Masarykova univerzita



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5.Tánger en la literatura española


Después de ofrecer una visión global y unas características generales del espacio urbano marroquí en la literatura española, nos dedicaremos al análisis de la presentación de las dos ciudades que más nos interesan, Tánger y Marrakech. Nuestro objetivo, como lo hemos planteado en el primer capítulo de la presente tesis, será identificar los rasgos más pronunciados que caracterizan las dos ciudades y sacar conclusiones acerca de sus funciones e importancia dentro de la imaginería literaria española. Esto debería ayudarnos a responder a una de las preguntas claves relativas a nuestra hipótesis: si la tradición textual de las dos ciudades en la narrativa española ha influido de alguna manera en la construcción literaria de Tánger y Marrakech en las novelas de Juan Goytisolo.

Tánger “es un motivo literario por excelencia”153, dice Pedro M. Montávez en la introducción a la antología de Abdellah Djbilou, Tanger, Puerta de Africa (1989). Dicha antología reúne textos publicados a lo largo de un siglo, entre 1860 y 1960. Aparecen textos de escritores, viajeros, políticos y arabistas sobre todo españoles, pero se incluyen también tres autores latinoamericanos, Rubén Darío, Robert Arlt y Alejandro Vicuña, ya que el autor pretende ofrecer una visión de Tánger en la literatura escrita en español. Al ponerse tal tarea, Djbilou debía enfrentarse a un inmenso corpus de textos españoles cuyos autores tratan de esbozar aquella ciudad norteafricana y captar su espíritu o quienes la simplemente mencionan después de atravesarla como una “puerta de África”.

Qué ‘occidental’, a fin de cuentas, literato o no, no ha experimentado en algún momento de su vida la atracción de Tánger, la fascinación de Tánger, la llamada de Tánger (…)? Situada en un sur mucho más imaginario que real, en un sur imaginario tanto en su dimensión individual como colectiva, ¿qué espíritu medianamente sensitivo, o hasta gregariamente sensitivo, procedente del ‘norte’, no ha sentido a Tánger como el primer peldaño de una larguísima y como muy oscura escalera, como la puerta – insisto – o el umbral que abría unas opciones fabulosas? (…) Aunque en la inmensa mayoría de los casos todo quedara precisamente en eso: en el umbral, o se ampliara como mucho a modestísimo y exiguo zaguán.154

En los siguientes subcapítulos, en base a los trabajos hechos por Djbilou, González Hidalgo y López García y en base a nuestra propia lectura, intentaremos definir los rasgos más pronunciados y reiterativos de la ciudad de Tánger e identificar sus presentaciones más originales y enriquecedoras desde los años 60 del siglo XIX hasta los años 70 del siglo pasado. Es decir, hasta los años en que se pone a escribir en y sobre Tánger Juan Goytisolo. El único autor que sale del propuesto marco temporal será Domingo Francisco Jordi, alias Alí Bey, por las razones expuestas anteriormente.155

Cualquier ciudad es un fenómeno muy complejo y constituido por numerosos espacios de funciones concretas que reflejan y responden a las necesidades de las personas que los frecuentan, usan o habitan. Para facilitar nuestra tarea de presentar el variado espacio de Tánger en la literatura española anterior a la publicación de Don Julián en 1970 y para poder disertar acerca de lo original, tradicional o tal vez irónica que resulta la visión de Goytisolo, seguimos con la ciudad dividida en los siguientes segmentos: el zoco, las calles y otros espacios. Además, trataremos por separado el tema de los habitantes y la presencia extranjera.

5.1. Vista panorámica


Tánger es una ciudad costera y, por lo tanto, su “fachada” marítima fue durante muchos siglos la primera imagen que se ofrecía a los forasteros al acercarse a sus costas. Para muchos, Tánger llega a ser el lugar del primer contacto con el mundo musulmán. La sensación de lo exótico y el sueño oriental que despierta en las almas románticas, la transmite ejemplarmente Rubén Darío en sus Tierras solares:

Por fin la ciudad se presenta, sobre el celeste fondo, la ciudad blanca, muy blanca, tatuada de minaretes verdes. Confieso que es para mí de un singular placer esta llegada á un lugar que se compadece con mis lecturas y ensueños orientales, á pesar de que sé que es una ciudad profanada por la invasión europea, adonde la civilización ha llevado, con escasos bienes, muchos de los daños habituales.156

La excitación de los viajeros/narradores que van alcanzando la ciudad legendaria siempre resulta en descripciones llenas de adjetivos de admiración como “encantador”, “pintoresco”, “bello”, “esbelto” o “deslumbrante” (también por el color blanco), expresiones comunes a muchas otras descripciones panorámicas de ciudades islámicas.

En el caso de Tánger, al acercarse a la ciudad por el mar, los “espectadores” debían sentirse al punto de presenciar todo un espectáculo, y eso no solamente por lo que ya habían escuchado o leído sino también por la propia fisionomía de la ciudad. Y es que entraban en un anfiteatro – al menos ésta fue la impresión que se llevaron varios autores, entre los primeros Alí Bey:

La ciudad de Tánger por la parte del mar presenta un aspecto bastante regular. Su situación en anfiteatro, las casas blanqueadas, (…), y la bahía, bastante capaz y rodeada de colinas, forman un conjunto bastante bello, pero cesa el encantamiento a poner el pie en la ciudad y verse uno rodeado de todo lo que caracteriza la más repugnante miseria.157

Otros autores que asemejan la forma de la ciudad al anfiteatro son por ejemplo Alermón y Dorréguis 158, Antonio de San Martín159 o Rubén Darío160.

Parece que también Goytisolo sucumbió a esta sugerente imagen de Tánger-(anfi)teatro pero la desarrolla a su manera.161

En 1803, cuando Alí Bey entra en la ciudad, Tánger es como cualquier otra urbe marroquí. Merece la pena citar las primeras impresiones que se lleva el autor y que, en términos generales, se centran en las grandes diferencias entre el mundo occidental (representado por España) y el oriental (en este caso marroquí), intensificadas por la poca distancia geográfica. Como veremos más adelante, la idea se repetirá casi palabra por palabra un siglo después, a pesar de que la situación de Tánger habrá cambiado considerablemente.

La sensación que experimenta el hombre que por primera vez hace esta corta travesía, no puede compararse sino al efecto de un sueño. Al pasar en tan breve espacio de tiempo a un mundo absolutamente nuevo y sin la más remota semejanza con el que acaba de dejar, se halla realmente como transportado a otro planeta.

En todas las naciones del mundo los habitantes de los países limítrofes, más o menos unidos por relaciones recíprocas, en cierto modo amalgaman y confunden sus lenguas, usos y costumbres, de suerte que se pasa de unos a otros por gradaciones casi insensibles, pero esta ley constante de la naturaleza no existe para los habitantes de las dos orillas del Estrecho de Gibraltar, los cuales, no obstante su vecindad, son tan extraños los unos de los otros como lo sería un francés de un chino.162

Los contactos entre Europa y el imperio marroquí se empiezan a notar más a partir de la mitad del siglo XIX. Tánger goza de una situación muy particular y diferente al resto del país y a finales del siglo XIX se convierte en el “punto neurálgico de la política europea”163. Por su situación, “en mitad del Estrecho, compartiendo con Gibraltar y con Ceuta su dominio, como puerto de entrada en Marruecos, despertó, como es lógico, los afanes de las potencias occidentales y estuvo a punto de ser causa de muy graves conflictos armados.”164 Por suerte, las ambiciones de los países europeos se iban resolviendo con varios tratados y, al “estar salvaguardada por los cañones de Europa”, la ciudad era “siempre un oasis paradisíaco en medio de un marasmo de guerras”165.

A principios del siglo XX, Tánger prospera, atrae comerciantes de todo el mundo y llega a perfilarse como la “capital diplomática” del imperio marroquí. Uno de los tratados más importantes, el Protocolo de Tánger, fue firmado en 1925 entre España, Francia, el Reino Unido, Alemania, Bélgica, Estados Unidos, Países Bajos, Portugal y la U.R.S.S. A diferencia del resto del imperio marroquí que fue dividido en zonas de protectorado español y francés en 1905, la ciudad de Tánger se convertiría en una zona internacional.166

Ahora bien, una vez dentro de la ciudad, las opiniones acerca de su carácter general difieren mucho entre los escritores, oscilando Tánger entre una ciudad de los cuentos de Sherezada y una ciudad prácticamente occidental.

Poco tiene que ver la descripción que nos proporciona Ángel Muro y Catalarrá en 1891 con la de Alí Bey. La ciudad está rodeada de modernas construcciones, las calles están empedradas y “hay teléfonos en todas las casas, mejor servidos que los de Madrid”167.

Las diferencias entre el mundo moderno y tradicional van aumentando y el espacio de Tánger queda claramente divido en dos. El grado de su occidentalización depende también de las expectativas y experiencia subjetivas de cada autor. Se tiende a resaltar una u otra cara de Tánger.

Así, en 1897, Ramón Martínez García ve con los ojos de Alí Bey y en un flagrante plagiado destaca las diferencias insalvables entre las dos orillas.168 Rubén Darío nota la presencia occidental, pero ésta no le impide afirmar que “el aspecto de la ciudad es completamente oriental”. También se acuerda de Las mil y una noches e intuye “el misterio y la poesía de la verdadera vida de Oriente, tal como en los tiempos más remotos”.169

Luis Antón del Olmet ya destaca en la alegre sinfonía tangerina su carácter cosmopolita170 y Ángel Cabrera Latorre171 advierte a todos que se interesan por el Marruecos tradicional y auténtico (es decir moro), que se preparen para una gran decepción. Aunque admite que se pueden ver allí “muchas cosas moras”, afirma que el moro tangerino ha perdido su autenticidad y es tan farsante “como los gitanos que en Granada venden a los ingleses la sensación de una España pandereta”.172 Como concluye, “Tánger es, sencillamente, un puerto europeo con muchos moros, (…) el mundo entero metido en una plaza”.173

Para resaltar el carácter internacional de Tánger y su situación demográfica singular dentro del panorama del sultanato marroquí, el naturalista utiliza un símil de carácter biológico muy sugestivo – la del cuerpo enfermo donde todas las capacidades se unen en la parte todavía sana174. La imagen claramente sugiere lo vital de la presencia extranjera frente a lo decadente de sociedad marroquí.

El ambiente cosmopolita y libertino tiene también su lado oscuro, observado y criticado por unos y disfrutado por muchos. “No conozco en el orbe una ciudad más viciosa, más anárquica, más báquica que Tánger”, resume Olmet. Como dice, “en esta ciudad en la que África se inicia y Europa se relaja, buscó el pecado su nido perverso y recóndito”.175

Tánger de Ernesto Giménez Caballero parece salir de eslóganes publicitarios para unas vacaciones de lujo y placer combinado con exotismo176 y Eliseo Bermudo-Soriano deja un retrato de Tánger que vive del espectáculo, “del «chau chau», de lo superfluo y que a veces es perjudicial. (…) Las habladurías, la intriga, todo aquello que pueda tener viso de sensacional ha sido siempre la nota más saliente de Tánger”177.

Por este ambiente peculiar, Tánger se ofrece a las historias eróticas, policíacas, de espías y de aventura. De hecho, como señala López García, para los escritores del primer período (1900 – 1939), Tánger es sobre todo un lugar “donde se dan cita las clases decadentes, una compleja sociedad internacional hastiada que busca únicamente sensaciones nuevas”178.

Los “restos” del misterio oriental sirven a lo mejor de un fondo exótico. El ambiente tangerino de Y llegó plenilunio (1944) de Julia M. Abellanosa es aquél de los clubs nocturnos y de espionaje. Pero no falta el Zoco Chico, los colores, la luz y los aromas. Estos elementos reactivan la sensación oriental en el ambiente tangerino alternado por la fuerte presencia extranjera y pueden despertar una sensación de “embrujamiento, de misterio, de cuento de Las mil y una noches”179.

Como en el título Ceño y sonrisa de Tánger (1949) de Fernando Sebastián de Erice, cada uno vive libremente el Tánger que elige.180

En la otra orilla del Estrecho (1951), Antonio Ortiz Muñoz por ejemplo señala la desaparición del Tánger antiguo y oriental. Hay que optar por el Tánger nuevo o hay que irse. En su texto, usando segunda persona, finge dirigirse a Fatima, una joven mora:

Estabas tú esta mañana en el Zoco, pero no junto a los tuyos, que los tuyos huyeron hacia el corazón de Marruecos, intacto aún de civilizaciones, desnudo de mecánicas, virgen del nylon y del plexiglás.181

El texto, dotado de ritmo, enmarcado como un cuento, repleto de elementos líricos y con un contenido de carácter ensayístico (el autor debate lo bueno y malo de la influencia occidental en Tánger) escapa a cualquier simple clasificación.

En 1955 sale una de las novelas españolas más emblemáticas del tema marroquí, Hotel Tánger de Tomás Salvador. Consiste en diez episodios en los que se pueden observar vidas de los personajes arquetípicos del Tánger internacional. El “espíritu” de la ciudad se presenta a través de tipos inocentes, despistados y soñadores quienes se entrecruzan con los “listos” y despiadados. Desde el punto de vista literario, la novela cobra importancia sobre todo por su estructura, al relacionarse y entrecruzarse entre sí las vidas de los personajes que surgen a lo largo de los episodios aparentemente aislados. La ciudad está introducida y descrita en el primer capítulo introductorio, llamado “Tanya”. En el resto de la novela, prevalece la acción, aventura y trama, como es habitual en el contexto del “género tangerino”.

La imagen de la ciudad más interesante la ofrece el propio título, Hotel Tánger, que evoca la presencia internacional y el constante flujo de foráneos que a diario cambian el panorama de la ciudad. Hay que señalar que en este caso se trata de un hotel sin “decoración” mora.

El Hotel Tánger se publica un año antes una importante fecha histórica: en 1956, los marroquíes consiguen independencia política de Francia y España y la ciudad de Tánger pasa a formar parte integral de Marruecos a partir del Protocolo de Tánger firmado el 29 de Octubre del mismo año.

En este momento se para el curso que la ciudad tomó desde su internacionalización y que hizo de ella “una ciudad-cocktail que se sube a la cabeza de quienes no saben saborearlo con delectación”182. Una ciudad imposible de absorber en su totalidad por el número de sus mundos y donde “cada cual encuentra lo que traiga consigo”183.

Una vez que Tánger pierde su estatus internacional y deviene marroquí, el cambio para los occidentales es súbito e irreversible. Su situación y las perspectivas de su estancia en Tánger cambian por completo. El título de la novela de Ángel Vázquez, Se enciende y se apaga una luz (1962), no puede ser más explícito.

En el ya mencionado artículo “La pérdida del paraíso. La crítica del orientalismo en la novela española de tema marroquí del siglo XX”184, López García señala cómo el paraíso, aquél mundo de ostentación, lujo y vida fácil,

va desapareciendo conforme los indígenas, esos seres cuya única función era la de dar color con su exotismo a la visión asombrada de los viajeros, esos hombres tan pintorescos, tan elementales, tan bárbaros, tan incultos, tan sucios, tan desconocidos, recluidos en sus ghettos, comienzan a exigir la independencia, a querer considerar como suyo el territorio que no pertenece precisamente al extranjero.185

El verdadero protagonista de la segunda novela de Vázquez, La vida perra de Juanita Narboni publicada en 1976, es el lenguaje particular tangerino que refleja el carácter babilónico y cosmopolita de la ciudad. La novela sale seis años después de Don Julián y se pone al lado de la obra de Goytisolo como la presentación más original de la ciudad hasta el momento. Como ya señalamos en el cap. 1.5.1., es sobre todo la complejidad cultural del lenguaje que se tiene en cuenta en las dos novelas y que, junto con el escenario común, permite relacionar entre sí estas dos obras idiosincráticas y de carácter tan diferente.

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