Maniquís Una creación de Ernesto Caballero Equipo artístico



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MANIQUÍS

Una obra escrita y dirigida por Ernesto Caballero



Compañía Maniquís

C/Doctor Castelo, 5. Madrid



Maniquís

Una creación de Ernesto Caballero



Equipo artístico

Autor y Dirección Ernesto Caballero

Ayudante de Dirección Aitana Galán

Asesora de Movimiento Esther Acevedo

Escenografía José Luis Raymond

Vestuario Bengoa Vázquez

Iluminación Juan Gómez Cornejo

Espacio Sonoro Nacho García

Fotografía Marc de Cock Buning

Los Maniquís

Karina Garantivá

Julia Moyano

Arantxa Martí

Ainhoa Santamaría

Alexandra Nicod

Y la voz del Vigilante a cargo de Pepe Viyuela.



«Maniquís», de Ernesto Caballero

No sé si Ernesto Caballero, además de ser un autor fundamental de la dramaturgia española, es también un escritor de obsesiones, pero lo cierto es que hay algunos asuntos que con frecuencia aparecen en varias de sus obras y están igualmente presentes en «Maniquí». Uno de ellos es la preocupación de los pequeños grupos por su identidad, su configuración y su futuro. Esto ya era evidente en uno de sus primeros éxitos, «Auto», donde los miembros de una familia advertían la modificación de las circunstancias que les permitían manejarse en el mundo sin cuestionarlo. Lo que había cambiado era su propia vida, trocada en muerte. En el caso de «Maniquí», es el estado inerte el que se han transformado en vital, pero llenarse de vida no significa necesariamente colmarse de felicidad: estas mujeres antes eran objetos y, por tanto, han experimentado el proceso opuesto a la cosificación; sin embargo, la supuesta humanización viene acompañada de la mímesis de aquello que han visto y conocido mientras eran maniquíes: el consumismo, la ornamentación, la diferenciación por medio de las marcas y otros factores estéticos... A este respecto, es oportuno recordar otro de esos temas característicos de Caballero, la despersonalización, de la que sirven como ejemplo tanto «Te quiero, muñeca» como «Un busto al cuerpo», con las que «Maniquí» podría conformar una suerte de trilogía de la humanidad inanimada. Ante «Maniquí», es casi inevitable preguntarse qué hay en uno que no responda a pautas de diseño: vestimos, leemos y amamos según las lógicas del grupo al que pertenecemos, y toda discrepancia parcial que podamos expresar es entendida como una afrenta a todo el conjunto. Si el pensamiento único es criticado y rechazado por Ernesto Caballero, al menos es pensamiento, pero ni esa mínima esperanza queda cuando uno carece de libre albedrío y no puede sino moverse como un muñeco o ser tan pasivo y estático como un maniquí. Con esta obra, pues, Ernesto Caballero permanece fiel a sí mismo al continuar obligándonos a admitir que nuestros principios y bases quizá no sean tan sólidos ni tan fiables como quisiéramos creer que son.



Pedro Víllora

8 de julio de 2008



Misteriosos Maniquíes

Al subir por las escaleras mecánicas de El Corte Inglés, entre el tercer y el cuarto piso, vemos aparecer la cabeza de un maniquí, como una muchacha paralizada por un sortilegio que parece que nos está esperando en el rellano. Según vamos subiendo, a la cabeza que se asoma sobre el filo del último escalón se le va agregando el cuello, el busto con los antebrazos, el tronco entero y las piernas, envueltos en tules y transparencias de lencería. Ante semejante aparición el rostro del visitante sustituye la expresión de ensimismado aburrimiento propia de estas expediciones al palacio del consumo por otra expresión, ésta de extrañeza; se ve desconcertado, desplazado a escenarios eróticos, nocturnales, que no cuadran con la luz uniforme de los grandes almacenes ni con la espaciosa sala en que se encuentra ni con la aguda conciencia de ser parte de un rebaño, conciencia que asalta a cualquiera que va de compras a esta clase de establecimientos, tan prácticos por otra parte. ¿Qué siente o piensa el cliente expuesto a las sugerencias contradictorias que emanan de los volúmenes y la ropa procaz del maniquí, con la frialdad de la materia, poliuretano o fibra de vidrio, y con el gesto congelado? Probablemente, una punzada de leve angustia ante la posibilidad de haberse deslizado, sobre la alfombra mágica de las escaleras automáticas, en un espacio en el que las reglas están cambiadas. El cliente agradece que sólo le reciba un maniquí, y no cien, y dándole la espalda se encamina al siguiente tramo de escalera mecánica.

Una sensación de irrealidad semejante se produce ante la tienda de escaparatismo de Diputació-Pau Claris, donde media docena de maniquíes sin rostro saludan a la calle desde el balcón del tercer piso, en cuyo interior a lo mejor están celebrando una fiesta en la que también participan algunas marionetas y muñecas, algunas estatuas del museo de cera y de los jardines públicos, y un robot o dos, para dar la bienvenida a un ejemplar de Palette, el maniquí sin rostro de la casa japonesa Flower Robotics Inc., que se pone en movimiento cuando entra un cliente en la tienda e imita los movimientos de las modelos famosas. A fiestas de esta clase es mejor no ser invitado. Peligro de muerte.

Que hay algo turbador en estos sosías es evidente. Turbador, y potencialmente amenazante, pues la materia no bromea, sino que está siempre impregnada de una trágica seriedad, como afirma el padre de Bruno Schulz en Las tiendas de color canela. El padre del narrador, sastre de profesión, está convencido de que en todos los muñecos antropomórficos alienta una especie de vida, que él aspira a liberar: "¿Habéis oído, durante la noche, los terribles gritos de esos monigotes de cera encerrados en extrañas barracas, el lastimero coro de esos troncos de leña y porcelana que golpean con el puño las paredes de su cárcel?".(…)

Se entiende que la presencia silenciosa, fantasmagórica, de los maniquíes tenga misterio y atractivo, un atractivo evidente en los ejemplares de formas perfiladas, maquillados, con peluca, que venden empresas modernas y sofisticadas como Atrezzo. Lo cantó Sisa ("oh, nineta / embolicada / en cel·lofana, / tu ets el més preciós regal / que em puguin fer / per al meu sant"), inspirado por la secretaria de la compañía de seguros en la que trabajaba entonces, que, según me dice el cantautor, "era clavada a un maniquí, pero un maniquí popular, de Gran Via para abajo, un maniquí tirando a Sepu", y lo fotografió Josef Sudek en varias placas de su lírica serie Paseo por el jardín encantado, tan evocadora y bella como todo lo que Sudek hacía, y con una mano, pues la otra la había perdido en la I Guerra Mundial.

En esa guerra, y en el mismo frente italiano, también cayó herido Oskar Kokoschka (OK), y durante su convalecencia le dio puerta su novia, Alma Mahler, la mujer más fascinante de Viena, dicen. OK encargó el que sería el más famoso maniquí en la historia del arte -un fetiche de tamaño natural y hechuras "lo más semejantes posible" a las de Alma- a una artesana a la que dio explicaciones sobre proporciones, texturas y tamaños, la calidad de la piel, la forma de manos y pies, el volumen del busto y la rugosidad de los pezones... La muñeca es horrible, una larva, una chapuza. OK se llevó un disgusto al verla. También su Autorretrato con la muñeca da pavor.

Corrieron los rumores de que aquel magnífico loco dormía con su maniquí, la vestía y desnudaba, recibía en casa a sus amigos ante su mirada ciega, la llevaba consigo al café, a la ópera, en fiacre(...)

Luego la muñeca empezó a perder el relleno, se desarticulaba, y durante una fiesta se manchó de vino tinto, le arrancaron la cabeza, la arrojaron por la ventana. A la mañana siguiente OK tuvo que explicar a la policía qué hacía en su jardín aquel cadáver decapitado... que se llevó el camión de la basura.



Ignacio Vidal-Folch

Diario El País



Sinopsis

Cinco maniquís cobran vida una noche en unos grandes almacenes. Su andadura se inicia en la planta de Moda para La Mujer donde encuentran sin vida el cuerpo de un guardia de seguridad. Despiertan, y ante el asombro que les procura su nueva condición, tratan de saber quiénes son, qué deben hacer ante su nueva situación y cuáles han sido las causas de la muerte del vigilante. Esta inquietud las va a impulsar a un recorrido por todo el espacio comercial, que consideran el único espacio real. Su aventura les hará llegar a complementos. Allí, entre una variedad de artículos que despiertan sus ansias de consumo, van definiendo sus inciertas personalidades; sus identidades se van perfilando a medida que se prueban los artículos de los expositores. Las necesidades individuales aparecen; entre otras, la de singularizarse mediante un nombre propio. Entonces deciden llamarse las unas a las otras a partir de las marcas que las rodean: L´Oreal, Punto Blanco, Marie Claire, Carolina Herrera, Easy Wear… A partir de ese momento aumenta la autoconciencia y la responsabilidad derivada de su condición de seres humanos, circunstancia que las abocará a la planta de caballeros, donde se encontrarán con sus maniquís complementarios. Sin embargo, sus equivalentes masculinos se muestran obstinadamente inmóviles, por lo que deciden activar un procedimiento de choque con la intención de que se produzca una reacción en ellos. De este experimento, que contiene la propia esencia del hecho teatral, extraerán la solución al enigma de la muerte del guardia de seguridad. En ese momento descubren, igualmente, que existe un mundo real más allá de las paredes de los grandes almacenes en que habitan. Finalmente, las cinco muñecas se hallarán preparadas arrostrar las luces y las sombras de ese otro e incierto gran almacén que es el mundo de hoy.



ERNESTO CABALLERO (Autor y Director)

Ernesto Caballero (Madrid, 1958) ha destacado por igual es su doble faceta de autor teatral y director de escena. En su obra como autor resaltan títulos como

Squash, Retén, Auto, Solo para Paquita, Rezagados, Destino desierto, María Sarmiento, Santiago (de Cuba)... y cierra España, Un busto al cuerpo, Pepe el romano, Te quiero....muñeca, Tierra de por medio. Como director de escena destacan sus montajes de El amor enamorado de Lope de Vega; Eco y Narciso de Calderón de la Barca; La ciudad, noches y pájaros, de Alfonso Plou; La mirada del hombre oscuro, de Ignacio del Moral; Querido Ramón, sobre textos de Gómez de la Serna; Mirandolina, de Carlo Goldoni; Brecht cumple cien años, sobre textos de Bertold Brecht; El monstruo de los jardines, de Calderón de la Barca; Yo estaba en casa..., de J. L. Lagarce; Las amistades peligrosas, de Christopher Hampton; He visto dos veces el cometa Halley, sobre Rafael Alberti; El señor Ibrahim y las flores del Corán, de Eric-Emmanuel Schmitt, Sainetes, de Ramón de la Cruz; Las visitas deberían estar prohibidas por el Código Penal, sobre textos de Miguel Mihura; Morir pensando de matar, de Rojas Zorrilla, y Hedda Gabler, de Ibsen.

Ha recibido el Premio José Luis Alonso, concedido por la Asociación de

Directores de Escena, por su montaje de la obra Eco y Narciso, y el premio de la Crítica Teatral de Madrid al mejor autor de la temporada por sus obras Auto y Rezagados.
Equipo Artístico

AITANA GALÁN (Ayudante de dirección)

Licenciada en Dirección de Escena por la RESAD y titulada en Interpretación de Cristina Rota (C.N.C.) Directora y ayudante de dirección habitual de Ernesto Caballero, entre los montajes que ha dirigido destacan “Segunda Vida” de la que también es autora, “Adiós a Todos” de Ignacio García Araos; “Víctor Bevch” de Laila Ripoll, entre otras.



ESTHER ACEVEDO (Asesora de Movimiento)

Licenciada en Interpretación en la R.E.S.A.D. y diplomada en Danza Clásica en la Escuela Superior de Arte Dramático y Danza de Córdoba. Ha participado en numerosos montajes teatrales entre los que destacan algunos realizados junto a Ernesto Caballero, como "Presas", "Morir pensando en matar", "Las visitas deberían estar prohibidas por el código penal", "Sentido del deber", "Las amistades peligrosas", "Te quiero, muñeca"


JOSE LUIS RAYMOND (Escenografía)
Estudia la especialidad de audiovisuales en la Facultad de Bellas Artes del

País Vasco y escultura y espacio escénico en la Academia de Bellas Artes de Varsovia. Entre sus últimos trabajos en dirección de escena destacan la ópera La traición oral, de Mauricio Kagel; escena para teatro musical de Tomás Marco o La raya en el agua, de José Luis Turina. Entre sus últimas creaciones de espacios escénicos cabe mencionar Auto, de Ernesto Caballero (2006); la ópera infantil La Cenicienta (dir. José Luis Arellano, 2006); Sainetes de Ramón de la Cruz (dir. Ernesto Caballero, Compañía Nacional de Teatro Clásico, 2006); La señorita Julia (versión y dirección de Charo Amador, 2005); El señorIbrahim y las flores del Corán (dir. Ernesto Caballero, CDN, 2004); El Rey Negro, de Ignacio del Moral (dir. Eduardo Vasco, 1997); El examen de maridos, de Ruiz de Alarcón (dir. Vicente Fuentes, 1997)



IGNACIO GARCÍA (Espacio Sonoro)

Licenciado en dirección de escena por la RESAD de Madrid. Ha dirigido La cuadratura del círculo de Kataiev; La mandrágora, de Maquiavelo; Los empeños del mentir, de Hurtado de Mendoza y Quevedo; Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz; La balada de la cárcel de Reading, de Oscar Wilde, y Flor de otoño, de Rodríguez Méndez. En el campo lírico, ha realizado la puesta en escena de Dido and Aeneas, de Purcell; La scala di seta, de Rossini; Historia del soldado, de Stravinski; La contadina, de Hasse; La serva padrona, de Pergolesi; Il sacrificio di Abramo, de Camilla de Rossi, y La eterna canción y Black el payaso, de Sorozábal; Cantata del café, de Bach; The little sweep,de Britten; Un parque, de Luis de Pablo; Orfeo, de Jesús Rueda; Iberia, de Albéniz; Il tutore burlato, de Martín y Soler. Asimismo ha dirigido en versión semiescénica Don Giovanni y Le nozze di Figaro de Mozart y Don Giovanni Tenorio de Carnicer. Desde febrero de 2004 es adjunto a la dirección artística del Teatro Español de Madrid.



JUAN GÓMEZ-CORNEJO (Iluminación)

Trabaja profesionalmente en teatro desde 1980, como iluminador y director técnico. Entre 1982 y 1990 fue director técnico de la Sala Olimpia de Madrid y entre 1990 y 1992 fue responsable del diseño y la dirección técnica del Teatro Central de Sevilla para la Expo 92. Ha realizado la iluminación del Festival de Cine de Málaga en sus últimas seis ediciones. Ha obtenido el premio «Rogelio de Egusquiza» ADE de Iluminación 2005 por La Divina Comedia y un premio Max a la mejor iluminación de la edición del 2002 por Panorama desde el puente. Ha sido finalista de los Premios Max en cinco ocasiones. Entre sus últimos trabajos destacan: Divinas palabras, de Valle-Inclán (dir.Gerardo Vera) y La buena persona de Sezuan (dir. Luis Blat), ambas en el Centro Dramático Nacional; Sainetes (dir. Ernesto Caballero, CNTC); Macbeth (dir. Gerardo Vera, Teatro Real); El retablo de Maese Pedro (dir. Luís Olmos, Teatro de la Zarzuela); Don Quijote en la niebla (dir. Jesús Cracio, Festival de Almagro); El sombrero de tres picos y La leyenda (dir. José Antonio, Ballet Nacional); Infierno-La Divina Comedia (dir.Tomaž Pandur, CDN, Premio de la ADE a la mejor iluminación del 2005); Salomé (dir. Miguel Narros); La voz humana (dir. Gerardo Vera, Teatro de la Zarzuela).



KARINA GARANTIVÁ JULIA MOYANO ARANTXA MARTÍ ALEXANDRA NICOD AINHOA SANTAMARÍA

MANIQUÍS

La Compañía Maniquís es una apuesta de un grupo de jóvenes actrices que, de la mano del autor y director Ernesto Caballero, quieren establecer un diálogo entre la práctica actoral, el arte contemporáneo y la dramaturgia. Para ello hemos contado con la colaboración de prestigiosos profesionales como José Luis Raymond, Juan Gómez Cornejo, Ignacio García, Aitana Galán y Pepe Viyuela que se han dado cita en la elaboración de este espectáculo que da nombre a la compañía y que se presenta en el Teatro del Arenal de Madrid, coincidiendo con el inicio de un nuevo proyecto artístico.

Distribución:

LOZANO & BONILLA S.L.

Distribución y Producción de Artes Escénicas



Montse Lozano 609 18 64 41 Mara Bonilla 645 11 04 06

montselozano@ono.com mara.bonilla@gmail.com



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