Mar adentro



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MAR ADENTRO

¿Por qué Román se muestra como una persona tan atractiva, más allá de su apariencia? ¿Qué le pasa a una persona como Román que quiere morirse y no puede cumplir con su voluntad por estar incapacitado?. Está condenado a vivir una vida que nunca pudo asumir desde hace 28 años, cuando tuvo un accidente que lo dejó parapléjico. Pide al Estado que le permita realizar la eutanasia, como se la niegan inicia un juicio que se hace público. Julia la abogada, se enteró y ofrece sus servicios gratis, quizás porque ella misma padece una enfermedad degenerativa que la va paralizando. También se entera Rosa mujer sencilla y bondadosa, separada con dos hijos que siempre fue mal tratada en sus parejas, quizá porque interpuso sus hijos, las dos veces que se separa dice: “nos separamos” incluyendo a sus hijos.

Román fundamenta su deseo que así como él vive pierde su dignidad. Respeta que otros estén contra la eutanasia, pero la libertad de su concepción de vivir dignamente es más fuerte. Esa libertad no es hacer lo que uno quiere, se llega a conocer cuando entramos en los abismos del mar. Cuando “mar adentro” encontramos que la vida y la muerte se unen en un horizonte profundamente humano. No es problema de principios morales ni de procedimientos judiciales, tampoco normas institucionales, menos aún presiones sociales o necesidades amorosas. Todo válido, hasta que entramos “mar adentro”, allí la vida no es un mandato divino, se convierte en un misterio sólo descifrable en el abismo de la libertad humana. Es la libertad de conciencia la que mueve el amor a la vida. Una conciencia restringida a lo literal, los sueños, institucionalizada, ideologizada o socializada, es libre pero restringida a ideales determinados que movilizan nuestros deseos. Una conciencia abierta a los misterios de la vida y la muerte esta liberada, quedando sólo el anhelo de ser con dignidad, es decir, vivir coherentemente con su propio grado de conciencia. Por eso que la dignidad no es definible moral o socialmente, emerge de la libertad que tiene fe en sus pálpitos, intuiciones pues en ese momento somos uno con Dios. No estamos hablando del Dios institucionalizado sino del Dios de amor que no juzga, no compara, sólo comprende desde una conciencia abierta donde “todo tiene que ver con todo”.

Volvamos a la primer pregunta ¿por qué es tan atractivo Román? tanto al espectador como a las personas que están cerca de él. Toda su familia renunció a su vida para dedicarse a él, su cuñada lo atiende como un hijo, su sobrino pendiente de sus necesidades más técnicas, Julia la abogada, otra mujer dedicada a ayudar a decidir sobre la vida sin presiones y especialmente Rosa que al verlo por TV descubre en su mirada la profundidad de lo humano.

Una respuesta posible es que en su larga lucha por sobrevivir encontró la vida desapegada y por lo tanto libre de todo prejuicio y sensible a su dimensión poética que pone palabras más allá de todo texto formalizado. Javier (su sobrino) le dice “pero yo no soy tu hijo” cuando Román le dedica el poema al hijo que no tiene, ni tendrá. Días después cuando Javier capta el valor simbólico de las palabras se abrazan. Como cuando se abrazan enamoradamente con Julia que descubre su visión poética de la vida o cuando amigablemente se abraza con la sencilla mujer frustrada que gracias a él conoce la bondad del amor. Logra que los que verdaderamente lo aman dejen sus prejuicios y lo ayuden a morir. La abogada no puede porque su deterioro alcanza su conciencia. Sí lo logra con Rosa la que descubrió la bondad en sus ojos.

Una de las escenas finales encierran la insondable verdad sobre la vida implícita en la película. Se publica su libro de poemas, la amiga que lo acompañó en esta difícil decisión tiene un hijo y corre por la playa con su familia, él logra ver en el “mar adentro” todo unido en su historia, lo malo y lo bueno de su vida. En medio de este clima vital es que decide en libertad optar por la eutanasia. Cerca de él está la amiga del amor sencillo y desprendido que le dice “¿cuándo estés allá arriba me enviarás alguna señal?” y Román le contesta “me palpito que no hay nada, mi padre decía tengo el pálpito que mañana lloverá y llovía, veremos”.



Logró que la vida y la muerte nos unan, como dice el poeta “vivimos muriendo, morimos viviendo”, Román diría “vivimos dignamente cuando somos coherentes con la libertad de nuestra conciencia”.

O.F.M.
17 de Febrero 2005


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