Masarykova univerzita



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8.5. Otros espacios


Aparte de los elementos dominantes de la medina aparecen en Don Julián también otros espacios dotados de importantes funciones dentro de la narración. Se encuentran entre ellos el apartamento, la biblioteca pública, los hammam, baños públicos y, sobre todo, los cafés.

En el capítulo 8.2. mencionamos las funciones de los primeros dos, el apartamento y la biblioteca, unas de las ‘butacas’ principales del protagonista desde los que observa (piensa en, mira interiormente hacia) España y donde construye su insólita venganza. En cuanto a su rol en la representación de Tánger, la biblioteca, a través de su colección de lecturas, representa un medio de introducción de elementos de la cultura occidental. También señalamos la significante ubicación de los dos (el bulevar y las afueras de la medina428 que contribuye a la continua dinámica de los desplazamientos (internos y externos) del protagonista.




8.5.1.El hammam


El hammam aparece en tres momentos diferentes de la novela.

Primero está mencionado en función de metáfora, refiriéndose el narrador al “denso aroma de la infusión” como un “voluptuoso hammam” del que disfruta un abejorro que vuela alrededor del vaso con menta.

En la segunda ocasión, el protagonista, al vagabundear por las calles de la medina, decide, espontáneamente, aceptar “la esbelta invitación de una mano que te indica una puerta, un zaguán”429. Formando parte del cuadro autóctono, la escena del hammam empieza con imágenes que evocan los conceptos tradicionalmente asociados con el ambiente oriental como espacio atemporal, de ensueño o hasta infernal:

estás en el umbral del Misterio, en la boca de la infernal Caverna, en el melancólico vacío del, pues, formidable de la tierra bostezo que conduce al reino de las Sombras, del Sueño y de la Noche430

Siguen imágenes ya muy “goytisolianas”, en las que los clientes adquieren rastros de seres acuáticos cuando los “efluvios de vapor que esfuminan las líneas (…) metamorfosean la morisca asamblea en una viscosa fauna submarina”431 o están asemejados, en una cruda metáfora, a las víctimas de cámaras de gas.

A lo largo de la escena, ocurre con el hammam lo que ocurre con otros espacios de la medina a lo largo de la novela: el “baño de irrealidad”432 refleja a la vez que inspira las propiedades de la narración, “desbarata planos, desdibuja contornos, rescata sólo imágenes inconexas, furtivas”433.

Al final de la escena, el autor/narrador aprovecha una de las funciones importantes del hammam: su rol social. En la tradición literaria, el hammam es un espacio hecho de palabra, un espacio por excelencia de conversaciones y conspiraciones. En su atmósfera condensada por el humo, en la que el mundo físico pierde su referente, la palabra se revela como la única realidad netamente definida. Entre la “agnición de la humana fraternidad!” y siendo el testigo de la “sólita epifanía del verbo!”434, el protagonista evoca su planeada traición.

En la tercera y última ocasión, se aprovecha el ambiente sugestivo e ‘irreal’ del hammam, siendo éste empleado esta vez en función de símil. Se trata del penúltimo párrafo que contiene una de las escenas culminantes de la novela – el viaje del protagonista en el autobús nocturno: “entre la espada y la pared, indefenso, comprimido entre la prima donna, la campesina con la cesta de huevos y el ciclista funámbulo : el sudor escurre por tu cuerpo como si estuvieras en el hammam”435.



8.5.2.Los cafés


En el capítulo 5.4. caracterizamos el espacio de los cafés y las marcadas diferencias entre los cafés árabes y europeos.

Los cafés europeos, siendo los del Zoco Chico los más emblemáticos, interesan sobre todo como puntos de observación. Sentados en sus terrazas, los escritores se dedican a destacar el ambiente cosmopolita que éstos representan y a describir en detalle el color local a sus alrededores.

En Don Julián, el Zoco Chico es parte del itinerario diario del protagonista que lo cruza o se acerca a él varias veces a lo largo de la novela. La primera vez que aparece, el protagonista, según lo habitual, escoge uno de sus cafés, “ocupas el primer hueco de la terraza : el café Central, no : al otro lado : pegado a la pared y a la sombra : compendiando desde tu puesto de observación la sólita actividad del microcosmos”436.

Desde su ‘butaca’ sigue con su mirada los pasos de un loco “integrado en la decoración como un elemento más : sin atraer atención de nadie”, proporcionando así más detalles sobre sus alrededores:

plantado en la entrada de Cristianos, entre la terraza del café Tingis y Les Aliments Sherezade (…) removiendo los hombros mientras pasa delante de la terraza del Central, la entrada del hotel Becerra, la librería estanco, el portal de la calle del Arco, la Epicérie Bekali Abdeslam, el café Tánger437

La presencia literaria del Zoco Chico y sus cafés en Don Julián reanuda con su representación anterior. Se charla, se observa, “los militares de la terraza del Tingis parecen absortos en alguna especulación de elevado interés estratégico” y “los bitniks hirsutos del Central fraternizan por señas con los indígenas”438.

Lo que sí ha cambiado es el Zoco Chico español. Sin pizca de nostalgia, el protagonista/narrador anota, como el único lazo físico con su tierra, nada más que un buzón oxidado del antiguo correo español. Y como burlándose de la tan querida Puerta del Sol tangerina y sus famosas tertulias de antaño, lamenta “no haber traído contigo la obra de algún intocable!” Así pudiera atrapar en ella algún insecto para que “libe el néctar de tan acendrada prosa” y cerrarla, “zas!”439.

Los extranjeros siguen siendo parte del escenario, pero, lo que el protagonista realmente busca, es el Zoco Chico árabe. Es allí, entre “la densa y salvadora promiscuidad”440 de sus almacenes, adonde se adentra huyendo de un madrileño café, de los carpetos, y “de la presencia invasora de Figurón”441

De acuerdo con sus objetivos y preferencias, más que a los famosos cafés europeos (como el Café Central o de los bitniks), el protagonista acude a un “café moruno” para “ser libre de los tuyos y de su condensada necedad”442. Éste sirve de fondo para varias escenas, algunas bastante extensas, y representa una de las butacas más frecuentadas por el protagonista en el (anfi)teatro tangerino.

En relación con sus desplazamientos, la representación del café moro implica varios movimientos. El desplazamiento externo exige una subida, o sea un ascenso, ya que el establecimiento frecuentado por el protagonista está ubicado en una parte elevada de la ciudad:

con el café-jardín de los bitniks a la izquierda y, más arriba, el que sueles frecuentar tú : soleado y tranquilo, con dos ventanales amplios, descubridero inmejorable de la ciudad : allí fumas y sueñas diariamente443

La posición física del café posibilita una vista panorámica y una aprehensión totalizadora de la ciudad. Desde el “puesto de costumbre junto a los ventanales : sobre el café de los bitniks y el jardín francés, la tumba del morabito, el palacio de Barbara Hutton”444, el protagonista vislumbra a sus “anchas la geometría delirante de la ciudad (…) ajena a las leyes de la lógica y del europeo sentido común”445. Tal como se ha planteado en el capítulo 8.3, la delirante geometría urbana se traduce, a lo largo de la novela, en el patrón narrativo, el texto-medina.

Dentro de la categoría de los desplazamientos internos, la presencia del protagonista en el café árabe tiene una doble función: por un lado representa una aproximación hacia la identidad y cultura árabe y, por el otro, facilita su sumersión en la realidad imaginaria/onírica/textual de la planeada “reivindicación”, o si se quiere, “hispanocidio”446. El café es por ejemplo el espacio de fondo de las extensas e irónicas escenas relativas a Séneca que incluyen las imaginarias/parodiadas elecciones ganadas por el filósofo quien “encarna nuestras más puras esencias y responde cabalmente a las coordenadas perennes de nuestra Historia”447.

En cuanto a la primera función, se presta una atención detallada al ‘decorado’ y se evocan los elementos y personajes típicamente retratados: “los asiduos del loto (…), las notas agudas de la flauta y las femeninas ondulaciones del niño bailarín (…) el denso, aromatizado ámbito del humo que exhalan pipas y vasos : de té con hierbabuena y picadura de hachís”448. Todos estos elementos forman parte del atractivo habitual al que sucumben y que describen también otros autores.

No obstante, el protagonista de Don Julián no se limita a una fascinación distanciada. A diferencia de los textos anteriores, donde entrar en el café moro equivale a penetrar en el espacio del “Otro”, en Don Julián éste representa un refugio cultural y lingüístico, donde el protagonista se encuentra “con los rostros familiares de los asiduos que, como todos los días, te dan la mano y se la llevan delicadamente al corazón : cambiando con ellos las fórmulas habituales de cortesía : en castellano no, en árabe”449. Allí puede “olvidar por unos instantes el último lazo que, a tu pesar, te une irreductiblemente a la tribu : idioma mirífico del Poeta, vehículo necesario de la traición, hermosa lengua tuya”450.

En cuanto a la segunda función, se aprovecha plenamente el ambiente ensoñado del café moro. Tal como pasa con otros espacios, a la vez que su representación tradicional se problematiza, sus características y funciones extraliterarias pasan al servicio de la narración, cumpliendo con los objetivos del narrador. Al integrarse en su atmósfera borrosa, “cálidamente aromado de efluvios de hierbabuena y de Kif”451, el protagonista logra situarse en un espacio atemporal, fuera de las exigencias de la realidad, “allí fumas y sueñas diariamente”452.

huye de ellos, Julián, refúgiate en el café moro : a salvo de los tuyos (…) rodeado de presencias amigas, entre espirales de huma aromatizado, saboreando la abrasadora comunión de un vaso de hierbabuena : hachis, aliado sutil de tu pasión destructiva! (…) la mezquina palabra despierta y ejecuta la implacable traición453

De acuerdo con el patrón narrativo, el espacio del café se va invadiendo cada vez más de memorias personales y de elementos/imágenes/ideas referentes al mundo hispano, el blanco del ataque verbal del autor, que se entremezclan con los “snapshots” de la vida tangerina, repetidamente descontextualizados y distorsionados por el autor.

Pero mientras que el protagonista va sumergiéndose en su versión personal del sueño oriental, el mundo exterior continuamente interfiere. En varias ocasiones, el protagonista queda captado, junto con los clientes, “espectadores inmóviles, silenciosos, atentos, casi hipnotizados” por las escenas televisivas, “por la magia suasoria del artefacto : atávica voz de la sangre, mensaje ecuménico transcendental!”454. Escenas del mundo español/consumista se suceden una tras otra, combinación de las imágenes televisivas y las asociaciones del protagonista.

ríos de automóviles, arterias chorreantes de anuncios luminosos, rascacielos de treinta pisos que avasallan con su imponente mole la minúscula estatua de Cervantes” : estudios hollywoodenses de Almería y hoteles Hilton en Motilla del Palancar! (…) atraviesan el hercúleo Estrecho, ganan la africana orilla, penetran medio del artefacto en el moruno café”455

En su origen un espacio introducido por el europeo, lo que se conoce como el café moro llega a ser parte integral de la vida diaria y de la cultura marroquí/árabe. Pero aunque el protagonista cree encontrar allí la salvación que busca, no puede escapar de la ideología e imágenes impuestas por la sociedad moderna y por el “sueño occidental”.

cuando el artefacto enmudece y se extingue, los hipnotizados clientes del café parpadean soñadoramente y se frotan los ojos

Tariq te tiende otra vez la pipa, y volverás a fumar456
Ningún espacio se salva de la red de las complejas relaciones culturales y políticas entre Occidente y Oriente y su imaginario, y mucho menos el café moro.

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