Masarykova univerzita



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6.2. Las calles y la arquitectura urbana


En cuanto al “tipo de arquitectura empleada en Marruecos283”, Alí Bey resume que “es el mismo que en otras ciudades del imperio”. Es decir, nos encontramos con calles que son “desiguales en anchura” y donde “los accesos a las casas un poco grandes son casi siempre callejones estrechos y tortuosos que con dificultad puede pasar un caballo” para facilitar la defensa de los habitantes. “Por la misma razón están las casas guarnecidas de aspilleras y la mía se asemejaba a una fortaleza.”284

Las “sucias y tortuosas calles de Marruecos” por las que anda Antonio de San Martín sesenta años después, están casi desiertas y sin vida. “Inútil es buscar” allí “la animación y el bullicio de las grandes poblaciones. Algunas veces turban su pavoroso silencio lejanos rumores, y luego todo cae de nuevo en su habitual somnolencia”285.

Boada y Romeu destaca la desolación de la medina al decir que el palacio del Sultán es “un oasis en medio del montón de ruinas y basuras de la ciudad”286. La ciudad por dentro, “vista a través de sus calles y plazas ofrece un aspecto muy desagradable por el gran número de ruinas y miserables edificios que la componen”287.

Lo que en general despierta admiración de los viajeros del siglo XIX son el palacio del sultán y, sobre todo, las mezquitas de Marrakech con sus espectaculares minaretes. Para Alí Bey es una de las pocas ocasiones para emplear términos positivos en cuanto a la arquitectura musulmana – al apreciar las mezquitas de Kutubia, Moazinn y Benius, aparecen adjetivos como “elegante”, “magnífica” y “muy capaz”.288

Boada y Romeu declara emocionado al vislumbrar Kutubia:

¡Qué hermoso! ¡qué hermoso!, decimos quedo; tan quedo, que más parecen estas palabras un suspiro que una afirmación. Cerca de nosotros, la vetusta Kidubía yérguese altiva, centelleantes sus dorados remates ¡El Atlas!.... ¡La- Kiitubial.... He aquí dos palabras que resumen lo más grande, lo más bello, lo más hermoso de la capital.289

Cuando llegan a Marrakech Vega y Bertrana, la medina ya está rodeada de ville nouvelle, nueva ciudad, construida por la administración francesa en los años treinta. Sus amplias y rectas avenidas arboladas, modernos edificios, hospitales y escuelas son la nueva imagen de la urbe y de su creciente prosperidad, mientras que la degradación de la medina continúa.

Los dos viajeros demuestran poca apreciación por estos cambios. Vega menciona brevemente que Marrakech es “la estación final de la turistería cosmopolita”290 y advierte: “si pasé por el boceto de villa francesa construido en El Gueliz, no fue porque esta Ville Nouvelle me interesara”291. Detiene su mirada “en la torre airosa de la Kutubia, “hermana (…) de la Giralda”292, y entra directamente en la medina, disfrutando de la agitada vida de sus calles y espacios comerciales. “Por callecitas rosadas, rasando muros y cerradas puertas”293, llega al funduk donde pasa la noche.

Para Bertrana, el Gueliz es, de hecho, causa de una gran decepción:

A mesura que l’automòvil s’endinsa per les primeres avingudes urbanitzades neix la inevitable desillusió, la recança inútil, dels anys occidentals, imprimint petjades destructores damunt la terra d’Àfrica.294

La imagen propia del barrio no es nada desoladora. Al revés. Aparecen árboles y flores que la autora echará de menos más adelante, una vez sumergida en la medina. Se ven “villes amb geranis i balandres” como las que tantos otros admiran en la costa tangerina. Al lado de los representantes del orden francés aparecen señoras en trajes claros y bicicletas295. La inversión de los valores profesados por la autora, en comparación con sus predecesores, salta a la vista. La realidad se ajusta a las expectativas y el objetivo de la viajera. Ya que ésta pretende conocer el alma musulmana y el auténtico Marruecos, el moderno Gueliz no ofrece a sus ojos más que “una trista visió”296, la intrusión occidental y sus efectos destructores en la sociedad marroquí tradicional.

La apariencia de Kutubia le hace olvidar la presencia extranjera y se emociona al observar “aquesta meravellosa obra dels homes” que “apareix com um herald arquitectònic de belleses insospitades”297.

La kasbah presenta ya un cuadro mucho más modesto y sombrío, especialmente por la falta de verdor298, pero la autora busca el espíritu de la ciudad precisamente allí, entre las “vells i estrets carrers rònecs, pelats, inhospitalaris”, donde vaga “sense rum pels cercant l’emoció, ensumnat els caires pintorescos”299.

En la representación de Bertrana, el valor positivo de la medina surge de la autenticidad y otredad estética. El Marrakech auténtico es el Marrakech moro, es decir, el laberinto de la medina, el “pilot de cubs roigs, desordenants, sobreposats o en files asimètriques, cuits i recuits pel sol”300.



6.3.El zoco


Advierte Alí Bey que “la ciudad de Marruecos contiene muchas plazas o mercados”301 pero su atención, como de costumbre, se centra en sus deficiencias. No están empedrados y la actividad comercial tampoco impone.

Varios viajeros del siglo XIX de hecho ni mencionan los zocos de Marrakech o su actividad comercial. Es el caso de Descripcion del Marruecos de Alermón y Dorreguiz (1859), Apuntes sobre el imperio de Marruecos (1859) de Salvador Valdés, o Relación del viaje a la ciudad de Marruecos (1864) de Marqués de Miraflores. Antonio de San Martín solamente comenta que el comercio de Marrakech “está reducido á algunas míseras tiendas de hebreos del país y moros de Argel”302.

Sorprende por lo tanto la información de Urrestarazu de que “en los mercados de esta ciudad se hallan todos cuantos objetos puedan desearse”303, pero tampoco aprendemos más. Ramírez de Villa-Urrutia menciona existencia de “diferentes sokos ó mercados, donde tienen lugar las ventas á pública subasta” y se detiene exclusivamente en la descripción del mercado de esclavos304.

Parece, por lo tanto, casi una revelación el texto de Boada y Romeu, quien da testimonio de lo excitante y pintoresco que resulta “el zoco el-Jemmá-Arbá, el sitio más animado de Marruecos”305. No es difícil adivinar que se trata de la famosa plaza de Xemaá-el-Fná, retratada tan magistralmente por Goytisolo cien años después.

Marrakech, por fin, llega a tener vida y color fuera de los vistosos y lujosos eventos relacionados con la estancia en la corte del Sultán. Acumulación de objetos, sonidos, colores, olores y, sobre todo, tópicos, el zoco de Marrakech viene a ser “un compendio de la vida marroquí.” Allí están “todos los elementos constitutivos de este pueblo profundamente apático y, como todos los musulmanes, muy dado á la diversión y á la molicie”306. Surgen embaucadores, curanderos, domadores de serpientes y hasta los cuentistas, a quienes el autor dedica varios párrafos.

El ambiente animado de la plaza de Xemaá-el-Fná, esbozado en el relato de Boada y Romeu, alcanza otra importancia y dimensión en los textos posteriores. Se convierte en una “conserva” del Marruecos de antaño: “basta asomarse a Yemaa el Fena, el zoco mayor de Marruecos, el lugar que pactan el cristiano, el musulmán y el judío”, “para convencerse de que Marrakech no tiene nada de occidental”307. Los conocimientos del arabista le permiten a Vega “cargarse de voces de todos los dialectos de Berbería”308 y “en la noche marroquina”, “cuando la poesía de todo lo que es vivo y real se exalta”309, presencia espectáculos de los narradores y los bailarines chleujs.

Bertrana le concede a la plaza un capítulo entero310. Xemaá-el-Fná es el punto sinérgico de la ciudad, la actividad concentrada de toda una extensa región311, el “imán” que “cada dia, d’alba a ponent” reúne “milers i milers de persones vingudes de tots els punts marroquins. (…) Totes les rutes del Sud, des del fons del Sàhara, desemboquen a la plaça Djemaa el Fnà”312. Es un gran escenario donde se desenvuelve, a lo largo del día, un espectáculo fascinante, es uno de los lugares más pintorescos del mundo:

Podeu pasar-hi hores i hores, dies i dies, encadenat per una indefinible atracció. Sempre hi copsareu aspectos nous, detalls insospitats, escenes pintoresques. (…) Jo hi acudia totora, com si un imant o un filet subtil i misterios m’hi junyís.313

El atractivo consiste, por un lado, en la propia actividad comercial, de la que la autora resalta el ya habitual desorden y también el mítico “instint comercial d’aquesta raça” que “és tan viu, que un no res els sembla mercadejable: un grapat d’ametllons, tres peres verdes, rosegons de pa, un ram de menta o de marduix, un pollastre, dos pams de roba, set o vuit botons”314.

Por el otro lado, impone el abigarramiento humano y los clásicos personajes callejeros. Les dedicaremos el espacio correspondiente en el siguiente capítulo.


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