María de Nazaret José María Vigil Índice general presentacióN 5 Haced lo que él os diga 7



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17. Madre de corazón responsable

Palabra de Dios

Lc 2, 51-52: María daba vueltas a todas estas cosas meditándolas en su corazón.

Lc 22, 39-46: Orad para no caer en la tentación.


Texto antológico

«La lectura de las Sagradas Escrituras, hecha bajo el influjo del Espíritu Santo y teniendo presentes las adquisiciones de las ciencias humanas y las variadas situaciones del mundo contemporáneo, llevará a descubrir cómo María puede ser tomada como espejo de las esperanzas de los hombres de nuestro tiempo. De este modo, por poner algún ejemplo, la mujer contemporánea, deseosa de participar con poder de decisión en las elecciones de la comunidad, contemplará con íntima alegría a María, que, puesta a diálogo con Dios, da su consentimiento activo y responsable no a la solución de un problema contingente, sino a la ‘obra de los siglos’, como se ha llamado justamente a la Encarnación del Verbo; se dará cuenta de que la opción del estado virginal por parte de María, que en el designio de Dios la disponía al misterio de la Encarnación, no fue un acto de cerrarse a algunos de los valores del estado matrimonial, sino que constituyó una opción valiente, llevada a cabo para consagrarse totalmente al amor de Dios; comprobará con gozosa sorpresa que María de Nazaret, aun habiéndose abandonado a la voluntad del Señor, fue algo del todo distinta de una mujer pasivamente remisiva o de religiosidad alienante, antes bien fue mujer que no dudó en proclamar que Dios es vindicador de los humildes y de los oprimidos y derriba de sus tronos a los poderosos del mundo (cf Lc 1,51-53); reconocerá en María, que ‘sobresale entre los humildes y los pobres del Señor’, una mujer fuerte que conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio (cf Mt 2,13-23): situaciones todas éstas que no pueden escapar a la atención de quien quiere secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la sociedad, y no se le presentará María como una madre celosamente replegada sobre su propio Hijo divino, sino como mujer que con su acción favoreció la fe de la comunidad apostólica en Cristo (cf Jn 2,1-12) y cuya función maternal se dilató, asumiendo sobre el Calvario dimensiones universales. Son ejemplos. Sin embargo, aparece claro en ellos cómo la figura de la Virgen no defrauda esperanza alguna profunda de los hombres de nuestro tiempo y les ofrece el modelo perfecto del discípulo del Señor: artífice de la ciudad terrena y temporal, pero peregrino diligente hacia la celeste y eterna; promotor de la justicia que libera al oprimido y de la caridad que socorre al necesitado, pero, sobre todo, testigo activo del amor que edifica a Cristo en los corazones».



Pablo VI, Marialis cultus
Reflexión

María vivió con Jesús en Nazaret, haciendo compañía a Dios, como ama de casa responsable, madre viuda en una sociedad machista. Era un papel difícil. Pero «respondió» bien a la tarea que se le había encomendado. La cercanía de Jesús no le sirvió para excusarse y evadirse, sino para sumergirse más y más en las responsabilidades diarias.

Y en su corazón, nos dice el evangelio, contemplaba todas las cosas miradas desde la preocupación del crecimiento de Jesús, a la luz de la aproximación del Reino, barajando todas las cosas contemplativamente en su corazón.

Su contemplación no fue idealista, evadida, salida de la historia. Meditaba «todas estas cosas», es decir, la vida diaria, los acontecimientos, las acciones de Dios ocultas en la trama oscura de la vida cotidiana, que son para quien sabe, verdaderas gestas de Dios en la historia a favor de su pueblo.

La oración, la contemplación de María era una oración personal, desde la profundidad personal, desde el corazón. Y era una oración también «por el Reino», suspirando y deseando su advenimiento, discerniendo trabajosamente los signos de su llegada en la sencillez de cada día.
Examen

 ¿»Respondemos» a Dios? ¿Somos responsables ante él?

 ¿Oramos, contemplamos, «damos vueltas a estas cosas en nuestro corazón»?

 ¿Oramos, como María, a partir de la historia real, o nos sirve la oración para evadirnos de la historia?

 ¿Anhelamos, suspiramos por el Reino de Dios?

 ¿Es nuestra oración una oración por el Reino?


Conversión

 Dedicar más tiempo a nuestra oración personal, si no es suficiente el que le dedicamos.

 Revisar nuestra oración. Hacerla más encarnada y más contemplativa, más a partir de la historia y más en la perspectiva del Reino.

 Convertir en oración nuestras acciones y preocupaciones humanas, sociales, políticas, materiales... por el Reino y verificar nuestra oración en compromisos concretos.


Invocación

* Madre de Jesús, madre de corazón responsable...

* ...haz nuestro corazón semejante al tuyo.
Oración

Dios, Padre nuestro, que en María nos has dado un ejemplo de corazón contemplativo y responsable, hondo en profundidad personal, ancho en compromiso con la historia. Haz nuestro corazón semejante al suyo: grande y fuerte para amar, agradecido al contemplar, encarnado para luchar.


Cantos sugeridos

* «Pienso en ti», de E. V. Mateu, en Madre del pueblo.

* «Ruega por nosotros», de G. Ferrero, en María de Nazaret.


18. Flor del Reino de Dios
Palabra de Dios

Is 11, 1-9: La utopía del Reino. El lobo vivirá con el cordero.

Lc 10, 3-9: Decidles: «Ha llegado a vosotros el Reino de Dios».
Texto antológico

«Cristo no comenzó predicándose a sí mismo, sino al Reino de Dios. ¿Qué es lo que significa el Reino de Dios, que, indiscutiblemente, constituye el centro de su mensaje? Para los oyentes de Jesús significaba algo muy distinto de lo que significa para los oídos del creyente moderno, para quien el Reino de Dios es la otra vida, el cielo, lo que hay después de la muerte. El Reino de Dios -que aparece ciento veintidós veces en los evangelios, y de ellas noventa en los labios de Jesús- significaba para los oyentes de Jesús la verificación de una esperanza, al fin del mundo, de superación de todas las alienaciones humanas, de destrucción de todo mal físico o moral, del pecado, del odio, de la división, del dolor y de la muerte. El Reino de Dios sería la manifestación de la soberanía y el señorío de Dios sobre este mundo siniestro, dominado por las fuerzas satánicas en lucha contra las fuerzas del bien; el término con el que poder expresar que Dios es el sentido último de este mundo, que él no tardará en intervenir para sanar toda la creación en sus fundamentos, instaurando el nuevo cielo y la nueva tierra. Esta utopía, que constituye el anhelo de todos los pueblos, es objeto de la predicación de Jesús, el cual promete que ya no será utopía, sino una realidad que habrá de ser introducida por Dios. Por eso, al predicar por primera vez en la sinagoga de Galilea y leer el pasaje de Isaías 61, 1ss (‘El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor’), dice: ‘Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy’ (Lc 4,18-19.21)».



Leonardo Boff
Reflexión

Hace años, en nuestra formación cristiana, se nos habló poco del Reino de Dios. Más lo llamaban Reino de los cielos, y ello hacía que lo confundiéramos con el cielo, sin más.

La cristología bíblica nos redescubre el Reino de Dios como tema mayor de Jesús. El dato históricamente más cierto que tenemos de Jesús es que su predicación y su vida toda giró en torno a este anuncio: el Reino de Dios está viniendo.

Jesús fue verdaderamente un hombre con un ideal, con una causa: el Reino de Dios. Ésta fue la causa con la que soñó, de la que predicó obsesivamente, por la que se arriesgó, le persiguieron, lo capturaron, lo condenaron y lo ejecutaron.

El Reino de Dios es la transfiguración, la transformación de este mundo introducido plenamente en el orden de la voluntad de Dios. No es otro mundo, sino este mismo, pero totalmente transformado, habitado por Dios como Señor y Padre, y trasladado definitivamente más allá del tiempo...

Redescubierto el Reino como el centro de la vida, la palabra y los hechos de Jesús, todo hay que redimensionarlo desde esa perspectiva del Reino. Ser cristiano consistirá en vivir y luchar por la causa de Jesús.

La gloria de María también brilla con nueva luz dentro de esta perspectiva: ella es como una realización anticipada, una concentración del Reino en apretada síntesis, una fiesta para los ojos de la fe, una flor del Reino de Dios. Flor fecunda que nos traerá en su seno al anunciador y realizador definitivo del Reino.
Examen

 ¿Hemos hecho nuestro, personalmente, el redes-cubrimiento cristológico de la perspectiva del Reino de Dios?

 ¿Lo hemos estudiado suficientemente? ¿Hemos meditado en debidamente? ¿Preferimos quedarnos anclados en la espiritualidad en la que fuimos educados?

 ¿Vivimos y luchamos por el Reino de Dios?

 ¿Es el centro de nuestras ilusiones y esfuerzos el advenimiento del Reino? ¿Suspiramos en nuestro corazón por ello?

 ¿Está enmarcada nuestra lucha personal y de nuestra comunidad cristiana en la lucha por el Reino?


Conversión

 Tomar medidas oportunas para que los círculos en los que nos movemos cada uno, en lo que de nosotros depende, se vayan configurando con el proyecto de Dios, Reino.

 Leer el evangelio y meditar las palabras y hechos de Jesús sobre el Reino de Dios.

 Tratar de colaborar con espíritu amplio ecuménico con todos los grupos, movimientos e iniciativas que luchan por un mundo mejor, más justo y más en paz, más cerca Reino.


Invocación

* María, madre de Jesús, fiel discípula del Señor...

* ...ayúdanos a vivir y luchar por su Reino.
Oración

Dios, Padre nuestro, que en María, la madre de Jesús, has hecho florecer anticipadamente una muestra de lo que es tu voluntad sobre el mundo y sobre la historia, ¡el Reino! Haz que, animados e iluminados por la belleza de esa flor, fructifiquemos también nosotros en frutos del Reino.


Cantos sugeridos

* «Reina del mundo», de G. Ferrero, en Madre de todos.

* «El reino de los pobres», de G. Ferrero, en Madre de todos.


19. Llena eres de gracia
Palabra de Dios

Lc 1, 26-38: Alégrate, llena de gracia.

Mt 5, 43-48: Sed perfectos, como vuestro Padre.
Texto antológico

«Es posible sintetizar así la vida religiosa de María. La revelación es más que una simple comunicación de verdad o de conocimiento. Es, al mismo tiempo, un acontecimiento salvador que ha de ser considerado constantemente con amor y que debe ser experimentado activamente en la fe y por medio de la fe, de suerte que podamos penetrar en el misterio de esta revelación, que se va desdoblando gradualmente, aunque siempre permanece velada. María nos proporciona aquí un sublime ejemplo. Ella es el prototipo, el primerísimo ejemplo de una vida cristiana de fe, verdaderamente sacramental. María estuvo hondamente envuelta y plenamente implicada en los acontecimientos visibles de la vida humana de Cristo en el mundo. Precisamente por esto María se levantó para aceptar -con fe- el divino misterio que se había hecho visible, y ciertamente público, en el signo sacramental externo de la humanidad de Cristo, y se dejó empapar del vigor que sobre ella derramaba la gracia de esa humanidad de Cristo. Su vigorosa fe y su confianza la capacitaron para traspasar el ‘velo’ humano de Cristo y penetrar en el mundo divino. El misterio de la vida religiosa y de la fe de María tenemos que buscarlo en su fe, esperanza y amor. La Escritura nos presenta muy pocos hechos concernientes a la vida de María. Y sólo de vez en cuando nos ofrece algunos destellos de luz que iluminan la imagen concreta de su fe en su crecimiento gradual hacia la victoria última: la imagen de su vida sacramental. Ahora bien, lo que conocemos de hecho es más que suficiente para que podamos dar a María el título de ‘Reina de los confesores»’.



Edward Schillebeeckx
Reflexión

Algunas afirmaciones-imperativos que nos hace el capítulo quinto de la Lumen Gentium del Concilio Vaticano II nos pueden servir de reflexión. El capítulo trata de la «universal llamada a la santidad en la Iglesia».

«En la Iglesia, todos están llamados a la santidad. Esta santidad se manifiesta y debe manifestarse sin cesar en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los ‘creyentes» (LG 39).

«Jesús predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida de la que él es iniciador y consumador. Los seguidores de Cristo han sido hechos por el bautismo verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y por lo mismo realmente santos. Todos los fieles, de cualquier estado y condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor. Esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad» (LG 40).

«Quedan invitados y aun obligados todos los cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado» (LG 42).

María, la «llena de gracia», es modelo de santidad para el pueblo de Dios.



Examen


 ¿Tenemos todavía una idea de la santidad como reservada a clérigos, monjes... o ñoña, anticuada?

 ¿Contribuimos con nuestra palabra y con nuestra vida a renovar la santidad en el pueblo de Dios?

 ¿Creemos de verdad que es posible vivir en santidad, plenamente de acuerdo con el evangelio, en nuestro estado y condición particular?
Conversión

 Tomar decisiones para secundar esta llamada y obligación universal a la santidad dentro de las ocupaciones y preocupaciones de nuestra vida personal diaria.

 Estudiar las exigencias concretas que tiene, en nuestra situación comunitaria real, la llamada universal a la santidad.
Invocación

* -Alégrate, llena de gracia...

* ...ruega por nosotros, pecadores.
Oración

Dios, Padre nuestro, que en María, la llena de gracia, nos das un impulso siempre nuevo para caminar hacia ti, el solo Santo. Haznos participar de tu santidad.


Cantos sugeridos

* «María es esa mujer», de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

* «Estrella y camino», de C. Gabaráin, en María Siempre.


20. Hija de Sión, Madre de la esperanza
Palabra de Dios

Zac 9, 9-10: Alégrate, hija de Sión.

Sof 3, 14-18: Alégrate, hija de Sión; no temas.

Lc 1, 26-38: Alégrate, María; no temas.

1 Pe 3, 13-17: Dispuestos a dar razón de vuestra esperanza.

Rom 8, 18-27: Las criaturas gimen en dolores de parto.

1 Pe 1, 3-9: Hemos sido engendrados para una esperanza viva.
Texto antológico

«Así fue saludada María: ‘Alégrate, colmada de gracia; el Señor está contigo’. Fue saludada como siendo la hija de Sión, símbolo de Israel, a quien fue anunciado el rescate, la venida del Mesías: el Señor está contigo. No se trata, pues, de un saludo vulgar y corriente, sino más bien de una invitación al gozo mesiánico dirigido a la hija de Sión: ‘Alégrate vehementemente’ (en hebreo, ranni’; en griego, chaire sphodra).

Esto aparece de manifiesto al comparar el relato de la anunciación con la profecía de Sofonías (3, 14-17), teniendo cuidado en señalar los evidentes puntos de contacto entre los dos textos.

El texto original hebreo del relato de san Lucas nos hubiera mostrado, sin duda, la evidencia de los contactos literarios entre el anuncio mesiánico de Sofonías a la hija de Sión y la anunciación del ángel a María. Además, el texto griego mismo los deja ver. Por ahora nos basta con hacer notar, una vez más, la indudable relación entre la hija de Sión, que personifica al pueblo de Dios, y María. La Virgen, madre del Mesías, es la manifestación personal del pueblo de Israel, hija de Sión, que esperaba, en los dolores de la historia, el alegre parto de su esperanza y de su liberación, prometida por el Señor. María, hija de Sión, es la ‘encarnación’ de Israel.

San Lucas ha visto en la Virgen María a la hija de Sión del Antiguo Testamento, a la hija de Sión escatológica, la ‘encarnación’ del ‘resto’ fiel de Israel, quien, en su pobreza y santidad, esperaba la alegría de la venida de Dios en su Mesías.

María, hija de Sión, va a ser la madre del Mesías, y en el momento de su concepción virginal, Yavé vendrá a morar en su seno, como en el Arca de la Alianza. Hija de Sión, Madre del Mesías, Morada de Dios, tales son los títulos que pueden darse a María, contemplándola en la perspectiva del Antiguo Testamento que san Lucas ha querido subrayar».



Max Thurian

Reflexión

El texto de Lc 1,28-37 es más que un improvisado saludo de un arcángel ocurrente. Es la fe de la primitiva comunidad cristiana expresada por medio del evangelista, fe que ve en María el cumplimiento de las promesas mesiánicas y liberadoras del Antiguo Testamento.

María, prestando su fe y su esperanza como pista de aterrizaje de Dios en Jesús, personifica la fe y la esperanza de Israel. Es, para la fe del Nuevo Testamento, la nueva y definitiva hija de Sión, el resumen y la cristalización de todas las esperanzas mesiánicas en el Dios liberador.

María, nueva hija de Sión, es el símbolo de una esperanza activa, que ofrece a sí misma, que se compromete por el advenimiento del Reino, que no falla aun a pesar de las dificultades y oscuridades, que sintoniza y resume la esperanza colectiva de todo un pueblo, de todos los hombres y pueblos que esperan en el Dios liberador. Una esperanza cristocéntrica: ¡Ven, Señor Jesús!, que apunta al Reino: «Venga a nosotros tu Reino».


Examen

 ¿Cómo andamos de esperanza? Hacemos un chequeo sobre la esperanza. Frente a la marcha del mundo, la evolución de la Iglesia, el caminar de la sociedad, el itinerario de nuestra familia...

 ¿En qué cosas, hechos, personas, movimientos históricos se fundamentan mis esperanzas? ¿Tengo alguna esperanza desprovista de todo fundamento, arraigada sólo en Dios? ¿Quién puede estar dependiendo de mí -aun sin saberlo yo- para mantener viva su esperanza? ¿Me siento responsable, solidario en la esperanza?

 ¿Sabemos mantener la esperanza en formas como la perplejidad, el desconcierto, la crítica, la involución, los fracasos, las deserciones?


Conversión

 Tomar decisiones para hacer un chequeo a nuestra esperanza.

 Provocar una forma realista para compartir comunitariamente las esperanzas concretas que nos animan en la comunidad cristiana.

 Sostener a quien cerca de mí está desesperanzado.

 Sentirnos solidarios de todos los hombres y pueblos que esperan la liberación.
Invocación

* María, hija de Sión, aurora del Reino, esperanza del pueblo de Dios...

* ...anima nuestra esperanza en la liberación total.
Oración

Dios, Padre nuestro, que en María hiciste aparecer las primeras luces de la liberación anunciada, esperada ardientemente por la hija de Sión. Renueva hoy en el pueblo de Dios una apasionada esperanza. Haz que vivamos pendientes de la autora de la liberación que estás haciendo llegar con tu Reino.


Cantos sugeridos

* «Santa María de la Esperanza», de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

* «Cántico de María», de A. Mejía, en La asamblea que canta.
21. María, victoria de Dios contra el mal

Palabra de Dios

Gén 3, 14-16: El linaje de la mujer aplastará la cabeza a la serpiente.

Ap 12, 1-17: No pudiendo vencer el dragón a la mujer, se marchó a hacer la guerra a sus hijos, a los que hacen la voluntad de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.

1 Pe 4, 12-16: Alegría y coraje en la lucha contra el mal.

Mt 16, 24-28: El que quiera seguirme, que cargue con su cruz y me siga.


Texto antológico

«El Apocalipsis narra que la mujer dio a luz a un niño que fue arrebatado al cielo (cf Ap 12,5-6). Es ésta la descripción más breve de la vida de Jesús: nació de María en la gruta de Belén, vivió treinta años en Nazaret, anduvo predicando al pueblo durante tres años, estuvo a punto de ser devorado por el dragón, que le condenó a muerte y lo mató en la cruz..., pero Dios intervino y le resucitó. Le arrebató a la muerte de la boca del dragón malvado y le llevó al cielo, haciéndole sentar a su derecha (cf Ap 12,5). Allá arriba Jesús recibió todo el poder y se convirtió en el Señor de la historia (cf Ap 12,10-12).

Humanamente hablando, la mujer iba a perder. Pero intervino Dios, poniéndose del lado de la vida. ¡Triunfó la mujer, triunfó la vida! El dragón de la maldad y de la muerte quedó derrotado. ¡No tuvo opción! ¡La debilidad venció a la fuerza!

Esta victoria de Dios nos garantiza la victoria final del bien en la lucha contra el mal, que sigue combatiéndose aún hoy día. Dios tomó partido y definió su posición. ¡El dragón de la maldad caerá derrotado!

Cuando nació Jesús sólo se presentaron unos pobres pastores. Únicamente los pobres consiguen descubrir la riqueza escondida en la pobreza. Sólo los pobres y los humildes descubren la grandeza del poder de Dios, presente en la debilidad de las cosas humanas. Jesús mismo decía al Padre: ‘Padre, Señor del cielo y de la tierra, yo te alabo porque has mantenido estas cosas ocultas a los sabios y prudentes y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, gracias porque así te pareció bien’ (Mt 11,25-26).

Por eso mismo los pobres pueden considerarse felices, porque es grande la misión que deben desempeñar. Han de descubrir y anunciar a los demás la Buena Noticia de la liberación que viene de Dios.

Ahí está la razón de que el pueblo humilde lleve las andas de Nuestra Señora por las calles y se proteja bajo el nombre de María. Es en ésta en quien los pobres se reconocen, como en un espejo que Dios pone ante ellos. En tal espejo de la vida de María, el pueblo descubre su rostro humano y la misión que debe cumplir. La historia de este pueblo pobre es igual a la historia de María, que sigue hasta hoy. Hasta hoy continúa entre nosotros la lucha de la mujer contra el dragón de la maldad, llenando el corazón de todos de una nueva esperanza. ¡La mujer va a vencer, porque Dios está con ella!»

Carlos Mesters


Reflexión

La realidad no está quieta, sino en movimiento. La realidad humana no es principalmente naturaleza sino ante todo historia. Todo es dinámico. El hombre es historia. Dios es el que era, el que es y el que será. Él es el que infunde dinamismo a la realidad. Y este carácter dinámico de la realidad es conflictivo: la historia es una lucha entre el bien y el mal.

La historia de la salvación es la historia de Dios salvando a su pueblo, defendiéndolo del mal, comprometiéndose en las duras batallas a favor de la vida, de la justicia, el amor, el futuro, la liberación, la instauración de su reinado.

La lucha de Dios contra el mal a favor de su pueblo no pertenece a una etapa histórica pasada mitológica. Es actual. La instauración del Reino se juega en las luchas actuales. En ellas Dios ha revelado sus secretos a los pobres y sencillos, que se hacen portadores de su utopía. El Dios que nos revela Jesús no es un Dios abstracto, simétrico, neutral, aséptico, sino un Dios que toma partido, que escucha los clamores de su pueblo, que baja a liberarlo, que se identifica con los pobres...

En esta lucha histórica, María se presenta como una batalla victoriosa de Dios frente a las fuerzas del mal. Una victoria que sigue inspirando al pueblo de Dios en sus luchas en favor del Reino.
Examen

 ¿Sabemos ver, con los ojos de la fe, más allá de la superficie de los hechos y de las noticias las batallas de Dios en la historia?

 ¿Estamos con Dios en vela frente a las asechanzas del mal y del pecado?

 ¿Vivimos cómodamente desapercibidos y desentendidos de las batallas de Dios por la justicia, el amor..., el Reino?

 ¿Asumimos la conflictividad cristiana como militancia a favor del Reino de Dios?

 ¿Tenemos todavía una idea de Dios como simétrico, imparcial, abstracto, neutral, idealista, aristotélico, platónico, metafísico?


Conversión

 Asumir la vida como militancia por el Reino.

 Abandonar toda actitud de pasividad, neutralidad, indiferencia.

 Pronunciarse vitalmente a favor de Dios, de la vida, de la justicia, de los pobres, del Reino.

 Convertirnos al Dios vivo, abandonando todos los dioses falsos.
Invocación

* Santa María, victoria de Dios frente al mal...

* ...ayúdanos en el combate por el Reino de Dios.
Oración

Dios, Padre nuestro, que en María has conseguido una victoria perfecta contra las fuerzas del mal. Danos fuerza para luchar diariamente por la causa del hombre, tu causa, ¡el Reino! Haz valer también hoy tu brazo poderoso junto a todos los que dan su vida por el triunfo de la paz, el amor y la justicia.


Cantos sugeridos

* «Estrella y camino», de C. Gabaráin, en María siempre.

* «Mujer fuerte», de F. Palazón, en Madre de los creyentes.




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