Mac Travel :: Guía Turística de Kenya Parques Parques Viajes y Destinos Turisticos



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Mac Travel :: Guía Turística de Kenya – Parques

Parques - Viajes y Destinos Turisticos

Representante Uruguay info@mactravel.com.uy
Ante todo, ¿cuál es la diferencia entre parque y reserva? Hay dos diferencias básicas, una que no le afectará y otra que quizá sí. Los parques nacionales excluyen completamente la actividad humana excepto para la visita, mientras que las reservas permiten una utilización mixta, posibilitando el pastoreo y los asentamientos humanos.

Como comprobará in situ, los parques no están siempre exentos de actividades humanas, debido principalmente a las presiones de las tribus locales.

La segunda diferencia entre parques y reservas sí puede afectarle. En general, los parques nacionales están gestionados por el Kenya Wildlife Service, la autoridad gubernativa encargada de la conservación.

Por el contrario, las reservas nacionales suelen gestionarse desde las autoridades locales, aunque el personal del KWS también está encargado de su mantenimiento.

Por tanto, toda información procedente del KWS se aplica sólo a los parques.

Si por ejemplo el KWS garantiza la seguridad personal en los parques, debe saber que esto no necesariamente se aplica a Masai Mara y Samburu, ya que ambos son reservas.

El comportamiento del visitante debe regirse siempre con el máximo respeto a la naturaleza, independientemente de la calificación del recinto. Tenga en cuenta que nuestra sola presencia

allí ya constituye una interferencia con el medio ambiente. Los parques están protegidos para conservar los ecosistemas que contienen, no para nuestro disfrute, por lo cual el hecho de que además podamos disfrutarlos es un lujo que hay que apreciar como tal.




DATOS ÚTILES: ENTRADA AL PAÍS
 Visado:

Para entrar en Kenya es necesario un visado que puede tramitarse fácilmente a la llegada al aeropuerto de Nairobi, no es necesario obtenerlo antes del viaje. El único inconveniente de hacerlo directamente en destino es que tendrás que guardar cola en el aeropuerto, pero de todos modos si viajas en grupo organizado tendrás que esperar a tus compañeros que no lo hayan gestionado en España. En consecuencia, la tramitación en destino es la opción más ventajosa en casi todos los casos.


Kenya está compuesta por cuatro regiones geográficas diferenciadas:
  Cuenca del Lago Victoria (Nyanza)

Valle del Rift y Tierras Altas

Altiplano Oriental (Nyika), N y NE

Costa de Kenya


 
Superficie total: 582.600 km²
Punto más alto: pico Batian, Monte Kenya, 5.199 m (segunda cumbre más alta de Africa).
Principales ríos: Tana y Galana. Ambos nacen en las Tierras Altas Orientales y desembocan en el Océano Índico.
División administrativa: 8 provincias: Nyanza, Western, Rift Valley, Central, Nairobi, Eastern, North Eastern y Coast.


HISTORIA: LA CUNA DE LA HUMANIDAD (4.400.000 A.C.-50.000 A.C.)
 

En 1911, el entomólogo alemán Kattwinkel cayó por un barranco mientras perseguía una extraña mariposa. El lugar era la garganta de Olduvai, en el Serengeti. La caída fue dura, pero el científico salvó su vida milagrosamente y levantó la vista. Sólo un científico habría apreciado que aquella pared rocosa era un extraordinario yacimiento fosilífero... Y este hecho cambió la concepción que el hombre tenía de su propio origen. Para contar la historia de Kenya hay que comenzar por el principio, por los albores de la humanidad.

Lamarck, Darwin, Wallace, Huxley, Haeckel,... Grandes nombres de la ciencia cuyas pioneras teorías sobre la evolución de las especies y la selección natural revolucionaron la ciencia victoriana del siglo XIX, al sugerir un antepasado común para el hombre y los actuales primates, en contra de la concepción bíblica de la naturaleza humana que defendía una Creación única. Ernst Haeckel postuló la existencia de un mono-hombre, el Pithecanthropus, que habría habitado un continente hundido llamado Lemuria, cercano a la India.

La búsqueda del "eslabón perdido" entre el hombre y el simio obsesionó al antropólogo holandés Eugène Dubois, quien aportó las primeras pruebas de la existencia del Pithecanthropus con su descubrimiento en 1893 del Hombre de Java, al que denominó Pithecanthropus erectus. El pensamiento de la época, basado en estas primigenias pruebas y en la hipótesis de Lemuria, situó el nacimiento del hombre en el continente asiático. Mientras tanto, Kattwinkel daba su famoso traspiés, pero no fue hasta 1924 que la teoría de Darwin, que situaba en Africa la "cuna de la Humanidad", comenzó a encontrar apoyo empírico. En este año, Dart y Broom descubrieron en Sudáfrica los restos fósiles de un prehomínido, el Australopithecus africanus, cuya edad se remontaba a 2 millones de años, un millón de años más antiguo que el mono-hombre de Dubois. Nuevos hallazgos comenzaron a dibujar la estirpe de este nuevo género, cuya posible ubicación en la línea antecesora del hombre moderno continuó generando controversia durante el primer tercio del siglo XX.

En 1931, el Dr. Louis Leakey y su prometida Mary, kenyatas de origen británico, emprendieron un estudio exhaustivo del yacimiento de Olduvai que culminó, en 1959, con el descubrimiento de 400 fragmentos del cráneo de un pre-homínido, el Zinjanthropus boisei. Los restos adyacentes sugerían que el Zinjanthropus era realmente un primate evolucionado, capaz de trabajar la piedra para fabricar utensilios. En 1961, la edad del Zinjanthropus -posteriormente incluido en el género Australopithecus- fue datada en 1,75 millones de años. Fue la primera evidencia de la presencia de los prehomínidos en el oriente africano, a la que siguió otra de enorme relevancia: en 1960, los Leakey hallaron los restos del Homo habilis, un homínido evolucionado capaz de tallar hachas de piedra, cuya edad se estimó en 1,4 millones de años.

Las décadas de los 70 y los 80 presidieron una explosión en el conocimiento paleoantropológico. Mary Leakey describió las huellas y fósiles de homínidos de 3,6 millones de años de antigüedad que habitaron la zona de Laetoli, cerca de Olduvai. Por otra parte, su hijo Richard, con la colaboración del paleontólogo kenyata Bernard Ngeneo, exploró la zona de Koobi Fora, junto al Lago Turkana, descubriendo restos de Homo habilis de 2 millones de años de antigüedad. Más al norte, Don Johanson y Tim White desenterraban en Etiopía parte del esqueleto de Lucy, una Australopithecus de 3,5 millones de años de antigüedad, que se convertía en la especie más primitiva de los australopitécidos conocida hasta entonces: el Australopithecus afarensis. Diez años más tarde, en 1984, Richard Leakey conseguía reconstruir casi por completo el esqueleto de un Homo erectus, el famoso "niño de Turkana", un homínido de 1,6 millones de años de edad, más evolucionado de acuerdo a su capacidad craneal y antes considerado un posible antepasado directo del Homo sapiens sapiens, el hombre actual. El Pithecanthropus de Dubois fue asimilado a esta misma especie.

Al mismo tiempo que se describían nuevas especies de australopitécidos y se trataban de ordenar las piezas del rompecabezas, las investigaciones permitían dibujar un panorama aún difuso. Hasta hace sólo un millón de años, los homínidos y prehomínidos habitaban exclusivamente en el sur y este de Africa. Las dos principales ramas evolutivamente divergentes, Australopithecus y Homo, coexistieron hasta que el Australopithecus, más primitivo, se extinguió. Hace un millón de años, algunos grupos pioneros de Homo erectus emigraron hacia Asia. Durante estas primeras migraciones, un Homo erectus llegó junto a la ribera del río Solo, en Java, para morir y ser descubierto un millón de años después por un científico curioso y emprendedor llamado Eugène Dubois.

Los descubrimientos más recientes no cesan de sorprendernos, empujando los orígenes de los prehomínidos aún más hacia atrás en la historia. En 1994, Tim White y Berhane Asfaw dataron en 4,4 millones de años los restos de una nueva especie hallada en Etiopía, el Ardipithecus ramidus. Un año más tarde, en el yacimiento de Turkana, Meave Leakey, esposa de Richard, en colaboración con Alan Walker, descubrió el que es hasta hora el más antiguo de los australopitécidos, A. anamensis, un venerable anciano de 4,2 millones de años de edad considerado el antecesor del A. afarensis. En noviembre del año 2000, un equipo franco-kenyata liderado por los doctores Martin Pickford y Brigitte Senut encontró en Kapsomin, en las colinas Tugen del distrito de Baringo, restos de homínidos fosilizados en estratos de roca de 6 millones de años de antigüedad.

En cuanto a los orígenes del hombre moderno, Homo sapiens, nuestros primeros padres vieron la luz hace unos 100.000-140.000 años y poblaron el planeta entero. Sin embargo, la biografía de nuestros antecesores aún no está completa, ni mucho menos. Aunque el estudio de los restos fósiles cuenta hoy con el inestimable aporte de la biología molecular, el libro de la historia de la Humanidad tiene aún muchas páginas en blanco. El H. erectus, extinguido hace 100.000 años y antes considerado un antepasado directo del hombre, parece ser en realidad una vía muerta de una especie anterior, H. ergaster, quien sí fue nuestro antecesor. De esta especie derivaron probablemente los europeos H. heidelbergensis u "Hombre de Heidelberg", extinguido hace unos 200.000 años, y su sucesor el H. neanderthalensis u "Hombre de Neanderthal", que coexistió con el H. sapiens y desapareció hace tan sólo 30.000 años. Pero la línea evolutiva entre nuestro abuelo H. ergaster y nosotros es materia de discusión entre los defensores de dos teorías opuestas.

Las primeras evidencias genéticas apoyaron la hipótesis llamada "Out of Africa" también llamada de la "Eva mitocondrial", del "Arca de Noé" o del "Jardín del Edén", según la cual todos los hombres modernos tenemos nuestro origen en una pequeña población africana que vivió hace 200.000 años, y de la cual un sólo linaje materno sobrevivió. Así, todos seríamos descendientes de una única madre común, cuya herencia guardamos en nuestro ADN mitocondrial, las secuencias genéticas contenidas en la parte de la célula que suministra energía, que sólo la madre transmite a toda su descendencia. La emigración de los descendientes de esta "Eva" primigenia hacia Asia y Europa habría resultado en la extinción de los grupos locales preexistentes, entre ellos las últimas poblaciones asiáticas de H. erectus y el H. neanderthalensis europeo, sucesor del H. heidelbergensis.

Frente a la teoría de la Eva mitocondrial, los valiosísimos descubrimientos en Atapuerca (España) han prestado apoyo al modelo rival, llamado "multirregional" o "de candelabro". Según esta hipótesis, las poblaciones migratorias de H. erectus en Asia y Europa desarrollaron características anatómicas diferenciadas que persistieron en el tiempo, lo que se conoce como "continuidad regional" y que habría dado origen a las diferencias raciales entre distintas poblaciones humanas. A lo largo de miles de años, estos grupos separados evolucionaron en paralelo hacia una misma forma que hoy llamamos H. sapiens. La contribución de los hallazgos de Atapuerca a este modelo se basa en lo siguiente: en esta sierra de la provincia de Burgos, el equipo de investigación español encontró fósiles atribuidos a una nueva especie, H. antecessor, cuyos restos más antiguos datan los primeros Homo europeos hace 780.000 años. Si, como se postula, H. antecessor fue antepasado directo de todas las especies europeas de Homo, nosotros incluidos, entonces estos primeros pobladores no se habrían extinguido tras ser invadidos posteriormente por H. sapiens procedentes de Africa, como afirmaría la teoría de la "Eva mitocondrial", sino que habrían evolucionado de forma independiente hacia nuestra especie mientras los grupos asiáticos y africanos hacían lo propio.

En este apasionante contexto, y pese a que cada vez estamos más cerca de conocer a nuestros primeros padres, los paleoantropólogos no han conseguido todavía determinar qué especies pueden considerarse antepasados comunes del hombre y de los primates actuales. Aún hoy, este hombre-mono primigenio continúa durmiendo en algún lugar bajo el suelo de Africa, un continente en el que queda mucho por explorar.


 La cuenca del Lago Victoria (Nyanza)
La región geográfica de la cuenca del Lago Victoria es una meseta situada en el extremo sudoccidental del país, en la región administrativa correspondiente a las provincias de Nyanza (lago en swahili) y Western. La meseta se extiende desde las Cherangani Hills al nordeste, en el límite occidental del Rift, hasta el monte Elgon (4.321 m), cuya cumbre se sitúa en territorio ugandés. Al sur, el altiplano está bordeado al este por la sierra del Mau y se extiende hasta las orillas del Lago Victoria, a 1.200 m de altura.

La ciudad más importante de esta zona es Kisumu, en las orillas de Winam Bay, en el Lago Victoria. La ciudad es la tercera mayor del país, capital del pueblo luo y de la provincia de Nyanza. El lago, el tercero mayor del mundo con una superficie aproximada de 68.000 km², constituye un verdadero mar interior que baña las costas de Kenya, Uganda y Tanzania.


Masai Mara

Masai Mara es "El" parque de los parques en Kenya. Sus suaves colinas tapizadas por praderas, las aguas chocolateadas del río Mara en las que retozan los hipopótamos, así como la rica diversidad de vida salvaje, colman las expectativas de cualquier visitante en busca del paisaje africano que evocan películas como "Memorias de Africa" o "Mogambo". Salvo gustos particulares o requerimientos especiales, este es el parque que encabeza la lista de los must en el país: ningún viaje a Kenya estaría completo sin una visita a Masai Mara. Es cierto que no es el mejor parque para observar aves, y es cierto que algunas de las especies no se encuentran fácilmente. Sin embargo, los leopardos y rinocerontes abundan, y con sus más de 450 especies de aves, la reserva no tiene nada que envidiar a Samburu o a los grandes santuarios de la avifauna kenyata. Pero en un área de extensión similar a la isla de Gran Canaria y con una geografía diversa y compleja, perderse es infinitamente más fácil que encontrar un leopardo o avistar una especie concreta de pájaro en sus múltiples bosques.

La reserva, inaugurada en 1961, se localiza al oeste del Rift Valley y es la continuación natural de las llanuras del Serengeti, en Tanzania. El río Mara, la columna vertebral de la reserva, lo atraviesa de norte a sur para continuar su camino hacia el oeste hasta el lago Victoria, a través del parque tanzano. Este cauce es la barrera natural que deben atravesar cada año los grandes rebaños migratorios de ñúes y cebras que se desplazan entre ambos parques. Como se explica más abajo, más de un millón de ñúes y 200.000 cebras se desplazan en busca de los mejores pastos, encontrando en su camino el río atestado de cocodrilos. Cuando los rebaños vadean la corriente, muchos animales mueren aplastados o ahogados y dejan sus huesos en las orillas del Mara. Desde julio hasta octubre Masai Mara está en pleno apogeo, con los visitantes estacionales poblando sus interminables praderas.

La ubicación de Masai Mara y su altitud, por encima de los 1.500 m, determinan un clima suave y más húmedo que en otras regiones del país. El paisaje de praderas herbáceas y la riqueza de nutrientes para los grandes rebaños se mantienen gracias a sus abundantes lluvias, que aquí duran desde noviembre hasta junio, fusionándose las dos estaciones de lluvias largas y cortas tan características en otros lugares de Kenya. Las tormentas nocturnas son frecuentes. En las colinas y las planicies, las praderas alternan con bosques de acacias y matorral. Las orillas del Mara y de las múltiples corrientes tributarias están flanqueadas por densos bosques ribereños.

La lejanía de esta reserva de los grandes núcleos urbanos la diferencia de otros parques y le permite conservar algo que cada vez es más raro en Africa: los animales son completamente libres, sin verjas ni otros obstáculos, e ignoran por completo las fronteras dibujadas sobre el papel, no solamente la que separa los dos países sino también los límites del área protegida. La reserva está rodeada al norte y este por la llamada área de dispersión (dispersal area), habitada por los Maasai pero en la que a menudo es incluso más fácil observar animales salvajes que en la propia reserva, excesivamente frecuentada por los turistas que la recorren en coche, minibús, avioneta, globo o ultraligero.

Al no ser un parque nacional sino una reserva, Masai Mara no está administrada por el servicio de parques, el Kenya Wildlife Service, sino por las autoridades locales. El problema aparece con las divisiones administrativas, marcadas por el río Mara: el sector este de la reserva pertenece al distrito de Narok, mientras que el lado oeste se encuentra en el distrito de Transmara. Este detalle aparentemente irrelevante es en realidad algo a tener en cuenta: en teoría, el precio que se paga a la entrada faculta para recorrer la parte del parque bajo la jurisdicción del distrito desde el que se ha accedido. En la práctica, esta restricción no suele vigilarse, pero por si acaso es preferible que abandones el parque por el mismo distrito por el que entraste.

Y en este entramado de vida salvaje, ¿dónde encajan los Maasai? La tribu de nómadas pastores, antiguamente temida por su carácter guerrero, habita estos territorios desde antiguo. Cuando en 1911 el jefe Lenana firmó un acuerdo con el gobierno colonial, aceptaba vender sus tierras en favor del desarrollo urbano de Nairobi para desplazarse hacia el sur. Pero la región de Masai Mara había quedado ya despoblada durante el siglo XIX, cuando las epidemias y las guerras entre clanes diezmaron la población Maasai y la condujeron a un declive del que todavía espera recuperarse. Así, una vieja profecía Maasai que predijo la llegada de los extranjeros también auguraba un futuro en el que este pueblo recuperaría su antiguo esplendor.

Cuando se creó la reserva, en 1961, se hizo con el objetivo de proteger la fauna de una región desierta y salvaje que estaba siendo sometida a continuas matanzas indiscriminadas a manos de los cazadores blancos. La protección de esta área, entre otros factores, favoreció la reocupación del territorio por los Maasai, quienes gracias al status de reserva pueden participar en la administración de la misma a través de los consejos de distrito. Aunque los conflictos por la tierra continúan en pie, la fórmula elegida para la preservación de este espacio natural trata de rendir alguna compensación a los Maasai en virtud del comercio con los turistas, a través de los campings, la venta de artesanía y las visitas a las aldeas. Todo ello constituye una fuente de ingresos permanente, aunque escasa y fluctuante, para este pueblo que lucha por conservar sus tradiciones frente a las imposiciones del progreso. Su apariencia y su leyenda les han transformado con el paso del tiempo en una tribu mítica que muchas veces se corresponde poco con la imagen romántica que se tiene de ella.

Lo cierto es que los Maasai se debaten entre su clásico conservadurismo y la tentación de sumarse a la revolución industrial en busca de una vida más boyante. Su tendencia a aferrarse a la tradición les ha granjeado las simpatías y la admiración de los turistas anhelantes de escenas pintorescas, pero también el rechazo de los kenyatas más progresistas, quienes opinan que un pueblo de pastores nómadas en la economía global del siglo XXI está condenado a la pobreza. Hoy muchas de las costumbres Maasai se ven restringidas por la ley, como la caza del león, mientras otras como la alimentación tradicional a base de leche y sangre se diluyen poco a poco en el olvido. Mientras, los turistas esperan encontrar al mismo tiempo los Maasai de Orzowei y un país seguro y tranquilo, sin furtivismo, sin ganado en las reservas y sin bandidos. Una combinación imposible, salvo obligando a los Maasai a convertirse en algo parecido a los empleados de Port Aventura, jóvenes de hamburguesa y vaqueros que por las noches se disfrazan para interpretar las danzas milenarias de su tribu. Al fin y al cabo, esto ya puede observarse en las orejas perforadas de muchos camareros y cocineros en los lodges.

Vayan estos últimos párrafos iconoclastas como una de esas anticuadas lanzas que veíamos en aquella vieja película de Martin y Osa Johnson, "Simba" (1928), en la que un grupo de moran Maasai abatía un león. En este caso, arrojo mi lanza contra el monstruo de la globalización uniformizante impuesta desde occidente y en defensa de un futuro mejor para todos los Maasai, que les permita elegir libremente su destino sin el tira y afloja a que se ven continuamente sometidos. Tal vez así la vieja profecía se haga realidad.


Al no ser un parque nacional sino una reserva, Masai Mara no está administrada por el servicio de parques, el Kenya Wildlife Service, sino por las autoridades locales. El problema aparece con las divisiones administrativas, marcadas por el río Mara: el sector este de la reserva pertenece al distrito de Narok, mientras que el lado oeste se encuentra en el distrito de Transmara. Este detalle aparentemente irrelevante es en realidad algo a tener en cuenta: en teoría, el precio que se paga a la entrada faculta para recorrer la parte del parque bajo la jurisdicción del distrito desde el que se ha accedido. En la práctica, esta restricción no suele vigilarse, pero por si acaso es preferible que abandone el parque por el mismo distrito por el que entró.

Los Masai, la tribu de nómadas pastores, antiguamente temida por su carácter guerrero, habitan estos territorios desde antaño. Cuando en 1911 el jefe Lenana firmó un acuerdo con el gobierno colonial, aceptaba vender sus tierras a favor del desarrollo urbano de Nairobi para desplazarse hacia el sur. Pero la región de Masai Mara había quedado ya despoblada durante el siglo XIX, cuando las epidemias y las guerras entre clanes diezmaron la población Masai y la condujeron a un declive del que todavía espera recuperarse. Así, una vieja profecía Masai que predijo la llegada de los extranjeros también auguraba un futuro en el que este pueblo recuperaría su antiguo esplendor.

Cuando se creó la reserva, en 1961, se hizo con el objetivo de proteger la fauna de una región desierta y salvaje que estaba siendo sometida a continuas matanzas indiscriminadas a manos de los cazadores blancos. La protección de esta área, entre otros factores, favoreció la reocupación del territorio por los Masai, quienes gracias al status de reserva pueden participar en la administración de la misma a través de los consejos de distrito. Aunque los conflictos por la tierra continúan en pie, la fórmula elegida para la preservación de este espacio natural trata de rendir alguna compensación a los Masai en virtud del comercio con los turistas, a través de los campings, la venta de artesanía y las visitas a las aldeas. Todo ello constituye una fuente de ingresos permanente, aunque escasa y fluctuante, para este pueblo que lucha por conservar sus tradiciones frente a las imposiciones del progreso.

Su apariencia y su leyenda les han transformado con el paso del tiempo en una tribu mítica que muchas veces se corresponde poco con la imagen romántica que se tiene de ella.

Lo cierto es que los Masai se debaten entre su clásico conservadurismo y la tentación de sumarse a la revolución industrial en busca de una vida más boyante. Su tendencia a aferrarse a la tradición les ha granjeado las simpatías y la admiración de los turistas anhelantes de escenas pintorescas, pero también el rechazo de los kenyatas más progresistas, quienes opinan que un pueblo de pastores nómadas en la economía global del siglo XXI está condenado a la pobreza. Hoy muchas de las costumbres Masai se ven restringidas por la ley, como la caza del león, mientras otras como la alimentación tradicional a base de leche y sangre se diluyen poco a poco en el olvido. Mientras, los turistas esperan encontrar al mismo tiempo los Masai de Orzowei y un país seguro y tranquilo, sin furtivismo, sin ganado en las reservas y sin bandidos. Una combinación imposible, salvo obligando a los Masai a convertirse en algo parecido a los empleados de Port Aventura, jóvenes de hamburguesa y vaqueros que por las noches se disfrazan para interpretar las danzas milenarias de su tribu. Al fin y al cabo, esto ya puede observarse en las orejas perforadas de muchos camareros y cocineros en los lodges.

MasaiMara se localiza a unos 270 km al oeste de Nairobi, en un remoto rincón sudoccidental

del país, al borde de la frontera tanzana. El hecho de que no exista una única carretera principal hasta la reserva, unido a la propia geografía de Masai Mara, dividida en dos por el río, hace que sea conveniente estudiar la ruta para cada situación particular. El camino óptimo en cada caso dependerá no sólo del lugar de procedencia, sino también del destino, según éste se encuentre fuera o dentro de la reserva y, en este último caso, en el sector occidental u oriental.

Por supuesto que el estado de las carreteras es otro factor importante a considerar, y esto no se aprecia en los mapas. En general, ninguna de las carreteras de acceso a Masai Mara está en buenas condiciones. El rango varía entre lo aceptable y lo pésimo. Esto sin añadir el factor lluvia, que durante la estación húmeda embarra las carreteras y dificulta aún más la circulación.

Por todo ello, un gran número de visitantes elige viajar a Masai Mara en avión. Air Kenya ofrece dos vuelos diarios en línea regular desde el aeropuerto de Wilson, en Nairobi. El trayecto dura tan sólo 45 minutos, frente a las más de seis horas que cuesta cubrir la distancia en un vehículo que obligatoriamente tiene que ser un 4x4. Por no hablar de los autobuses, que sólo llegan hasta la población de Narok, aún a mucha distancia de la reserva.

A continuación intentamos simplificar las diversas posibilidades de acceso a Masai Mara en función de la procedencia. Varias de las rutas confluyen en la carretera B3, que corre paralela a la frontera tanzana en dirección este-oeste y de la que parten varias pistas hacia Masai Mara. Después, y para que pueda decidir cuál de las opciones le interesa más, explicaremos las posibilidades de comunicación entre un sector y otro de la reserva.

Desde Nairobi: No se deje engañar por los 270 km de distancia: el trayecto le llevará unas seis horas sólo hasta el sector oriental de la reserva, a lo que hay que sumar en su caso el recorrido interior. En Nairobi, toma la carretera A104 hacia Naivasha y Nakuru. Después de pasar el Kikuyu Escarpment, de contener la respiración con las vistas del Rift Valley y de bajar al lecho del Kedong Valley, tome en Maai-mahiu el desvío a la izquierda hacia Narok por la carretera

B3. Unos 15-20 km después de pasar Narok, la carretera llega a la localidad de Ewaso Ngiro, donde hay un cruce. Desde aquí hay dos posibilidades para acceder a la reserva:

Opción A: esta es la ruta más frecuentada, que conduce hasta el sector oriental del parque, donde se sitúa el Keekorok Lodge. En Ewaso Ngiro, gira a la izquierda por la C12. Unos 40 km más adelante aparece una bifurcación. Las dos pistas llevan a Masai Mara, pero a distintos accesos, y confluyen dentro de la reserva en el Keekorok Lodge. La más utilizada es la de la derecha, que conduce a la entrada principal, Sekenani Main Gate. La ruta de la izquierda lleva hasta la Ololamutiek Gate cruzando un puente derrumbado (1998), pero es accesible en 4x4.

Opción B: menos utilizada por su peor estado y la abundancia de barro después de las lluvias. En Ewaso Ngiro, continúe recto por la B3 unos 40 km más hasta Ngorengore. En esta localidad gire a la izquierda por la C13. Desde aquí nuevamente existen dos posibilidades. La primera es continuar todo recto hasta la Oloololo Gate y el Kichwa Tembo Camp, en el sector occidental de Masai Mara. La segunda opción es girar a la izquierda en Aitong por la E177. Esta pista conduce al sector oriental a través de la Talek Gate.

Desde Naivasha Si parte de Naivasha tiene dos rutas principales para llegar a Ewaso Ngiro, desde donde se aplican las dos opciones mencionadas en el apartado "desde airobi".

Opción A: tome la carretera general A104 hacia Nairobi hasta Maai-mahiu, de donde parte la B3 a la derecha hacia Narok y Ewaso Ngiro. Este es el camino más utilizado porque aprovecha un tramo de la carretera general.

Opción B: justo al sur del lago, tome el desvío a la derecha por la C88. Esta pista atraviesa las montañas del Mau Escarpment y ofrece bellas vistas, pero presenta mucho barro durante las lluvias. Finalmente desemboca en la B3, que deberá tomar hacia la derecha en dirección a Narok y Ewaso Ngiro.

Desde Nakuru: El caso de Nakuru es similar a lo mencionado para Naivasha. Básicamente hay dos posibilidades, una es más directa y escénica pero más complicada y la otra aprovecha un ramo de la general A104 hacia Nairobi. Las dos rutas acaban llegando a Ewaso Ngiro, en la B3. Desde aquí se aplica lo explicado en "desde Nairobi".

Opción A: tome la carretera general A104 hasta Naivasha. Ver "desde Naivasha".

Opción B: en Nakuru, toma la carretera en dirección sur hacia Njoro y Mau Narok cruzando el Mau Escarpment. Esta pista se convierte en un barrizal durante las lluvias. La carretera desemboca finalmente en la B3 a la altura de Narok. Gire a la derecha hasta Ewaso Ngiro.

Desde el norte (Kericho: Tome la C23 en dirección sur hacia Kisii y gire a la izquierda en Litein por la carretera asfaltada que recorre unos 40 km hasta llegar a Bomet. Allí gire a la izquierda para tomar la B3. Desde esta pista puede bajar a Masai Mara por la C13 en Ngorengore (a unos 40 km de Bomet) o por la C12 en Ewaso Ngiro, tal como se explica en "desde Nairobi".

Desde el oeste (Kisii

Opción A: tome la carretera principal A1 hacia el sur en dirección a Tanzania. A la altura de Suna, tras pasar Migori y poco antes de la frontera, hay un desvío a la izquierda hacia Lolgorien

y Masai Mara. Esta pista cruza el Soit Ololol Escarpment y tiene tramos muy empinados. Entrarás en la reserva por la Oloololo Gate, en el sector occidental (Transmara).

Opción B: desde Kisii toma la B3 en dirección este hacia Keroka y Sotik. Continúa por esta carretera atravesando Bomet y Kapkimolwa para bajar por la C13 en Ngorengore o por la C12 en Ewaso Ngiro, como se detalla en "desde Nairobi".

Desde Tanzania: Esta opción sólo es posible si viaja en un coche propio, ya que las compañías de alquiler generalmente no lo permiten a no ser que exista un acuerdo previo expreso bajo circunstancias especiales. Existe de hecho una puerta de acceso a Masai Mara desde el Serengeti: la Sand River Gate. Este acceso es muy poco utilizado y hay una distancia de

12 km entre los puestos fronterizos de ambos países. Si entra en Kenya, realizará aquí unos trámites básicos que tendrá que completar en Nairobi.

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