Masarykova univerzita



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8.7. Conclusión


A lo largo del capítulo 8, intentamos entender la función de Tánger y de la ciudad islámica en Don Julián y demostrar cómo se relaciona su representación literaria con la tradición anterior.

Tanto el autor como un sinnúmero de los estudios dedicados a la novela han dejado claro que el objetivo principal de Don Julián es un replanteamiento de la cultura e identidad hispanas, inspirado en las ideas de Américo Castro. El Tánger de Don Julián no es, por lo tanto, un espacio marroquí, sino que es un espacio marroquí condicionado por una pronunciada presencia de la “madre patria” a la que sirve de fondo. En este sentido, la novela se coloca entre los textos en los que se aprovecha una nueva perspectiva (es decir, la estancia en Marruecos) para disertar sobre la sociedad española.

Evocando la forma de la ciudad y acercándose al recurrente símil del anfiteatro, establecido por Alí Bey en el siglo XIX, el Tánger de Don Julián llega a formar el marco narrativo de la novela como un enorme auditorio. Éste permite observar y “atacar” España y asistir a una serie de escenas y espectáculos cambiantes según los desplazamientos internos y externos del protagonista.

La medina de Tánger entra, por su parte, en el columpio de valores transmitidos por la tradición literaria a través de la presencia/ausencia y exaltación/degradación de la medina marroquí. Definida a base de atributos opuestos a la nueva ciudad, se incorpora en la “discusión” entre Oriente y Occidente, representada por “el laberinto” y “la línea”. Al proponerse en Tánger la desmitificación de la España tradicional y la revalorización del elemento islámico y árabe en España, Goytisolo busca la medina tangerina y la “reedifica” en la literatura española.

Como sus predecesores, el autor relaciona los nuevos barrios con “la línea” (orden y prosperidad) y la medina con “el laberinto” (caos y marginalización). En Don Julián, los dos conceptos, no obstante, terminan representando toda una serie de valores, que dotan el laberinto de una nueva vitalidad.

Goytisolo se sitúa al lado de autores como Pedro Antonio de Alarcón o Ramón Martínez García que no solamente aprecian los rasgos típicos de la ciudad marroquí, sino que se interesan también por su funcionalidad. La postura del autor catalán es, no obstante, revolucionaria, en que, al crear un texto-medina, aplica las características, funciones y valores de la antigua ciudad islámica a la narrativa.

Frente a la planificación de las avenidas anchas, y de acuerdo con sus inclinaciones personales, Goytisolo escoge la espontaneidad y adaptabilidad del laberinto y refleja su selección en su propia escritura. Mientras que evita los bulevares, camina por la medina calle por calle. Recrea su estructura espontánea a través del vuelo caótico de las imágenes que escribe y reescribe como sus propios pasos. Crea imágenes cruzadas, laberinto de motivos que se quedan colgados en medio de la narración como en recovecos sin salida para reaparecer después en otro contexto, en otra calle sombría.

En el laberinto narrativo, el lector pierde el hilo, vuelve sobre sus pasos y los recurrentes motivos le hacen sentir como si “ya hubiera pasado por allí”. Si quiere interpretar/apoderarse del texto, como a cualquier desconocido que se proponga conquistar la antigua kasbah, hay que demorarlo, obstruirle el paso, desviarlo, sin que nunca pueda conquistar el texto por completo.

La medina tangerina y los valores que representa parecen ofrecer al protagonista una base estable desde la que intentar a destruir la España castiza, demagógica y encaminada en la dirección de un continuo desarrollo materialista. La destrucción, no obstante, nunca se completa, y tampoco se realiza plenamente la deseada renovación.

Todos los días, el protagonista se despierta en su apartamento como si nada hubiera ocurrido el día anterior, y reanuda su deambular sin un rumbo claro, entre el bulevar y la medina.

Ningún espacio se salva de la compleja red de relaciones entre Occidente y Oriente (tan propia de Tánger) y sus sueños correspondientes. Tampoco el café moro ofrece un refugio seguro, bombardeado por imágenes consumistas y propias del mundo occidental.

Mientras tanto, los elementos tradicionales de la medina como el mercado o el hammam, mantienen uno de sus rasgos más pronunciados en la tradición anterior, perfilándose como espacios oníricos o atrapados en el tiempo. La integración de los personajes/fantasmas en el tiempo-espacio evocador y “literarizado” de la medina constituye uno de los procedimientos claves para una narración en la que las fronteras entre lo real y lo fantasmal llegan a ser difíciles de separar.

Como señalamos, la herencia de Américo Castro está patente en los pasajes relativos a la invasión imaginaria de España y repercute en la función de Tánger como un auditorio. Dentro del espacio tangerino, se refleja, en particular, en el personaje del moro-fantasma: el mendigo/moro cruel que afila su cuchillo para perseguir al pobre cristiano, “ayudándole” así a definir su propia identidad.

El moro, en sus múltiples formas, se vuelve uno de los protagonistas de Don Julián. A través de la variedad de sus representaciones, el texto se burla no solamente de antiguos estereotipos y fantasmas, sino también de las ideas acerca de la “autenticidad” del moro, tema tan discutido en relación con la población autóctona de Tánger, “corrompida” por el contacto con el europeo. El carácter inestable de los personajes y su continua descontextualización y exageración disipan fronteras de lo que fue una imagen del “moro” compleja pero históricamente comprensible para todos.

El Tánger de Don Julián también coquetea con la antigua imagen de la ciudad-cóctel, heterogénea y poliglota, cual reduce a su triste herencia del turismo sexual.

Tampoco se libra de la pluma del autor el Tánger español, encarnado en el personaje de don Álvaro, símbolo de perennes valores castizos. De la misma manera que Goytisolo decide “agredir y arruinar la totalidad del discurso antiislámico del Romancero, volverlo al revés como un guante”522, se le da la vuelta al tan proclamado “Tánger ha de ser español”523. Dentro de los planteamientos de Don Julián, Tánger, efectivamente, puede asistir a la deseada revitalización de España, pero no volviéndose español, sino ayudando a España a volverse más “mora”.


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