Mas allá del principio de placer



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Mas allá del principio de placer

I

2 referentes clínicos de la compulsión a la repetición)


Terror, miedo y angustia

En la neurosis traumática común veíamos dos rasgos:



  1. Tiene que estar el factor de la sorpresa (terror) en su acusación.

  2. La herida o el daño físico contrarresta la producción de la neurosis.

Debemos diferenciar ahora miedo, terror y angustia, no son sinónimos y cada una tiene una relación particular frente al peligro.

Terror: Es el estado en que se cae cuando se corre un peligro sin estar preparado, destaca el factor de la sorpresa.

Miedo: Requiere un objeto determinado en presencia del cual uno lo siente.

Angustia: Es la expectativa frente al peligro, un estado de preparación para él, aun cuando el peligro es desconocido.


Sueños traumáticos (primer referente clínico)
En los sueños de las neurosis traumáticas se reconduce al enfermo una y otra vez a la situación de su accidente, la persona despierta con renovado terror, decimos que esta fijada psíquicamente al trauma. Sin embargo en la vigilia no frecuentan este recuerdo. Es decir, el sueño los traslada a la situación patógena una y otra vez, decimos entonces que la función del sueño resulto afectada y desviada de sus propósitos, o bien habría que pensar en las tendencias masoquistas del yo. [En este punto empieza a caer la teoría de que el sueño es un cumplimiento de deseo, ahora dirá que es un intento de cumplimiento de deseo. No cumple con la función de cumplir con el deseo, ni la de guardián del sueño, con lo cual es necesario hacer una enmienda a la tesis de los sueños. Todo sueño es un intento de cumplimiento de deseo. Si este deseo se cumple, el sueño se comporta como el guardián del dormir, pero antes de esto, el sueño tiene otra función que es la de ligar la excitación. Si esto se logra  cumplimiento de deseo. Si no se logra reproducción del afecto de terror. En algunos sueños se va ligando la excitación, se arma el compromiso entre la pulsión y la ligadura, pero en algún momento la energía de la pulsión se sobrepasa y rompe este compromiso  fracaso de la ligadura, despertar angustiado].
Fort-Da (segundo referente clínico)
Luego observe en uno de los juegos del niño que el mismo no lo hacia en base a una ganancia de placer. Este niño era un niño normal, el cual tenia un carácter “juicioso”, pero tenia un mal habito, en ocasiones arrojaba los objetos lejos de sí, y al hacerlo hacia “o o o o” con expresión de satisfacción, que según la madre significaba “fort” (se fue). Es decir, el niño jugaba a que sus juguetes se iban. Ahora bien, también se chequeo el juego completo, en el mismo el niño jugaba con un carretel que tenia un piolín, el niño tomaba el piolín por su punta y tiraba el carretel diciendo “o o o o”, y luego tiraba del piolín diciendo “da” (acá esta). Este era el juego completo, el de desaparecer y volver. La mayor parte de las veces no realizaba el juego completo (lo cual seria placentero), sino que repetía incansablemente el primer acto (fort).

El juego simbolizaba la renuncia pulsional del niño de admitir sin protestas la partida de la madre. Significaba con los objetos de su alcance ese desaparecer y regresar de su madre. Si la partida de la madre no le resultaba agradable, ¿por qué lo repite en el juego? Podemos hacer tres interpretaciones al respecto:



  • Podría decirse que jugaba a la partida porque era condición de la reaparición, sin embargo esto no es así ya que la mayoría de las veces solo jugaba a la partida.

  • Podría decirse también que en la vivencia era pasivo, y ahora se ponía en un papel activo repitiendo como juego, a pesar del displacer.

  • El acto de arrojar el objeto para que se vaya, quizás es la satisfacción de un impulso sofocado por el niño de vengarse de la madre por su partida (no te necesito, yo mismo te echo)

Decimos que el esfuerzo de querer procesar psíquicamente algo impresionante repitió en el juego una impresión desagradable, y esto se debió a que la repetición (del fort) iba conectada a una ganancia de placer de otra índole pero directa (por medio de la ligadura de excitación), no dependiente del principio de placer.

Decimos entonces que a pesar de que existan medios dentro del dominio del principio de placer para convertir en objeto de recuerdo y elaboración anímica lo que es en si mismo displacentero, esto no explica aquellas tendencias situadas mas allá de este, tendencias que serian más originarias que el principio de placer e independientes de él.


III.
Hasta ahora la tarea del analista era interpretar, luego (a partir del hombre de las ratas) era instar al enfermo a corroborar la construcción del analista mediante su propio recuerdo, y descubrir y mostrarle las resistencias que impiden el camino a ese recuerdo, y que las resigne. Sin embargo, hacer conciente lo inconciente no se puede alcanzar plenamente por este camino, ya que el enfermo puede no recordar todo lo que hay en el reprimido, quizás justamente lo esencial. Mas bien, se ve esforzado a repetir lo reprimido como vivencia presente en vez de recordarlo como el medico prefiere en calidad de fragmento del pasado. La repetición tiene por contenido:

  • Un fragmento de la vida sexual infantil (por tanto del complejo de Edipo y sus ramificaciones)

  • Se escenifica en el terreno de la relación con el medico (transferencia).

La neurosis original se sustituye entonces por una nueva neurosis, a la cual denominamos neurosis de transferencia. El medico quiere el máximo recordar y la menor repetición. Ahora bien, a esta repetición llamaremos compulsión de repetición.

En el tratamiento nos enfrentamos contra resistencias, estas resistencias no son inconcientes como lo inconciente reprimido, ya que este no ofrece resistencia alguna, sino que quiere irrumpir hacia la conciencia y la descargar. Esta resistencia proviene del yo, que fue aquel que llevo a cabo la represión en un primer momento. Sin embargo los motivos de las resistencias así como las resistencias mismas son inconcientes (pero no como el inconciente reprimido), con lo cual ahora dejaremos de poner en oposición conciente – inconciente, y ahora diremos yo coherente y lo reprimido. Ya que en el interior del yo es mucho lo inconciente: a lo preconciente (que tomamos como inconciente) se le suma el núcleo del yo. Las resistencias justamente parten del yo, así como sus motivos, y hemos de adjudicar la compulsión de repetición a lo reprimido inconciente. Se quiere ahorrar el displacer que se produciría por la liberación de lo reprimido, y nosotros queremos que ese displacer se tolere invocando al principio de realidad. Es decir, placer para un sistema, displacer para otro => no contradice al principio de placer. Lo que se repite es la satisfacción pulsional.




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