Martirio y taumaturgia: la construcción de una memoria original de los santos Facundo y Primitivo



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Martirio y taumaturgia: la construcción de una memoria original de los santos Facundo y Primitivo

en la primera Crónica anónima de Sahagún.

Ludivine Gaffard.

Université Toulouse II–Le Mirail.

La primera Crónica anónima de Sahagún es una obra enigmática, cuya datación y naturaleza siguen siendo objeto de debate entre los especialistas1. Desde que el texto fuera publicado por el padre Romualdo Escalona en el siglo xviii, se ha visto en él la traducción, efectuada en los siglos xiii o xiv, de un original latino hoy perdido, que un autor coetáneo de los hechos descritos habría compuesto hacia 1117. Pero otros investigadores abogan por el carácter apócrifo de tal escrito, afirmando que fue forjado enteramente entre los siglos xiv y xvi2. En ausencia del hipotético original, resulta imposible saber si la primera Crónica anónima de Sahagún ha sido una invención de los últimos siglos del Medioevo o si es hija de un texto latino anterior. La hipótesis de que se trate de un texto del xiii o del xiv no resuelve, por otra parte, la cuestión de la fidelidad a la supuesta obra latina: ¿se trataría de una traducción minuciosa o de una adaptación creadora?. Así planteados, no parece haber salida para estos problemas esenciales.

Una perspectiva diferente podría aclarar la situación: el análisis textual de la primera Crónica anónima de Sahagún, tal como ha llegado hasta nosotros, quizá nos guíe hacia el contexto de escritura específico en que se concibió la elaboración de dicha obra. Sea la primera Crónica anónima de Sahagún un texto auténtico, basado en un modelo anterior, o bien un texto apócrifo, resulta legítimo intentar comprender a partir del texto mismo por qué se escribió y a qué métodos recurrieron su o sus autores.

En este sentido, analizaremos aquí la descripción de las manifestaciones sobrenaturales que se relacionan con la figura de los dos santos tutelares del monasterio de Sahagún, Facundo y Primitivo. Quizás el estudio de la naturaleza y la función de estas apariciones de lo maravilloso hagiográfico en la crónica nos proporcione una primera clave en la comprensión de este texto y de las circunstancias que acompañaron su composición.

La obra no nos sitúa de entrada en el ámbito de la hagiografía. Es cierto que preocupaciones de naturaleza historiográfica ocuparon un lugar destacado dentro del proyecto de escritura de la primera Crónica anónima de Sahagún. Ahora bien, en el marco de una escritura medieval caracterizada por la porosidad entre historiografía y hagiografía, los datos hagiográficos se consideraban como un material histórico en toda regla3. El autor de la primera Crónica anónima de Sahagún ilustra los vínculos privilegiados que unen historiografía y hagiografía al incluir entre los actores que hicieron la historia del monasterio a los dos santos Facundo y Primitivo.

Los datos históricos conservados acerca de la identidad de los dos hermanos son escasos. Facundo y Primitivo recibieron el martirio en el lugar donde vivían, en los alrededores del río Cea, situado en la actual provincia de León. Los testimonios conservados difieren respecto de la fecha de su martirio. El Breviario de Sahagún sitúa los hechos durante el reino de Marco Aurelio entre los años 161 y 180, cuando Ático era consul en España; un pergamino de finales del siglo XI, que se conservó durante mucho tiempo en el arca que guardaba las reliquias de los mártires en Sahagún, los relaciona con el año 222, siendo cónsules en España Ático y Pretextato4. En cuanto a la cronología de los acontecimientos, ambos textos refieren que, al llegar un día el consul Ático a la guarnición romana de Cea, ordenó a quienes moraban en el lugar que rindieran culto a los dioses imperiales. Ante la negativa de dos jóvenes, Facundo y Primitivo, Ático los encarceló y los sometió a numerosos y variados tormentos. Facundo y Primitivo sufrieron la sucesión de pruebas sin abjurar, antes de morir en manos de sus verdugos. Sus cuerpos fueron encontrados en el río Cea al que habían sido arrojados, y se les dio sepultura donde más tarde habrían de edificarse el monasterio y la villa de Sahagún5. Dadas la fecha tardía del primer testimonio escrito conservado que describe los hechos, la Passio sanctorum martyrum Facundi et Primitivi, y la influencia que ha tenido en este texto el modelo literario de otras Pasiones, se considera que el relato martirial, tal como nos ha sido transmitido, tiene carácter legendario6. A pesar de las incertidumbres que rodean la historia del martirio de Facundo y Primitivo, los especialistas coinciden en afirmar que los santos tuvieron culto desde una época remota, en la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media7.

El autor de la primera Crónica anónima de Sahagún insertó dentro de su obra dos pasajes de naturaleza hagiográfica protagonizados por dichos santos. Por una parte, al principio de la obra, se relata el martirio sufrido por Facundo y Primitivo. Por otra parte, se describe la liberación, por parte de san Facundo, de un prisionero, en los tiempos difíciles que siguieron la muerte de Alfonso VI. Ambos episodios hagiográficos forman parte de la memoria historiográfica que el autor quiso transmitir, mediante la composición de su obra, acerca de la comunidad de Sahagún.

Consideremos ahora el papel desempeñado por estos dos episodios hagiográficos en el discurso historiográfico de la primera Crónica anónima de Sahagún. Nos preguntaremos en qué medida la escritura de lo maravilloso hagiográfico en los dos episodios susodichos funciona como un revelador de los talentos de escritor-ideólogo de quien compuso la obra castellana, según nosotras en el siglo xiii.

Examinaremos primero cómo, mediante la escritura de lo maravilloso hagiográfico, la primera Crónica anónima de Sahagún construye una identidad original para los santos. Analizaremos luego la complejidad del retrato de Facundo y Primitivo, que se fundamenta en una dialéctica de adaptación / distanciación ante los modelos de la hagiografía taumatúrgica. Por fin, veremos que la escritura de lo maravilloso hagiográfico es un instrumento en la labor del autor, que le sirve para edificar la memoria de su comunidad, un instrumento al servicio de una reivindicación identitaria del monasterio.




La escritura de lo maravilloso hagiográfico o la renovación de la identidad de los santos Facundo y Primitivo.
Al principio de la primera Crónica anónima de Sahagún figura el relato de la pasión de Facundo y Primitivo:
A todos los leedores del presente libro e crónica atentos oidores, por çierta cogniçión e de los padres antiguos vera relaçión, sea manifiesto que en el tienpo que el noble e poderoso barón Marcho Antonio regía e governaba el estado de la república del ynperio romano, los nobles cavalleros e bienabenturados mártires de Jesuchristo, Facundo conviene a saber e Primitivo, nasçidos e criados en España, e en ella, ante el acatamiento del soberano señor con muy fiel e singular devoçión conbersando e al mundo çiego gran claridad çelestial e exenplos virtuosos dexando, ellos fenesçieron su postrimera e mui religiosa e acavada vida con fin mui glorioso e mucho açepto e agradable al señor, pues que, finalmente, derramada la su preçiosa sangre de sus sagrados cuerpos, sus ánimas meresçieron, mediante la graçia divinal, subir al muy alto trono de la gloria celestial8.
Tras situar el acontecimiento en el tiempo histórico mediante la referencia al reinado del emperador romano Marco Aurelio y presentar a los futuros mártires insistiendo en la piedad que mostraron a lo largo de su vida, el autor alude a su muerte cristiana a manos de los verdugos y al ascenso de sus almas al Cielo. Ningún rasgo de lo maravilloso hagiográfico se inserta en el episodio. ¿Debemos por ello concluir un rechazo de tal materia por parte del historiador? En absoluto.

El segundo pasaje al que nos referiremos describe con menudos detalles el carácter milagroso de la aparición de san Facundo en la cárcel y la subsecuente liberación del prisionero del burgués:


E ahe que en la ora mui callada de una noche, como el gallo mensajero de la luz aún no obiese ronpido los altos silençios de la noche profunda con su canto e batimiento de las alas; e el mezquino mançevo, fatigado con el gran pesor del fierro, dormióse; un barón de entera hedad e de ávito honrrado, bestido de un manto blanco, se le presentó; e, despertándolo, demandó que qué façía. E él despertado e en uno enbaçado, respondió: « ¿Qué otra cosa, mezquino, puedo yo façer si non llorar mis miserias, pues que soi atormentado con fanbre e con se[d], e fatigado con frío, e mucho afligido con las duras aspereças de las cadenas? ». E díçele: « ¿Por qué non fuyes?, ¿por qué non puedes escapar las penas que padeçes e non te esfuerças a salir dende? ». Respondió: « Non puedo, por quanto yago con las piernas atadas con fierro e los mis pies non puedo endresçar, agraviados con gran peso de fierros; e bien que yo yaçiese suelto, la mi foída enbargarían la muela de gran peso sobrepuesta, e las manos de los cavalleros armadas, e la puerta de la casa firmemente çerrada ». E díxole: « Non temas, prueba e faz lo que podrás, ca yo confío que la divina bondad te ayudará; e porque tú escapes tantos malos te con[n]fortará; e por tanto toma esfuerço e non temas; e salido fuera, bate luego apriesa a la iglesia; save que yo soi el mártir de Jesuchristo Facundo, que te mando e te amonesto estas cosas ». Las quales cosas oídas, aquél se levantó e estuvo sobre sus pies, así como eran atados con fierro, e poniendo la mano sobre la tabla e piedra molar con la qual la puerta de la carçel era çerrada, con pequeño empujón quitó e alançó; e ya salido, estudo açerca de los cavalleros, los quales yaçían mucho apremiados del sueño e roncavan. Mas como al son de los fierros non despertasen, allegó a la puerta e quitó la tranca de madera, e la çerradura, e el candado de fierro, e ligeramente, sin llave alguna, abrió. E abierta la puerta, como vido yaçer los belantes canes, fue mucho espantado e enbaçó; e temiendo que sentida su partida ladrasen e son su ladrido despertasen los cavalleros e le feriesen con las espadas, bolbió el paso atrás e tornóse para la cárçel. E así como atónito e turvado, non saviendo qué se fiçiese, yaçía mui espantado; e luego, la persona que le apareçiera estovo ante él, e mucho denostando su pereça e negligençia, amonestóle otra vez que se partiese. Mas como él raçonase e dixese que él non podría foir por la presençia de los cavalleros e la crueldad de los canes, pero todavía este varón que le apareçió, le dixo: « Sal fuera; nin temas los cavalleros, nin espavorezcas los canes, ca sepas que de ninguno serás preso, nin sentido ». Las quales cosas dichas, la persona que le fablava se partió, pero él, rebolviendo muchas cosas en su coraçón, salió fuera de la cárçel, e pie a pie, muy quedo, pasó los cavalleros que roncavan; e, abriendo la puerta, endresçó el paso mui tenblando entre los belables canes; mas ellos, por la divinal permisión, quasi fuera de sentido, como si fuesen de madero o de mármol, non tan solamente que non ladraron, mas aún la cabeça non alçaron. Pasados ya los canes, sintiendo el honbre ser librado mediante la birtud divinal, poco a poco, ansí como era en los grillos, sonando los fierros, a las puertas de la iglesia bino e batió. E por abentura ya los monjes se avían levantado a çelebrar el divinal ofiçio; e ya el cántico grado reçavan, como es de costunbre. E, batiendo él a la puerta, vino el sacristán; e abierta la puerta, por orden todas las cosas que le acaesçieran e açerca de [sí] la dibina piedad por sus santos avía fecho recontó por menudo; e benido ante el altar, estudo postrado fasta en tanto que fue acavado el ofiçio matutinal. E benida la mañana, la guarda del monesterio llamó al ferrero e quebrantóle los fierros e dexóle ir. En el qual tienpo yo non fui presente, ca tem[i]endo la graveça e peso de mis pecados, en ese año, por graçia de devoçión e oraçión, fui a visitar la Tierra Santa, conbiene a saver, los lugares de la yncarnaçión del Señor e de su nasçimiento e de la su pasión e resurrecçión e asçensión e del santo sepulcro suyo; e por tanto, como ya dixe, non fui presente. Mas del sacristán e de los otros monjes oy todo lo sobredicho9.
La presencia de lo maravilloso hagiográfico se cristaliza alrededor de dos elementos narrativos principales que se suceden cronológica y lógicamente en el episodio.

El primero es la aparición de san Facundo, cuyo objetivo es socorrer al cautivo. La aparición del santo debió de constituir en sí una fuente de asombro y admiración para el público. Reproduciendo una situación tópica dentro de la literatura hagiográfica, el texto describe la intervención de san Facundo en el momento de la noche en que el sueño se ha apoderado del prisionero10. La aparición adquiere mayor dramatismo al ser retrasada su mención hasta el final de una larga frase que empieza por fijar este marco temporal:


E ahe que en la ora mui callada de una noche, como el gallo mensajero de la luz aún no obiese ronpido los altos silençios de la noche profunda con su canto e batimiento de las alas; e el mezquino mançevo, fatigado con el gran pesor del fierro, dormióse; un barón de entera hedad e de ávito honrrado, bestido de un manto blanco, se le presentó11.
A la expectativa nacida en la mente del público se opone la rapidez con que se esbozan los rasgos del santo. Tal forma de descripción concisa contribuye a crear dinamismo; traduce la intención del autor de imitar a nivel textual el carácter inesperado y repentino de la aparición, para provocar la maravilla del público. El « manto blanco » que viste Facundo permite subrayar lo celestial y lo divino del personaje. Además, el resplandor que ha de asociarse con el color blanco en la imaginación del público acentuaría el efecto de sorpresa y admiración sentido ante el milagro12. Así, el autor no se contenta con referir el acontecimiento sino que construye todo un universo textual alrededor de éste para aumentar su alcance.

El segundo elemento narrativo sobre el cual se articula la presencia de lo maravilloso hagiográfico en el fragmento es la recuperación de la libertad por el prisionero de los burgueses13.

La obra pinta de manera insistente la intervención directa del santo en la fuga del prisionero, haciendo notar cómo ninguno de los obstáculos que separaban a éste de la libertad le opone la menor resistencia: sólo un « pequeño empujón » le basta al cautivo para desplazar los objetos acumulados con el fin de impedir el acceso a la puerta; la abertura de ésta no le pide más esfuerzos, puesto que « ligeramente, sin llave alguna, abrió ». El texto también muestra el poder que ejerce san Facundo sobre los seres animados, animales o humanos, reunidos alrededor de la cárcel para asegurar la vigilancia del cautivo. Se insertan detalles, como la evocación de los ronquidos de los caballeros o la observación de que los perros « non tan solamente que non ladraron, mas aún la cabeza non alçaron », detalles que denotan cuán profundamente se han dormido los guardianes de manera sobrenatural.

Toda la arquitectura del texto está pensada para aumentar el asombro provocado por estas manifestaciones de lo maravilloso hagiográfico. En efecto, a la ausencia de dificultades encontradas por el preso para fugarse se contrapone la verdadera hostilidad del lugar donde está encerrado. La descripción de la prisión que precede el episodio de la aparición construye en la mente del público la imagen de un lugar inexpugnable. Tal aspecto inconquistable encuentra nuevo eco en las palabras intercambiadas entre san Facundo y el cautivo.


Éste afirma la imposibilidad de la huida por los numerosos impedimientos que encuentra:
yago con las piernas atadas con fierro e los mis pies non puedo endresçar, agraviados con gran peso de fierros; e bien que yo yaçiese suelto, la mi foída enbargarían la muela de gran peso sobrepuesta, e las manos de los cavalleros armadas, e la puerta de la casa firmemente çerrada14.
Tanto la descripción de la prisión que antecede la misma aparición del santo como las reflexiones dirigidas por el cautivo a su protector desempeñan un papel narrativo esencial, creando un trasfondo sobre el cual el milagro realizado por san Facundo parecerá todavía más asombroso y digno de admiración. En este episodio de la liberación del prisionero, lo maravilloso hagiográfico participa pues de lleno en el proyecto de escritura de la obra.

El análisis del texto muestra una actitud contrastada del autor ante lo maravilloso hagiográfico; si, por un lado, el texto se desinteresa por completo por tal materia al evocar el martirio sufrido por Facundo y Primitivo, por otro se esfuerza por lograr su máxima eficacia narrativa al describir la acción de san Facundo como redentor de cautivos. Esta comprobación se hace todavía más llamativa cuando situamos el tratamiento reservado a lo milagroso en la obra anónima dentro de un marco global, el de la tradición textual que se desarrolló alrededor de la figura de los santos de Sahagún.

Tanto en los escritos procedentes del propio monasterio de Sahagún como en las obras compuestas por autores ajenos a la comunidad, lo milagroso es un instrumento utilizado principalmente para alabar la condición de mártires de Facundo y Primitivo.

La Passio sanctorum martyrum Facundi et Primitivi redactada en el segundo cuarto del siglo x constituye el más antiguo testimonio escrito que trata del martirio de los dos santos15. El texto describe amplia y detalladamente los distintos tormentos que sufrieron Facundo y Primitivo a manos del juez romano, insistiendo en la resistencia milagrosa que opusieron a su verdugo. Los suplicios no sólo se multiplican, sufriendo los dos jóvenes nada menos que once pruebas sucesivas, sino que se caracterizan por su gran violencia. En su estudio sobre la Legenda aurea de Jacobo de Vorágine, Alain Boureau distingue tres tipos de suplicios, los suplicios « preparatorios », « principales » y « mortales », que corresponderían a tres etapas del martirio:


Le premier moment groupe les supplices préparatoires, qui n’affectent pas violemment le corps; il s’agit surtout de fléchir le chrétien pour l’amener à l’abjuration. Au cours du deuxième moment, celui des supplices principaux, les bourreaux maltraitent les corps, sans vouloir tuer; le chrétien peut encore abjurer. Enfin, en un troisième et ultime moment, celui des supplices mortels, les persécuteurs tentent de faire périr le martyr qui a triomphé insolemment et joyeusement des épreuves précédentes16.
En la Passio, las formas de presión que utilizan los perseguidores para que Facundo y Primitivo abjuren el cristianismo corresponderían todas a suplicios « principales » o « mortales », diversificándose éstos últimos ante la excepcional resistencia mostrada por los mártires. La Historia del Real Monasterio de Sahagún, compuesta por el monje Romualdo Escalona en el siglo xviii, resume en lo esencial el desarrollo del martirio tal como aparece en el texto del Pasionario17:
Persistiendo firmes los dos jóvenes en la confesión de su fe, Ático […] multiplicó en ellos las más crueles torturas, desde el horno encendido al que fueron arrojados, hasta hacerles beber una pócima mortal que aquéllos apuraron sin que les hiciera daño alguno, lo que motivó la conversión del sofista acusador. Siguiéronse los tormentos del potro, las uñas de hierro con que se les arrancaron los nervios, de aceite hirviendo con que fueron rociados sus cuerpos, y las teas encendidas que luego se les aplicaron. Más tarde se les vaciaron los ojos de sus órbitas, se les colgó de un hastial muy alto, cabeza abajo, del que se les bajó cuando les creyó ya muertos; pero el pasmo de los circunstantes rayó casi en asonada […] cuando la muchedumbre les vio indemnes y curados, mientras uno de la multitud exclamó estar viendo a dos seres divinos que traían por los aires sendas palmas y coronas para Facundo y Primitivo. Oído lo cual, ordenó Ático que les fueran cortadas las cabezas, par impedir la proclamada coronación, brotando al punto de los cuellos mutilados sangre y agua, signo claro de que a Dios eran aceptos tanto su martirio, cuanto la ofrenda casta de su fe. Acto seguido […] los sagrados restos fueron arrojados al río Cea18.
La naturaleza extremadamente violenta de todos los suplicios sufridos por los santos está todavía más realzada en el Pasionario por el uso de un estilo enfático en la descripción de los hechos19. Así que tanto la multiplicidad y el extremo de las pruebas relatadas, como la elección de una escritura que insiste en lo extraordinario de las situaciones, designan la voluntad del autor de la Passio de insistir en la presencia de lo maravilloso hagiográfico en el martirio de los santos Facundo y Primitivo20.

El vínculo privilegiado tejido entre el martirio de los dos santos y lo milagroso no se limita a aparecer en la Passio a la que aludíamos; la tradición inaugurada con este texto se mantiene viva a través de los siglos hasta resurgir en un leccionario compuesto en el scriptorium de Sahagún a finales del siglo xii21. A fin de referir los suplicios infligidos a Facundo y Primitivo, el autor del leccionario integra meramente en su obra el texto de la Passio del siglo x22. La existencia de tal filiación directa entre ambos fragmentos revela una comunidad de pensamiento entre los dos escritores; ambos coinciden en su voluntad de transmitir la imagen de unos santos mártires cuya gloria se mide por el rasero de la importancia de lo maravilloso hagiográfico asociado con su pasión. Esta comprobación resulta tanto más interesante en el marco de nuestro estudio cuanto que la identidad de quienes componían desde el monasterio había cambiado entre los siglos x y xii. En efecto, en el último cuarto del siglo xi y ante las presiones del papa Gregorio VII, el soberano castellano-leonés Alfonso VI aceptó la introducción del rito romano en sus reinos, tradicionalmente afines al rito hispánico; la difusión de la nueva liturgia fue confiada a los clérigos franceses. Con ese propósito, monjes cluniacenses llegaron desde el año 1078 al monasterio de Sahagún23. Ahora bien, más de un siglo después de la aceptación de la reforma gregoriana destinada a sustituir el rito hispánico por el romano, un leccionario procedente del scriptorium de Sahagún retoma el relato de la pasión incluido en el Pasionario, libro litúrgico de la iglesia mozárabe, recordémoslo. Ello significa que el martirio de los santos Facundo y Primitivo –y lo maravilloso hagiográfico a él asociado– formaban un núcleo tan importante de la identidad del monasterio que su encomio mediante la escritura sobrevivió en el seno de la comunidad a la ruptura que significó la reforma. Patrick Henriet pinta este « sincretismo cultural » que imperaba en los siglos xi y xii:


Le culte des saints est sans doute l’un des aspects de la vie religieuse qui, avec l’arrivée des clercs français, a connu les plus profondes transformations. Un peu partout, des noms « étrangers » font irruption dans les sanctoraux traditionnels. Mais à la différence de ce qui a pu se passer dans d’autres régions […] les saints indigènes ne semblent pas avoir jamais éveillé la moindre méfiance. Ainsi, à Sahagun, à la fin du xiie siècle, les martyrs Facond et Primitif reçoivent-ils une attention particulière dans un lectionnaire de l’office par ailleurs totalement clunisien24.
Lo milagroso no sólo aparece como un instrumento utilizado para alabar la condición de mártires de Facundo y Primitivo en los textos compuestos en el mismo monasterio de Sahagún entre los siglos x y xii sino que también encuentra nuevo eco en las obras hagiográficas redactadas en el siglo xiii por distintos autores.

El dominico Rodrigo de Cerrato elabora a mediados de esta centuria su Vitas sanctorum nimia prolixitate descriptas, que corresponde a la voluntad de compilar los textos hagiográficos existentes abreviándolos para uso de los predicadores25. El Pasionario Hispánico le sirve de modelo para el conocimiento de la pasión de los santos mártires. La abbrevatio que impone al relato del martirio de Facundo y Primitivo deja a salvo la presencia de lo maravilloso hagiográfico que el autor del siglo x incluyó en él. Así, bajo el título « De sanctis Facundo y Primitivo » (f° 42v°-43r°), el Vitas sanctorum narra las sucesivas pruebas de la ponzoña, el aceite hirviente, las teas ardientes, la cal viva, los ojos arrancados y la horca26. También se cuenta la aparición milagrosa de los dos ángeles que bajan del Cielo para depositar dos coronas en la cabeza de Facundo y Primitivo y que designan de este modo su santidad. Rodrigo de Cerrato es pues un eslabón más en la creación de una tradición que vincula estrechamente lo maravilloso hagiográfico a la figura martirial de los santos de Sahagún.

Desempeña el mismo papel otro texto hagiográfico coetáneo, el legendario redactado por Bernardo de Brihuega27. En su proyecto de escritura de una obra que abarque toda la hagiografía universal, el clérigo sevillano otorga a la figura de los santos locales una importancia menor, como lo observa Javier Pérez-Embid Wamba:
Al compendiar toda la literatura hagiográfica universal, la obra de Bernardo de Brihuega no podía menos de relativizar toda la mitología montada en torno a la hagiografía hispana producida en los medios monásticos y episcopales, contribuyendo de esa forma a cimentar la historia sobre bases laicas28.
Sin embargo, entre los textos reunidos por Bernardo de Brihuega en el tercer libro dedicado a los mártires, bajo el reino del emperador romano Diocleciano, aparece el relato de la pasión de Facundo y Primitivo (f° 205v°-207°v) que adquiere una amplitud mayor de la que tenía en la obra de Rodrigo de Cerrato29.

Por fin, el franciscano Juan Gil de Zamora también se hace eco de la tradición martirial que rodea a los santos de Sahagún en el legendario que compone a mediados del siglo xiii. Este autor deja a un lado a la mayoría de los mártires que se encontraban, en el siglo x, en el Pasionario Hispánico; así se ignoran, por ejemplo, las figuras de Justo y Pastor, Servando y Germano, Zoilo, Justa y Rufina o Cucufate30. Ahora bien, en el marco de esta empresa de selección, la narración de la pasión de Facundo y Primitivo no sólo sobrevive sino que, como en el texto de Bernardo de Brihuega, está más desarrollada que en el Vitas sanctorum (f° 186r°-188r°)31. El reconocimiento de los dos mártires por parte del escritor queda definitivamente asentado al añadirse a la descripción de lo hagiográfico martirial un milagro ilustrador de las penas infligidas a quienes no respetaban su culto32.

La tradición escrita creada alrededor de la pasión de Facundo y Primitivo no se detiene pues a finales del siglo xii con el leccionario procedente del scriptorium de Sahagún; permanece viva, a mediados de la centuria siguiente, cuando Rodrigo de Cerrato, Bernardo de Brihuega y Gil de Zamora retoman en sus textos el relato del martirio y de los episodios milagrosos que se relacionan con él. El estilo lapidario que caracteriza el tratamiento de la pasión sufrida por los dos santos en la primera Crónica anónima de Sahagún así como el silencio observado por el autor sobre sus episodios maravillosos se destacan pues como rasgos de escritura original en una tradición antigua y aún muy presente en el siglo xiii. Pero la originalidad de nuestra obra historiográfica no se limita a una ausencia, la de los elementos milagrosos en la escena relativa al martirio; también estriba en una presencia innovadora, la de lo maravilloso hagiográfico asociado al papel de redentor de cautivos desempeñado por Facundo y Primitivo. En el corpus de textos relativos a los santos de Sahagún que hemos podido constituir hasta ahora para los siglos xii y xiii, nunca se ilustraron Facundo y Primitivo por la realización de tales milagros post mortem, excepto en la primera Crónica anónima de Sahagún.

El autor de la primera Crónica anónima de Sahagún llevó a cabo pues un trabajo de escritura original en su descripción de lo maravilloso hagiográfico asociado a la figura de Facundo y Primitivo. Dentro de su obra, la ausencia de todo acontecimiento milagroso en la escena del martirio contrasta con el relato de la liberación del cautivo en el que domina lo maravilloso hagiográfico. Tal elección se sitúa en oposición radical con el retrato hecho generalmente de los dos santos. El proyecto de escritura del autor no consistió en un mero juego sobre distintas formas de lo milagroso que le hubieran sido legadas por la tradición, en la simple aplicación de procesos de « reducción » o « amplificación » ante tal o cual aspecto de la personalidad establecida de los santos. Llevó a cabo una verdadera « sustitución »33. En la redacción de la primera Crónica anónima de Sahagún, la identidad de los dos santos sufrió una evolución de « lo maravilloso biográfico » a la « taumaturgia póstuma »34, situándose tal elección en oposición con el retrato tradicional de los dos santos.

Conviene ahora que nos interesemos por las razones que pudieron llevar al autor a renovar en este sentido la identidad de Facundo y Primitivo. Con la cuestión de la finalidad está relacionada la de la identidad de quien imaginó la aparente mutación en la presentación de los dos mártires que caracteriza la primera Crónica anónima de Sahagún.

La contextualización de la imagen renovada de Facundo y Primitivo en el marco más global de la literatura hagiográfica nos permitirá comprender mejor las estrategias discursivas que estructuraron la edificación de tal memoria de los santos y así podremos empezar a vislumbrar quizás la génesis de la primera Crónica anónima de Sahagún. Estos elementos son esenciales en la reflexión acerca de los vínculos que unen escritura de lo maravilloso hagiográfico e ideología en la obra castellana.


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