María de Nazaret José María Vigil Índice general presentacióN 5 Haced lo que él os diga 7



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22. Madre del Salvador
Palabra de Dios

Lc 2, 1-14: Una gran alegría para todo el pueblo: «Os ha nacido un salvador».

Lc 1, 26-38: Le pondrás por nombre Jesús, Salvador.

Is 7, 10-15: Le pondrán por nombre Emmanuel, Dios-con-nosotros.


Texto antológico

«Esta unión de la madre y del Hijo va mucho más allá de lo que parece a simple vista. Una madre ordinaria engendra a su hijo sin asociarse por eso a su obra futura. Ella echa las bases remotas, pero no se compromete con sus trabajos, que se llevarán a cabo mañana aparte de ella. No ocurre lo mismo con María: su maternidad la compromete en la obra redentora, así como la encarnación lleva ya en germen a la redención. María no es la madre de alguien que un día será redentor y salvador del mundo, como la madre de un sacerdote es la madre de un hijo que un día será llamado al sacerdocio. El Hijo que nace de ella viene al mundo como redentor y salvador. No es accidental para Jesús el ser sacerdote y la víctima de la Nueva Alianza. Nace ya sacerdote y nace ya cordero de Dios. Los Padres griegos han insistido fuertemente sobre esta salvación del mundo incluida en el nacimiento de Cristo. No debe jamás olvidarse que la madre del Salvador está asociada, desde el principio, a la obra de la salvación».



Cardenal Suenens
Reflexión

Jesús significa «salvador». Y Jesús lo es. Él nos trajo el sentido, la paz, la utopía, la palabra definitiva y total de Dios, el sacramento original, la salvación presente. Jesús es el Emmanuel, el Dios con nosotros, Dios mismo en medio de nosotros, dándonos la salvación que desde siempre ofreció a los hombres. Él vino para dar la vida. Para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Él vino a salvar al mundo, no a condenar.

Y todo eso en una humanidad concreta histórica en Jesús de Nazaret. Dios hecho hombre. Y María es la madre de este hombre, Jesús, el Salvador.

Por eso María siempre tendrá un puesto importante en la fe de los seguidores de Jesús. Además, su función materna no acabó entonces: «La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que en la misión apostólica cooperan a la salvación de los hombres» (LG 65).


Examen

 ¿Somos signos y vehículos de la salvación que Dios nos ha hecho realidad en Jesús?

 ¿Sentimos a María cercana, como madre de Jesús que es?

 ¿Estamos animados de su espíritu de amor maternal, sintiéndonos corresponsables de la extensión de la salvación a todos los seres humanos?


Conversión

 Procurar convertir nuestra vida en cauce de saIvación para todos los que nos rodean. Sentir como nuestra la preocupación por la salvación de los hombres en todo lo ancho del mundo.


Invocación

* María, madre del Salvador...

* ...ayúdanos a colaborar en la gestación del mundo.
Oración

Dios, Padre nuestro, que, por María, nos diste al Salvador, haznos participar de su amor materno para sentirnos corresponsables con todos los hombres que esperan y hacen más próxima la salvación.


Cantos sugeridos

* «Madre del Salvador», de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

* «Cristo, nuestro hermano», de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

23. María, familiar y vecina

Palabra de Dios

Lc 1, 39-45: Fue a visitar a su prima Isabel.

Jn 2, 1-12: Bodas en Caná de Galilea.


Texto antológico

«El apostolado en el medio social, es decir, el afán por llenar de espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que uno vive, es hasta tal punto deber y carga de los seglares, que nunca podrá realizarse convenientemente por los demás. En este campo los seglares pueden ejercer el apostolado del compañero con el compañero. Es aquí donde se complementa el testimonio de la vida con el testimonio de la palabra. En el campo del trabajo, de la profesión, del estudio, de la vecindad, del descanso o de la convivencia, son los seglares los más aptos para ayudar a sus hermanos» (AA 13).

«Siembren también la fe de Cristo entre sus compañeros de trabajo, obligación que tanto más urge cuanto que muchos hombres no pueden oír hablar del evangelio ni conocer a Cristo más que por sus vecinos seglares» (AG 21).
Reflexión

Las grandes cosas se realizan casi siempre en la pequeñez, en lo sencillo. Es la ley de la encarnación.

Nazaret: Dios mismo escondido en la pequeñez de una familia, en la oscuridad de un caserío olvidado y miserable, en la cotidianeidad de unos quehaceres domésticos, en las relaciones familiares con un vecindario inadvertido...

María: velando anónimamente el crecimiento de Jesús, haciendo posible calladamente el advenimiento del reino, haciendo presente el misterio, llevando ocultamente a Dios a su prima, haciendo el bien a sus amigos de Caná. Dios hecho familia y vecindad en la familia de María.


Examen

 ¿Valoramos la vida sencilla? ¿Sabemos ver en ella, con fe, la hondura de nuestras responsabilidades divinas?

 ¿Somos portadores de Dios hacia los amigos, conocidos, familiares... sin espectáculos, calladamente, con paciencia y constancia?

 ¿A qué amigos, familiares, vecinos... puedo llevarles a Jesús? ¿Cómo? ¿Qué pasos voy a dar?

Revisar nuestra vida, sencilla, doméstica, intima. ¿Qué presencia de Dios dejo que la habite?
Conversión

 Tomar decisiones para tratar de convertir la vida familiar, de relaciones de vecindario, de amistad..., en un primer ámbito de compromiso por realizar el Reino de Dios, de «impregnación de las estructuras temporales con el espíritu de las bienaventuranzas». * Trata de vivir con más amor tus relaciones humanas, con más humanidad. * Abre los ojos, da un repaso: ¿qué necesidades ajenas, próximas a mí, no he descubierto en familiares, parientes, amigos, vecinos, compañeros, conocidos?


Invocación

* María, madre de Jesús, madre de todos los seres humanos...

* ...ayúdanos a llevar a Jesús a toda la familia humana.
Oración

Dios, Padre nuestro, que en María de Nazaret nos has dado un ejemplo de vida familiar, sencilla, oculta, solidaria. Haz que nuestra vida cotidiana, sencilla y humildemente, introduzca también la presencia de Jesús en medio del pueblo.


Cantos sugeridos

* «En el trabajo», de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

* «Hija del pueblo», de A. Taulé, en Dios te salve, María.

24. Mujer del sí

Palabra de Dios

Lc 1, 26-38: Hágase en mí según tu palabra.

2 Cor 1, 18-22: En él no hubo más que sí.


Texto antológico

«María es la ‘Virgen oyente’ que acoge con fe la palabra de Dios; fe que para ella fue premisa y camino hacia la maternidad divina, porque, como intuyó san Agustín, ‘la bienaventurada Virgen María concibió creyendo al (Jesús) que dio a luz creyendo’; en efecto, cuando recibió del ángel la respuesta a su duda (cf Lc 1,34-37) ‘ella, llena de fe y concibiendo a Cristo en su mente antes que en su seno’, dijo: ‘he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’ (Lc 1,38); fe que fue para ella causa de bienaventuranza y seguridad en el cumplimiento de la palabra del Señor (Lc 1,45); fe con la que ella, protagonista y testigo singular de la Encarnación, volvía sobre los acontecimientos de la infancia de Cristo, confrontándolos entre sí en lo hondo de su corazón (cf Lc 2,19.5 l). Esto mismo hace la Iglesia, la cual, sobre todo en la Sagrada Escritura, escucha con fe, acoge, proclama, venera la palabra de Dios, la distribuye a los fieles como pan de vida y escudriña a su luz los signos de los tiempos, interpreta y vive los acontecimientos de la historia.

Ante todo, la Virgen María ha sido propuesta siempre por la Iglesia a la imitación de los fieles no precisamente por el tipo de vida que ella llevó y tanto menos por el ambiente sociocultural en que se desarrolló, hoy día superado casi en todas partes, sino porque en sus condiciones concretas de vida ella se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios (cf Lc 1,38); porque acogió la palabra y la puso en práctica; porque su acción estuvo animada por la caridad y por el espíritu de servicio; porque, es decir, fue la primera y la más perfecta discípula de Cristo: lo cual tiene valor universal y permanente».

Pablo VI, Marialis cultus
Reflexión

Ya lo insinuó claramente Jesús: María es más bienaventurada por haber escuchado la palabra de Dios y haberla puesto en práctica que por haber sido madre física de Jesús.

Decir «sí», escuchar, acoger y cumplir la palabra de Dios es lo que da la talla de un verdadero creyente. El sí de María en la anunciación no es más que la síntesis del sí que pronunció dilatadamente a lo largo de toda su vida.

Nuestra verdadera devoción debe pasar por una auténtica imitación de lo que María tiene de más bienaventurada. Imitarla es prolongar su sí en nuestra vida: «Hágase en mí según tu palabra».


Examen

 ¿Es nuestra vida un sí para Dios? ¿Qué zonas tenemos reservadas al no en nuestras profundidades?

 ¿Estoy atento para escuchar las propuestas que Dios me hace a través de sus desconocidos mensajeros?

 ¿Qué sí me es más difícil de pronunciar?

 ¿Es nuestra comunidad cristiana un lugar que nos ayuda a escuchar mejor la palabra de Dios y a cumplirla más eficazmente?
Conversión

 Tomar decisiones para desterrar toda sombra de no en nuestra vida.

 Apoyar que en la comunidad cristiana escuchemos atentamente la palabra de Dios.

 Ser también para los hermanos de mi comunidad cristiana mensajero de Dios, ayudándoles, desde mi fe, a descubrir las exigencias de Dios sobre sus vidas.


Invocación

* Madre de Jesús, madre del sí...

* ...que se cumpla en nosotros la palabra del Señor.
Oración

Dios, Padre nuestro, que en Jesús nos has pronunciado tu «sí» definitivo. En él has sido todo un sí. Ayúdanos a responder también nosotros como María: «Que se haga en nosotros según tu palabra».


Cantos sugeridos

* «Alégrate, hija de Sión», de M. González, en La gloria de Jerusalén.

* «Santa María del Amén», de J. A. Espinosa, en El Señor es mi fuerza.

25. Feliz porque has creído
Palabra de Dios

Lc 1, 39-45: Feliz porque has creído.

Heb 11; 12,1-5: Fijos los ojos en Jesús, que inicia y consuma nuestra fe.
Texto antológico

«María aparece como la primera que, en el nuevo orden de Cristo, cumple el auténtico movimiento de la fe. Zacarías había sido escéptico y había pedido una señal, después de su visión en el templo: ‘Y ¿qué me asegurará de ello?, porque soy un anciano y mi esposa tiene muchos años’ (Lc 1,18). A pesar de la visión y de la palabra evangélica, Zacarías duda, en tanto que María acepta con toda confianza, proponiendo sólo la pregunta del ‘cómo’, mas sin pedir una señal. La similitud entre estas dos anunciaciones revela mucho y bien la pureza de la fe de María. Zacarías enmudecerá, por su incredulidad: ‘¡Bien! Vas a quedarte mudo y en el silencio hasta el día en que esto se cumpla, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo’ (Lc 1,20). Isabel, la esposa de Zacarías, que ha sido el testigo directo de la mudez de su incrédulo esposo, reconoce con más admiración, a causa de esto, la resoluta fe de María: «Bienaventurada la que ha creído’... (Lc 1,45). Zacarías pertenece aún al Antiguo Testamento, de corazón reacio a la fe, objeto de un milagro divino, que se cumple pese a su poca fe. María es, en verdad, la primera cristiana, la verdadera creyente que, predestinada por la gracia divina, entra en su plan por la total ofrenda de su ser, por la obediencia alegre y la apacible confianza en la palabra de Dios. Dios no obra a pesar de María y su pobreza, sino en ella y con ella, dándole por una gracia la posibilidad de unirse y de asentir con una fe pura a la verdad de la Buena Nueva.

En esto María es la bienaventurada creyente (que ha creído), la primera cristiana, la madre de los creyentes, en el sentido por el cual es llamado ‘padre de los creyentes’ Abraham. Éste inauguró la Antigua Alianza por un acto de fe que no puede menos de compararse con el de María en el albor de la Alianza Nueva».

Max Thurian

Reflexión

María es ante todo una creyente, una discípula de Jesús, su hijo, la primera creyente. Por eso María es modelo para nosotros. No es una «diosa», es una mujer. Es de nuestra raza. Es miembro de la Iglesia. Es una creyente, como nosotros, que nos sirve de modelo.

Que ella sea también madre de Dios no niega todo esto, sino que lo complementa, fundamenta y enriquece.

El motivo de su bienaventuranza, de su felicidad, es, como dice Isabel, su fe. Y por eso es alabada. María entra en esa amplia muchedumbre de testigos de la fe de la que habla la carta a los hebreos. Abraham es el padre de los creyentes del Antiguo Testamento. María encabeza la lista de los creyentes del Nuevo Testamento. Y Jesús sigue siendo el que lo hace posible todo: el iniciador y consumador de nuestra fe.
Examen

 ¿Cómo contemplamos a María: alejándola de nosotros o considerándola verdaderamente nuestra?

 ¿Contemplamos de vez en cuando, en la oración, la amplia muchedumbre de testigos que nos preceden en la historia de nuestra fe?

 ¿Vemos a María realmente como un ejemplo de fe comprometida?

 ¿Tenemos «los ojos puestos en Jesús», iniciador y consumador de nuestra fe?
Conversión

 Aprovechar la ocasión y hacer una revisión de nuestra vida de fe.

 Revisar nuestras ideas sobre María y ponerla en su sitio, como madre de los creyentes.

 Revisar comunitariamente cómo va la vida de fe de nuestra comunidad cristiana.


Invocación

* Madre de los creyentes...

* ...feliz porque has creído.
Oración

Dios, Padre nuestro, que nos has dado en María un ejemplo de mujer creyente, discípula de Jesús, tu Hijo, Señor nuestro. Concédenos caminar en fe, como ella en el seguimiento de Jesús.


Cantos sugeridos

* «Madre del Salvador», de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

* «Magnificat», de F. Palazón, en Madre de los creyentes.
26. María, mujer nueva

Palabra de Dios

Lc 1, 39-45: Bendita tú eres entre todas las mujeres.

Gén 3, 14-16: El linaje de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente.

Ef 4, 17-24: Despojaos del ser humano viejo y revestíos del ser humano nuevo.

2 Cor 5, 17ss: El que está en Cristo es nueva creación.


Texto antológico

«En el culto a la Virgen merecen también atenta consideración las adquisiciones seguras y comprobadas de las ciencias humanas; esto ayudará, efectivamente, a eliminar una de las causas de la inquietud que se advierte en el campo del culto a la madre del Señor, es decir, la diversidad entre algunas cosas de su contenido y las actuales concepciones antropológicas y la realidad psicosociológica, profundamente cambiada, en que viven y actúan los hombres de nuestro tiempo. Se observa, en efecto, que es difícil encuadrar la imagen de la Virgen, tal como es presentada por cierta literatura devocional, en las condiciones de vida de la sociedad contemporánea y, en particular, de las condiciones de la mujer, bien sea en el ambiente doméstico, donde las leyes y la evolución de las costumbres tienden justamente a reconocerle la igualdad y la corresponsabilidad con el hombre en la dirección de la vida familiar; bien sea en el campo político, donde ella ha conquistado en muchos países un poder de intervención en la sociedad igual al hombre; bien sea en el campo social, donde desarrolla su actividad en los más distintos sectores operativos, dejando cada día más el estrecho ambiente del hogar; lo mismo que en el campo cultural, donde se le ofrecen nuevas posibilidades de investigación científica y de éxito intelectual.

La Iglesia católica, basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. Ella, la Mujer nueva, está junto a Cristo, el Hombre nuevo, en cuyo misterio solamente encuentra verdadera luz el misterio del hombre, como prenda y garantía de que en una simple creatura -es decir, en ella- se ha realizado ya el proyecto de Dios en Cristo para la salvación de todo hombre. Al hombre contemporáneo, frecuentemente atormentado entre la angustia y la esperanza, postrado por la sensación de su limitación y asaltado por aspiraciones sin confín, turbado en el ánimo y dividido en el corazón, la mente suspendida por el enigma de la muerte, oprimido por la soledad mientras tiende hacia la comunión, presa de sentimientos de náuseas y hastío, la Virgen, contemplada en su vicisitud evangélica y en la realidad ya conseguida en la Ciudad de Dios, ofrece una visión serena y una palabra tranquilizadora: la victoria de la esperanza sobre la angustia, de la comunión sobre la soledad, de la paz sobre la turbación, de la alegría y de la belleza sobre el tedio y la náusea, de las perspectivas eternas sobre las temporales, de la vida sobre la muerte».

Pablo VI, Marialis cultus
Reflexión

Dios ha sembrado su Palabra en todos los hombres y en todos los pueblos, y por eso éstos han acariciado en sus sueños colectivos los anhelos utópicos del corazón humano. La utopía de un Hombre Nuevo y un Mundo Nuevo figura, con nombres y lenguajes diferentes, en el catálogo de utopías de todos los pueblos. San Pablo compartiría esa designación con otros muchos hombres, pueblos y movimientos de la historia.

Los cristianos creemos que Dios nos ha revelado en Jesús no sólo a sí mismo, sino también a nosotros mismos. En Jesús no sólo nos ha dicho quién es él, sino quiénes somos verdaderamente nosotros, quiénes podemos llegar a ser, qué participación y qué potencialidades divinas tenemos en nosotros mismos. Jesús no es sólo la revelación de Dios, sino la revelación del Hombre Nuevo y del Mundo Nuevo.

Y no se trata de una revelación para satisfacer la posible curiosidad de la inteligencia humana, Dios nos revela el futuro, la clave de la historia, el imperativo del ser, la meta del único camino válido. El Hombre Nuevo es la llegada convergente de todos los caminos de la historia. Es la palabra de Dios en los diferentes lenguajes de las utopías de todos los pueblos.

La lucha por el Hombre Nuevo y por el Mundo Nuevo definen el compromiso, el quehacer cristiano en la historia. Una lucha que hay que realizar tanto en los corazones individuales, en la intimidad, en el interior..., como en las estructuras sociales, la sociedad global.

En María, la madre de Jesús, como primera creyente y más cercana seguidora de Jesús, vemos los cristianos la realización más lograda del Hombre Nuevo, que es Jesús. María es una cristiana, una Mujer Nueva.


Examen

 ¿Valoramos la presencia de la palabra de Dios que se da en los diferentes pueblos y sus utopías? ¿O creemos que los cristianos tenemos la exclusiva y el monopolio de la salvación?

 ¿Cuánto hay en nosotros de hombres viejos todavía?

 ¿Estamos haciendo algo por el Mundo Nuevo, por la transformación social, o todo lo fiamos al cambio interior de los corazones?

 ¿Tratamos de convertir nuestro corazón, o todo lo fiamos al cambio social de las estructuras?

 ¿Qué presencia tienen en nuestra vida personal y comunitaria las dimensiones utópicas? ¿Acaso todo se reduce a lo que se pesa, se mide, se cuenta y se ingresa en el banco?


Conversión

 Meditar Ef 4,17-24 y tratar de asimilar las actitudes del Hombre Nuevo.

 Renovar nuestra voluntad radical de entregarnos al proyecto del evangelio: el Hombre Nuevo.

 Desechar la levadura vieja de las actitudes paganas que aún se dan en nuestra vida.


Invocación

* María, Mujer Nueva, madre de Jesús...

* ...haznos cada día más semejantes a tu hijo, el Ser Humano Nuevo.
Oración

Dios, Padre nuestro, que en Jesús, el hijo de María, nos has revelado tu proyecto original y escatológico sobre el mundo y sobre el hombre: un Hombre Nuevo para un Mundo Nuevo, confirmando e iluminando así los buenos deseos utópicos de todos los pueblos. Haz que, uniendo nuestro esfuerzo al de todos los hombres de buena voluntad, consigamos construir con tu favor un Hombre Nuevo en un Mundo Nuevo.


Cantos sugeridos

* «Los cielos y la tierra», de C. Gabaráin, en Eres tú, María.

* «María es esa mujer», de C. Gabaráin, en Eres tú, María.
27. Fiel hasta la muerte
Palabra de Dios

Jn 19, 25-27: Estaba su madre al pie de la cruz.

Mt 16, 24-28: El que quiera seguirme, cargue con su cruz.

Jn 15, 9-13: No hay mayor amor que dar la vida.


Texto antológico

«Aunque no siempre entendiese todo lo que Jesús enseñaba y hacía, ella le apoyó siempre. Por eso tuvo problemas con los parientes. ¿Quién no los tiene? Los parientes andaban preocupados por Jesús, creyendo que estaba yendo demasiado lejos, que había perdido el juicio (cf Mc 3,1 l). Querían llevárselo por la fuerza a casa (cf Mc 3,2 1) y habían logrado que María estuviese allí para mandarle ese recado (cf Mc 3,31-32). Pero Jesús no picó, y dio a entender a sus parientes que no tenían autoridad ninguna sobre él. Sólo Dios la tenía, y lo importante era hacer su voluntad (cf Mc 3,33-35). En otra ocasión los parientes querían que Jesús fuera un poco más osado y se presentase en seguida en Jerusalén para ganarse mayor fama (cf Jn 7,2-4).

Al fin y al cabo, los parientes no creían en Jesús (cf Jn 7,5). Eran oportunistas. Querían sólo aprovecharse de su famoso primo. Lo que Jesús había dicho: ‘Los enemigos de uno serán los de casa’ (Mt 10,36), estaba aconteciendo con él mismo, dentro de su propia familia. ¡Mucho debió sufrir María por ello!

Pero cuando al final Jesús fue apresado como subversivo (cf Lc 23,2) y condenado como hereje (cf Mt 26,65-66), los parientes desaparecieron todos y ninguno daba la cara, a no ser algunas mujeres. Pero María aguantó. No huyó, no tuvo miedo. Incluso los apóstoles, excepto Juan, se eclipsaron (cf Mt 26,56). Ella no. Se quedó con Jesús y le apoyaba. Estuvo con él hasta en el Calvario y allí permaneció, asistiéndole en su agonía (cf Jn 19,25). Eso formaba parte de su misión, asumida ante el ángel: ‘Soy la esclava del Señor; que se haga en mí lo que has dicho’ (Lc 1,38). Las autoridades condenaron a Jesús como anti-Dios y anti-pueblo. A María no le importó; fue la única de la familia que no retrocedió. Ella no abandona a las personas en la hora del aprieto. ¡Va con ellas hasta el final!

Lo mismo hizo con los apóstoles. Aunque había sido abandonada por ellos, no les dejó. Se quedó con ellos, perseverando en la oración por nueve días para que la fuerza de Dios les ayudase a superar el miedo que les acoquinaba y les hacía huir (cf He 1,14)».

Carlos Mesters
Reflexión

La fidelidad es una de las formas de que se reviste la fe. Y la fe es creer, es confiar, entregar, poner la propia vida en manos de aquel en quien creemos, a quien nos confiamos. Creer es darle intervención en nuestra vida, apoyar nuestra vida en su palabra, en su testimonio, en su amor.

En la evolución de la fe, en el crecimiento espiritual, también se suele dar una primera etapa de ilusión, de colorido y atractivo. Después vienen las dificultades, las contradicciones, las implicaciones dolorosas.

Si en un primer momento la fe es entrega y confianza, en un momento posterior ha de convertirse en fidelidad, que es constancia, perseverancia, a pesar de todas las dificultades, a pesar del cansancio, a pesar de toda aparente evidencia contraria.

Y el toque final de consumación de toda vivencia humana es la muerte: ser fiel hasta la muerte es el broche de oro de toda fidelidad. Aceptar la muerte por fidelidad a Dios. Si no es ésta una situación que nos sea dada a todos, sí que todos debemos estar dispuestos a afrontarla:

«Si bien el martirio, suprema prueba de amor, es don concedido a pocos, sin embargo, todos deben estar dispuestos a confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle, por el camino de la cruz, en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia» (LG 42).


Examen

 ¿Cómo va nuestra perseverancia, nuestra constancia?

 ¿Se mantiene o se tambalea nuestra fidelidad en los momentos difíciles?

 ¿Seguimos teniendo una idea sensiblera o romántica respecto a la fidelidad a Jesús?

 ¿Estaríamos dispuestos a dar, con la ayuda de Dios, la suprema prueba del amor?
Conversión

 Tomar decisiones para acrecentar nuestra propia fidelidad a Jesús.

 Apoyar la fidelidad de todos los que en la propia comunidad cristiana se sienten defraudados, desanimados, cansados.

Invocación

* Madre de Jesús, fiel hasta su muerte, al pie de la cruz...

* ...danos fidelidad para seguir a Jesús.


Oración

Padre nuestro, que en la madre de Jesús nos has dado un ejemplo acabado de fidelidad a toda prueba. Danos la fuerza que ella tuvo para estar al pie de la cruz y ser fiel hasta la muerte, afrontando todos los riesgos y las consecuencias de ser madre y seguidora de Jesús.


Cantos sugeridos

* «Dolorosa». de J. A. Espinosa, en Madre nuestra.

* «En el trabajo», de C. Gabaráin, en Eres tú, María.




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