarse la reiteración tediosa de esa regla básica de vida que ha sido expresada en las dos palabras: "Sé bueno". Una y otra vez se nos ha dicho que debemos vencer la tentación del mundo, la carne y el demonio. Ha sido creado en la mente del aspirante occidental un sentimiento de que el Sendero es necesariamente un camino de miserias, de autoabnega­ción y de penas sin fin. Su actitud es de paciencia activa hasta el tiempo en que él, misteriosa y milagrosamente se abra paso a un mundo de paz y plenitud, dentro del cual todas las dificultades llegan a su fin, la carne cesa de molestar y el demonio tiene un intempestivo final. Y esto, como la recompensa de una humilde sumisión a la voluntad de un inescrutable creador.
Hay, sin embargo, una alborada en la conciencia humana, una creciente realización de innata divinidad y de que el hombre es en verdad hecho a imagen de Dios, y uno en naturaleza con su Padre en el Cielo. La idea de propósito y de plan está siendo entendida y toda la actitud del aspirante hacia la vida está cambiando rápidamente. ¿Sería posible ahora lograr este sintético cuadro del progreso del alma, de la ignorancia a la sabiduría, del deseo material al logro espiritual, para que el fin pueda ser previsto desde el principio y una cooperación inteligente con el propósito del alma haya vencido el lugar del ciego empeño? Cuando esto se efectúa, el peregrino puede seguir su camino con el rostro vuelto hacia la luz y resplandeciente de alegría.
En la historia de las dramáticas experiencias de ese grande y antiguo Hijo de Dios, Hércules o Heracles, encontraremos que nos da justamente el sintético cuadro. No deja sin tocar alguna fase en la vida del aspirante y aun lo vincula con actividades cósmicas. Hallaremos que su tema es tan inclusivo, que todos nosotros, luchando en nuestra presente vida moderna, podemos aplicarnos a nosotros mismos los experimentos y pruebas, las derrotas y logros de esta heroica Figura que se esforzó, siglos atrás, hacia la misma meta como lo hacemos nosotros. A través de la lectura de esta historia, un nuevo interés se puede despertar en la mente del perplejo aspirante, y tal cuadro pintado en secuencial y universal desarrollo y destino sirva, para que él vaya hacia adelante con renovado coraje.
Trazaremos la historia de Hércules y su esfuerzo para demostrar cómo él, en sus doce trabajos, desempeñó el lugar del aspirante en el Sendero del Discipulado. Emprendió ciertas tareas de naturaleza simbólica, y pasó por ciertos episodios y acontecimientos que pintan para siempre la naturaleza de la disciplina y los logros que caracterizan al hombre que se está acercando a la liberación. Él representa al encarnado, aún no perfeccionado Hijo de Dios, quien con determinación toma en sus manos la naturaleza inferior y volunta­riamente la sujeta a la disciplina que producirá eventualmente el surgimiento de la divinidad. De un descarriado pero sinceramente fervoroso ser humano, conocedor inteligente del trabajo que tiene que cumplir, está formado un Salvador del Mundo. Dos grandes y dramáticas historias se han mostrado constantemente ante los ojos de los hombres a través de los tiempos. En los doce trabajos de Hércules, está representado ese Sendero del Discipulado, y sus experiencias preparatorias para el gran ciclo final de la Iniciación, encuentran un eco espontáneo en todo aspirante. En la vida y trabajo de Jesús el Cristo –el Hijo de Dios perfecto que "ha penetrado por nosotros en el interior del velo, dándonos un ejemplo para que sigamos sus pasos"— tenemos la ilustración de las cinco etapas del Sendero de Iniciación que constituyen los episodios culminantes para los cuales los doce trabajos han preparado al discípulo.
El oráculo ha hablado y a lo largo de los siglos ha hecho resonar la palabra: "Hombre, conócete a ti mismo". Este conocimiento es la conclusión del Sendero del Discipulado y la recompensa de todo el trabajo de Hércules.

Naturaleza del discipulado
Puede ser de valor considerar aquí brevemente qué es el discipulado, palabra constantemente empleada por los aspirantes, tanto en los países cristianos como en las religiones orientales. El discípulo puede ser definido como la etapa final del Sendero de Evolución, y como ese período en la experiencia de un hombre en el cual él es definidamente autoconsciente. Es la etapa en la cual sabiamente se compromete a imponer la voluntad del alma (que es esencialmente la voluntad de Dios) sobre su naturaleza inferior. En este sendero él se somete a un proceso madurador, para que la flor del alma pueda expandirse rápidamente. La inevitabilidad de la perfección humana tiene su base en la voluntad para hollar el Sendero. Esta perfección puede ser alcanzada en dos formas. Puede ser el resultado de un lento y seguro crecimiento evolutivo, llevado adelante bajo las leyes de la naturaleza, ciclo tras ciclo, hasta que gradualmente el Dios oculto pueda ser visto en el hombre y en el universo. 0, ser el resultado de la aplicación sistematizada y la disciplina por parte del aspirante, produciendo un más rápido desarrollo del poder y vida del alma.
En un análisis del discipulado, éste ha sido definido como "un disolvente psíquico que destruye toda la escoria y deja el oro puro". Es un proceso de depuración, de sublimación y de transmutación, llevado progresivamente hacia adelante hasta que finalmente el Monte de la Transfiguración y la Iluminación son alcanzados. Los misterios ocultos y las fuerzas latentes en los seres humanos, necesitan ser descubiertos y requieren ser utilizados de una manera divina y de acuerdo con un divino propósito, inteligentemente comprendido. Cuando ellos han sido así utilizados, el discípulo se halla en armonía Con lo universal y las similares energías y poderes divinos que sustentan las operaciones del mundo natural. Así él se convierte en un trabajador bajo el plan de la evolución y un cooperador con esa gran "nube de testigos", que a través del poder de sus observaciones, y el resultado de sus logros, constituyen los Tronos, Principados y Poderes por medio de los cuales la Vida Una guía toda la creación progresivamente a una gloriosa consumación.
Tal es la meta hacia la cual Hércules trabajó, y tal es la meta de la humanidad toda, cuyo logro final, en conjunto, será realizado por las muchas individualidades perfeccionadas.

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