Masarykova univerzita



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8.3. Las calles y la arquitectura urbana


Concluimos en el cap. 5.2. que las diferencias principales en la representación literaria de la medina tangerina en la literatura española consisten en la interpretación y valoración adjudicadas a este espacio. Tánger, dijimos, por su fuerte influencia europea, se queda a medio camino entre Occidente y Oriente y por lo tanto, es una ciudad perfecta para plantearse preguntas acerca de los valores que los dos mundos representan. También señalamos el hecho de que la medina tangerina, a diferencia de otras medinas marroquíes, está a la sombra de la singular y atractiva imagen de el Tánger cosmopolita.

Desde nuestra perspectiva, interesa la relación y los valores que el autor establece entre la medina y la ciudad moderna, el “diálogo” con la imagen tradicional de la medina, caracterizada por su “atemporalidad” o retraso histórico y las posibles funciones que el laberinto callejero desempeña a varios niveles de la obra.

Las calles por las que el autor vagabundea son calles reales y el recorrido “físico” del protagonista se puede seguir en el mapa. A primera vista, éste se mueve por Tánger de una manera caótica y sin destino fijo, lo que él mismo admite al detenerse en la Cruz Roja, “parada obligada en tu paseo sin rumbo por la ciudad”375.

Su itinerario es el resultado de decisiones espontáneas. Al intentar escapar de la esperpéntica españolidad, “de la presencia invasora de Figurón”376, corre y corre “por Lucus en dirección a Tadjinia y a Fuente Nueva: no, hacia Abdessadak mejor: para torcer en seguida a la izquierda y perderte luego en el arduo y desorientador laberinto de Ben Batuta”377.

“Absorto en la esotérica motivación del itinerario”, se fija de repente de “un viejo, montado a horcajadas sobre un asno” y lo sigue, “a la derecha (…) adelante, adelante : por el concertado caos ciudadano : ideograma alcoránico : sutil paradoja de líneas”378.

En otra ocasión, el protagonista corre ciegamente detrás de Tariq, un compañero y símbolo de la reivindicación árabe a la vez. Se aventura “hacia dentro, hacia dentro: una atmósfera algodonosa y quieta, por los recovecos del urbano laberinto: como en la galería de espejos de una feria, sin encontrar la salida y con los papamoscas”379.

A pesar de su carácter aparentemente fortuito, el recorrido del protagonista que es “libre de seguir tus pasos donde tus pasos te lleven”380 conlleva un claro mensaje. Es significativo en el hecho de que se recorre, calle por calle, el casco antiguo, mientras que se demora lo mínimo en las zonas europeizadas.

Tal planteamiento podría ser interpretado dentro de la línea del pensamiento castrista, ya que se redescubre y revalora lo árabe. Hay no obstante otra manera de contextualizarlo. Al oponer Goytisolo la estructura espontánea y laberíntica de la ciudad islámica al racionalismo occidental, entra en el diálogo intertextual establecido en la prosa marroquista desde los relatos de Alí Bey.



8.3.1.El laberinto versus la línea


Ya mencionamos que la valoración positiva del espacio de la medina y de su sistema callejero suele basarse en razones estéticas, en su exotismo y “otredad” que los distinguen de la ciudad moderna. Goytisolo, que claramente elige la medina, traslada la dialéctica entre el laberinto y la línea también al nivel textual y narrativo.

A la vez que la carga semántica de las dos formas va aumentando al estar asociadas a nuevos valores, se relacionan entre sí dispares conceptos, temas y motivos narrativos.

El laberinto representa la inmediatez y adaptabilidad, mientras que la línea alude a la planificación y dominación:

la calle del Horno: estrecha y cubierta, con las fachadas casi juntas: asimetría concertada de alarife ocurrente, aprovechado, tenaz: superficies y planos que escapan a Descartes y también a Haussmann: líneas y segmentos hacinados como para alguna proposición geométrica indemostrable381

Por un lado, está el dédalo de la medina, fruto del trabajo anónimo llevado a cabo desde dentro y que se adapta al terreno y a las necesidades de los residentes. Por el otro, está la línea, la avenida recta de las ciudades modernas, resultado de una planificación. El nombre del arquitecto Haussmann, cuyo proyecto de “alineación” y modernización de París supuso represión y expropiación forzosa, conlleva la idea de la imposición desde fuera y de la dominación (espacial).

Casi 30 años después, Goytisolo publica su ensayo “El espacio de la ciudad islámica”, fruto tardío de la observación y estudio del espacio islámico iniciado ya en Tánger. Allí aporta datos sobre la génesis y desarrollo de la ciudad musulmana, sus funciones y características. Señala también que “en contra de lo que generalmente se cree, la ciudad islámica fue en sus orígenes producto de una organización racional y programada”382. No obstante, como subraya, esta planificación e imposición desde fuera es desafiada por “la naturaleza autónoma de cada creyente y su derecho a un ámbito familiar inviolable y sagrado”383 – un factor muy valorado por el autor y que ha resultado en el carácter actual de la medina. Dice sobre Fez:

El recorrido asiduo de la urbe-medina, las sensaciones de inmediatez y movilidad que procura, convidan al transeúnte a una incitativa reconsideración de su ámbito. Frente al funcionalismo del territorio cuadriculado, sometido a una rigurosa operación de higiene y control, numerado bloque por bloque y casa por casa por un Poder cuya suprema ambición sería siempre el fichaje y clasificación de sus habitantes, la medina islámica salvaguarda la improvisación fecunda, un esquema de vida opuesto a la intervención administrativa, un desafío a la lógica patronal del espacio abierto y saneado, un mayor respeto a las personas y su doble tendencia individual y gregaria.384

La interpretación goytisoliana de la medina fesí, caracterizada por inmediatez e iniciativa individual, está creada a partir del enfrentamiento con la ciudad nueva, la línea y el “territorio cuadriculado” (alusión a la Barcelona modernista) que representa la autoridad, planificación y control. Un planteamiento esbozado ya en Don Julián.

En Don Julián se hace también mención a Descartes quien simboliza el racionalismo europeo, habitualmente contrastado con la supuesta falta de lógica del espacio musulmán. Goytisolo retoma esta retórica, pero presenta la aparente falta de lógica como desafío al pensamiento occidental. Las formas arquitectónicas de la medina, “la geometría delirante de la ciudad”, se escapan a los patrones aprendidos y asumidos como lógicos:

cubos, diedros, paralelepípedos, prismas : casas acribilladas de ventanucos, alminares de mezquitas, tejados de loza con almocárabes : extraño todo : el designio, la fábrica y el modo: avanzando a tientas por una realidad porosa y caliza, ajena a las leyes de la lógica y del europeo sentido común385

En la novela, la línea se relaciona además con el mundo burgués anquilosado y con la niñez del autor, los tiempos en los que se le inculcaba la identidad “lineal” castiza. Sin mencionar el nombre, Goytisolo evoca imágenes de Barcelona:

que ningún respeto ni humana consideración te retengan en un barrio olvidado de esa ciudad de cuyo nombre no quieres acordarte (calles silenciosas y pulcras, trazadas por generoso compás de agrimensor, con la impronta feroz de sus diáfanos orígenes de clase : verjas de hierro con rejas en forma de lanza, tapias erizadas de cristales y cascos de botella rotos, jardines románticos, vago aroma de tilos : (…). Sistema premonopolista y burgués …)386

La línea sugiere un movimiento recto, una clara visión de lo que viene y de lo que pasó, tal como un paseo por las avenidas y calles rectas de la Barcelona “cuadriculada”. Es “la rectilínea voluntad hispana”387, el modo de pensar castizo, el de los “carpetos auténticos que avanzan por la vida con rumbo fijo, recto y claro, sostenidos por tranquila certidumbre y seguridad”388. Es en “la biblioteca de bulevar389 donde los libros aguardan los valores de los carpetos y caballeros cristianos y adonde el protagonista acude todos los días para efectuar su “invasión”.

Por otra parte, el laberinto/la medina le pone al protagonista trampas en las que se enreda, cambiando su recorrido: “la trampa del Bastión Irlandés : callejón sin salida que te obliga volver sobre tus pasos”390.

Pero a diferencia de sus predecesores391, cuando “el caos urbanístico parece insurgirse : la geometría deviene amenazadora”392, el protagonista de Don Julián no recurre a lo “suyo”, sino que lo rechaza. “Cerrarás, pues, los ojos y rehusarás la visión del reloj de la iglesia española y el cementerio protestante, la playa semidesierta, los inmuebles obtusos del bulevar Pasteur”393.

El laberinto no permite una visión clara, “recta”, inequívoca de las cosas. Al contrario, desafía el pensamiento lineal, siembra la duda, exige la vacilación y crea la incertidumbre. Sumergido en el caos tangerino, “en el bullicio musulmán de la calle”394 y en su realidad porosa y difícil de aprehender, el protagonista evoca a Góngora. De hecho, parece agarrarse a los versos del poeta barroco como a un salvavidas:

enredados aún en tu memoria, tal implicantes vides, los versos de quien, en habitadas soledades, con sombrío, impenitente ardor creara densa belleza ingrávida : indemne realidad que fúlgidamente perdura y, a través de los siglos, te dispensa sus señas redentoras en medio del caos : rescatándote del engañoso laberinto395

La deuda de Goytisolo con el autor barroco y su respeto por él es innegable, especialmente en cuanto se refiere a la audacia del lenguaje. Tal como señalan algunos críticos396, Góngora es uno de los pocos que se libran de la ironía a la que están sometidos en Don Julián tantos otros autores españoles.

Es difícil, no obstante, pensar que el protagonista de veras desee ser rescatado. El protagonista/narrador hace ecuación entre el “engañoso laberinto” y el “cotidiano periplo por dédalos de materia incierta, esponjosa”397. El caos y el laberinto, conceptos asociados al mundo oriental/árabe/marroquí, son valores rebuscados por el protagonista e indiscutiblemente positivos desde la perspectiva creativa del autor.398 La salvación gongorina viene por “señas redentoras”, por enseñar a leer/escribir de una manera diferente al código cultural recibido, permitiéndole al protagonista captar “sutilmente la presencia (irrupción) de signos que interfieren (violan) el orden aparente de las cosas”399. Lo auténtico está en la incertidumbre del rumbo, en el caminar “dibujando jeroglíficos”, “sin saber dónde está la verdad: en la impresión sensorial o la memoria del verso: oscilando de una a otra”400.

8.3.2.El texto-medina


En relación con la estructura narrativa de Makbara, Alberto M. Ruiz Campos crea el término “texto-medina” y dice al respecto: “Existe entonces, a todo esto, una suerte de paradoja: un tejido textual caótico conecta mejor con los esquemas mentales que la rígida y ordenada disposición lineal tradicional”401.

Quisiéramos subrayar que el laberinto como esquema mental se superpone a la línea ya en Señas de identidad. Es no obstante con Don Julián que se crea una relación estrecha entre la estructura urbana y la escritura y que, de facto, nace el “texto-medina” en la novelística goytisoliana.

Al mismo tiempo que el protagonista/narrador está “descifrando” la ciudad y se pierde en su lenguaje complejo, el laberinto del texto y el texto del laberinto terminan siendo uno:

mientras te internas por Chemaa Djedid y Chorfa en dirección a la calle del Baño : en la alternativa de subir hacia Nasería y la plazuela de la fuente o bajar hasta Cristianos y enfilar hacia Sebu: perdiéndote en dédalo de callejas de la Medina : trazando con tus pasos (sin previsores guijarros ni migajas caducas) un enrevesado dibujo que nadie (ni siquiera tú mismo) podrá interpretar : y desdoblándote al fin por seguirte mejor, como si fueras otro: ángel de la guardia, amante celoso, detective particular : consciente de que el laberinto está en ti : que tú eres el laberinto402

Miremos, desde esta perspectiva, por ejemplo el uso de los dos puntos. Por primera vez está empleado en Señas de identidad, novela que marca un cambio radical en la novelística de Goytisolo y donde el autor empieza a explotar nuevos recursos narrativos y estilísticos. Su función principal sería romper con la narración anterior y crear una sensación de fluidez discursiva donde una idea lleva la otra por medio de recuerdos, asociaciones, alusiones e imaginación. Según opinamos, la función de este recurso tan aprovechado por el autor cambia y se enriquece sutilmente con cada novela donde ha sido usado.

En Don Julián, los dos puntos mantienen dichas funciones pero además apoyan la idea del texto-laberinto, texto-medina. Mientras que terminan una frase, abren la siguiente. Se procede (con la idea inicial) constantemente, pero el hilo se enreda, da vueltas, “vuelve sobre sus pasos”403, se recorren varios callejones que se ofrecen en cada momento dado. En la lectura/recorrido faltan claros puntos de referencia, falta la mayúscula/el principio y el punto/el fin de una frase/calle claramente delimitada.

En el capítulo 3.1.1. hablamos de la función defensiva de la medina. De hecho, el término kasbah que se usa en relación con el antiguo casco árabe y su parte residencial, significa también fortaleza. Goytisolo resalta esta función en su ensayo sobre la ciudad islámica:

Como en nuestras ciudades medievales, una comprensible desconfianza tocante al Estado y sus representantes configura este territorio reacio a la planificación y control. Un puñado de hombres a la entrada de una calleja podía impedir el paso a un ejército404

Tal como el foráneo corre riesgo de perderse en el laberinto de la medina, el lector tiene que tener el valor de adentrarse en el texto, sin ningún plan que le guíe a través de la red enrevesada de la narración, “ecuación cuyos términos desconoces, escritura que inútilmente quisieras descifrar”405. Es más. El lector es un intruso en el terreno que aunque sea público, resulta sumamente íntimo.406

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